Yada yada! XD aqui les traido otro capítulo que espero les agrade...ya saben cualquier sugerencia, amenaza de muerte o pregunta mandar un review :3
Como siempre el fic esta dedicado a Noda, porque es hermosa :D.
¡gracias por seguir leyendo hasta aqui!
Ya saben Beyblade no me pertenece...pero cuando conquiste el mundo seria mio -risa malvada-
~SEMILLAS DE LOTO~
-"llego Kai…"-escuchó detrás de él la voz de su hermana Shan, prácticamente empujando todo su prodigioso busto en su cara –"¿no vas a ir a lanzártele encima?"
Rei frunció el ceño y la miró, casi tirando su pincel de caligrafía a un lado –"¿por qué haría tal cosa, Shan?"
-"porque te gusta…es tan obvio…"- susurró sosteniendo el angelical rostro de su hermano que a sus trece años podrías confundirlo con una hermosa novia china –"quieres estar con él…juntos, abrazados…en"
-"¡rayos Shan! ¡En qué demonios piensas! ¡Tengo trece años!" –dijo, mirando a otro lado y empujando un poco la voluptuosa figura de su hermana
-"pero lo has pensado, eh, no mientas…"
-"lo he pensado…"- dijo sonrojado, mirando en otra dirección –"pero no con Kai, tonta…"- se levantó y caminó a la puerta pero antes de salir se giró a verla –"Kai es mi amigo, tonta libertina…"- y dicho esto se retiró de su habitación a recibirle.
Caminó por la mansión, entrenzando su cabello con prisa con su impecable cinta blanca, sus manos temblaban un poco y no es porque estuviese nervioso de recibir a Hiwatari (aunque las palabras de su hermana retumbaban en su cabeza ¡tonta libertina de Shan que solo pensaba en acostarse con quien se le cruzara! ¡El no sería así cuando crezca!) Si no porque las cartas que mantenía con él a lo largo de los años habían disminuido progresivamente y las respuestas eran por demás, desconcertantes: sentía que hablaba con un banquero ruso.
Siguiéndole el juego, Rei y Kai habían quedado bajo el absoluto juramento de que cada año buscarían hacer dinero eventualmente verían quien de los dos lograba reunir más. Cuál era el castigo para el perdedor de eso sí que no tenía idea.
No es que a Rei le importara el dinero, le valía diablos el dinero, la sociedad, los nobles, los militares, los mercaderes…lo que sea que se pintara. A él le gustaba la medicina y quería dedicarse a todo el estudio de la botánica, bastaba decir que era por demás bastante bueno: podía hacer tés para quitar dolores de cabeza o de panza por comerse demasiados bollos de arroz incluso ayudaba a desinfectar heridas de pequeños pichoncitos caídos y les ayudaba a volar después.
¡Seré botánico! Pensaba Rei con felicidad pero sus ideas menguaban progresivamente al no tener el apoyo necesario o más bien, ningún apoyo, si bien era orgulloso también odiaba hacer las cosas solo. Al final terminaba acompañando a su padre a aburridas reuniones sobre comercio, navíos y situaciones políticas entre Asia y Europa.
Kai, su mejor amigo, parecía estar en las mismas que su padre no entendía cómo antes podían jugar por horas y horas ¡y ahora se aburría como tronco! De hecho, quizás un tronco se divertía más: si tenía ardillas o nidos de pájaros o hasta helechos seguro que sus tardes serían más interesantes que las de él:
-"Kai…he comprado un barco chino"- dijo Rei acercándose por su espalda mientras el ruso permanecía leyendo un libro –"pase un mes armándole… las velas pueden plegarse incluso…"- sonrió con orgullo con la hermosa maqueta color caoba en sus manos intentando mostrársela al de cabellos humo –"probémosle en el estanque de lotos…"
-"déjalo…"- dijo Kai sin mirarle pues al parecer el libro de ensayos políticos con letras que ni podía entender: pues estaba en francés, era más interesante que el barco–"no tengo tiempo…"
Rei frunció el ceño y no entendía cómo es que teniendo trece años ya no tenía tiempo, siguió acercándose casi pegándole el barco en la cara: a Kai le gustaban los barcos y sabía que ese le gustaría por eso se pasó un mes armándolo.
-"¡déjalo ya Kon!"- dijo quitándose la maqueta de madera de encima –"¡tengo que acabar mi libro! ¡No me interesa tu estúpido barco!"
-"¡ni siquiera lo has visto! ¡Hiwatari! "- replicó el chino –"y en segunda no es ningún barco estúpido!" –seguía con la maqueta tomada por la popa y casi estrellaba contra el rostro de Kai.
-"¡que no me interesa!"- dicho esto, en un movimiento con su mano la hermosa maqueta había ido a dar contra el suelo, por supuesto destruyendo todas las hermosas velas, con mástiles incluidos, Rei se inclinó y lo tomó entre sus manos con la misma delicadeza de una madre cargando a su hijo
-"¡mira lo que hiciste!" –Chilló el chino pero el otro ni se inmutó, seguía leyendo
-"es tu culpa, además mejor que este roto, no tenemos tiempo para juegos infantiles, Kon… madura de una vez" – dijo y luego agregó, casi de forma automática y ojos apagados –"deberías quemarlo…"
Rei sopesó si él tenía razón más en su mente aún infantil no cabía tal posibilidad, bajó el rostro y salió de la habitación en silencio dedicándole antes una mirada de reojo. Quiso decirle algo pero no sabía qué así que al final atinó simplemente a suspirar y salir.
Llegó a su habitación y notó los muchos juguetes que tenía y se preguntó si a sus trece ya era momento de crecer: si pensaba en chicas pero las encontraba escandalosas, quizás culpa de sus hermanas y en realidad su libido estaba algo muerto y no le interesaba el dinero la sociedad, quizás Kai tenía razón y seguía siendo un niño.
Tomó una caja enorme y comenzó a guardar: de manera pulcra e impecable todos sus juguetes pues aún los apreciaba demasiado como para simplemente tirarlos.
-"ge ge, ¿qué estás haciendo?"- escuchó una vocecita tras de él, se trataba de su hermana menor Huan que arrastraba toda la seda de su qipao, siempre desarreglada.
-"estoy recogiendo mis juguetes…"- dijo con una sonrisa triste y extendió su mano para que la chica la tomara y se acercara a él
-"¿Por qué?"- preguntó una vez se acercó a él y apoyó en su regazo, con expresión tranquila.
-"porque no puedo seguirlos teniendo…"
-"¿me los das?"- preguntó ella, mirándole –"quiero todos tus buques de guerra…y las espadas de madera…"- señaló –"y la armadura de papel…"
Rei miró su habitación nostálgico y con expresión contrariada –"te los doy…"- dijo asintiendo
-"¿por qué no puedes tenerlos?"- preguntó mirándole con sus ojos apagados pero perceptivos
-"porque tengo que crecer…"
-"¿por qué?"
-"porque ya a mi edad, hay que crecer…"
-"¿quién lo dice?"
Se desesperaba un poco por las preguntas de su hermanita pero dio unas palmaditas en su cabeza y le sonrió –"el mundo…"
-"¿y qué más da el mundo?"
Rei debía ordenar su cabeza, realmente el mundo le daba igual y qué si decían que era un niño, lo que le dolía realmente era que Kai pensara de esa forma de él. –"hay alguien en el mundo que me importa…"- susurró sin pensar a lo que Huan asintió como si comprendiese perfectamente y abandonó el regazo de su hermano para ayudarle a guardar todos los juguetes.
-"eres ahora el hombre de la casa…"-dijo para darle ánimos: aunque era difícil de creer con esa expresión muerta, pero ya la entendía demasiado bien, en sus manos se llevaba una de las cajas una vez hubieron terminado.
Miró su habitación ahora y la encontró ridículamente vacía, se echó en su cama.
¿Estaría más cerca de su amigo ahora?
No recordaba en su vida haber estado tan agotado, esas últimas semanas toda su energía parecía haber sido drenada por una fuerza sobrenatural, Londres era aburrida e insípida tanto como Moscú o ¿era que quizás extrañaba China? Por supuesto el procuraba sonreír, ayudar con los negocios de los Masefield y por supuesto con la compañía que él ya mantenía, con una especie de sensación rara en la boca pues era Kai quien normalmente se ocupaba de semejantes cosas.
No es que le costara mentir y básicamente el hacía lo mismo de antes: sólo que en lugar de seguir a Kai servía a los Masefield como una especie de empleado con demasiado buen sueldo, sueldo que realmente no le interesaba, ver los 0 en un papel o un ábaco a su favor no le hacía feliz en lo absoluto de hecho siempre pensaba ¿si fuese inmensamente rico que compraría?
Al menos su esposa si sabía que comprar: vestidos, sombreros, zapatos y joyas y él se limitaba a decirle lo hermosa que se veía, bueno, realmente no la encontraba hermosa: que lo era, pero simplemente con tantas cosas encima todo el atractivo se escondía debajo de capas de maquillaje y perfume.
-"¡mi hermano quiere invitarnos a china, Rei!"- dijo cantarina corriendo hasta el escritorio de su querido esposo y colgándose en su brazo –"dice que desea vernos lo más pronto posible…¡le caes tan bien! ¡estoy tan feliz!"
Rei asintió con cuidado y la escuchó en silencio, él sabía porque le caía bien a Brooklyn Masefield, podía sentir su mirada desabotonando su qipao con cuidado, pues bien era conocedor de una mirada lujuriosa que reconocía en Kai todas las noches. Le sonrió a su esposa para apartar sus pensamientos y dio un beso:
-"¿tu quieres ir a China, no tenemos mucho trabajo aquí?"
-"¡qué dices, tontito!, deja que los empleados de la compañía se encarguen de eso"- dijo ella con calma acariciando su rostro –"nosotros deberíamos ir a china y disfrutar de un delicioso té en la nueva mansión de mi hermano"
Rei se sintió amargo por dentro, primero porque no le gustaba delegar responsabilidades pero realmente odiaba trabajar en aquello y segundo porque era moralmente incorrecto disfrutar de algo mientras China estaba en esa crisis.
-"oh, gatito…tienes esa cara de nuevo…"- dijo ella tocando su nariz con su enguantado dedo –"Podemos invitar a tus hermanas también si quieres, estoy segura que les encantaría…"
Sonrió entre pesado y divertido –"no lo sé, ellas son muy peculiares…"
-"son rarísimas gatito, pero si son tu familia que más podría hacérsele…quizás pueda aconsejar a Zhu para que use algo más lindo, esos qipaos tan pálidos no les favorecen!"- y palmeó sus manos como si se le hubiese ocurrido una gran idea –"¡debería comprar un vestido si vamos a viajar en barco!"
No es que Rei hubiese dicho que sí pero suponía que no podía evitar la cuerda que acababa de soltar, su esposa le dio un beso rápido y se dedico a salir de la impecable oficina a seguir derrochando el dinero que ganaban gracias a la estupidez de los adictos del opio. Suspiró y acomodó en su asiento con pesadez mirando los papeles y sin darse cuenta comenzando a bocetar alguna hoja, quizás una planta.
¿Botánica eh?, quien diría que los sueños infantiles eran tan fútiles. La planta terminó convirtiéndose en un enorme rosal que cubría todas unas estadísticas pero poco le valía. Acababa de darse cuenta que había dejado un sueño y no estaba seguro si había sido para bien, de hecho estaba convencido de que no.
Se preguntaba porque tuvo tan poca persistencia en las cosas que quería, ¿qué fue más importante que cualquier sueño, idea, esperanza o anhelo?. Se detuvo en seco al manchar con una gota de tinta enorme el rosal y por supuesto al darse cuenta de la respuesta.
Era Kai.
La lluvia no cesaba ni por un segundo y solo atinaba a mirar por la ventana, ni leer podía, porque con la brisa la vela se apagaba y si cerraba todas las ventanas el calor le desesperaba, se cruzó de brazos y le notó entonces entrando a la habitación.
Con quince años ya para el Rei parecía haberse encogido ante sus ojos o es que él mágicamente creció demasiado, sus conversaciones además comenzaban a torcerse lentamente: el chino a su vista era demasiado infantil y él, al morir su padre hace apenas tres años tenía que concentrarse en otras cosas, su abuelo le había instruido de esa forma. Había que deshacerse de las cosas inútiles y dejar los juegos fútiles a un lado.
Rei avanzó con serenidad hasta él y se apoyó en la ventana, a su lado, lo que causó que el señorito Hiwatari se alejará un poco porque su aroma le era casi repulsivo: boscoso pero dulce y al tener el cabello suelo un solo movimiento liberaba tal fragancia.
-"no ha parado de llover…"
-"hmph…"
-"hagamos algo…"- le miró de reojo entornando sus ojos dorados y colocando su cabello detrás de sus orejas
-"no voy a hacer nada contigo…"
-"podríamos jugar ajedrez…"
-"eres malo y predecible…"- dijo Hiwatari haciendo un ademán intentando leer, en vano mas se sorprendió al ver la mano de Rei quitándole el libro
-"quedarás ciego…"- dijo cerrando el libro y se acomodó mejor en el asiento: o desacomodó a manera de ver de Hiwatari, pues el siempre era así descuidado y parecía enroscarse en los asientos como un gato –"Kai, creo que este año haré más dinero que tu…"- guiñó un ojo, divertido
Torció la vista e intentó ignorarle –"lo que digas Rei…"
Rei se desanimó por su expresión pero continuó –"hay unas plantas extrañas creciendo en la montaña que cubre la ciudad…" –empezó, por supuesto que Hiwatari le ignoraba pero Rei era demasiado testarudo y desde los trece había estado halando esa relación llamada amistad –"se utiliza para crear ciertos perfumes, a los nobles les gustan…. Y pagan mucho por recolectarlas…"
-"tus estúpidas hierbas no cuentan…"
-"si tu lo dices…"- dijo confianzudo y devolviéndole el libro –"puedes quedar ciego entonces ahora, porque cuando veas la cantidad que hice lo estarás de todas formas…"
Se levantó de su asiento y le miró con una sonrisa –"sabes, si quieres puedes acompañarme a recolectarlas mañana al amanecer…"- dijo y sin más se retiró no sin antes observarle desde el marco de la puerta no comprendiendo porque lo encontraba tan interesante. Negó con su cabeza y caminó a su habitación para acostarse en su cama.
Un escalofrío le recorrió al pensar en Kai por lo que tapó su rostro con una almohada intentando apagar sus pensamientos, si bien era un hombre alto, imponente y atractivo era su amigo, solo eso y él debía pensar en alguna chica. Se giró en su cama algo preocupado, ahora que lo pensaba no compartían mucho desde que eran niños, ¿podía seguirle llamando amigo?
No hondeó demasiado en aquello puesto que cayó dormido casi al instante.
Era una mañana bastante gris que amenazaba con llover todo el día, a pesar de que el sol ya debía asomar sus primeros rayos dorados no había ninguno y todo el ambiente parecía estar cubierto en niebla. Rei se aferraba a su chaqueta ante el inclemente frío y se sorprendió al divisar entre la niebla una figura conocida para él esperándole en la entrada de la mansión.
-"¡Kai!"- sonrió animado hasta darle alcance y sonreírle de oreja a oreja –"¿vas a acompañarme?"
-"sigo pensando que esto es una ridiculez…"- terció el mirando en otra dirección y preguntándose a sí mismo que hacía en ese lugar, debía de ser aburrimiento o mera curiosidad de saber si era posible que el chino ganase más dinero que él. Además que como pintaban las cosas probablemente hoy tampoco podría leer nada.
-"vamos Kai…no es como si estuvieses ocupado o con una chica…"- dijo caminando ahora acompañado por él, en dirección al pueblo y luego la montaña que acunaba Hong Kong.
-"hmph…"- Kai en realidad aquello le molestaba de sobremanera, quería ocuparse ya de todo lo referente a la compañía pero aún los mayores se negaban con qué "no estaba listo" y su abuelo insistía en que "aún no tenía la mirada de un Hiwatari", ¿y qué rayos le faltaba?, tan inmiscuido estaba en sus pensamientos que no notó cuando Rei había acercado un humeante pastelillo en su rostro, pues ya estaban en el pueblo.
-"lao po bing"- sonrió Rei explicándole el nombre del pastelillo, el cual Kai tomó y notando la mirada divertida del vendedor, lo que le hizo enojarse aun más de lo que ya estaba por su monólogo
–"¿qué tiene este pastelillo?"- preguntó a Rei dándole alcance –"si algo me pasa la pagarás caro, Kon"
-"nada"- dijo este, comiendo de lo más feliz uno de los muchos que había comprado.
-"al vendedor no le parecía nada…"- terció el ruso, aún sin comer nada, Rei alzó una ceja, tomó el pastelillo de Kai y rompió un pedazo, para luego soplar la humeante masa y llevársela a la boca
-"nada…ves…comí, no está envenenado…"- dijo el chino luego de tragar –"debe ser por la leyenda…"- caminó tranquilo, comprando algún que otro bocadillo para el viaje o el momento: vaya que Rei comía mucho.
-"¿qué cosa?"
-"sobre el pastelillo…decía que un vendedor se dedico a vender de esos pastelillos para poder comprar a su esposa que se había vendido como esclava para conseguir dinero para salvar a su padre enfermo…"- dijo Rei ahora entrando en la ladera de la montaña y aspirando feliz el olor a tierra húmeda
-"que historia tan ridícula…"- dijo Kai alzando una ceja y ahora comiendo y sin entender la gracia
-"Kai sin corazón…"- dijo Rei con calma atento al entorno boscoso en caso de encontrar alguna hierba medicinal o lo que originalmente iban a buscar –"El pastelillo reunió a los dos amantes, ¿ves? Eso significa"
Kai casi se atraganta con la masa hojaldrada y tenía deseos de matar a Kon, luego de vomitar claro está –"¿y se puede saber porqué me das algo así?"- preguntó casi furioso y con ganas de lanzarle el pastelillo en la cara
-"¿cómo que porqué?, ¡porque es delicioso!"- dijo el chino con rostro genuinamente ingenuo y alzando una ceja ¿qué rayos estaba pensando Kai? –"si no lo quieres yo me lo como…"
Kai intento calmar sus pensamientos, ¡ja!, menuda ridiculez él había pensado que Rei quería insinuársele con un pastelillo, pero obviamente así como él, no creía en supersticiones pues en primera eran los herederos de importantes compañías y en segunda eran dos hombres por lo que tenerle idea a un ridículo bollo de masa haría descender su coeficiente dos puntos. Dio cuatro grandes mordiscos y se lo acabó todo, aunque Rei aún continuaba mirándole extrañado.
Un suspiro de alivio hizo a Rei sonreír ampliamente, siempre creía que Kai había cambiado demasiado para su gusto pero en ese instante era el mismo tonto y obstinado ruso que conoció cuando niño. Extendió otro pastelillo –"¿otro?"
-"¿no tendrás algo menos dulce?"- preguntó alzando una ceja y caminando, Rei revisó en su bolso y le dio un bollo de semillas de loto, Kai asintió complacido y comió en silencio mientras le acompañaba.
Como por un hechizo el hielo se había roto y ambos ahora caminaban juntos en la montaña, conversando en todo momento.
