Capítulo 7
Los días pasaban lentamente para el castaño y cada vez perdía un poco más la paciencia. Blaine seguía llamándolo muy seguido porque quería contarle todo acerca de lo que estaba viviendo en Dalton y de paso para comprobar que no se estaba volviendo loco, pero hasta ahora el castaño no podía bajar a la Tierra porque el señor seguía de viaje. Sin embargo, algo se le había ocurrido ante la desesperación y pensaba ponerlo en práctica esa misma noche.
Jeff le había dicho que existía otra forma de comunicarse con su custodiado y esa era a través de sus sueños. Sabía que era posible que Blaine no le creyera del todo pero más le valía hacer un esfuerzo o seria él mismo quien terminaría haciendo sufrir al ojimiel, y eso era algo que no podía permitir. No sabía bien cómo funcionaba eso de aparecerse en los sueños de alguien pero lo descubriría en poco tiempo y esperaba con todo su corazón que funcionara.
Por su parte, Blaine también estaba desesperado por obtener una pequeña señal que le confirmara la existencia de aquel ángel con ojos azules pero por más que lo intentaba, no obtenía noticias de Kurt. Recordaba que lo había dejado ir aquel día con la condición de que se encontrarían más tarde, o al menos eso creía porque al parecer ése no había sido el trato para el ángel. Ya había pasado una semana desde aquel descubrimiento que lo había hecho sentir más confiado y tranquilo al pensar que alguien lo estaba protegiendo, pero justo ahora se preguntaba qué había pasado con él.
Por alguna extraña razón, Blaine sentía la necesidad de verlo y vaya que de verdad quería verlo. Él sabía que el ángel le transmitía una paz indescriptible pero algo dentro de él le recordaba que aquel ser celestial le provocaba otro tipo de sensaciones que todavía no sabía cómo definir. Seguramente se trataba de algún efecto típico de los ángeles o quizá el que Blaine se sintiera así era parte de la misión de Kurt, ¿no? Sí, eso tenía que ser y de ser posible se lo preguntaría al castaño en su próxima visita. Pero… ¿Hasta cuándo iba a tener que esperar para volver a ver a su ángel guardián?
El joven estaba seguro de que no quería perder la paciencia pero lamentablemente se encontraba en el límite. El ojiazul le había mencionado que su misión era asegurar su bienestar y su ausencia no estaba contribuyendo en ese estado. Por el contrario, Blaine de verdad comenzaba a preocuparse por su bienestar mental, aunque… ¿Kurt había procurado su bienestar físico en el pasado, no es así? Tal vez si él pudiera ponerle una pequeña e inocente trampa al ángel… Bien, Blaine Anderson tenía un plan.
Sin pensar bien las cosas, el ojimiel se dirigió al baño en busca de una de sus navajas para afeitar y comenzó a juguetear con ella entre sus dedos. Nunca había sido de los chicos que se provocan lesiones a propósito pero esta era un ocasión especial porque quería comprobar su teoría y con un poco de suerte, ver a Kurt. Está bien, a decir verdad sólo lo hacía porque tenía la esperanza de que su ángel viniera en su auxilio y realmente deseaba que lo hiciera porque de no ser así tendría que lidiar con el dolor que se causaría él mismo.
Si se ponía a pensarlo bien, lo que intentaba hacer era una locura e incluso parecía estúpido pero nadie le quitaba de la cabeza que su ángel iría a verlo si él se encontraba en peligro. Así que locura o no, Blaine se sentó en el borde de su cama y comenzó a descubrirse el brazo izquierdo. ¿Dolería mucho? No tenía idea y tampoco estaba seguro de dónde sacaría el valor suficiente para lastimarse a sí mismo pero esa era la única alternativa que venía a su cabeza. Por eso fue que decidió comenzar a pensar en la noche que había sido herido por aquellos ignorantes en compañía de Matt y el simple recuerdo de su amigo lo hizo sujetar fuertemente la navaja y acercarla decididamente a su piel.
– ¡NO! ¡Ni se te ocurra Blaine Devon Anderson! – Gritó una voz impidiendo que el ojimiel lograra su cometido y al voltear a ver de quién se trataba una sonrisa se formó en su rostro.
– Sabía que vendrías… – Dijo el joven sin pensar.
– ¡Suelta eso! ¡¿Cómo se te ocurre si quiera pensar en hacerte daño?! Sé que lo de tu amigo fue muy doloroso pero… Espera, ¿qué dijiste? ¿Cómo que sabias que vendría? – Le preguntó el ángel al comprender lo que había dicho y la sonrisa del menor desapareció.
– Eh, yo…
– Blaine… – Lo llamó seriamente.
– Yo recordé que dijiste que tu misión era procurar mi bienestar y… – Comenzó a decir el estudiante tímidamente pero su ángel guardián no lo dejó terminar.
– ¡¿LO HICISTE A PROPÓSITO?! – Gritó exasperado y los ojos de Blaine se hicieron muy grandes.
– ¡No! Bueno… Sí, pero…
– ¿En qué rayos estabas pensando Blaine? ¿Sabes lo que sentí al voltear y verte a punto de hacer esa tontería? Yo… ¡Yo de verdad pensé que estabas mal y resulta que lo estabas haciendo a propósito! ¿Quién te crees que eres para jugar así conmigo? – Se quejó molesto el castaño.
– Yo… Yo no estaba pensando claramente, sólo… – Intentó defenderse el joven Anderson pero no supo qué más debía decir.
– Sí, eso puedo verlo genio. ¡Claro que no pensabas claramente! ¿Qué pretendías Blaine? ¿Con qué fin pensabas hacerte daño? – Siguió quejándose el más alto.
– Yo sólo… – Comenzó a decir el menor dispuesto a confesarlo todo pero al ver la furia reflejada en los ojos del ángel decidió mentir. – No lo sé…
– ¿No lo sabes? – Preguntó Kurt incrédulo y lo miró de pies a cabeza. – Dios, Blaine… ¡Suelta esa navaja ahora! – Gritó al darse cuenta que la seguía sosteniendo con su mano derecha y el joven inmediatamente la aventó lejos.
– Y-ya la dejé… – Contestó algo asustado.
– Lo siento Blaine. – Se disculpó el ojiazul y se sentó a su lado en la cama.
– No, yo lo siento. Fue una estupidez y realmente no quería hacerlo pero…
– ¿Cómo que no querías hacerlo? – Lo interrumpió el ángel.
– ¡No, no quería! Pero… Tú… – Comenzó a decir sin pensar y su acompañante lo miró un tanto curioso al escuchar aquellas palabras.
– ¿Yo? Blaine, explícate por favor. – Pidió el castaño.
– ¡De acuerdo! Yo… Yo quería verte Kurt y no aparecías por ninguna parte así que se me ocurrió que si yo estuviera en riesgo tal vez tú… – Confesó el menor y la quijada del ángel casi toca el suelo.
– Blaine, eso es una completa locura.
– Sin embargo, estás aquí… – Inquirió el ojimiel y el otro rodó los ojos.
– Blaine-Devon-Anderson… – Dijo Kurt lentamente mientras intentaba controlarse y no espantar aún más al joven que tenía en frente. – ¿Qué voy a hacer contigo?
– Eh… ¿Declararme tu custodiado favorito y perdonar mis tonterías? – Sugirió el chico de cabello rizado y el ángel dejó escapar el aire que había estado conteniendo hasta ese momento.
– Eres mi primer custodiado Blaine, no sabría decirte si eres el favorito y para el colmo, tal vez seas el único porque no creo estar haciendo bien las cosas contigo. – Declaró el más alto.
– No digas eso, esto fue mi culpa no la tuya. Y si hay alguna consecuencia yo la pagaré, sólo… No digas que estás haciendo mal las cosas conmigo, ¿sí? – Casi suplicó el joven sonando dolido ante las palabras del mayor.
– Es que yo también he cometido error tras error contigo y veme, aquí estoy otra vez a pesar de que no debería…
– ¿No deberías? ¿Es por eso que te ausentaste toda esta semana? – Preguntó Blaine confundido.
– El señor nos prohibió bajar a la Tierra en dos semanas y justo ahora estoy rompiendo sus reglas porque creí que era una emergencia y resulta que… – Comenzó a explicar el ángel y el ojimiel sintió ganas de estrellarse contra la pared.
– Lo lamento Kurt, si lo hubiera sabido antes…
– No había forma de que lo supieras Blaine, yo pensaba comunicarme contigo hoy en tus sueños pero pasó esto y ya estoy aquí. – Lo tranquilizó el ojiazul.
– ¿Puedes comunicarte conmigo en sueños? – Quiso saber el menor algo preocupado ante tal revelación.
– Al parecer si, hoy quería intentarlo… – Comenzó a responder el ángel pero Blaine no lo dejó terminar su idea.
– Kurt, debo preguntarte algo. – Dijo seriamente. – ¿Puedes leer mis pensamientos?
– ¿Qué? ¡No! No tengo esa clase de poderes. – Dijo casi ofendido el más alto y ambos se quedaron en silencio un momento.
– Mmm… Creo que me hubiera gustado que pudieras hacerlo… – Balbuceó el menor después de pensarlo mucho y Kurt rió.
– Bueno, no nos lamentemos por imposibles. Mejor dime, ¿por qué querías verme con tanta urgencia? – Preguntó para cambiar el tema y las mejillas del moreno se tiñeron de rojo.
– Eh… Y-yo… Yo sólo quería contarte lo bien que me ha ido en Dalton pero creo que no era tan urgente. Lo siento Kurt… – Respondió sumamente apenado y Kurt se puso en frente para verlo a los ojos.
– Ya no lo hagas, me diste un gran susto pero me alegró mucho verte.
– A mi igual. – Le aseguró con una sonrisa y ambos compartieron una cálida mirada antes de que el ángel hablara nuevamente.
– Bien, pues es hora de irme. – Dijo sin ganas. – Pero antes, júrame que jamás volverás a intentar algo tan tonto como lo que hiciste hace un rato…
– Lo juro.
– ¿Por lo que más quieres en la vida? – Insistió.
– Lo juro por lo que más quiero en mi vida. – Repitió Blaine y esas palabras tranquilizaron al castaño.
– Perfecto. Hoy intentaré lo que te dije, si funciona podremos sobrevivir una semana más sin vernos y sino sólo procura cuidarte.
– Espero que funcione y lo haré, gracias Kurt. – Contestó el estudiante.
– Nos vemos pronto Blaine, no olvides que estoy contigo aunque no me veas. – Le recordó el ángel guardián antes de dirigirle una última mirada a su custodiado y ambos sonrieron.
– Lo sé, es bueno saberlo.
Esa noche el joven Anderson se sintió más ligero que los días anteriores y después de terminar sus tareas para el día siguiente se acomodó en su cama, listo para dormir. En cuanto se metió bajo las sábanas la tranquilidad lo invadió y el sueño se apoderó de él a los pocos minutos. Sin darse cuenta, una sonrisa se formó en su rostro y la imagen del chico, o mejor dicho del ángel, apareció en su mente haciendo que su corazón se acelerara como la primera vez que lo vio a su lado tan angustiado por su estado de salud.
Blaine se vio a sí mismo acercándose al castaño y lo contempló un momento hasta que decidió hacer el intento por hablarle pero no le salió voz alguna. Kurt notó su esfuerzo y sólo le sonrió de manera pacífica, al parecer él tampoco podía hablarle pero esa sonrisa más el ligero toque que le brindó el ojiazul bastaron para que Blaine etiquetara ése como el mejor sueño de su vida. En él podía sentir a Kurt, cada roce enviaba una exquisita sensación directa a su columna vertebral y eso en definitiva era mejor que hablar con él.
En realidad no hicieron mucho, solo se tomaron de las manos. Sin embargo, bajo esa acción todo a su alrededor se desvaneció, si es que eso era posible. El azul se perdió en el avellana de esos ojos soñadores que lo miraban y algo en el fondo de su ser sintió reencontrarse con algo que creía perdido. Ninguno de los dos supo qué era lo que estaba pasando y las palabras no fueron necesarias. En definitiva no iban a poder comunicarse como lo habían esperado, pero el hecho de estar juntos y sentirse tan bien dentro de aquel sueño hacía que Blaine se cuestionara si en realidad acababa de conocer a Kurt, o si tal vez alguna fuerza extraña quería decirle algo.
¡Hola! Un capítulo más de esta historia. Ojalá lo hayan disfrutado. ¡Saludos! ;)
