Amapola
En un hotel de la ciudad de Munich un hombre daba vueltas en su cama.
Kai no se sentía lo suficientemente a gusto como para dormir esa noche. Encontraba su habitación de hotel incómoda o quizás, su propia piel le resultaba molesta desde el chismorreo de su esposa con respecto a un médico oriental de ojos dorados. Todas las noches su cabeza se llenaba de preguntas y quizás esperanza.
Se levantó de la cama y vistió con cuidado, determinado a dar un paseo en los alrededores del hotel para buscar un poco de aire, lo necesitaba al encontrarse ahogado de sus propios pensamientos.
Estaba seguro que no podía tratarse de la misma persona que conoció en su juventud, después de todo, probablemente había muerto hace ya catorce años. De eso estaba seguro…
O lo estuvo hasta que frente él, en la noche nevada, una silueta familiar miraba las aguas del río sobre el puente.
Sus cabellos eran mecidos levemente gracias al viento junto a los copos de nieve, mezclándolos con las infinitas hebras azabache de una larga cabellera, creando un cielo estrellado a los ojos negros de su espectador.
El portador de aquella obra, se giró suavemente para encarar a su público, mientras sostenía en sus manos una flor entre sus dedos.
El hijo de Renshu Kon, era uno de los investigadores médicos mas importantes de París y estaba rodeado de un aura de misticismo que resultaba simplemente cautivadora, "como una estatua de mármol con una grieta" solían decir. Cabello largo que caía cual fina cascada sobre sus hombros y espalda, piel pálida como porcelana que sin embargo se encontraba deformada a la altura de nariz por una cicatriz, un cuerpo estilizado rayando levemente en lo femenino más con ojos dorados como los de una fiera. Si hubiese una palabra para definirlo sería: "balance"
- "Es muy agradable encontrarle esta noche, señor Hiwatari" -dijo con su voz clara que refrescaba como un riachuelo en verano, cálida como los rayos del sol sobre el perpetuo invierno que representaba el ruso, quien permanecía quieto. Así pues, se limitó a dar pasos al frente, observándole, sin perder de vista el oro de sus ojos. Podía darse ese lujo ya que no eran simples conocidos.
Este encuentro había sido algo fortuito, en catorce años no volvieron a verse luego de los eventos en su juventud que causó graves daños; Kai estaba condenado a utilizar un bastón por el resto de su vida y Rei tenía una cicatriz en su rostro, típicas marcas de amantes tormentosos.
Sin embargo, ahora no eran jóvenes, tampoco amantes y con ese encuentro se daban cuenta de ello; Kai vestía orgulloso ropas finas y un anillo de oro y rubí en su dedo con el símbolo de la compañía mercantil que alguna vez perteneció a su abuelo, hacía honra de ser el actual dueño. Era un hombre importante y poderoso como siempre había querido y su presencia elegante implacable le elevaba sobre todo ser vivo.
Pero no frente aquel hombre, cuya belleza y gracia solo era comparable a una estatua de miguel ángel y su presencia a la de una montaña que no se inclinaría ante un ejército, sin importar su poder.
Ante sus gestos Rei esbozó una sonrisa algo nostálgica y suspiró escondiendo sus manos dentro de la chaqueta de su traje y desviando su vista hasta el río –"no has cambiado nada"- dijo relajando sus hombros y luego por el rabillo del ojo al ruso.
De nuevo no obtuvo respuesta, Kai estaba demasiado sorprendido como para pronunciar palabra, lo cual causó un poco de gracia en Rei quien infló su pecho algo juguetón –"¿sucede algo? Parece que has visto un fantasma"
-"tú, eres médico ahora…"-Kai finalmente pudo hablar –"¿cómo?"
-"en algo tenías razón, el dinero te permite tener ciertas ventajas"- dijo tranquilamente –"así que conseguí un buen fiador…"
-"Aigle…"- siseó con desprecio mirando la negrura de las aguas, con ello Kai relajó los hombros.
-"casi, Aigle, Boulanger, Dunois…"- sonrió como un gato y miró las aguas –"atendí a un buen número de nobles y me dedique al estudio de la medicina, botánica, cirugía…"
Kai suspiró largamente -"¿eres idiota?"- preguntó con voz queda –"causaste tantos problemas y nunca hiciste caso, no te encargaste de nada de lo que debías…"
-"me encargué de mi propio corazón…"- dijo taciturno con una levísima sonrisa –"Shan se encargó de la familia"- rio un poco encogiéndose de hombros mientras negaba con la cabeza –"míranos, no nos hemos visto en catorce años y ya quieres regañarme…"
-"simplemente puntuó lo que has-"- comenzó a hablar pero la mirada de Rei sobre el le interrumpió, el chino colocó la flor que llevaba en su mano sobre el bolsillo de Kai
-"no me des eso…"
-"en Europa se da flores a los muertos…"- dijo Rei sonriendo, ladeando el rostro –"estoy siendo cortés"- al estar un poco más cerca Kai haló el brazo del oriental para intentar acercarle y robar un beso pero colocó su palma entre ellos. Calmadamente.
Rei sintió el agarre de Kai apretarse en su muñeca, pero no se movió, de hecho, rio –"¿Qué piensas que es este encuentro, Kai?"
Kai no respondió al comienzo –"¿dirás algo romántico? ¿destino, quizás?"
-"eso querrías, ¿no es así?"- dijo sonriendo levemente moviendo su mano delgada hacia Kai, amenazando sutilmente que podría aplicar una llave y romperle el brazo si insistía en mantenerle cerca –"ya no veo las cosas de esa manera…"
-"¿tu? ¿no creyendo en el amor, Kon?"- al notar su lenguaje corporal Kai disminuyó su fuerza más no le soltó del todo. Estaba embriagado por el aroma a flores tan fuerte que despedía Rei.
-"oh no, creo en el amor…"- dijo calmadamente –"es solo que…"- hizo una pausa, sonriendo levemente mientras miraba los copos caer con aire soñador –"es como Claude dice; los hombres son como los vinos la edad agria a los malos y mejora los buenos…"
-"es una frase de Tulio Cicerón, Kon"- dijo entrecerrando la vista –"La compañía de Aigle no es tan poderosa, perdieron un barco recientemente"
Kon ladeó el rostro –"¿y? ¿Tener más barcos es más valioso que la dulzura? ¿Qué riqueza terrenal intentas conseguir de este mundo que te de felicidad?"- el viento meció sus cabellos así que los apartó de sus ojos -"no importa, es así como sucede…"- dijo calmadamente –"tu elegiste el camino que querías, seguiste tus pasiones y yo seguí las mías"
-"pasiones Kon, Sabes cuál era mi pasión, sabes…"
los ojos de Rei centellaron, quizás con rabia –"pasión no es amor, Kai"- siseó –"y todas las pasiones son malas cuando nos esclavizan"- con ello de un movimiento elegante se zafó de su agarre –"y buenas cuando somos dueños de ellas"- Rei miró la flor ahora en el bolsillo de Kai –"Como el opio…"
Kai finalmente reparó en la flor que Rei había dejado sobre su bolsillo; una amapola. Al notarlo una ráfaga de brisa sopló con fuerza, haciéndole aferrarse a su bufanda blanca antes de que esta volase por los aires.
-"en pequeñas dosis es un calmante en exceso es una droga que te adormece de la realidad"- Rei relajó sus hombros, su cabello ondeaba como una bandera lúgubre –"Kai, tu querías controlarme y que cerrara los ojos del mundo"- Rei extendió sus manos para tomar copos de nieve entre sus palmas –"querías que dejara de verme a mi mismo, como tu lo haces…"
Kai bufó –"no actúes como si fueses un erudito ahora Rei"- dijo apretando sus dedos en el bastón –"sigues siendo el mismo iluso de hace catorce años…"
-"tu sigues siendo el mismo de hace catorce años es por eso que ya no estamos juntos…"- sonrió –"es tu incapacidad para abrir los ojos lo que te trae ruina…"
Kai iba a levantar su bastón para golpearlo hasta que en la distancia una voz les interrumpió:
-"¿Rei?"
Lejos de ellos, entre los copos de nueve, Aigle llamaba suavemente a Rei para que regresara al hotel. El oriental apenas giró la cabeza para luego mirar a Kai de reojo –"y pensar que me gustaste…"
Rei se dio la vuelta y caminó lejos, en dirección a la voz de Aigle y el hotel. Kai quedo en silencio con la incertidumbre de muchas palabras ahogadas en sus labios. Luego cerró los puños con fuerza mientras le miraba marcharse, con sus cabellos ondeados por el viento cual bandera que protagonizaban una lúgubre marcha. Su silueta finalmente desapareció perdido entre la nieve y la oscuridad de la noche.
Jamás volvió a verlo más algunas noches recordaba el sabor del té de la flor dorada.
El fin.
