Tres capítulos publicados el mismo día :D estoy imparable! WOOT! XD jajajajaja.
Bueno, he trabajado arduamente en este fic ^_^espero pueda verse el final pronto.
~Goji~
Tardó al menos una hora en poder dar con su cochero porque la verdad nadie esperaba que él se retirara de una fiesta tan importante, sumado a eso a Masefield obviamente aquello no le había agradado en lo absoluto pero solo lo demostró con chistes de mal gusto cómo: "parece que Kon ha bebido demasiado…"- creando un hilarante escenario para los invitados, uno vergonzoso para Alice y uno de genuina preocupación a Huan.
Alice insistió en que la hermana del asiático se quedara con ella porque, obviamente la inglesa no quería regresar mucho menos por un vergonzoso esposo ebrio. Hiwatari no podía importarle menos la presencia de ella pero por apariencias y políticas debía llevarse a su "esposa".
-"tu ve…"- dijo Huan con calma mirándole, luego entrecerrando sus ojos –"arregla lo que hiciste"
Kai le devolvió la mirada despectiva, no tenía tiempo para esas tonterías –"¿arreglar qué?"
-"todo"- ella giró su rostro –"distraeré a Alice porque, sea lo que sea que tenga mi hermano ella no lo ayudará a mejorar, le reclamará por causarle vergüenza…"- caminó lejos de él –"y yo te dispararé con un fusil como sigues lastimando a mi hermano"
Iba a responderle pero recordó que una de las poquísimas aficiones de su "querida esposa" era tener mosquetes y fusiles (y armas blancas) que suponía eran de colección pero ante esa frase solo pudo pensar que todos estaban cargados. Chasqueó la lengua irritado, Huan era tan callada e inexpresiva como lo era de peligrosa.
Regresó al jardín donde le había dejado y cargó en sus brazos, hasta caminar a la carroza y sentarlo dentro. Subió también y cerró la puertecilla, cansado de que Kon le trajese tantos problemas, quería un buen trago de vodka después de esto. El vehículo empezó a andar a la señal del ruso y el sonido de los cascos chocando con la calle empedrada era lo único que podía escucharse en esos momentos.
-"sabes"- comenzó el chino, rompiendo el silencio –"deberíamos huir…"
Kai abrió los ojos como platos y le miró, abandonó su estoica pose y le encaró, algo dentro de sí le decía que era una idea tentadora pero su mente tomó el control –"sabes que lo que dices no es en serio"
-"huir, donde no hayan ingleses"- continuó –"ni compañías, donde nada importe"
Kai le escuchó, no era mala idea pero había que ser realistas, el tenía muchos asuntos que atender como para dejarlo todo –"es irrealista"
-"¿qué es real entonces?"
El ruso reviró la vista y bufó exasperado era como hablar con un enfermo mental –"esta plática no tiene sentido" –dijo y de nuevo se escuchó el sonido de los cascos y el vaivén de la carroza que causaba el cuerpo del chino se tambaleara.
-"creo…"- dijo tragando pesadamente al cabo de unos largos minutos–"que voy a vomitar…"
Kai dio un golpe a la madera apenas le escuchó y la carroza se detuvo de pronto, tanto que incluso chocó contra una de las paredes de esta, Kon dio contra el suelo pero se incorporó con torpeza y abrió la puertecilla para salir casi cayendo mandíbula abajo contra el empedrado, solo dio dos pasos antes de echar el estomago (y probablemente el opio) por la boca.
Esperó unos segundos antes de salir para acercarse y llevar, quizás reticente su mano hasta la espalda de este en una palmada, Rei se removió e instintivamente luego de sentir su estomago arder en bilis arrancó a llorar porque era los suficientemente consciente ahora de lo patética que resultaba la escena.
-"todo esto…"- hipeó inclinado en el suelo con lágrimas tan gruesas que ni siquiera podía ver –"es tu culpa…"
Pero Kai ni se inmutó simplemente le observó llorando y una frase de su abuelo "el amor te hace débil", se le vino a la cabeza –"no fui yo el que te hizo un nuevo adicto al opio"- si hubiese reparado en sus palabras se habría dado cuenta que utilizaba el mismo tono de su ancestro.
-"..¿Qué…clase de monstruo…eres?"- las manos de Rei temblaron cada palabra y sus ojos se abrieron en shock –"tu arreglaste mi matrimonio con ellos…"- susurró sintiendo deseos de vomitar nuevamente
-"soy el monstruo al que le pediste huir contigo…"
Rei abrió sus labios y le miró, más lagrimas se agolparon en su rostro –"no sé porqué sigo torturándome de esta forma…porqué estoy tras de ti"- dijo más para sí que para el ruso –"porqué insistes en torturarme"
-"estabas drogado, no sabías lo que decías…"- se atrevió a decir puesto que ahora le veía más cuerdo –"sabes que nunca te podrás alejar completamente"
Rei gimió pero esta vez del dolor puro y las lágrimas nublaron su visión una vez más –"desearía estar muerto"- hipeó entre sollozos y con torpeza intentó levantarse para alejarse de él.
-"no puedes caminar correctamente, deberías regresar a la carroza"- dijo observándole.
-"púdrete Hiwatari"- dijo con voz ronca y siguió caminando, el aludido simplemente le siguió.
-"sabes que no podrás llegar muy lejos en ese estado"
Rei se detuvo en seco y le miró –"¿qué no te das cuenta que no quiero estar cerca de ti?"- balbuceó y tragó bilis –"me lastimas, me humillas…cada palabra tuya, mata"- se limpió el rostro –"no recuerdo haber sido feliz desde hace cuatro años"- cubrió su rostro con sus manos –"siempre termino tras de ti, buscando que me mires, buscando agradarte pero solo me lastimas más…"
-"adelante Kon, quéjate de cómo tu vida apesta…"- aunque sus palabras no eran con mala intención, a Rei se le hacían despectivas y algo frías.
-"soy patético"- susurró mirándole y quitando sus dedos de su rostro –"esto es el resultado de haber aceptado ese trato"- asintió con lentitud –"tienes razón, no gano nada quejándome"- se giró e intentó continuar su camino, pero aún le seguían.
-"debiste haberte alejado desde el principio"- terció –"debiste, pero no lo hiciste"
-"¡porque te amo desde que tengo memoria!" –se giró con brusquedad e intentó empujarlo pero en su debilidad solo consiguió apoyar su cuerpo contra el de él –"lo único que quería era que me aceptarás"- lloró más –"que me buscaras…que me miraras con cariño"
-"sabías que eso no pasaría"- dijo viéndole apoyado en su regazo y por un segundo atinó a alzar sus manos para abrazarle pero por supuesto se detuvo –"pero insististe"
-"no insistiré más, por favor"- trastabilló nervioso separándose –"solo, déjame en paz" –susurró intentando caminar mas Kai le detuvo tomando su muñeca
-"sabes que aunque quieras algo así, lo que anhelas no podría ser"- miró en otra dirección –"nada puede volver a ser lo que era"- comentó distraído, para sí.
-"nunca ha sido nada"- comentó el chino mirándole, intentando zafar su mano –"lo he entendido de mala forma, déjame ir"
-"¿qué harías Rei, si ese "nada" fuese "algo"?- terció irónico –"sabes perfectamente que hay mucho en juego como para dejarlo todo por un bonito sueño".
-"¡yo no tengo nada en juego Hiwatari!"- chilló el chino, aun intentaba zafarse -"¡me vale un pimiento los ingleses, la compañía y el dinero! la última vez que hable con mis hermanas todas se han casado y las que no, tienen dinero suficiente...mi padre esta anciano ¡yo no tengo ya nada!"- zarandeó su mano con la fuerza que le permitía su cuerpo –"¡siempre quise dejarlo todo por un sueño y el no hacerlo no me ha generado nada gratificante!- le miró con ira –"¡no te estoy diciendo que vengas conmigo!"- y por la fuerza de sus movimientos dio contra el suelo al liberar su mano finalmente.
-"lo hiciste hace un rato"- dijo, observándole en el suelo y extendiendo su mano –"deja de ser obstinado y regresa a la carroza para que te lleve a casa…"
-"regresaré solo a casa, si voy a dejar de verte quiero que sea desde este instante"- dijo testarudo y buscando apoyo para ponerse de pie pero Kai volvió a detenerle, esta vez por los hombros y le obligó a verle.
-"¿por qué demonios eres tan desesperante?"- preguntó clavando su mirada en él y besándolo con cierta tosquedad mas se separo al poco tiempo: sus deseos por Rei no borraban el sabor a vomito.
Rei quedó paralizado mirando la expresión contraída de Kai por ese beso, entendiendo que realmente no fue el mejor momento y era raro ver a Kai siendo impulsivo. Sus labios quisieron curvarse en una sonrisa pero se contuvo y bajó la mirada simplemente -"¿terminaste?"- preguntó anudando sus dedos en su pecho, un beso no sería la aclaración a años de sufrimiento.
-"no"- dijo seco y lo miró –"te detesto, detesto todo de ti…"- inquirió molesto –"¿qué diablos quieres que haga Rei?"
-"¡yo también te detesto!"- replicó cerrando los puños y encarándole –"¿cómo preguntas eso? ¿Me amas? ¡No, entonces déjame de una vez!"
-"eso no importa, sabes que no voy a hacerlo"
Rei suspiró cansado y su espalda buscó apoyo en un muro mientras masajeaba sus parpados con cuidado–"si me detestas tanto porque no me dejas ir"- susurró ensimismado –"¿qué te hice Kai?"- le miró con ojos brillantes –"¿de verdad nunca vas a perdonarme por lo de la flor dorada?, por favor, solo quiero llegar a casa y agarrar algún barco o tren que me deje lejos de todos…"
-"porque no quiero hacerlo"- respondió a sus negativas y finalmente suspiró –"dejaré de seguirte si regresas a la carroza"
Los ojos de Rei le escudriñaron en la oscuridad brillando más que las débiles farolas, lágrimas corrieron por sus mejillas una última vez antes de cerrar los ojos y asentir al darse cuenta que ciertamente en ese estado no es que podría llegar muy lejos (para empezar ni sabía dónde estaba). Sin voltearse ni un minuto caminó con torpeza al vehículo y tomó asiento, seguido del ruso que hizo lo mismo y regresó a su postura estoica e hizo señal de continuar la marcha.
-"¿de verdad piensas irte?"- preguntó tratando de fingir indiferencia, el chino no se inmuto y solo asintió-"¿sabes al menos a dónde?"
Rei no contestó, si supiese obviamente que no le diría pero tampoco tenía idea de a dónde huir y por un momento los ojos escarlata le leyeron como un libro, frunció el ceño y chasqueó la lengua en desapruebo.
-"Eres un completo desastre, planeas irte y ni sabes que hacer"
-"simplemente quiero alejarme de todo"
-"no de todo" –terció –"quieres alejarte de mi específicamente"
-"la verdad, tampoco es que quiera ver a Masefield después de esto"
-"nadie quiere verle" –comentó con desprecio, consiguiendo una sonrisa cansada de Rei al ver su expresión; la expresión obstinada y de niño malcriado.
El chino apoyó su espalda en el mullido terciopelo y cerró sus ojos cansado, antes el vaivén de la carroza era demasiado agresivo pero ahora resultaba hipnótico -"quiero alejarme de todo…"- dijo, sonriendo sincero finalmente aunque sin abrir sus ojos–"como cuando era niño, nunca quise nada de esto…"
-"eras un niño…"- dijo mirándole pero no pudo decir ni una palabra más puesto que notó el rostro de Rei ladeado y relajado, obviamente estaba dormido, suspiró negando con la cabeza y se preguntó cómo es que siempre acababa en esa clase de situaciones con él.
Al llegar a su destino ni siquiera dejó a los sirvientes cargarle para depositarle en su cama, le observó unos últimos minutos y removió unos mechones de cabello del rostro del chino y sus labios se curvaron: Rei era tan hermoso como lo era de problemático (esa clase de escalas debían ser de familia).
Cuando reparó en su comportamiento frunció el ceño y se alejó cansado, por instinto revisó su reloj de bolsillo, todo ese trajín duró aproximadamente unas tres horas, cerró la tapa y observó el grabado dorado de espigas sobre la tapa.
Ahora que recordaba, Rei le había dado un reloj, ¿no es así? Negó con la cabeza, no era momento de recordar sobre su pasado en ese instante simplemente llegaría a casa para tomar un merecido descanso.
Rojo.
Todo a su alrededor estaba teñido de rojo, no podía respirar y el único sabor que conocía era el del hierro que calaba hasta su garganta haciéndole querer devolver su estomago y ahogarse. Su espalda estaba contra la madera fría y sentía cada uno de sus huesos destruido así que a pesar de tener la conciencia de querer huir no podía moverse.
Los golpeteos de un bastón avanzaron con parsimonia hasta cernir una sombra gigante y aterradora sobre la figura en el suelo, su abuelo estaba en frente de él mirándole con genuino desprecio, avanzó otro paso, clavando la punta del bastón en la mano enguantada izquierda de su víctima.
-"te quedarás allí en el suelo, donde los débiles pertenecen…"
Intentó hablar pero tenía sangre acumulada en su boca y solo consiguió un gagueo inentendible, por instinto su rostro buscó girarse pero al hacerlo el zapato lustroso del anciano le pisó el rostro, se arrepintió de la idea.
Lloró y su cuerpo tembló pero no logró quitárselo de encima.
-"¿qué es lo que te he enseñado, Kai?"- habló el anciano con calma sin ceder un milímetro al dolor al que le sometía.
-"…l..los..los…"- intentó hablar entre el llanto pero las palabras no procesaban en su mente, ni en ruso ni en chino, ni francés, ni inglés, ni ningún idioma conocido para él, el miedo le carcomía los huesos, su abuelo en un dejo de compasión cesó su tortura y le haló por el cuello de su camisa manchada de rojo.
Voltaire le arrastró por la madera del cuarto hasta dar con el espejo de pared y prácticamente estrellarle el cuerpo contra este –"mírate…" –ordenó pero el pequeño no consiguió moverse, lo que causó un golpe por parte del anciano al suelo con su bastón, rectificando –"¡mírate!"
Kai giró su rostro y obedeció para mirarse en el espejo, se consideraba un jovencito de doce años corriente pero su nariz prácticamente había desaparecido en un pozo rojo que llegaba hasta sus labios, su cuerpo delgado temblaba sin querer controlarse y sus pupilas estaban desorbitadas por el miedo. Ahora que lo pensaba con toda la sangre que tenía en la cara quizás podría desangrarse
-"te pareces a tu padre…"
Kai negó enérgicamente con la cabeza y cerró sus ojos como si el recuerdo de Ivan Hiwatari desapareciese de su cabeza, de cómo su abuelo le hizo caminar esa noche helada de Moscú a un posada de poca monta donde aparentemente su padre se reuniría con una mujer que amaba pero solo consiguió ser robado y asesinado y a pesar de las negativas de la policía Voltaire no solo le llevó si no que le mostró el cadáver.
Cadáver que no tenía nariz por un golpe certero en esta, cadáver que tenía un agujero en el cráneo como si hubiese sido perforado, sus labios torcidos y sin dientes y su ropa y bufanda siempre blancas e impecables manchadas de rojo.
-"esa mujer le tendió una trampa y tu padre fue muy estúpido para verla porqué…"
-"porque los Hiwatari no debemos confiar en nadie"-
Era el dialogo que había tenido con su abuelo en esa ocasión y que regresó a su cabeza al escucharle decir que aquello, volvió a mirarse en el espejo con genuino terror y se dio cuenta que tenía razón, no solo su parecido físico si no el lugar de las manchas rojas y con su expresión desfigurada le hacían ver como un muerto en vida. Negó enérgicamente con la cabeza
-"no quiero morir, abuelo…"- confesó con terror haciéndose un ovillo al lado del cristal, llorando, quizás era demasiado aún para la mente de un niño. El mayor de los Hiwatari no se movió ni un centímetro y profirió otro golpe con su bastón a la espalda del chiquillo, no solo rompiendo el espejo si no alejándolo de este.
-"¡entonces empieza por dejar de ser tan patético!"- gritó colérico y lo levantó del suelo –"¡los Hiwatari no lloran!"
Su cerebro por primera vez en la noche pareció funcionar porque las lágrimas se habían secado de sus pozos rojos o quizás acabado finalmente luego de tanto. El pequeño asintió con la cabeza y la expresión de Voltaire se suavizó –"Los Hiwatari…"
-"no debemos confiar en nadie…"- repitió forzándose a sí mismo de que sus labios no temblaran
-"Los Hiwatari no necesitamos"
-"ni amistades, ni amor…"- repitió como en trance
-"Porqué…"
-"porque el amor nos hace débiles y los débiles terminan muertos en la calle…"
Voltaire sonrió, quizás por primera vez en su vida –"lo que realmente es importante…"- dijo soltándole finalmente –"es el dinero y el poder…tenemos que deshacernos de todo lo demás…"
-"¿deshacernos?"- preguntó el pequeño, causando que la mirada del anciano se afilara y un escalofrío en el menor pero por esta ocasión se había salvado de un golpe, Voltaire simplemente apretó su hombro con su mano gigante
-"todo aquello que te haga sentir enfermo, débil…debes odiarlo, repudiarlo y destruirlo…"- sonrió entonces, mostrando sus afilado dientes –"quemarlo, eso es…"
Kai le miró sin entender demasiado pero no pudo preguntar puesto que era arrastrado hasta su habitación: el cuarto lleno de barcos de madera que el orgullosamente había construido, de cometas coloridas, un mosquete viejo y sin uso, una caja llena de cosas infantiles y cartas, todas de Rei.
Voltaire tomó la caja y la extendió al pecho de su nieto quien miró los objetos entre confundido y perplejo, abrió sus labios intentando replicar –"pero…"
Antes de terminar la frase otro golpe con el bastón había dado a su estomago haciéndole caer al suelo y dándole oportunidad al mayor de tomar las pertenencias y nuevamente el cuello de su camisa y precipitarse escalera abajo hasta el patio de la residencia. Teniendo a su pequeño espectador mirándole encendió una hoguera teniendo como combustible los recuerdos infantiles
El brazo de Kai se extendió queriendo alcanzar alguna de sus cosas pero solo ese hecho fue lo suficiente como para enfurecer a Voltaire quién le asió por el cuello –"todo lo que te hace débil tienes que tirarlo, ¿debería tirarte a ti también a la hoguera Kai?"- preguntó haciéndole encarar la fogata sintiendo un calor terrible a pesar del frío de una noche moscovita. Negó con la cabeza enérgicamente y su abuelo le soltó ahora hablando con calma:
-"trae los objetos restantes, quémalos todos"
Kai fue a toda velocidad hasta su habitación y con manos temblorosas tomó todos los modelos de barcos que cabían entre sus brazos, las cometas, desde la más pequeña hasta su favorita Dranzer, figuras de soldados de madera y un tigre: Drigger. Sopesó por un momento si debía quemar eso, pertenecía a Rei después de todo pero la voz de su abuelo le sacó de sus pensamientos –"¡Kai"- bramó desde abajo y su espina dorsal profirió un escalofrío que le paralizó, tomó a Drigger y bajó las escaleras para tirar todo.
Observar como todos los recuerdos de infancia se consumen con el fuego creó una imagen en Kai que jamás se olvidaría, no solo había tirado objetos en esa hoguera si no su vida misma a un fuego destructor llamado legado Hiwatari.
