Capítulo 13

¿No se suponía que estar en el cielo era el paraíso? El castaño que yacía en la cama del mortal sentía que el estar ahí era su paraíso personal, el observar el compás de la respiración de su amado, así como sentir el roce de su piel junto a la suya y el contemplar esa sonrisa que no se le había borrado del rostro en toda la noche era todo lo que podía pedir para sentirse el ángel más feliz del universo. Una parte de él sabía que la fantasía pronto terminaría, que aunque Blaine no había querido escucharlo anteriormente tendría que hacerlo en cuanto despertara, pero para su fortuna eso todavía no pasaba.

Por eso fue que se dio el lujo de inhalar profundamente su aroma para no olvidarlo jamás y con tan solo sentirlo entrar a sus pulmones le generó una oleada de sensaciones que le recorrió el cuerpo. Kurt estaba fascinado con lo que le hacía sentir el menor incluso con un ligero toque, pero esta vez era él el que podía a provechar para acariciarlo; poco a poco llevó su mano hasta su mejilla y sintió el calor que irradiaba el joven, con mucho cuidado fue recorriendo con sus dedos su rostro, delineando exhaustivamente sus cejas, sus ojos, su nariz y finalmente esos labios que no podían compararse con nada.

Al cabo de un rato el ángel decidió intentar darle forma a los rizos desordenados que caían sobre la frente de su custodiado y el pensar que seguía siendo su ángel guardián le provocó una punzada en el pecho. ¿Acaso no podría llegar a un acuerdo con el Señor? ¿Tan difícil sería que él y Blaine pudieran tener una historia juntos, al menos en esa vida? Él sabía que estaba pidiendo imposibles pero estaba enamorado y no quería tener que decirle adiós al que consideraba en ese momento como el amor de su vida.

– ¿Kurt? – Escuchó su nombre de aquella voz que le encantaba.

– Buenos días dormilón… – Dijo en respuesta sin poder evitar que una sonrisa se le formara en el rostro.

– Temía que todo esto fuera un sueño. – Confesó el mortal mientras acariciaba el rostro de su ángel guardián y notó el suspiro que escapó de los labios del castaño.

– De haberlo sabido antes…

¿Te hubieras ido? – Preguntó algo asustado.

Creo que tenemos algo importante de qué hablar Blaine… – Se obligó a decir no muy convencido de que fuera el momento de hacerlo.

Si me vas a decir que lo nuestro es imposible porque soy tu custodiado, no lo hagas porque creo que existe alguna razón en el universo por la cual yo siento lo que siento por ti y dudo que exista una ley que lo prohíba. – Sentenció el ojimiel antes de que el otro pudiera decir algo.

¿Y si yo te dijera que sí?

¿Sí, qué? – Preguntó desconcertado.

Que sí existe esa ley. – Contestó a su pesar el ángel.

¿Quieres tomarme el pelo?

– No Blaine, es en serio. En mi mundo no hay tantas reglas como en el tuyo porque todos somos ángeles y todo lo que hacemos es necesariamente guiado por el amor, pero sí existe una regla universal que no podemos romper. – Explicó el más alto sintiendo que su corazón se partía en más de dos pedazos.

– ¿Cuál? – Quiso saber el mortal.

– El amor sólo se puede dar entre iguales. – Dijo en respuesta y el ambiente se tornó tenso.

– ¿Eso qué significa? – Preguntó el joven sin más.

– Ya sabes, humanos con humanos…

– Ángeles con ángeles. – Terminó de decir Blaine por él.

– Blaine, yo… – Comenzó a decir el ángel pero su acompañante lo detuvo mientras se sentaba abruptamente.

– Espera.

– ¿Qué pasa? – Preguntó sin pensar e imitó al ojimiel.

– No, me rehúso a creerlo. No puede ser cierto Kurt, porque de ser así tú no podrías sentir lo que sientes por mí y yo tampoco me habría enamorado de ti… – Dijo el menor al borde del llanto y el corazón del ángel se encogió en su lugar.

– De verdad me gustas, no recuerdo haber sentido algo así por alguien más y créeme cuando digo que soy el último que quisiera que esa regla existiera, pero existe y no podemos hacer nada al respecto. – Comentó tristemente el castaño.

¿Qué quiere decir eso? – Exigió saber Blaine al escuchar aquellas palabras.

Pues que tendremos que conformarnos con lo que teníamos antes… – Fue la respuesta del otro.

– No puedo hacer eso Kurt, no cuando acabo de pasar la noche más feliz de mi vida a tu lado. – Soltó el moreno sin poder controlar las lágrimas que rodaban por sus mejillas.

– Por eso no quería que llegara este momento Blaine, lo último que quiero es lastimarte… – Dijo muy a su pesar el ángel mientras abrazaba al mortal.

– Entonces no lo hagas y superemos esto juntos. – Propuso el estudiante con un toque de esperanza en su voz.

– Pero Blaine…

– ¡Olvida la regla! Te quiero y me quieres, ¿qué otra cosa necesitamos? – Casi gritó desesperado ante la situación y al ver Kurt que el joven no iba a ceder tan fácilmente tuvo que tomar una decisión.

– Nada, no necesitamos nada más… – Dijo para tranquilizarlo y aunque una parte de él quería creer lo que decía, otra le hacía saber que estaba cometiendo un grave error y que posiblemente lo pagaría con creces. Afortunadamente el ángel tiró a la basura todos los pensamientos que lo hacían querer retractarse de estar con el joven Anderson, ya que entre sus brazos él se sentía tan seguro como el otro, era como si el estar juntos fuera suficiente.

Pasaron esa tarde tumbados en la cama disfrutando de su compañía, Kurt seguía sin saber por qué podía sentir tan vívidamente a su pareja pero no le importaba la razón en aquel momento, él sólo quería disfrutar de lo que tenía con Blaine y de esos labios que lo volvían loco. De vez en cuando platicaban sobre cualquier cosa como la edad secreta del ángel, el cómo era eso de vivir en el cielo, cuántos custodiados había tenido Kurt anteriormente a pesar de que el joven ya conocía esa información, desde cuándo lo había estado cuidando, cuáles eran sus límites y un montón de cosas más que Blaine quería saber.

– ¿Y tu corazón? – Preguntó curioso el mortal anunciando que había terminado el descanso de preguntas y respuestas.

– ¿Cómo?

– Quiero decir, si ustedes no son humanos, ¿tienen corazón, pulmones y eso? – Explicó su duda para que lo comprendiera mejor.

– ¡Oh! Físicamente no, solemos usar expresiones como las de los humanos pero en realidad no tenemos una dimensión física. O al menos se supone que no la tenemos, por eso de verdad me parece imposible que puedas tocarme… – Respondió el castaño un poco consternado.

– ¿Qué problema tienes con eso? Si quieres dejo de hacerlo. – Dijo sin más el menor.

– ¡No! No es por eso, es sólo que es algo extraño…

– Bueno, la verdad es que no somos un mortal y un ángel que sigan las normas o los estándares, ¿sabes? – Le recordó el ojimiel y ambos sonrieron.

– Pues me está gustando ser rebelde contigo… – Confesó el ángel guardián.

– ¿Qué tan rebelde? – Lo retó Blaine.

– Lo suficiente como para estar contigo en este momento. – Contestó tranquilamente mientras lo abrazaba y el mortal suspiró.

– ¿Cuánto tiempo me queda?

– ¿De qué? – Preguntó confundido el más alto.

– No soy tonto, sé que no estarás conmigo todos los días a todas horas así que quiero saber cuánto tiempo me queda antes de que te vayas… – Se explicó.

– No te darás cuenta cuando me vaya, lo prometo. – Lo tranquilizó depositando un beso en su frente y el joven se aferró un poco más a su cuerpo.

– No me molesta que lo hagas, siempre y cuando me jures por lo más sagrado del universo que vas a regresar. – Dijo seriamente.

– Entendido.

– ¿Y bien? – Insistió Blaine.

– ¿Qué?

– ¿Qué es eso más sagrado para ti? – Exigió saber para asegurarse de que el ángel cumpliera su palabra.

– Nuestro amor. – Respondió sin tener que pensarlo dos veces.

– Te amo Kurt. – Dijo sin pensar el mortal y una amplia sonrisa se apoderó de su pareja.

– Y yo a ti.

Las horas pasaron tan lentamente como fue posible, era como si hasta el tiempo quisiera que la pareja disfrutara de su compañía antes de la partida del ángel, pero la hora llegó al final de cuentas. Kurt tuvo que ir al cielo para hacerse cargo de sus deberes y sorpresivamente se encontró con Nick y con Jeff en su lugar de trabajo. – ¿Qué están haciendo ustedes aquí? – Preguntó sin pensar.

– Primero deberías agradecernos en lugar de cuestionar nuestra presencia. – Se quejó el rubio ante la pregunta de su amigo.

– Lo siento chicos, me sorprendieron.

– ¿Creíste que dejaríamos que el Señor sospechara de tu ausencia? – Preguntó Nick casi ofendido.

– Siempre vas a contar con nuestro apoyo Kurt. – Le informó Jeff.

– Y más si vas a mantener viva esa sonrisa en Blaine, hacía tiempo que no lo veía tan contento. – Siguió diciendo el moreno y sin querer todos sonrieron al mismo tiempo.

– Lo amo.

– No era tan difícil reconocerlo, ¿o sí? – Señaló su mejor amigo y él corrió a abrazarlos a ambos.

– ¡Gracias chicos! Gracias por su apoyo incondicional.

– Siempre, pero no creas que te escaparás. ¡Queremos los detalles de tu romance! – Gritó Jeff emocionado y los tres se echaron a reír.

Por supuesto que el ángel les iba contar todo a sus amigos, no conocía de otra persona que pudiera compartir su felicidad como ellos y aunque seguía esa molestia en su pecho cada vez que pensaba en la relación que estaba manteniendo con Blaine, la felicidad que lo invadía era más fuerte que aquella preocupación.


¡Hola! Capítulo corto, pero capítulo feliz. Falta muy poquito para el final, ojalá alguien siga disfrutando de esta historia, gracias por leer. ¡Un abrazo! ;)