13
Secretos y sueños
El dolor del desbloqueo era insoportable, cada vez que un recuerdo o habilidad despertaban en la mente de Clary ésta notaba unos fuertes pinchazos dentro de la cabeza y no había nada que los hiciera desaparecer, así que se agarró con fuerza a las sabanas de la cama y cerró los ojos esperando que aquella tortura acabara cuanto antes.
-¿Otro desbloqueo Fray?- Jace le acarició el pelo y le beso la frente. –Mira el lado positivo: mañana despertaras con un recuerdo nuevo – sarcástico.
-Para ti es fácil decirlo ya que no tienes a veinte enanitos martilleándote la cabeza-.
-Pues contigo ya sois veintiuno-.
-Te odio- golpeándole el brazo.
-¿Sí? Pues ayer por la noche no decías lo mismo-.
Clary notó como se sonrojaba y no pudo evitar pensar en su madre, que seguía inconsciente en la enfermería, y que seguramente quería tener una tendida charla con ella si supiera que hacía una semana que había perdido la virginidad y que desde entonces cada noche dormía en el lecho de un rubio prepotente.
Cuando al fin el dolor menguó pudo dormirse de nuevo y tuvo un extraño sueño: de repente se encontraba en su casa jugando con las muñecas que tenía de pequeña, pero el olor a pintura que le llegó captó de inmediato su atención (le encantaba pintar) y se dirigió hacia allí. En la cocina su madre estaba pintando una gran copa metálica, como las que había en las iglesias. Reconoció rápidamente ese recipiente: era la Copa Mortal. Se despertó sobresaltada sabiendo que eso era más que un simple sueño: era un recuerdo que había sido bloqueado y que ahora, después de años, volvía a salir a la luz. Cerró los ojos automáticamente deseando volver a tener ese sueño para poder ver lo que venía a continuación y que otro recuerdo despertara en su mente: su deseo se cumplió.
-¡Oh!- Gimió con la voz entrecortada y chispas de magia salieron de las palmas de sus manos quemando la espalda del cuerpo que tenía encima.
Alec notó como si un hierro caliente le abrasara la piel pero no se quejó. Magnus le explicó que a veces al llegar al éxtasis del orgasmo perdía el control y literalmente le salían chispas. El nefilim sabía que al brujo no le gustaba hacerle daño cuando esto pasaba así que no le quiso decir nada para no hacerle sentir culpable, pero al querer tumbarse en la cama el roce de las sabanas con las quemaduras le hizo arquear la espalda de dolor y Bane supo de inmediato lo que le sucedía.
-Te he vuelto hacer daño ¿Verdad? Déjame ver- poniendo al chico con la espalda hacia arriba.
-No pasa nada, ya no me duele- mintió.
-Claro que te duele tienes las heridas en carne viva- enfadado se fue al baño y volvió con un bote de crema que fregó por encima de las quemaduras con mucha delicadeza. –Lo siento muchísimo. Esto tardará un poquito en hacer efecto-.
-Te lo digo en serio, no importa- y viendo la cara de sufrimiento del Gran Brujo, Alec cogió sus pantalones del suelo y sacó su estela para dibujarse una "Iratze", las quemaduras desaparecieron en cuestión de segundos.
-Oye esto es trampa- se quejó el subterráneo fingiendo indignación.
-Es que me gusta más que me cures tú… venga ponme crema otra vez- le suplicó Alec tumbándose encima del brujo.
-¡Por el amor de Dios¡ Estás todo el día pidiendo mimos. Eres peor que mi gato- pero obedeció las ordenes de su nefilim y empezó a deslizar sus largos dedos por la espalda, nunca y cabeza de éste.
Alec ronroneó como un felino a forma de burla por lo que le acababan de decir.
-¿Me tomas el pelo?- Bane hizo rodar sus cuerpo quedando él encima de Alexander- Pues te castigo sin besos y mimos…Por lo menos hasta mañana- y riendo mordió la blanca piel del cuello de su amante.
-Yo… mañana no sé si estaré aquí ¿Recuerdas? Iremos a llevar la Copa a los Hermanos Silenciosos- se disculpó el joven Lightwood.
-La Copa… lo había olvidado- murmuró cambiándole la cara por completo y era cierto: cada vez que miraba los preciosos ojos de Alec se perdía en ellos olvidándose de todo lo demás.
-¿Pasa algo? Vaya cara has puesto-.
-No… es que yo…- el brujo no sabía que decir- no quiero que vayas a esa misión- esa respuesta sacó una sonrisa al joven Lightwood. -¿De qué te ríes?-
-Te preocupas por mí… nunca pensé que algún día alguien lo haría-.
-Claro que lo hago, eres mi novio y te amo.-
-¿Me amas?... Yo también te amo, de hecho mis amigos piensan que demasiado y dicen que lo nuestro es enfermizo, ya sabes todo el día dándonos besos y eso…- La inocencia con que se lo dijo conmovió a Magnus.
-Nunca se ama demasiado Alexander… yo… no…yo… te amo ¿Entendido? No lo dudes nunca… pase lo que pase recuerda eso: TE AMO con locura-.
-No tienes de que preocuparte todo irá bien… nadie más a parte de nosotros sabe lo de la Copa.-
-¿Nadie? O sea que no os estarán esperando…-
-No, absolutamente nadie. Solo lo sabe uno de los Hermanos Silenciosos pero no sabe cuando iremos. A más…-Alec no sabía si debía contar aquello: había jurado por el Ángel mantener el secreto.
-¿Qué?- Insistió el Gran Brujo de Brooklyn – ¿Qué pasa? Puedes confiar en mí. Te amo Alec y a más eres mi novio… las parejas se apoyan el uno al otro y no tienen secretos entre ellos-.
El nefilim se dejó embaucar por las palabras del brujo y acabó hablando.
-La copa que llevaremos no es la auténtica, tan solo una réplica que pintó la madre de Clary. La verdadera la escondió Joselyn dentro de una carta del Tarot mediante una runa que solo ellas dos pueden utilizar. Llevaremos la carta escondida. Si por lo que fuera alguien nos atacase le daríamos la copa falsa-.
Esa noche Alec no se quedó a dormir. Después de contarle a Magnus toda la verdad y la historia sobre los sueños de Clary se fue a prepararse para el día siguiente dejando al brujo pensativo: estaba a punto de traicionar al chico más dulce que jamás había conocido, o también podía no decir nada y dejar que los subterráneos les robasen la copa falsa y no desvelar el secreto que Alec le había confiado. Estaba hecho un lío y no sabía que debía hacer ni de que lado ponerse.
14
Traiciones
-¿No creéis que es un poco insensato coger el metro llevando algo tan valioso?- Simon se sentía inseguro rodeado de tantos desconocidos.
-¿Y cómo quieres que vayamos mundano? ¿Volando?-
-No le insultes… y se llama Simon- Clary regañó a Jace.
-No le estoy insultando, eso es lo que es: yo soy un nefilim, Luke es un licántropo y él es un mundano-.
-Venga chicos dejar de discutir que ya bajamos en la próxima parada- Luke intentó poner paz.
Isabelle se levantó de su asiento y se dirigió hacia la puerta haciendo que todo el sector masculino del vagón se girase, pero no solo ellos, Simon también la siguió con la mirada recibiendo un fuerte golpe por parte de Alec que no dejaba de mirarse y tocar la pulsera "de la suerte" que le regaló Magnus. Anduvieron en silencio hacia el cementerio y cuando tan solo estaban a dos calles de él notaron como un grupo de ocho personas empezaban a seguirles.
-Son vampiros- informó Luke muy serio.
-¿Y por qué nos siguen? ¿Nos quieren comer?- Preguntó Simon.
-Podría ser- le respondió Isabelle poniéndose su larga melena hacia atrás – pero no tienes de que preocuparte cuando se enteren de que somos nefilims no nos harán nada, eso sería romper los acuerdos-.
-Pareces tonta Izzy, ya saben que somos nefilim… pueden oler nuestra sangre- contestó Jace sacando uno de sus cuchillos del cinturón de armas.
-Al igual no nos están siguiendo- sugirió Clary que ni ella misma se creía sus propias palabras.
Siguieron andando a paso más ligero hasta llegar a la siguiente esquina donde se encontraron a otro grupo de diez personas que les barraban el paso obligándoles a cambiar de rumbo una vez más, no tuvieron más remedio que coger el único camino que les quedaba libre: la calle que subía al hotel Dumort. Todos sabían que era peligroso pasar por allí pero no tenían más opciones. Pasaron en absoluto silencio por debajo de sus abandonadas ventanas pero no les sirvió de nada: cuando pasaron por delante de las puertas estas se abrieron y un hada cogió a Clary poniéndole un cuchillo en el cuello.
-¿Qué significa esto? Soltarla- exigió Luke.
-Te diré lo que vamos hacer: tú y tus amiguitos dejareis aquí todas vuestras armas y nos acompañareis a dar una vuelta-.
Todos se miraron sin saber que hacer
-¿Por qué hacéis esto? ¿Es algún tipo de problema o desacuerdo con la Clave? Eso solo empeorara las cosas. Mi padre tiene contactos con altos cargos, decidme en que os podemos ayudar y hare todo lo que este en mis manos, no es necesario que nadie resulte herido- Alec intentaba hacer de intermediario en ese conflicto que se acababa de crear.
-Las armas ¡Ya!- volvió a repetir visiblemente muy nerviosa la hada que amenazaba a Clary. Del cuello de la pelirroja empezaron a salir gotas de sangre y Jace fue el primero en tirar todas sus armas al suelo.
El grupo de subterráneos guió a los chicos a lo que había sido el elegante comedor del hotel y una vez allí los obligaron a ponerse de rodillas al suelo con las manos en la nuca y los rodearon.
-Dadnos la Copa Mortal- Clary reconoció de inmediato aquel fornido hombre: era Bat líder de los licántropos – Si colaboráis os doy mi palabra de que nadie saldrá herido-.
-Un poco tarde ¿No crees?- Le contestó Luke señalándole el fino corte en el cuello de Clary. –No tenemos la Copa.-
-Maldito perro sarnoso. ¡Que nos la deis! – Un vampiro se abalanzó sobre Luke y le ató una cuerda al cuello. –Dadme la Copa o lo estrangulo-.
Clary estaba horrorizada: estaban completamente rodeados, los habían atado a todos menos a ella y ese vampiro no dejaba de apretar la cuerda de alrededor del cuello de Luke.
-Se me empieza a acabar la paciencia – una sexy vampira, con su ondulada melena rubia recogida con un lazo rojo, acababa de entrar -si no quieren colaborar acabar con ellos. Empezar por esa – señalando a Izzy- las botas que lleva son de la temporada pasada y eso le causa dolor a mis ojos-.
-¡Noo!- Chilló Clary desesperada – Tomad. Cogedla pero no nos hagáis daño-. Se fue hacia la mochila que llevaba Simon y sacó la Copa metálica que estaba guardada dentro. Se la ofreció a la Vampira. Ésta se rio dejando ver sus afilados colmillos.
-¿Me tomáis el pelo? ¿A caso no sabéis quien soy?-
-Eres Camille Belcourt, líder del Clan de los vampiros… sé perfectamente quien eres ¿Cómo has sabido lo de la Copa?- Le respondió Jace.
-¿Sabías que es de mala educación contestar a una pregunta con otra? ¿Qué cómo sabemos lo de la Copa?... Jovencito, eso es lo de menos, dadme la Copa ya o empezará a correr sangre… y no estoy hablando simbólicamente-.
-Te la estoy dando- Clary estaba tan asustada que no podía dejar de temblar y llorar. La Copa se le cayó al suelo.
En esos momentos Magnus entró a ese abandonado comedor y todos volvieron a tener fe: El Gran Brujo de Brooklyn era uno de los seres más poderosos del mundo de las sombras, con él allí todo cambiaba. Todos menos Alec que le aterrorizó verle allí.
-Corre vete- le ordenó- Él no tiene nada que ver con todo esto, dejarle ir- les exigió a los que les tenían prisioneros.
-Chicos…- prosiguió el brujo- entregad la Copa…-
-Magnus… ¿Qué estás diciendo?- Luke no podía salir de su asombro.
-La Copa de verdad, la que está escondida en la carta del Tarot- prosiguió el brujo como si no hubiese escuchado a Luke ni pudiera ver al resto del grupo. La verdad es que evitaba encontrarse con sus miradas.
-Alec ¡¿Qué has hecho?! Prometiste guardar el secreto, lo juraste por el Ángel. ¿Eso es lo que vale tu palabra?- Jace y el resto del grupo empezaron a regañar al primogénito de los Lightwood, estaban realmente molestos con él. Por su culpa de no poder mantener la boca cerrada les habían tendido una emboscada y ahora perderían la Copa. Alec se quedó en estado de shock, se puso la mano en la chaqueta de la cazadora y lentamente sacó la carta del Tarot que ofreció a Clary para que ésta pudiera sacar la Copa de su escondite.
-Más rápido- un brujo le propinó un fuerte puñetazo en el estómago haciendo que volviera a caer de rodillas al suelo.
-¿Qué hacéis? Camille, prometisteis no hacerles daño- se enfadó Magnus.
-Tienes razón, lo siento amor- le contestó la vampira acercándosele para besarle.
Alec se quedó de piedra y todos pudieron ver como el corazón se le hacía añicos. Camille se echó a reír al ver su reacción.
-¿Qué pasa pequeño ángel? ¿A caso creíste que Magnus te amaba? Lo siento querido pero este brujo ya está cogido…-
Los subterráneos cogieron al grupo de amigos y los llevaron al piso menos uno de ese inmenso hotel donde habían tres celdas. Los encerraron allí.
16
Prisioneros
Ese piso menos uno era un lugar frío, oscuro y húmedo. Si en algún lugar debía haber unas celdas sin lugar a dudas era allí. Actualmente se le hacía difícil a Clary imaginar que un hotel de lujo como el Dumort tuviera una pequeña cárcel en sus sótanos pero se ve que antiguamente eso era lo normal. Les despojaron de sus estelas y los encerraron por parejas: Luke e Isabelle, Simon junto a Jace y Clary compartía celda con Alec, un Alec que estaba completamente destrozado, que ni hablaba ni comía y se pasaba las horas llorando.
Cada vez que tenía la oportunidad y aprovechando que Camille estaba ausente el Gran Brujo de Brooklyn bajaba a las mazmorras y le pedía perdón a Alec una y otra vez afirmándole que sí que le amaba. Se disculpó ante todos y les explicó el motivo de su traición. Les dijo que su intención nunca fue utilizarlos ni jugar con ellos. Catarina Loos, Maia Roberts, Tessa, Ragnor Fell… toda esa gente eran su familia, lo único que le quedaba en esta vida y la única manera de protegerlos de las demencias de Valentine era destruir la Copa Mortal. Reconoció que fue él quien estaba bloqueando la mente de Clary desde que ésta era tan solo una niña y por eso se les acercó aquella noche en la fiesta: sabía que su madre fue la última en tener la Copa y que si alguien sabía donde estaba tenía que ser la pequeña Fray. En un principio quiso seducir a Izzy para poder arrimarse más a ellas pero luego conoció a Alec y se acabó enamorando del nefilim. Les prometió repetidas veces que no les iban hacer daño y que si necesitaban cualquier cosa tan solo tenían que pedírselo.
-Yo también hubiese hecho lo mismo- dijo Jace como si nada.
-¿Te has vuelto loco? ¿O es que no te llega suficiente oxígeno al cerebro?- Le acusó Simon.
-¿Qué? Es verdad. Si la vida de alguno de ellos- señalando hacia las otras celdas- corriera peligro yo también hubiese hecho lo que fuera para salvarles. Lo único que yo no hubiese hecho es jugar con los sentimientos de una persona, brujo cabrón… Le has destrozado- refiriéndose a su parabatai- si logro salir de aquí eres hombre muerto… no pararé hasta encontrarte-.
-Alec esto no es verdad- una vez más el brujo se puso frente las rejas de la celda- Alexander por favor mírame… te aseguro que todo lo que te dije lo sentía de verdad-. Pero el nefilim seguía tumbado en su cama, tapado completamente con la sabana y su bandeja de comida seguía intacta. –Sí que es verdad que hace más de treinta años que tengo una relación con Camille, y de hecho me ofrecí hacer esto para salvarle la vida a ella también, pensé que con ella tenía una verdadera relación de amor, pero ahora que te he conocido me doy cuenta de que estaba muy equivocado… el verdadero amor era lo nuestro… por favor debes creerme Alec…-
-A buenas horas haces tú declaraciones de amor…- le respondió Jace -¿Esta es tu manera de tratar a tus enamorados? ¿Cerrándole en una celda? ¿Sabes que pienso yo? Que si realmente lo amaras irías hacia la zorra rubia y le dirías que ya no la amas, que por fin has encontrado al amor verdadero- le dijo en un tono de burla.
-No pienso hacer esto mientras vosotros sigáis aquí cerrados. Estoy descubriendo muchas cosas de Camille que no me gustan. No me arriesgaré a romper nuestra relación mientras ella pueda tener acceso a Alec… bueno y a vosotros-.
-¿Lo veis? Otra mentida… es imposible que ames a Alec porque tú no sabes lo que es amar, Gran Brujo de Brooklyn.- Esas palabras de Jace hirieron a Magnus.
-Chicos démosle un voto de confianza- opinó Luke- yo, tal y como dice Jace, también hubiese hecho esto para poder salvar a mi familia y tal y como nos prometió el señor Bane no nos está faltando de nada y nadie nos está haciendo daño. Confió en ti, Gran Brujo, pero tienes que prometerme que nos sacarás de aquí lo antes posible-.
-Te doy mi palabra Luke-.
Como cada noche los subterráneos se reunieron para celebrar su pequeña reunión diaria pero ese día los ánimos estaban más crispados de lo habitual. Hacía tres días que tenían al grupo de prisioneros cerrados en las mazmorras y no se ponían de acuerdo en que debían hacer con ellos.
-Debemos soltarlos ya- decían Maia Robert y Lily Chen. Ellas dos se habían hecho cargo de los cuidados de los prisioneros e inevitablemente se encariñaron de ellos.
-No podemos liberarlos: irán directos a contárselo todo a la Clave y nos arrestaran- se opuso una bruja.
-No podemos tenerlos aquí cerrados eternamente: tarde o temprano los echaran de menos y nos meteremos en líos con la Clave igualmente. Son unos pobres chicos… yo también creo que debemos soltarlos- dio su punto de vista Bat.
-Hagamos lo que hagamos será una mala elección- Rafael Santiago estaba asustado.- Si los soltamos, malo, si nos los quedamos más tiempo malo y si los matamos aún peor.-
-¿Matarlos?- Maia se horrorizó – Rotundamente ¡No! Magnus ha ordenado que nadie les toque ni un pelo-.
-Si, pero resulta ser que tu padre adoptivo no está aquí, y en cambio Camille sí, y ella ha ordenado que acabemos con ellos-. Sentenció Igor, el nefilim de la cara quemada, preparando uno de sus cuchillos.
-No dejaré que les toquéis- amenazante Bat, y se inició una gran disputa.
Mientras todos se peleaban Maia fue corriendo a intentar localizar a Magnus. Miró por todas partes y le llamó varias veces pero no lograba dar con él. Lily por su parte decidió ir a las mazmorras para poder vigilar personalmente a los prisioneros y velar por su seguridad pero la pobre vampiresa asiática llegó tarde. Al entrar a la zona de la cárcel vio como un grupo de cuatro vampiros habían entrado a la celda de Jace y Simon y habían atado al rubio. Los presos de las celdas vecinas, incluso Alec que había salido de su escondite debajo de la sabana, estaban chillando desesperadamente viendo como los cuatro hijos de la noche mordían a Simon por todas partes. El pobre humano tenía el cuerpo repleto de sangre y ya no se tendía en pie.
-¡Lo habéis matado!.- Les gritó Lily.
-¿Matado? No cariño le hemos hecho un favor… hemos mejorado su estado de vida y de paso podríamos decir que hemos salvado al submundo-.
-¿Pero qué tonterías son estas?-
-Las leyes nos impiden claramente matar a cualquier hijo del Ángel, pero no dicen nada referente a que se maten entre ellos. Nosotros ya hemos cumplido con nuestra parte del trabajo. Cuando el joven mundano se haya convertido en uno de nosotros él solito matara a sus amigos. Te aconsejo que te alejes Lily, ya sabes que los recién nacidos suelen ser peligrosos e incontrolables-. Los cuatro vampiros abandonaros las celdas y les dejaron solos.
Lily estaba atacada de los nervios
-Debo sacar al chico de aquí o te matara cuando despierte- le dijo a Jace.
-No puedes hacer esto- le advirtió el joven Herondale- tú más que nadie deberías saber que va a necesitar sangre cuando despierte. Dejaré que me muerda-.
-No Jace- exclamó Izzy- al principio no tienen control: te acabara matando-.
-No tenemos otra alternativa: sino bebe de inmediato no hará bien el cambio y eso puede matarlo o trastornarlo de por vida-.
-El chico tiene razón- comentó Lily – iré corriendo a por sangre no hace falta que sea la tuya, tenemos de sobras almacenada-.
-Ya es tarde para esto- le hizo ver Jace señalándole como los dedos de Simon empezaban a moverse -Lo único que necesito es que me desates de aquí para poder contener al mundano cuando llegue el momento-.
Lily obedeció justo a tiempo ya que en cuestión de segundos Simon se abalanzó sobre Jace buscándole desesperadamente la vena yugular. Jace reaccionó rápido y lo agarró con fuerza por el cuello ofreciéndole su muñeca para que le mordiera. Los nuevos afilados colmillos de Simon se clavaron en ella y empezó a beber sin poderse controlar.
-Simon, escúchame, sé que sigues ahí, tienes que parar o acabaras bebiéndote hasta la última gota de Jace- Imploraba Clary a ese viejo amigo que sabía que seguía allí dentro. Pero Simon estaba fuera de si y seguía bebiendo sin parar.
Lily abrió las otras dos celdas y Luke y Alec fueron de inmediato a separar a Simon de Jace. Tuvieron que ponerle una mordaza en la boca para evitar que les mordiera a ellos o siguiera mordiendo a su amigo. En esos momentos apareció Maia.
-¿Qué es todo esto?- No podía creerse lo que estaba viendo pero rápidamente sacudió la cabeza y volvió a lo suyo – Corred debéis iros, ya no podemos garantizaros más vuestra seguridad.
-¿Cómo los sacaremos?- Quiso saber Bat que venía acompañado de Rafael Santiago.
-Magnus lo ha dejado todo preparado para que podamos sacarlos por la puerta trasera.-
-¿¡Magnus?! – Exclamó Isabelle - ¿Entonces es cierto? ¿Él nos aprecia?-
-Claro que es cierto – explicó Maia- Mira… sé que ahora tenéis otra imagen de él pero es un buen hombre, el mejor que he conocido, él me adoptó cuando yo acababa de convertirme en licántropo y ha estado cuidando de mí todo este tiempo. Magnus te ama de verdad Alec, y hará lo que haga falta para ponerte a salvo.-
-¿Y dónde está él?- Pregunto el ojiazul.
-Como acabo de decirte hará lo que haga falta para ponerte a salvo… rápido seguirme-.
Y así fue como Maia, Lily, Bat y Rafael sacaron al grupo de chicos a la calle a través de puertas y pasillos recubiertos de "Glamour" que Magnus puso allí.
Continuará en capítulo 6
