CAPÍTULO 4.- Comienza el Juego: Primer Contacto

Sus ojos pesaban, por más que intentaba se reusaban a abrirse o quizás no quería ver su alrededor, todos sus recuerdos de la noche anterior eran borrosos. Tal vez sería mejor si permaneciera de esa forma… ni dormida ni despierta, sino inmersa en un limbo inconsciente.

Se incorporó con cansancio sentándose en lo que parecía ser una cama, por lo mullido que se sentía. Lentamente sus ojos fueron abriéndose, todo se encontraba difuso y desenfocado, pero las siluetas no las reconocía. Ni el extraño color grisáceo de lo que parecía ser una alcoba, conforme su visión se aclaraba divisó los muebles existentes, solo percatándose de lo desconocidos que eran para ella.

Una recámara que no era la suya… ¿De quién era?, se preguntaba sin llegar a sentirse extraña u horrorizada por encontrarse en un lugar el cual no conocía. Parpadeó simultáneamente incrédula y un golpe en su cabeza la aturdió.

— Tomé demasiado —dijo para sí misma mientras se tallaba las sienes que punzaban como un taladro.

Por unos instantes permaneció inmóvil con la pura esperanza que aquel dolor se apaciguara, surtiendo efecto solo unos minutos después, aunque el mareo seguía persistente. Eso no detuvo que se incorporara.

Fue en directo a la cómoda de la habitación justo frente a la cama, revisó las gavetas para encontrarse solo con ropa de hombre, sin embargo aquel hecho no la alteró. Registró en el fondo de las gavetas, su tacto palpó algo extraño, lo tomó para sacarlo de su lugar y mirarlo.

Un cristal, de forma alargada y picuda en ambos extremos, transparente, con un prominente grosor, era demasiado grande para ser un simple pedazo de vidrio inerte. Decidió dejarlo de igual forma que lo encontró, ya que para su mala suerte quizás lo rompería.

Giro su cuerpo para observar la habitación desde su ángulo. El colchón estaba literalmente en el suelo, solo con una lámpara al lado y un asiento junto a la ventana. Era todo lo que había ahí dentro, además de la cómoda.

Miró el picaporte y frunció los labios hacia un lado, ¿Sería buena idea abrir la puerta? Se enfrentaría con algo que quizás no pudiera manejar, aunque su tranquilidad era extraña ante la situación en la que se encontraba.

Decidida abrió la puerta y para su sorpresa, lo que vio fue similar a lo que había en la habitación, la sala-comedor estaba completamente despejada a no ser por un mueble de tres asientos. Ni una televisión, ni un radio y mucho menos algo de entretenimiento. ¿Quién podía vivir ante tal vacío?

Su mente comenzó a cavilar las opciones de su estancia en ese lugar, ninguna la favorecían por obvias razones y solo imaginaba cosas que eran mejor ni siquiera pensar.

Tragó saliva, y dio el primer paso afuera de la habitación. Su rostro viró hacia el lado derecho, en donde se encontraba una puerta en la misma pared, seguramente era el baño. Otro paso más, y obtuvo una apreciación más panorámica de la desocupada habitación, un ventanal despejado en el cual se podía observar gran parte de la ciudad, seguramente se encontraba en un piso muy arriba para tener tan magnífica vista.

El tercer paso la heló, su rostro había girado al lado contrario solo para toparse con un cuerpo varonil de espaldas, con una ligera camisa y en unos boxers, se sonrojó al solo mirar aquella retaguardia formada.

¿Quién era él? ¿Qué hacía ahí? ¿Sería su departamento? ¡¿Ella que hacía en su departamento? Esas preguntas rondaron su cabeza sin cesar, una y otra vez y otra vez.

Aquel hombre se irguió con un bote de jugo que tomaba desde la caja despreocupadamente, el cabello dorado resplandecía ante sus ojos. Las orbes azules se posaron sobre la figura de Sakura.

— Ya despertaste, dormilona —sonrió, mostrando su blanca dentadura.

¡Era un cínico! ¡Estaba tan fresco vistiendo aquel ropaje! Eso solo le daba más rabia.

— ¡¿Qué me hiciste? —se enrojeció tratando de tapar sus partes, aunque estuvieran cubiertas con la ropa de la noche anterior.

— Nada —arqueó la ceja tratando de entender a qué venían esas palabras.

— ¡No te hagas el vivo Naruto! —su rostro parecía un tomate pero esta vez de furia.

— Estaría mejor un gracias ¿no lo crees? —trató de acercarse hasta ella.

A cada paso que daba, Sakura se encargaba de dar otro hacia atrás, manteniendo la distancia.

— ¡No te acerques más o te golpearé! —le gritó apartando la mirada, se sentía desamparada ante esa situación desventajosa.

— ¿Qué es lo te pasa? —se rascó la cabeza mirando hacia el techo, pensando en las posibilidades.

¿No se daba cuenta de la comprometedora situación en la que estaban? Abrió los ojos enfadada y con el entrecejo arrugado, a punto de lanzar un sonoro regaño.

Pero al visualizar el rostro de Naruto su semblante cambió a uno de preocupación. Olvidando todo en un instante se acercó hasta el rubio, él seguía contemplando el cielo raso pensativo.

La mano de Sakura se posó en la mejilla del poseedor de los ojos azules e inmediatamente se relajó.

— ¿Qué fue lo que te sucedió? —miraba tres rasguños en la mejilla de su amigo.

— ¿No recuerdas lo que pasó ayer? —la miró con un semblante serio, lo que provocó un respingo en el cuerpo de la pelirosada.

— No sé ni cómo es que llegue aquí… Por cierto —miró a su alrededor— ¿Dónde estamos?

— Mi departamento —sonrió desganado de medio lado.

— ¿Tu departamento? —soltó el agarre que tenía sobre el rubio para mirar desde otra perspectiva el lugar— ¿Por qué no te quedas en tu casa?

Naruto tomó asiento en el único sofá y echó su cuerpo hacia atrás con ambas manos detrás de la nuca y de nuevo clavó la mirada en el techo.

— Sabes que no puedo regresar ahí —en su mente recreaba todas las vertientes por las cuales no podía alojarse en el que fue su hogar hasta hace dos años.

— Me imagino que debe ser muy doloroso —tomó asiento junto al rubio sin dejar de mirarlo.

Él no contestó, simplemente miraba el techo de la misma forma que lo estaba haciendo hasta el momento.

Era una tonta, no sabía por qué no se lo había imaginado antes de preguntar. Era tan obvio.

— ¿Qué hago en tu departamento pervertido? —trató de cambiar el tema, no le gustaba la situación y sobre todo la actitud silenciosa de Naruto.

— Ayer estabas muy borracha y te desmayaste, Ino me dijo que te trajera a mi casa… Yo le dije que no era buena idea, que te deberías quedar con ella… Pero me insistió que era lo mejor, porque ella se iba a ir con Shikamaru

— "Maldita zorra de Ino, me las pagarás" —pensó mientras se imaginaba el rostro de la rubia guiñándole el ojo con picardía— Desgraciada…

— ¿Dijiste algo? —la negación rotunda de la pelirosa le dijo lo contrario, tal vez el rubio imaginaba cosas y a esas alturas no le sorprendería.

— ¿Y cómo fue que te hiciste eso? —preguntó, señalando las tres líneas en su mejilla izquierda.

— Eres muy salvaje cuando estas ebria Sakurita —sonrió burlón.

— ¿Por qué siempre eres tan idiota? —se paró y dirigió al baño donde comenzó a escudriñar con la mirada.

— ¿Qué buscas?

— Ya lo encontré —salió con un bote y un poco de algodón— No te muevas —aplicó el desinfectante en la mejilla dañada.

No creía posible que ella fuera la que provocó los rasguños en la mejilla de Naruto, era como si fuese hecho con algo más que simples uñas para dejar una marca tan limpia.

— ¡Listo! —sonrió al terminar su labor.

— Al menos no eres tosca para la medicina, deberías pensar en tomar esa carrera, siempre fuiste buena

— Si, lo he pensado… pero no creo que a mi padre le guste —se paró de un salto— Mi padre… ¡Oh por Dios! Va a matarme —vociferó corriendo por todos lados en busca de sus zapatos y su bolsa.

— Tranquilízate —trataba de calmarla el rubio y no fue hasta que la detuvo con sus manos que paró— Ino se encargó de eso, habló con tu padre y le dijo que te quedabas con ella

— ¿De… verdad? —su cuerpo se relajó y exhaló el aire contenido.

Ino Yamanaka era la única persona en la que confiaba su padre, por ser la hija de un reconocido empresario, agradecía a su amiga por eso, sino estaría colgada del punto más alta de la ciudad antes del amanecer. Inesperadamente un ruido rompió con todo el silencio y la carcajada estridente del rubio penetró por sus oídos.

— ¡No te burles de mí! Solo tengo hambre… no he comido desde ayer —se cruzó de brazos desviando la mirada avergonzada.

— Te prepararé algo —sonrió, al fin iba a poder usar sus 'dotes' culinario.

Naruto revisó en su refrigerador, no era posible que llevara ahí más de una semana y no tuviera víveres. Tenía que pensar en algo rápido.

— No me extraña que solo tengas sopas instantáneas —exploró la alacena— Veamos qué podemos hacer —lo miró sonriente.

Con lo poco que había en la casa del rubio comenzaron a preparar su comida. A cada tanto la pelirosa miraba de reojo a Naruto, pensando en cómo haría su primer movimiento… ese juego no había ni siquiera comenzado y ya se sentía exhausta, cansada psicológicamente.

Su mirada se inquietó al notar como su amigo cortaba los vegetales, sintió que la sangre se le fue, pues él cortaba demasiado rápido y sin cuidado.

— ¡¿Qué es lo que haces? —vociferó demandando la atención del rubio, quien pausó en seco su acción.

— ¿Cómo que qué hago? ¿Corto las verduras? —habló con cinismo.

— Eres un bruto —rió y se acercó a su amigo, tenía que mostrarle cómo hacerlo sin causar horror o parecer que quisiera amputar uno de tus dedos.

Posó una de sus manos sobre la de Naruto y con sutileza comenzó a guiarlo en cada corte. El simple roce le provocó una extraña sensación a la que no le tomó importancia, y que catalogó como parte de lo que provocaría el juego de seducción, pero no caería en esos trucos de su subconsciente, tenía en claro sus sentimientos.

Estaba nerviosa al principio, pero el ambiente se tornó radicalmente de uno incómodo a uno confortable.

— Así está mejor ¿no crees? —el rubio le sonrió y continuó cortando los vegetales que le faltaban de la misma forma que ella le había 'enseñado'.

— ¿Cuándo una chiquilla malcriada como tú aprendió a cocinar? —rió afablemente por su propio cuestionamiento.

Sakura frunció el entrecejo un poco molesta, sin embargo es posible que esa vez tuviese un ápice de razón.

— Mucho tiempo libre —contestó mirándolo fijamente por unos segundos que bastaron para que la cuchilla cortara de forma perpendicular uno de sus dedos, soltó el filoso utensilio inmediatamente, quejándose.

— ¿Qué pasó? —cuando se dio cuenta, Naruto se encontraba a su lado sosteniendo su mano lacerada.

Con urgencia la llevó hasta la pileta, donde se encargó de lavar la herida.

— ¿Estás bien? —habló sin suspender la desinfección.

— S-Solo es una… cortada, estoy bien —le aseguró, alejando rápidamente su mano del tacto de Naruto, quedaron unos instantes inmersos en silencio— Creo que será mejor que me vaya

— ¿Qué dices?, Pero aún no hemos comido

— Será en otra ocasión —se calzó rápidamente y tomó su bolsa que había encontrado un momento antes.

Se acobardó de nuevo, con su consiente recriminándole, era el momento perfecto para continuar con su movida inicial y lo desperdició, le había ganado la situación en el cual parecían ellos mismos, como si el tiempo no hubiera transcurrido.

Sakura se dirigió hasta la puerta principal del departamento, lista para marcharse, giró el picaporte abriéndola. La voz de Naruto detrás de ella provocó que girara su cabeza en dirección al chico.

— Me debes una comida —sonrió de medio lado.

Caminó sin pensarlo hasta quedar a pocos centímetros del rubio. Lo abrazó por el cuello, necesitando solo un poco de comprensión, necesitaba sentir que no estaba sola, aunque fuese imaginario.

— Solo si tú cocinas —habló a su oído.

— No puedo prometer nada —aseveró, mientras Sakura le dedicó una sonrisa al separarse del abrazo.

— Es hora de que me vaya

— Cuídate ¿sí? —alzó ambas cejas con preocupación.

— Sí… aunque no puedo prometer nada —repitió las palabras que su amigo había recitado instantes atrás.

Miró sus centellantes ojos azules, parecía el claro mar reflejando las estrellas en el cielo. La joven se paró en puntas, para estar a la altura de Naruto, y poder despedirse.

Sus labios se posaron en la mejilla del rubio con mesura, el beso se fue prolongando conforme ella acercaba peligrosamente sus labios a los de él, resultando en un simple roce fugaz, que provocó un choque eléctrico en sus bocas.

Sus pies tocaron el suelo nuevamente, al mismo tiempo que bajaba su mirada. No pudo emitir sonido alguno en ese momento, por lo que se limitó a retirarse cabizbaja.

Por una parte se sentía llena de culpabilidad, estaba entrando en terreno sinuoso y tenía que ser precavida en cada movimiento, al final no quería perder su amistad, por muy hipócrita que se oyera. Pero por otro lado, se encontraba llena de júbilo y éxtasis, sintiendo que podía hacer cualquier cosa que se propusiera. Tal vez no era mala idea jugar aquel juego.

¡ Hola a todos ¡

Lamento mucho la demora, pero últimamente no tengo mucha imaginación… espero que les esté gustando fic hasta ahora y estoy abierta a cualquier crítica constructiva.

No sé si les he respondido a sus comentarios, pues la verdad responderlos así es medio extraño, estoy acostumbrada a los foros y es un cambio algo drástico para mi… creo que es la primera vez que les escribo, ¡lo siento!

Bueno, gracias por leerme y sus comentarios, saludos.

Adiosin ¡!