Capítulo 10
El tiempo transcurrió de la nada y Blaine siguió pasando mucho tiempo con su ángel, sin embargo ambos tuvieron un poco más de cuidado para evitar el contacto. Ninguno había tocado el tema pero hasta el momento ni él ni el castaño habían tenido la fuerza de voluntad suficiente para dejar de comunicarse con tanta frecuencia con el otro. Era cierto que Kurt sabía que había un riesgo en dicha situación pero ni así podía dejar de atender los llamados de su custodiado. Sin embargo, él no era tonto, gracias a los avisos de Nick él había podido hablar con Blaine para advertirle que durante una semana sus visitas no iban a ser tan frecuentes como antes. Afortunadamente una semana sólo tiene siete días y para un ángel eso es muy poco.
Una vez que pasó el tiempo establecido ambos continuaron con sus encuentros todas las tardes en la habitación del mortal. Ahí hablaban de todo lo que se les ocurría, pero había un tema que no habían querido tocar el uno con el otro: el primer amor. Por su parte, Blaine sabía un poco de la historia de Kurt pero no estaba seguro de querer profundizar en el tema, y en cuanto a Kurt, él no quería sacar el tema justo ahora. Sin embargo, la atención de ambos recaía últimamente en conversaciones que los hacían escuchar demasiado dicho tema. Y si algo habían notado, era que la idea de enamorarse les causaba mucha ilusión a los dos; cosa que no estaban disimulando mucho porque a donde quiera que iban los suspiros llenaban el ambiente.
En el cielo Kurt intentaba controlar un poco sus acciones porque si bien el castaño ya se había enamorado una vez, el sentimiento que le invadía en aquel momento parecía ser muy diferente a lo que recordaba haber sentido por ese chico del que no sabía ya ni su nombre. Aunque a estas alturas el ángel comenzaba a preguntarse si ese chico en verdad era real o si acaso había sido un sueño o un producto de su imaginación. Si era sincero consigo mismo tenía que aceptar que después de su primera misión en la Tierra no había sabido nada de aquel hombre con rizos negros que había aparecido en su cabeza y eso lo tranquilizaba así como también lo angustiaba.
Por su parte, Blaine en la Tierra actuaba como si nada. Sus compañeros del coro habían notado una nueva actitud en él, sin embargo ninguno se había atrevido a preguntar el porqué del ese cambio. Cuando Blaine llegó a la Academia Dalton se mostraba un poco más inseguro que ahora y aunque al tratarlo siempre se había mostrado muy amigable, el brillo que habían notado sus amigos recientemente en el joven Anderson, era nuevo.
Un día de tantos, Kurt notó algo curioso, o mejor dicho a alguien. Era un chico alto y bien parecido, tenía cabello castaño y el color de sus ojos era verde esmeralda*. Pero no fue su apariencia lo que llamó la atención del ángel guardián sino que estaba acompañando a su custodiado desde temprano y era hora que todavía no lo dejaba llegar a su habitación. Obviamente Kurt no estaba molesto porque Blaine estuviera retrasando su charla habitual por estar con ese chico, claro que no. Era sólo que tenía un extraño presentimiento con la presencia de aquel sujeto en la academia y no sabía cómo explicarlo.
– Hola, lamento la tardanza. – Dijo Blaine al entrar a su habitación después de un largo rato que a Kurt le había parecido eterno.
– Hola. – Lo saludó cortantemente.
– No sabes lo bien que me la he pasado hoy Kurt, tuve una mañana increíble. – Comentó el menor y el ángel no pudo evitar rodar los ojos.
– Apuesto a que sí… – Dijo casi con sarcasmo.
– ¿Estás bien? – Le preguntó Blaine.
– Sí, ¿por qué no lo estaría?
– No lo sé, estás raro. – Repuso el ojimiel y el ángel negó con la cabeza.
– Es tu imaginación, mejor sigue diciendo lo que ibas a decir. – Lo animó no sonando tan bien como quería.
– Está bien, hoy conocí a un chico que es muy lindo y agradable conmigo. – Dijo emocionado.
– Lo noté, ¿es nueva? – Quiso saber el más alto.
– Nuevo, querrás decir.
– Lo dije a propósito porque tiene cara de suricata, ¿no te diste cuenta? – Comentó el castaño y Blaine abrió mucho los ojos.
– ¡Kurt! No insultes a Sebastian. – Lo defendió instintivamente mientras Kurt se movía lo suficiente para poder recostarse en la cama sin tocarlo.
– Así que ese es su nombre. – Balbuceó al aire.
– Sí, se llama Sebastian Smythe y sus padres son… – Comenzó a decir el joven mientras el ángel pensaba en lo mal que le iba ese nombre al chico, quizá si le hubieran puesto un nombre de roedor podría apreciarlo un poco o tenerle lástima quizá. El caso era que ni lo apreciaba ni le tenía lástima, lo que tenía era jaqueca porque su custodiado no dejaba de hablar de quien sabe cuántas cosas acerca del castaño, ¿no había tenido suficiente de él estando a su lado todo el día? – ¿Kurt? – Fue la voz de Blaine la que interrumpió la ilación de sus pensamientos.
– Sí, lo siento. – Dijo sin pensar y Blaine lo miró con los ojos entrecerrados.
– No escuchaste nada de lo que dije.
– Sí lo hice, sólo me distraje un poco al final. – Se defendió el ojiazul mientras se sentaba en la cama.
– ¿En qué pensabas? – Preguntó el menor.
– En que tengo que irme justo ahora. – Decidió decir astutamente.
– ¿De verdad? ¿No puedes quedarte un ratito más? – Casi suplicó el joven Anderson, no sabía por qué pero sentía que algo andaba mal.
– Lo siento, esta vez no. – Respondió Kurt sin más. – Pero puedes ir a buscar a tu nuevo amigo si necesitas hablar con alguien. – Dijo mientras se daba la vuelta hacia la puerta.
– ¿Qué? – Preguntó el ojimiel confundido ante lo que había escuchado.
– Lo que oíste, nos vemos Blaine. – Fue lo último que dijo el ángel antes de desaparecer de la vista del mortal y en un abrir y cerrar de ojos llegó al cielo.
No sabía lo que le pasaba, sentía que le hervía la sangre y su estómago estaba hecho un nudo. Sabía que estaba molesto porque Blaine había llegado tarde a su reunión pero no entendía por qué había actuado así con él. Kurt realmente quería pasar tiempo con el ojimiel, quería saber más detalles sobre ese suricato y quería escuchar todo lo que Blaine tendría que decirle sobre su día escolar. Pero las cosas no pasaron así en cuanto el ángel lo escuchó decir que había tenido un día increíble y que había conocido al tal Sebastian.
Dios, el sólo pensar su nombre le hacía tener ganas de lanzar fuego como los dragones que se veían en las películas humanas.
– ¿Qué fue todo ese drama? – Escuchó decir a una voz y tuvo que respirar profundo antes de dar una respuesta.
– ¿Nick? No sé de lo que hablas. – Intentó decir tranquilamente.
– Vi todo Kurt. – Le aseguró su amigo.
– Tenía que volver aquí, de verdad no podía quedarme porque… – Comenzó a explicar el castaño pero el otro ángel no lo dejó terminar.
– Porque estabas celoso de Sebastian.
– ¡¿Qué?! ¡Yo no estaba celoso! – Gritó el ojiazul.
– Tiene razón, no estaba celoso. – Comentó una tercera voz y Kurt suspiró.
– Gracias Jeff. – Dijo a su amigo.
– Lo está…
– ¡Jeffrey! No me ayudes, amigo. – Se quejó molesto.
– Vamos Kurt, sólo acéptalo. – Le sugirió el rubio.
– ¿Aceptar qué? – Preguntó confundido.
– Que el amor ha llegado a tu puerta… – Dijo Jeff suspicazmente.
– Eso no es cierto, tú estás inventando cosas. – Lo contradijo Kurt.
– Bien, sigue con tu engaño si quieres.
– No es ningún engaño, ¿ves aquí a algún ángel que quiera invitarme a salir? No, ¿verdad? Entonces el amor no ha llegado a mi puerta y no digas tonterías. – Se apresuró a defenderse el castaño.
– Sabes que no me refiero a ningún ángel. Quizá si desvías un poco la mirada hacia abajo… – Insistió su amigo.
– No sé de lo que me hablas.
– Entonces no te molesta si Blaine y Seb se vuelven novios, supongo… – Dijo Nick esta vez.
– ¿Seb? ¿Por qué lo llamas así? Di su nombre completo por favor. – Pidió Kurt al otro ángel. – Y confirmando tu afirmación, claro que no me molestaría si se volvieran novios.
– Eso es bueno porque Blaine ya no es un niño y pronto querrá experimentar cosas nuevas. Me preocuparía que te incomodara ver ese tipo de escenas ya que eres su ángel guardián… – Siguió diciendo el moreno pero no pudo continuar.
– ¡Cállate Nick! Blaine todavía no piensa en esas cosas. – Le gritó el más alto.
– Pero lo hará en cuanto su próximo novio quiera llegar un poco más lejos y… – Insistió el rubio.
– ¡Jeffrey!
– ¿Qué? Creí que no te molestaría… – Comentó burlón al ver la reacción de su amigo.
– ¡Bien! ¡Sí me molesta! ¿Contentos? – Confesó el ángel guardián algo exaltado y ambos intentaron contener la carcajada que estaba a punto de salir de sus bocas.
– ¿Y por qué te molesta? – Preguntó Nick.
– ¡Porque Blaine es mi custodiado, porque si se mete con ese suricato va a dejar de pasar tiempo conmigo y porque no quiero que sus primeras veces sean con él! – Dijo Kurt sin pensar en sus palabras.
– ¿Te gusta Blaine, amigo? – Quiso saber Jeff.
– ¡Sí! ¡Quizá sí! – Soltó en el calor del momento.
– Eso era todo lo que queríamos oír. ¡Te lo dije Nick! – Casi gritó satisfecho el rubio.
– Dios… – Balbuceó el castaño mientras cubría su rostro con las manos.
– ¿Estás bien Kurt? – Preguntó Nick.
– No, ¿acaso no se dan cuenta de lo que está pasando?
– No puedes romper con el equilibrio universal Kurt, humanos con humanos y… – Intervino una voz más y los tres voltearon a ver al recién llegado.
– ¡Ángeles con ángeles! ¿Crees que no lo sé? – Terminó Kurt por él y lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
– Me preocupaba que no lo recordaras después de lo que acabas de decir. – Comentó Elliot.
– ¿Y tú qué haces aquí? – Lo cuestionó Jeff.
– Pasaba a saludar y sin querer escuché todo.
– Pues hola y gracias por venir a arruinar el momento. Ahora vete. – Dijo terminantemente el rubio pero el ángel no pensaba moverse de ahí.
– Elliot tiene razón Jeff, no puedo sentir esto porque no es correcto… – Dijo Kurt algo dolido después de un rato.
– El amor siempre es correcto Kurt… – Le aseguró su mejor amigo.
– Pero él es casi un niño y tiene que enamorarse de alguien que sea como él. – Insistió el ojiazul.
– Los niños no van a cumplir 16 Kurt y respecto a lo de enamorarse, ¿qué pasaría si Blaine sintiera algo por ti? – Quiso saber Nick.
– Eso sería imposible. – Se apresuró a decir Elliot y tanto él como Jeff lo fulminaron con la mirada.
– Elliot, retírate por favor. – Suplicó el moreno.
– Está bien, me iré pero si necesitas un buen consejo Kurt no dudes en buscarme.
– Para ser un ángel puedes ser bastante odioso. – Le aseguró Jeff antes de dejarlo ir y un silencio bastante extraño se hizo presente.
– Me duele decirlo pero él tiene razón chicos. El que yo sienta algo hacia él es una locura y no significa que vaya a corresponderme, por eso haré lo que esté en mis manos para que pueda enamorarse del suricato. – Dijo Kurt después de pensarlo mucho y lo único que pudo hacer fue limpiar los restos de las lágrimas que quedaban en su rostro.
Los dos ángeles intercambiaron una mirada llena de pena al escuchar las palabras de su amigo, pero ninguno se atrevió a contradecirlo. Habían prometido no intervenir y ya habían hecho suficiente por un día. Además, ambos sabían que no podían faltar del todo a su palabra. Si Kurt y Blaine iban a tener algo tenían que descubrirlo por sí mismos, aunque eso pudiera terminar de otra forma que Jeff no quería ni imaginar.
Sin más que hacer ambos dejaron a su amigo solo mientras hacía su trabajo desde la distancia, él sabía que sería mejor estar con Blaine a su lado, pero no podía flaquear después de haberse despedido como lo había hecho. En el fondo el ángel agradecía infinitamente al mortal que no hubiera ido a buscar a nuevo amigo, pero tenía curiosidad por ver qué tanto hacía con esa libreta en las manos. Kurt había pensado que quizá era alguna de sus tareas pero ése no era ninguno de los cuadernos que le habían dado en la academia cuando había llegado ahí.
¿Qué podría estar escribiendo tan rápidamente? Bueno, si Kurt se asomaba un poquito no iba a pecar de curioso, ¿o sí? No, claro que no. Después de todo él lo hacía por el bien de su custodiado y nadie podría contradecirlo. En cuanto estuvo decidido de lo que haría se dirigió con prisa hacia la Tierra, directamente a la habitación del ojimiel.
Blaine estaba tan perdido en sus pensamientos que no notó la ligera ventisca que se hizo con la llegada del ángel. Por su parte, Kurt hizo lo posible por mantenerse invisible y poder así investigar qué hacía su custodiado pero el joven instintivamente cubrió su cuaderno con el brazo con el que no estaba escribiendo. A lo largo de un rato no cambió de posición y el ángel comenzó a creer que no podría conocer el contenido del escrito pero entonces Blaine comentó algo en voz alta. – Ojalá te guste mi carta… – Dijo con una enorme sonrisa después de soltar un suspiro y el ángel se apresuró a sacar conclusiones. Conclusiones que le hicieron hervir la sangre nuevamente, quizá no había sido tan bueno que bajara a ver lo que hacía su custodiado.
¡Hola! Me alegra mucho actualizar, lo juro. Ojalá me dejen un lindo review, perdón por la tardanza y espero que lo hayan disfrutado. ¡Saluditos! ;)
