Capitulo 4

Una nueva socia

Por Amelia Badguy

1.121 palabras según Word.

Habían sido llamados nada más y nada menos que dioses. ¿La razón de aquello? Era bastante simple a decir verdad, siendo que era que ellos olían de distinta manera a todos los habitantes de aquella ciudad de oro, que simplemente no olían a nada, según la nariz de ambos.

Aunque los omegas no tenían un sentido del olfato tan desarrollado como un alfa, Miguel lo había podido sentir. Aquella ciudad no tenía ni a alfas ni a omegas, simplemente no tenían diferenciación, algo que para aquel par de ladrones y timadores era bastante extraño.

Toda su vida la habían pasado en medio de alfas y omegas, por lo cual no oler aquellas cosas estaba perturbando más los nervios de Tulio, los cuales habían aplacado un poco al ver todas aquellas construcciones, donde el oro era un pilar fundamental. Lo habían logrado, estaban en aquel lugar, siendo que no podían estar más felices, pero debían seguir bien aquella mentira, sino quien sabe como acabarían.

Habían tenido que subir aquellas largas escaleras guiados por el jefe de la aldea, un hombre demasiado robusto y gordo, y el sumo sacerdote del lugar, que por algún motivo quería verlos lanzar su furia en todos lados, pero ellos no podían hacer nada de aquello, siendo que simplemente, al quedarse solos, comenzaron a reír, buscando la ropa que necesitarían para la nombrada fiesta, que haría el jefe de la aldea.

Estaban tan emocionados que ninguno vio a la chica, aquella que se habían encontrado afuera y que habían salvado del sacerdote, siendo que la chica había escuchado todo, aquella farsa de aquellos dos hombres.

— Hola — Les dijo con una sonrisa, viendo como aquellos dos hombres se asustaban. Ellos eran algo fuera de lo común, aceptaba aquello, ellos parecían realmente distintos, pero no eran dioses y eso estaba sumamente claro para cualquiera en realidad.

Ellos intentaron mantener su falsa, pero la risa de la chica pudo más, pues era difícil tragarse todas las cosas que ellos decían, esas cosas que no tenían sentido alguno en realidad, siendo que camino a devolver la estatuilla que había robado, haciendo que aquel par la viera.

— Mi único deseo es servir a los dioses — Dijo dramáticamente aquello que era claramente una mentira, ella había querido robar oro y largarse de aquella ciudad, pero no había podido lograr su cometido, pero ahora ese par iba a robar y salir de ahí estaba segura. — Quiero ser incluida.

— ¿Incluida? — Tulio no pudo más que levantar su ceja, no entendía del todo lo que aquella mujer quería, pero si podía ver como parecía querer coquetearles de cierta forma, casi para ver si lograba mejor su cometido de aquella manera.

— En su farsa — No podía creer como tenía que especificarles cada cosa a aquel par, pero simplemente lo hizo, sonriendo de manera coqueta.

— ¿Qué te hace pensar que es una farsa? ¡Bien! ¿Por qué? — Entendía a lo que quería llegar esa joven ahora, quería salir de aquella ciudad, verse libre de aquellas tradiciones, que con el sacerdote que tenían no se veían demasiado amigables, además del hecho de disfrutar de verdad del oro, no tenerlo como simple decoración y ya.

— ¿No acaba de decir que quiere ser incluida? — Preguntó el omega con total desconcierto, haciendo que el alfa sonriera con suavidad. Esas eran las cosas que amaba de Miguel, que muchas veces podía ser demasiado listo, pero otras veces era un completo ingenuo.

— Quiere entrar para poder salir — Quería sonreírle, darle un pequeño beso, siendo que no podía evitar sentir que el olor de Miguel cada vez cambiaba más, teniendo en cuenta que el omega se paseaba como si nada frente a él, era mucho peor resistirse, pero se tenía que mantener firme, se decía una y otra vez, para que aquella chica no los descubriera más aun.

— ¿Por qué? — Cuestiono de nuevo Miguel, pero esta vez referido al motivo de por qué esa chica que se cruzaba de brazos quería salir de ahí.

— ¿Creen que son los únicos que sueñan con algo mejor? ¿Con aventuras? — Les cuestiono alzando su ceja con suavidad, mirando a aquel par que fingirían ser dioses, cuando seguramente no se sabían ni cómo comportar en realidad. — Ustedes tienen sus razones, yo las mías. ¡Sólo serán negocios!

Les expreso mientras se acercaba a ellos, tomando a cada uno de un hombro, para quedar ella en medio, aunque ahí pudo sentirlo. Por ser beta, como llamaban a los nativos del nuevo mundo los otros exploradores que ya sabían que ahí no habían ni alfas ni omegas, no tenía un olfato tan desarrollado, mucho menos tenía olor como los omegas, pero pudo sentirlo, el olor a aquellos dos hombres, que era completamente diferente a cualquier cosa que había olfateado antes, teniendo especial atención en el moreno.

— Así que cuando estén listos para regresar, adonde sea el lugar del cual vienen, iré con ustedes — Les comento, pero la risa del moreno la interrumpió.

— Oh, no, no lo harás — Le contestó simplemente. Tenía varios motivos de por qué, pero el motivo más especial, es que dentro de una semana a lo sumo su omega tendría su celo y para ser sinceros no quería a esa chica en medio de toda la situación.

— Oh, bien, supongo que les irá bien sin mi ayuda — Les comentó, mientras le jalaba con suavidad la mejilla al moreno, con cierto coqueteo, comenzando a decir que seguramente conocían bien todas las tradiciones, que harían bien cada cosa, y que por sobre todo conocían las cosas referente a los otros dioses.

Fue ahí cuando finalmente los tuvo en sus manos y el par termino por aceptar tenerla como "socia", aunque no del todo convencidos aun, pero ella únicamente se presentó como Chel, tirando la ropa que aquellos dos debían usar en la fiesta, diciendo que debían cambiarse.

Pudo ver como ellos comenzaban a hacerlo como si nada, sobre todo el rubio, pero ahí vio curiosa la cicatriz que el rubio tenía cerca de su cuello, una cicatriz que parecía haber sido hecha por una mordida.

— ¿Te importa? — Le gruñó como si nada el moreno, siendo consciente de que aquella chica había estado mirando la cicatriz de su omega, haciendo que bufara con suavidad, viendo como la chica simplemente se despedía como si nada para salir dejando a aquellos dos bribones ahí.

— ¿Qué te parece? ¡Me veo como todo un dios! — Le dijo riendo el rubio, que ya estaba con su vestuario puesto y gracias a algo divino su cicatriz había quedado oculta gracias a una prenda que debían utilizar en el cuello.

No sabía cómo verían los habitantes que un Dios tuviera una cicatriz así, pero simplemente alejo todo de su mente, debían acudir a una fiesta comportarse como los dioses que decían ser.