Había una gruesa capa de nieve cubriendo lo que alguna vez fue una llanura de color esmeralda. Rei estaba aturullado dentro de su abrigo, no le gustaba el invierno en Europa; sentía pequeños cuchillos clavándose en su piel.
Sus ojos estaban fijos en la blancura del campo sintiendo un poco de miedo al vacío hasta que el repiqueteo de un bastón golpeando la madera le hizo volver la vista. Kai avanzaba hasta él despacio sin decir una palabra y clavando sus ojos escarlatas en el campo.
-"¿quejas Kon?"- dijo simplemente, pasado unos minutos
-"sabes que odio estar solo…"
-"¿quieres un gato?"- preguntó exhalando aire, agotado –"deberías comprar un caballo, por cierto…"
-"sabes que soy pésimo cabalgando y son un peligro…"- dijo Rei simplemente, mirándole de reojo, enfocando el grueso anillo de compromiso sobre su dedo anular–"…¿me extrañarás?"
Kai besó su mano –"siempre"- dijo simplemente dándole la espalda para entrar de nuevo en la residencia –"Kon, no quiero que llenes esta casa de gente"
-"¿no te gusta mi idea de convertirla en un hospital?"- preguntó Rei, abrazando su cuerpo ante el frío y mirando las paredes de madera –"tiene suficientes habitaciones…"
-"tus ideas son pésimas Kon"- dijo dando un golpe seco en la madera con el bastón. Su silueta era increíblemente similar al más viejo de los Hiwatari, Voltaire, al hacer eso –"es por eso que te quedas aquí, donde nada puede pasarte"- Kai buscó sus guantes sobre un buró –"¿entiendes? No quiero enfermos ni leprosos- es mi mansión…"
-"al menos uno? ¿Al menos, puedo dar consultas? He estudiado tanto estos últimos meses"- dijo casi en una súplica que no movió el corazón del Hiwatari –"la influencia de los Masefield no puede llegar a los campos franceses…"
-"eres un oriental en Francia, eres tan llamativo como las sedas que usas…"- siseó avanzando fuera de la mansión –"no"- dijo en un fuerte tono –"Dejé encargada a una criada para que se encargue de ti, Kon. Vendrá mañana por la mañana"
Rei ya no lo escuchaba, su negativa le había puesto de muy mal humor, en respuesta Kai suspiró: -"hablaremos de esto luego, cuando te de des cuenta que es lo mejor…"
Kai caminó a la salida y con ello Rei entornó la vista lentamente hasta suspirar también. Asintió con suavidad hasta caminar al marco de la puerta, observando a Kai avanzar hasta su carroza.
Rei tomó asiento dentro de la mansión, observando la caída de luz blanca desde los ventanales que cubrían la habitación en un tono gris. Jugueteó con sus manos mientras observaba sintiendo el aire abandonar sus pulmones ante aquella soledad- unos meses no era demasiado tiempo. Se repetía esas palabras una y otra vez.
Masefield se había encargado de presentar cargos en su contra por agresión, ya que Hong Kong era propiedad inglesa era considerado un criminal tanto en la isla como en Inglaterra. Kai no querría arriesgarse a tener a Rei cerca, pues Masefield se había encargado también de esparcir una jugosa cantidad de rumores que podían llevar a Kai a la horca. El debía quedarse allí, en el campo francés que limitaba con Alemania.
En su regazo descansaba la novela "Carmen" recién publicada y un regalo de Kai- el cual había hecho a regañadientes y puntuando "espero que estas ideas románticas mueran algún día". El libro estaba en francés original y tenía un poco de dificultad para leerlo, a veces pronunciaba las palabras en voz alta para poder comprenderlas, su terquedad no le permitía desistir de su lectura. Además, si había logrado memorizar miles de caracteres en su infancia, de seguro podría aprender francés por su cuenta.
Imaginaba con una sonrisa como presumiría con Kai su nuevo idioma, sería el cuarto en su vocabulario- aunque la verdad no podía escribir nada de ruso.
No podía permitirse estar deprimido, se esforzaría en mantener la mansión bien cuidado para cuando Kai regresara. El mantenerse ocupado haría que los meses pasaran con prisa, aunque no pudo evitar recordar cómo habían llegado a esto…
Al principio creía que se encontraban de maravilla en Rusia. Claro, debían evitar a la criada atrapándoles en alguna actitud extraña pero la mujer se marchaba cada tarde. Era callada y no hacía preguntas innecesarias, cosa que Kai agradecía inmensamente.
Las noches eran para ellos, donde tomaban apasionadamente. Kai envolvía a Rei en sus brazos al terminar cayendo dormido en un sueño placentero. Rei se acunaba en sus brazos casi ronroneando de felicidad. En ocasiones quería hablar con Kai, pues este trabajaba durante todo el día, pero luego del esfuerzo físico este normalmente caía dormido.
La naturaleza juguetona de Rei no le permitía estar así por mucho y una tarde se escabulló a la oficina de Kai…
-"¿qué estas leyendo?"- preguntó Rei asomando su cabeza por encima del hombro de Kai, besándole despacio. Kai se movió a un lado mirando a los alrededores, procurando que no hubiese nadie.
-"Kon, te he dicho que no salgas durante el día"- siseó.
-"la mansión está vacía Kai, Salima acaba de marcharse"
Kai suspiró –"Viajaremos a Francia pronto, prepara tu equipaje"
-"¿Francia? Pero apenas puedo hablar francés…"- murmuró contrariado echándose en uno de los sofás. Sus mejillas se inflaban con insolencia, quería hablar de los libros que estaba leyendo con Kai donde los protagonistas se profesaban amor eterno- como ellos. No quería recordar las cosas que debía aprender, en especial porque tenía bastantes problemas con el inglés, su acento era terrible.
-"no hay mejor momento que el ahora para aprender Kon"- dijo tranquilo, sentándose en su escritorio para responder la carta que leía anteriormente –"tengo una cena esta noche, permanece oculto"
Rei asintió débilmente –"¿no has tenido muchas cenas de negocios estos días? Normalmente odias las fiestas…"
Kai hizo una pausa, dejando caer sus hombros y mirándole en la oscuridad de la habitación. El sol comenzaba a ponerse en el horizonte, bañando la habitación de dorado –"Estoy buscando una futura esposa, Kon"- soltó simplemente, clavando sus orbes escarlatas en Rei. El chino no se movió.
-"¿tan…pronto?"- fue todo cuanto pudo decir cuando su corazón volvió a latir.
-"¿pronto? Tenemos veintidós años, Kon…"- dijo Kai abriendo los ojos como platos y negando con la cabeza –"debería tener un heredero para este entonces…"
-"sería lindo ver un pequeño Kai"- dijo extendiendo sus manos al aire, imaginando una mejillas regordetas.
-"no será lindo ver un pequeño Kai porque no estarás alrededor de mi heredero"- dijo sellando con el símbolo de los Hiwatari su carta –"por eso vamos a Francia…"
Rei se incorporó de golpe en el sofá, erguido como un gato –"¿me abandonarás en Francia?"
-"te dejaré a salvo en Francia"- dijo levantando la carta en el aire al comprobar que se había secado la cera. Rei quiso refutar, pero el sonido de alguien llamando a la puerta le detuvo. Kai le miró con reproche levantándose –"ahora ocúltate Kon, hablaremos de esto luego…"
Los ojos dorados de Rei parecían brillosos y para consolarlo Kai colocó una mano en su hombro, acariciando el cabello a nivel del cuello –"Sabes que esto es lo mejor…"- tomó su bastón para avanzar por el pasillo –"siempre tengo razón en estas cosas…"
Rei asintió despacio –"lo sé… tienes razón"- dijo levantándose y saliendo del estudio cabizbajo.
Quedó mirando fijamente un barril lleno de manzanas hasta escuchar las quejas en francés de una mujer con piel curtida por el sol. No supo que contestar exactamente hasta que extendió la palma de su mano con unas monedas.
La mujer tomó las monedas y guardó en el bolsillo de su delantal. Rei sin embargo quedó de pie esperando, pues no había forma que ese fuese el precio de unas manzanas y puede que tuviese la cabeza en las nubes en más de una ocasión, pero sabía de negocios. La mujer pareció darse cuenta y extendió otras monedas en cambio. Rei asintió murmurando un "gracias" en torpe francés.
Caminó por el empedrado de la calle principal, observando las casas rústicas con aire distraído mientras mordía una de las frutas. A sus espaldas escuchó el repiqueteo de pasos apresurados, Mathilda, su criada estaba intentando darle alcance.
-"Se…ñor, Rei…"- dijo jadeando –"no, huf, calle…¿esta bien?"
El ruso de la chica era rústico pero lo suficientemente bueno para que Rei le entendiese, el asintió con una sonrisa culpable. Se había escapado de su carcelera y le ofreció una manzana –"compré manzanas, quizás Kai venga mañana y le gusten"
Mathilda tomó una de las manzanas caminando a un lado de su maestro con aire distraído –"quizás…"-dijo mirando al cielo dando un mordisco luego de limpiar la manzana con su delantal.
-"han pasado más de seis meses, ¿no?"- dijo Rei mirando las copas de los árboles que comenzaban a teñirse en dorado.
-"toda una cosecha…"- puntuó ella jugando con los pliegues de su delantal mientras masticaba aún meditabunda –"siempre podemos hacer pastel de manzana"
Rei asintió en respuesta mirando las manzanas sobre su canasta. Tras una larga pausa cuyo sonido de fondo eran sus pasos sobre el camino de tierra y el sonido del río a la distancia, Rei agregó:
-"llegaste tarde hoy"
-"y usted escapo"- contratacó la chica de pronto dándole un rústico manotón muy típico de su carácter de erizo- pasaba de gentil a una bola de insultos para defenderse.
Rei no se inmuto, continuaba mirando el campo que se teñía en tonos sepia.
-"está enfermo…"
-"¿quién?"- preguntó Rei girando su rostro.
-"Mi amigo, Miguel. Esta enfermo"- dijo cabizbaja intentando formular en ruso una mejor explicación más no lo conseguía. Al poco tiempo se rindió y quedo en silencio.
Rei meditó por largo rato hasta finalmente preguntar: -"¿Cuáles son los síntomas? ¿puedes decírmelos?"
Mathilda hizo una pausa larga –"fiebre!" -dijo al recordar la palabra. Rei simplemente sonrió ante su gesto inocente.
-"puedo ayudar"- dijo Rei mirando el riachuelo en la distancia. Suponía que ayudar al amigo de su criada no sería un problema, además aún cumplía con las condiciones de Kai; no estaba llevando a nadie a la mansión.
Mathilda parpadeó confundida –"¿ayudar?"
-"Quizás pueda curarlo…"
