Capítulo 11

Los días siguieron pasando y Kurt dejó de hacerse tan presente como antes. Por supuesto que Blaine notó el cambio y se intrigó por lo sucedido, desgraciadamente no había podido hablar sobre ello con su ángel, ya que éste se negaba a dejarse ver los días que Blaine se encontraba con Sebastian; cosa que sucedía todos los días. El ojimiel no tenía muchos indicios sobre lo que había hecho mal para que su ángel se molestara tanto con él, ya ni siquiera podía verlo en sus sueños y eso lo entristecía al igual que a Kurt, pero ni así el castaño terminaba con el sufrimiento de ambos.

No fue hasta el día de su cumpleaños cuando decidió que tenía que estar a su lado, después de todo Blaine no cumpliría 16 dos veces en la vida. Por ello fue que tuvo que dirigirse cuanto antes a la habitación de su custodiado para sorprenderlo esa mañana, el ángel realmente quería ver su rostro en cuanto el moreno notara su presencia pero sabía que era algo temprano para el mortal. Después de todo, ¿quién se levanta a las 7 en sábado? Claro era que Blaine no, pero el ojiazul no desperdiciaría la oportunidad de observar la tranquilidad con la que su custodiado dormía.

– Buenas días dormilón… – Comenzó a repetir el ángel guardián dos horas más tarde al ver que el ojimiel comenzaba a moverse en la cama.

– ¿Kurt? Debo estar soñando. – Dijo el menor sin hacer el mínimo esfuerzo por abrir los ojos.

– Abre los ojos para que veas que no es así.

– ¡KURT! – Gritó Blaine en cuanto logró visualizar a su ángel y corrió a abrazarlo sin pensar.

– Wow, deberías soltarme porque no estoy seguro que esto esté bien… – Balbuceó el más alto mientras trataba de zafarse de su agarre.

– Sólo es un abrazo Kurt. – Lo tranquilizó Blaine fijando su mirada en aquellos ojos azules antes de decidir abrazarlo nuevamente. – Te extrañé mucho. – Le hizo saber.

– Yo también, feliz cumpleaños. – Dijo el castaño provocando que el corazón del joven se detuviera un instante.

– ¿No lo olvidaste? – Preguntó emocionado.

– ¿Me crees capaz de olvidar que mi custodiado cumple 16 años hoy?

– Tu custodiado, cierto. – Repitió el estudiante al escuchar aquellas palabras.

– ¡Oh, vamos! No te pongas así, sabes que eres más que eso para mí. – Se apresuró a aclarar Kurt al notar la reacción del festejado.

– ¿De verdad? – Preguntó él con una luz de esperanza en sus ojos.

– ¡Sí! También eres mi amigo. – Respondió el ángel y la decepción llegó al mortal.

– Vaya… – Fue lo único que pudo decir.

– Te dejaré unos minutos para que te vistas y estaré de regreso, ¿sí? – Propuso Kurt al notar el tono de voz de su custodiado.

– De acuerdo, gracias. – Dijo el más pequeño de los Anderson intentado sonar lo más normal posible mientras su ángel desaparecía.

¿Qué había sido eso? ¿Amigos? Blaine no quería que Kurt lo considerara su amigo, eso era lo último que quería que pensara de su relación. A pesar de todo, el joven intentó guardar la calma, él sabía que aunque a una persona le guste otra, eso no garantiza que el sentimiento sea correspondido y menos si esa otra persona se trata de un ángel guardián llamado Kurt. Había que aceptarlo, el castaño no era muy perspicaz para esas cosas y Blaine ya lo había notado. Lo bueno de la situación era que él ya tenía en mente un plan que seguro no le fallaría para llamar su atención, especialmente ese día que había decidido hacer algo importante.

– ¿Kurt? – Decidió llamarlo en cuanto terminó de arreglarse.

– Sí, ya venía. Wow… – Respondió el ángel al encontrarse con él y notar que estaba usando unos pantalones rojos muy ajustados a juego con una camisa negra estilo polo y un corbatín, ¿podría verse mejor? No, claro que no.

– ¿Qué? ¿Me veo muy mal? – Preguntó el más bajo un poco inseguro ante la reacción del otro.

– ¿Bromeas? Creo que te va muy bien ese atuendo. – Le aclaró Kurt.

– Me alegra que te guste más que mi uniforme. – Decidió decir el ojimiel para ver la reacción de su ángel guardián.

– ¡Oh! El uniforme también te sienta bien. – Comentó el ángel sintiendo de repente un poco más de calor en la habitación.

– Gracias.

– ¿Y bien? ¿Qué piensas hacer hoy? – Preguntó el castaño para cambiar el tema de conversación.

– No lo sé, es sábado y probablemente estaré solo aquí todo el día. – Le hizo saber el joven.

– Puedo pasar algo de tiempo contigo y… – Comenzó a decir el ojiazul y esas palabras fueron suficientes para que el corazón de Blaine se acelerara.

– ¡Sí! No se me ocurre nada mejor. – Casi gritó emocionado.

– Qué entusiasta estás. – Notó el más alto.

– Debe ser culpa tuya, hace mucho que no te veía y comenzaba a creer que jamás lo haría de nuevo. – Lo acusó el mortal con una sonrisa triste.

– Lamento haberte dejado así… – Se disculpó apenado.

– De hecho, creo que me debes una explicación.

– Eh, yo… – Comenzó a balbucear nervioso el ángel mientras su custodiado intentaba reprimir una carcajada.

– Pero será después, por ahora yo soy el que quiere decirte algo importante. – Lo tranquilizó el festejado.

– ¿Ah, sí?

– Sí, lo he estado pensando mucho y quiero hacerlo hoy porque me siento mayor y quizá eso me dé un poco más de valor si esto sale mal. – Siguió diciendo Blaine.

– ¿Por qué saldría mal? ¿Qué quieres decirme? – Preguntó el ojiazul confundido.

– Kurt yo… – Intentó decir pero no pudo continuar.

– No puede ser tan malo, dimelo. – Lo animó el ángel.

– Desde hace tiempo me siento algo diferente, estoy más feliz y me gusta escuchar música con letras muy empalagosas, y creo que sé la razón. – Dijo sin dudar.

– Ti-tienes m-mal gusto, e-eso debe ser… – Balbuceó nervioso el ángel intentando sonreír pero no le funcionó su estrategia.

– ¡No! Lo que quiero decir es que creo que me he enamorado. – Soltó Blaine de pronto con toda la seriedad necesaria.

– Ah, yo… – Comenzó a decir el más alto pero fue interrumpido.

– Espera, déjame terminar. – Le pidió el ojimiel.

– De acuerdo.

– El caso es Kurt, que estoy seguro que estoy enamorado y quiero… – Siguió diciendo mientras se acercaba un poco más a él pero el sonido de la puerta los hizo quedarse helados a ambos.

– Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti, feliz… – Se escuchó cantar a varios chicos mientras entraban a la habitación con un pequeño pastel que tenía una vela encendida para el cumpleañero. – ¡Feliz cumpleaños Blaine! – Gritaron todos al unísono en cuanto terminaron de cantar.

– Wow, quita esa cara de emoción Anderson. – Dijo Thad al ver la expresión de su amigo y fue hasta ese momento que Blaine reaccionó.

– ¿Eh? Yo… Yo… Lo siento chicos, me tomaron por sorpresa. – Se disculpó sin poder olvidar que estaba a punto de hacer algo muy importante y no había podido hacerlo.

– ¡Ese era el punto! – Gritó alguien más a quien no pudo reconocer y decidió no prestarle atención.

– Pide un deseo Blaine y sopla la velita. – Dijo Sebastian mientras se acercaba a él con el pastelito.

– Un deseo, un deseo… – Dijo Blaine en voz alta antes de encontrarse con la mirada azul que tanto le gustaba y supo inmediatamente qué era lo que iba a pedir.

– ¡Sí! ¡Ahora muérdele! – Gritó Thad al ver que la velita se apagaba.

– ¿Qué? No, eso no. – Se quejó el festejado.

– ¿Cómo que no? ¡Que le muerda! ¡Que le muerda! – Insistieron los demás y no tuvo más remedio que complacerlos a pesar de saber que terminaría con el pequeño pastel embarrado en su rostro.

– ¡Si! ¡Pon la música Smythe y que comience la fiesta! – Gritó David entusiasmado.

– ¿Fiesta? – Preguntó Blaine confundido.

– ¡Sí! ¿Crees que te dejaremos solo el día de tu cumpleaños? – Le preguntó Thad y el joven tuvo que contener la respuesta que quería darle a su amigo.

– Yo… Gracias chicos. – Dijo finalmente y rogó internamente que su ángel no lo abandonara ese día.

– ¡Ven, baila conmigo! – Escuchó de pronto la voz del joven Smythe y se vio bailando con él lo que para Blaine fue un largo rato.

Las horas siguieron pasando y por más que el cumpleañero quería quedarse a solas no sabía cómo decírselo a sus acompañantes tomando en cuenta que habían sacrificado su fin de semana sólo por estar con él. Sin embargo, él sabía que no eran los únicos que estaban a su lado porque confiaba con todo su ser en que su ángel guardián seguía por ahí en algún lugar esperándolo pacientemente. Porque él no se iría, ¿verdad? No, había dicho que pasaría tiempo con él y debía cumplir su promesa.

Promesa que Kurt conocía de sobra y sólo por eso era que seguía ahí viendo cómo el joven Smythe se retorcía demasiado cerca de su custodiado. Vamos, él sabía muy en el fondo que no estaba mal lo que estaban haciendo, era una simple fiesta y se estaban divirtiendo pero el único que no compartía el sentimiento era él. ¿Acaso no podría alguien que no fuera Sebastian bailar con Blaine? Afortunadamente el tiempo hizo de las suyas y por fin los chicos decidieron dejar descansar al festejado.

– ¿Kurt? Por favor, dime que sigues aquí. – Dijo Blaine en cuanto todos salieron del lugar.

– Hola… – Respondió el ángel apareciendo en una de las esquinas de la habitación.

– ¡Sí! Gracias al cielo sigues aquí, pensé que no se irían nunca. – Exclamó el joven Anderson.

– Yo también pero son buenos muchachos.

– Lo sé, la verdad no esperaba algo así hoy. – Confesó el mortal.

– Me alegra que no hayas pasado el día solo y aunque quisiera quedarme, ya es tarde. – Tuvo que decir Kurt.

– ¿Me dirás qué hice mal la última vez? – Se atrevió a preguntar el ojimiel.

– No vale la pena hablar de eso Blaine. – Sentenció el más alto y Blaine negó con la cabeza.

– Si vale… – Insistió.

– ¿Cómo lo sabes? – Quiso saber el ángel un tanto curioso.

– Porque yo… Yo…

– No lo digas Blaine, tengo que irme. – Lo interrumpió Kurt al darse cuenta de lo que iba a decir.

– Pero Kurt, quiero hacerlo… – Le hizo saber el moreno logrando que su corazón se detuviera un microsegundo.

– Adiós Blaine. – Se obligó a decir el ángel.

– Kurt, por favor… – Suplicó el joven.

– Lo siento…

– Al menos prométeme que volverás más seguido, te lo suplico. – Casi lloró el más bajo.

– No creo que sea conveniente. – Dijo él terminantemente y sin más desapareció.

– ¡Kurt! – fue lo último que pudo gritar mientras intentaba controlar su respiración.

Ahora estaba seguro de que su ángel sabía de sus sentimientos hacia él y si no se equivocaba, el castaño también tenía sentimientos hacia él. Pero ese no era el fin de la historia, el joven Anderson no se iba a rendir tan fácilmente porque creía que de verdad ellos podrían tener una linda relación. Claro que sería complicado porque vamos, ¿un humano y un ángel? Cualquiera diría que se trataba de una locura, pero Blaine no. Él iba a luchar por defender su amor y estaba seguro que pronto conseguiría que Kurt aceptara lo que sentía por él, de una u otra forma.


¡Hola! Yo regresando, poco a poco... Espero que alguien siga leyendo esta historia y si es así, les recuerdo que en cuatro capítulos más llegamos al final. Recen para que la termine antes de año nuevo xDD ¡Saluditos a todos! ;)