Capitulo 6
Dudas
Por Amelia Badguy
1.125 palabras según Word.
Tenían todo el oro que podían desear, pero claro estaba que el alfa no había pensado en lo más esencial del mundo... ¿cómo llevarían todo aquel oro a España?... Ellos simplemente no podían, no era humanamente posibles cargar con la cantidad de oro que les fue dada, simplemente no era una opción aquello, siendo que tuvieron que pensar en algo mejor y la solución simplemente llegó a ellos.
Necesitaban un barco.
Aunque claro, tuvieron que hablar con el jefe de la aldea para pedirle el barco, donde pudieran llevar todo aquel tributo que les habían dado, todo aquel oro que simplemente los hacía sonreír idiotas. Si tenían un barco, todo sería más sencillo realmente, aunque claro estaba que ninguno de los dos parecía recordar que al salir de la cueva venía tierra, pero para ellos ese plan funcionaba en su mente, podrían salir de la ciudad en barco y volver a España.
Tendrían su barco en tres días, una fecha justa para que lograran salir de ahí y que Miguel pasara su celo en el interior del barco, sin las miradas de las personas sobre ellos o curiosas por el olor dulzón que el omega desprendería durante esas fechas que estuviera en su pirámide mientras su celo durase.
Todo eso pensaba el alfa, mientras jugaba con unos pendientes, en su cuarto, que estaba lleno de todo aquel oro que les habían dado como tributo, donde sentía como Chel buscaba algo entre todo el lugar, casi como si buscara unos pendientes mejores, como los que él tenía en sus manos.
— Debemos fingir ser dioses tres días más, no podemos cometer ningún error — Decía para ofrecerle los pendientes a aquella mujer, esa mujer que no tenía olor ni nada, cosa que aun le llamaba la atención en aquel lugar, que las personas simplemente no olían a nada, no tenían ningún olor especial, cosa que realmente lo sacaba de lo normal, admirando a esa chica por aquello.
Desde que había conocido a Miguel y era su omega unido, nunca había mirado a ningún otro omega en realidad, pero esa chica no era una omega y le daba esa curiosidad, de cómo podía vivir esa sociedad así, comprendiendo que esos nativos del nuevo mundo no tenían nada de especial, por eso para los alfas que iban al nuevo mundo les era tan fácil, de cierta forma, conquistar esas tierras, pues ellos tenían mucho más fuerza.
— Estos son para ti — Le dijo con simpleza, para entregarle los aretes, para seguir pensando que hacer, que movimiento hacer, resolviendo que lo mejor sería que pasaran esos tres días ahí encerrados, que no salieran bajo ninguna circunstancia hacía la ciudad, esperando que el barco estuviera listo y ya.
Pero claro, estaba lo que el omega quería hacer, y lo que ese rubio quería hacer era algo completamente distinto a sus planes, pues Miguel quería salir a recorrer esa ciudad, quería ver qué cosas que podía explorar, todo un nuevo mundo frente sus ojos esmeraldas, todo un nuevo conocimiento, gente nueva, algo que realmente comprendía, pues el omega había deseado esa aventura desde que habían sabido del mapa, tato así que había salvado ese papel en vez de salvar más provisiones para ellos.
Cuando finalmente había logrado que el rubio entrara en razón, de que no podría salir a explorar ni nada de aquello, pues necesitaban estar quietos para no arruinar el plan, comenzó a ver su oro, aunque claro, no espero que simplemente Miguel se fuera de ahí, que fuera a su pequeña aventura por aquella ciudad de oro. Debió haberlo sabido, pero claro estaba, ese lugar ya estaba inundado por el aroma a Miguel, debido a que estaba pronto a su celo, y simplemente no notó cuando desapareció de ahí por ese motivo.
Sólo lo notó cuando se giro y vio a aquella nativa, a Chel sentada con un gesto inocente en uno de los sillones que tenían ahí, queriendo parecer demasiado inocente, siendo que supo que ella le había dado la idea al omega de que fuera a conocer la ciudad.
— ¿Dónde fue Miguel? — Le preguntó, con un mínimo de esperanzas de que le fuera a decir donde se había metido el rubio, pero claro estaba que se hizo la desentendida ahí sentada, haciendo que bufara sin poder evitarlo.
No podía dejar que el omega anduviera suelto por ahí, pero simplemente se sentó en el sillón donde había estado sentada la beta, diciendo que le daría unos minutos, no creía que fuera a hacer nada extraordinario en cinco minutos ni que pudiera hacer algo para que los descubriesen en realidad.
— Debes relajarte, Miguel no es un niño, no debes tener siempre esa preocupación por él — Le murmuró aquella joven de piel morena, mientras se ponía detrás de aquel alfa. No podía evitar que ese hombre le llamase la atención, pues a pesar de apariencia delgada, desprendía un olor y un aura a la cual simplemente no se podía resistir, siendo que si lograba algo con él, además de obtener el oro y su salida de aquel lugar, estaba realmente bien.
Llevó sus manos a los tensos hombros del moreno, que se estremeció al sentir ese toque sobre su piel, el cual rápidamente fue hacía su piel directamente, pues la beta comenzó a masajear su cuello de manera lenta, además de su espalda por debajo de aquella camisa azulada.
— Tú no conoces cuando Miguel anda suelto... — Suspiró, pero su mente le dijo que era lo que se proponía esa mujer. Quizás si no hubiera tenido un enlace con su omega, hubiera terminado por caer a los encantos de aquella nativa, que realmente quería tenerlo para él, quería algo con él, no era idiota, pero no podía evitar sentir esa curiosidad por ella.
Termino por levantarse del sillón cuando sintió como la mujer buscaba subirle la camisa, siendo que la miró, girando su vista hacía a ella, comenzando a hablar de por qué simplemente no podían tener nada, además que aun no confiaba del todo en ella.
— No te estoy diciendo que confíes en mí — Le dijo como si nada, nuevamente sentada en el sillón, dejando que él viera su espalda, corriendo su cabello, incluso inclinando un poco su cabeza, dejando que viera su cuello de aquella manera.
— No podemos hacer esto, no comprendes, quizás si estuviera libre — Maldición, se estaba poniendo bastante torpe por esa beta, que ni siquiera desprendía un olor para volverlo loco ni nada de eso, pero ahí estaba, como un idiota en realidad, intentando explicar algo que esos nativos nunca entenderían, que era un vinculo, pues ellos no podrían hacerlo nunca.
— Yo estoy libre ahora — Le dijo con una sonrisa coqueta, siendo que sintió como Tulio ponía sus manos en sus hombros, sonriendo sin poder evitarlo por aquello.
