Capítulo 12
Imposible. Ésa era la palabra que describía a la perfección el sentimiento del ojiazul en aquel momento. ¿Su custodiado había estado a punto de decirle lo que él creía que le iba a decir? Sí, no había otro motivo por el cual Blaine pudiera ponerse tan nervioso. Siendo sincero con él mismo, Kurt sabía que eso podía pasar, sabía que si seguía viendo tan seguido al moreno ésta podría ser una de las consecuencias y lo peor del caso era que a una parte de él no le interesaba.
¿A quién iba a engañar? Él también tenía sentimientos hacia el menor que no había querido reconocer con anterioridad, pero eso lo ponía en una situación complicada. ¿Se atrevería a romper la única regla que había establecido el Señor desde…? No, no sabía desde cuándo existía esa regla, pero algo dentro de él le gritaba que era inquebrantable. ¡Vamos! ¿De verdad tenía que fijarse en la persona equivocada? ¿Por qué no había podido sentirse así con Elliot? Él era un buen ángel, nunca había tenido problemas de ningún tipo y todo el mundo sabía que lo quería. ¿Por qué Blaine? ¡¿Por qué?!
Era evidente que el ángel se sentía confundido después de haber visitado por última vez a su custodiado, no quería adelantarse a los hechos pero si el Señor se enterara de los sentimientos de ambos… No, no quería imaginarse lo que podría pasar. Por lo pronto ya era suficiente que él reconociera sus sentimientos y que intentara lidiar con ellos; cosa que no estaba haciendo nada bien porque en los últimos días se encontraba más distraído que de costumbre y prácticamente todos a su alrededor lo habían notado.
– Hasta el cuello… – Dijo una voz a las espaldas del ángel haciendo que éste dejara a un lado sus pensamientos.
– ¿Disculpa? – Preguntó el castaño sorprendido.
– Estás hasta el cuello por ese chico… – Sentenció el moreno.
– No sé de qué hablas Nick.
– ¿Vamos a empezar de nuevo con esto? – Se quejó el más bajo y Kurt rodó los ojos.
– Está bien, está bien. La verdad es que… – Comenzó a decir pero no pudo continuar.
– Aha… – Lo animó su acompañante.
– Sí, me gusta. – Terminó aceptando.
– Y tú a él… – Intervino una tercer voz y el castaño miró a sus amigos.
– ¿Y qué se supone que haga? – Preguntó expectante.
– Por lo pronto escucharlo, ¿no? – Sugirió el rubio.
– No sé si sea buena idea ir a verlo.
– Parece que escribe algo… – Señaló Nick mientras echaba un vistazo a la Tierra.
– Sí, lleva días haciendo esas cartas y no sé para quién son… – Respondió el ojiazul en tono molesto al darse cuenta de lo que hacía su custodiado.
– ¿Celoso? – Lo cuestionó Jeff y el color subió a sus mejillas.
– ¡No! ¡Claro que no!
– ¿Entonces por qué no le preguntas para quién escribe? – Sugirieron sus amigos al mismo tiempo y después se echaron a reír.
– Es que no sé si quiero escuchar la respuesta… – Confesó el castaño.
– ¿Te gusta o no? – Insistió su amigo.
– ¡Sí! Pero no quiero que… – Comenzó a decir Kurt intentando expresar lo que sentía en ese momento, pero Jeff tuvo que interrumpirlo.
– ¡Mira quién llegó! – Casi gritó al ver que el joven Smythe estaba en la habitación del ojimiel. – ¿Qué crees que quiera? – Quiso saber el ángel.
– No lo sé, hace días que no lo veía con Blaine…
– ¿Y si vamos a averiguar? – Preguntó Nick con algo de curiosidad.
– ¿Ir? No, no creo que sea buena idea. – Sentenció el ángel guardián mientras seguía contemplando lo que sucedía en la Tierra.
– ¿A dónde van? – Preguntó en voz alta Jeff al ver que los jóvenes habían salido de la habitación de Blaine y caminaban por el pasillo.
– Ah… ¿A la habitación del suricato? – Dijo Kurt en voz alta al verlos cerca de su destino.
– ¿Suricato? – Preguntaron ambos al ángel guardián.
– Larga historia… – Respondió apenado y continuó mirando la escena. – ¡¿Qué rayos hace Blaine ahí?! – Preguntó exasperado después de un rato.
– Cálmate, fueron por la guitarra, ¿ves? – Intentó tranquilizarlo el rubio.
– Claro… – Balbuceó sin despegar la mirada de la Tierra. – ¿Para qué quiere la guitarra?
– ¿No sabías que sabe tocarla? – Preguntó Nick divertido.
– No…
– Aprendió cuando tenía siete y siguió con el piano, pero no terminó sus lecciones. – Explicó el moreno.
– ¿Por qué? – Preguntó Kurt interesado.
– Una niña de su clase lo quería obligar a ser su novio.
– Niña loca… – Dijo sin pensar y ambos lo miraron con los ojos muy abiertos.
– ¡Kurt! – Lo reprendió Jeff.
– Perdón… – Se disculpó el más alto y los tres redirigieron su mirada hacia la escena que casi olvidaban.
– No entiendo, ¿le está cantando una canción a Sebastian? – Quiso saber el rubio al darse cuenta que era Blaine quien tenía la guitarra en mano.
– Imposible… – Respondió en voz alta el ojiazul.
– Escuchemos entonces… – Propuso el moreno y enseguida el ángel guardián hizo su magia para poder escuchar a fondo lo que pasaba en aquella habitación.
– No sé si conozcas esta canción, pero me recuerda a alguien especial y hace días que he querido tocarla… – Decía su custodiado mientras miraba a Sebastian intentando mirar a alguien más detrás de él.
– Adelante Blaine, soy todo oídos. – Lo animó el ojiverde y la música comenzó a sonar.
Would you know my name
if i saw you in heaven?
Would it be the same
if i saw you in heaven?
I must be strong and carry on
´cause i know i don´t belong there* in heaven...
– ¿Estás escuchando lo mismo que yo? – Preguntó Jeff al darse cuenta de lo que estaba pasando frente a sus ojos.
– No puede ser… – Respondió sin pensar el ángel guardián
Would you hold my hand
if i saw you in heaven?
Would you help me stand
if i saw you in heaven?
I must be strong and carry on
´cause i know i don´t belong there* in heaven.
– ¿Ahora estamos pensando lo mismo? – Preguntó el rubio ante la expresión atónita del castaño.
– Esa canción no es para él… – Concluyó Nick ante la escena.
– ¡Por supuesto que no! Esa canción dice Kurt en cada palabra, ¿qué piensas hacer? – Casi gritó el otro emocionado para que su amigo reaccionara.
– Nada… – Fue la respuesta del ojiazul.
– ¡¿Qué?!
– Él no sabe que la escuché así que… – Comenzó a decir tratando de evitar pensar en lo que aquello significaba pero su amigo lo hizo volver a la realidad.
– Kurt, eres su ángel guardián, ¿por qué no escucharías algo como eso? – Dijo sujetándolo por los hombros.
– ¡No lo sé Nick! Sólo… Sólo no quiero romperle el corazón… – Respondió el castaño intentando no quebrarse en ese momento.
– ¡Entonces no lo hagas y ve a verlo! – Gritó el moreno algo exasperado.
– ¿Y la regla Nick?
– Olvídalo Kurt, ¿hace cuánto que no sentías algo como lo que está recorriendo tu cuerpo en este momento? – Quiso saber su mejor amigo.
– ¿Crees que sea lo correcto Jeff?
– Ve a verlo Kurt, averigua si vale la pena… – Insistió el rubio y su amigo lo miró pensativo.
– Pero… – Intentó decir pero fue interrumpido por Jeff.
– ¡Mira, está terminando! – Gritó el rubio desviando la atención a las últimas líneas de la canción que seguía resonando en aquella habitación de Dalton.
(…)
I must be strong and carry on
´cause i know i don´t belong there* in heaven.
– ¡Eso fue hermoso Blaine! – Gritó entusiasta el ojiverde.
– ¿Te pareció?
– Fue perfecto, sólo hace falta algo… – Le aseguró el más alto pensando en lo que estaba por hacer.
– Lo sé… – Respondió sin pensar el más bajo mientras pensaba en ese alguien que faltaba justo en ese momento. Ese alguien que debería haber escuchado su canción y que debería estar ahí para decirle que había entendido el mensaje, que él también lo quería y que ambos podrían tener un final feliz. Pero en cambio ahí estaba Blaine, sintiendo el cálido aliento del chico que se acercaba acompasadamente a su boca para robarle el que sería su primer beso. Quizá era tiempo de abrir un poco la mente y, con suerte, poner celoso a alguien.
– ¡NI SE TE OCURRA BLAINE DEVON ANDERSON! – Escuchó el joven fuerte y claro justo unos segundos antes de que sus labios rosaran los de su compañero.
– Lo siento Seb, esto sería un grave error… – Se disculpó de inmediato y se alejó de él para ver frente a él a la persona que estaba esperando, no se veía muy contento pero su corazón se había acelerado mucho más que unos minutos atrás.
– ¿Qué? – Casi gritó el otro chico confundido ante la respuesta de Blaine.
– Debo irme, lo siento…
– ¡Blaine! – Fue lo último que se escuchó en el pasillo mientras el adolescente corría a su recámara.
El ojimiel no podía creer que lo que estaba pasando fuera real, sabía que quería alguna reacción por parte de su ángel guardián pero… Olvídenlo. ¡Sí! ¡Por supuesto que esperaba que el castaño se apareciera! Lo que no tenía planeado eran los sentimientos de Sebastian hacia él pero ya se encargaría de aclarar las cosas con el chico más tarde. Por ahora lo único que esperaba era que su ángel no se diera por vencido tan fácilmente y lo siguiera hasta su destino; cosa por la que no tuvo que preocuparse unos minutos después.
– Espero que sepas que no puedes huir de un ángel de la guarda… – Lo escuchó decir con la dulce voz que tanto le gustaba.
– No lo estaba haciendo. – Respondió tranquilamente el joven.
– ¿Me puedes explicar qué fue todo eso? – Exigió el castaño con los ojos entrecerrados.
– ¿Por qué tendría que hacerlo? – Quiso saber el más bajo.
– Estabas cantando una canción que claramente no estaba dedicada a ese suricato, creo que me debes una explicación… – Insistió Kurt.
– ¿Ahora si quieres escucharme? Porque la última vez decidiste irte antes de escuchar lo que tenía que decir…
– Pues ahora sí quiero, quiero saber de qué se trata todo esto porque no me creo el cuento de que querías cantar una canción en presencia de… – Exclamó molesto el ojiazul pero no pudo terminar.
– ¡No le vayas a decir suricato de nuevo! – Lo interrumpió Blaine y eso se sintió como un gancho al hígado del ángel.
– Iba a decir Sebastian, ¿sí? – Dijo el más alto a regañadientes.
– Claro… ¿Y me podrías decir para quién crees que canté esa canción entonces? – Preguntó su custodiado algo curioso.
– Tú dímelo.
– Yo pregunté primero. – Contestó Blaine tranquilamente.
– ¡Eso no es cierto! ¡Yo fui el que te encontró a punto de besar al tal Sebastian y yo soy el que exigió una explicación primero! – Gritó Kurt a punto de perder la poca cordura que le quedaba.
– En ese caso, yo también quiero una explicación, ¿por qué impediste que me besara con él? – Le devolvió la pregunta Blaine.
– ¡Porque no lo quieres!
– ¿Y cómo sabes eso Kurt? ¿Ya lees mi mente? – Lo retó el menor.
– ¡YO NO LEO TU MENTE BLAINE, ENTIÉNDELO! – Explotó de pronto el ángel y el ojimiel se dio cuenta que había llegado a su límite.
– ¿Podrías calmarte un poco? – Le preguntó con una voz suave que relajó al otro.
– Lo siento… – Se disculpó.
– ¿Crees que podamos hablar como la gente civilizada? – Decidió preguntar el más bajo mientras tomaba su mano entre la suya.
– Yo…
– Siempre me ha gustado la descarga eléctrica que recorre mi cuerpo cada vez que mi piel está en contacto con la tuya… – Dijo en voz alta sin dejarlo continuar con lo que fuera a decir.
– Todavía no entiendo por qué puedes hacer eso. – Intentó quejarse el más alto sin que sonara realmente así.
– ¿Importa? Yo creo que hay algunas cosas que sólo tienen que suceder Kurt. – Le respondió el mortal con toda la tranquilidad del mundo.
– ¿Seguimos hablando de…?
– De nosotros… – Confirmó Blaine decidido.
– Blaine, no quiero que malinterpretes lo que yo… – Intentó decir el ojiazul pero sus palabras fueron ahogadas con la boca del menor.
La parte racional del ángel le gritaba que se separara y que hiciera lo correcto, le recordaba la única regla que existía en el universo y la posibilidad de estar con alguien en igualdad de condiciones, como Elliot. Sin embargo, el hecho de sentir los labios de Blaine moviéndose suavemente sobre los suyos lo hicieron querer corresponderle al instante y olvidar en todo lo que estaba pensando. Por una vez en su vida decidió dejar salir sus sentimientos y disfrutar del momento, disfrutar del suave roce de los labios del adolescente que embonaban perfectamente con los suyos y del pequeño mordisco que se atrevió a darle Blaine casi al finalizar.
– ¿Eso es lo que no quieres que malinterprete? Yo creo que me queda muy claro lo que está pasando aquí Kurt… – Dijo el ojimiel en cuanto recuperó el ritmo de su respiración.
– Blaine… – Quiso decir el ángel pero una vez más no le permitieron continuar.
– Me gustas Kurt, no puedo evitar sentirme así cada vez que estás cerca y tú no puedes decirme que te soy indiferente porque mi plan funcionó. – Declaró sin reparos el moreno.
– ¿Tu plan? – Tuvo que preguntar el otro.
– Sí…
– ¿Planeaste besar al suricato? – Exigió saber el mayor.
– Tanto como planearlo, no. Quizá recordé que sólo venías a mí en situaciones extremas y pensé que ésta sería una buena oportunidad para verte. – Confesó Blaine y aguardó la respuesta de su acompañante.
– Puedo decir que es el mejor error que he cometido… – Contestó Kurt tristemente.
– ¿Error?
– Blaine, me gustas y no puedo negártelo, pero… – Intentó explicar sin darse cuenta de lo que había dicho.
– No sigas. – Lo detuvo el joven Anderson.
– Pero Blaine…
– La última vez tú no me dejaste hablar a mí y esta vez soy yo quien no quiere escucharte. Disfrutemos este momento Kurt, acabas de decirme lo que he querido escuchar en mucho tiempo y no voy a permitir que lo arruines. – Declaró el ojimiel.
– Me gustas mucho, tal y como eres. – Decidió decir el ángel guardián y una sonrisa iluminó el rostro del mortal.
– Esperaba que lo repitieras… – Fue lo único que pudo decir antes de lanzarse de nuevo a los labios que tanto había deseado saborear desde días atrás. Esos labios que, por ahora, le brindaban la mayor felicidad de su vida.
¡Hey! ¡Feliz día del amor y la amistad! Ya sé que les debo la navidad, el año nuevo y quien sabe cuántas cosas más, pero hasta ahora he tenido tiempo para subir lo poco que he escrito. Lamento mucho la demora, mi último semestre se está complicando y parece que los maestros se han puesto de acuerdo para hacer sufrir a los pre-graduados con tantas tareas como para explotar. La buena noticia es que sigo en pie y que pretendo terminar todas mis historias, les agradezco su paciencia y espero que nos leamos pronto. ¡Un abrazo! ;)
