Corta aclaración: Yo le digo Moon a la prota porque, mientras que este fic era planeado (y escrito en parte), tenía entendido que Moon era el nombre oficial. Después me enteré muy tarde que no, así que tranquilos: Moon es, básicamente, la prota femenina. No hay más explicación ;)
Lo otro: Los nombre, en general, que uso son los de mi versión, la de español (soy chilena, que esperan), por lo que no esperen los nombres originales aquí. Son fáciles de deducir… creo.
Última cosa: Yo NO me apegó al canon. Hay algunas cosas que sí que tomare, pero no todo será apegado a lo que pasa originalmente, porque pues, no sé, me gusta así. Así que pueden considerar este fic como un "aparte".
I
Escapando de una Cita
¿Algo así se suponen que eran las citas?
Todo había empezado muy bien. Para celebrar su cumpleaños, Moon había invitado a Lillie a pasear por la isla de Melemele. Ambas iban camino a las Ruinas de la Guerra, para presentar sus respetos a Tapu Koko, conversando casualmente.
Mentira. Moon era la que más hablaba, pero ella solo podía contemplar cómo se movían los labios de la chica, y cada movimiento de su cuerpo. Lillie estaba cumpliendo ya diecisiete años, y había cambiado bastante: estaba más alta, casi le sacaba una cabeza a Moon, y se había desarrollado, además de que volvía a traer el cabello suelto. También había cambiado psicológicamente; ahora era más madura y seria, y también… también había agarrado gusto con su mejor amiga.
El tiempo también había obrado en Moon. Sus ojos gris tormenta ahora brillaban sabios, y su sonrisa ocultaba muchas cosas, pero seguía siendo la misma chica ingenua y feliz que tanto cariño recibía de Lillie. También estaba más alta, y había desarrollado bastante musculo luego de seguir entrenando para defender su título de Campeona. A pesar de todo, seguía usando el mismo gorro rosa, y vistiendo exactamente igual.
También seguía igual de infantil o peor.
—Entonces, mientras yo me enfrentaba a él, Zarala se acercó por detrás y le tiñó el cabello —dijo la chica entre risas—. Denio estuvo una semana con el cabello rosado. ¡Lo mejor fue cuando unos vagos empezaron a causar problemas, y él les dijo que pararan! Los chicos lo miraban y se reían. Tuve que intervenir yo.
Lillie dejo ir una risa, acompañando a su amiga. Le gustaba mucho la risa de Moon, representaba la felicidad que ella tantos años deseo sentir.
—Eh, Lillie, ¿qué has sabido de Gladio? —le preguntó de pronto su amiga, sonriéndole ampliamente.
—Oh… —La rubia ladeó la mirada—. No sé. Está en Kanto, por lo que me contó por las cartas, y ha conocido mucho. —Lillie sonrió—. La está pasando bien, creo.
Desde que se fue, Gladio había empezado a enviarle cartas a ella y a su madre, y hasta venía a verlas cada cierto tiempo. A ella se las enviaba por medio de una Staravia, y a su madre por medio de un Noctowl. Por ello, se había acostumbrado a estar mirando el cielo por si un Staravia estaba volando sobre ella.
—¡No sabes cuánto me alegro!
Lillie sonrió ante la felicidad en la voz de Moon. Volteó a verla, notando que ella jugueteaba con la pokeball de su cadera, la única que tenía, la de su Incineroar. La conocía, sabía que quería decirle algo. Tantos años juntas ayudaban.
—¿Qué pasa? —le preguntó, notando que Moon desviaba la mirada y se mordía el labio. Estaba nerviosa. Y que la campeona insular estuviera nerviosa era mala idea… o era que estaba planeando algo malo para los demás.
—Lillie… —Los ojos grises de Moon se clavaron en los verdes de ella, haciéndola estremecerse—. Yo, amm… —Moon dejo ir una corta risa, avanzando para colocarse a su lado—. Tengo que darte algo. Pero necesito que cierres los ojos.
Como acto involuntario, la rubia se humedeció los labios, obedeciendo con un sonrojo en las mejillas. ¿Qué estaría pensando hacer Moon? Sintió que se acercaba, y que su cálido aliento le golpeaba los labios. ¿No estaría pensando…?
Sintió que la tomaba de una de sus manos, incrementando su sonrojo. No, debía estar equivocada, debía ser un error, ¿cierto? Moon no estaba pensando… besarla…
Entonces, ¿por qué quería creer que eso estaba pensando hacer la Campeona?
—¡Listo!
Había desconectado de lo que pasaba a su alrededor. Abrió los ojos, encontrándose con una sonriente Moon aun sostenido su mano. En su muñeca, había una nueva pulsera que Lillie no sintió cuando se la colocaba.
—Quería regalarte algo más bien simbólico —dijo Moon, bajando la mirada con un sonrojo en las mejillas mientras la rubia miraba su pulsera. Era transparente, casi de cristal, y tenía en ella escrito su nombre. Era muy bonito.
—Oh, Moon... —susurró, rodeando con su otra mano la pulsera, sonriendo ampliamente—. No era necesario.
—¡Claro que si! —Moon la abrazó—. ¡Feliz cumpleaños!
Lillie respondió casi enseguida el abrazo. Moon era irresistiblemente cálida. Le gustaba abrazarla. Le gustaba ella como persona, si era sincera. Cuando se apartaron, ambas se sonrieron, y volvieron a caminar en sincronía.
—Lillie… —Su nombre sonó bastante bonito proviniendo de los labios de Moon—. ¿Cómo ha estado tu madre?
Así que eso era. Samina había estado concentrada en las investigaciones. No había vuelto a perder la razón, y se empeñaba en estar con Lillie siempre que podía, pero la rubia sentía que cada vez se dedicaba aún más a las investigaciones… A las investigaciones para encontrar a su padre.
—No lo sé…
Moon la abrazó de lado, rodeándole la cadera debido a la diferencia de altura. El tacto relajó a Lillie, sintiéndose tranquila. Claro que confiaba en Moon, y no tenía problemas en decirle, pero: uno, ella era timida; dos, el tema era algo difícil; tres, todo era más difícil con Moon rodeándole la cadera.
—Mamá está segura de que Papá sigue vivo. —A la rubia le costaba hablar de su padre, como también le costaba acordarse de su rostro—. Dijo que tiene que buscarlo, pero no sé. Es como si estuviera buscando otra cosa. Como si estuviera buscando algún Pokémon en el Ultraespacio.
—Quizás lo está buscando a él.
Lillie se mordió el labio. Bajo la mano, rodeando la mano de Moon, buscando apoyo.
—No lo sé. Le he preguntado a Gladio sobre eso, y dice que él tampoco sabe nada, pero pareciera que está mintiendo. ¿Pero para qué preguntó? Ni siquiera me acuerdo mucho de él. Es como si quisieran evitarme ese tema.
—Una vez Gladio me mandó una carta a mí.
La rubia volteó a ver a Moon. Los ojos tormenta de la pelinegra destellaban, como feliz de poder decirle algo para calmarla. Asintió, confirmando lo que había dicho.
—Me habló de Samina y de Polo —informó, sorprendiendo aún más a Lillie, mientras se encogía de hombros—. Dijo que tú eras igual a tu padre. Incluso, dijo que te parecías más a él que a Samina. Quizás, la próxima vez que te veas en el espejo, lo veas a él en vez de a ti misma. ¡Y así te acuerdes de él!
Lillie sintió las lágrimas picándole los ojos. ¿Gladio le había dicho eso a Moon? ¿Por qué? No lo sabía, pero agradecía que lo hubiera hecho. Se mordió el labio, y abrazó fuerte a Moon. Ella correspondió el abrazo, y el acarició la espalda, apoyándola en silencio.
Quizás era por eso que la quería tanto. Por su apoyo interminable por toda su vida.
Retomaron la marcha en silencio. Llegaron finalmente a las Ruinas de la Guerra, y se acercaron en un acuerdo silencioso al altar erigido a Tapu Koko. Como se esperaban, no se presentó cuando se inclinaron ante él, luego de que ambas se quitaran el gorro. Había una leyenda en Melemele que a Lillie le gustaba mucho. Decían que, si alguien prometía algo frente al altar de Tapu Koko, el protector de la isla haría todo en su mano para que eso se cumpliera. Era una promesa que, sin importar lo que ocurriera, tenía que cumplirse.
"Tapu Koko, no sé si me escuchas" pensó la rubia, abriendo los ojos. Miró a Moon, quien sonreía, quizás también prometiendo algo. "Pero tengo algo que prometer. Prometo no separarme de Moon. Si lo hago… te pido que tú me apliques un castigo. Quiero cumplirlo."
La campeona insular abrió los ojos, encontrándose con la mirada esmeralda de Lillie, y le sonrió guiñándole el ojo. La rubia tragó saliva, sintiendo un calor en las mejillas, avergonzada ante la idea de que Moon hubiera adivinado lo que pensó.
Tomó su gorro y salieron, sonriéndose, pero guardando silencio por respeto al lugar.
—Me gusta estar en el altar —admitió Moon cuando ya tomaron una distancia del lugar. No se volvió a colocar su gorro, dejando su cabello negro al aire—. Siento como si Tapu Koko estuviera viendo lo que hago, y estuviera de acuerdo con ello. Me recuerda cuando lo vi.
—Si…
Lillie sintió un calor en la mano y en las mejillas cuando Moon tomó su mano, sonriéndole. Cada vez estaban más cerca del puente de la Senda Mahalo.
—¿Qué quieres hacer ahora?
No se esperaba lo que pasó. Sintió que Moon se tensaba, y de pronto la chica la empujó al suelo. Iba a preguntar qué pasó cuando una llamarada pasó por sobre la cabeza de su amiga, por donde ellas estaban momentos antes. Moon sacó su pokeball, y la lanzó. Incineroar se presentó con un rugido sacudiendo la cola.
—¡Incineroar, Llamarada! —indicó la entrenadora, señalando unos árboles quemados. Incineroar obedeció, lanzando una estrella de fuego que quemó algunos árboles, pero ilumino lo suficiente como para que ambas vieran los ojos de un Pokemón—. ¡Vamos, Lillie!
No avanzaron mucho. Un Lycanroc se presentó, pero en vez de atacarlas con alguna habilidad intento atraparlas en sus garras, separándolas. A Lillie le dio en el gorro, lanzandolo lejos pero sin herirlo. Sus ojos rojos se fijaron en Moon, así que se lanzó contra ella derribándola.
Presa del miedo, pero preocupada, Lillie tomó piedras del suelo y se las lanzó al Lycanroc. Este se volteó hacia ella, gruñendo, pero una llamarada rozó su cuerpo dándole al lobo, espantándolo y obligándolo a correr hacia el bosque.
La rubia se acercó rápida a Moon, y se arrodilló a su lado.
—¿Estas bien? —le preguntó, observándola con preocupación. Su mejilla tenía un tajo del que salía mucha sangre, alarmándola—. ¡Moon!
—¡Tranquila! —se apresuró a responder la campeona, sonriéndole y limpiándose la sangre de la mejilla con el dorso de la mano—. Siento asustarte. Solo es un corto tajo. ¿Cómo estás tú?
No llegó a responder. Incineroar rugió, alertándolas. Ambas se levantaron, encontrándose rodeadas por Pokémons. El Lycanroc avanzó, sonriendo con un brillo perdido en sus ojos rojos, pero Incineroar se puso de por medio y le gruñó.
Lycanroc saltó hacia Incineroar, pero el tigre lo interceptó en el aire y lo lanzó al suelo, rugiendo antes de morderle el hombro. El lobo aulló, pero le dio una patada a Incineroar apartándolo y le dio con un Roca Afilada. El tigre rugió de nuevo, y sus ojos adquirieron un brillo malicioso cuando activó su habilidad, Mar Llamas, antes de lanzarse de nuevo contra el lobo rodeado de fuego.
Lillie notó que Moon miraba asombrada a su Pokémon, por lo que le devolvió el favor: se lanzó contra ella, empujándola al suelo y salvándola de un ataque de un Ratatta Alola.
—¿Qué les está pasando? —preguntó Moon, mirando tensa a los Pokémon mientras se ponía de pie junto a Lillie—. ¿Por qué nos atacan?
—¡Moon! ¡Lillie! —Ambas se voltearon, encontrándose con Tilo. El chico se colocó en medio de ambas, rodeándoles el cuello con un brazo mientras sonreía—. ¿Cómo está mi tierna pareja favorita?
—¡Tilo! —exclamó Moon, golpeándole con el codo suavemente el estómago, riendo—. ¡Amigo! Espero que hayas traído a tu equipo.
Lillie sonrió, olvidándose por un momento de lo que ocurría.
—Claro —respondió el chico, tomando una pokeball. De ella, sacó a su Decidueye, quien enseguida empezó un combate con un Toucannon en las alturas—. ¿Saben que pasó? —preguntó, tomando otra pokeball.
—No —respondieron ambas.
—Mi yayo seguro sabe que pasa.
Eso le permitió a Lillie tener una idea. Tomó la mano de Moon, y corrió al puente, sintiendo la agitada respiración de su amiga a sus espaldas.
—¿Qué haces?
—¡Debemos decirle al Kahuna! —respondió, corriendo por el puente. Sentía este temblar, pero prefirió intentar ignorarlo—. ¡No puede ser el único lugar en el que está pasando esto!
—¡Espera!
Ambas frenaron. Lillie se volteó para ver a Moon gritando el nombre de Incineroar, antes de tomar su pokeball y regresarlo. El Lycanroc las miró, provocando a Lillie sentir que los Pokémon no estaban atacando al azar: parecían haberse fijado en ellas.
—¡Tilo, confió en ti!
Corrieron de nuevo. Por estar concentrada en donde pisaba, no notó como algunos Pikipek la rodeaban. Moon le dio un tirón, ayudándola a esquivar un ataque de los pájaros, pero este cortó una de las cuerdas.
El puente se sacudió.
Lillie se giró hacia Moon, mordiéndose el labio. La campeona también lo hizo, y ambas se mantuvieron quietas por un momento, pero tuvieron que esquivar otro ataque de los pájaros, quienes cortaron más cuerdas.
La campeona insular le dio un tirón, atrayéndola hacia si, en el preciso momento en el que el puente se sacudía con más fuerza. Moon tomó la pokeball de Incineroar y lo hizo salir en Tierra al tiempo que el Lycanroc, desde el otro lado, usaba un Roca Afilada y terminaba de cortar el puente.
Ambas empezaron a caer al vacío. Lillie estaba paralizada, pero Moon la abrazaba fuertemente, dándole ella la espalda al agua. Como siempre, estaba arriesgando su vida por el bienestar de los demás. Pero, en ese momento, la rubia no podía soportarlo. Intentó girarse, pero Moon no la dejó al apretar más el abrazo. Sus ojos se encontraron: los orbes grises tormenta de la campeona insular no parecían asustados, sino incluso relajados. Lillie entendió el mensaje que le decían, tantos años junto a ella le ayudaban a leerlos: Moon sabía que Lillie saldría viva de la caída si ella no golpeaba directamente el agua con su cuerpo.
Lillie cerró los ojos, igual que Moon, pero la rubia aprovechó de girarse, haciendo uso de toda su fuerza, y se preparó para el impacto contra las afiladas rocas del caudal. Ese impacto… no llegó. Abrió los ojos al sentir que algo la había atrapado, y no pudo evitar sonreír. Tal vez, la leyenda de Melemele sí que era cierta. Tapu Koko, quizás sabiendo lo que pensaba la rubia, no reaccionó de ninguna forma: solo las dejó del otro lado del puente.
Asintió hacia Lillie, y saltó hacia el otro lado golpeando el suelo con un campo eléctrico, ayudando a Tilo y a Incineroar, quien al ver a su entrenadora a salvo se unió nuevamente al combate. Mientras, la rubia se giró para ver a Moon, y se sorprendió cuando la campeona la atrapó en un abrazo.
—¡¿En que estabas pensando?! —gritó, apretando aún más el abrazo—. ¡Pudiste morir! ¿Por qué hiciste eso?
—¿Y debía dejarte a ti morir? —respondió ella, abrazándola suavemente—. Somos amigas, Moon, no tienes por qué defenderme a costa de tu propia vida.
—Pero quería hacerlo.
Lillie tragó saliva, sintiendo un calor en las mejillas. Apretó el abrazo, igual que Moon, esperando que ella no sintiera lo nerviosa que se ponía con su cercanía. Juntas, se colocaron de pie, pero casi enseguida tuvieron que agacharse: más Pokémon atacaban.
—Nunca había tantos aquí —dijo Moon, alzando las manos en una pose de defensa—. Es como si hubieran venido directamente aquí.
—Y nos atacaban a nosotras.
Moon la miró fijamente. Era obvio por el brillo de sus grises que no se había dado cuenta.
Tapu Koko trajo a Tilo y lo dejo al lado de ellas, volviéndose a mirar a Moon. La campeona tembló, alertando a Lillie. ¿Qué ocurría? ¿Por qué ella reaccionó así?
Un nuevo sonido atrajo su atención. Lillie alzó la mirada, mirando asombrada un helicóptero. Ella sabía que muy pocos, entre ellos su madre, podían darse el lujo de transportarse en uno. ¿Quién era el que lo manejaba? ¿Su madre? Imposible.
El helicóptero bajó y aterrizó. Un Roca Afilada de Lycanroc casi le dio, pero Tapu Koko saltó desviándolo y enseguida se lanzó al combate de nuevo. Moon alzó la pokeball de Incineroar y lo devolvió. Lillie notó que sus ojos estaban apagados.
El helicóptero abrió una compuerta. Y, para sorpresa de Lillie, un chico bajó y tomó a Moon de la mano, tirándola hacia el transporte. La campeona se resistió, pero el chico era más fuerte. Por ello, Lillie avanzó y golpeó la mano del chico, obligándolo a soltar a Moon.
—¿Quién eres?
El chico se giró a verla. Sus ojos, azul cielo, se clavaron en Lillie asustándola. Se parecía… Se parecía a la mirada de su madre cuando se unió a Pheromosa. ¿El chico… era un ultraente? Imposible. El chico gruñó, y agarrando nuevamente a Moon tomó también la mano de la rubia, metiéndolas en el helicóptero.
La compuerta empezó a cerrarse.
—¡Esperen! —gritó Moon, revolviéndose del agarre—. ¡Tilo! ¡Tienen que sacarlo también!
El chico gruñó.
—Estará bien. Se irán cuando no las vean a ustedes.
—¿Y quién eres tú? —reclamó Moon, revolviéndose. Lillie no se agitaba, solo examinaba el rostro del chico. Su piel era albina, demasiado, como si nunca hubiera recibido sol, y sus ojos azules muy fríos. Tenía el cabello rosado. Fruncía también el ceño—. ¡Suéltame!
—Creo que ya puedes soltarlas, ¿no te parece?
El chico bufó pero obedeció, lanzándolas al suelo. Moon enseguida intentó ponerse de pie con una mueca, pero Lillie la tomó de la mano buscando calmarla, buscando con la mirada a quien habló. Moon la imitó aun frunciendo el ceño.
La que había hablado era una mujer. Era alta, bastante. Era rubia, de un color más oscuro que el de Lillie, y tenía los ojos grises oscuro. Vestía una gabardina negra que le permitía a su cabello y a su piel blanca destacar. Su mirada se parecía a la de Moon: decidida, confiada, segura de sí misma. "La mirada de una campeona", como decía Tilo.
—Hola —saludó en voz grave—. Soy Cynthia, una campeona. Es un placer.
Moon se levantó rápido, y le extendió la mano a Lillie para que lo hiciera también.
—Soy Moon, campeona insular de Alola. El placer es mío. ¿Podría explicarme que ocurre? —preguntó en tono formal. Una vez, Moon le explicó a Lillie que entre campeones siempre se trataban de "usted", o al menos eso decían en Kanto—. ¿Y quién es él? —cuestionó mirando al chico, quien se había colocado junto a Cynthia.
—Te acabo de salvar la vida, niñata, agradéceme.
—Calmado, Mew. Tú eres el que las necesita a ellas.
Moon y Lillie fruncieron casi al mismo tiempo el ceño. "Mew" era un Pokemón, una leyenda en Kanto, el protector del mundo. Eso ambas lo sabían. ¿Cómo podía ser ese chico el legendario? ¿Y porque parecía humano?
—Sé que tienen muchas preguntas —dijo Cynthia, volviendo la mirada hacia ellas. Sus ojos brillaban con sabiduría—. Solo estén tranquilas. Déjenme llevarlas a un lugar seguro, y allí les explicaré todo junto a los demás.
—¿Lugar seguro? —preguntó Moon entrecerrando los ojos.
Cynthia sonrió.
—Vamos a Sinnoh, mi región.
¡Respuestas!
Kaede Kitajima: ¡Hola! Pues, aquí está la actualización xD Vaya, me sorprende que te haya gustado lo suficiente como para leerlo más de una vez. Me alegro que te guste. Gracias a ti por leer.
Alexandervallejo144: ¡Hola! No, ni las vacaciones me liberaron xD Me costó sacar tiempo libre de mi agenda jajaja. Si, aún me sale mal.
