CAPÍTULO 8.- Descubierta

Lo buscaba con la mirada, pero en ningún lado divisaba sus cabellos dorados.

¿Por qué lo buscaba tan desesperadamente? Porque es tu deber, se respondió a sí misma, negándose lo que realmente era. El agarre de su pareja de baile fue más tosco, acercándola hacia él de una forma que no le agradaba.

Sakura alejó el cuerpo del bailarín empujándolo sutilmente y excusándose, alegando tener dolor de cabeza, no tenía deseos de seguir bailando y mucho menos con alguien desconocido sumándole lo patán.

Solo tenía un mismo pensamiento desde su repentina separación y era encontrarlo, tenía que hallar la respuesta de sus dudas.

Salió el salón sigilosamente, tratando que nadie la viera o se percatara que se había ido. Escudriñó con la mirada a penas pisó el césped del ambiente natural, imaginaba los lugares a los cuales podía haber ido si es que seguía siendo el Naruto que conocía, ya que al escuchar sus 'anécdotas de vida' no era el mismo inocente, sencillo e hiperactivo niño que conoció una vez. Aunque buscarlo apenas vislumbrando los objetos era lo mismo que hacerlo ciegamente.

Después de por una hora de ardua búsqueda, se dio por vencida.

¿Dónde podría estar?

Su vista, entonces, fue hipnotizada por el negro mar que se agitaba y golpeaba en la arena. Caminó hasta sentir el oleaje sobre sus pies descalzos y respirar profundamente la salinidad.

— Esto es el paraíso —escuchó de pronto a su costado— ¿Verdad?

No hacía falta confirmarlo, ella conocía esa voz y ese tono emocionable que con tanta facilidad emitía. Sus labios se alargaron hasta formar una sonrisa y asentar la cabeza en afirmación.

— Se me hizo tarde, lo siento —comentó como si hubieran planeado desde un principio encontrarse en ese lugar— ¿Esperaste mucho?… ¿Sakura?

En un espasmo se contrajo el cuerpo de la pelirosa, tragó agitada saliva, su corazón latía rápidamente al saber su identidad revelada. ¿Especulaba? O ¿La había descubierto? El sudor frío caló sus poros corriendo por su rostro y espalda.

Mordió su labio inferior sin saber que decir o cómo reaccionar.

— No hace falta que uses más esto —sus manos se alzaron hasta el rostro de Sakura, ella no podía mover ni un solo músculo, estaba petrificada frente a los ojos del mismo color que el cielo.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué no se movía? O es que ¿No quería hacerlo? Quería ser descubierta, quería que supiera quien era la verdadera persona tras la máscara, con quien bailó… y quien comenzó a gustar de él.

Sí, quería que viera a Sakura, pero antes tenía que averiguar algo.

La mano de Sakura detuvo sagazmente a Naruto.

— ¿Cómo te diste cuenta? —por fin habló, queriendo conocer las razones por la cual había sido identificada.

— Fácil —sonrió con mesura— Por tus ojos

Su plan era imperfecto en todo sentido y ese punto tan vital lo había olvidado.

— Claro… que tonta, debía suponer que el color de mis ojos me descubrirían

— No —negó rápidamente siendo capaz de ejercer un poco de fuerza para que el agarre de Sakura perdiera ante él.

Finalmente logró quitar el antifaz, para después despojarla de la peluca cobriza y dejar caer a ambos objetos al suelo arenoso.

Se sentía total y completamente desamparada ante él, confundida. En su interior, una tormenta tenía lugar en la boca de su estómago. Su corazón se aceleraba cada vez más bombeando sangre que llegaron en un instante a sus mejillas, enrojeciéndose a sobremanera.

Naruto no dejaba de clavarle la mirada, una serenidad acompañaba su rostro al igual que una tierna sonrisa.

— Fue por el brillo de tus ojos

Las palabras quedaron en su mente, dejándola atónita, desconcertada, pero sobre todo fueron… sobrecogedoras. Sus labios temblaban al igual que sus piernas, de nuevo quedó sin habla.

¿Huiría de nuevo?

¡No! No sería más una cobarde que se aleja de las circunstancias que no le son gratas, no podía darse el lujo, no por estar metida en el 'juego de seducción' sino por otra cosa, más allá de eso.

Sus rodillas chocaban entre sí, impidiendo seguir de pie. Sin embargo fue atrapada por los brazos del rubio antes si quiera que pudiera tocar el suelo bajo sus pies.

— ¿Te encuentras bien? —era el mismo tono de preocupación que escuchaba en su niñez.

— Naruto… —trató de llamar su atención pronunciando su nombre.

— Tengo que irme —levantó a Sakura aprisa, acomodándola sobre sus dos piernas, estabilizándola. Los labios varoniles de Naruto se posaron en la coronilla de ella, besando sus cabellos rosados.

— ¡No! —subió la voz suplicando que se detuviera y así lo hizo— Siempre lo mismo —empuñó sus manos fuertemente hasta que estas se tornaran blanquecinas.

— ¿A qué te refieres? —contestó sin mover su cuerpo, quedándose estático donde se encontraba.

— Ya no te conozco, no eres el mismo Naruto que conocí —al fin esas palabras salieron de su boca, que pensó mil veces y nunca se atrevió a decir.

— Soy el mismo Naruto… las circunstancias han cambiado, son más… —pausó, el aire movía el cabello de ambos, una brisa fría recorrió el lugar— complicadas

— ¿Complicadas dices? —frunció el ceño enfadada, todo en su interior se removía, su corazón no podía dejar de latir rápidamente— ¿Qué puede ser tan complicado a los diecisiete?

— No lo entenderías —sus pasos se alejaban del lugar dando por terminada la conversación.

Estupefacta dejó caerse sobre su parte trasera, recogió sus piernas arrastrándolas por la arena y hundió su cabeza en el surco que se formaba entre sus rodillas.

Respiraba profundamente, más y más preguntas rondaban su cabeza.

¿Complicado?

Ciertamente un adolescente no tendría cargas como para decir eso, él había perdido a sus padres hace dos años y por lo cual se ve a vivir con su padrino. No entendía nada… tal vez era mejor no tratar de entender y dejar las cosas como estaban, pero entonces ¿Qué era lo que sentía por él?

Iba más allá de un simple gusto, le quería… era su amigo después de todo. No, no se mentiría más… ¿Desde cuándo?

El calor corrió en un instante por todo su cuerpo, acalorándolo, su corazón latía desenfrenado en una carrera que parecía de por vida al recordar lo que había sucedido minutos atrás. La cercanía, las miradas, los roces, todo, absolutamente todo.

Se descubrió a sí misma en un pequeño repaso de los acontecimientos, de sus sentimientos, dándose cuenta de tantas cosas.

Ino tenía razón.

De pronto, su rostro se endureció y se incorporó de un salto.

Corriendo a través del pastizal, adentrándose al pequeño pero espeso bosque de las cercanías, donde sabía, tenía la certeza que se encontraba. Entonces vislumbró su silueta, era inconfundible. Agudizó más su sentido de la vista, acostumbrándose a la penumbra, ¿Hablaba por celular? Parecía discutir con alguien ¿Sería su… novia?

Se mordió el labio inferior sin importarle el dolor que le causaba, la rabia comenzó a apoderarse de ella. ¡No podía ser! Él mismo había dicho en ese primer día que no tenía relación amorosa, una de tantas preguntas que le hizo la Yamanaka.

Se acercó a paso firme, encolerizada lo empujó fuertemente provocando que chocara contra el tronco de uno de los árboles, adolorido recostó su cuerpo sobre el mismo, dejando que la gravedad hiciera su trabajo hasta tocar tierra firme con su parte trasera.

Se tallaba la cabeza, pues al parecer era donde había terminado por golpearse.

Se dio cuenta de lo bruta y tosca que había sido, ella no podía reaccionar así, pero no pudo evitarlo.

Celos

Por una rabieta se dejó llevar, lesionando a Naruto, quien en un principio no tenía culpa de todo lo que estaba sintiendo y deseando.

Dejó caerse sobre sus rodillas. ¡Era tan estúpida!

— Naruto, yo… —alzó su rostro, el chico aún seguía sobando la parte afectada, cerrando fuertemente los ojos, hasta que escuchó la voz de Sakura. El Zafiro se topó con la Esmeralda.

La boca se Sakura se entre abrió, sin darse cuenta relamió la parte inferior de sus gruesos labios para después pasar sus dientes por ellos.

Gateó con parsimonia hasta él, embriagada por el simple hecho de tenerlo en esa forma tan desamparada. Se las cobraría todas, lo desarmaría como él hizo con ella junto al mar, quizás era solo una excusa para aprovecharse de la situación.

Ser acercó hasta ser aturdida por el aliento caliente de Naruto sobre el suyo, estaban tan cerca, podía escuchar su respiración sobre ella y estaba segura que sus latidos eran igual de rápidos que los suyos.

Se apropió de los labios de Naruto en un beso, amoldándolos perfectamente, él no parecía objetar pues seguía de tal forma que se apoderó del beso que ella misma había comenzado.

Entonces decidió parar, alejando su rostro del de él sin distanciarse demasiado pues le encantaba sentir lo agitado que se encontraba Naruto, la vehemencia que nació entre ellos ese momento pedía más, pero no cedería por más que quisiera. Pues no solo lo estaba castigando a él sino a sí misma por ser una completa estúpida.

Naruto no emitía palabra, el único sonido en los alrededores eran el de los grillos y sus desenfrenadas respiraciones, aun sabiendo que no estaban tan alejado del Hotel o el Salón.

— Sakura, per… —pero ella tapó su boca con su dedo índice, antes que pudiera emitir palara.

— No te disculpes, yo quise hacerlo —con exhalaciones prolongadas el ritmo de su corazón logró tranquilizarse un poco.

Rodeó con sus brazos el cuello del rubio, posando su barbilla en la curvatura que bajaba desde su cuello hasta el hombro de Naruto, aspirando su aroma natural, pues estaba segura que llego tan apurado que se olvidó perfumarse. Acariciaba sus cabellos dorados como el sol, dejando que jugaran las hebras entre sus dedos.

Y dejó salir aquellas palabras en un murmullo aterciopelado en su oído, palabras con un significado más profundo de lo que puedan llegar a decir. Que había descubierto hace poco y que yacían hace tiempo en su interior, y que por pura hipocresía no aceptaba.