Capítulo 9
Definitivamente Kurt no podía leer mentes, si pudiera hacerlo quizá hubiera descifrado el porqué de la conducta extraña que el ojimiel tenía hacia él en los últimos días.
El joven Anderson había aceptado recientemente sus sentimientos hacia su ángel guardián pero no sabía cómo acercarse más a él, ni siquiera el internet podía darle la respuesta porque el castaño no era cualquier creatura y eso de buscar: ¿cómo lograr que un ángel se enamore de ti?, no tenía ni pies ni cabeza. Lo único que se le ocurría era que tal vez pasando un poco más de tiempo con el ojiazul, éste quizá podría corresponder el sentimiento que el mortal tenía hacia él. Sin embargo nada era seguro, lo que Blaine hacía era suponer que él podría enamorarse de su sencilla forma de ser pero le preocupaba ser menos de lo que Kurt merecía.
A pesar de ello, a diario el estudiante y el ángel se encontraban en su habitación para charlar un poco sobre lo que le había sucedido al mortal en el día. En realidad no había necesidad alguna de dicho encuentro porque Kurt observaba a su custodiado a todas horas, pero honestamente no se perdería por nada del mundo de la compañía y alegría del joven durante algunos minutos. Quizá Blaine no lo sabía pero su compañía realmente era importante para el castaño, quizá éste se estaba apresurando un poco con ese chico al darle tantas libertades con él, o quizá Kurt sólo estaba escuchando lo que le dictaba el corazón; el caso era que ambos se estaban acostumbrando rápidamente al otro y el ojiazul comenzaba a preguntarse qué tan bueno era eso.
– ¿En qué piensas? – Fueron las palabras que lo hicieron abandonar sus pensamientos aquella tarde de miércoles.
– ¿Yo? En que comienza a anochecer… – Se apresuró a responder tranquilamente.
– ¿Ya tienes que irte? – Se obligó a preguntar el moreno con un deje de tristeza en su voz y el corazón del ángel se encogió en su pecho.
– No realmente.
– Me alegra escuchar eso… – No pudo evitar decir Blaine con una sonrisa en el rostro y Kurt lo miró a los ojos.
– ¿No crees que es extraña nuestra amistad? – Se atrevió a preguntar.
– ¿Lo dices porque eres un ángel? – Quiso saber el ojimiel y Kurt asintió. – No, en lo absoluto. – Siguió diciendo muy convencido ganándose una mirada confundida de su ángel.
– ¿Por qué no? – Le preguntó extrañado.
– Tú lo has dicho siempre, ambos hemos sido hechos por el mismo creador y dudo que él se oponga a… – Intentó explicar Blaine pero de pronto se detuvo un momento antes de decir exactamente lo que estaba pensando. – A esto que tenemos tú y yo. – Dijo una vez que había ordenado sus ideas.
– Tienes razón, después de todo sólo somos amigos. – Afirmó el castaño intentando tranquilizarse a sí mismo hasta que notó que su acompañante había desviado la mirada y no lucía muy bien. – ¿Estás bien? Te pusiste pálido de pronto… – Tuvo que decir.
– S-sí, no es nada… – Contestó el otro intentando normalizar su respiración y ambos se sumergieron en un silencio que no resultaba del todo incómodo.
De pronto ambos estaban pensando en la misma cosa sin saberlo, pero ninguno se atrevió a decir algo más porque resultaba bastante extraño siquiera pensar en ello. Blaine estaba totalmente perdido en sus pensamientos mientras Kurt lo observaba recuperar su color natural; era impresionante lo bien que se veía aquel día en particular porque, aunque llevaba su uniforme de siempre, había algo en su mirada que la hacía brillar como nunca antes la había visto, ¿o era acaso que ese brillo llevaba tiempo y él no lo había notado?
Bien, Kurt debía admitir que era un tanto distraído. Tanto que ahora comenzaba a preguntarse si su comentario le había afectado a su custodiado de alguna forma, pero también se decía a sí mismo que era simplemente ridículo. ¿En qué le afectaría a Blaine pensar en ellos como simples amigos? Era eso lo que eran, ¿o no? Gracias a esa lógica fue que el ángel pudo calmar sus nervios, porque sí, estaba nervioso al pensar que había ofendido al chico; por ello fue que después de unos minutos decidió que era tiempo de hablar con él para saber lo que estaba cruzando por su mente.
– ¿En qué piensas tú? – Preguntó directamente el ojiazul al joven Anderson y éste soltó un suspiro antes de responder.
– En el todo y la nada…
– ¿Cómo? – Dijo Kurt confundido.
– Sí, pienso en como una persona puede significar todo para ti y tú puedes ser nada para ella… – Le explicó Blaine sin mirarlo a los ojos.
– ¿Piensas contarme más acerca de eso? – Quiso saber el ángel guardián.
– No, dejaré que tú lo averigües a tu tiempo. – Declaró el estudiante sosteniéndole la mirada a su ángel como si aquellas palabras formaran parte de una petición que el otro no lograba comprender.
– ¿Gracias? – Respondió confundido y vio sonreír a su acompañante. – Creo que nunca entenderé a los humanos, se complican demasiado la existencia. – Dijo finalmente.
– ¿Cómo eras tú de humano? – Le preguntó el ojimiel.
– No recuerdo mucho, quizá tendría tu misma edad si no hubiera muerto. – Contestó el ángel.
– Eso no me dice cómo eras antes Kurt… – Insistió Blaine antes de ver que el otro cerraba los ojos para intentar recordar su pasado.
– Bueno, era amable, simpático, responsable, respetuoso y muy atractivo. – Enlistó el más alto.
– Y modesto seguramente. – Le completó el moreno y el ángel se echó a reír.
– ¡Exacto! Tal vez debimos conocernos entonces.
– Tal vez… – Comentó el joven Anderson algo pensativo. – Aunque…
– ¿Qué? – Preguntó el castaño mirándolo a los ojos.
– No me arrepiento de tenerte como mi ángel guardián, eres increíble. – Declaró el menor y extraña sensación invadió el cuerpo del ojiazul.
– Gracias, yo tampoco me arrepiento de tenerte como mi custodiado. Si me hubiera tocado otro chico quizá estaría muy aburrido.
– ¿Estás diciendo que soy tu entretenimiento?
– ¡No! Yo sólo… – Exclamó apenado el otro mientras Blaine intentaba contener una carcajada.
– Estoy bromeando Kurt. – Le aclaró rápidamente al ver que sus mejillas se tornaban rojas y sin pensar posó su mano en el brazo del ángel.
Cualquiera habría pensado que ese gesto no implicaría nada extraño, Blaine sabía que no podía tocar a un ángel y una parte de él estaba preparado para ello. Sin embargo, ninguno de los dos pudo advertir lo que se venía y tampoco pudieron decir nada al darse cuenta de que la mano del joven en efecto estaba sobre el brazo de Kurt. No, no era ningún truco y ambos podían jurarlo porque sentían la piel del otro mientras una corriente viajaba por sus cuerpos de pies a cabeza. Pero vamos, ¿de verdad Blaine estaba tocándolo? Eso no era posible, ¿o sí?
– Tú… – Comenzó a decir el ángel para comprobar lo que estaba viendo y sintiendo pero de la nada la puerta se abrió abruptamente.
– ¿Blaine? ¿Con quién estabas riéndote? – Preguntó David un tanto confundido al no ver nadie en la habitación de su amigo.
– Eh… Yo, yo… ¡Recordé un buen chiste! – Pretextó rápidamente el joven mientras Kurt se levantaba y se despedía de él con un simple gesto.
– ¿Y me lo contarás? – Insistió su amigo dirigiendo su mirada hacia la pared a la que veía Blaine, gesto que lo hizo recobrar su atención.
– Lo haré cuando aprendas a tocar la puerta antes de entrar de esa forma en mi habitación. – Contestó el ojimiel molesto mientras una gran duda se anclaba en su cabeza.
La verdad es que ambos hubieran preferido hablar de lo que había sucedido en ese mismo momento, desgraciadamente la llegada del amigo de Blaine lo complicaba todo y lo mejor que Kurt había podido hacer era despedirse e irse a su hogar. Una vez ahí decidió ignorar la conversación que su custodiado sostenía con el chico en su habitación, él sabía que Blaine jamás le contaría sobre él a nadie y eso lo tranquilizaba. Lo que en realidad le preocupaba era lo que había ocurrido minutos antes, ¿cómo era posible que un mortal lo hubiera podido tocar?
– ¿Te divertías allá abajo? – Preguntó una voz familiar detrás de él y el castaño no pudo evitar saltar del susto.
– ¡Nicholas! No vuelvas a asustarme de ese modo. – Se quejó al darse la vuelta y su acompañante lo miró con los ojos entrecerrados.
– ¿Qué fue lo que pasó ahí Kurt?
– ¿Dónde? ¿De qué hablas? – Balbuceó el ojiazul intentado fingir demencia pero no funcionó.
– Si mis ojos no me engañan, ¿Blaine pudo tocarte? – Dijo confundido el pelinegro y Kurt soltó el aire que había estado conteniendo.
– Yo… No sé cómo fue eso posible… – Confesó algo nervioso.
– Nunca había visto algo así antes. – Comentó sorprendido el otro.
– ¿No es normal? – Preguntó el castaño.
– No que yo sepa…
– ¿Y qué debo hacer? – Quiso saber el ángel.
– ¿Qué quieres hacer? ¿Dejar a Blaine? – Sugirió en broma Nick.
– ¡NO! – Exclamó inmediatamente Kurt pero la sonrisa de su acompañante lo hico intentar serenarse. – Quiero decir, ¿cómo podría dejarlo si es parte de mi misión?
– Sí, claro. – Dijo el otro ángel siguiéndole el juego.
– Y a todo esto, ¿qué haces aquí? – Decidió decir el más alto para cambiar el tema.
– Quise venir a ver cómo van las cosas con el joven Anderson. – Le explicó el pelinegro tranquilamente.
– Es un chico maravilloso, se ha adaptado rápidamente a su nueva escuela y… – Comenzó a decir Kurt pero el otro lo interrumpió.
– Y es un chico al que le gusta hablar con su ángel guardián cuando le place. – Terminó de decir Nick por él y las mejillas del castaño se tornaron rojas.
– Eh…
– Ni intentes negarlo, los he visto. – Le advirtió el pelinegro.
– Yo… Yo no sé cómo decirle que no… – Terminó confesando el ojiazul y se ganó una mirada llena de reproche por parte del otro.
– Ay Kurt, creo que te estamos perdiendo. – Declaró el más bajo.
– ¿Por qué? – Quiso saber el castaño.
– Te dije que no mezclaras tus sentimientos con tu trabajo. – Le recordó Nick.
– No lo estoy haciendo… – Intentó decir Kurt seriamente para que su amigo le creyera pero fue imposible.
– ¿Ah, no?
– ¡No! Es sólo que él me necesita y yo quiero estar ahí para él como un apoyo. – Se justificó el ángel.
– Claro, el problema es que al Señor no le va a gustar mucho esa clase de apoyo. – Contestó Nick algo preocupado.
– ¿Él lo sabe? – Preguntó nervioso.
– No, pero debo advertirte que esta semana hay supervisión y es probable que esté rondando por aquí. – Le informó el otro.
– Gracias Nick.
– Piensa bien lo que estás haciendo Kurt, no sé si valga la pena desafiar el equilibrio universal por alguien como Blaine. – Dijo Nick finalmente antes de darse la vuelta e irse a su lugar de trabajo sin dejar que Kurt pudiera responder algo al respecto.
¿Qué rayos había querido decir el pelinegro con eso? No, seguro Nick no se refería a lo que Kurt estaba pensando porque eso sería simplemente imposible. Por supuesto que el castaño no estaba dejándose llevar por sus sentimientos, él estaba siendo profesional como en todas sus misiones y el querer apoyar a Blaine era sólo una forma de demostrar su compromiso con el chico. Sí, eso era y no iba a dejar que nadie confundiera lo que estaba haciendo con otra cosa, mucho menos con un enamoramiento. Por favor, ¿cómo iba a enamorarse un ángel guardián de su custodiado?
¡Hola! Aquí un capítulo más de esta historia. ¡Les mando un abrazote a todos! Bonita semana ;)
