~Belladona~
Se despertó de golpe bañado en sudor y con los sentidos abrumados así como sus pensamientos, su respiración era agitada y por un momento creyó que quizás ardía en fiebre y moriría, giró su rostro y notó el reloj de cuerda que daba exactamente la medianoche y no pudo evitar pensar en la estúpida historia de té, ¿tendría un sueño que le mostrara sus deseos?, estupideces, eso eran. Cerró los ojos y buscó calmar su corazón y la extraña sensación que se agolpaba dentro, ¿estaría Rei durmiendo en ese momento?...un minuto, ¿por qué pensaba en él?
-"¿Kai?"- escuchó desde el marco de la puerta la suave voz del oriental quien de nuevo tenía el cabello suelto cayendo como la noche en sus hombros e iluminado a la luz de la luna, quizás no lo sabía apreciar pero era realmente sublime y hermoso o realmente en ese momento estaba ardiendo en fiebre y comenzaba a alucinar.
-"estoy alucinando todo por culpa de ese estúpido té"- dijo llevándose sus manos a su rostro frotándose la sien con sus dedos, jurando mentalmente no volver a beber algo de tan dudosa procedencia.
Rei sonrió un poco al verle y avanzó lentamente hacia él -"¿de qué hablas Kai?, no estás alucinando...esto es un sueño..."- susurró mirándole a los ojos y al estar a una menor distancia tomó con suavidad sus muñecas e inclinó su rostro ligeramente acercándolo al del cabellos humo para dejar que su respiración chocara contra sus labios, desde esa distancia ambos ojos se perdían el uno en el otro y el aroma de Rei resultaba embriagante y dulce; seductor, como el té de esa tarde, era demasiado para él e instintivamente se alejó hacia atrás, no podía estar soñando algo como esto.
-"no sé de que lo que estás hablando"- insistió, el no deseaba al chino de esa forma o al menos de eso quería auto convencerse.
Rei sonrió aún más y se inclinó sobre él subiendo una de sus rodillas al colchón para acercarse prácticamente gateando y poder tomar su rostro entre sus largos dedos, susurrando en su oído–"¿no vas a admitirlo, ahora que estoy aquí?"- le miró de nuevo a los ojos, buscando obtener toda su atención mientras una de sus manos abandonaba su rostro y pasaba hasta su pecho desnudo delineándole con una tortuosa lentitud –"si lo deseas entonces, me iré…"- sonrió un poco más a medida que su mano descendía hasta su vientre–"aunque no deberías engañarte a ti mismo de que…estás excitado solo con verme…"- sonrió quizás algo malicioso y su mano comenzó a acariciar la zona más sensible del ruso por encima de la tela, comprobando que sus palabras eran ciertas.
El ruso se estremeció por el contacto y buscó desviar su atención pero simplemente se le hacía imposible y maldecía su cuerpo por estar encantado y ardiendo en lujuria, su mano buscó detener la del otro –"Basta ya…"
-"¿nunca eres honesto verdad?"- preguntó, alzando una ceja y mirándole a los ojos –"¿de verdad quieres que me detenga?"- quitó su mano de allí como le indicó pero acercó lentamente su rostro al de él de nuevo, sonriendo y dejando ver los colmillos característicos de su familia, sus ojos dorados brillaban más que cualquier otra cosa y le dedicaban una mirada tan seductora que no ayudaba a remitir las sensaciones en su pecho, cuando creía que las sensaciones no podían empeorar la lengua del chino comenzó a recorrer el cuello del de ojos rojos, arrancando suspiros de sus labios ahora inyectados de sangre.
Un sueño, no era más que un sueño y rezaba mentalmente porque así lo fuera, preguntándose si era verdad la leyenda del té o no en una batalla moral de proporciones épicas, ¿de verdad lo deseaba?, no había duda que en ese momento anhelaba poseer tan nívea piel bajo de sí pero, ¿era lo que en verdad quería?.
-"¿no es esto lo que deseas?- preguntó el chino en un susurro a su oído mientras lo recorría con su lengua lentamente y sus manos volvían a acariciar de cuenta nueva su pecho –"todo este tiempo…"- mordisqueó el lóbulo –"me deseabas…"- susurro con voz casi hipnótica –"¿no estás feliz de soñar esto?"- se incorporó un poco encima de él.
Tal vez tenía razón, tal vez todo este tiempo había deseado de esa forma al pelinegro y se negaba a aceptarlo, la verdad en ese instante no sabía que pensar, su cuerpo tan solo reaccionaba al suave contacto, dándose cuenta de que si esto era un sueño, no estaba mal que se dejara llevar por lo que optó por llevar su mano hasta el pecho del otro acariciando por encima de la seda iniciando por primera vez contacto y casi estremeciéndose por sentirle, suspiró y lentamente acercó sus labios al apiñonado cuello y dejó una pequeña marca.
Mientras los dedos del chino continuaron paseándose por encima de la suave piel y de nuevo por encima de la tela, recorriendo su miembro y besando ahora su pecho, de cuando en cuando mirándole a los ojos, sonriendo ampliamente para acercarse a besar sus mejillas quizás con dulzura a pesar de que toda esa situación destilaba lo contrario, el ruso simplemente tomó sus manos y le empujó en el lecho quedando el encima, observándole intensamente para así acercar su rostro al suyo, en una distancia realmente ínfima donde ambos sentían las respiraciones agitadas y los latidos de sus corazones.
El rubí se perdía en el oro donde se podía notar aunque muy levemente un dejo de tristeza que fue opacada por una suave caricia en el masculino rostro del ruso –"¿vas a besarme, Hiwatari?"- susurró sobre sus labios –"¿vas a admitir que esto es lo que deseas?"- cerro sus ojos y llevo sus manos a su cuello, para acariciar el cabello al nivel de la nuca.
-"tal vez sea lo que deseo…tal vez, en verdad te desee…"- y acercó sus labios a los del otro para completar el beso que había anhelado desde que el chino cruzó el umbral de la habitación; demandante, asfixiante y necesitado, su lengua se coló dentro del otro y sus dedos comenzaron a incursionar por debajo de la seda, desatando presuroso el fajín y liberando ante sus ojos la estilizada figura que ahora yacía bajo sus sábanas.
Se detuvo a observarle y deslumbrarse por el hecho de que a pesar de todos los insultos que alguna vez profirió a la belleza del chino debía admitir que estaba equivocado, tenerlo en ese instante realmente le hacía creer que era un sueño y agradecía que así fuese porque se arrepentía del odio que siempre evocó por ello. Debajo de la seda se escondía un delgado cuerpo de estrecha cintura pero nada femenino puesto que sus brazos estaban perfectamente torneados como piezas de porcelana y su espalda era ancha y atlética; equilibrio, tenían razón, era la mejor palabra para describirle.
Los ojos dorados le observaban cálidamente mientras sus manos descendían acariciando su espalda y sus piernas comenzaban a acomodarse alrededor de la masculina figura del otro, en movimientos tan lentos y hechizantes que los ojos rojos de Kai se abrieron con sorpresa al notarlo y su cuerpo tembló un poco por la sensación de calor. Resultaba insoportable la situación, así que dejo de observarle para dedicarse ahora a recorrerlo con lentitud en caricias y besos desde el cuello hasta detenerse en uno de los pezones el cual delineó con su lengua a la vez que su mano descendía hasta su hombría; rozándola con sus dedos.
-"ah..Kai…"- susurró el asiático en su oído al sentir sus atenciones en un gemido quizás algo fingido pero que buscaba provocarle, sus manos descendieron también y comenzaron a bajar la molesta prenda de tela que impedía que ambos cuerpos se propiciaran íntimas caricias, ahora ambos yacían desnudos y sus manos se dedicaron a consentirle de la misma forma que él lo hacía.
Para Kai, escuchar su nombre de esa forma no había hecho más que excitarle; bombardear litros de sangre de manera descontrolada por todo su cuerpo y en su descontrol volvió a reclamar los labios del chino mucho más demandantes mientras sus manos acariciaban frenéticas su miembro. Este gemía ante sus caricias y mordía sus labios ligeramente en un gesto claramente sugestivo, busco controlarse y le sujetó por los hombros repentinamente para empujarle volver a quedar encima de él, sentando sobre su vientre y deteniendo sus atenciones –"no Kai…este es tu sueño…"- susurró en su oído mientras un dedo juguetón recorría su torso hasta su miembro para luego inclinarse lentamente sobre él y con sus labios besar la punta arrancando un gemido del ruso.
-"Rei…"- pronunció su nombre entre dientes extasiado, era cierto, este era sueño donde un Rei que destilaba lujuria provocaba sensaciones que jamás había experimentado con el verdadero.
-"puedo hacer todo lo que quieras, Kai…"- susurró mirándole sugestivo mientras sus manos acariciaban con vehemencia el glande, respirando sobre este y comenzando a recorrerlo con su lengua hasta abrir sus labios y envolverlo con tortuosa lentitud, las manos del aludido fueron hasta su cabeza para ejercer presión y pedir más de tan deliciosa caricia.
-"hazlo mas…rápido..nghh…"
Rei le obedeció, moviéndose rítmicamente y casi atrapando por completo su hombría, mientras succionaba y su lengua le recorría con cada movimiento de sus labios, sus manos por otro lado acariciaban su vientre y genitales. Para Kai realmente debía tratarse de un sueño porque ni siquiera en la realidad eso se sentía tan bien, de su boca lo único que podían salir en ese momento eran gemidos y sus ojos apenas podían mantenerse abiertos.
Rei continuaba con sus caricias mientras aumentaba el ritmo progresivamente arrancando más gemidos de la garganta del otro, más, llevándolo al límite y dejando que la presión se acumulara en su vientre, esperando a que derramase su semilla la cual bebió por completo relamiendo sus labios ante las pupilas rojas y sonriendo con fingida inocencia –"¿lo has disfrutado, Kai?".
El aludido no pudo responderle puesto que apenas y podía respirar por el reciente orgasmo que nubló sus sentidos, ante esto Rei sonrió aún más, mostrando sus colmillos y gateó lentamente sobre él hasta acercarse a sus labios –"¿hay algo más que quieras hacer?"- pregunto en su oído con lentitud –"¿o estás muy cansado?"-dijo esto último con un dejo de sarcasmo.
Ante ese comentario el otro simplemente atinó a mirarle por unos segundos quizás sorprendido; por supuesto que había mucho más que quería hacer y al ser esto un sueño podía hacer lo que quisiera, sonrió lascivo ante el pensamiento y de nuevo tomó el cuerpo del chino por los hombros empujándole a la cama para apresarlo debajo suyo y finalmente extender su mano hasta los sonrosados labios, delineándolos con sus dedos.
-"lámelos…"- dijo con un tono de voz un tanto autoritario, el mandato fue acatado de inmediato y Rei tomó sus manos entre las suyas besando la punta de sus dedos para luego envolverlos también en sus labios, acariciándolos con su lengua y no reparando en gestos lujuriosos al atender cada uno sin despegar sus ojos de los del otro, al estar lo suficientemente humedecidos Kai cambió sus dedos por sus labios en un beso largo y demandante mientras llevaba presurosa su mano a la entrada del asiático, tan solo rozándola.
-"mng…Kai…"- susurró el otro entre suspiros entrecortados por el beso mientras sus manos rodeaban su espalda y la acariciaban con cuidado, sus ojos se cerraron y su rostro se arqueó lánguidamente hacia atrás lo que dio oportunidad al ruso de invadir su cuello y dejar otra marca en la perfecta piel a la vez que introducía un primer dedo-"¿te gusta dejar marcas en mi?"- pregunto el chino entrecortado, acariciando su cabello y dejando que algunos gemidos escaparan –"..ah…Kai?"- comenzaba a acostumbrarse a la intromisión y el de cabellos color humo lo notó al sentir su cuerpo un poco más relajado por lo que introdujo un segundo dedo y de cuenta nueva dejó otra marca en su piel.
-"no pasa nada…al final no eres el Rei verdadero" – respondió a su pregunta.
-"… ¿quisieras que lo fuera?"- preguntó con lentitud luego de gemir nuevamente al sentir la intromisión, sus manos tomaron su rostro y le miraron cálidamente –"¿quisieras que esto no fuese un sueño?"
-"no lo sé…"- respondió mirándole a los ojos quizás algo pensativo o más bien extasiado mientras un tercer dedo se unía a los otros, en movimientos rápidos que buscaban dilatar la pequeña cavidad por completo y simulaban embestidas.
-"...ah!...Kai!"- Re gimió un poco más arqueando su cuerpo al sentir el movimiento rápido de los dedos incursionándole, sus piernas se cerraron en su cintura y sus ojos le miraron quizás algo suplicantes –"Hazlo ya…"- susurró, cubriendo su rostro ligeramente con una mano
-"pareces muy ansioso…"- sonrió ampliamente y complació su suplicas al sustituir sus dedos por su miembro, comenzando a entrar lentamente.
Rei bajó la mirada por unos segundos para luego encararle–"…es…por ti Kai"- sus manos acariciaban su rostro mientras su cuerpo se arqueaba en una mezcla de dolor y placer, abriendo sus labios al máximo para exhalar gemidos –"AHH!..."- gimió audiblemente y se abrazó del cuerpo del otro –"te deseo tanto…"- susurró en su oído ya rodeándolo con sus piernas con un poco más de fuerza – "…por favor Kai…muévete…"
Kai terminó de penetrarle por completo y luego de exhalar una gran cantidad de aire al sentir la deliciosa presión que rodeaba su miembro comenzó a moverse lentamente, buscando no prestar demasiada atención a las palabras de Rei, después de todo solo era lo que en su sueño él quería escuchar.
-"¡aah Kai!...¡Kai!"- Rei gemía su nombre mientras mantenía sus ojos cerrados con fuerza, sintiendo las fuertes estocadas en su cuerpo hundiéndose más y más en su interior a lo que gemía un poco más audible y arqueaba su cuerpo, lo cual era un deleite para Kai quién entraba en él con más ahínco al escucharle –"…no te detengas, por favor Kai…"- finalmente Rei le miró y sus labios atraparon los del otro en un beso que a pesar de acallar sus gemidos demandaba más de su esencia, ambos labios se unieron en un beso demandante y las lenguas comenzaban a jugar mutuamente, enredándose casi tanto como sus cuerpos. -"kai…más fuerte…"- susurró con en voz queda sobre sus labios al separarse un poco del beso –"me gusta que seas rudo…puedes hacer lo que quieras…"- sus caderas ayudaban a los rítmicos movimientos del otro –"sé que te gusta…humillarme Kai…"- susurró luego de gemir un poco.
Cada embestida con fuerza era acompañada de un gemido ronco y una sonrisa de satisfacción; claro que le gustaba aquello y pensaba disfrutar más de Rei de esa forma, se detuvo y sujetó por la espalda levantándole a la vez que él se acostaba.
-"muévete…"- le ordenó ahora teniendo la hermosa figura del pelinegro encima suyo, con sus cabellos despeinados cayendo cual cascada de ébano en sus piernas y pecho.
-"sí…Kai…"- dijo entrecortado y con voz sumisa, apoyando sus manos en su pecho mientras sus caderas comenzaban a oscilar lentamente en contra del cuerpo del otro, en una danza exquisita. Rei cerró sus ojos mientras se movía con cuidado aunque cada vez acelerando más sus movimientos –"oh…Kai…"- gemía su nombre en ocasiones extasiado mientras las manos del ruso viajaban hasta su cintura y le ayudaban con las embestidas.
A pesar de querer permanecer de esa forma y disfrutar de esas atenciones, Kai no pudo resistirse y se incorporó nuevamente y reclamó sus labios jugueteando con su lengua mientras las piernas de Rei le rodeaban la cintura y las embestidas se volvían más frenéticas y gemía su nombre sin poder contenerse. –"kai…no puedo…"- susurró mirándole sin dejar de moverse–"ahh…es demasiado…"
-"aahhm..mmhhh…"-Kai sentía que en cualquier momento llegaría a su límite por lo que llevo una de sus manos al miembro de Rei y comenzó a masturbarle con fuerza a la misma velocidad que sus embestidas, arrancando gemidos y palabras inentendibles en este hasta finalmente derramar el líquido cálido entre sus dedos, arqueando su cuerpo por completo durante un segundo y tensando todo su interior lo que provocó una deliciosa sensación de estrechez en el miembro del de cabellos color humo, arrancando también un gemido y consiguiendo derramar su esencia en el interior de Rei.
Ambos cuerpos cayeron lánguidamente relajados y se unieron en un beso a pesar de no tener aliento alguno para responder, al terminar el pelinegro busco refugio en los fuertes brazos de Kai –"...tienes lo que deseas Kai…"- susurró –"pronto vas a despertar…"
Kai cerró sus ojos y asintió ligeramente con una terrible sensación de cansancio a pesar de que todo esto se trataba de un sueño, respiró tranquilo, sintiendo a Rei alejarse y cuando volvió a abrir sus ojos notó que Rei ya se había vestido y acariciaba su rostro con dulzura.
-"siempre estaré aquí…Kai…"- susurró inclinándose sobre sus labios –"puedes regresar cuando gustes…"- le beso con cuidado mientras le acariciaba el rostro y con una de sus manos cerraba sus ojos y al separarse del beso una segunda estaba en sus labios, no supo porqué pero todo ello fue tan relajante que se sintió flotar en una nube, arrullado por una completa oscuridad.
Abrió los ojos algo aturdido por la luz y miró sus alrededores, no había señales de Rei, su ropa estaba intacta, salvo por una desagradable humedad en su pantalón, afuera podía escuchar el canturrio de los pájaros, las risas de las hijas de Kon en el jardín y los pasos apresurados de los sirvientes. Se levantó con pesadez y miró por la ventana confundido, realmente había sido un sueño.
El té le había revelado sus verdaderos deseos…
La sola visión de su caldo de arroz le causaba algo de nauseas, ¿o era más bien porque se encontraba desayunando solo con el chino? Cuando creía que la situación no podía ser más extraña su abuelo decide viajar a Inglaterra para concretar parte de un negocio y le dejo a él para que vigilara los negocios de china por un tiempo antes de que ambos regresaran a Rusia, en circunstancias normales eso habría sido excelente pero el verdadero problema era que debía trabajar codo a codo con Rei y después de su sueño le costaba si quiera pensar en trabajo al mirarle.
El chino ni siquiera prestaba atención a los pensamientos del otro, bebía tranquilamente su caldo de arroz con los ojos cerrados y luego bebiendo de su taza de té, en un silencio visiblemente incomodo para ambos, al terminar recogió su plato y se disculpó con una reverencia para salir del comedor, era imposible pensar que no era un sueño lo de anoche ante su actitud tan fría.
Sería una larga estancia y no pudo más que atinar a bufar algo molesto y terminar su desayuno para luego pedir una carroza preparada para revisar los negocios en la ciudad, agradecía que el pelinegro no se le veía por ningún lado por lo que pudo pasar un agradable día solo.
A pesar de ser una tarea agotadora, supervisar los negocios no le quitó tanto tiempo como planeaba y regreso para la hora del té; el solo pensar en esa palabra un escalofrío recorría su espalda. Debía admitir que no le molestaba la costumbre de tomar té y, no que lo admitiera pero ante un sueño tan placentero era casi imposible negarse a otra taza de dicho líquido, recorrió los pasillos encaminándose a una de las salas mas se detuvo de golpe al notar al pelinegro en uno de los jardines.
Cayó en cuenta entonces que si quería de ese té de nuevo era a él a quien debía pedírselo, pero ¿cómo hacerlo después de ese sueño?, las imágenes se agolpaban en su cabeza; las caricias, los besos, habían sido tan reales. Sacudió su cabeza ante sus pensamientos, debía dejar eso de lado si quería pedirle al chino una taza de té, ¿era simple, no?. Luego de cavilar en sus pensamientos observándole decidió acercarse.
El aroma de las flores le inundó la nariz y la luz de la tarde se le hizo algo insoportable pero buscó no prestarle atención a ello, se dirigió al árbol cuya sombra estaba siendo utilizada por Rei para leer tranquilamente un libro.
El chino al sentir la presencia de alguien más obstruyéndole la claridad que había conseguido alzó la mirada y al reparar que se trataba del joven Hiwatari simplemente frunció el seño –"¿se le ofrece algo, joven Hiwatari?"
-"solo me preguntaba si podíamos tomar el té…"- dijo luego de observarle y girando su rostro hacía el jardín una vez que habló.
Rei alzó una ceja y le miró quizás algo sorprendido –"¿a qué se debe tu repentina amabilidad? ¿Quieres algún favor?"- preguntó y volvió la vista a su libro –"si quieres que yo sea el que despose a la hija de la familia Wang para tu quitarte ese problema está bien, ya se ha hablado del asunto…y ya hable con Di Natale y concretaremos una reunión mañana…"
-"solo quiero un rato de paz…"- dijo mirándole de nuevo –"no quiero ningún favor y francamente no me interesa ese asunto…"- dijo evasivo frunciendo el ceño –"¿se puede o no Rei?"
El chino lo miró parpadeando algo sorprendido pero sonrió un poco levantándose y comenzando a caminar dándole la espalda al ruso mientras su trenza se mecía lentamente en su andar; la verdad es que el cabello largo y suelto le hacía ver mejor, ¿o era que simplemente quería recordar al Rei del sueño?.
Caminaron en silencio por los pasillos hasta dar con la habitación donde se habían reunido anteriormente; de nuevo estaba ese aroma dulce acompañado de inciensos, salvo que la luz esta vez era mucho más tenue puesto que ahora habían más velos decorando la ventana.
Rei le invitó a sentarse y le miró quizás con un poco de mejor disposición –"¿té verde?"
El ruso se sentó tranquilamente y escuchó su ofrecimiento pero la verdad la idea le había desagradado un poco, después de todo lo que buscaba era el té de ayer –"no"- respondió simplemente –"no quiero té verde…"
Rei parpadeó y se cruzó de brazos haciendo una mueca –"bien…¿qué quiere el zar de Rusia entonces?, pensé que el té que más te gustaba era el verde…"- suspiró y buscó entre uno de los cajones de un buró donde al parecer habían diversas especias y plantas –"bien o es verde…o rojo o…"- quedó en silencio y le miró, entrecerrando los ojos un poco y sonriendo para luego avanzar hacia él, sentándose a su lado sin percatarse que quizás estaban demasiado cerca, puesto que Hiwatari pudo aspirar su aroma, justo como en su sueño –"¿té de flor dorada?"
El ruso se tensó por la cercanía del otro, algo nervioso, tenerlo cerca solo hacía que imágenes de su sueño le invadieran la mente. Bufó despectivo, si bien era cierto lo que decía en ese momento prefería del otro –"Sí, el último está bien…"- dijo removiéndose en su asiento, incómodo.
Rei suspiró, se encogió de hombros y prosiguió a preparar la bebida, sacando el contenido de la misteriosa caja dorada, sirviéndola en silencio y como siempre, agregando algo de leche en su taza. Se sentó del otro lado de la mesa con el rostro quizás algo cabizbajo, le miró de cuenta nueva bebiendo un poco.
Allí estaba de nuevo ese silencio incomodo.
Por lo general al ruso le gustaba el silencio pero en esa habitación resultaba casi insoportable pero lo disimulaba simplemente observando la pequeña taza entre sus manos, bebió un poco de la bebida, intentando olvidar esos pensamientos.
Rei por su parte le miraba de reojo y abría sus labios un poco, queriendo decir algo pero optaba por quedarse en silencio y simplemente bajar su rostro, finalmente suspiró más audiblemente negando con la cabeza –"joven Hiwatari…si desea algo más, pídamelo…"- dijo con desgana levantándose, sin siquiera sin terminar su té –"si no quiere algo más…será mejor que me retire…"
El aludido le observó –"Rei"- le llamó de repente antes de que se marchara –"Estás extraño…"
Quizás al escuchar esas palabras una vena de rabia brotó en la sien del chino, girándose a mirarle con el ceño fruncido y los ojos afilados, hace dos días le había dicho mujercita y ahora que opta por un cambio en su vida le llaman extraño -"¿extraño?...¿a qué te refieres con extraño, joven Hiwatari?"- dijo casi entre dientes
-"solo es mi punto de vista"- bebió otro poco de té sin prestarle demasiada atención a su reacción.
El chino le miró y luego se sentó con pesadez, buscando su rostro –"antes de ayer me hiciste entender de todas las maneras que no tiene caso prestarle atención a lo que sentimos y después de pensarlo un poco me di cuenta de que tienes razón, Kai…"- suspiró cerrando sus puños y volviendo a mirar su taza de té –"…ojala las cosas pudiesen ser como un sueño…"- tomó el pequeño recipiente entre sus dedos y bebió otro poco
-"yo solo dije la verdad y me alegro que lo hayas entendido…"- tomó otro poco del té para continuar después –"bienvenido a la cruel realidad Rei, la vida nunca será como los sueños…"
Rei apoyó su rostro en la palma de su mano y le miró con algo de hastío –"¿tienes sueños si quiera Hiwatari? ¿O para ti todo es escalar en la escalera del poder?"-
-"todo el mundo los tiene"- dijo indiferente
Rei bufó y tomó otro poco de su taza –"no hablo de soñar cuando duermes hablo de alguna aspiración a futuro...o …"- negó con la cabeza –"olvídalo…" –se quedo en silencio un largo rato.
-"como sea…"- fue su simple respuesta mientras continuaba disfrutando de su taza, no ayudando a tan absurda conversación, al terminar simplemente se puso de pie –"gracias por el té"- y se encaminó a la salida
Quizás para el de ojos rojos entender el comportamiento de Rei era imposible y ya que no le miraba no pudo reparar que su rostro se le veía visiblemente ofendido con sus ojos dorados parecidos a los de una fiera, el chino hizo una pausa mientras le observaba y comentó con desprecio-"cuando herede la compañía puedes estar por seguro de que no nos veremos de nuevo"
-"no sabes cómo lo ansío…"- dijo Kai casi en un murmullo y salió de la habitación.
Esperó a que el otro se marchara y quedó observando su té esbozando ligeramente una sonrisa amarga para luego de un manotazo empujar la taza lejos de su vista.
-"veremos si seguirás diciendo esas palabras cuando el sueño salga de control…"- susurró para sí.
Observando como el té se esparcía lentamente por la mesa corroyendo la rojiza caoba con un dorado apagado.
Medianoche nuevamente y sus sentidos estaban entumecidos y una capa gruesa de sudor le cubría el cuerpo. La luz de la luna entraba vagamente por la ventana a veces desapareciendo y cubriéndolo todo en oscuridad ¿soñaría lo mismo de nuevo?, en sopor buscó acomodarse en su lecho y rezó porque tan terrible calor desapareciera pero no sucedía.
-"Kai?"- se escuchó desde el marco de la puerta, la suave voz de Rei con la misma hermosa apariencia de la última noche –"volviste…"- susurró desde donde se encontraba.
Se giró en su cama preguntándose si realmente era tanto su deseo hacia el oriental –"Rei…"- se incorporó sentándose sobre esta, buscando que sus sentidos lograsen enfocarle perfectamente mientras el chino avanzaba hacia él con su cabello ondulando como un espejismo, su corazón latió con fuerza al verle con claridad y cayó en cuenta entonces que realmente le deseaba, desesperadamente.
Al estar cerca el chino sonrió un poco y acarició su rostro casi con timidez
–"creí que no te agrado saber que me deseabas…y no volverías a beber de…"- se inclinó un poco sobre él para besar su cuello con lentitud a lo que el de ojos rojos arqueó un poco el rostro mientras extendía su mano y tomaba alguna de hebras de ébano en sus dedos, acariciándolos
-"al parecer en verdad te deseo…"- susurró de manera sensual y ronca cerca de su oído arrancando una sonrisa en el rostro del otro.
–"y yo estoy aquí…para complacer tus deseos, Kai…"- dijo también en el mismo tono y acariciando sus labios con la yema de sus dedos mientras le miraba embelesado
-"entonces hazlo Rei…"- detuvo sus caricias tomando su mano y luego acercó sus labios, robándole el aliento al chino en un beso donde su lengua tomaba el control y se separaban dejando un pequeño hilillo de saliva.
Su pecho apenas podía contener su deseo y la velocidad de sus latidos, sus ansias crecían con cada caricia que propiciaba en el otro, gemidos salían de los delgados y sonrosados labios del oriental que le llevaban al límite de la cordura. Palabras entrecortadas, sumisas y sucias eran el acompañamiento de tan sensual voz que pedía desesperadamente que le tomasen.
Para Hiwatari era una sensación abrumadora y placentera ni siquiera comparada con estar en el barco de la compañía, no, era otra clase de poder y era dueño de otra cosa mucho más valiosa: Ese sueño, donde la vida y los pensamientos del chino le pertenecían y podía tomarlo de todas las maneras posibles, donde los labios del chino le hacían experimentar toda clase de sensaciones: lamía su pecho y pezones y descendía en infinitos caminos de saliva hasta su miembro el cual succionaba con vehemencia buscando obtener toda su esencia como si fuese un elixir de vida eterna.
Sus músculos se tensaban al sentirle y sus dedos no tardaban presurosos en viajar a la pequeña entrada buscando reclamar lo que era suyo, gimiendo en éxtasis con la vista nublada con la única certeza de que en frente suyo estaban dos hermosos ojos dorados observándole con deseo, desesperado reemplazaba sus dedos por su miembro y propiciaba estocadas certeras a la delgada cintura que convertían los gemidos en gritos, con un placer punzante en su vientre que le hacía sentir que su cuerpo se derretía lentamente y terminaba por derramarse dentro de tan estrecha cavidad.
Le lleno de besos y abrazó sonriendo complacido y con la certeza de que mientras bebiese tan preciado líquido tendría a tan hermosa figura bajo su poder, con manos suaves como seda y ojos hechizantes, le besaba hasta que sus labios se entumecían y caía vencido por el sueño.
Era dueño de todo el placer que su cuerpo pudiese reclamar y podía pedirlo cuando quisiera o al menos…
Mientras tuviese el té de la flor dorada a su disposición.
