Girasol

-"Siempre estás debajo de este punto soleado"- sonrió el francés inhalando el delicioso aroma de su taza de té –"pareces una flor recibiendo luz"

Rei esbozó una sonrisa mirando sus notas. La verdad era que se había acostumbrado a estar junto a la ventana para ver la llegada de cualquier carroza, en caso de que Kai regresara de su viaje. Casi siempre en vano, pero los hábitos son difíciles de romper. –"y si soy una flor?"- preguntó quizás juguetón. No tenía intención de ser coqueto, pero, había pasado mucho tiempo solo.

-"lo eres, una flor en una vasija…"- Respondió él dando un sorbo a su taza –"una pena…"

Rei quedó en silencio unos segundos, sus ojos brillaron aún más bajo la luz del sol, como un cristal. –"¿una pena?"- preguntó en una voz apenas audible hasta que divisó por el rabillo del ojo una carroza aproximándose a la distancia.

Dio pasos apresurados, casi azorado hasta el marco de la puerta, envuelto en las sombras de la habitación más se detuvo, solo para girarse lentamente y preguntar: -"¿por qué es una pena?"

-"yo no cortaría una flor como tú"- dijo simplemente –"la plantaría en el jardín, tendría miles, miles"- agregó con aire soñador –"y las comería"

Rei rio bajando el rostro ligeramente, era una respuesta típica de Claude. Cuando dejó de reír relajó sus hombros negando levemente con la cabeza –"debo irme…- "hizo una reverencia con la cabeza –"atenderé tus heridas luego"

Rei se precipitó escaleras abajo para llegar hasta la entrada de la mansión mientras sentía el corazón salir por su boca. Habían pasado casi dos años desde la última vez que vio a Kai, a veces creía que el sabor de sus besos o el roce de sus ásperas manos se borraría de su memoria por completo para cuando el regresase… casi era el caso.

Todas las cosas que hizo durante ese tiempo comenzaron a apilarse en su cerebro una tras otra de manera descontrolada; ¿qué le explicaría a Kai? Se había sentido tan valiente y valioso cuando curó el amigo de Mathilda, luego terminó asistiendo el parto de su hermana, luego fue otro favor aquí y allá hasta convertirse en el médico de ese lugar a pesar de que Kai le pidió explícitamente no hacerlo.

Ahora tenía a un herido en su casa; Claude. En retrospectiva pudo haber pedido que lo trasladaran a su casa, una de las pocas mansiones del área, pero nunca tuvo el valor de pronunciar esas palabras. Le gustaba la compañía del hombre, era curioso y soñador, con su presencia apaciguaba la creciente soledad en la vida de Rei.

Quizás debía empezar con que Mathilda ahora era madre y estaba ocupada o que Kai no había dejado suficiente paga para ella al ausentarse dos años. Podría decir que estaba solo, que era natural simplemente conversar con alguien…

Se detuvo en el marco de la puerta observando la carroza negra de donde Kai descendía; se veía imponente, fuerte y elegante. Sus manos enguantadas sobresalían un poco debajo de su capa negra y sus ojos escarlata helaron la sangre de Kon.

-"Kai…"- dijo perdiendo fijando su mirada con la del otro, más no pudo sostenerla por más de dos segundos y su rostro se enfocó en sus zapatos. Kai avanzó con pasos calmados mientras dos sirvientes se encargaban de sus pertenencias. Hiwatari entró a la mansión solo para tomar la barbilla de Rei y poder observarlo, su mirada era fría:

-"¿quién es Kon? ¿con quien me engañaste?"- susurró sobre su oído y el sentir el aliento de Kai sobre su cuello envió un escalofrío sobre la espina dorsal de Rei. El chino pegó su cuerpo del muro mientras su corazón se aceleraba al aspirar el perfume de Kai, sus labios esperaron un beso…

-"¡yo no!..."- Rei pronunció suave, intentando refutar aquella acusación pero antes de poder explicarse sintió un bofetón en su mejilla que le hizo desviar el rostro.

-"….no importa, lo imaginaba. Es tu naturaleza voluble lo que te causa problemas…"- dijo alejándose mientras observaba la sala con interés; la decoración clásica se había tornado sencilla y llena de plantas y flores de todo tipo –"así que volviste mi casa un invernadero…"

Rei estaba demasiado paralizado para contestar esa pregunta, sus dedos temblorosos tocaban su mejilla. El rostro de Kon iba a deformarse con ira por la actitud de Kai hasta que:

-"um…¿señor Kon? Disculpe…bueno, es que…mi bebé…"

Kai y Rei giraron la vista y el esposo de Mathilda, Miguel, un muchacho adusto con cabello dorado se asomaba tímidamente por la puerta mirando los sirvientes pasar de un lado a otro con el equipaje.

Kai observó la escena con interés, desde el muchacho hasta Rei, cuyo rostro iba perdiendo agresividad progresivamente hasta llenarse de culpabilidad.

-"contestarle al hombre, Kon…"- dijo Kai dando un ligero toque en el suelo con su bastón –"luego me dirás todas las sorpresas…"

Rei temió por Claude en una de las habitaciones pero era demasiado tarde para decir algo: -"¿qué sucede, Miguel?"- preguntó el chino cabizbajo prestando su ayuda al hombre.

Otorgó un ungüento para el bebé de Mathilda y se precipitó hasta la habitación principal para evitar cualquier otra escena incómoda. Si tan solo se hubiese negado a asistir a otros, a tener a Claude en su mansión. ¿Qué era si quiera lo que le había detenido de echarlo?

-"seis meses de prisión!"- se quejó en francés el hombre alzando sus brazos. A pesar de tener una pierna rota no faltaba su energía. Su nombre era Claude y había sido traído a su residencia al haber caído de su caballo. Su sirviente, Barthez permanecía de pie inmovible en el marco de la puerta.

-"estará bien cuidado, joven maestro…"- fue todo cuanto dijo mientras Claude no dejaba de quejarse.

Rei no podía evitar suspirar con pena mientras enfocaba su vista a la ventana, añorando con ver una carroza acercándose entre las copas verduscas de los árboles. Finalmente, sus hombros cayeron resignados ante pensamientos más oscuros. Estaba de pie ante el marco de la puerta, oculto en sombras y observando al hombre quejándose con su sirviente. Una leve sonrisa curveó sus labios al enfocar sus facciones; le recordaba mucho a un conocido en Rusia; Bryan Kuznetsov, o el perro de Yuriy Ivanov como Kai solía llamarlo. A pesar de aquel apodo insultante Rei le recordaba con cariño, el era en cierta manera amable a pesar de su carácter tosco. Su corazón añoraba regresar a Rusia e irónicamente volver a la vida antes de visitar Hong Kong; después del tratado de Nankin todo en su vida se había venido abajo.

Escuchó más quejidos del francés así que su atención volvió al presente: -"¿siente dolor en algún lugar?"

-"en realidad, no siento nada. ¡Buen trabajo doctor!"- dijo Claude parpadeando mirando su pierna alzada en la cama –"¡pero el dolor está en mi corazón! Estaré atado a esta cama por ser seis meses…"- suspiro largamente mirando al suelo –"iba a recolectar ingredientes en este viaje…"

-"lo lamento, intentaré hacer tu estadía cómoda…"

Rei tomó asiento a su lado mientras el sirviente se retiraba de la estancia. Sabía que no debía darle asilo a ese caballero, pero hacía más de un año en aquellas paredes, cada noche cuando Mathilda regresaba a su hogar sentía la soledad como un gigante que le aplastaba con su mano. Quizás Kai jamás regresaría y no habría problema o volvería mañana y tendría problemas.

Pero prefería enfrentar la ira silenciosa de Kai antes de pasar otra noche silenciosa en aquella mansión. Además, el hombre no era un leproso, si no un caballero refinado y su anillo de oro con un emblema le resultaba familiar… podría incluso trabajar para una compañía mercantil.

-"¿qué clase de ingredientes?"- preguntó Rei

-"escuché de un queso que es especial en esta área"- dijo tranquilamente –"además de ciruelas…"

-"lo he probado, es bastante bueno…"- hizo una pausa, poniéndose de pie –"¿quisiera comer un poco?"

-"¡por favor!" – dijo con tanto entusiasmo que sus ojos brillaron –"este viaje ya no será en vano"- con ello arrancó una sonrisa en Rei, contagiado de su alegría. Fue hasta la cocina para traer pan y queso a la mesa, cortando unos pedazos y colocándolos delicadamente en una bandeja:

-"procuraré agradecértelo apropiadamente…"

-"no es nada, muy rara vez tengo compañía para cenar…"- dijo Rei simplemente, sentándose a un lado del hombre con el plato servido sobre su regazo. La memoria de Kai postrado en su cama acechaba su mente, paralizándole por un momento.

-"¡ maravilloso! Me encanta tener compañía para cena ¿puedo?"- preguntó el hombre extendiendo su mano, haciendo una pausa educada. Rei asintió esperando probara bocado. Claude sonrió asintiendo

-" …es de la mejor calidad"- dijo con los ojos cerrados –"come un poco, su cremosidad es una belleza…"

Rei rio y encogió de hombros algo tímido, no esperaba que le pidiese probar bocado. –"es bastante bueno…"

-"creo haberte visto en el mercado el otro día- te gusta cocinar también o simplemente eres doctor"

-"me gusta cocinar, mas no soy un experto…"- hizo una pausa luego de masticar un trozo de pan –"¿te gustaría un poco de té? -dijo dejando el plato a su alcance para ponerse de pie.

-"por favor…"- dijo sonriendo, observándole mientras se alejaba con ojos curiosos –"como, ¿platos orientales?"

Rei rio nuevamente mientras encogía su nariz, extrañado –"supongo son platos orientales…"- dijo alejándose en el umbral de la puerta. Fue hasta la cocina para preparar un poco de té mientras pensaba con diversión en el entusiasmo de Claude por la comida. Jamás había visto a alguien con tal interés en un tema…

Dejó la tetera y suspiró hondamente al recordar a alguien; el mismo. El solía tener un entusiasmo incontrolable por la medicina y cómo ese hombre había roto su pierna por conseguir un ingrediente raro.

Suspiró hondamente al recordar aquellos días y una sonrisa triste curvó sus labios. La vida que llevaba ahora era la más segura, eso lo sabía pues Kai se había encargado de arreglar todo para que estuviese a salvo de los Masefield.

En algún lugar de Rusia Kai estaba extrañándole tanto como el lo hacía y cuando se encontrarán de nuevo tendrían un encuentro apasionado. Al pensar en ello los dedos de Rei fueron hasta sus labios mientras cerraba los ojos.

-"Kai, vas a volver…¿verdad?"

Podría explicarle que Claude simplemente necesitaba ayuda así como las otras personas que ayudó y Kai, se molestaría un poco como de costumbre y podría ser un poco rudo en la cama como castigo. No parecía tan malo en comparación a la satisfacción que le había dado ayudar a las personas de ese pueblo.

Tomó la bandeja con té y regresó a la habitación para atender al herido.