Capítulo 19.- 10 de Octubre
No sabía por cuento tiempo había permanecido aferrada al cuerpo de Naruto. Tal vez era por miedo de que lo ocurrido solo hubiera sido un delirante sueño del cual despertaría inmediatamente, tumbada sobre el pasto, con al menos una docena de hojas marchitas cubriéndola.
Había esperado mientras se hundía en el cuerpo de Naruto a que éste desapareciera, volviéndose etéreo, dejándola sola con su locura, pero aquello nunca sucedió.
Sakura abrió sus ojos al sentir caricias sobre su cabello, enroscando la pequeña hebra rosada entre su dedo y dejándolo caer segundos después. Escuchó el palpitar de su corazón, chocando contra el fornido pecho, logrando tocar el suyo. Percibió el olor a caoba y el calor de su aliento con cada suspiro. El miedo pronto había desaparecido.
―Sakura… ―ronroneó Naruto contra su cuello y sintió un escalofrío recorrerle desde su nuca hasta la punta de sus pies.
Sintió a Naruto removerse entre sus brazos, recogiendo sus manos hasta apoyarlos en sus hombros. Sakura por inercia se aferró con más fuerza, negándose rotunamente a romper aquel abrazo. Lo necesitaba tanto como lo deseaba, no podía pedirle que después de esperar tanto tiempo para tenerlo tan cerca, ahora sin más, alejarse de él. ¡No lo permitiría!
La mano de Naruto se apoyó en su barbilla, subiéndola, obligándola a mirarlo, y ella, se perdió en su rostro casi al instante.
―Sakura ―repitió seriamente acercando su rostro al suyo, mirando a sus ojos con ese color tan transparente como el agua.
―¿S-Sí? ―apenas si pudo recobrar la cordura por un momento para formular una simple palabra que le había costado como un trabalenguas.
Estaba tan cerca que su aliento la aturdía, la visión de sus labios tan cerca provocaba que su cuerpo ardiera en deseo con la simple imagen de su boca; los podía sentir rozando los suyos.
―No puedo hacerlo hasta que lo prometas… ―Sintió sus labios moverse sobre los de ella, articulando cada letra que salió de su boca.
―¿Prometer… que? ―murmuró.
No supo de dónde sacó la suficiente cordura como para responderle, pero lo había hecho sin tartamudear, un mérito del que podía estar orgullosa en silencio.
Naruto por otro lado, se alejó unos centímetros de ella, rompiendo inmediatamente el roce entre sus labios.
―Mírame ―Sakura alzó la mirada para toparse de nuevo con los zafiros en sus ojos―. Necesito que lo digas… promete que cuando te diga "aléjate" lo harás
Sakura evitó observar su cristalina mirada que penetraba en su corazón como una daga precisa. ¿Desearía alejarse de él cuando lo dijera? No, ¡Por supuesto que no! pero no había otra forma de estar junto a él y sus palabras fueron claras: Deseaba nunca decirlas.
No entendía absolutamente nada y aunque tratara de entender, estaba claro que Naruto no iba a compartir el gran peso sobre suss hombros, aunque Sakura, si de algo estaba segura, es que poco a poco iba a aligerar su carga, enfrentándose juntos a los que fuera que viniera, solo estaba a una promesa de la felicidad y sabiendo lo que implicaba, estaba dispuesta a aceptarlo.
―Prometo hacerlo, aunque no puedo prometer que no intentaré recuperarte
―Como era de esperarse de alguien como tú ―No había visto la sonrisa de Naruto desde que regresó, era la misma que recordaba, brillante con un ápice de tonta.
Naruto posó su mano en la mejilla de Sakura delicadamente, acariciando con su pulgar la tersa piel de la zona, recorriendo el contorno de su rostro hasta su barbilla, halándola suavemente hacia delante hasta que sus labios sintieron el roce de su boca que jugaba a incitarla mientras respiraba el aliento caliente de él. Sintió la sonrisa pícara de Naruto sobre sus labios, divertido mientras esperaba la culminación del acto.
―Bésame ―suplicó en un susurro ahogado.
Los labios de Naruto se oprimieron a los suyos en respuesta a su plegaria. Sakura sintió al mundo detenerse mientras sus corazones sonaban fuerte y presurosos al unísono. Sus bocas acompasadas mantenían el ritmo, amoldándose con cada movimiento apremiante. Sentía la mano de Naruto acariciar su espalda en una tersa caricia, subiendo y bajando por su columna vertebral, poniéndola más ansiosa.
En un osado movimiento, Sakura tocó con su lengua el labio inferior de Naruto quien sin mucha demora profundizó el beso, rozando su lengua contra la de Sakura en una lucha juguetona por el poder. Sakura sintió el calor subir hasta sus mejillas y un gemido se ahogó en su garganta.
Las manos de Naruto se posaron nuevamente en sus hombros, empujándola con la mínima fuerza, alejándolo de él. Su respiración estaba agitada, su rostro bronceado se había colorado hasta las orejas.
El rostro de Sakura lo miraba confusa, en un cuestionamiento silencioso, como si con solo mirar sus ojos pudiera encontrar la respuesta de sus actos ¿Cómo era que cada vez sucumbía ante ella? Era su más llana debilidad y la única felicidad que tenía en su vida. ¿Cómo no podía querer dejarlo todo para estar con ella? Se preguntó mientras la observaba, con las mejillas coloradas; la boca rojiza, ligeramente entre abierta y un poco agitada. No podía continuar al darse cuenta que la pasión y añoranza que sentía por ella habiéndose acumulado por tantos años, era de una magnitud que no creía posible.
―Si seguíamos… no hubiera podido detenerme
―Créeme, no quería que lo hicieras
Naruto sonrió tontamente y la rodeó entre sus brazos, apoyando la barbilla en su cabeza y pensó en las consecuencias de haber seguido aquel beso: la hubiera poseído en ese momento y lugar.
Sakura pensó en lo mucho que había crecido, recordó cuando estaban en primaria y Naruto era más bajo que ella por varios centímetros y ahora casi a los diecisiete años la había pasado por cinco. Se preguntó entonces qué tan alto estaría dentro de algunos años. De pronto Sakura se percató de algo.
―¡Oh Dios! ―exclamó dando un salto hacia atrás―. ¡Tu cumpleaños!
―¿Qué hay con eso? ―encarnó la ceja.
―¡Es hoy!
―¿De verdad? ―Naruto rascó su barbilla pensativo, después se talló la nuca como si aquello le devolviera la memoria―. Creo que tienes razón
―No puedo creer que ni siquiera te acuerdes que es tu cumpleaños tonto
―Tengo cosas más importantes que pensar que en un día cualquiera
―Fue el día en que naciste
―Como dije, día cualquiera ―sonrió de lado y se encogió de hombros―, además hace un par de años que no lo celebro, en un día como hoy no tengo por qué celebrar
Sakura entendió de inmediato a lo que se refería y se maldijo por sacarlo a relucir. Sus padres murieron un día como ese, hace solo un par de años… sintió como un balde de agua fría cayó sin aviso sobre ella.
Imprudente y estúpida Sakura, recriminó su mente. Sin embargo, no podía dejar pasar la oportunidad, después de todo para ella si era un día para celebrar y no solo por estar juntos, sino por el simple hecho que ese día nació el chico que llenó su corazón de amor.
―¡Ya se! Dime qué quieres, lo que sea.
―Lo que quiero… ya lo tengo ―sonrió con un dejo de lujuria que nunca había visto en él, y a decir verdad no le desagradaba. Lo miró por un instante, hipnotizada por el brillo del sol reflejándose en su cabello como un halo angelical y entonces Naruto soltó una carcajada―. Si haces esa cara me va a ser imposible controlarme
―No quiero que lo hagas ―susurró atrevidamente.
―¿Qué dijiste?
―Nada
―Pervertida ―pellizco la mejilla ya sonrojada de Sakura haciendo que el color fuera más intenso―. Sé que seguirás insistiendo hasta que ceda, no sería la primera vez ―anunció mirándola―. ¡Ya sé que quiero! Una cita con mi novia
Naruto deslizó su brazo por el cuello de Sakura, apoyando la mano en su hombro. No supo qué la hizo sentirse tan abochornada, si la sensación del beso que compartieron o el que la haya llamado "mi novia".
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Era extraño pasear tomada de la mano de Naruto. Se sentía como si siempre hubiese sido de esa forma, como si su mano estuviera diseñada para ir de la suya, era una rara pero acogedora sensación. En su protección se sentía tranquila y como en mucho tiempo no se había sentido: en casa.
Sentía las miradas acosadoras sobre ellos ¿Cómo era posible que Naruto llamara tanto la atención? La mayoría de las mujeres volteaban a mirarlo o cuchicheaban entre ellas, no sabía si ponerse celosa o sentirse orgullo de que el amor y la mirada de Naruto fueran desde siempre para ella. A cada tanto, Naruto la miraba de soslayo y cada vez que ella lo atrapaba sonreía.
―¿A dónde quieres ir?
―A ningún lugar en especial, tan solo pasar tiempo contigo y presumirle al mundo mi hermosa novia
Naruto estaba tan feliz que le costaba creerlo, no podía borrar la tonta sonrisa de su rostro, era simplemente increíble que después de tantos años y cuando cada vez era más improbable y sus esperanzas se iban reduciendo, al final ella le correspondió como en algún sueño alocado que una vez tuvo y reprochó.
―Si no borras esa tonta sonrisa de tu rostro, me veré obligada a quitártela
―¿Ah sí? ¿Y cómo harás eso?
Sin previo aviso, Sakura saltó rodeando el cuello de Naruto con sus brazos, plantando un beso sagaz sobre sus labios, terminando tan rápido como empezó. Sakura sonrió triunfante.
―¿Sabes? Eso no ayuda para nada ―y la sonrisa boba regresó en un santiamén.
Sakura dirigió su mirada seria que apresuradamente se transformó en una sonrisa que estalló en una risa acallada.
―¡Oh! Tengo una sorpresa para ti
―¿Sorpresa? ―contestó Naruto extrañado.
―Sí, si solo esperas un momento, enseguida regreso
―Pero, ¿Y qué pasó con "Quiero tener una cita con mi novia"?
Naruto hizo una mueca pronunciada y cruzó sus brazos sobre su pecho, denotando su desaprobación.
―Solo serán unos minutos, ¿Qué tal si me esperas en la heladería de allá? ―señaló Sakura una pequeña tienda con mesas sobre una tarima de madera.
―Unos minutos ―sentenció.
―Unos minutos ―reafirmó.
Observó mientras Naruto se alejaba sin inmutarse, esperó hasta que su silueta se perdiera para retomar su camino.
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Un día como ese, en la soledad de su propia presencia, recordaba inconscientemente ese día, reviviendo sus recuerdos estrambóticos una vez más como los pasados años.
El 10 de Octubre al despertar, ya sabía que esperar. Un gran tazón de ramen recién hecho a manos de su madre, aunque sabía que no era el mejor, no podía decirlo a sabiendas que su madre se enojaría mientras su padre trataría de calmarla por más de una hora y no era esa la forma de empezar un cumpleaños ¡oh no!
Después de tomar el desayuno para nada saludable, Sakuke Uchiha había pasado por él sin previo aviso. Sus padres sabiendo de ante mano el plan aceptaron felices.
Ese 10 de Octubre, ese cumpleaños, fue el más divertido que haya pasado hasta ese momento y había recibido de Sakura un abrazo que quedó grabado en su corazón.
Ese día parecía llevar consigo grandes acontecimientos.
El regreso a casa fue inusitado.
Las luces de su casa estaban completamente apagadas, ni siquiera la lámpara de la sala estaba prendida como sus padres siempre dejaban cada vez que regresaba pasada las diez. Al pisar su casa el olor a quemado fue lo primero que golpeó, se adentró a la cocina donde estaba encendida una de las hornallas de la estufa, con un estofado consumiéndose; lo apagó enseguida.
―¿Mamá? ―preguntó y esperó unos segundos sin recibir respuesta―. ¿Papá? ¿Están en casa?
Sus pasos eran tranquilos pero apremiantes. Sacó su móvil sin detener sus pasos y cruzar por el pasillo hacia la escalera. El tono del teléfono de su madre sonaba fuerte en el piso de arriba. Naruto subió con parsimonia uno a uno los escalones, sabiendo que algo extraño estaba ocurriendo.
Tragó saliva que rasgó su garganta y abrió la puerta del cuarto de sus padres que estaba entre abierta y ahí estaba el celular. Parpadeando en la mesa de noche.
Naruto suspiró pesadamente.
El estruendo que proliferó desde la planta baja azoró su persona hasta el momento impávida. Su frente comenzó a perlarse con sudor frío.
―¿M-ma…? ―dijo en voz trémula y susurrante.
Estaba a punto de dar el primer paso cuando un grito sordo acalló cualquier ruido que estuviera sonando en aquel momento. Naruto se petrificó en el instante que el sonido retumbó hasta el segundo piso y tragó saliva para abrir su garganta. Resurgieron los ruidos, el rechinar de los muebles al moverse bruscamente, chillidos de dolor y agitación.
Cuando su voluntad recobró fuerza en su interior, decidido a bajar y enfrentar lo que fuera que estuviese ocurriendo, Naruto empezó a dar pasos agigantados y firmes, cuando la puerta de su cuarto se entreabrió a solo unos pasos detrás de él cerca de la escalera que daba a la cocina. Entró sin siquiera pensarlo y lo que encontró dentro dejó una marca profunda en su ser.
Su madre, apoyada del escritorio giró su cuerpo.
―N-Naruto… ¡N-no!… no enciendas… la luz ―retomó con esfuerzo, sabiendo de antemano lo que haría―. Esto es tan… humillante
―¿Qué ocurrió?
―Eso no importa
―¿Y papá?
―Naruto ―profirió con severidad, casi sin aliento―. Acércate
Sin decir una palabra, actuó como su mamá dictaba. Con pasos firmes acortó la distancia hasta vislumbrar mejor sus facciones sin mucho éxito, sin embargo, Naruto pudo distinguir un brillo sobre la camisa de su madre que al acercarse un paso más acalló un grito horrorizó al entrever que el torso de su madre era atravesado por el atizador que ocupaban en la chimenea, el olor al óxido de la sangre se hacía cada vez más penetrante y bajo sus pies podía sentir el líquido denso y pegajoso que hacía que sus pasos fueses más inciertos y resbalosos. Sin embargo trató con todas sus fuerzas de no demostrar lo escandalizado que estaba.
―Necesito que lleves esto con Jiraiya… ―la voz siempre intrépida y dura de su madre era tan queda que de sus ojos empezaron a escapar lágrimas. La mano trémula de su madre se posó frente a él y sin dudarlo un segundo tomó lo que fuera que tuviese en su mano su madre, podía sentir bajo su tacto un tipo de roca o cristal alargado―. No importa lo que escuches Naruto, no regreses…
―¿Y papá?
Escuchó a su madre ahogar un chillido en su garganta, hubo un momento de silencio antes de que su madre exhalara el aire que contuvo.
―Hijo ―comenzó con el poco aliento que podía lograr acumular―. Tu padre y yo te amamos y… siempre lo haremos… pórtate bien… hazle caso a Jiraiya…
Naruto mordía su labio inferior con fuerza sin importarle que el sabor de la sangre empezara a mezclarse con su saliva, solo se mantuvo estático, escuchando sin hacerlo la voz de su madre y lo que parecía ser, su despedida.
―Vete mí amado hijo… Cuídalo y nunca dejes que ellos lo posean… Aléjate y no mires hacia atrás… Corre y no regreses…
Naruto escuchó cada una de las palabras de su madre, unas más apagadas que otras, sin hacer preguntas se dirigió a la ventana como su madre ordenó, aún en esas condiciones su madre siempre no podía dejar de ser como era.
Se detuvo en el marco de la ventana y echó un último vistazo, ahogando un sollozo mientras veía el cuerpo de su madre colapsar en el suelo, ella trató de levantarse, como siempre luchando, así era su madre, así era Kushina Uzumaki, recordó y bajó como pudo al jardín.
Escuchó pasos subir las escaleras, pero no se detuvo, sin importar lo que pasó después ni tampoco que su visión era nublada por las lágrimas acumuladas o que su alma se partía en pedazos, él corrió hasta llegar a su destino.
Naruto recorrió con sus dedos el cabello alborotado, recargó su cabeza en el sillón y suspiró cerrando los ojos por un momento.
―¿Qué desea ordenar?
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Esperaba frente al mostrador mientras observaba la tienda, tratando de entretenerse mientras se traían de la bodega su encargo. Tan pronto como el paquete llegó a sus manos se disponía a salir.
―¡Esto debe ser el destino!
Sakura contuvo el aliento en el instante que escuchó la voz brotando de entre el disturbio de la tienda: la música de fondo y los diferentes clientes probando algunos instrumentos musicales.
―¿No te parece? ―recargó su codo sobre el mostrador y su rostro en su puño siendo adornado por una socarrona sonrisa― ¡Oh! ¿Tocas? ―trató de sonar fascinado.
―No es de tu incumbencia, hazte a un lado
―¿Por qué?
―Estoy comenzando a creer que me estás siguiendo
―¿De verdad? ―rio divertido―. Yo creo que es el destino
―Y yo creo que eres un imbécil, déjame pasar
―Pero si esto es divertido ¡Vamos! Te invito un copa de vino ¡Ah espera! Ahora recuerdo que tienes diecisiete
―Desquiciado ―masculló.
―Un café.
―¡Quítate!
―¡Ah! ―suspiró―. De todas formas creo me han ganado. Me imagino que eso… ―señaló el paquete―. Es un regalo para… no creo que sea tu padre, pareces una persona que es hija única, ¿un amigo? No, demasiado… aunque no lo sería si te gustara ¡Ya sé! Debe ser para tu novio ¿no?
Sakura frunció el entrecejo fastidiada, ese individuo la sacaba de quicio y ahora estaba creyendo que era un acosador.
―Cumpleaños ¿Estoy en lo correcto?
―¿Puedes dejar de hacerte pasar por adivino y quitarte de mi camino?
―Soy bueno ¿no? Y me imagino que ese rubio de allá afuera es el dueño de ese hermoso paquete ―señaló con la barbilla―. ¿Estoy en lo correcto?
Miró a través de la ventana y ahí se encontraba Naruto, mirando desde afuera de la tienda, le pareció extraño ya que contaba con vidrios polarizados, sin embargo, la penetrante mirada parecía dirigirse directamente hacia ellos.
―Me da hasta escalofríos, tu novio es el acosador. Ahora ve, no queremos que se enoje ¿verdad?
Sakura miró por un instante al tipejo llamado Deidara. Algo raro ocurría con aquel individuo, su interior dictaba que se alejara de él y eso haría.
―Espero nunca más volverte a ver en mi vida ―dijo antes de salir de la tienda, no sin antes escuchar un ligero susurro: eso lo veremos.
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Continuará...
¡Hola a todos! Uff Cada vez que entro a publicar continuación termino disculpándome hahaha eso no es bueno u_u en fin, ahora lo que pasó fue mi lap, quedé varios meses sin computadora y bueno... pero por fin está listo el capítulo ¡yey!
Espero les guste!
Ahora, los agradecimientos... muchas gracias por sus comentarios a ...eliannar, MarianitaUchiha, Antharez, Azkaban (múltiples veces), EmptyHeart North, ikari-cheen, Sakuita 01 (Bienvenida)... me alegran cada día al leerlos, también agradezco a los lectores anónimos por pasarse y tomarse su tiempo para leer este fic.
Sin más, espero que hayan disfrutado del capítulo que tardó en llegar pero llegó.
Muchos saludos, abrazos y apapachos!
Hasta la próxima.
Adiosin! :D
