Las luces se apagaron en el cine y un fuerte sonido hizo saber a los espectadores que comenzaban los anuncios previos a la película. Marinette perdió de vista los ojos de Adrien durante unos segundos, pero siguió notando su aliento cerca de ella. Su pregunta la había dejado tan descolocada que solo tenía ganas de salir huyendo y buscar un sitio donde pensar tranquilamente. Sin embargo, sabía que con eso solo pospondría lo inevitable, de modo que mantuvo quietas sus piernas y controló los latidos desbocados de su corazón.
―Adrien…―murmuró, intentando no molestar a nadie de la sala― Ahora mismo, yo…
―De acuerdo―la interrumpió Adrien, aún con la esperanza brillando en el fondo de su alma―. Piénsalo y, si me dices que no podrías amarme por completo, yo… Lucharé por ti. Haré lo que quieras que haga, aunque espero que no me pidas que me aleje de ti.
Marinette volvió a morderse el labio inferior. Adrien se alejó de nuevo de ella, no sin antes rozarle la mejilla con la punta de los dedos. Ambos se giraron para ver los anuncios. Cuando la sala se quedó a oscuras con los primeros segundos de la película, Marinette sintió que todos sus nervios se evaporaban. Había ido al cine a ver la película que tanto tiempo llevaba esperando y su acompañante era el chico de sus sueños. ¿Por qué se molestaba tanto en seguir rechazándole cuando lo que más quería era apoyar la cabeza en su hombro y disfrutar de su presencia?
De modo que, dejándose llevar por lo que su corazón le dictaba, se acomodó en el sillón, apoyó el brazo izquierdo sobre el reposabrazos e inclinó la cabeza hacia la izquierda, dejándola reposar sobre Adrien. El joven Agreste se quedó tieso como un estaca, congelado, intentando descifrar aquel gesto de Marinette. Le vio el rostro calmado, la pequeña sonrisa al ver la película. Sus miedos quedaron a un lado, dejó que su cuerpo se relajara junto al de ella. No tenía ni idea de lo que estaba pasando por su cabeza, pero esperaba que concordase con lo que su comportamiento le decía. Era por eso por lo que tenía fe en que Marinette cediera y le permitiera demostrarle que no había mentido nunca cuando se había referido a su amor por ella.
Durante las casi dos horas que duró la película, Marinette apenas se separó de Adrien. Él buscó su mano casi a la mitad y ella la aceptó con una sonrisa. Más tarde, sintió que Adrien le daba un suave apretón al darse cuenta de lo emocionada que estaba y ella rio por lo bajo. Cada vez que giraban la cabeza hacia el otro, intercambiaban una mirada cómplice y una sonrisa. Adrien no podía creer cómo las cosas estaban cambiando tan rápidamente. Incluso, cuando aparecieron los créditos y las luces de la sala se encendieron, Marinette no le soltó la mano hasta que no le quedó más remedio que hacerlo para recoger su bol de palomitas vacío y su refresco casi acabado.
―Ay…―suspiró ella al salir hacia el exterior y que la suave brisa de la noche le diera en la cara y la despejara por completo― Es más bonita de lo que me dijeron.
Adrien asintió y le puso una mano a mitad de la espalda, guiándola hacia la salida. Marinette se tensó un momento, pero luego se relajó.
―Me alegra que te haya gustado.
―Gracias por verla conmigo―sonrió Marinette, agradecida―. La próxima vez, elige la que quieras.
Adrien paró en seco, con los ojos muy abiertos. Algunas personas protestaron por el obstáculo recién aparecido, pero eso a él le importaba más bien poco. Tenía los ojos fijos en Marinette, que se giró hacia él, preocupada, al ver que no le seguía.
―¿Adrien?―se aproximó a él, dubitativa, sin saber muy bien qué hacer cuando vio que estaba en estado de shock― ¿Estás bien?
Por fin, Adrien parpadeó, aún alucinando.
―¿La… próxima vez?―repitió en voz baja, temiendo que, si lo decía más alto, se rompería la magia que estaba haciendo que aquella noche fuese como él quería― ¿Quieres… salir otra vez conmigo?
Marinette se dio cuenta de lo que había dicho. En un primer momento, su instinto autoprotector le instó a que se retractara y le dijera que no se refería a eso. Sin embargo, en aquella ocasión las cosas eran diferentes. Lo cierto era que había puesto a prueba la lealtad de Adrien durante toda la película, rozándose con él, buscando constantemente su contacto e impidiéndole que se alejara de ella. El joven Agreste se había comportado como un caballero, tal y como había estado haciendo todo ese tiempo atrás en que no sabía quién era realmente. Cuando él menos se lo esperaba, le observaba de reojo y se daba cuenta de que no había podido olvidarse de su compañero de clase.
Marinette había recordado lo que sentía por Adrien y eso, sumado a lo loca que la volvía Chat, se convirtió en una fuerte mezcla que apenas podía contener dentro de su pecho. ¿De qué servía negar lo evidente y hacerle sufrir? Sí, Adrien se había equivocado al ocultar su secreto y aprovecharse de su identidad secreta para conocerla mejor; pero, ¿acaso no le había explicado por qué lo había hecho? Entendía sus razones, las compartía incluso. Y ahora era ella quien le estaba "mintiendo" a él. Se estaba cavando su propia tumba al alejar de sí a Adrien, por lo que había tomado la decisión de no permitir que se le escapara de entre los dedos, no ahora que por fin había conseguido lo que tanto tiempo llevaba soñando.
Además, pensó, estaba deseando acabar con lo que empezó aquella noche. Aunque eso no lo diría en voz alta, al menos, de momento.
―Sí, la próxima vez―respondió Marinette con dulzura, haciendo que los engranajes del cuerpo de Adrien volvieran a funcionar―. Si te parece bien.
Adrien abrió la boca y dio un paso hacia ella, decidido. La tomó por la cintura y la pegó a él, ajeno a las miradas de diversión de los espectadores que aún cruzaban el pasillo para regresar al centro comercial. Clavó sus ojos en Marinette, brillantes, ansiosos. Se sentía extrañamente despierto y activo, necesitaba hacer cualquier cosa. No podía creer lo que le estaba diciendo Marinette. Era lo último que esperaba. Había soñado con que le perdonase y le dejase volver a estar a su lado, pero no que le insinuara que quería salir otra vez con él. De ninguna manera podía estar pasando aquello.
―¿Eso qué significa exactamente?―murmuró, inclinándose sobre ella hasta pegar la frente a la suya― ¿Me perdonas?
Marinette sonrió y bajó la mirada, azorada.
―Creo que nunca he estado realmente enfadada contigo―admitió en voz baja, nerviosa, sintiendo cómo las manos le sudaban al agarrarse a la chaqueta de Adrien―. Solo… tenía miedo… de que te hubiese reído de mí.
―Nunca me he reído de ti―respondió Adrien enseguida, ansioso―. Nunca he tenido esa intención.
―Lo sé―asintió Marinette, atreviéndose a encontrarse con sus ojos de nuevo; tan verdes, tan brillantes, como una estrella cruzando el firmamento.
El corazón de Adrien aceleró el ritmo de los latidos. Él notó cómo se le escapaba el aire cuando los brazos de Marinette subieron por su pecho hasta su cuello. ¡Le estaba abrazando! Y la forma en que lo miraba era una invitación muda a que hiciera lo que quisiera en esos momentos. Creyendo que se había quedado dormido durante la película y estaba soñando, se cernió sobre ella con la boca entre abierta hasta rozar levemente el labio superior de Marinette. Ella suspiró y cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia atrás para que pudiera besarla sin problemas. Adrien contuvo un grito de alegría al verla. Sonrió y se atrevió a ir más allá…
Entonces, el móvil de Marinette vibró, explotando la burbuja en la que se habían encerrado y haciendo que Adrien se separase de ella, pero no demasiado. No pensaba dejar que se alejara de él. No, ahora. Marinette calló una maldición y rebuscó el móvil en su bolso. Vio el nombre de Alya en la pantalla y se lo enseñó a Adrien, aún con las piernas temblándole de emoción. Adrien asintió y ella cogió la llamada.
―¿Alya?
―Chica, lo siento, nos hemos tenido que ir del cine.
Marinette abrió mucho los ojos. Adrien frunció el ceño, preocupado y confuso al mismo tiempo.
―¿Qué ha pasado?
―Nino―respondió Alya con un suspiro cansado―. No sé para qué cena chile si sabe que le sienta mal. No ha vomitado en el taxi de milagro. Estoy en su casa con él.
―Madre mía…
―No te he avisado antes porque pensaba que estarías metida en la sala con Adrien―añadió Alya con cierto tono―. ¿Os lo habéis pasado bien?
Adrien, que estaba escuchando la conversación, esbozó una siniestra sonrisa y se inclinó hacia Marinette, acariciando sus labios con la boca mientras respondía a Alya:
―Estábamos en ello, pero nos has interrumpido, Césaire.
Marinette ahogó un gritito de sorpresa. Adrien le guiñó un ojo y ella soltó una risita baja. En realidad sí que parecía un gato en algunos aspectos.
―Siento haberte aguado la fiesta, Agreste―repuso Alya, riéndose―. Pero sigue siendo mi mejor amiga, tengo ventajas que tú no.
―Yo tengo otro tipo de ventajas―repuso Adrien, pagado de sí mismo, sintiendo cómo la euforia hablaba por él―. Deja que Marinette y yo terminemos la interesante conversación que estábamos teniendo.
―Vete al cuerno, Agreste.
Marinette y Adrien estallaron en carcajadas.
―Espero que no tengas que limpiar mucho el suelo del baño, Alya―bromeó Adrien antes de separarse de Marinette con un pequeño beso en la comisura.
Marinette rodó los ojos. Aquello le recordaba demasiado a la vez que dejó que Alya se convirtiera en Rena Rouge para ayudarla a ella y a Chat.
―Te llamo después para saber cómo estáis, ¿vale?―intervino por fin, dándole un suave empujón a Adrien para que dejase de chinchar a Alya.
―No te preocupes, tienes cosas más interesantes que hacer―Marinette sonrió, sonrojada.
―Supongo…
―Disfruta, ¿vale? ¡Y no pienses demasiado! Pero no hagas nada que no haría yo; e, incluso, no hagas nada que yo sí haría.
―Buenas noches, Alya―dijo Marinette, riéndose y apartándose el móvil.
―Buenas noches, Mari.
Marinette cortó la llamada y metió el móvil en el bolso, negando con la cabeza.
―Alya está loca―comentó, riéndose, al tiempo que alzaba la cabeza y se encontraba con Adrien muy cerca de ella―. ¿Por qué has tenido que decirle esas cosas?
Adrien la miró con ambas cejas alzadas, haciéndose el sorprendido.
―¿He dicho alguna mentira? Estábamos hablando.
―No―replicó Marinette, divertida―. Yo estaba hablando, tú estabas demasiado cerca.
Adrien se llevó un dedo a la barbilla y se dio golpecitos mientras rodaba los ojos.
―Creo recordar que estabas dejando que te besara.
Marinette abrió la boca por completo.
―Eres un tramposo, ¿lo sabías?―dijo Marinette, dándole un suave empujón en el pecho con las dos manos, notando la dureza de su cuerpo bajo los dedos.
Adrien atrapó sus muñecas antes de que pudiera quitarle las manos de encima y le rodeó la cintura con el brazo libre. Marinette tuvo que alzar la cabeza un poco más para poder mirarle a los ojos. La sonrisa que había plantado en su cara no tenía parangón. Se estaba mostrando tal cual era, con esa poca vergüenza que caracterizaba a Chat y la dulzura de Adrien, al mismo tiempo. Sus dedos eran firmes alrededor de sus muñecas, pero su rostro no tenía ningún tipo de contemplación. Marinette sentía como si estuviera desnudándola con la mirada y entonces recordó que él la había visto prácticamente desnuda, en su habitación, la noche que comenzó todo aquello.
Sintió calor agolpándose en sus mejillas.
Por su parte, Adrien estaba intentando controlar su instinto y sus ganas de apretarla contra él y recordarle lo que habían estado a punto de hacer. Al tenerla tan cerca, su olor le llegaba a lo más profundo y podía notar con más facilidad los apresurados latidos de su corazón, cómo juntaba las piernas bajo la falda inconscientemente y la forma en que su boca se abría para que pudiera respirar. Le gustaba saber que tenía efecto sobre ella a pesar de todo, que aún sentía algo por él y no pensaba desaprovechar la oportunidad. Sin embargo, no tenían suficiente tiempo para poder estar a solas, de modo que se le ocurrió un pequeño plan.
Marinette, al notar el cambio en su mirada y en cómo había entrecerrado los ojos, se tensó.
―Me da miedo lo que estás pensando―confesó, haciendo que Adrien riera en voz baja.
―¿Por qué? Solo tengo una pequeña idea que nos puede gustar a los dos.
―Precisamente―puntualizó Marinette, mordiéndose el labio inferior―. Tu concepto de "gustar" no suele coincidir con el mío.
Adrien buscó una de sus manos y entrelazó los dedos con los de ella.
―Me ofendes, prin…―Adrien calló al instante, mordiéndose la lengua―. Perdón, Mari…
Ella suspiró. Bajó la mirada a sus manos entrelazadas.
―Puedes llamarme como quieras―murmuró, intentando asimilar el hecho de que Adrien y ella estaban en proceso de empezar una relación―. Aunque quizás no quieras hacerlo cuando lo sepas todo de mí…
Adrien frunció el ceño y, con sus manos entrelazadas, le hizo alzar la cabeza.
―¿A qué ha venido eso?
Marinette se encogió de hombros. De repente, como si fuera una ráfaga de aire frío, el apodo a medias en la boca de Adrien le había recordado quién era él y quién era ella. Solo se había revelado un secreto y ella sabía que tendría que contarle la verdad en algún momento.
―A nada―repuso, sacudiendo la cabeza y borrando la sombra de inquietud de sus ojos.
―Marinette…
―Estoy bien―insistió ella, sonriendo y atreviéndose a darle un pequeño beso en la punta de los dedos, cosa que dejó a Adrien completamente noqueado―. ¿Cuál era tu maravillosa idea?
