~Opio~
La mañana era gris y fría, con una bruma cubriéndolo todo acompañada de pequeñas gotas que caían en los tejados y bañaban las flores. La carroza ya había sido preparada para la salida y tuvo que utilizar una chaqueta gruesa para evitar mojarse más de la cuenta, de todas maneras no le molestaba ese clima, después de haber vivido en Rusia ese sitio resultaba agradable.
Se sentó en su asiento y esperó su salida, debía reunirse con las principales familias de comerciantes en la ciudad: Wong, Bai y Feng. Wong siendo la primera y más poderosa, Bai siendo una familia importante del negocio de seda y porcelana y Fong exportaba pólvora. Había conversado anteriormente con ellos pero por lo general estaba acompañado de su abuelo, sonreía triunfante al pensar que ahora toda la responsabilidad residía en él.
Sus pensamientos fueron interrumpidos con la puerta del carruaje abriéndose y un chino entrando azorado, con el rostro adormilado y que prácticamente se desplomó en el asiento mientras buscaba regular su aliento. Kon tenía la túnica desarreglada y el cabello suelto y húmedo, cayendo salvajemente sobre sus hombros y las mejillas sonrojadas por haber corrido tanto, Kai se forzó a sí mismo al no observarle puesto que dicha imagen no ayudaba a olvidar sus experiencias nocturnas.
El chino se dedico a acomodar su camisa, mangas, fajín, zapatos y demás, de hecho se veían ropas bastante elegantes, no habitual en la vestimenta del chino, al terminar se sentó de nuevo y prosiguió a peinar su cabello con sus dedos, dándole forma y buscando hacer una coleta simple que al menos mantuviese toda la maraña en su sitio.
El de ojos rojos no pudo evitar alzar una ceja, no entendía la repentina visita de este en su carruaje, la reunión la tenía pautada él o al menos eso explicó su abuelo antes de marcharse, Rei pareció notar sus pensamientos así que simplemente atino a mirarle con desprecio y decir.
-"Mi padre pidió que asistiera en esta reunión puesto que se planea que pida la mano de la hija de Wang en matrimonio, joven Hiwatari"- dijo y se apoyó en su asiento –"y me quede dormido, no pude avisarle con anterioridad…".
No dijo nada puesto que en realidad no le importaba ese compromiso, pero no pudo evitar sentir cierta amargura en su boca y una cierta molestia –"como sea, se hará tarde para la reunión…"- dijo cruzándose de brazos y ordenando al cochero que partiera.
El chino bufó y se sentó en su asiento para luego dedicarle una mirada algo desafiante –"Si consigo la mano de la hija de Wang, tendría suficiente dinero y poder para que mi familia no dependiese del dinero de la tuya para las transacciones…"
-"puedes hacer lo que quieras…"- le sostuvo la mirada desafiante mas con algo de molestia y manteniendo el gesto de desagrado en sus labios, no comprendía porque le resultaba tan molesto ese compromiso.
-"¿molesto Hiwatari?, ¿temes quedarte sin empresa?"
-"Para nada, Kon…"- dijo con seguridad cerrando los ojos.
-"¿no hay nada que te importe o desees?, cretino sin corazón…"- dijo visiblemente irritado cruzándose de brazos mas no obtuvo respuesta puesto que el de cabellos grisáceos no se detenía a pensar demasiado en eso –"claro, me lo supuse…"- dijo refunfuñando al no obtener respuesta.
La mansión Wang era tan grande y colorida que ni siquiera el clima frío y gris podía opacar los colores que rodeaban sus columnas y jardines. La carroza se detuvo en la majestuosa entrada donde fueron recibidos por números sirvientes y luego guiados a una ostentosa habitación dorada con cojines de seda bordados en oro, los tres representantes de las familias se encontraban allí con sus respectivos herederos, incluyendo Cao Wang y sus hijos, Lee y Mao Wang, la futura prometida de Rei.
Mao quizás no era la joven más hermosa de toda china pero poseía bastante gracia y una figura estilizada y curveada como una jícara, tenía buena contextura para tener hijos y era educada y graciosa o al menos lo era con Rei desde que lo conoció hacía ya unos años. Al ser la hija de una familia tan rica vestía hermosas túnicas de seda con diferentes tonalidades en rosa y llevaba un hermoso tocado dorado en su cabello.
El señor Wang había dedicado unas palabras educadas a sus invitados y luego prosiguió a la reunión en donde no tuvo ningún inconveniente que su hija se sentase junto a su futuro esposo, donde compartieron varias miradas tímidas pero afectuosas y sus manos se unían disimuladamente. No ocurrieron mayores contratiempos y se discutió sobre los diferentes problemas que ocurrían con Inglaterra; las grandes deudas debido al opio y luego se disfrutó de un agradable almuerzo, el cual Wang presumía que había preparado su hija, haciendo que a Kai se le revolviera el estomago de solo pensarlo, durante la reunión no había podido evitar observar disimuladamente a la feliz pareja, sintiendo como una rabia bullía dentro de sí aunque nunca siendo evidente, como era usual en él.
La tarde transcurrió con lentitud y finalmente fue momento de retirarse por lo que ambos jóvenes se dirigieron a su vehículo no sin antes ser alcanzados por la chica que aprovechó y corrió a toda velocidad para lanzarse en los brazos de su prometido y dedicarle un cariñoso beso en los labios valiéndose de que su padre no estaba cerca, Rei se sorprendió por aquello pero atinó a cerrar sus ojos y abrazarle cariñosamente para dedicarle una sonrisa y un hasta luego con una caricia en su mejilla.
El ruso bufó molesto ante la escena y miró en otra dirección mientras subía a la carroza sin entender porque le desagradaba tanto el asunto, mas quedó en silencio y sentó con los brazos cruzados y ojos cerrados, obviando el hecho de que el chino entraba tras él con una sonrisa para luego mirar por la ventana.
Comenzaba a llover nuevamente y apenas se distinguía que era la hora del té para cuando llegaban a la mansión, los sirvientes le esperaron con sombrillas para que no se mojasen y fueron encaminados dentro de la residencia. A Rei se le veía de buen humor tanto que obviando su odio por Hiwatari le preguntó –"hace algo frío, tomaré algo de té, ¿gustas?"
El otro asintió ligeramente sin decir nada más y le siguió por los pasillos hasta la habitación donde solían disfrutar del té, se sentó donde habitualmente lo hacía mientras Rei buscaba la tetera y las hierbas pertinentes.
-"¿té verde o el de antes?"- preguntó llenando la tetera de agua
-"el de antes"- dijo simplemente, aún se encontraba algo irritado
-"ah, tu también te hiciste adicto a este té…"- sonrió, bastante relajado, la verdad es que toda la reunión y la idea de una prometida tan cariñosa le habían aliviado bastante.
El otro simplemente gruñó pensativo, mirando a la nada a lo que Kon simplemente suspiró algo hastiado, no importaba cómo; no había manera de tener una conversación normal que no fuese de trabajo –"sí, nuestras conversaciones son muy amenas y agradables…"- sirvió el té con desanimo, el ruso dejaba de mal humor a cualquiera –"no sé ni por qué te ofrecí acompañarme…"- dijo sirviendo leche en su taza.
-"ni yo…"- dijo antes de tomar un poco del líquido
-"eres tan malhumorado que contagias a las demás personas…no sé ni cómo me gus…"- se interrumpió a sí mismo y bebió un poco de su taza de té mirando en otra dirección.
Le miró mientras tomaba algo de té, de no saberlo antes ya hubiese escupido pero en cambio solo cerró los ojos esbozando una leve sonrisa que era ocultada por la taza, la colocó en la mesa –"vaya y yo que pensé que estabas de un humor excelente hoy"- dijo con algo de sorna
-"lo estaba…de no ser por ti"- dijo simplemente y evasivo –"no, no, estoy muy feliz de tener una prometida amable y de volverme mucho más poderoso que tu…"
-"yo no he hecho nada…"- dice desentendido tomando otro poco de té
-"es que olvide que tu petulancia sale natural…"- dijo despectivo y tomando otro poco de su taza
-"al igual que tu histeria…"- dijo Kai casi en un susurro
-"tu eres el culpable de que sea histérico!...años atrás llegaste a decir que era muy suave"- se quejó –"siempre eres tan inconformista y obstinado…"
-"y tú eres necio e histérico"- dijo de nuevo en un tono neutral de voz
-"quizás lo sea pero al menos no juego con los sentimientos de las personas y los piso…tienes la cabeza muy retorcida…"-
-"quizás sea histérico pero al menos no juego ni piso a las personas para sentirme importante…"- replicó –"espero seas muy adinerado en tu futuro Hiwatari porque dudo que de otra forma consigas a alguien que pueda soportar tu mal genio…"
-"si no me soportas es tu problema, si tengo que pisotear a alguien no te interesa, no necesito tus sermones ni tampoco necesito dinero para obtener mis metas"- dijo ya molesto, terminando su taza de té y poniéndose de pie
-"me interesa si la persona a la que pisas soy yo… tú no eres nadie sobre mí para hacerme sentir menos…"
-"si te sientes así es porque eres débil"- se dirigió a la puerta- "gracias por el té…"
-"hay cosas que no conseguirás con el dinero, créeme…"- dijo mientras le observaba salir para luego mirar el contenido de su taza de té, bebiéndola lentamente y cerrando sus ojos.
-"mmngg…nngh…" – Los cabellos de Rei le acariciaban el torso con suavidad mientras sus labios se encontraban ocupados atendiendo su miembro. Su cuerpo se arqueó y tensó cada uno de sus músculos en una descarga eléctrica que le hizo derramar su semilla en la boca del otro, gimió y su cabeza cayó lánguidamente hacia delante y sus dedos se enredaron en las finas hebras que caían hasta el suelo.
Rei le miraba con dulzura, con su cabeza apoyada en su regazo, abrazaba sus piernas y se encontraba de rodillas en el suelo, limpió sus labios con el dorso de su mano y luego abrazó con fuerza el regazo del de cabellos color humo –"Kai…me da tanto miedo que me dejes…" –susurró finalmente en tono suave.
El ruso no respondió nada pues estaba buscando regular su aliento, Rei continuó, esta vez levantándose lentamente mientras llenaba de besos su torso –"no sabría que hacer sin ti…Kai…"- susurró en voz queda, tomando sus manos para acariciarse a sí mismo el rostro y luego besó sus dedos con delicadeza –"tus manos son tan fuertes, Kai…" – las besó con vehemencia, desde los dedos hasta la palma y luego su muñeca y brazos –"y me siento tan protegido cuando estoy en tus brazos"
Los latidos del otro se regularon y esbozó una sonrisa arrogante al escuchar las suaves palabras mientras era ahora su pecho objetó de atención de tan tersos labios, se dedicó a simplemente envolver sus dedos con las finas hebras color noche, disfrutando los cuidados cual rey.
-"soy tan débil Kai…"- dijo abrazándole esta vez con delicadeza encontrándose recibido por los brazos del otro que descendieron lentamente por la ancha espalda hasta la delgada cintura, delineando los glúteos del chino y luego incursionándole con cuidado para invadir con un dedo la pequeña entrada, arrancando un gemido en el de ojos dorados.
-"Lo eres Rei, eres débil…"- susurró en su oído mas el otro no respondió simplemente gimió ampliamente y se abrazó más a él, Hiwatari le separó para que se incorporarse sobre su vientre mirándole con arrogancia e introduciendo esta vez un segundo y luego tercer dedo, deleitado al ver como el cuerpo de Rei se arqueaba ante sus ojos por la intromisión.
Cesaron los juegos y no tardó en levantar las caderas de Rei con sus manos y dirigir la punzante punta de su glande a la entrada, reclamándole lentamente y sintiendo como se estremecía del placer ante sus dedos, su miembro entró por completo y no tardo demasiado en oscilar sus caderas contra la delgada figura, extasiado.
-"¡estaré aaghn.…contigo… siempre Kai!"- gimió audiblemente al tiempo que apoyaba sus palmas en el pecho del otro y ayudaba con las fuertes embestidas que iban aumentando su velocidad con tal voracidad que sentía que su cuerpo sería roto en dos en cualquier momento.
Al derramar sus esencias e intercambiar fogosos besos Hiwatari volvió a caer dormido satisfecho, cada noche resultaba más placentera que la anterior.
Y quería que todo permaneciese así.
Durante todo el día siguiente la lluvia nunca cesó ni por un segundo y todo permaneció en total calma, en el desayuno el chino no le había dirigido palabra al de ojos rojos y sucedió lo mismo durante el almuerzo, no que al ruso le importara demasiado pero no podía evitar sentirse algo ansioso.
Sus negocios estaban sin contratiempos aunque preocupaba un poco el hecho de la decaída en los puertos chinos por los problemas con Inglaterra, refunfuñó y cerró sus ojos indignado en su carruaje, le parecía ridículo que china fuese tan grande consumidor de una droga al punto de empezar a perder su dignidad; las adicciones eran para los débiles.
El día continuaba transcurriendo y grandes chorros de agua caían de los desagües arrastrando hojas a su paso; así como su ansiedad iba arrastrando todos sus pensamientos, la tarde ya estaba sobre sus hombros y lo único que le importaba era tomar el té de hoja dorada.
Aún así lo consideraba razonable, le gustaba el sabor de la bebida y solo la había tomado durante dos días, debía tratarse de sobre entusiasmo por la novedad, el problema no era que le gustara si no que debía pedírselo al chino y dejar a un lado su orgullo, puesto que cuando intentó ordenar a los sirvientes que prepararan tal líquido explicaron que no sabían de qué hierbas se trataba, con ello su frustración e impaciencia crecían.
La lluvia continuaba cayendo mientras su cabeza se llenaba de cavilaciones, tan abstraído que no notó que Rei caminaba en dirección contraria a él. El chino se encontraba vistiendo solo con su pantalón con su torso cubierto por una ligera capa de sudor; probablemente se encontraba entrenando artes marciales ya que era una costumbre en su familia ser grandes comerciantes y guerreros.
Ello no importaba, Rei seguía su camino obviándole a pesar de que el ruso, una vez notó que él estaba cerca, le miró analíticamente y quedó helado al notar un hecho extraño: el cuerpo de Rei tenía pequeñas marcas rojizas en la piel, no cualquier clase de marcas si no idénticas a los mordiscos y besos que dejaba en su piel cuando soñaba con el chino. Negó con la cabeza, tal hecho era imposible ¿o estaba acaso equivocado? Por puro instinto su mano tomó el brazo del chino donde pudo observarlas con más detenimiento, eran iguales a las marcas de deseo donde reclamaba a Rei que era suyo.
-"¿dónde te hiciste eso?"- preguntó autoritario mirando al oriental mas no obtuvo una mirada esquiva ni un rostro asustado, solo la mirada de rabia e indignación del chino por haberle detenido en su camino.
-"no te interesa Hiwatari…"- replicó el chino soltando su agarre y continuando con su camino, a lo que Kai atinó simplemente a bufar enfadado y también seguir con el suyo, meditando que, probablemente el Rei de sus sueños no era falso después de todo aún así el comportamiento del chino era demasiado errático y extraño, en especial si gustaba de él.
Pensamientos le inundaban la cabeza pero prontamente fueron desplazados por la ansiedad ya olvidada, era la hora del té y no obtendría lo que deseaba o al menos eso creía hasta que un aroma muy familiar y agradable le inundó los sentidos, guiado por su instinto recorrió lentamente los pasillos hasta dar con el dulce origen; la habitación donde solía tomar el té con Rei.
La puerta estaba abierta y dentro se encontraba el oriental sirviendo el preciado líquido en las tazas de porcelana y quién al notar la presencia de alguien sonrió imperceptiblemente hasta encarar a su "inesperado" invitado. –"¿sí?"- preguntó con indiferencia llevando la pequeña taza a sus labios y bebiendo un poco –"¿qué quieres?"
Kai se sorprendió al darse cuenta de sus acciones y apenas realizar el hecho de que se había quedado prendando observándole, sacudió sus pensamientos y salió de allí con prisa, su orgullo era mucho más grande que sus deseos por el té. Al ver dicha reacción Rei se sorprendió un poco pero optó por levantarse y seguirle antes de que se perdiera al doblar el pasillo.
-"¡Kai!"- dijo llamándole con suavidad aunque audiblemente en un tono que evocó en los pensamientos de Kai las últimas tres noches, se detuvo casi en shock al escuchar esa voz haciendo eco en el pasillo y luego pasos acercándose hacia él, giró su rostro y notó a Rei detrás de sí.
-"¿qué pasa?, Parece que hubieses visto un fantasma…"- dijo, en su habitual tono neutro y cruzándose de brazos.
-"no es nada…"- respondió son simpleza algo mareado, quizás tanto té comenzaba a afectarle realmente.
-"¿quieres té o no?, solo te ofrezco porque hice demasiado y no quiero que un té tan caro se desperdicie…"- dijo caminando dentro de la habitación nuevamente obviando toda la última escena, ¿había sido realmente la imaginación de Kai ese tono tan suplicante y sensual?.
Cuando menos se había dado cuenta tenía de cuenta nueva la bebida dorada frente a sus ojos la cual comenzó a beber en silencio mientras el chino le imitaba, como siempre un silencio sepulcral e incómodo se formaba entre ambos mas ese no era el hecho que incomodaba al ruso en ese momento si no la extraña situación; las marcas en el cuerpo de Rei, las marcas, todo ello le envolvía por completo ignorando que el chino había terminado y recogía el juego de té y la tetera para luego hacer un ademán de despedida –"hasta la noche Kai…"- dijo retirándose sin decir nada más.
Kai casi escupe el contenido se boca al escucharle "¿hasta la noche?", se preguntó mentalmente y sus pensamientos y conciencia no ayudaron a remitir su angustia y desconfianza, algo muy extraño estaba pasando.
¿Qué clase de té era este?
-"¿no te preocupa Kai?"- susurró mientras besaba su vientre con cuidado y acariciaba sus fuertes brazos, torneando delicadamente la forma musculosa de estos. El cuerpo del ruso solo podía compararse a una estatua de un dios griego pues era increíble pensar que tal nivel de perfección existía en la tierra, Su cuerpo acariciaba al del otro en suaves roces que arrancaban suspiros de sus labios.
-"¿a qué te refieres?"- preguntó abriendo sus ojos y mirándole sin entender a que se refería, mientras sus dedos se enredaban en las finas hebras azabache y brindaban sutiles caricias.
-"Podríamos dejar de vernos si el té se acaba"- Respondió a lo que Kai parpadeó un par de veces para luego suspirar lánguidamente, hasta ese momento no había pensado en esa posibilidad pero tampoco le preocupaba demasiado por lo que sus manos viajaron a la delgada cintura para alzarle un poco y así tener alcance a la nívea piel de su cuello y comenzar a lamerlo como si se tratase del más exquisito banquete
"sería una lástima"-dijo en su oído al tiempo que dedos se paseaban dentro de los glúteos, localizando el objeto de su deseo no reparando el tiempo en invadirlo con uno de sus dedos comenzando a buscar más espacio para lo que vendría prontamente.
-"ah …Kai…"-gimió su nombre ciñéndose mal otro cuerpo ocultando su rostro en su cuello buscando regular su agitada respiración –"no quiero que me dejes…"- dijo proporcionando una gentil caricia con su nariz para luego besar con delicadeza sus mejillas
-"no lo haré…"- afirmó con simpleza usando su mano libre para desviar el rostro de el de ojos dorados y así atrapar sus labios en un apasionado beso dejando su lengua abrirse paso sin problema mientras terminaba el jugueteo con sus dedos en la pequeña entrada para remplazarlos con su ansiosa virilidad.
Le deseaba con locura y con cada impetuosa embestida afirmaba ese hecho en sus pensamientos, no abandonaría tal sueño tan fácilmente.
