Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.
Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.
Habían pasado dos días desde que Kyojuro había encontrado el cadáver de su padre. Según le contó Shinobu, se había desmayado delante de Sumiko, quién, asustada, había enviado un cuervo a la Mansión de las Mariposas, aunque el animal no supo explicar realmente qué pasaba, más allá de que algo ocurría con el Pilar de las Llamas, por lo que fue Shinobu la que acudió a ver qué sucedía.
La Pilar de los Insectos llegó acompañada de cinco miembros de los ocultos, dos de los cuales se llevaron a Rengoku en una camilla y mientras uno se quedaba asegurándose de que Sumiko estaba bien, los otros dos y Shinobu entraron a la vivienda, para ver qué había ocurrido.
Nada más ver el cuerpo lo habían tapado completamente con una sábana que había en ese dormitorio. Lo dejaron ahí hasta un rato después, que regresaron con otra camilla para trasladar el cadáver.
Después de eso, Shinobu había mandado una carta al patrón, notificando lo ocurrido, aunque siendo vaga en las causas de la muerte, siendo sólo capaz de descartar, por el estado del cuerpo y de la casa, que detrás de eso hubiera un demonio.
Se había decidido que, tras hablarlo Kyojuro y Senjuro, se quemaría el cuerpo y se colocarían las cenizas en el panteón familiar de los Rengoku. El mayor de los hermanos había hecho todo cuánto estuvo en su mano para evitarle a Senjuro la impresión de ver el estado en el que estaba su padre.
Se organizó una pira funeraria para la cremación del cadáver y las cenizas fueron colocadas en una urna que los dos hermanos llevaron al panteón familiar. Ninguno de los dos había asumido completamente el fallecimiento de su padre, aunque eso no era excusa, a ojos de Kyojuro, para descuidar sus obligaciones.
—¿Quieres retomar ya tus misiones? —preguntó seria Shinobu, dejando la carpeta que llevaba en la mano sobre su escritorio y girándose para mirarle.
-Así es, no creo que sea buena idea dejarlo por más tiempo—dijo Kyojuro.
Shinobu suspiró —.Deberías tomarte al menos un mes de descanso. Tu hermano agradecerá que pases algo de tiempo con él.
—Pero… .
—Tus misiones podría hacerlas otro Pilar —le cortó ella, intuyendo por dónde iba el asunto —.Y Sumiko está todavía esperando que le llegue la katana de la aldea de los herreros.
— Soy el Pilar de las Llamas, no puedo hacer eso, Kocho.
—Pero también somos humanos — señaló la mujer —.Y tú llevas ya tiempo mal, ¿cierto? —Kyojuro la miró sin entender y la Pilar añadió—Sumiko me contó lo ocurrido con el demonio de la mansión. No es propio de ti ser tan descuidado.
El hombre desvió la mirada, consciente de a lo que se refería. Pero, al menos eso hizo que su compañera se apiadase algo de él-No quiero que te pase como a Kanroji esa vez.
Meses atrás, la madre de la Pilar del Amor cayó enferma y no se recuperaba. Kanroji se enteró gracias a que se carteaba con frecuencia con su familia, pero, por las misiones no fue capaz de ir a visitarla el tiempo que estuvo convaleciente. Siendo por naturaleza una persona que se preocupaba enormemente por su familia, el agobio de no poder estar ahí le pasó factura y perdió el apetito. Comía, pero no tanto como debiera, lo que, a la larga, afecto a su desempeño durante las misiones, terminando herida tras luchar contra demonios de bajo nivel.
No fue hasta que Kocho la confrontó sobre eso, que la Pilar del Amor contó lo que pasaba y el patrón le dio un breve descanso para reponerse y estar con su familia mientras que el Pilar de las Serpientes se encargaba de cumplir con los encargos de ella. y Shinobu, personalmente, envió los medicamentos que la madre de Kanroji necesitaba.
Kyojuro suspiró un poco —.Supongo que tienes razón-cedió.
Shinobu alzó una ceja y le observó. Kyojuro estaba algo decaído y parecía tener la mente en otro sitio.-Bueno, no te entretengo más. Senjuro debe estar en la enfermería, con Aoi.-comentó y su compañero asintió, caminando hacia la puerta, aunque antes de salir se detuvo y miró a la mujer.
—Kocho, gracias.
Ella sonrió un poco-No las des, no hace falta.
Kanao estaba nerviosa. Se había enterado gracias a Aoi, que lo había escuchado en una conversación entre Nezuko y Sumiko, que el cumpleaños de esta última sería en un par de semanas.
Quería regalarle algo, pero no sabía qué, así que había terminado por acudir a Shinobu para pedirle algún consejo.
—Así que quieres darle algo, ¿no? —preguntó la mujer cuando Kanao le comentó que el cumpleaños sería en breve.
— Sí.
Shinobu se llevó la mano derecha a la barbilla y se quedó pensando un momento. —¿Se te ha ocurrido a ti algo, Kanao?
La chica negó. No quería darle cualquier cosa, ni lo primero que se le pasase por la cabeza.
— Quizá valore mucho algo que le des hecho a mano— sugirió con suavidad la Pilar. Siendo Sumiko como era, posiblemente valorase mucho más algo así que un regalo caro.
—Gracias, Shinobu —murmuró la chica, algo nerviosa de repente, y se marchó deprisa tras murmurar un escueto adiós.
La mujer sonrió un poco y negó para sí, divertida. Ver a Kanao salir de su cascarón completamente era un alivio. Aunque lamentaba que su hermana no estuviera para verlo, seguro que se hubiera sentido orgullosa.
Suspirando un poco al pensar en su hermana, retomó lo que había estado haciendo antes. Como encargada de la Mansión de las Mariposas, se aseguraba de llevar un control estricto sobre los suministros y el material médico del que disponían. El dinero, con el salario que aportaban Kanao y ella, no suponía un problema, pero la mujer prefería siempre asegurarse de que estuviera todo en orden y evitar gastos innecesarios.
Kanao avanzaba por el pasillo y, al pasar por delante del dormitorio que utilizaba Sumiko, no pudo evitar mirar en esa dirección. Tenía que pensar en el regalo adecuado para ella, se dijo.
Nunca había intentado hacer algo a mano, ni siquiera sabía si se le daba bien. Ni siquiera sabía si le iba a dar tiempo a hacerlo, pues le podía tocar irse en cualquier momento. Se le hizo un nudo en el estómago al percatarse de que era perfectamente posible que, el mismo día del cumpleaños, una de las dos tuviera que estar fuera.
Siguió avanzando hasta llegar a su habitación y cerró la puerta al entrar. Se sentó en la cama y su mirada se posó en el pequeño escritorio que estaba frente a esta. Siguiendo un impulso, se levantó y abrió uno de los cajones. Metió la mano derecha y sacó un broche para el pelo con forma de mariposa. Tenía la zona exterior de color rojo claro y el interior de un blanco azulado.
Era el que ella misma había llevado hasta la muerte de su otra hermana mayor. Y lo había guardado ahí, casi olvidándose de él. Tenía algo de polvo, notó la chica, pero, por lo demás, estaba en perfecto estado.
Fue entonces, mientras contemplaba el accesorio para el pelo, que tuvo una idea. Cogió uno de los paños que guardaba en el cajón, que utilizaba para limpiar el polvo cuando este se acumulaba en la habitación y, con sumo cuidado, fue retirando el que se había acumulado en el broche.
Lo alzó para poder ver mejor si había quedado limpio. ¿Le gustaría? Kanao esperaba que sí. Bajó el brazo y decidió buscarla, quería dárselo cuánto antes. Salió deprisa y casi se lleva por delante a Aoi.
—L-Lo siento —se disculpó al momento.
— No pasa nada, pero deberías ir con más cuidado —la amonestó Aoi. Kanao reparó entonces que cargaba un cubo lleno de agua.
—Aoi, ¿sabes dónde está Sumiko?
—Ah, en el patio. Por lo visto, ya tenían su katana preparada y llegaba hoy.
Kanao asintió y fue deprisa hacia allí, sin despedirse siquiera de su amiga, quien la miraba con cierta extrañeza.
—Pero, ¿qué le pasa hoy? —murmuró para sí. Aunque no le dio demasiadas vueltas y retomó el trayecto hacia la cocina.
Senjuro abrazaba con fuerza a su hermano. Este había ido a verle ni bien había salido del despacho de Shinobu, pero, como Aoi y él estaban atendiendo a algunos heridos, no pudieron estar a solas hasta ese momento.
Kyojuro se separó y le observó. No sabía qué decir, lidiar con esas cosas nunca se le había dado bien, pero tenía que hacer un esfuerzo.
—¿Crees que padre está en un lugar mejor? —Senjuro se le había adelantado a la hora de hablar.
—Estoy seguro que sí, y que madre está con él.— Kyojuro no tenía dudas al respecto. Y, muy posiblemente, Shinjuro fuera feliz de nuevo.
—Si no nos hubiéramos ido….-Empezó a decir el más joven, pero su hermano no le dejó continuar.
— ¡No digas eso!-exclamó —¡No podemos saberlo y no debemos pensar así!
—Pero… .
— Lo único que podemos hacer es seguir adelante con la cabeza bien alta. —Eso era lo siempre había hecho él. Senjuro se limpió las lágrimas que asomaban de sus ojos y Kyojuro siguió hablando—soy consciente de que no es algo sencillo, pero no podemos detenernos y quedarnos estancados —dijo serio. Que el no haber hecho eso había sido el error de su padre quedó implícito.
El chico asintió, no confiaba en esos momentos en su voz.
Kyojuro le revolvió el pelo. Ahora comprendía mejor cómo se había sentido Sumiko en su momento ahora que sólo tenía a Senjuro.
Warabihime fruncía el ceño con evidente irritación. En sus manos sostenía una de las cartas que, gracias a su técnica de sangre, había conseguido arrebatar al cuervo, matando al animal en el proceso.
Pero ahora tenía un problema, no podía leer el contenido. Estaba convencida de que esas líneas y puntos, a la fuerza, tenían que contener un mensaje. Y carecía de pistas o indicaciones con las que poder deducir su significado.
Y, por esa misma razón no podía dar por sentado que Suma estuviera intercambiando cartas con algún cazador de demonios. Cierto era que ellos usaban esa clase de ave para mensajear, pero era pronto para sacar conclusiones.
Lo más prudente sería hacer desaparecer a la chica y tomar nota de lo que eso generaba. Sonrió un poco al pensar en la posibilidad de luchar contra un cazador. Si estaba de buen humor ese día y resultaba que era alguien con cierta hermosura quizá lo convirtiese en demonio.
Era algo que nunca había hecho en los casi dos siglos que llevaba siendo demonio. Pero ya pensaría en eso cuando el momento llegase, ahora lo importante era encargarse de Suma, tendría que esconderla en un lugar dónde no pudieran encontrarla con facilidad. Y el mejor sitio era su despensa subterránea, ahí podría interrogarla con tranquilidad.
Esperaba que fuera lo suficientemente cooperativa o se vería en la necesidad de recurrir a métodos más agresivos. Sonrió al pensar en eso, ya tenía varias ideas de lo que podía hacer.
Kanao avanzaba nerviosa hacia Sumiko, la había encontrado en el jardín delantero. Sostenía en su mano izquierda el pasador, se lo iba a dar ya.
—Sumiko —la llamó con suavidad cuando llegó a su altura y la chica se giró, sonriendo nada más verla, haciendo que el corazón de Kanao se acelerase un poco.
—¡Hola, Kanao!
La joven tragó saliva y reuniendo valor, alzó algo la mano en la que sostenía el obsequio, haciendo que su amiga reparase en él y la mirase sin entender.
—Verás… .— Kanao reunió valor para seguir hablando— me he enterado, gracias a Aoi, que tu cumpleaños es dentro de poco y… quería regalarte esto.
Sumiko, algo sorprendida, cogió con cuidado el pasador y volvió a sonreír-Muchísimas gracias, Kanao-dijo mientras que, con la mano libre, deshacía la coleta que llevaba y se guardaba el coletero, bastante desgastado por el uso, notó Kanao, quien no pudo evitar sentir un enorme alivio. Había elegido bien, pensó mientras contemplaba, por primera vez a Sumiko con el cabello suelto. Lo tenía completamente liso hasta las puntas, que estaban algo onduladas y le llegaba hasta casi la cintura, pero la voz de Sumiko la devolvió a la realidad-¿Me ayudas a ponérmelo bien?
—Cl-Claro— Aunque intentó que no se notase, por unos segundos le había temblado la voz y un ligero color rojizo cubría sus mejillas. Rápidamente se colocó detrás de su amiga y comenzó a recogerle el pelo en una coleta, para después volver a coger el pasador y colocarlo, sujetando el cabello.
Sumiko se giró mientras Kanao daba un par de pasos hacia atrás. —¿Qué tal me queda?
—Perfecto —confesó la muchacha y Sumiko esbozó una sonrisa radiante.
Senjuro ayudaba a Aoi y a las otras tres niñas a poner la mesa. Se acercaba la hora de la cena y ya tenían casi todo listo, aunque, debido al apetito casi insaciable del hermano mayor de Senjuro habían tenido que preparar casi cinco veces más de comida de la acostumbrada y les tomó más tiempo que de costumbre.
—Pero… ,¿cómo puede comer tanto y estar tan… así? —preguntó Kiyo, una de las niñas más pequeñas.
—Pues…creo que es porque quema todo enseguida— contestó Senjuro, algo avergonzado al pensar en lo tragón que podía llegar a ser Kyojuro.
—Oh… —murmuró la niña, asintiendo, tenía sentido.
—Naho, ¿puedes avisar a los demás?— pidió Aoi.
—¡Claro!
La niña salió deprisa del comedor tras colocar el último par de palillos. Sabía que, a esa hora, Shinobu estaría en su despacho o en el laboratorio improvisado que tenía.
Fue primero a probar suerte en el despacho. Cuando llegó hasta la habitación encontró que la puerta estaba cerrada. Llamó un par de veces y esperó a ver si recibía respuesta. Pero, tras esperar varios minutos y no escuchar nada, se dio por vencida y se encaminó al otro sitio.
El laboratorio sólo podía accederse desde el dormitorio de Shinobu. Una vez ahí, tenía que abrir una puerta que estaba al fondo y descender varios tramos de escaleras. No le gustaba aquel lugar y, veces anteriores que había tenido que ir a avisarla, solía pedirle a Kanao o Aoi que lo hicieran por ella.
Cuando estaba en el pasillo en el que estaba la habitación de la dueña de la casa se cruzó con Kyojuro.
—¡Señor Rengoku! —le llamó, ya que estaba ahí, aprovecharía para avisarle también.
-¿Sí? ¿Ocurre algo? —preguntó él, sonriendo un poco. Aunque no pareció completamente sincera, Naho no se atrevió a decir nada.
—La cena está lista ya —dijo la niña.
—¡Perfecto! Iré ahora mismo al comedor. —Rengoku se marchó deprisa, dejando sola a Naho, quien retomó su camino hacia el dormitorio.
Abrió la puerta tras asegurarse de que Shinobu no estaba ahí y cruzó el dormitorio hasta llegar a la entrada al laboratorio.
Estaba nerviosa mientras ponía la mano sobre el pomo y giraba el manillar. Nada más abrirla, sintió frío y agradeció que las luces que alumbraban el descenso estuvieran encendidas.
Se abrazó a sí misma mientras iba bajando por las escaleras. Esa era, con diferencia, la zona más fría de todo el lugar, pero no se detuvo, por mucho que desease hacerlo, tenía que hacer lo que Aoi le había pedido.
El descenso se le hizo eterno, pero al llegar al final de las escaleras, se topó con una puerta de madera que estaba cerrada.
Avanzó hacia allí y tocó tres veces la puerta, hasta que oyó a Shinobu darle permiso para entrar.
Si antes había creído que las escaleras hacía frío, ahí, en el laboratorio, era mucho peor. Procurando no tiritar, miró a Shinobu.
La mujer había estado sentada frente a una mesa y, a juzgar por el microscopio colocado ahí, debía haber estado examinando algo. Pero Naho, que quería salir de ahí cuánto antes, apenas se fijó en esos detalles.
—¡L-La cena ya está lista!
—¿Ya? —preguntó Shinobu y se quitó la bata blanca que había estado llevando sobre su uniforme. —¿Has avisado a todos ya? —preguntó mientras colgaba la prenda en un perchero cercano y las dos avanzaron hacia la salida.
—No, sólo me faltan Kanao y Sumiko.
—Bueno, pues corre a avisarlas y nos vemos en el comedor.
La niña comenzó a subir corriendo las escaleras. Shinobu rió un poco y se limitó a sacar una llave del bolsillo del pantalón. Cerró bien la puerta y tras asegurarse de que quedaba candada, comenzó el ascenso.
Kanao observaba con cierto miedo al hombre que estaba debajo del árbol. Había estado hablando con tranquilidad con Sumiko cuando el herrero llegó.
No estaba para nada contento con lo ocurrido con la katana y había comenzado a perseguirlas, blandiendo un cuchillo de cocina y gritando obscenidades e improperios.
Las había hecho correr por todo el patio y, hasta que no se subieron a la copa del árbol, no consiguieron algo de tregua.
Aunque este seguía ahí, esperando a que bajasen.
—¡Lo siento mucho! —se volvió a disculpar Sumiko, aunque, al igual que las veces anteriores, no consiguió apaciguar al herrero.
—¡Cállate, zopenca! ¡¿Te voy a descuartizar, me oyes?! —gritaba a pleno pulmón el hombre, completamente fuera de sí, mientras blandía su arma de manera amenazadora.
—No creo que vayamos a poder razonar con él —confesó Kanao.
—Eso parece, sí.
Su única alternativa parecía que sería que alguno de los residentes de la casa se diera cuenta de su ausencia y fuera a buscarlas. Preferiblemente Rengoku o Kocho, ellos sabrían cómo lidiar con eso, ¿verdad?
En ese momento, el adulto retrocedió varios pasos, alzó el brazo con el cuchillo y lo lanzó en su dirección, esperando darle a Sumiko con él, pero la chica lo esquivó con facilidad, moviendo un poco la cabeza hacia la derecha.
—Así que aquí estáis-oyeron una voz femenina y vieron a Shinobu y a Aoi salir y acercarse —.Tú debes ser Haganezuka, ¿verdad? —preguntó mirando al hombre.
Este la observó, asintió y volvió a centrar su atención en las dos chicas.
—Nos dijeron que tu comida favorita eran las bolas rellenas de pulpo —comentó la Pilar, sonriendo. Con eso pareció captar por fin el interés del herrero, que asintió con energía—. Hemos preparado varias en cuánto supimos que vendrías. Aoi, ¿por qué no le acompañas?
La chica, que al mirar a las dos chicas se había percatado del pasador con forma de mariposa de Sumiko, asintió algo distraída y se apresuró a obedecer, retirándose de ahí con Haganezuka.
—Ya podéis bajar —indicó Shinobu y las dos chicas saltaron y aterrizaron limpiamente en el suelo —.Ya está todo listo para cenar y nos preocupaba no encontraros por ninguna parte.
—Muchas gracias, Kocho —murmuró Sumiko, de no haber llegado ella, a saber cuánto tiempo hubieran tenido que estar ahí.
—No las des. Haganezuka es bien conocido por su temperamento. Fue él quien forjó la espada de mi hermana y que pasase esto era bastante común.— La mirada de Shinobu se tornó nostálgica, pero sólo duró un segundo —.Por cierto, Sumiko, ese pasador te queda muy bien.
—Mu-Muchas gracias. Ha sido un regalo de Kanao— murmuró la chica sonriendo un poco. Le había gustado mucho.
Las tres se encaminaron hacia la casa.
Suma abrió los ojos con esfuerzo. Lo último que recordaba era haber estado en su habitación y cómo algo, una tela, la envolvió por detrás. Intentó moverse, pero no fue capaz, algo sujetaba sus brazos y piernas, tampoco podía ver dónde estaba, el lugar estaba demasiado oscuro.
Giró la cabeza para asegurarse, no entraba luz por ningún lado. La única pista que tenía de dónde estaba era que el tacto rugoso de la piedra que notaba debajo suyo.
—Veo que ya has despertado.—Alzó la cabeza inmediatamente al escuchar esa voz femenina —.Has tardado menos de lo que esperaba.
—¿Quién eres? —Suma hizo su mejor esfuerzo en ocultar su pánico.
—Aquí las preguntas las hago yo, querida —oyó y escuchó como la mujer avanzaba hacia ella—. Y tenemos mucho de lo que hablar~
El pelo de la nuca de Suma se erizó. No la veía aún, pero podía captar el poder que emanaba de su captora.
—Verás, sé que te has estado enviando cartas con alguien —dijo la otra y, con cierto desprecio, las dejó caer frente a la humana —.Pero no he podido leerlas.
—No te voy a decir lo que pone, demonio.
-Oh, perfecto. Así que sabes lo que soy. —Suma sintió cómo la otra la agarraba de la barbilla y la obligaba a alzar aún más la cabeza —.Doy por hecho que te escribías con un cazador de demonios, ¿verdad?
Suma hizo una mueca, al identificarla como demonio había, posiblemente, hablado de más.
—Me pregunto cuánto tardarán en darse cuenta de que has desaparecido, pero hasta entonces podremos divertirnos.
La kunoichi apretó los dientes, no le gustaba el rumbo de la situación en absoluto.
—Te preguntaré otra cosa, ¿a quién iban dirigidas las cartas, cariño?
Suma no respondió y su interlocutora suspiró un poco, retiró la mano de su mentón y, en un rápido movimiento, rompió el meñique de la mano derecha de la humana. La única reacción de ella fue cerrar los ojos con fuerza y apretar los dientes para no chillar.
—Cada vez que no contestes a una de mis preguntas, te partiré uno de los dedos, ¿queda claro?
De haber estado Makio en esa situación, se hubiera mofado ante esa amenaza. Como kunoichis habían tenido que soportar cosas peores, pero Suma no estaba tan loca como para arriesgarse a soltarlo y provocarla.
Al menos, sus ojos se habían adaptado algo a la oscuridad y podía distinguir la silueta de su enemiga.
—Es una lástima, eres bastante guapa, ¿sabes? No tengo nada en tu contra, pero… .
—No te revelaré nada —la interrumpió la kunoichi.
—Cariño, no sé si tienes serrín en vez de cerebro, y no te has dado cuenta aún de tu situación. Te sonsacaré las respuestas y, aunque no lo haga, ahora tengo clara una cosa. —La mujer esbozó una sonrisa triunfal —.Estoy segura de que, si pasas tiempo sin comunicarte, vendrán a ver qué ha ocurrido. Y entonces mataré a ese cazador.
—¡Antes darán conmigo!
—Por favor, no me hagas reír. Es imposible que puedan localizarte aquí— le informó mientras cogía otro de sus dedos y, al igual que antes, se lo partía sin el menor remordimiento.
Suma trató de reaccionar lo mínimo posible, no le daría la satisfacción de gritar.
—Podemos tirarnos así todo el tiempo que quieras, pero, te aseguro, que al final terminarás contándome lo que quiero.
Kanae sonrió divertida al ver caer muerto al cazador de demonios. Le resultaba especialmente entretenido ver lo frágiles que eran. Hacía mucho que, el matar a quienes fueran en su día sus compañeros, había dejado de importarle.
Se trataba realmente de una cuestión de supervivencia y ella no deseaba morir. Agradecía profundamente a Douma por darle una segunda oportunidad de vivir y no la iba a desaprovechar.
Se acercó al cuerpo y lo agarró sin demasiado cuidado. Se dio media vuelta y cargando con él sobre uno de sus hombros, se marchó del bosque, rumbo de vuelta al templo del culto de Douma.
No se había alejado mucho de ahí, lo suficiente como para que no descubriera nadie del Cuerpo la localización de ese lugar.
Lo único que lamentaba era no haber sido capaz de matar al cuervo, que nada más verla había huido. No se engañaba, habría ido a avisar al patrón. Realmente ya era hora de que supieran que estaba viva, a decir verdad.
Se detuvo cuando llegó a la parte de atrás del edificio y de un salto llegó hasta el balcón que había en el segundo piso. Se asomó por la ventana y vio a Douma sentado en un cojín, leyendo un libro bajo la tenue luz de una vela.
Para dar a conocer su presencia y que le abriera, dio dos golpes suaves al cristal. El demonio dejó el libro a un lado y miró en su dirección. Se levantó y tras andar hacia allí, abrió la puerta, dejando entrar a Kanae.
—¿Fue difícil? —preguntó mientras ella, sin cuidado alguno, dejaba el cuerpo en el suelo.
— No, pero su cuervo huyó.
Douma asintió, serio. Eso podría suponer una molestia y les iba a tocar acelerar sus planes originales.
—¿Y qué harás? —preguntó mirando a la mujer —.Enviarán a más a por ti y es posible que descubran todo esto.
Kanae suspiró un poco y se recogió el pelo tras las orejas —.Irme de aquí, ¿acaso tengo otra opción?
El cuervo se posó en el hombro de Kagaya Ubuyashiki. Estaba agotado después del vuelo, casi sin paradas, desde Hokkaido.
—¡Traigo noticias! —exclamó el ave procurando no chillar demasiado —¡Kanae Kocho ha sido vista con vida en Hokkaido!
Ubuyashiki, que había levantado su mano derecha para acariciar al animal, se detuvo bruscamente. Tenía un mal presentimiento al respecto.
—¡Ahora es un demonio! —terminó de decir el animal. Kagaya, haciendo un esfuerzo por contener sus emociones, acarició al mensajero.
—Has hecho muy buen trabajo —le felicitó y, con ayuda de su esposa, se levantó y miró en dirección a la mujer —.Deja que descanse junto al resto de cuervos y escribe, por favor, un mensaje urgente para Shinobu contándole esto.
Amane asintió y, tras dejar a su marido con sus dos hijas mayores, se apresuró a cumplir lo ordenado.
Shinobu temblaba mientras leía aquella carta una y otra vez. Tenía que ser mentira, Kanae no…su hermana había muerto hacía dos años. Era cierto que el cuerpo jamás se encontró, pero ... .No, se negaba a creerlo, tenía que haber alguna clase de error. Pero, al mismo tiempo, era consciente de que el patrón no mentiría en algo así.
Sin ser consciente de ello, comenzó a apretar el papel por la rabia que comenzaba a abrirse paso en su interior.
¿Su hermana, con lo dulce y bondadosa que había sido, convertida en uno de esos monstruos que devoraban humanos?
Se lo haría pagar a ese desgraciado, le haría sufrir la peor de las muertes. Costase lo que costase sería ella quien pusiera fin a su existencia.
Un escalofrío la recorrió al pensar en el hecho de tener que dar muerte a Kanae también, pero era la única forma de que pudiera descansar en paz, se obligó a sí misma a recordar. Algo que su hermana se merecía.
—Shinobu…,¿qué ocurre? —Al oír la voz de Kanao levantó la mirada y la ira de sus ojos se desvaneció algo. Dejó la carta sobre la mesa y avanzó hacia la joven. La abrazó sin responder aún a su pregunta.
Kanao estaba aún más preocupada, el contenido de esa carta debía ser aún peor de lo que esperaba.
—Tenemos que hablar —murmuró Shinobu cuando se separó. La muchacha asintió, no recordaba haber visto a su hermana mayor tan seria antes
Bueno, y hasta aquí es el décimo capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.
Así que, nos vemos el mes que viene con el undécimo capítulo.
¡Hasta la vista!
