Capítulo 13: Los patos no retroceden


Donald dejó a si familia en la casa antes de pasar por Hernae. Había dicho que era por espacio, pero en el fondo sabía que ese no era el único motivo. Amaba a Hernae, de eso estaba seguro, pero también a Della, era la madre de sus hijos y habían pasado por tantas cosas. No quería lastimarlas, pero sabía que ese encuentro era inevitable.

—¿Estás bien? —le preguntó Hernae.

—Sí, solo pensaba —Donald sonrió, pretendiendo que todo estaba bien.

—No necesito poderes espirituales para saber que mientes.

Donald suspiró. Amaba a Hernae, pero odiaba la facilidad con la que podía leerlo.

—Es Della —Donald terminó por admitir.

—No tienes que sacarla de tu vida y menos de la de los trillizos.

Donald no estaba sorprendido. Sabía que Hernae era sincera y que ella confiaba el amor que se tenían. Era solo que no podía dejar de pensar que no la merecía y temer lastimarla. También amaba a Della, ambos habían pasado por tanto juntos y era imposible borrar el vínculo que compartían y eso lo hacía todo más complicado.

—¿Quieres estar con ella? Siendo Maui no existe nada que lo impida.

—Quiero estar contigo —no mentía —, solo necesitamos tiempo para procesar lo que sucede.

Hernae suspiró.

A Donald le dolió ese suspiro. Ella se veía triste, Donald sabía que lo estaba, y se odiaba por ello. No se arrepentía de lo que había pasado, porque hacerlo sería negar a sus hijos, solo quería que las cosas fueran diferentes, solo desearía que Della estuviera equivocada y que no se aferrara al pasado.

—¿Recuerdas la invasión alienígena, creo que esa debería ser nuestra prioridad.

Donald y Hernae no volvieron a hablar durante el resto del recorrido. Ambos se buscaban mutuamente con la mirada, mas sus ojos no se encontraron en ningún momento. Fueron recibidos por Della y eso no ayudó ayudo mejorar la situación.

Ella se veía molesta y preocupada, algo que raras veces pasaba. Donald odió pensar que el fuera el responsable de su sufrimiento. Los niños no estaban y eso hizo que se preocupara. Sabía que era sobreprotector, pero le era imposible no serlo, especialmente cada vez que recordaba a su viejo 313. Su carro había sido destruido cuando intentaron asesinarlo.

—Estaba por ir a buscarte.

—No me tardé tanto.

—Recibimos un mensaje, Lunaris le ha declarado la guerra a tío Scrooge y a su familia.

—Los niños ¿están bien?

—Están en el comedor, comiendo. Creí que era mejor no involucrar los en esto.

A Donald no le gustaba ver a Della tan preocupada. No era algo usual en ella y más cuando había un peligro tan latente. Lunaris había amenazado a su familia, asustado a su hermana y eso era algo que no le perdonaría.

—Eres Daria ¿cierto?

Hernae asintió.

—Descuida, Maui me ha contado todo y he venido para ayudar.

Della no se veía del todo convencida, pero el que no hiciera nada le hizo sospechar que la situación no estaba tan mal como creía.
Si bien era cierto que le preocupaba que no se llevaran bien, también lo era que le preocupaba que se llevarán demasiado bien. Su rechazo al contacto físico no había sido lo único que había hecho fracasar las citas que tuvo en el pasado.

Los tres se dirigieron al comedor. Los niños y los adultos estaban comiendo. Donald supo de inmediato que él se había quedado sin hamburguesa y que Scrooge era el responsable. La mirada de Donald se posó sobre Webby, ella comía su hamburguesa feliz. No se trataba de la comida más fina ni de la mejor hamburguesa del mundo, pero cualquiera que viera a la pequeñita podría pensarlo. Donald deseó protegerla. Luego su mirada se posó sobre Hernae y recordó el motivo de sus problemas, al menos de una parte de ellos.

—Ella es Daria, mi novia —Donald hizo una pausa, sintiéndose como cuando era un adolescente —. Ella desea acompañarnos y creo que necesitamos de su ayuda.

—¿Es de confianza? —preguntó Scrooge.

—Lo es. Ella salvó mi vida cuando estaba en la Marina y —Donald calló se pronto al ser consciente se que había hablado de más.

—¿Alguna vez trabajaste con Donald?

Donald asintió. Una parte de él creía que lo más sensato era ocultar cualquier tipo de relación con Donald, pero no podía hablar de Hernae sin mencionar su servicio militar.

—Donald era un pato muy valiente y me arrepiento de no haber podido salvarlo —Donald se sentía como un hipócrita al decir esas palabras, más al ver la expresión de Scrooge, fue tan breve, pero no menos real. Mentalmente se preguntó cuánto tiempo había pasado Scrooge de luto y la respuesta le pareció dolorosa —, pero no es el momento de hablar de eso, H... Daria tiene poderes de sacerdotisa y podría ser de gran ayuda.

Hernae le mostró sus flechas a Scrooge, las que había buscado en cuanto supo que Donald planeaba ir al epicentro de la invasión.

—Así que te llamas Daria.

Hernae asintió.

—Me recuerdas a la novia de Donald, la que conoció durante su tiempo en la Marina.

Poco le faltó a Donald para decirle a su tío que en ese entonces Hernae no era su novia, que, aunque le tenía un gran aprecio y gratitud por haber salvado su vida, no hubiera intentado nada que pudiera perjudicarla. Era una sacerdotisa y el amor estaba prohibido. Pero recordó que era Maui y que

Scrooge debía seguir pensándolo.

—No recuerdo que Donald tuviera una novia, pero sí que era un pato muy valiente, aunque a veces torpe y con mala suerte. Varias veces dudé de sus capacidades y creí que lo arruinaría todo y, aunque no siempre estuve equivocada, me demostró que era un gran pato.

—Supongo que sí lo conociste.

Donald no supo reconocer el tono de voz que Scrooge usó ni la expresión de su rostro. No odiaba a su tío ni disfrutaba de su sufrimiento, pero parte de él quería que le doliera el pensarlo muerto, parte de él quería sentirse querido. Era algo que le costaba creer, en especial cuando recordaba las aventuras que tuvieron, él siempre era el elegido para hacer de carnada o para probar teorías peligrosas.

—¿Quiere ver lo que puedo hacer? —Hernae tomó sus flechas, estas brillaban por la energía espiritual que contenían.

Donald se sintió confundido al ver la expresión de sus hijos, después de unos segundos lo entendió. Era la segunda revelación que tenía en el día. Ellos sabían que Daria era actriz, incluso los había llevado a varias filmaciones, pero no de sus poderes o de Cold Shadow.

—Preferiría que no lo hicieras, reparar las paredes es difícil.

—Entonces puedo mostrarle una profecía —sugirió Hernae.

—Eso podría ayudarnos.

—¿Es buena?

—Las profecías no son exactas, al igual que el futuro es impredecible, pero siempre sirve saber qué puede suceder.

—Daria predijo que un guerrero extranjero recuperaría el ídolo Shabuhm Shabuhm y creo que lo hice bien.

—Lamento haber dudado de ti —le dijo Hernae en un susurro que solo Donald pudo escuchar.

—No te preocupes, estoy acostumbrado a eso.

Hernae hizo su profecía en la sala de estar, frente a la chimenea.

—En la tierra natal, en donde la suerte es puesta a prueba, olvidado bajo el mar, en donde yacen la armonía y los secretos, allí están quienes podrán salvar a la Tierra.

—¿Qué significa eso?

—Tengo una sospecha, si los lunaterrenienses están detrás de Scrooge, deberá ser su familia, todos, quienes lo detengan.

Scrooge y Donald arrugaron la cara al escuchar eso.

—No he hablado con Matilda en décadas, no creo que quiera ayudarnos.

"Gladstone es el peor", pensó Donald, algo que sabía no podía decir en voz alta sin delatarse.

—Entonces este el momento para hacerlo —insistió Hernae —, la profecía dice que la fuerza está en la unión.


Donald seguía sin poder creer que estuviera en un avión a punto de visitar a Gladstone. No lo odiaba, pero era el pato que más le irritaba y que lo hacía sentir más consciente que nunca de su mala suerte. Cuando era niño había creado dos teorías, una de ellas era que Gladstone era un vampiro que se alimentaba de la suerte y que solía robarle la suya, la otra era que su primo lo odiaba y que su suerte era responsable de que la suya no fuera la más favorable.

—Gladstone no es tan malo —le dijo Della mientras se sentaba a su lado —. ¿Recuerdas todos los buenos momentos que hemos pasado juntos?

Donald gruñó a modo de respuesta.

—¿Qué hay de la vez que fuimos a pescar? Encontramos un bote y llegamos a una isla desierta.

—Que en realidad era la isla de los Juguetes y estábamos en una zona protegida.

—Fue divertido.

—Para ustedes, porque yo tuve que hacer todo el trabajo.

—¿Por qué crees que Gladstone es a quién buscamos?

—Porque los casinos son los lugares donde se pone a prueba la suerte y él está en uno, es bastante obvio si lo piensas, señor Detective.

La conversación fue interrumpida con la llegada de Huey, Dewey, Louie y Webby. Los cuatro se veían tan emocionados y no habían dejado de jugar desde que supieron al avión.

—¿Cómo es el primo Gladstone? —preguntó Louie.

—¿Es cierto que su suerte es la mejor del mundo?

Donald bufó por lo bajo. Della le sacó la lengua y comenzó a platicar sobre los recuerdos que había compartido con su afortunado primo.


Los niños estaban muy emocionados cuando vieron el casino. Era la primera vez que veían un edificio de ese tamaño o que estaban de visita en una ciudad tan grande. Los cuatro corrieron en dirección a la entrada, siendo seguidos por Della. Ella no estaba preocupada, al contrario, estaba tan emocionada como ellos. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvo en un lugar así.

No había señales de la invasión alienígena y Donald sospechaba los motivos. Pensaba que ellos se encontraban principalmente en Duckburg y que la suerte de Gladstone los protegía.

Todos entraron al casino. Toad Liu Hai los recibió de manera amable, Donald y Hernae creían que demasiado amable.

—¿Notaste algo extraño? —preguntó Hernae. Su voz era apenas más alta que un susurro.

—Sí —respondió Donald, su voz tenía el mismo volumen —, creo que quiere vendernos algo.

Hernae negó con un movimiento de cabeza. Un tanto molesta por la respuesta de Donald.

—Recuerdo que dijeron que Gladstone es muy afortunado.

—Asquerosamente suertudo —comentó Donald con amargura.

—Gladstone los está esperando. Señor McDuck, será un placer hablar de negocios con usted.

—Quizás para la próxima, ahora quiero hablar con mi sobrino.
Della y Gladstone se abrazaron afectuosamente. El ganso sabía que su prima estaba viva, se había enterado poco después de su regreso, pero era la primera vez que se veían.

—¿Donald? —fue lo primero que dijo Gladstone en cuanto vio a su familia.

—Me llamo Maui Mallard y tú debes ser Gladstone Gander, he escuchado mucho de ti.

Gladstone necesitó de varios segundos para responder. Parecía pensativo, algo que era más que inusual en él.

—Él es el mejor patotective del mundo y el padre de mis hijos —agregó Della —. Y estos encantadores patitos son Huey, Dewey y Louie, mis hijos.

—Así que tenías razón —Gladstone sonrió y su felicidad era auténtica —, pasen un rato, los invito. Estoy seguro de que se van a divertir mucho.

—De hecho nosotros vinimos aquí por otro motivo —le dijo Scrooge McDuck, al igual que Donald, no se veía contento de estar allí.

—Tonterías, siempre hay momento de divertirse.

Scrooge ni se mostró convencido.

—¿Cómo haces para vivir en un lugar como este? —preguntó Louie fascinado.

—Mi suerte suele llevarme a toda clase de sitios y asegurarse de que tenga todo lo que quiera, incluso antes de que lo sepa el orgullo era palpable en la voz de Gladstone —. Ven conmigo y podrás verla en acción.

—No creo que sea el momento...

Donald no tuvo la oportunidad de terminar de hablar. Gladstone había tomado su mano y la de Della e incluso se los llevó a rastras, negándole toda oportunidad de escapar.