Capítulo 8
Dicen por ahí que no hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla y tanto Blaine como Kurt agradecían que los últimos días hubieran pasado tan rápido. Justo una semana había transcurrido desde que Kurt había bajado a la Tierra a impedir que Blaine se hiciera daño a sí mismo, una larga semana en la que sólo había podido ver a su custodiado desde lejos y en la que había intentado comunicarse con él en sueños pero sólo lograba verlo y tomar su mano. Sin embargo, había algo extraño en todo eso porque Kurt podría jurar que una corriente extraña le recorría el cuerpo en cuanto estaba en contacto con Blaine pero eso era casi imposible porque él sólo era una imagen mental, no podía sentir en esa situación, ¿o sí?
Evidentemente Kurt no tenía respuesta para aquella pregunta y no sabía si Jeff podría resolver su duda pero estaba seguro de que podía continuar un tiempo sin descubrir aquel misterio. Por lo pronto esos sueños los tranquilizaba un poco a ambos al sentirse un poco más cerca de lo que en realidad se encontraban, pero por otro lado el no poder estar en contacto directo los hacía sentirse… ¿Incompletos? Sí, esa era la palabra, si es que aquello tenía sentido. ¿Acaso era posible? ¿Por qué ambos se sentirían de esa forma si llevaban tan poco tiempo de conocerse? Sólo había una persona que conocía la respuesta. Bueno, tal vez había más de una; el caso es que ninguna de ellas revelaría la verdad y a pesar de ello, ese tema no importaba ahora ya que ninguno de los dos sabía de éste.
Lo que sí tenía pendiente y ahora emocionado al castaño era que el Señor había regresado antes de su viaje y eso significaba que podría bajar a ver a Blaine inmediatamente, o quizá no tan inmediatamente porque de pronto el ángel se sentía nervioso de aparecer sin ser llamado. ¿Qué iba a pasar si Blaine no quería verlo? ¿Y si se molestaba por no avisarle de su visita? Pero, ¿cómo iba a avisarle? Kurt se daba cuenta que estaba divagando pero no conocía el motivo. Vamos, ni siquiera el primer día se había puesto tan nervioso como ahora.
Sin embargo, el ángel sabía perfectamente que las emociones no se pueden controlar por lo que intentó no preocuparse demasiado y decidió bajar a ver a su custodiado. El chico estaba terminando sus clases justamente y, después de haber pasado a la cafetería con dos amigos, se dirigía a su habitación tranquilamente. En cuanto llegó decidió lanzar sus cosas a una silla y se tumbó en la cama para intentar dormir, y con un poco de suerte, soñar con Kurt.
Lo que él no sabía era que su ángel guardián estaba a su lado contemplándolo. Kurt no sabía a ciencia cierta qué era lo que el joven estaba intentando pero sí sabía que Blaine lucía muy bien relajado de esa manera. Pensó unos minutos si sería adecuado dejarlo descansar pero algo en el fondo le recordó que había estado esperando una semana para poder verlo frente a frente así que simplemente habló. – ¿Blaine?
– ¿Mmm? – Murmuró el joven creyendo que alguno de sus compañeros había entrado a su habitación.
– ¿Estás cansado? – Quiso saber el ángel.
– Mm-hmm… – Afirmó Blaine sin abrir los ojos todavía.
– ¿Tan cansado como para no querer verme?
– ¿Kurt? – Casi gritó al reconocer la voz de quien le hablaba y de inmediato abrió los ojos.
– Hola Blaine. – Lo saludó el castaño con una sonrisa.
– ¡Kurt! ¡Estás aquí! – Gritó el chico sentándose en la cama
– Sí, el plazo se ha cumplido y aquí estoy.
– Me alegra verte. – Le hizo saber el ojimiel.
– Y a mí me alegra estar aquí. Ya sabes, diría que me alegra verte y no es que no me alegre pero yo te veo a diario entonces yo… – Comenzó a decir el más alto pero no pudo continuar.
– Kurt, te entiendo. – Lo cortó el moreno y casi pudo jurar que su ángel se había sonrojado.
– Eso es bueno. – Balbuceó Kurt. – Y… ¿Cómo te ha ido aquí? – Preguntó al darse cuenta que Blaine y él habían estado mirándose sin decir nada durante un rato.
– Siéntate conmigo y te cuento. Espera… ¿Si puedes sentarte?
– Si Blaine, sí puedo sentarme. Tal vez no como tú pero puedo hacer algo al respecto… – Respondió Kurt mientras tomaba su lugar a lado de Blaine.
– Tú… Tú no estás tocando la cama… – Señaló el estudiante y Kurt rodó los ojos.
– Es normal, no te asustes. – Lo tranquilizó.
– Está bien. – Contestó su custodiado tranquilamente y Kurt agradeció que lo tomara con tanta naturalidad. – Mejor te cuento, he conocido a dos chicos muy agradables, se llaman Thad y David… – Dijo Blaine cambiando el tema y comenzó a relatar lo que había sido su vida en Dalton en las últimas semanas.
Kurt escuchó atentamente lo que el joven le contaba. Escuchó cuando le dijo de sus nuevos amigos y de sus materias, estaba seguro que había escuchado algo sobre lo buenos que eran sus maestros e incluso algo sobre el director que no logró comprender bien pero apostaría que había sido algo bueno. Lástima que a partir de aquello no hubiera puesto demasiada atención en el tono de voz con el que le hablaba Blaine, ni en la sonrisa que decoraba su rostro mientras narraba su historia. De haberlo hecho quizá hubiera descubierto algo que no pudo ver porque su atención se desvió completamente al contemplar los ojos color avellana que lo observaban detenidamente.
Tal vez con un poco más de concentración hubiera notado el extraño y sutil brillo en los ojos del joven Anderson, un brillo nuevo del cual sólo había un responsable, pero no lo hizo. El ángel sólo notó la emoción con la que hablaba su custodiado de la academia y eso lo llenaba de un gozo que no podía explicar. El hecho de saber que el estudiante estaba en buenas manos le resultaba tranquilizante y por eso mismo comenzaba a creer que la señora Anderson merecía que alguien le cumpliera un pequeño deseo, y él mismo se encargaría de eso.
– Estoy muy feliz por ti, me alegra que tu mamá haya encontrado un lugar como éste. – Comentó emocionado el castaño en cuanto el chico terminó de hablar pero la expresión de Blaine cambió radicalmente.
– Si… – Lo escuchó decir.
– ¿Qué te pasa? – Preguntó alarmado.
– Estoy preocupado por ella, ¿qué pasará si papá se entera?
– No lo hará y ella está bien, te lo aseguro. – Intentó tranquilizarlo el ángel y él lo miró detenidamente.
– Espero que tenga un ángel como tú… – Dijo el ojimiel de corazón y Kurt soltó un bufido.
– Y yo espero que no sea así, un ángel "rebelde" en el mundo es suficiente.
– ¿Sigues arrepintiéndote de haberme conocido? – Preguntó dolido el menor mientras desviaba la mirada pero Kurt se puso frente a él.
– Yo nunca dije que me arrepentía de conocerte, me gusta mucho estar contigo, cuidándote y esto de platicar contigo es increíble. Pero entiéndeme, de una u otra forma siento que estoy rompiendo las reglas… – Explicó el más alto.
– A veces se vale romper las reglas, ¿no? – Comentó el mortal y el ángel abrió mucho los ojos.
– ¡Oh, no! No me digas que yo te estoy enseñando eso porque si es así me voy a sentir muy mal.
– Figurativamente hablando, ¿no? – Se burló Blaine.
– ¿No crees que me puedo sentir mal?
– Eres un ángel Kurt, ¿puedes sentirte mal? – Preguntó el chico.
– ¡Claro que puedo sentirme mal! Lo estoy haciendo justo ahora, me siento ofendido. ¿Por qué piensas que no podemos sentir? – Se quejó el ojiazul.
– No lo sé, nunca se me había ocurrido preguntarle a uno de ustedes lo que pueden o no hacer, o sentir en este caso. – Explicó Blaine algo confundido
– Pues permíteme decirte que las emociones así como los sentimientos que tú puedes tener los podemos experimentar nosotros también. Estamos hechos por el mismo creador, ¿recuerdas?
– Wow... ¿Te has sentido triste alguna vez? – Preguntó el moreno en medio de la sorpresa.
– Sí, cuando morí. – Respondió sin pensar el ángel y eso no ayudó a tranquilizar al mortal.
– ¡¿Moriste?! – Gritó instintivamente.
– Si… Yo no debí decir eso, lo siento. – Se disculpó el castaño mientras Blaine recuperaba la respiración.
– ¿Algo más que deba saber?
– También me he sentido enojado, como cuando hiciste aquella tontería. – Comentó intentando estar lo más tranquilo posible. – Y he estado feliz en ocasiones muy gratas como el día que te conocí o cuando estoy con mis amigos, de verdad que soy casi como tú. Aunque por lo general estoy muy tranquilo… – Terminó diciendo el ángel y un silencio los rodeó por unos minutos.
– ¿Tu-tu…, tu edad? – Se atrevió a preguntar el más bajo después de un rato pero la carcajada de su ángel guardián lo hizo olvidarse de sus nervios. – ¿De qué te ríes?
– Los ángeles no tenemos edad Blaine, el tiempo no nos afecta como a los humanos… – Contestó Kurt divertido.
– Esa es una gran diferencia, ¿quieres decir que cuando yo tenga 80 tú seguirás siendo igual de joven? – Preguntó de pronto el joven Anderson.
– Eh… Sí…
– ¡Eso no es justo! De una vez te prohíbo que me visites cuando esté viejo y feo. – Le advirtió al ángel y una sonrisa triste apareció en su rostro.
– Para ese entonces quien sabe si me recuerdes Blaine.
– Dudo mucho que pueda olvidarte… – Confesó el menor.
– Yo no, para ese entonces tendrás una pareja y una familia que… – Comenzó a decir el ojiazul pero Blaine no lo dejó continuar.
– Nada hará que olvide la imagen que tengo junto a mí, ni lo menciones. – Insistió firmemente y Kurt debió estar pensando en otra cosa porque no notó que las palabras del chico le salían del corazón.
– Si tú lo dices… – Fue lo único que dijo y otro silencio invadió la habitación.
– Oye Kurt, si puedes sentir lo mismo que los humanos… – Habló Blaine nuevamente pero no terminó la frase.
– ¿Si?
– ¿Puedes enamorarte también? – Preguntó casi esperanzado
– ¡Claro! Después de todo soy un ser que es producto del amor… – Respondió el ángel.
– Oh…
– ¿En qué estás pensando? – Quiso saber el castaño al ver que no decía nada más el joven.
– Nada, nada importante… – Contestó el chico intentando restarle importancia a lo que pensaba.
– Pregunta, sé que quieres hacerlo. – Lo animó Kurt y Blaine soltó una carcajada.
– ¿Seguro que no lees mentes? – Lo cuestionó.
– Seguro, cien por ciento seguro.
– Bien, preguntaré. – Aceptó el menor antes de tomar una bocanada de aire. – ¿Has estado enamorado? – Soltó finalmente y Kurt sonrió inevitablemente.
– Creí haberlo estado hace tiempo pero no sé qué pasó, no puedo recordar nada al respecto. Tal vez fue por la misión que me encomendaron o no lo sé… – Dijo tranquilamente.
– ¿Y no sabes quién es él? – Preguntó Blaine cruzando los dedos.
– No, no lo sé. – Contestó honestamente el castaño.
– Tal vez cuando termines la misión lo recuerdes, ¿no?
– Quizá pero no vale la pena pensar en eso ahora. – Sentenció el ángel antes de que alguien tocara la puerta de la habitación. – ¿Esperas a alguien?
– ¿Qué? ¡Oh! Quedé de hacer la tarea con Thad, debe ser él.
– Está bien, será mejor que te deje. – Comentó el ojiazul pero la voz de Blaine lo hizo detener el rumbo de sus acciones.
– ¡No! – Gritó el joven Anderson sin darse cuenta. – Quiero decir... Quiero decir que no tienes que irte si no quieres… – Dijo más tranquilo y Kurt lo miró confundido.
– ¿Quieres que te acompañe mientras haces la tarea? – Quiso saber.
– No me molestaría. – Respondió el menor y sus mejillas se tiñeron de rojo haciendo que el corazón de Kurt se encogiera.
– Está bien, abre la puerta y yo me acomodaré por aquí. – Aceptó el ángel y el joven sonrió de manera encantadora mientras hacía lo que el otro le decía.
Vaya que el joven Anderson se sentía feliz gracias a la plática que acababa de tener con su ángel. Había descubierto algo interesante, algo que no creía posible pero que ya estaba ocurriendo muy en el fondo de su ser y todo gracias a su genial idea de preguntar si Kurt estaba enamorado de alguien más. Quizá si no hubiera sentido ese hueco en el estómago en el momento que el ángel mencionó al desconocido no se hubiera dado cuenta, pero ahora sabía por qué extrañaba tanto al castaño y por qué lo alucinaba en todas partes.
Su voz, sus ojos, su cabello, su piel y la sensación que le provocaba tocarlo en sus sueños. Eso había bastado para que en las últimas semanas Blaine comenzara a sentir mariposas en el estómago cada vez que pensaba en Kurt. Era una locura pensar que se había enamorado de una persona a quien apenas y conocía, pero eso no era lo grave, Blaine se había enamorado de un ángel que sólo él podía ver y seguro que si lo comentaba con alguien terminaba en un sanatorio mental. Sin embargo eso no era lo que le preocupaba, él estaba más interesado en la respuesta a esa pregunta que le rondaba desde hace un rato en la cabeza: ¿podría Kurt corresponderle?
¡Hola a todos!
¡Ding-ding! Tenemos un enamorado o quizá un enfermo mental. Vale, alguien tan adorable no puede ser un enfermo mental, lo sé ;) Ojalá les haya gustado el capítulo tanto como a mí, las cosas seguirán poniéndose interesantes, lo prometo y debo informar que nos encontramos a la mitad de la historia. ¡Gracias por leer y comentar! ¡Un abrazo! ;)
