CAPÍTULO 3.- Comienza el juego: Táctica fallida
Sus amigas se habían marchado hace algunos minutos, no llevaba cuenta del tiempo y la verdad era que en esos momentos no le importaba, simplemente se dejaba llevar, dejaba que el ambiente la envolviera entrando en un estado de sosiego.
Se encontraba recostada sobre una de las gradas mirando perdida el colorido matiz del firmamento. Hasta que recordó lo sucedido en ese mismo lugar, su rostro se frunció al escuchar las palabras de sus amigas en su mente "seducir… Naruto Uzumaki".
¡Desgraciadas! Bien decían que con eso amigos quien quiere enemigos. Y se aplicaba perfectamente a su caso. No entendía por qué justamente él, recién llegaba de una larga ausencia y ahora se suponía que ¿tenía que seducirlo?, ¡maldita su suerte!
¿Cómo iba a ser capaz de mirarlo a los ojos? Sabiendo todo lo que le iba a hacer a partir de ese viernes, iba a jugar con él. Simplemente no podía, no quería… sin embargo… debía de hacerlo, quien la mandaba a entrar en ese estúpido pacto.
Tenía que centrar sus ideas, y tener todo en claro, un juego solo es eso… un juego.
— Naruto…—salió en un suspiro sin darse cuenta.
Quien hubiera dicho que aquel niño hiperactivo se iba a convertir en un hombre tan guapo y maduro, tenía que admitirlo… pero ella solo tenía ojos para aquel joven de piel blanca, cabello bien peinado color azabache y su mirada profundamente negra.
Sonrió para sus adentros al tener el retrato del morocho en su mente. El sonido repiqueteante de su celular la molestó y por un momento pensó en tirarlo, pero al visualizar el número que aparecía en la pequeña pantalla, sus ojos color jade rolaron.
— Padre… —emitió casi en un susurro molesto contestando el móvil.
— Jovencita, ¿Quién te crees que eres? ¿Has visto la hora? —sonaba enfadado.
— Lo sé padre, ahora voy a casa —contestó frunciendo el ceño, no sabía por qué la protegía tanto, ya no era una niña.
— Donde estás —exigió más que preguntar.
— En el Instituto, ya voy a la casa… —volvió a repetirle cambiando su posición, sentándose en la grada.
— Envié a Genma por ti, espéralo… —cortó a comunicación.
Odiaba eso, que la controlara, siempre quería saber en dónde se encontraba o a donde iba.
Se dirigió a la puerta del Instituto caminando a paso lento para demorar más su llegada. Le tomó unos minutos arribar hasta su destino, y ahí estaba Genma, recargado en el volvoS60 color cobre con su usual mondadientes en la boca.
— Hola —saludó para después entrar en la parte trasera del auto, acción la cual secundó el joven de cabello castaño, con la diferencia que él entró siendo el piloto.
— ¿Cómo esta Señorita? —preguntó para ser cortés.
— Como siempre… —recargó su brazo en la ventanilla del auto— Lamento que papá te haya enviado a recogerme
— No se preocupe, ese es mi trabajo —arrancó el auto, un motor silencioso pero a la vez potente.
— No le dijiste lo de esta mañana ¿verdad? —se deslizó por la parte de en medio del auto acercándose al chofer.
— ¡Claro que no señorita! A mí me parece que es bueno que tenga un poco de libertad —le guiñó el ojo, Genma siempre fue un buen amigo para ella y cubría sus escapadas.
Ella no era rebelde, simplemente quería sentirse 'libre', poder tener su propio camino. Le gustaba tomar el autobús, la hacía sentir tan bien consigo misma que por unos momentos llegaba a sentirse "independiente", como cualquier otra persona de su edad.
Sin darse cuenta, ya habían llegado a lo que llamaba hogar. Una casa bastante amplia con grandes jardines, no eran millonarios pero si tenían lujos, los cuales producía una empresa en pleno crecimiento.
Fue directo a su habitación, no estaba de humor para ser regañada una vez más por su padre, era lo mismo casi todos los días aunque habían otros en donde simplemente permanecía en silencio.
Los días pasaron, y como había sospechado… ya no tenía el valor de mirar a Naruto a los ojos, esos ojos azules que a veces le buscaban la mirada y que ella rehuía. Lo evitaba siempre que pudiera y lo trataba de manera indiferente, hasta que llegó el viernes.
— ¿Qué haces Ino? —la rubia se había empeñado en que la pelirosa fuera a su casa para arreglarla.
Se había negado al principio, pero Ino fue tan insistente que al final no pudo decir un simple "no".
— Te maquillo que otra cosa —tenía sus 'instrumentos' en las manos, a veces se detenía y la mirada dubitativa solo para comenzar de nuevo— ¡Ya estas! —sonrió y se hizo a un lado para que se viera en el espejo de su cómoda.
— ¡Oh por Dios! —se miró asombrada— Me parezco a ti
— Lo sé, hago milagros —sonrió victoriosa.
— ¡Parezco prostituta! —tomó toallitas húmedas y quito los sobrantes de maquillaje de su rostro.
— ¡¿Pero qué dices frentona? —la miró desafiante— Al menos te ves decente… si fuera por ti parecerías mono
— Un mono tiene dignidad —alzó su dedo al aire.
Entre juegos, regaños y 'peleas' pasó la tarde y la hora citada había llegado. Estaba un poco nerviosa, esa noche empezaría el juego de seducción que le habían impuesto sus amigas.
Ino bajó primera en el auto quien fue directamente hasta Shikamaru, los dos estaban igualmente elegantes, de la misma forma que sus demás amigos, vistiendo atuendos dignos de aquella discoteca.
Sakura llevaba un vestido strapless en satín color beige, se pegaba a su cuerpo hasta que llegaba a la parte baja de su pecho, en donde se holgaba y terminaba en unas ondas cubiertas por un adorno cosido en chaquira marrón el vestido no era muy largo ya que finalizaba por debajo de su muslo, calzaba unas botas vaqueras del mismo color de los adornos de su vestido.
Vestía sencilla, no le gustaba llamar mucho la atención, aunque esa noche era todo lo que buscaba, atención de una sola persona… de Naruto. A su pensamiento llegó cierto morocho y comenzó a buscarlo con la mirada sin éxito.
— No vino Sakura… concéntrate —le susurró TenTen al darse cuenta de lo que hacía su amiga.
Solo unos minutos permanecieron afuera.
Dentro de la discoteca, las luces de colores iluminaban todo el ambiente, centrándose en la pista de baile, donde por momentos cambiaban a una parpadeante blanca que la aturdía. El olor intoxicarte a tabaco penetraba por sus fosas nasales, le costó acostumbrarse al fuerte olor del tabaco.
Tomaron asiento en un sofá contra la pared que tenía forma de "u", sin embargo no entraron todos en una sola mesa, por lo que optaron en dividirse.
Enseguida sus amigos tomaron a su pareja y corrieron a la pista de baile. Se había quedado sola, su mesa estaba prácticamente vacía, de no ser por ella. Ni que decir de Naruto, fue el primero en ser asediado por las jovencitas. Que mala suerte tenía.
— ¿Bailamos? —preguntó el de cejas pobladas acercándose hasta ella.
— No tengo ganas —casi dejó caer su rostro del apoyo que mantenía sobre su brazo.
— Vamos Sakura, solo estas aquí viendo a todos divertirse
— Gracias Lee —se giró para mostrarle su sonrisa— pero no gracias
Se alejó de ella sin decir nada, era notorio el fastidio y desesperación de Rock Lee al no tener ni una oportunidad con ella, pero así eran las cosas... ahora estaba metida en una situación sin escapatoria.
El rubio a cada tanto la miraba desde la lejanía, a veces de reojo, otras veces acompañada de una sonrisa.
— Idiota —arqueó la ceja confundida, y entonces en su mente se recreó un plan para comenzar aquel juego— ¡Que buena idea que tuve! —se incorporó con lentitud y sensualidad, cosa extraña en ella y dirigió su caminar hacia un hombre mayor que ella, quien le dirigía miradas desde hace unos momentos, aparentando a simple vista unos 21 años.
Hablaba con el chico de cabello negro alborotado y ojos pequeños de igual color, era muy amable y simpático, sin embargo su fuerte no era el atractivo… Había algo en él que no le agradaba... tal vez la forma en cómo la veía, esa mirada le daba vergüenza, sentía que la quería desvestir, tal vez era su imaginación.
— ¿Quieres bailar? -ofreció su mano como un caballero.
— ¡Claro! —aceptó aquella petición y ambos se dirigieron a la pista de baile— "Esta es mi oportunidad" —pensó mientras bailaba de lo más cerca con aquel hombre.
La Yamanaka observó a la pareja bailando a lo lejos y rápidamente interfirió.
— ¿Nos disculpas? —tomó a Sakura del brazo arrastrándola hasta la barra en donde tomó asiento la ojiverde— ¡¿Qué estás haciendo? El juego es seducir a Naruto, no a un hombre desconocido —reclamó señalando al joven de universidad.
— Eso estoy haciendo... -bufó cruzándose de brazos.
— ¿Qué-Qué? No me parecía eso...
— Le estoy dando celos a Naruto, que otra cosa —pareció que la explicación dada por la de cabellos rosas no satisfizo a Ino ya que frotaba con la yema de sus dedos su frente para que no saltara ninguna vena a causa de la frustración.
— Novata —susurró para sus adentros— Sakura, querida... para darle celos a un hombre es necesario que él esté interesado en ti —sonrió con dulzura, lo que causó un temor aún más grande en la ojiverde, entonces su amiga tomó con fuerza sus mejillas apretándolas y dirigiendo su cabeza hacia el rubio— Ahora dime... ¡¿Tú ves a Naruto interesado?
Al principio pareció extrañada por cómo había reaccionado su amiga, pero después de ser forzada a mirar aquella escena entendió. El Uzumaki se encontraba en una de las pequeñas mesas altas rodeado por chicas y él parecía disfrutarlo en demasía, bebiendo, platicando y haciendo juegos que le causaron indignación.
— ¡Suéltame! —sacó la mano de Ino reclinando su cabeza— Dame dos shoots —pidió al bar tender del lugar.
— Yo no quiero Sakura…
— No es para ti
— ¿Que pretendes hacer? —con el ceño fruncido preguntó la rubia ante tales acciones de su amiga.
— Aquí tiene —el camarero entregó el pedido.
— ¿Quieres terminar borracha? Sakura... tú no has tomado más de una copa de vino tinto
— No molestes, tengo que agarrar valor —comentó mientras tomaba el shoot.
— ¿Valor? ¿Para qué?
— Para lo que voy a hacer...- y otro shoot fue ingerido de un trago lo que provocó que sintiera su garganta arder.
— Luego no digas que no te lo advertí —la Yamanaka regresó a la mesa donde se encontraban sus amigos y su novio descansando.
Tosió un poco tranquilizando su garganta irritada a causa del alcohol. Suspiró rindiéndose ante el pacto. Ahora sí, comenzaba el juego.
Su corazón palpitaba incesante conforme sus pasos de aproximaban a la mesa del rubio, le temblaban las piernas, le daba pavor acercarse más y por un instante se detuvo en medio del camino con pensamientos inadecuados para ese momento tan decisivo.
Seguramente se arrepentiría por el resto de su vida, y su amistad no sería la misma. No estaba dispuesta a sacrificar tanto por un estúpido juego… Pero, ese no era el Naruto que conoció, es verdad que seguía teniendo la calidez de siempre, pero lo que veía era diferente. Un rubio al que le gustaba tomar, y se divertía con las chicas llegando al punto en donde se convertía en un mujeriego.
El alcohol estaba surtiendo efecto y el valor comenzó a fluir por su intravenosa. Su caminar se hizo constante y decidido hasta llegar a aquella mesa llena de mujeres.
— ¡Hola Naruto! —mostró una sonrisa al rubio que de igual forma le contestó.
— Hola, mira te presentó a… —miró a las jóvenes y no recordaba el nombre de ninguna de ellas— No importa…
Sakura le arrebató a una de las chicas un vaso con licor y comenzó a beberlo tal cual agua.
— ¡Ey! Calmada —trató de tomar el vaso que tenía la pelirosa para detener su imprudencia, no parecía que tuviera mucha tolerancia al alcohol.
— Se terminó —mostró el vaso vació antes de que Naruto pudiera quitárselo, en verdad que estaba algo mareada.
— Sakura tomar de esa forma no deja nada bueno… lo sé por experiencia —pausó un momento para continuar— así perdí mi virginidad —y las presentes rieron menos Sakura, quien entró en un estado de shock errático.
— ¿Q-Que? —le provocó espanto, nunca se imaginó tal cosa de él.
— Que puedo decir… se aprovecharon de mi —se encogió de hombros sin darle importancia al asunto y de nuevo la risa de las jóvenes se hizo audible— No queremos que lo mismo te pase a ti Sakurita —sonrió burlón.
Se enfadó, se estaba burlando de ella frente a todas esas desconocidas que de igual forma reían, veía sus sonrisas como si estas fueran unas expertas en el tema.
— ¡Eres un idiota Naruto Uzumaki! —vociferó señalándolo para después dejar atrás a todas esas personas.
Salió de la discoteca emanando furia, mantenía una postura enfadada, sus brazos juntos a su cuerpo tensos, las manos hechas puño y mordiendo su labio inferior. Después de caminar un poco y alejarse del lugar sus adentros se fueron sosegando.
— ¿Dónde estoy? —miraba a su alrededor sin conocer los edificios. Había caminado tanto que se alejó de la zona conocida.
Eso fue lo único que provocó el estúpido de Naruto, que se perdiera, ahora tenía que llamar a Genma para que la recogiera, cosa que no quería. Entonces se percató, había olvidado su bolsa en la mesa… ¡Que día! Pareciera que el universo estaba conspirando en su contra, ahora tenía que regresar.
Giró sobre sus tobillos solo para toparse con un hombre de frente.
— Hola preciosa —esto no le daba buena espina— ¿Por qué te fuiste tan de repente? —entrecerró los ojos, para vislumbrar mejor a la persona frente a ella, y al reconocerla se sintió aliviada por un momento.
— ¿Za-Zaku? ¿Verdad? —preguntó dubitativa.
— Veo que me recuerdas —se acercó a ella— ¿Por qué no continuamos lo que dejamos pendiente allá? —inclinó su cuerpo hacia adelante para quedar a la misma estatura y su mano se posó en su nuca.
— ¡¿Qué haces? —le dio una bofetada, tenía que darse a respetar. ¡¿Quién pensaba que era ella? No es como Ino, quien besaba a cualquiera.
— No hubieras hecho eso niñita —ahora su agarre se centró en los brazos de Sakura que la halaba a un lugar más apartado.
Le dolía, las manos de Zaku le estaban dañando, apenas si podía sentir los brazos. No podía zafarse por más que oponía, no quería saber que pretendía hacer ese hombre con ella.
Cuando llegaron a un callejón sin salida la aventó contra unos botes de basura, era una bestia aquel joven, su cuerpo estaba entumecido por el impacto y le ardía el antebrazo. ¡Tenía que hacer algo!, con sus manos tanteó el piso en busca de algo que le ayudara a defenderse… nada, no había nada, simplemente basura.
— Ahora sí, este lugar es más tranquilo —parecía disfrutarlo ya que exhalaba e inhalaba con fervor— Continuemos lo que dejamos inconcluso
De nuevo se acercó a ella, debía pensar en algo. Arrastraba su cuerpo hacia atrás, acumulando tiempo en lo que algo se le ocurría.
Entonces Zaku estuvo lo suficientemente cerca para que Sakura le propiciara una patada en el rostro, lo cual le dio tiempo para incorporarse y correr, al menos se había puesto el calzado adecuado, seguramente le daría unos minutos para alejarse del lugar.
Una mano sobre su cabello la detuvo de golpe con dolor. ¡No podía ser! ¿Cómo es que ese hombre resistía tanto? Abrió los ojos color jade desmesuradamente con horror al darse cuenta de su situación.
— Yo pensaba tratarte con amabilidad, pero ahora… —la giró hacia él a la fuerza— Esta si me la pagas mocosa —su nariz sangraba a causa del golpe que le había colocado y su rostro se deformó por la ira interna.
Acercó a Sakura halando de su cabello y la abofeteó, su mejilla ardía y las lágrimas comenzaron a salir, se sentía impotente y sobre todo… débil. A penas si podía sostenerse, había llegado el momento en el que dejó de luchar, estaba cansada… solo quería que todo terminara.
De igual forma la introdujo a las profundidades del callejón, solo que estaba vez cayó sobre sus rodillas, no tenía escapatoria. Estaba perdida.
— No te atrevas —pudo oír a lo lejos una voz que gruñía aquellas palabras.
— ¡Ja! Mocoso insolente
Solo oía como las voces se fueron apagando conforme pasaban los minutos que parecieron una eternidad en el limbo para ella, seguía mirando el suelo aterrada, de sus ojos caía ríos incontrolables que mojaron su vestido.
De pronto y sin saber por qué una tranquilidad apaciguó todas esas emociones.
— Ya estás bien Sakura —subió la mirada.
Veía borroso a causa del líquido salino acumulado en sus ojos, sin embargo esa tonalidad azul, como el cielo cuando está despejado… ese azul que nunca confundiría y que le daban tanta paz. A penas si podría vislumbrarlos, ya que paulatinamente todo a su alrededor se tornó en una perpetua oscuridad.
