he recucitado! -baila triller- ¡y ahora seguiré con los fics para ustedes!

Como siempre todo mi cariño y comprensión va para la hermosísima Nodita que me ayuda con todas mis demenciales ideas 8D y que creó a este "maravilloso" personaje de Kai: malvado, frio egocentrico y sin corazón ¡a pesar de los dolores de cabeza amo esta pareja =w=

Esta historia tenía (o tengo, dependiendo de si consigo darle un buen desarrollo) planeado dejarla abandonada (al menos participo a los lectores en caso de que hayan sorpresas 8D), pero Renne ha insistido mucho y la verdad, espero que como ella...hayan otros que quizás, la disfruten... así que logre hacer acopio para escribir.

¡pero que sepan que es un dolor de cabeza escribir esto! XD

Esta parte de la historia ocurre 3 años despúes, una vez acabada la primera guerra de opio, el fic contiene errores históricos pero la escritora es mensa y hace lo que puede para que no se noten tanto.

Ya saben, Beyblade no me pertenece o sería un yaoi con mucho lemmon... :P


Alharma

Era una noche de Agosto y sus ojos escudriñaban nerviosos todo el elegante recinto con sus manos que se encontraban anudadas dentro de su traje y sus pies temblorosos se paseaban de un lado a otro en la habitación, refunfuñando en su idioma natal, la puerta se abrió finalmente y la persona que estaba esperando regresó con un papel en sus manos.

Avanzó con cuidado hasta él para extender sus delgados dedos hasta la carta y leerla, el otro no dijo nada simplemente le observó en silencio, mas era difícil precisar si estaba en una posición comprensiva o más bien devastada y tensa.

-"¿soy un extranjero en mi propia tierra?"- preguntó luego de leerla y mirándole a los ojos.

El de ojos rojos desvió el rostro casi con hastío –"Es lo que establece el tratado de Nankín, Kon" – se sentó en uno de sus mullidos sofás e hizo un ademán para que el otro le sirviese un poco de Vodka, quien obedeció en silencio–"no hagas preguntas estúpidas"

-"… ¿qué hay de mi familia?"- preguntó insistente luego de servir la bebida y entregarla en sus manos, sin dejar de observarle por un segundo con sus ojos dorados llenos de expectación, sentía su corazón salir por su boca.

-"eso es otra pregunta estúpida…"- dijo para luego tomar todo de un sorbo la bebida, aunque impasible para el de ojos dorados era más que obvio que se encontraba sumamente perturbado ¿estaba realmente perdiendo el control de la situación?

-"el tratado es absurdo, si siguen comercializando opio es solo beneficioso para los ingleses y no para china…" – continuó, entre indignado y enojado ¡él era oriundo de Hong Kong y ahora ese lugar era de los ingleses! Por un lado un nacionalismo absurdo bullía en su interior y por el otro tenía un leve dejo de esperanza de que fuera libre.

-"Kon…"- intentó decir el de cabellos humo a ver si se callaba por un maldito segundo, masajeándose las sienes, el aludido simplemente suspiró y llevo sus largos dedos a los fuertes hombros del ruso, comenzando a masajear con cuidado, consiguiendo que se relajase un poco, sus dedos fueron hasta la mano que sostenía el pequeño vaso de vodka para quitarlo y dejarlo sobre una mesa cercana, inclinando su rostro sus labios viajaron hasta su cuello –"¿quieres relajarte, Kai?"- susurró dulce en su oído para luego recorrerlo con su lengua

Los ojos de Kai se abrieron para mirarle con atención y sonreír un poco con deleite, sostuvo su cintura y le atrajo hacía sí, sentándolo en su regazo y abriendo paso entre los botones de su Qi Pao blanco con bordados en dorado, suspiró al observar la fina piel y sentir su suave tacto: ese hermoso sirviente le pertenecía desde hace tres años a cambio de proteger a la familia china Kon y ahora, con los ingleses vigilando de cerca todos los negocios comerciales sería realmente un problema mantener todo eso.

Si algo salía mal perdería lo que tenía y Hiwatari no era alguien que le gustara perder en lo absoluto, le miró de reojo luego de besar con cuidado uno de los pezones y mordisquearlo con parsimonia, El chino ladeaba su rostro y suspiraba ¿lo estaba disfrutando? ¿O fingía como siempre?, jamás podía saber cuando decía la verdad, si quiera sus lágrimas eran verdaderas luego de estar cada noche con él durante esos últimos años.

Sus dedos viajaron hasta su pecho y de allí ascendieron al cuello, una leve amenaza disfrazada de caricia sensual.

-"No vas a irte Kon…" –siseó enojado sobre el rostro del otro, haciendo chocar su aliento contra la mejilla de porcelana, los ojos dorados le miraron de reojo y no profirió palabra alguna lo que hizo enojar al ruso quien comenzó a ahorcarle con lentitud, sintiendo como el cuerpo encima suyo se tensaba del dolor; amaba cuando eso sucedía, su cerebro segregaba tanta adrenalina como si se estuviese en el más placentero clímax –"prefiero verte muerto antes de eso…"

Rei cerró los ojos y aún continuaba inmóvil, sin siquiera molestarse en detenerlo.

-"¿me oyes?"- susurró sobre sus labios y los reclamó en un beso posesivo que no obtuvo respuesta –"eres mío…"

Los ojos de Rei se entreabrieron un poco y una tenue sonrisa se formó entre sus labios –"…Kai…"- susurró entrecortado– "si realmente fuese tuyo no tendrías tanto miedo de perderme…"- comentó con suavidad, consiguiendo que el ruso quedara inmóvil por unos segundos, era curioso que no tuviese ni un poco de miedo a la muerte ¡por qué lo mataría si eso quisiese!

-"es ridículo lo que dices, Kon"- preguntó mirándole a los ojos –"podría matarte si quisiera"

-"morí hace tres años…"- sonrió ampliamente y sus dedos viajaron por las mejillas pálidas del ruso para luego incorporarse también, valiéndose de su consternación –"puedes matarme"

Chasqueó la lengua molesto y se levantó con pesadez para luego caminar fuera de la habitación, realmente sus ánimos se habían apagado con tal comentario, tiró la puerta de golpe y recorrió los pasillos en silencio y algo enojado; ¿por qué le había molestado tal comentario? ¿Es que Kon era imbécil y ahora quería morir?

En todo momento se mostraba dulce y complaciente con él, justo como ese sueño hace tres años y muy pocas veces apreciaba su verdadero carácter: frío, reservado y manipulador, que al parecer los demás sirvientes eran los únicos que tenían el "placer" de ver. Rei se encargaba de dirigirlos manteniendo la mansión Hiwatari en el perfecto orden que tanto amaba su dueño.

Habían sido sus deseos que actuara de esa forma, de hecho, odiaba cuando era diferente (o más bien el mismo) aunque no podía evitar que un sabor algo amargo se le acumulase en los labios. Intentaba no darle importancia pero siempre había una noche donde explotaba en rabia y tenía deseos de literalmente matar al de ojos dorados, nunca hacía tal cosa pero tenía un bonito sótano con cadenas y látigos reservados solo para el chino donde, por supuesto, era imposible que este fingiera ante tanto dolor.

Se acostó en su cama con las manos apoyada detrás de su cabeza, sopesando si debía llamar al chino porque en realidad ya se había acostumbrado a estar cada noche con él. Bufó y se dio la vuelta, aún pensativo con la idea de por qué le molestaba que el chino fingiese.

Bueno, en realidad recordando Rei no siempre fue de esa forma, ni siquiera aniñado como cuando se le declaró. Pero tenía una memoria vívida de que aquella persona que conoció en su infancia le desagradaba o algo así.

Cerró sus ojos, intentando conciliar el sueño, tenía que.


El sol se colaba lentamente entre los árboles, dejando su calor invadir su rostro y colorear su nariz en un hermoso tono rosa, si extendía sus manos sentía que podía tocar las nubes más allá de las ramas del nogal, sonrió un poco ante la idea de volar.

Parpadeó sorprendido al notar algo rojizo enredarse en el árbol, parecía una cometa en forma de pájaro, roja con detalles dorados lo que le daba la apariencia de ser un ave fénix, se levantó del césped y buscó al dueño: justo como pensaba caminaba en esa dirección.

-"¡Kai!"- le notó acercarse con el carrete en sus manos infantiles y cara de pocos amigos, al parecer quería presumirle su nueva cometa y ahora estaba enredada en el árbol.

-"es tu culpa…por estar allí echado…"- se enfurruñó y cruzó de brazos, sentándose en el césped y dedicándose a no mirarle si quiera, con su piel rosada del coraje.

-"es bueno verte…"- rió Rei dándole un abrazo cálido a su amigo, hacía un año desde que no se veían y aplicándole tanta fuerza que ambos fueron a dar contra el mullido pasto

-"Rei, pesas…"- se quejó el pequeño ruso y desde ese ángulo pudo notar la cometa enredada, entristeciéndose un poco –"te pasa por comer tantos bollos de carne…"

-"¡por comer bollos de carne es que soy más alto!"- se levantó el chino y sonrió orgulloso de su altura y es que a sus siete años era más alto que Kai, quien descendía de una estirpe de gigantes para él. Rió y extendió su mano para ayudarle a levantarse –"iré a buscar tu cometa…"

Luego de sacudir un poco su ropa y frotar sus manos con prisa, dio un salto a la primera rama del árbol, empezando a trepar el venerable nogal que le cubría de los rayos del sol. Los ojos rojos le seguían con admiración y preocupación pero con su semblante de señorito enojado siempre lo disimulaba.

-"más a tu derecha…tonto"- se quejó mientras el chino hacía su mejor esfuerzo para estirarse y tomar el juguete enredado y quien al escuchar aquello le miró de reojo algo irritado.

-"si te quejas ni pienses que seguiré intentando sacarla"- comentó sacando su lengua al ruso y luego estirándose otro poco y tomándola, sonriendo triunfante para buscar desenredar el hilo entre las hojas y así extenderla hasta su dueño –"te dije que la buscaría…"

-"hmph…"- dijo luego de tomarla, mirando en otra dirección, poco ignoraba que esa frase se le haría tal habitual al crecer –"…yo no te lo pedí"-
-"¡entonces! ¡Me la quedo!"- sonrió el chino quitándosela de un movimiento con las manos justo después de haber descendido del árbol con gracia y agilidad que al parecer solo él poseía en toda su familia. Rió un poco y observó el fénix con cuidado; papeles brillantes reflejaban la luz y la cola parecía estar hecha con retazos de seda dorada, pero antes de seguirla observándola Kai le había empujado un poco para tomarla de vuelta.

-"siempre eres tan egoísta Kai…"- se quejó el chino, levantándose luego de haber caído al suelo por ese empujón y sacudiendo sus ropas blancas; o grises por tanta tierra y ramitas.
-"tu tienes a Drigger…"- repuso el ruso sin mirarle, sosteniendo la cometa entre sus manos, Drigger era un tigre de madera tallado y pintado que el chino adoraba y solía jugar con este todo el tiempo.
-"tu cometa es más linda…"
Kai negó con la cabeza –"tu tigre no se enreda en los árboles"

Rei rió un poco –"¡bien, cambiemos!"

Kai le miró confundido
-"sí, sí, yo te daré a Drigger y tu tú cometa…"
-"Dranzer…"- le corrigió, diciéndole el nombre de la cometa
-"bien, ¡Dranzer!"-sonrió el chino y extendió su mano –"es un trato"
-"…no me lo devolverás…"- dijo dudoso el ruso, mirando la mano extendida del chino
-"tonto, claro que lo haré… ¿somos amigos o no?"
El ruso sonrió un poco y asintió, tomando su mano y dando un apretón digno de dos caballeros atrapados en cuerpos infantiles, rieron un poco.

Eran amigos, era natural que confiaran el uno del otro.


La mansión Kon se le hacía tétrica y estaba seguro que nada tenía que ver con la enorme cantidad de soldados ingleses rodeando la ciudad o el leve olor a pólvora y porqué no, a opio, en el ambiente. De la mansión sus ojos fueron a Rei quien caminaba a su lado impasible, con sus manos ocultas dentro de las mangas de su qi pao, no pudo más que a atinar a cerrar los puños y maldecir por lo bajo, entrarían a esa mansión y al comprobar que toda la familia: su padre y cinco hermanas, estuviesen en perfectas condiciones el trato se rompería.

Los portones se abrieron y algunos sirvientes les recibieron, aunque comparado con la ostentosidad de antes el ambiente se le hacía algo sencillo y humilde, buena señal para Kai, aunque no era de extrañarse, desde la guerra no habían visitado ese lugar ¿y cómo podrían? Si a la leve amenaza de que un barco saliese los ingleses disparaban.

En la sala de descanso se encontraban las cinco hermanas del oriental que sonrieron ampliamente al verle y le abrazaron con cariño, a lo que Kai simplemente giró la vista, nunca tuvo hermanos, su padre murió a los trece años y su abuelo hacía un año y el ser huérfano no le molestaba en lo más mínimo, en realidad, encontraba ridículo el asunto de formar una familia.

Miró la enternecedora escena y no pudo evitar el bullir de su sangre, el oriental no estaba fingiendo al abrazar a sus hermanas, estaba feliz de regresar a casa y reunirse con ellas. Luego del saludo familiar, se dirigieron respetuosas a Kai y luego se dedicaron a buscar a su padre y servir el té para dejar que los hombres conversaran en una agradable velada, al menos para los Kon.

Kai tenía la esperanza de que el padre de Kon hablase de lo terrible que eran los impuestos de los ingleses y las repercusiones a su familia pero en lugar de eso la conversación se redujo a una simple y "maravillosa" noticia.

-"Mei se casará con Brooklyn Masefield, es un hombre inglés muy importante, es uno de los principales dueños de British East India Company"

Tanto Hiwatari como Kon alzaron una ceja escépticos, y es que resultaba algo irónico de que Mei, la hermana menor del oriental de quince años apenas, fuese a casarse con alguien que tenía que ver con la compañía que introdujo el opio en China en primer lugar.

Aquello significa tanto buenas como malas noticias para Kon, por un lado estaba feliz de que Mei se casara y que su familia ganase posición por aquello, por otra parte odiaba a los ingleses con todo su ser, mientras que eran terribles noticias para Kai, porque al entrar Masefield en esa familia sus negocios con los Kon podrían quedar anulados al ser ellos tan poderosos.

Rei en lo menos que pensaba era en Kai y el trato, tener de cuñado un inglés no hacía más que desagradarle.

Todos en la estancia estaban en silencio, en una creciente tensión e incomodidad que solo ayudaba a ponerles nerviosos. Maldecían por sus adentros, ¿como un matrimonio podía causar tantos problemas?

Kai entonces se dio cuenta de algo y paseó sus orbes escarlatas hasta el final de la habitación, donde se sentaban las hermanas del oriental cercanas a su padre. Eran cinco jovencitas muy hermosas, por no decir muy parecidas a su hermano. Si se casaba con una de ellas no solo seguiría viendo a Rei si no que, aseguraría su posición como comerciante porque prácticamente se volvería en un socio de la British East India company no que lo necesitara pero la idea de ser más rico era hermosa, casi poética.

Las escudriñó en silencio, valiéndose de que Rei discutía con su padre con respecto a la unión de su hermana con un inglés, los causantes de la guerra que apenas había terminado hace un mes dejando a Hong Kong como un puerto extranjero a pesar de estar en China.

La mayor, Shan, era altiva y sensual por no decir que rayaba en lo salvaje y mientras Rei estuvo lejos se encargo de dirigir la familia incluso mejor que un hombre, no, odiaba que le desafiaran es por eso que Rei actuando sumiso era simplemente perfecto, una mujer así no haría más que molestarle. La segunda, Song, estaba comprometida ya con un reportero europeo que estuvo en china durante la guerra o al menos eso pudo escuchar en la brevedad que había saludado a Rei, una lástima, sus platillos eran casi tan deliciosos como los de su hermano y no habría sido terrible tenerla de esposa. La tercera, Zhu, siempre estaba leyendo y permanecía algo retraída, aunque bien sabía que era algo infantil y rencorosa; de niña le había dicho que era fea y al parecer ella nunca logro perdonárselo, sería un dolor de cabeza pelear con ella con todos los días. Lo que dejaba a la cuarta, Huan.

De figura delgada y con pocas curvas y mirada tranquila rayando a veces en lo apático, no era la mejor cocinera como Song, ni la más talentosa tocando un instrumento como Mei, ni tan ávida del conocimiento, ni habilidosa como para dirigir un negocio, ¿qué hacía?, estar callada y eso era lo que le interesaba a Kai en ese instante.

-"no deberías interponerte si tu padre quiere casar a una de tus hermanas…"- comentó Kai, políticamente luego de dedicar una mirada rápida a Huan, quien al parecer notó sus ojos sobre ella casi de inmediato.

Rei alzó una ceja algo enojado mas el señor Kon sonrió complacido y agradeció aquello.

-"Señor Kon, sabe que le considero como un padre…"

Aquí vamos, Rei abrió los dos ojos como plato: Kai no consideraba a nadie su familia pero su padre al parecer no se había dado por enterado de aquello y sonrió ampliamente y dijo lo que Rei no quería escuchar:

-"sabes que tu eres como un hijo para mi, Joven Kai"

¿y este circo a que se debía?

-"es por eso que desde la muerte de mi abuelo he pensado en consolidar nuestros lazos"

Rei sentía que iba a vomitar a medida que la conversación seguía…
-"me gustaría pedir la mano de Huan en matrimonio…"

Rei cerró los puños e intentó pensar ¿debería armar un escándalo y decirle a Kai que era un mal nacido?, no, su padre le tenía demasiado respeto porque "de manera benevolente" Kai los había ayudado durante la guerra ¡qué inocente era de toda la situación!. Refunfuñó, si decía algo revelaría que él y Kai no se encargaron precisamente de negocios durante su estancia en Rusia y se deshonraría a sí mismo.

Durante su silencio todo se había concretado, Kai tenía suficiente dinero para simular una dote y el anillo no fue problema, al ser tan adinerado las joyas no les faltaban, todo encajaba tan bien que su padre no notaba la trampa.

Miró a su hermana, con la esperanza de que se quejara de aquello, pero Huan simplemente había atinado a alzar una ceja y mirarlos a ambos.

-"estoy…más que sorprendida"- dijo en realidad luego de sopesar, dejando a un derrotado a Rei suspirar cansado, mientras que Kai sonreía: le gustaba la idea de una mujer de pocas palabras y más aún le gustaba la idea de no dejar de ver a Rei tan fácilmente.

No supo en qué momento la noche había caído sobre las paredes de la mansión y se vio a sí mismo descansando en el mismo lecho que hacía tres años fue escena de los sueños o más bien, la fantasía creada por Rei. Suspiró y encontró irónico que esa noche no lo tendría con él pero ya pronto pensaría como manipularle de nuevo, solo necesitaba dormir.


Dorado, escarlata y tonos en jade rodeaban las calles; fuegos artificiales, dragones andantes y pagodas creaban un ambiente de sueños ante sus ojos, la verdad es que encontraba el asunto un poco aterrador, había demasiada energía y movimiento ante sus ojos y aún no se acostumbraba a recorrer las calles de Hong Kong sin compañía de un adulto pero tenía que acostumbrarse ¡ya tenía nueve años era todo un señorito y tenía que hacer honor a los Hiwatari!. Sintió que le hablaban su muñeca y se giró a ver a los ojos dorados que se confundían con las luces de las bengalas en el festival –"¿tienes miedo, Kai cobarde?" –Sonrió juguetón –"ya eres más alto que yo y tienes miedo"

-"no tengo miedo…"-se libró de su agarre con brusquedad y miró en otra dirección, frunciendo el ceño –"tú en Moscú estabas peor…"
Rei se encogió de hombros –"Moscú me da miedo…pero este lugar es mágico…"- sonrió más y le haló de cuenta nueva a pesar de que el otro había rechazado su agarre –"¡además dije que te mostraría algo Kai! ¡Deja el miedo!"
-"¡seguro es algo de tus estúpidas hierbas!"- terció, de cuenta nueva y es que con los años Kai se volvía solo un poco más gruñón –"no iré, la ultima vez nos llenamos de fango y mi abuelo me dio una paliza…"
-"prometo que esta vez no…"- sonrió Rei halándole y guiándole por las calles de la ciudad, pasando entre las lámparas de seda y los vendedores de dulce, se detuvo solo para dedicar una sonrisa a la vendedora y conseguir, para sorpresa del pequeño ruso, dulces gratis para ambos y así lograr calmar sus preocupaciones.

-"¿cómo hiciste eso?"- preguntó, tomando el pequeño pastel de luna entre sus manos y dándole un mordisco, le gustaban los dulces, como a cualquier niño de su edad.
-"con sonreír, puedes obtener lo que quieras, ¿sabías?"- dijo el chino triunfante comiendo su premio por ser tan carismático
-"es mejor el miedo…"- comentó algo distraído recordando las palabras de su abuelo, aunque realmente le costaba creer que por miedo podía obtenerse todo lo que quisiese, el no asustaba ni siquiera a un perro callejero. Suspiró algo desanimado y se preguntaba si podía llegar a ser tan imponente como su padre y su abuelo y no un muchacho flacucho con mejillas demasiado rosadas.

Rei le notó distraído y cabizbajo así que simplemente sonrió palmeándole la cabeza –"¡ya eres más alto que yo Kai!"- rió un poco –"pronto necesitaré una escalera para hablarte…"
Kai parpadeó y frunció un poco el ceño mas que enojado, apenado por ese comentario, Rei siempre decía ese tipo de cosas sin sentido –"es imposible a menos que tu no crezcas además no necesitas estar a la misma altura que yo para hablarme"
-"tonto Kai…no tienes que ser tan lógico en todo…"- suspiró Rei y le haló de nuevo –"anda, vamos o se nos hará tarde…"

-"¿tarde para qué?"

-"el festival…"- corrieron hasta salir un poco del ajetreo de las calles hasta llegar a la falda de la montaña que arropaba Hong Kong, solo para tener una vista un poco más alta y privilegiada que muchos, justo a tiempo pues justo al subir a un árbol había comenzado el primer fuego artificial, seguido de otras muchas explosiones de color ante sus ojos.

Kai permanecía impasible, ya había visto fuegos artificiales antes y dudaba que el chino le hubiese llevado para eso mas antes de preguntarle un cometa alado en forma de ave se había precipitado al cielo en una estela de luz y fuego; era justo como un fénix, uno real.

Abrió sus ojos grandemente y lo siguió con atención como se precipitaba a la infinita oscuridad y estallaba en miles de luces doradas y rojas.

-"yo creo que tu eres como uno Kai…"- comentó Rei mirando los fuegos artificiales que siguieron a la hermosa explosión del fénix –"no importa lo mal que estén las cosas siempre consigues como renacer…"- rió ampliamente

Kai le miró con atención abriendo sus ojos como platos y luego desviando el rostro al sentirlo arder más que cualquier cosa, resopló, pero no dijo nada ya que una estúpida sonrisa estaba empeñada en curvar sus labios.

-"tonto Rei…"