¡HOLAA! Sé que he estado muy desaparecida últimamente, pero he estado súper liada con el trabajo, los estudios y mil cosas más. Siento la espera. Aquí tenéis el PENÚLTIMO capítulo del fic. Que lo disfrtéis ;)

No fue difícil encontrar el origen del desastre de París. Era un árbol gigantesco, centenario, que por lo general solía tener las raíces bajo la tierra. Sin embargo, en aquella ocasión las enormes e impotentes raíces del árbol se encontraban curvados hacia arriba, como unos brazos monstruosos que quisieran agarrar el cielo y estrecharlo contra su grueso tronco. Chat silbó desde su posición junto a Ladybug, a sobre una masa de tierra y hierba verde que sobresalía de su lugar habitual.

―Parece que alguien se ha pasado con el abono.

Ladybug rodó los ojos, divertida. Aunque no lo admitiría nunca en voz alta, claro.

―Creo que deberíamos cortarle el suministro de agua. Eso hará que reaccione y veamos dónde está el akuma.

Chat se giró hacia ella y asintió.

―Bien pensado, mi lady.

Ella apartó los ojos y contuvo una sonrisa, sintiendo cómo se sonrojaba bajo la máscara. Aún no se acostumbraba al hecho que él le hablaba a ella sabiendo quién era realmente. Le alegraba saber que, a pesar de haberle ocultado su identidad, Adrien no le guardaba rencor (aparentemente) y la trataba como siempre. Así que no podía evitar sentirse nerviosa a su lado cuando le guiñaba el ojo de esa manera, la miraba con esa intensidad y le sonreía con tanta familiaridad.

―Bien―suspiró, lanzando el yo-yo hacia una de las ramas del árbol―, ¡en marcha!

Chat observó cómo se lanzaba sin miedo, con el pecho hinchado de felicidad y orgullo. Su lady era su princesa, su Marinette, la que siempre había estado a su lado. No tenía que pensar nada sobre lo que sentía, él ya lo sabía. No podía tener más suerte.

De modo que la siguió enseguida, estirando su vara y cortando el aire con las garras extendidas. En cuanto las clavó en el tronco del árbol, este se empezó a moverse.

―¡Busca la tubería principal! ―le gritó a Ladybug, que se giró hacia él con preocupación― ¡Yo le distraigo!

Ella no dijo nada, solo asintió con la cabeza y rodeó el árbol a toda velocidad, buscando un tubo oscuro, gris, que estuviera fuera de su sitio, del que manara agua. Sin embargo, no lo encontraba por ninguna parte. Parecía como si la tierra hubiese cubierto a conciencia la fuente de su poder, de su energía. Ladybug dejó de dar vueltas y se apostó en un edificio cercano. Vio cómo Chat engañaba constantemente a las raíces del árbol, que trataban de atraparle como si fuera un juego de mesa. Si las plantas se empeñaban en ocultar el agua, eso quería decir que el gran árbol tenía acceso a una salida principal y que una parte de él estaría conectada a ella constantemente. Prbablemente, esa zona sería la infectada por el akuma y tenía toda la pinta de estar bajo el centro del tronco.

De repente, se le ocurrió una idea.

Vio que, cuando el árbol alzaba sus raíces para intentar atrapar a su compañero, aparecía una pequeña abertura que daba hacia el subsuelo. Tal vez podría internarse por ahí y buscar el origen del akuma.

―¡Chat! ―gritó; él alzó un dedo para indicarle que la escuchaba― ¡Haz que se gire un poco hacia la derecha!

El héroe oscuro movió la cabeza para darle a entender que la había oído. Inmediatamente, comenzó a golpear las raíces del árbol para obligar a girar parte de su tronco. Como si la enorme planta tuviese ojos, siguió a Chat lentamente, tratando de aplastarle sin éxito. Ladybug aprovechó los segundos que le estaba dando su compañero para enrollar la cuerda irrompible de su yo-yo en una de las ramas más bajas de la copa e impulsarse hacia adelante, de cabeza al agujero que se había abierto. Apenas era un hueco de unos centímetros de diámetros, los suficientes para que la heroína de París se deslizara sin hacia el interior del tronco. Fue en ese mismo instante, justo cuando sus pies se adentraban en el árbol, cuando apareció la inconfundible marca de Hawk Moth en la base de las primeras ramas. Seguramente le estaría dando instrucciones al alma del árbol, pensó Ladybug, pero ella era más rápida. Se coló en el agujero antes de que lanzara una de sus poderosas ramas afiladas contra ella.

Ladybug aterrizó sobre una superficie dura y áspera, aunque pudo distinguir tierra húmeda perteneciente al exterior del parque. Afuera, Chat se las ingenió para ir atacando los puntos ciegos del árbol con su bastón y sus garras. Se acercaba peligrosamente a las raíces y les propinaba golpes en los lugares más inesperados. Por mucho que se retorcieran alrededor de Chat, este se escabullía sin demasiados problemas y volvía al juego. Tenía que mantenerle distraído para que Ladybug hiciera lo que tuviera en mente.

Mientras tanto, Ladybug enrollaba de nuevo el yo-yo. En cuanto se hubo enrollado del todo, el tronco giró sobre sí mismo, tapando el agujero y dejando a Ladybug a oscuras. Entonces, una ráfaga de luz apareció en el lunar central de su arma, iluminando por completo todo lo que había a su alrededor. Al tiempo que se acostumbraba a la luz y agradecía en silencio la ayuda de Tikki, la heroína dio vueltas sobre sí misma, mirando el sitio donde se había metido. Sin embargo, si miraba hacia arriba, no podía encontrar el final del árbol. La luz se perdía en el interior del tronco.

Se mordió el labio inferior. A sus pies, todo era madera vieja, tierra e insectos. ¿Cómo se suponía que iba a encontrar la raíz que conectaba con la tubería?

Suspiró. Debía mantener la cabeza fría y debía darse prisa. Chat no podría estar todo el tiempo corriendo de un sitio a otro. Respiró hondo y se agachó. Extendió la palma de la mano libre sobre el tronco y se sorprendió al sentir una palpitación constante bajo sus dedos, a través de la suave tela del traje. Ladybug frunció el ceño.

―¿Es este tu corazón?―murmuró, sabiendo que lo que decía no tenía ningún sentido, pues ninguna planta tenía un corazón como el de los seres humanos o el de los animales.

Sin embargo, aquellos latidos se parecían muchísimo a los de cualquier otra persona. Se le ocurrió que aquello podría ser una habilidad especial del traje. Teniendo en cuenta que ella "era" un insecto, tendría lógica que pudiera notar la vida en las plantas, el hogar de las mariquitas de las que había adoptado los colores. De modo que aceptó aquella teoría como válida y se dispuso a intentar seguirle el ritmo al latido. Tal vez así consiguiera hallar la fuente de su poder.

Se pegó a la madera todo lo que pudo, pero al no encontrar nada nuevo, se inclinó aún más.

―Espera un momento…―musitó entonces, tratando de oler algo en el tronco.

Dejó caer la nariz sobre la madera e inhaló con fuerza. Una mezcla de olores se introdujo en sus fosas nasales, aturdiéndola por un instante. Y, en medio de esos olores, había uno que era imposible no reconocer.

Humedad.

En cuanto se dio cuenta de lo que eso significaba, una enorme sonrisa se instaló en su rostro y sintió que recuperaba la confianza en sí misma. No tenía que buscar ninguna raíz, ¡la tenía bajo sus pies! Por eso el tronco se movía siempre a su alrededor y la cubría todo lo que podía, aquella era la raíz que estaba buscando. Ahora solo tenía que hallar la forma de encontrar su conexión con la tubería que, a juzgar por la transpiración de la madera, no debía de estar muy por debajo de ella.

Ladybug volvió a desenrollar el yo-yo y lo alzó.

¡Lucky charm! ―gritó, haciendo que el yo-yo diese cientos de miles de vueltas sobre sí mismo antes de dejar caer sobre sus manos el encantamiento que necesitaba― Un hacha…―suspiró― Genial. Es lo último que quería. Hacerle más daño al pobre árbol.

No obstante, sabía que no tenía otra opción. De modo que situó el yo-yo de forma que la luz incidiera en el punto exacto a sus pies, se aseguró de enarbolar bien el hacha con las dos manos (como había visto hacerlo a Rose en Titanic), tiró hacia atrás de su cuerpo y, con fuerza, hundió la afilada hoja del hacha entre dos aristas de la madera de la raíz. Notó cómo el árbol se quejaba, las paredes del tronco se retorcían a su alrededor y achicaban el lugar. Tenía que darse prisa si no quería morir aplastada.

Ladybug repitió el proceso una y otra vez. A cada golpe que daba, más se estrechaba el tronco a su alrededor. Hacía calor y empezaba a faltar el oxígeno. No le quedaba mucho tiempo. Levantó el hacha por cuarta vez. Falló.

Quinta, seguía sin encontrar la tubería.

Sexta. Apenas podía respirar.

Séptima, la visión comenzaba a fallarle.

Octava, los brazos le temblaban.

Novena, las rodillas no soportaron su peso y dejaron caer el cuerpo a tierra. Ladybug acusó el golpe y aprovechó la inercia para clavar por décima vez el hacha.

No se escuchó nada.

Unos segundos después, algo golpeó la cara de Ladybug, mojándola. Ella parpadeó con esfuerzo, no se sentía capaz de nada. Al menos, se dijo, había conseguido reventar una pequeña parte de la tubería, porque aquello que le estaba empapando el traje era agua. Sonrió, agotada. Vio la luz del yo-yo reflejarse en el agua y se dejó llevar por el agotamiento físico. No fue capaz de pensar en nada más que en Chat, en que ojalá pudiera acabar él la tarea y en que ojalá hubiera sabido lo que pensaba de ella al descubrir su secreto. Cerró los ojos y esperó pacientemente a que el tronco la aplastara. Lo sintió por Tikki, no se merecía aquel final.

«Lo siento», pensó. Y la imagen de Adrien, Alya, Nino, sus amigos del instituto, sus padres, su abuela, Tikki y todas aquellas personas que había conocido le nublaron la mente antes de caer inconsciente.

¡Miraculous Ladybug!

Los pulmones de Marinette se hincharon aliviados, haciéndola toser. Una fuerte ráfaga de luz le martilleó los ojos y la obligó a entrecerrarlos cuando quiso abrirlos. Levantó una mano para hacerse pantalla y poder mirar a su alrededor. Le dolía horrores el brazo y notaba las piernas tan acalambradas que dudaba que pudiera ponerse en pie. Pero lo que más le asustaba era el hecho de que no tenía ni idea de cómo había conseguido salir del tronco del árbol. Giró la cabeza hacia un lado y se encontró con unos pies envueltos en lo que se suponía que debía ser su traje.

Asustada, se miró el cuerpo como pudo y descubrió que estaba cubierta por una extensión negra. Se miró los dedos. Los tenía enguantados en algo que se asemejaba a los guantes de Chat Noir. Pero, ¿cómo era aquello posible?

Dejó de taparse los ojos con las manos y se miró la derecha, el dedo anular. Un anillo negro con unas marcas verdes en forma de pata de gato la saludaba. Una de esas marcas titilaba, como si estuviera guiñándole un ojo, aunque Marinette sabía perfectamente lo que aquello significaba. Se dijo que ya habría tiempo de verse a sí misma y levantó la mirada hacia el cielo. Unos torbellinos rosados estaban recomponiendo la ciudad. Había visto mil veces su propio encantamiento, pero nunca desde los ojos de Chat Noir. Aquel detalle la confundió aún más. Si ella tenía puesto el traje de su compañero, eso quería decir que Adrien…

Marinette miró hacia el otro lado.

Efectivamente, allí estaba él, cubierto por el mono rojo y negro de pies a cabeza, con la curiosidad de que el traje había cambiado un poco y ahora las manos eran completamente negras hasta el codo. La máscara de Ladybug, su máscara, le cubría la cara y le enmarcaba los ojos verdes. Marinette sintió que el corazón se le detenía.

―Adrien…―murmuró, llevándose una garra a la boca.

Al escuchar su nombre, él bajó la mirada hacia ella, los ojos completamente abiertos. Se arrodilló de inmediato y la estrechó entre sus brazos. Marinette parpadeó, confusa, feliz y anonadada.

―Dios, estás viva―musitó Adrien contra su pelo, besándole la coronilla―. Gracias, gracias, gracias…

―Adrien, ¿qué has hecho? ―preguntó Marinette con un hilo de voz, le daba miedo saberlo.

Adrien se separó un poco de ella. Era extraño verle los pendientes puestos, a pesar de que él no tenía la incisión necesaria para llevarlos. Era como si se hubiesen adaptado a la perfección, como si estuviesen pegados con una especie de cierre de clip. Aun así, pensó Marinette, seguía siendo demasiado guapo como para ser legal.

―Tuve que destrozar el árbol―confesó Adrien con un susurro, mirándole la cara de arriba abajo, acariciándola con los dedos rojos y negros, asegurándose de que estaba físicamente bien―. No salías, había demasiada agua en el suelo y pensé…―se mordió la lengua, no podía siquiera decirlo― Me negaba a perderte. Entré, te saqué pero vi que no respirabas. Hice lo primero que se me ocurrió―nervioso, Adrien sujetó a Marinette por la espalda y le señaló el árbol frente a ellos―. ¿Ves? Vuelve a estar entero.

Pero ella no le estaba prestando atención al ejemplar milenario. Le puso una mano en el pecho y él dejó de hablar.

―Me has salvado la vida―dijo Marinette, aún sin poder creer nada de lo que había ocurrido.

Adrien respiró hondo. Debía tragarse su ansiedad por sentirla contra su piel, su miedo a perderla y prometerle aquello que debería haberle dicho antes de entrar en batalla.

―No voy a abandonarte nunca, ¿me oyes? Jamás.

―Pero… Ladybug… Yo soy…

―¿Y? Sois la misma persona. Me he enamorado dos veces de ti. ¿No es prueba suficiente de que mi corazón solo te pertenecerá a ti?―Adrien suspiró y unió su frente a la de ella, clavando sus irises verdes en los ojos azules de gato de ella― Nunca habrá nadie más. Solo tú.

Marinette sintió que se quedaba sin respiración de nuevo, aunque esta vez por la impresión y por el efecto de las palabras de Adrien. No sabía ni qué decir. Había soñado mil veces con él la amara; había hecho realidad una de sus muchas fantasías, que era la de entregarse a él y que él la correspondiera; y, aun así, no se le había ocurrido que lo que realmente podría hacerle entrar en razón para darse cuenta de que estaban juntos era que él hiciera alguna locura por ella. Como si no las hubiera hecho antes. Pero, arriesgar su vida por salvarla…

―Estás loco―murmuró, haciendo sonreír a Adrien.

―Y tú estás preciosa con mi traje y esos ojos―repuso él, mirándole los labios con evidente hambre―, pero ahora tenemos que largarnos de aquí. La gente está empezando a llegar y no quiero que nos descubran. Bastante raro va a ser que nos vean con los trajes intercambiados.

―Bueno―suspiró Marinette mientras dejaba que Adrien la sujetara con fuerza y la asegurara contra su cuerpo antes de lanzar el yo-yo para salir de allí―, puede que piensen que estamos haciendo cosplay.

Adrien soltó una carcajada.

―Creo que, a partir de hoy, te voy a dejar ser Chat más a menudo.

―Ni lo sueñes, gatito―replicó Marinette, divertida―. Quiero mi yo-yo.

Adrien apretó a Marinette contra su pecho y tiró de la cuerda hacia él.

―Y yo te quiero a ti―respondió.

En ese momento, los pies de ambos se alzaron del suelo y juntos desaparecieron de vuelta a casa de Marinette, como una sombra que se pierde en la lejanía. Mientras, las campanas de Notre Dame daban la hora. Eran las doce de la mañana.