Capitulo 7
Explicaciones
Por Amelia Badguy
1.130 palabras según Word.
La vista de la ciudad era algo simplemente asombroso, magnifico, pero no pudo evitar molestarse al ver que no había nadie en las calles, era como si su presencia fuera realmente evitada, algo que en realidad no deseaba, él quería convivir con aquellas personas, siendo que incluso olfateaba con suavidad para encontrar a alguien, pero claro, el problema era que aquellos nativos no tenían olor alguno, eran algo demasiado normal, que él quería conocer, que quería descubrir.
Había crecido rodeado por los fuertes aromas de los alfas y los dulzones aromas de los omegas, como el aroma de él en realidad, por ese mismo motivo descubrir que en ese nuevo mundo los nativos simplemente no tenían olor era algo demasiado extraordinario. Quería saber en qué otras cosas eran distintos.
Pensaba que quizás eran distintos incluso en su fuerza, pues si bien los alfas eran fuertes — incluso Tulio podía ser bastante fuerte si era realmente motivado a hacerlo, como una situación de vida o muerte — suponía que aquellos habitantes no tenían esa habilidad, además que tampoco veía en ellos el fuerte olfato que tenían él o Tulio, después de todo no habían comentado nada sobre ellos, de ese tema, pues aunque los habitantes parecían tenerles miedo, estaba seguro que ese sacerdote, Tzekel-Kan, le hubiera mencionado algo sobre aquello, pues se veía como el tipo de persona que no tendría miedo de mencionar aquello, sino que lo buscaría, para provocar aquella ira que quería ver de ellos, esa ira que ellos realmente no tenían ni nada de eso.
Grande había sido su sorpresa cuando se había encontrado con uno de los nativos y el ayudante de Tzekel-Kan le había dicho el por qué todos lo estaban evitando, que era simplemente porque el sacerdote había dicho que no podían estar afuera en la ciudad mientras ellos estuvieran ahí, lo cual no tenía sentido alguno para aquel omega, que muchas veces había sido tomado por un alfa por su apariencia, hasta que veían su aspecto despreocupado y su aroma dulzón.
Simplemente les dijo a aquello guardias que se tomaran el día libre, que dejaran a las personas tranquilas, las cuales podían simplemente salir de su hogar si así lo deseaban. Tulio y él podían fingir ser unos dioses, pero no era una maldita mala persona como para quitarle todos sus derechos a esas personas, que únicamente veían en ellos destrucción a causa de ese sacerdote, quería cambiar la visión que tenían sobre ellos, de verdad quería hacerlo.
Pero no sabía cómo hacer aquello, pues pudo ver el miedo en los ojos de aquel aldeano cuando quiso ayudarlo a levantarse, como había huido de él, haciendo que suspirase.
Observó desganado unas cosas tiradas, con las cuales, con un poco de esfuerzo, logró hacer una guitarra bastante improvisada, seguramente no sería de las mejores, quizás no lograría sonar demasiada afinada, pero la hizo y simplemente comenzó a tocar pequeñas notas.
Quizás Tulio tenía razón, quizás lo mejor sería que se quedaran en aquel cuarto lleno de oro que tenían, observando aquellas riquezas y no explorando aquel lugar, que era realmente maravilloso, como si fuera el paraíso en la tierra, no pudo evitar pensar que ese era un Edén del cual no quería marcharse, aunque sabía que deberían hacerlo.
En ese momento fue Altivo, quién nuevamente, lo había sacado de sus pensamientos tormentosos, Altivo y la música hicieron que comenzara a tratarse con lo habitantes, que vieran que él no era aquel dios lleno de ira que planteaba Tzekel-Kan, que únicamente quería conocerlos, y así fue por un buen rato, donde se quedo jugando con los niños, con un balón y todo.
—
— No lo comprendo, esto no es lo que decían las escrituras — Murmuró aquel sacerdote de cabello negruzco y piel tostada, observando como uno de sus dioses jugaba simplemente al balón con unos niños. Eso no debía ser, se decía una y otra vez, los dioses debían eliminar a los pecadores, dejar caer su ira sobre ellos, destruir el lugar de ser necesario para aquello, se decía una y otra vez en realidad.
— Quizás el señor Tulio pueda ilustrarme — Murmuró para sí, mientras guardaba su libro de aquellas escrituras, ese libro donde estaba retratado como debía ser el dios que fuera al dorado en la era del jaguar, un dios que limpiara todo, que mantuviera el orden y la obediencia, pero aquello simplemente no estaba ocurriendo ahí.
—
— ¡Escucha! — Gritó sin poder evitarlo intentando despegar de él el cuerpo de Chel, si es verdad que había comenzado a masajear los hombros de la chica, de verdad que no había querido llegar más con ella... porque a decir verdad el hecho de que no poseyera olor alguno no era algo que despertara su instinto, además tenía el olor de Miguel en todo aquel maldito cuarto, ese pesado y dulce olor a omega, que era su omega unido.
— Te escucho — Le dijo con una sonrisa ladina la nativa, mientras contoneaba sus caderas, no entendía cual era el problema en aquel hombre, pero la verdad era que el gesto serio que había puesto aquel hombre la había intimidado un poco no pudiendo evitar pensar que en realidad si era cierto lo que decía aquel sacerdote, que aquellos dos eran algo especial aunque no tuvieran idea alguna de aquello, aunque para Tulio y para Miguel, las personas extrañas eran en realidad los nativos de aquel lugar.
— Nosotros dos de verdad que no podemos tener nada, ni siquiera un momento ni nada, ¡porque no hueles a nada! — Lo último lo gritó sin siquiera notarlo, que esa muchacha, que esa nativa tan hermosa, no le causaba nada porque no tenía un olor ni nada de aquello, haciendo que ella arqueara la ceja sin comprender del todo a que era lo que se refería ese extranjero.
— ¿Oler? ¿A qué te refieres? — Le preguntó ya más con curiosidad que otra cosa, pues recordaba vagamente, como en la fiesta, antes de que esos dos terminaran durmiendo en su palaquín, por algún motivo se habían olfateado el uno al otro, como si eso fuera completamente normal de hacer, primero lo había tomado como una extraña costumbre de ese par, es decir, venían de un lugar completamente diferente a el Dorado, el hecho de que tuvieran costumbres distintas era normal, pero ahora no estaba completamente segura de aquello.
— ¡Que no eres ni un alfa ni un omega! — Le intentó explicar como si eso fuera lo más lógico de la vida, pero aquellas palabras no eran nada para aquella nativa que alzó su ceja demasiado curiosa sin entender que era eso de alfa y omega, pero su conversación se vio interrumpida cuando Tzekel-Kan entró a aquel cuarto buscando al señor Tulio, para que pudiera explicar por qué Miguel estaba jugando con unos simples niños cuando ellos eran unos dioses.
