8
Licor de hadas
-¿Dónde está mi hermana?- Le preguntó Alec a Clary. Ésta tan solo señaló hacia Izzy y Magnus que seguían besándose. –Isabelle vuelvo a casa, esta fiesta es una mierda-.
Al escuchar la voz de su hermano Izzy se despegó del brujo y fue entonces cuando Alec se dio cuenta de que le había cortado el rollo a la parejita.
-Oh, lo siento mucho. No quería interrumpir- visiblemente arrepentido- Ya os dejo a solas. Solo quería decirte que me voy de…-
-Él es Magnus Bane- le interrumpió rápidamente su hermana antes de que volviera hacer otro comentario ofensivo.
-El anfitrión de ésta fiesta de mierda- se presentó el brujo divertido alargándole la mano al nefilim y entonces fue cuando se descubrieron el uno al otro, se miraron fijamente y la atracción física fue instantánea: inmediatamente el Gran Brujo supo que había seducido al hermano equivocado. –Tú debes de ser el famoso Alec. Alec diminutivo ¿De?-
-A...A…Alexander- contestó a duras penas trabándosele la lengua y sin poder controlar su desbocado corazón. Eso que para él había sido una reacción ridícula Bane lo encontró de lo más adorable: sus largos años de vida y experiencia le decían que había causado impresión en el chico.
-Alexander… tienes un nombre muy bonito al igual que tus ojos…-
El joven nefilim se quedó pasmado sin saber que decir y encima Clary e Izzy se habían ido dejándole solo con el Gran Brujo de Brooklyn.
-¿Has descubierto algo?- Simon que estaba junto a Jace en la zona de los sofás paró a las chicas que venían del baño.-
-¡Sí! Llevar estos zapatos más de dos horas hace que te salgan ampollas en los pies- y las dos chicas se echaron a reír escandalosamente y empezaron a abrazarse y a bailar una especie de vals.
Simon y Jace se miraron: era evidente que habían bebido un poquito más de la cuenta.
-No hemos venido aquí para que os emborrachéis y os enrolléis con tíos buenos. Eso es muy serio y no estamos para perder el tiempo. Si no ves nada que te pueda ayudar- dirigiéndose a Clary- será mejor que nos vayamos- les regañó Jace.
-Tienes razón- intentó ponerse seria Izzy- voy a despedirme de mi brujo y vengo… o bueno quizá no… quizá esta noche duerma acompañada por el Gran Brujo de Brooklyn.-
-Tu brujo hace más de veinte minutos que está allí hablando con tu hermano...creo que has perdido tu oportunidad- le informó Simon contento.
-¿Llevamos 20 minutos en el baño?- Exclamó Clary alucinada y volvieron las risas de nuevo. Isabelle se dirigió hacia Bane y su hermano y Clary se sentó en uno de esos cómodos sofás mirando hacia todas partes.
-¿Qué haces?- Le preguntó Simon.
-Busco cosas para que Jace no me regañe de nuevo-.
-Déjala esta borracha y no sabe ni lo que dice- la menospreció el aludido.
-¿Cómo puede ser? Hace media hora estaban completamente sobrias- le comentó el mundano al cazador de sombras.
-Licor de hadas. Puedes tomar todo el que quieras sin notar ningún efecto pero deja de beberlo y te subirá todo de golpe. Vamos a buscar a los demás- cogió a Clary del brazo y la puso de pie.
-Espera Jace- le dijo la pelirroja hablando demasiado alto- he visto algo-.
-¿Qué?- Perdiendo la paciencia.
-Ese cuadro-.
Jace lo miró. Era un cuadro de un soldado pintado a mano. Era bastante grande y estaba hecho con mucho gusto pero era tan solo esto, una pintura, un retrato.
-Si Clary si… lo que tú digas-.
Cuando llegaron junto a los demás Alec no lo estaba teniendo mucho más fácil que él para controlar a su hermana: Izzy no dejaba de implorarle a Bane que jugasen de nuevo al juego del tequila pero el brujo no le hacía ni caso: a Magnus y a Alec les bastaron tan solo 10 minutos de conversación para enamorarse el uno del otro y el brujo no podía quitar los ojos de encima del nefilim.
-Vámonos ya- Jace le digo a su parabatai- no quiero tener que aguantarlas cuando el licor les suba del todo- y arrastró a Clary hacia la puerta mientras ella le repetía una y otra vez que quería volver a mirar ese cuadro.
Simon se hizo cargo de Isabelle mientras Alec y Magnus se despedían.
-Tengo que irme- informó el joven a desgana.
-Ya veo… por fin puedes largarte de esta mierda de fiesta y del pesado del dueño- le sonrió Bane.
-Oh, no, no… la fiesta no está mal… soy yo que…- no sabía como disculparse.
-Alec, lo sé estaba bromeando. Un placer conocerte Isabelle- y beso la frente de la chica pero no fue un beso de pasión ni nada por el estilo, era un beso paternal. Sin que nadie le pidiese nada chasqueó los dedos e hizo aparecer un pequeño bote de gotas – eso les ayudará a sentirse mejor… las resacas de licor de hada son las peores- y lo puso encima de las manos de Alec tocando cada parte de su fina piel. – ¿Te gustaría que algún día fuéramos a tomar algo?-
-¿Tú y yo?- No se creía lo que estaba pasando.
-Sí, tú y yo juntos y solos- especificó entre risas el brujo que no podía dejar de sonreír al ver el rostro de estupefacción de Alec.
-Sí, e…eso me encantaría-.
-Estupendo ¿Te va bien ahora pues?-
-¿¡Ahora?!- Dijo mirando el panorama que tenía con sus amigos.
-Bueno, una vez llevéis a las chicas a casa. ¿En media hora te parece bien que nos veamos en la esquina del Instituto?-
9
Una noche bañada de sangre
Cuando Simon les dejó en la puerta del Instituto el cerebro de Clary ya no estaba conectado con el resto del cuerpo y andar se había convertido en misión imposible. Las piernas no tenían suficiente fuerza para sostenerla y todo a su alrededor le daba vueltas. Prefirió sentarse en el suelo antes que caer desplomada en el. Todo el calor que tenía media hora antes había desaparecido para convertirse en frío, un frío insoportable empeorado por el viento de la noche y sus ropas sudadas. Ya no había risas ni diversión, ahora lo veía todo negativo y empezó a llorar porque no se veía capaz de llegar a su habitación. Escuchó como Izzy también lloraba pero tenía a su hermano al lado consolándola. Ella no, ella estaba sola y se quedaría allí tirada toda la noche. Cuando la desesperación ya se había apoderado de ella notó como alguien le ponía una chaqueta por encima de los hombros. Se giró esperando encontrar a Simon pero lo que vio fueron los dorados ojos de Jace que a diferencia de lo que ella pensaba no la miraban con enfado sino más bien con lástima. Con toda la facilidad del mundo el chico la cogió en brazos y empezó andar hacia las habitaciones, lo hacía con total comodidad como si ella no pesara más de diez quilos. Clary tan solo cerró los ojos y se dejó transportar apoyando la cabeza en el hombro del chico al que no le pareció importar que hiciera eso.
Una vez llegaron a la habitación Jace dejó suavemente a Clary encima de la cama y le quitó los zapatos y la chaqueta. La chica se quiso incorporar para darle las gracias y ponerse el pijama ella sola pero la cabeza le daba demasiadas vueltas y se le empezaba a remover el estómago. Genial ¿Cómo lo haría para llegar al retrete si no podía ni aguantar la cabeza?
-¿Tienes ganas de vomitar Fray?- Se burló Jace viéndole la cara y la cogió de nuevo para llevarla al baño.
-Vete- le digo Clary avergonzada sentada en el suelo y apoyada en la taza del váter. Iba completamente despeinada y el maquillaje de los ojos se le empezaba a difuminar. Se imaginaba que aspecto debía tener y no quería bajo ningún concepto que Jace la viera así. Por lo menos daba gracias a Dios de que aún no había vomitado.
-Sí me voy no podrás volver a la cama- le hizo entender el chico- no es la primera vez que veo los efectos del licor de hada. Ven, sé de una solución que no te va a gustar pero que es de lo más efectiva-.
Cogió de nuevo a la chica y con ropa y todo la puso dentro de la bañera y sin que ella tuviera tiempo de reaccionar encendió el grifo de agua fría. Jace tenía razón: la helada agua le despejó la cabeza de golpe y aunque seguía encontrándose mal por lo menos las cosas de su alrededor habían dejado de dar vueltas.
-Ya- quiso salir de la bañera- ya está- la voz le temblaba por el frío.
-Tienes que aguantar un poquito más- se reía él - eso te enseñará a elegir mejor que es lo que bebes-.
-¡No!- Se negó en rotundo.
Al querer salir de la bañera un pie le patinó y fue salvada de nuevo por Jace que la envolvió en una toalla y sin saber como se encontró abrazándole. El chico le cogió la cara con las dos manos y delicadamente le obligó a mirarle. Clary estaba temblando y ya no solo de frío. Una de las manos de Jace se deslizó hasta su cintura y se coló por dentro de las mojadas ropas, el tacto de su mano era cálido y agradable. La otra mano se enredó en su pelirrojo cabello empujando su cabeza hasta que sus labios se encontraron. Clary se dejó llevar por la pasión del momento y empezó acariciar el pectoral del chico que respondió cogiéndola por los muslos y subiéndola hasta su cintura. La pelirroja enrolló con fuerza sus piernas alrededor de la cintura de Jace y éste la llevó de nuevo a la cama tumbándola y colocándose encima de ella. Cuando Jace dejó sus labios para empezar a bajar hacia el cuello unos gritos de voces desconocidas les interrumpieron.
-¡Qué es esto? Pensé que aquí no vivía nadie más- Preguntó Clary sobresaltada.
-Y no vive nadie más. ¡No te muevas de aquí!- Le ordenó antes de desaparecer por la puerta. Evidentemente Clary no le hizo caso y salió corriendo tras él.
Al llegar al piso de abajo fueron directos a la biblioteca donde la chimenea seguía encendida y por debajo del sofá se veía un charco de sangre. Se dirigieron hacia allí y tumbado en el suelo se encontraron a Hodge completamente inconsciente. Le habían golpeado con uno de los hierros que se usaban para poner bien la leña del fuego. Clary no se pudo contener y chilló. Jace cogió una de las antiguas espadas que había colgadas en la pared y fue de inmediato a ver si Hodge tenía pulso. Aunque su corazón latía débilmente seguía vivo.
-Debo sacarte de aquí- le dijo a la pelirroja mientras la cogía de la mano y la sacaba de la biblioteca.
-¿A dónde me llevas? No quiero separarme de ti- Aterrorizada.
-A buscar a Issabelle y Alec- le contestó mientras la conducía de nuevo al piso de arriba sin soltarle la mano.
Jace se asomó al pasillo y al ver que estaba despejado se dirigió hacia las habitaciones de sus hermanos adoptivos. Primero se encontraron con la puerta de Izzy y le hicieron un resumen rápido de lo sucedido mientras iban a buscar a Alec. Su sorpresa fue cuando al llegar a la habitación del hermano mayor la puerta estaba abierta de par en par, Alec nunca dormía así lo que significaba que algo iba mal.
-¡Alec!- Chilló histérica Izzy al ver la escena de dentro de la habitación.
Tumbado en la cama había un cuerpo descuartizado rodeado de un gran charco de sangre. La cabeza la habían puesto al lado del tronco y las extremidades estaban repartidas por la habitación.
-¡Nooo!- Chilló la chica Lightwood dejándose caer al suelo.
Jace quedó en shock pero tuvo que recuperarse rápido porque alguien venía a por ellos. Eran un grupo de tres repudiados que el joven Herondale tuvo que combatir solo ya que Izzy estaba en histeria total y todavía bajo los efectos de licor de hada: lo único que consiguió fue que la hirieran. Cuando logró derrotarlos cogió a las dos chicas y se dirigieron a la puerta de salida pero no consiguieron llegar: había un grupo de cinco repudiados más liderados por un nefilim. Era un hombre alto y fornido con la mitad de la cara deformada, como si le hubiesen quemado. Jace sabía que no podían ganar esa batalla así que se desvió hacia la biblioteca de nuevo, atrancó la puerta y rápidamente metió a Clary dentro de un armario que cerró con llave. Con las prisas no se dio cuenta de que su estela cayó dentro del armario junto a la chica. Los repudiados consiguieron derrumbar la puerta y entrar en la sala.
Clary intentó salir del armario para ayudar a sus amigos en esa batalla desigualada pero fue incapaz de abrir la puerta: otro de los efectos del maldito licor debía ser la pérdida de fuerza, así que tuvo que ver a través de una especie de rejilla de madera como derrotaban a sus amigos. Cuando el combate terminó los atacantes se marcharon dejando a Jace e Izzy mal heridos e inconscientes como Hodge y ella no podía hacer nada para ayudar. No sabe cuanto rato estuvo en absoluto silencio para no llamar la atención de algún enemigo que hubiese quedado rezagado. Cuando más o menos estaba segura que ya se habían ido intentó salir de nuevo pero todavía no había recuperado las fuerzas y la cabeza le volvía a dar vueltas. Chilló y lloró todo lo que pudo pero nadie podía oírla. Cada vez se encontraba más mal y los ojos se le empezaron a cerrar: era como si una fuerza superior la obligase a dormir. Cuando despertó seguía encerrada en ese armario y con todo el cuerpo dolorido, no sabía cuanto rato había estado durmiendo pero fuera todo seguía igual: sus tres amigos seguían tirados en el suelo sin moverse. Cuando el pánico volvía a apoderarse de ella algo brillante le llamó la atención: era la estela de Jace. La cogió con desesperación y la abrazó y una runa le vino a la mente. Algo la impulsó a dibujarla en la puerta del armario y esta se abrió. Salió moviéndose con dificultad y fue hacia Hodge, metió la mano en el bolsillo de su traje y le cogió el móvil. Entre que estaba tan nerviosa que le temblaban las manos , que no recordaba el número y que la vista se le iba nublando tardó más de cinco minutos en poder llamar a Luke pero una vez lo consiguió el licántropo no tardó ni un cuarto de hora en llegar. Al verle Clary se le tiró a los brazos.
Volvieron a la biblioteca para que Luke pudiera examinar todo lo que había pasado y cuando estaban distraídos mirando las constantes vitales de los heridos un repudiado les sorprendió sin dejarles tiempo para defenderse. Lo tenían ya prácticamente encima cuando una daga le atravesó el corazón: Alec estaba allí junto a Magnus.
-¡Alec! ¡Estás vivo!- Y la pelirroja fue corriendo a abrazarlo llorando de nuevo pero esta vez de emoción.
10
Catacumbas de San Calixto
Todo lo rápido que pudo puso a su hermana dentro de la cama y la arropó para que no pasara frío. Se dio una ducha rápida y se cambió de camiseta ya que Isabelle le había vomitado encima. Tal y como había quedado con Magnus media hora después estaba en la esquina del Instituto. Magnus Bane, el Gran Brujo de Brooklyn que le había cautivado esa misma noche le había pedido una cita y el aceptó encantado. Cuando estaban en la discoteca el brujo junto a unos amigos suyos le propuso de jugar al juego de los chupitos al igual que había hecho con su hermana, pero él nunca había besado a nadie así que declinó la oferta. Sin saber como Magnus acabó sabiendo que Alec era homosexual, que jamás había tenido una cita con nadie y que todavía no había dado su primer beso y aún y así se quedó hablando con él hasta que el nefilim tuvo que marcharse.
-¡Alexander!- Le llamó –Pensé que te habías arrepentido de quedar conmigo-.
-No, no… es que mi hermana me ha vomitado encima y me he tenido que duchar.- Al instante se arrepintió de haber dicho eso, seguro que era el tipo de información que no debía decirse en una primera cita.
-No pasa nada. ¿Te apetece que vayamos a comer algo? Estoy famélico… tranquilo iremos lejos de aquí para que nadie pueda vernos juntos. ¿Italia te parece bien?-
-¿I…Italia? ¿Cómo iremos hasta allí?-
-Sí. La semana pasada salvé la vida a un hombre lobo que tiene una pizzería en Italia y me hizo prometerle que un día iría a visitarle. Abriré un portal ¿Te apetece?- Preguntó con inseguridad- Sino podemos hacer otra cosa, lo que tú quieras.-
-Claro, un portal- sonrió- Esto suena genial, vayamos a la pizzería. Yo también me muero de hambre-.
-Mamma mia Magnus Bane sei venuto- Saludó Luigi con entusiasmo.
-Por supuesto siempre cumplo mis promesas- y se dieron un fuerte abrazo.
El licántropo italiano les guió hacia la mejor mesa de todo el restaurante, situada en un sitio intimo y decorada con flores y velas. Les entregó la carta, les tomó nota y les sirvió en tiempo record.
-Pensaba que te interesaba mi hermana- comentó Alec durante la cena.
-Me interesaba...pero tú me pareces más interesante- respondió el brujo guiñándole un ojo y haciendo sonrojar al cazador de demonios.
Las pizzas estaban deliciosas pero Alec no dejaba de darle vueltas a la suya.
-¿No tienes hambre? ¿No te gusta la comida? Podemos pedir otra cosa- preocupado el brujo.
-Sí, sí está muy buena… es que eres mi primera cita y la verdad es que estoy un poco nervioso. Se me ha cerrado el estómago-. Sonrió timidamente
-Oh. No tienes que estar nervioso, lo estás haciendo muy bien- le devolvió la sonrisa Bane conmovido por la sinceridad del nefilim. Alec le parecía de lo más adorable.
-¿Sí? ¿Tú crees?- ilusionado. Y allí fue la primera de muchas veces que Magnus tuvo que reprimir el impulso de tirarse encima del chico para besarle.
La cena les fue de maravilla: no dejaron de hablar en todo el rato y cada vez les gustaba más lo que iban conociendo el uno del otro. Una vez terminaron de cenar decidieron pasear por las bonitas calles de Roma ya que ninguna de los dos quería poner fin a la velada. Eran las fiestas de la ciudad así que todo estaba iluminado y las calles repletas de gente.
-Creo que hay algo en esta ciudad que te gustaría ver- le comentó Magnus a Alec y le llevó a las Catacumbas de San Calixto.
El nefilim se emocionó al poder entrar allí. Él, que era un gran amante de la lectura y la historia, había leído tanto sobre roma y sus catacumbas que le pareció un sueño poder verlo con sus propios ojos. Antiguos cazadores de sombras descansaban en paz entre esas piedras. Magnus le hizo de guía particular y le enseñó y explicó todo lo que el nefilim quería saber, incluso le llevó a una zona prohibida para los visitantes. En una de esas salas se encontraban los restos de los Hijos del Ángel. Magnus le contó historias sobre algunos de los que descansaban allí y Alec se lo miraba con fascinación, sin poder dejar de sonreír y el Gran Brujo no se pudo contener más y se abalanzó sobre el joven para besarle con desesperación, casualmente enfrente de la tumba de un tal Gideon Lightwood. El inocente Alec que jamás había tenido ninguna experiencia sobre el tema se encontró con que alguien invadía completamente su espacio y pegaba con fuerza la boca contra la suya intentando introducirle la lengua mientras que unas fuertes manos le agarraban el trasero y lo apretaban con fuerza hacia el cuerpo del "invasor". Se quedó de piedra sin reaccionar y cuando al fin lo hizo el brujo ya se había separado.
-Lo siento- se disculpó- siento haberlo estropeado-.
-Quizá he ido un poco deprisa para ti- le sonrió el brujo- no has estropeado nada… tú haces que todo eso sea perfecto- susurró muy cerca de su oído.
Dulcemente le cogió el rostro y volvieron a besarse. Alec cerró los ojos y se dejó llevar por la experiencia del brujo disfrutando de los besos y caricias que este le daba. Llevaban ya un buen rato besándose cuando la runa parabatai le dio un latigazo de dolor que le obligó a retorcerse.
-¡Alexander! ¿Va todo bien?- Visiblemente preocupado.
-¡No! Es Jace. Algo va mal. Tengo que volver-.
El salir del portal, que les llevó directos a la puerta del instituto, vieron como un hombre de corpulencia grande salía corriendo de dentro. Era un nefilim ya que tenía runas visibles por el cuerpo pero tenía la cara como quemada.
Alec y Magnus entraron a toda prisa justo a tiempo para ver como un repudiado entraba a la biblioteca y se dirigieron tras él. Al entrar el mundo se les cayó a los pies: tumbados encima de charcos de sangre estaban Izzy, Jace y Hodge y el intruso estaba a punto de atacar a Clary y Luke. Afortunadamente para ellos Alec hizo uso de sus reflejos y mató al repudiado antes de que les hiciera daño. Fue de inmediato a poner iratzes a sus dos hermanos que por fortuna despertaron minutos después, pero Magnus no tuvo la misma suerte con Hodge: finalmente acabó muriendo.
Jace les explicó todo lo que había pasado y les enseñó el difunto que ocupaba la cama de Alec.
-Lo siento mucho chicos… tendría que haber estado aquí-. Alec estaba roto de dolor: Hodge significaba mucho para él.
-¿Bromas?- Le dijeron todos enfadados. -Si hubieses estado aquí ahora serías tú el que estaría aquí tumbado sin cabeza-. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Bane.
Entró a su casa con una extraña mezcla de sentimientos: contento e ilusionado por la cita con Alec, apenado al recordar la cara del nefilim al saber que Hodge había muerto y muy enfadado por todo lo que había sucedido en el Instituto.
-Hola- dijo abatido dirigiéndose a su habitación y esquivando a Presidente Miau que había convertido los pasos de su dueño en una gincana.
-Hola amor- le contestó Camille Belcourt. Estaba tumbada en la cama leyendo un libro. Vestía un sexy camisón rojo y su rubia melena estaba recogida en un moño aunque un sensual rizo le caía por el rostro. -¿Cómo ha ido la cita con el chico?- Le mordió delicadamente los labios con sus afilados colmillos.
-Hola señor Bane- El nefilim del rostro quemado entró en la habitación.
-¿Se puede saber que habéis hecho?- Estalló en ira.
-Ya lo sé mi amor, Igor me ha contado lo sucedido. No te preocupes no saben quién hay detrás de los ataques… y dime ¿Has conseguido sacarle información al chico? No hemos conseguido encontrar la Copa-.
-¡Dijimos que no actuaríamos- notaba como su tono de voz iba aumentado.
-No te enfades chiquitín- poniendo morritos de niña pequeña. –Lo hacíamos para ir más rápido y que no tuvieras que volver a quedar con ellos, bueno con él-.
-¿Que no me enfade? ¡Vuestra impaciencia ha matado a dos inocentes!
Continuará en capítulo 5
