Capítulo 14

El apoyo de los ángeles es incondicional y Kurt lo sabía; por ello no le preocupaba que el Señor notara sus ausencias, Nick y Jeff llevaban tiempo cubriéndole la espalda para que él pudiera pasar tiempo junto a Blaine y, de paso, los ángeles habían aprovechado un poco para conocerse, preguntarse una que otra cosa y darse una oportunidad en una relación formal. No había ser en el universo más feliz que el ojiazul, todo marchaba de maravilla con su ahora novio y con sus mejores amigos.

Así es, en aquel momento Kurt y Blaine ya eran novios, el menor se había decidido a preguntárselo un mes atrás y el más alto no se había podido negar a tal petición. El moreno ya había aclarado las cosas anteriormente con Sebastian y ambos habían quedado como amigos, el ángel ya no sentía celos del otro castaño y bueno, tanto él como Blaine disfrutaban de su amor con la conciencia tranquila.

Se podía decir que el amor reinaba en sus corazones, era como si se encontraran en un sueño del cual temieran tanto despertar que sólo se concentraban en los buenos momentos. Aquellos en los que Kurt besaba a su novio, jugaba con su novio, o bien, dormía con su novio; todos esos simples detalles hacían que el corazón de los enamorados latiera más fuerte cada vez que se encontraban. Sin embargo, pensar tanto en eso también desconcentraba un poco al castaño, seguramente fue por eso que ese día no se dio cuenta que el Señor llevaba unos cuantos minutos detrás de él observando lo que hacía cuidadosamente.

– Kurt… – Lo llamó después de un rato.

– ¿Si? – Respondió de inmediato el ángel.

– Necesito hablar contigo. – Le hizo saber el Señor.

– Dígame.

– He notado ciertas ausencias y me preocupa lo que está pasando contigo, ¿podrías explicarme lo que sucede? – Decidió decir antes de condenar al ojiazul.

– Na-nada señor, no volverá a suceder. – Contestó el susodicho algo nervioso.

– ¿De verdad nada? – Insistió el Señor.

– No, nada…

– Te voy a creer… – Dijo no muy convencido y Kurt creyó que la conversación estaba por terminar.

– Se lo agradezco mucho y le repito que no volverá a suceder. – Espetó concentrándose en sus labores.

– Eso ya lo sé, no volverá a suceder porque tú tendrás otra misión. – Aseguró el Señor haciendo que el castaño se congelara en su lugar.

– ¿Cómo?

– Nick ya terminó lo que le encomendé y ya puede regresar para ocupar su lugar, tú posiblemente retomes el lugar de alguien que todavía no regresa de la Tierra. – Explicó tranquilamente y el castaño sintió que el oxígeno de pronto no era suficiente.

– Pero, pero, pero… – Balbuceó incapaz de expresar frase alguna.

– No hay pero que valga Kurt, te necesito aquí para otra cosa y eso harás.

– Discúlpeme señor, creo que he estado haciendo bien mi trabajo y considero que Nick puede retomar el lugar de ese alguien al que pretende que cubra mientras regresa de su misión. – Decidió protestar por primera vez.

– Pero Nick es el ángel guardián de tu custodiado, él lo conoce mejor que tú.

– Lo dudo… – Dijo sin pensar y sus palabras llegaron a oídos del mayor.

– ¿Disculpa? – Preguntó el Señor.

– Con todo el respeto que se merece, no creo que Nick pueda hacer mi trabajo como yo. – Lo enfrentó.

– No te entiendo Kurt, jamás me habías desobedecido y últimamente estás muy raro. Parece que te estás apegando a Blaine y esa es una razón más para querer quitarte del cargo, creo que Nick te dijo que… – Comenzó a decir el hombre de barba blanca pero el castaño lo interrumpió.

– ¿Que no involucrara mis sentimientos con mi trabajo? Sí, lo hizo y no creo haber cruzado la línea. – Se apresuró a decir.

– ¿De verdad? – Preguntó seriamente mientras le sostenía la mirada y entonces lo notó. – Lo siento Kurt, sea cual sea tu respuesta a eso, temo que esta vez no voy a ser flexible. Te voy a dar un par de días para que pongas al tanto a Nick sobre lo que ha pasado con el muchacho y entonces te veré para tu nueva misión.

– Está bien. – Respondió resignado el ojiazul y se dio la vuelta para volver a sus labores.

– Sé que lo amas Kurt, no puedes ocultarme nada. – Le hizo saber el Señor con un tono de voz distinto.

– ¿Por eso mi cambio?

– No puedo dejar que rompas la regla y ya ha pasado bastante tiempo como para que lo re-consideres y nada… – Señaló el más alto serenamente.

– ¿Y si prometo alejarme? – Intentó esperanzado el ángel guardián.

– No voy a cambiar de opinión esta vez, tendrás una nueva misión y no hay nada que discutir. Hasta entonces. – Sentenció el mayor y sin más se retiró del lugar.

El sentimiento de tristeza invadió totalmente al ojiazul, así de fácil había perdido todo lo que había vivido con su novio, con tan solo unas cuantas palabras lo habían relevado de su cargo y ahora estaba ahí, paralizado y sin saber qué iba a hacer o a decirle a Blaine la próxima vez que lo viera. Aunque… ¿Habría próxima vez? ¿Y si el Señor se daba cuenta que lo había desobedecido una vez más? El castaño no quería más problemas pero simplemente no podía dejar así las cosas con su novio, no después de todo lo que había tenido que pasar para que él se permitiera tener esa relación.

En la cabeza del ángel pasaban, como si se tratase de una película, aquellas primeras imágenes que tenía de su custodiado, de aquella mirada que pareció hacer clic con la suya desde el primer momento en que Nick lo llevó al cumpleaños del chico; imágenes de todo lo que había vivido a su lado desde que su mejor amigo había muerto; recuerdos de Blaine en Dalton con sus amigos y hasta con Sebastian; imágenes del menor sonriéndole dulcemente al castaño y algunas otras en las que aparecían ambos abrazados, o bien, besándose.

Las lágrimas lograron apoderarse de Kurt y sin pensarlo dejó todo atrás y se dirigió de inmediato a la Tierra. Ahí encontró a su novio plácidamente dormido y aunque sus brazos le pedían que lo abrazara, el ángel se contuvo para no despertarlo. Quizá al siguiente día Blaine olvidaría todo, quizá si no se despedía de él no le rompería el corazón porque jamás sabría que su relación no había sido un sueño, uno de los más hermosos que ambos pudieron soñar.

– No puedo ni mirarte a la cara… – Comenzó a decir el ángel en voz alta encontrándose al pie de su cama. – Soy un cobarde Blaine, debí luchar por nosotros y en cambio sólo acepté mi cambio. – Se quejó. – He pasado de todo contigo, he vivido desde las risas hasta la más amarga de las soledades en estos años que tuve la oportunidad de cuidarte. – Siguió diciendo entre sollozos. – No sé qué vas a hacer cuando despiertes y ya no puedas llamarme, seguro pensarás que te abandoné por mi voluntad y yo no podré venir a decirte que no es así. No podré decirte lo mucho que me encanta pasar el tiempo contigo, lo mucho que me gustas… – Dijo tristemente. – Espero que algún día puedas perdonarme porque realmente te amo. – Terminó de decir y su novio comenzó a moverse un poco.

– Yo también te amo Kurt. – Respondió Blaine entre sueños y le dio la espalda a su ángel guardián, quien sin poder hacer más que desearle lo mejor al ojimiel, se retiró del lugar no sin antes echarle un último vistazo a ese joven que lo había hecho conocer el verdadero amor.


Los días pasaron y por más que el joven Anderson intentó comunicarse con su ángel, no lo consiguió. Su corazón comenzaba a romperse pero una de esas noches mientras miraba el firmamento esperando encontrar una respuesta oculta en las estrellas, su corazón le dictó una canción que sabía llegaría a oídos de Kurt y si tenía un poco de suerte, él iría a darle respuesta a todas esas preguntas que llenaban la cabeza del ojimiel desde aquella noche que había tenido esa pesadilla en la que su novio se despedía de él para jamás regresar.

I know you're somewhere out there
somewhere far away
I want you back
I want you back
My neighbors think I'm crazy
but they don't understand
you're all I have
you're all I have

At night when the stars light up my room
I sit by myself
talking to the moon
tryin' to get to you
In hopes you're on the other side
talking to me too
or am I a fool? Who sits alone
talking to the moon

Cantó con todo el corazón y sintiéndose realmente tonto ya que al parecer sólo la luna era testigo de aquella serenata porque no había señales de su ángel por ninguna parte, pero el joven no se iba a rendir tan fácilmente así que decidió continuar.

I'm feeling like I'm famous the talk of the town
they say I've gone mad
Yeah I've gone mad
But they don't know what I know 'cause when the sun goes down
someone's talking back
Yeah they're talking back

At night when the stars light up my room
I sit by myself
talking to the moon
tryin' to get to you
In hopes you're on the other side
talking to me too
or am I a fool? Who sits alone
talking to the moon

En cuanto terminó aquella noche, la canción se repitió una vez más y con el paso del tiempo esa letra se convirtió en el himno de aquel corazón destrozado que noche a noche buscaba una señal que le devolviera la esperanza de ver una última vez a aquel ángel del que se había enamorado.

Por supuesto que el ojiazul lo escuchaba puntualmente noche a noche y su corazón lloraba junto con el de Blaine al no poder hacer nada para que sus deseos fueran escuchados y cumplidos. Sin embargo, Kurt no era el único que observaba a Blaine cantar con el corazón desde su ventana; un poco más allá de las nubes el Señor había estado presenciando noche a noche la serenata que el joven le ofrecía a la luna cada vez que su llamado era ignorado. Pero a Blaine no sólo lo había visto cantando, también lo había visto escribiendo y esta vez no habían sido canciones, se trataba de algunas cartas que desde que Kurt desapareció habían cambiado de destinatario con un solo propósito.

El chico no lo sabía pero el Señor las había estado recibiendo todas y no se había atrevido a leer ninguna porque bien sabía lo que un corazón atormentado puede llegar a escribir. Afortunadamente, una noche de enero Blaine corrió con algo de suerte porque el título de una de las cartas llamó la atención del hombre de barba blanca: Deseo de un corazón. Quizá no suene muy particular, pero lo importante fue que el Señor había decidido darle una oportunidad esa noche y al fin la leyó.

Sus ojos se deslizaron de un lado al otro de la hoja que sostenía entre sus manos, las palabras que aparecían ahí le transmitían un sinfín de emociones y el Señor se quedó atónito al llegar al final. Lo pensó un momento porque sabía que no debía tomar una decisión a la ligera, realmente estaba impactado por lo que había escrito el joven y sabía que realmente ése era el deseo de su corazón, sabía también que sería lo correcto y a la vez algo egoísta, pero reconocía que no le costaría nada hacerlo y recordaba que algún humano dijo alguna vez que "el fin justifica los medios".

– Está bien Blaine, que sea lo que tu corazón desea. – Dijo en voz alta el Señor al tomar la decisión y las cosas sólo ocurrieron.


¡Hola! Casi despidiéndome de esta historia, a la brevedad les publicaré el final. ¡Gracias por su apoyo y ojalá pueda leerlos en otra de mis pequeñas aventuras! ¡Nos leemos pronto! ;)