CAPÍTULO 23.- Remolino: El secreto escondido

El fresco junto con la lluvia calaba en sus huesos, así que talló sus brazos tratando de amainar los escalofríos que la recorrían cada tanto, erizando su piel.

Ya no tenía lágrimas que derramar, pero aún sentir el ardor en sus ojos y el escozor en la punta de su nariz. Había deambulado por algún lugar que ni siquiera se detuvo a mirar, arrastrando sus pies entumecidos uno detrás de otro sin importarle que tan exhausta se encontraba. Podía sentir el hormigueo picando como diminutas agujas iniciando en la punta de sus dedos y extendiéndose hasta sus muslos, sabía que debía detenerse, pero no lo hizo; tal vez solo quería martirizarse un poco con el malestar físico para sentir algo más que no fuese el dolor en su pecho.

Había sido un error. Había actuado precipitadamente, lo sabía. No reparo en las consecuencias de su apresurada decisión ¿Qué quería lograr? ¿Qué su indiferente padre mostrara que su animadversión era la forma en que se protegía a sí mismo y que en lo más profundo de su ser la quería aunque fuese un poquito? Era evidente que estaba equivocada.

Su padre lo sabía ¿No es así? No tenía a donde ir y que finalmente regresaría bajo su yugo, tarde o temprano… ¡No! no podía hacerlo, regresar sería solo sucumbir a la voluntad de su padre, encerrarse a ella misma en la desesperación de tener que vivir bajo el mismo techo que esa persona, acceder a ser alguna insignificante pieza en su partida de ajedrez, el solo pensamiento revolvía su estómago pero, ¿Qué podía hacer? Se sentía tan indefensa y rota que era patético.

Pero había sido ella la que empezó ese juego al tratar de seducir a Naruto sin saber que desencadenaría en esa situación infortunada. Y pensando en ello, no se arrepentía, por el contrario, lo volvería a hacer, solo para tenerlo aunque fuese por un segundo. No renunciaría a él, no cuando finalmente había encontrado la felicidad que le había sido arrebatada una y otra vez, no cuando el amor que sentía era tan grande que a veces dolía y no cuando él le correspondía con tanta pasión que le parecía una ensoñación, el regresar y dejarlo solo la haría miserable, pero ¿Y él? Tantas veces había dicho que aún permanecía la posibilidad de separarse que le daba miedo.

Le aterraba que Naruto al conocer su situación decidiera que lo mejor para ambos era seguir con sus vidas separadas, que lo mejor para ella fuese regresar con su padre, a su "hogar", que él llegara a la estúpida conclusión que era lo mejor para ambos, pero no era así ¿Cómo podía vivir sin Naruto? Ya lo había extrañado tanto por esos dos años que ahora, estaba segura, le sería imposible respirar.

Sakura detuvo sus pasos cuando dejó de sentir la lluvia entumeciendo sus músculos, dispersando sus pensamientos y percatándose por primera vez que aún se encontraba en los alrededores conocidos.

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La había visto desde la lejanía. Parecía tan extraña verla de esa forma: cabizbaja y con un aura depresiva a su alrededor que se vio obligado a detenerse por un momento para cerciorarse que era ella, aunque esa melena rosada y viscosa a causa de la lluvia fuese inconfundible.

No supo con exactitud qué fue lo que le impulsó a dar el primer paso, si la amistad que había fortalecido con ella al pasar los años o el remordimiento y la culpabilidad que sentía, pues él fue la persona que le hizo más daño en su momento, aun cuando sabía que ella sufría por la pérdida de su madre, pero era un niño estúpido que no le importaba nada que no fuera él mismo.

Ella siempre trató de acercarse a él, sin importar cuantos desplantes y palabras hirientes vociferaba, siempre estuvo ahí para él en todo momento, felices y tristes, y ahora él quería ser lo mismo para ella.

Y fue ese mismo sentimiento el que lo empujó a acercarse, sosteniendo el paraguas sobre la cabeza de Sakura sin importarle que ahora la lluvia lo empapara.

─¿Sasuke? ─preguntó con un hilo de voz, sus ojos rojizos y cristalinos lo observaron confundidos.

Sintió el desagrado en su interior, si bien había visto llorar incontables veces a Sakura, nunca la había visto de esta forma tan… devastada.

─¿Qué ocurrió?

Sakura bajo la mirada avergonzada, incapaz de confrontarlo por lo que fuese que haya ocurrido.

─Fue Naruto ¿No es así? ¡Ese idiota! ─gorgoreó enfadado.

Sakura trató de negar la afirmación de Sasuke, pero su voz se había perdido. Después de despotricar algunas maldiciones e insultos comunes hacia Naruto, se detuvo.

─Sabía que ese estúpido te haría llorar ─masculló pero enseguida soltó un suspiro derrotado─, pero no es mala persona, solo…no se percata algunas veces de lo que hace o deja de hacer ─Sasuke volvió a suspirar, relajando sus hombros y suavizando su voz─. Él te ama Sakura, yo lo se… Lo que sea que haya ocurrido entre ustedes tiene solución, solo tienes que hablar con el estúpido y arreglar la situación, sea lo que sea

Y aunque todavía tenía miedo, Sasuke tenía razón. Sus palabras fervientes de convicción habían llegado hasta ella como un haz de luz en el cielo tormentoso y la habían llenado del brío que necesitaba para llevar la resolución a cabo.

Sakura observó el cielo por primera vez desde que había salido de su casona. La lluvia había amainado hasta convertirse en una ligera llovizna, podía entreverse los reticentes rayos del sol colándose entre las nubes cada vez más blancas.

─Sí, tienes razón

─Lo sé

─Gracias Sasuke ─inesperadamente, Sakura acortó distancia para depositar un beso en su mejilla─, nos vemos luego

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¿Por qué las piernas le temblaban cada vez se postraba frente a esa puerta? Era simple, porque Naruto se encontraba detrás. Y aunque Sasuke la había hecho cambiado de parecer con unas simples frases, aún tenía miedo de lo que pudiese ocurrir con ella y con él, pero no podía mentirle, era como engañarse a sí misma, tenía que decirle y esperar fervientemente en que pudieran continuar juntos.

Inhaló aire hasta llenar sus pulmones y lo dejó salir en una lánguida exhalación.

La puerta del apartamento de pronto se abrió de par en par, provocando que una corriente de aire la envolviera, erizando los vellos de su piel.

Naruto clavó su mirada en ella, permutando tan rápido como apareció. Sus ojos azules como el cielo se entrecerraron, escudriñándola, cerciorándose con la mirada de algo que no estaba segura que era. Se sentía despojada, como si leyera lo más profundo de su alma, si tratase de descifrar sus pensamientos. Su corazón latió fuertemente contra su pecho.

─¿Qué te ocurrió? Ino dijo que te marchaste de pronto ¿Estás bien?

Pero algo en la mirada de Naruto le dijo que él sabía exactamente lo que le había ocurrido y de todas formas, a eso había ido hasta él ¿No es así? Decirle todo de una vez y por todas y esperar a que comprendiera que estar juntos era lo mejor para ambos.

Lo abrazó, tan fuerte como le fue posible, aferrándose a ese momento antes de que las palabras empezaran a borbotar de sus labios para contar todo lo ocurrido con su padre y sellar finalmente la sentencia que sería dictada.

Sintió como su cuerpo se relajó cuando él le embargó con su calor, rodeándola con sus brazos consolándose de algo que estaba segura ya habría descifrado.

─Fue él ¿No es así?

Sakura mordisqueó su labio con nerviosismo, deshaciendo el abrazo de un movimiento, entrando al apartamento solo para no confrontarlo todavía, tratando de retrasar esa conversación que podría condenarlos. Sakura observó el apartamento como si fuese la primera vez que lo visitaba. Era extraño como ese vano lugar se sintiera más como hogar que la pequeña mansión en la que vivió tantos años.

Escuchó los pasos de Naruto alejarse para luego acortar la distancia entre ambos.

─Al menos deberías secarte o te resfriarás ─porfirió tranquilo, con una media sonrisa confortable en su rostro alargando su mano para entregarle una toalla que ella aceptó agradecida.

Después de envolverse en la toalla, tomó asiento en el sofá y Naruto la siguió, tomando asiento en el suelo para poder estar frente a ella.

─Dime, ¿Qué te hizo?

Jugueteó con sus dedos inquieta, sentía como empezaban a sudar las palmas de sus manos por el nerviosismo de sus próximas palabras y la mirada impaciente y cuestionante de Naruto sobre ella solo provocaba que su estómago se revolviera más en temor. Pero entonces, sus palabras borbotaron, una tras otra, las frases empezaron a salir de sus labios en un vómito verbal que no sabía se encontraba ahí; le pareció increíble como con cada palabra dicha el peso sobre sus hombros se levantaba más y más mientras Naruto escuchaba con temple sosegada su relato.

─Ese maldito ─farfulló con desdén, talló sus sienes ocultando su rostro con su mano, seguramente tratando de pensar en algo.

Su silencio empezaba a llenarla de dudas y miedo, sentía el nudo en su garganta regresar y su estómago revolverse aún más si eso era posible.

─Solucionaremos esto ─dijo finalmente levantado la vista, tomando su mano entre las de él, observándola con esos ojos azules que la llenaban de consuelo y aun desconcertaban y maravillaban cada vez que los enlazaba con los suyos, era tan extraño cómo ese sentimiento apaciguador la embargaba cada vez que la observaba de esa forma, con un amor tan grande que desbordaba y la embriagaba y hacía olvidar todo lo malo─. No puedes regresar, te quedarás aquí cuanto necesites, arreglaremos esto Sakura

Sus palabras parecían devolverle algo que no pensó había perdido. Se sintió a salvo, protegida, querida, haciendo que todo lo que había sentido esa mañana pareciera una nimia. Era increíble cómo rescataba una y otra vez su alma en pena, que se sintiera tan ligera por una simple frase pronunciada, que creyera fervientemente que todo tenía solución, era como si todo tuviese sentido cuando estaban juntos.

─Por un momento pensé que… romperías conmigo

─¿Haz enloquecido? ─rio por lo bajo─. No podría, yo te protegeré de todo Sakura

Y aunque no lo dijo, supo que aquellas palabras vibraban en el ambiente, implícitas y no dichas: aunque tenga que renunciar a ti. Pero lo ignoraría lo y se aferraría a él lo más que pudiera.

─Te prepararé algo caliente, deberías cambiarte mientras tanto

─Pero no he dejado ropa aquí ─el pensamiento hizo que se ruborizara y escuchó la risa burlona de Naruto resonar en la cocina.

─Busca en la cómoda, en el primer cajón, quizás haya algo que pueda prestarte

─¿Por qué suena que estás disfrutando esto? ─preguntó mientras se dirigía a la habitación, pudo escuchar de nuevo la risa socarrona de Naruto hacer eco entre las paredes del apartamento.

Sakura entró a la habitación, que a estas alturas la conocía como la suya propia o hasta mejor pues pasaba más tiempo en esa pequeña alcoba de lo que alguna vez pasó en la suya. Un escalofrío recorrió su cuerpo erizando su piel, se talló instintivamente los brazos casi secos. Sakura se apresuró a rebuscar en la primera gaveta de la única cajonera en la habitación.

¡Ouch! Sintió como algo puntiagudo se clavaba en su dedo. Retrajo su mano enseguida notando una gota de sangre en ella ¿Qué había ahí dentro? Con sumo cuidado buscó el objeto que se había clavado en su índice ¿Lo habría imaginado? No, no podía haberlo hecho, su dedo punzante le recordaba su laceración, pero era extraño que no encontrase nada cuando solo unos segundos atrás lo había… hecho…

Observó el objeto en el fondo de la gaveta, enrollada entre las camisetas. Era un cristal… el mismo que había encontrado esa primera vez que despertó en la habitación de Naruto lo que parecía tanto tiempo atrás. Lo sintió frío entre sus dedos y lo subió hasta su campo de visión ¿Qué tenía de especial? No parecía tener valor -resolvió al inspeccionarlo-, no era ninguna piedra preciosa, era solo un cuarzo transparente y además, parecía estar quebrado justo en el centro.

Giró el cuarzo, pero la oscuridad de la habitación limitaba su visión. Abrió la siempre cerrada cortina dejando entrar la luz del medio día tan de pronto que tuvo que entrecerrar sus ojos, parpadeó un par de veces hasta que se acostumbró a la luminiscencia.

Colocó el cuarzo arriba suyo contra la ventana, donde la luz iluminaba más, definitivamente tenía una marca ahí...

El sonido estrepitoso de cristal al romperse contra el suelo resonó por toda la habitación sobresaltándola.

─¡No te muevas! ─la voz de Naruto pareció inquieta pero a la vez sorprendida, como si hubiese descubierto algo.

─¿Qué ocurre?

─La sombra ─dijo sin tener mucho sentido para ella, por lo que trató de no mover su cuerpo, pero logró observar por el rabillo de su ojo la sombra que se proyectaba en el piso.

─¿Una espiral?

─No, un remolino

─¿Eso estaba encriptado en el cuarzo? ¿No lo sabías?

El negó con la cabeza aun asombrado, con la mirada clavada en la marca tremolante en el suelo de la habitación, rodeada por pequeños pedazos de cristal y restos del té que contenía.

─Lo siento Sakura, tengo que irme ─se apresuró a decir─, pero regresaré en cuanto pueda

─¡Espera Naruto! ¿Qué piensas hacer?

─Voy a buscar respuestas

─¿En dónde exactamente?

─En casa

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Continuará.


¡Hola a todos!, de nuevo tardé un poco pero bueno, aquí esta la conti que es lo importante ¿no?, sin más preámbulos vayamos a los comentarios.

Argelis.- ¡Hola! Muchas gracias, es bonito tener personas que gustan de la historia, es lo mejor después de subir el capítulo, tener alguien que lo lea y lo siga, pues escribo para ustedes :D Espero seguir leyéndonos y te guste el nuevo capítulo. Nos leemos pronto :)

Como siempre quiero agradecer a aquellos que dejan sus lindos comentarios para que lea ...Katya kawasaki, Argelis, A-Mundane-Girl... y a todos aquellos que agregan esta historia y/o a esta autora en follow y/o favorite.

Espero leerlos pronto y que disfruten de este nuevo capítulo.

Les mando muchos besos, abrazos y apapachos a todos :D

¡Adiosin!