Y heme aquí a mis casi 30 años despues de 14 años de empezar esta histori años de haberla actualizado por última vez con un capítulo más. De verdad quiero terminar de escribirla, espero que aún haya alguien que la lea y la disfrute así como he disfrutado escribir este capítulo.

Decidí eliminar las acotaciones entre escenas, espero que sea bastante obvio el cambio de escena y personaje. Si hay algo que mejorar me encantaría leerlo en sus comentarios. Gracias!

13. Cambios

Era un día como cualquier otro. Ella llegó a la oficina, preparó algo de café y después de verificar la hora en su reloj de mano fue hacia la sala de juntas donde se llevaría a cabo la reunión. Verificó por última vez que todos los juegos de papel estuvieran en orden, acomodó un juego en cada carpeta y las colocó delante de todos los lugares aún vacíos. Cuando salió del lugar las puertas del ascensor estaban cerrándose y pudo divisar a su jefe quien estaba entrando en la oficina.

-Sr. Taisho, Buenos Días, ¿necesita algo antes de la junta?- El hombre de ojos dorados la miró un poco sorprendido al darse cuenta de que no estaba solo en el piso.

-Nada Lyn Gracias. Avísame cuando el equipo llegue.- Y sin decir más entró a su oficina.

Llegó la hora del almuerzo y la junta estaba por finalizar, la asistente estaba recién tomando asiento en su lugar de nuevo cuando una llamada la sobresaltó.

-Dirección General ¿En qué puedo ayudarle?... Sí, está llamando a su oficina…. Perdone pero no puedo pasar la llamada ahora está por terminar una junta y yo… ¿¡Qué dice?!...Aguarde un segundo por favor…- La chica se puso de pie inmediatamente y fue hacia la sala trotando y abriendo la puerta interrumpiendo abruptamente al líder del equipo encargado de revivir Tensseiga en Francia. El chico que estaba exponiendo lo que parecía un tema muy importante, le lanzó una mirada fulminante a la asistente. –Sr. Taisho, lo lamento yo… hay una llamada urgente que debe tomar.-

Inuyasha conocía a su asistente y sabía que no interrumpiría una junta tan importante de la nada así que se puso de pie arreglando su saco mirando al resto de ejecutivos y se dirigió a su mano derecha.-Miroku, por favor hazte cargo del resto.- Salió de la sala y sin decir nada caminó junto a Lyn hacia el escritorio donde se encontraba el teléfono para tomar la llamada. –Habla Inuyasha Taisho.-

Kagome seguía dando vueltas en círculos afuera de la sala de emergencias esperando alguna noticia o que algún doctor la abordara pero nadie ahí parecía notarla. De vez en vez miraba su reloj y mordía sus uñas en señal de ansiedad. Sabía que su jefe no estaría muy feliz de no encontrarla en su lugar de trabajo pero no podía irse del hospital sin haber hablado con un doctor y ella también quería asegurarse de que esa pobre mujer que encontró en el baño estuviera bien. Una voz familiar la sacó de sus pensamientos.

-Kagome!.-

-¿Qué haces aquí?.- Se acercó a él saliendo de sus pensamientos. Una parte de ella se tranquilizó al saberse acompañada.

-Bueno, me dejaste hablando solo hace unos minutos recuerdas? Solo vi que hablabas con el paramédico y después subiste a la ambulancia así que la seguí.-

-Hubiera sido más fácil que me llamaras a mi celular no crees?.-

Kouga la miró sonriendo y mientras sacaba con su mano derecha su propio celular del bolso del pantalón y presionaba la pantalla, con su brazo izquierdo extendió una pequeña bolsa negra con lo que parecía un celular dentro sonando con una suave melodía. –¿Quieres decir a este celular?.-

-Bueno, gracias.-Kagome se sonrojó un poco y tomó el bolso. Había estado tan ansiosa y preocupada por otros asuntos que no se había percatado de que salió del café sin ninguna pertenencia.

-Has sabido algo de la chica?.-

-No. Nada. Parece un día muy ocupado para todos solo me pidieron ayuda para el registro pero ningún doctor ha venido conmigo aún.-

-Bueno, seguro que la están atendiendo ahora. ¿Por qué no vamos a caminar afuera?.-

-Está bien, solo iré a avisarle a la recepcionista por si el doctor quiere entrevistarme.- Kagome caminó hacia la recepción para explicar a la encargada que estaría afuera esperando alguna noticia, sin embargo la recepcionista le comentó que el prometido de la paciente había sido notificado y estaba en camino al hospital así que no era necesario que ella se quedara más tiempo ahí ya que el paramédico había tomado el reporte. Kagome agradeció y se reunió con Kouga fuera del hospital.

-Y bien?.-

-Parece que no es necesario que me quede. Su novio está en camino supongo que él la cuidará.-

-Entonces, nos vamos?.-

-No lo sé. ¿No crees que es raro?.-

-A qué te refieres?.-

- Bueno, el paramédico me dijo que al llegar aquí el doctor me entrevistaría pero, nadie me hizo ninguna pregunta. Solo la recepcionista preguntó mi nombre al llegar cuando estaba llenando los papeles. Y ahora así sin más, me dicen que ya puedo irme.-

-Quizá te pidió que vinieras porque creyó que eran familia pero al darse cuenta aquí que no tienen relación te pidieron que te fueras. Los hospitales son muy celosos con la información confidencial.-

-Puede ser. De cualquier modo, me gustaría esperar. No sé esa pobre chica se veía tan mal… Quisiera saber que se encuentra mejor. Si aquí no pueden decirme nada puedo esperar a hablar con su prometido.-

-De acuerdo. Esperemos entonces, ya sé lo terca que te pones cuando quieres algo.- Kouga le extendió el brazo a su amiga quien lo tomó de forma casi inmediata.- Vayamos a caminar un poco. Hay algo importante que tengo que decirte.-

Kagome lo miró intrigada, pudo ver que en la mirada de su amigo había un dejo de nostalgia. –Si es tan importante porque no me lo habidas dicho antes?.-

-Oh no! Ni siquiera lo pienses! Esa mirada de reproche no hará efecto señorita. Intenté decírtelo esta mañana pero me dejaste plantado para salir corriendo al baño y después de eso saliste corriendo en una ambulancia. No estás haciendo las cosas fáciles para mí.-

-Tienes razón. Lo lamento.- Hizo una pausa y de nuevo miró a su amigo a los ojos. Había algo ahí que le decía que las cosas estaban a punto de cambiar para siempre y así sin más esquivó su mirada. Tuvo una punzada en el estómago, tomó una gran respiración que soltó con un suspiro y esbozó una sonrisa para su amigo en un intento de ignorar su temor. –Y entonces? ¿Cuál es esa gran noticia?.-

Inuyasha entró al hospital directo hacia la recepción aún sorprendido por la noticia. Después de identificarse pidió noticias acerca de Kikyo. La recepcionista le dijo que seguía bajo revisión médica así que lo envió a esperar unos minutos más hasta que el doctor terminara.

-Puede decirme al menos que fue lo que pasó? ¿Por qué está aquí? ¿Está bien?.-

-Lo siento mucho de verdad no puedo darle más información. Por favor espere en la sala el doctor lo buscará en breve.-

Nada conforme Inuyasha se sentó en la sala de espera y pudo ver como la recepcionista tomaba el teléfono avisando de su llegada. No le dieron muchos detalles en la llamada de hacía unos minutos, solo le avisaron que ella estaba aquí y que lo requerían con urgencia en el hospital y ahora la recepcionista le decía esto. Comenzó a golpear el piso con su pie derecho en clara señal de ansiedad mirando hacia un lado y hacia el otro esperando noticias. Después de un par de minutos un doctor de mediana edad se acercó hasta él después de llamarlo por su nombre.

-Es usted Inuyasha Taisho?.-

-Sí. ¿Usted está atendiendo a Kikyo?.-

-Así es. Soy el Dr. Musso.- Extendió su mano derecha hacia Inuyasha quien la recibió después de presentarse. –Fui yo quien lo llamó. La misma paciente fue quien me lo pidió.-

-¿Ella está bien?.-

-Está estable ahora, sin embargo va a requerir de mucha ayuda a partir de este punto. Como su ginecólogo puedo hacerle algunas recomendaciones si me lo permite…-

-Perdón no estoy entiendo nada, ¿Qué fue lo que pasó? ¿Tuvo algún accidente?.-

-Bueno, tuvo un sangrado. Desde que vino la primera vez conmigo le dije que debía tener cuidado ya que su embarazo era de alto riesgo y había la posibilidad de que no…-

-Embarazo? Kikyo está embarazada?.- La garganta y labios de Inuyasha se secaron de golpe. Cada vez entendía menos lo que estaba pasando. Abría y cerraba los ojos tratando de enfocar al doctor que tenía justo enfrente como si eso le fuera a aclarar todas las dudas que estaban cruzando por su mente.

-No sabía que su novia estaba embarazada? Ella vino conmigo hace algunas semanas después de hacerse las pruebas confirmamos su embarazo aunque como le comento, descubrimos que era de alto riesgo debido a…- El doctor sujetó del brazo a Inuyasha quien se dejó caer en la silla más cercana. –Está bien? Se puso pálido de pronto.-

Todas esas palabras que acababa de escuchar pasaban como remolino en su cabeza y hacían eco de un lado al otro. No entendía nada. Cerró los ojos por un segundo y justo ahí recordó el incidente de hace un par de meses cuando el alcohol se apoderó de él y despertó a lado de Kikyo. Maldita sea no recordaba nada más. Todo estaba cambiando de la noche a la mañana, todo eso lo estaba abrumando y de pronto la vio. Ahí delante de él estaba ella. Una punzada le atravesó el cuerpo entero y de golpe se puso de pie. "Kagome".

La chica no lo podía creer, no sabía que sentir, no sabía que decir. Ahí estaba de pie y acababa de escuchar lo que él tenía que decirle y no se había equivocado. Esa noticia le había cambiado todo.

-Entonces, ¿Te vas?.-

-En dos días.- Kouga sabía que enfrentar a Kagome para decirle que su beca para la maestría en el extranjero había sido aprobada no sería fácil, a pesar de que la noticia se la dieron hacía ya un mes había estado evitando el decírselo. No quería ver esos ojos, sabía que el nudo que se le estaba formando en la garganta no lo iba a dejar respirar por varios días. Después de todo la estaba dejando a ella su mejor amiga, el amor de su vida. Cuánto daño le había hecho en el pasado, no tenía derecho si quiera a estar cerca y sin embargo ahí estaban, de nuevo siendo amigos como si nada malo hubiera pasado. Así era ella noble, cariñosa, inocente. Cuán estúpido fue al dejarla ir. Ya era demasiado tarde ahora ella amaba a otro hombre y él tenía que seguir su vida alejado de Kagome. Aún así no podía rendirse, tenía que decírselo, tenía que arriesgarse. Por eso tomó esa decisión en la convocatoria…-Kagome…-

Pero la chica seguía absorta por la noticia y por la prontitud con la que él tendría que irse. Se sintió molesta con él por dejarla, por abandonarla de nuevo. La punzada en el estómago volvió.-Dos días ah? Estoy segura de que ya sabías acerca de esto desde hace tiempo y apenas ahora me lo estás diciendo no es cierto?.-

-Lo siento Kagome yo… Tienes que entender…No es fácil.- La mirada de reproche de la chica volvió a fulminarlo. –Pero eso no es todo…Hay algo más que tienes que saber.-

-No sé si me interesa saber.- Kagome se giró sobre sí misma dándole la espalda al chico quien no pudo evitar sonreír por el berrinche.

-Bueno, después de que te diga esto vas a tener verdaderos motivos para odiarme así que espera un poco más para el berrinche quieres?.-

Kagome se giró de nuevo para tenerlo de frente sorprendida y asustada por lo que acababa de escuchar. -¿Qué?.-

-Bueno pues, resulta que el proyecto que presenté para concursar para la beca fue hecho en equipo. De hecho, la convocatoria fue lanzada originalmente para dos personas y el equipo que ganará se iría al extranjero con ese premio.-

-Quién irá contigo?.-

Kouga lanzó un gran suspiro antes de responder y entre cerró los ojos sabiendo que la reacción de su amiga no sería la mejor. –Recuerdas ese trabajo final que hicimos para el Sr. Takaeda en la Universidad?.-

-Ese proyecto viejo? Sí claro que lo recuerdo. Exentamos todo un semestre gracias a…- Kagome abrió los ojos sorprendida. Su corazón comenzó a latir desenfrenadamente y una idea algo descabellada atravesó por su mente.-Me estás diciendo que…-

-Sí, fue el mismo proyecto que presenté y ganó. Cuando me inscribí en el concurso también escribí tu nombre. Tú también tienes la beca Kagome.-

Solo pudo exhalar un suspiro. Se llevó las manos a la boca y comenzó a mirar a todas partes y a ningún lugar al mismo tiempo. Recordó ese sentimiento de la Universidad y ese sueño que tenía de ir al extranjero lo vio más cerca que nunca quería gritar pero la voz no salía. Estaba feliz pero, ¿por qué no lo festejaba? ¿Qué había diferente ahora? Y entonces lo recordó. Fue como si alguien hubiese vertido una cubeta de agua fría sobre ella. Un escalofrío la recorrió e inconscientemente llevó su mano derecha hacia el dije en forma de K que colgaba de su cuello. "Inuyasha".

-Kagome?...-

-¿Por qué me lo dices hasta ahora? No entiendo.-

-Sé que debí decírtelo antes… Pero no sabía cómo lo tomarías. Sé que era tu sueño en la Universidad pero este tiempo que he estado cerca de ti no lo sé es como si fueras otra. Ahora que estás con él pensé en tu posible respuesta y sentí pavor solo de imaginarla.-

-Sabías cuál sería mi respuesta?.- No lo podía creer, el entusiasmo que sintió por un momento se estaba escapando para dar lugar a la molestia y la decepción que le causaba como había hecho las cosas Kouga. –De verdad sabes cuál es mi respuesta? Sabes que es lo que estoy sintiendo ahora?.-

-Kagome yo…-

-Claro que no!. No sabes nada!. No tienes ni idea!. Eres un egoísta. Tuviste el descaro de asumir que quería participar en ese concurso y no solo eso, pretendiste que me fuera contigo por eso lo hiciste! Por eso te acercaste a mí de nuevo!-

-Eso no es justo, por favor Kagome no me hagas esto…-

-Qué es lo que esperas que haga Kouga?.-

-Solo quiero que hagas lo que de verdad quieres…. Kagome…- El joven de ojos verdes sintió el alma desquebrajada después de ver como la mujer que amaba lo encaraba de aquella forma. Ahora solo quería abrazarla y pedirle perdón. Sabía que había actuado a sus espaldas pero solo quería escuchar que iría con él solo quería darle un motivo para estar feliz, para cumplir su sueño. Sí, fue egoísta pero escucharlo de su boca fue más duro de lo que pensaba.

-Simplemente no lo entiendo Kouga, dime algo… ¿Por eso te acercaste a mí de nuevo? ¿Esto es lo que estabas buscando?.- No quería sentir más decepción, solo quería escuchar la verdad, saber porque había hecho las cosas así.

-Claro que no. Yo te amo, sí pero me quedó claro desde que te volví a ver que ya te había perdido. Perdóname. Inscribí tu nombre sin decírtelo en un intento de querer ver a la antigua Kagome de nuevo. Te juro que no fue con mala intención simplemente…-

-Y por qué no me lo dijiste? Por qué no me dijiste de la beca hasta hoy?.-

-Porque estúpidamente asumí que la rechazarías… Por estar con él… Y no quería tener ese sentimiento durante un mes. Quería estar contigo todos los días y aprovechar el tiempo que estuviéramos juntos aun como amigos, por eso iba tantas veces a verte al café. No creo que me alcance el tiempo que tengo de vida para arrepentirme de tantas idioteces que hago pero te lo juro Kagome, nunca haría nada que te perjudique, nunca. ¿Podrás perdonarme?.-

La joven de cabello negro solo atinó a mirarlo queriendo entender de verdad las razones de su amigo. Estaba tan confundida. Sabía que no lo había hecho para lastimarla pero eso no evitaba que se sintiera traicionada. Pero no estaba segura de que la traición viniera de parte de él. Estaba agobiada por la noticia. Con tanto miedo sobre tomar una decisión como no había sentido antes. La incertidumbre se manifestaba como un escalofrío en su espalda. Después de todo, era una gran noticia era algo por lo que había estado luchando, ahorrando y ahora sin más estaba ahí. Se dio cuenta de que manifestó parte de su incertidumbre reprochándoselo a Kouga. Tomó una respiración profunda y miró al chico de nuevo.

-Ni si quiera pienses en volver a hacer algo como esto. Nunca más. No te lo perdonaría, entiendes?-

Kouga la miró sonriendo y asintió. Sabía que era la forma de la chica para decir "disculpa aceptada pero si lo haces de nuevo, te mato". –De acuerdo.-

-Regresemos al hospital, en cuanto me digan cómo sigue la chica me iré.-

-Puedo atreverme a preguntar si irás conmigo?.-

-Tengo mucho que pensar Kouga necesito un par de horas para pensarlo.-

-Bien, entonces en cuanto sepas de la chica te llevaré a casa.-

Su corazón dio un vuelco. Inuyasha tuvo que cerrar los ojos para pelear contra esa imagen y dejar de sentir esa amargura. Tragó saliva con dificultad, fue como si hubiera tragado un puño de arena. Y aún así, con los ojos cerrados, seguía viéndola. ¿Cómo era posible? Nada tenía que hacer ella ahí. Sacudió la cabeza esperando desvanecer su imagen y abrió los ojos lentamente. La imagen de Kagome se había ido pero su estómago se oprimió al recordar el rostro que la chica le mostraba.

-Sr. Taisho, ¿Está bien?- El doctor notó el pálido rostro del joven y con una mano hizo una seña a una enfermera para que le llevara un vaso de agua.

-Estoy bien.- De apoco comenzó a caer de nuevo a la realidad. Estaba en el hospital, Kikyo había tenido un accidente estando embarazada. –Quiero verla, ¿está bien?-

-Sí claro ella está ahora en una habitación en recuperación, pero antes de que pase a verla, es necesario que le diga algo más…-

El cuarto estaba iluminado apenas por la luz que alcanzaba a pasar por entre las persianas a medio cerrar al final de la pared. Kikyo yacía recostada a media habitación con los ojos cerrados con un tubo delgado que salía de su nariz el cual le proveía oxígeno facilitando su respiración y de su mano izquierda salía una delgada manguera conectada a un suero colgado a un lado de la cabecera de la cama. Inuyasha se acercó a ella tratando de no despertarla tomó un banco que estaba ahí y se sentó a lado de la chica. Se veía tan frágil ahí, incluso parecía más pálida de lo normal. El joven colocó su mano derecha en la frente de ella y con suavidad pasó sus dedos entre los cabellos negros y delgados de Kikyo lo que provocó que la joven abriera los ojos lentamente.

-Inuyasha, viniste…-

El joven esbozó una media sonrisa. –Lo siento, no quería despertarte.-

Kikyo levantó su mano izquierda buscando la mano del joven que se encontraba en su propia cabeza. Con algo de torpeza unió su mano con la de él y la colocó en su boca y mejilla recordando así la calidez que le brindaba siempre el cuerpo de Inuyasha. –Gracias.-

-Trata de descansar.- Con suavidad retiró lentamente la mano de su rostro y solo continuó sujetando el dorso de su mano.

De pronto el rostro de Kikyo se tensó y sus ojos se mostraron cristalinos. Fue como un torbellino que arrasaba con todo en su camino cayendo en cuenta del por qué estaba ahí en el hospital. Pasó su mano derecha por arriba de su vientre y comenzó a negar con su cabeza repetidamente. –Mi bebé… Inuyasha… Mi bebé… Dime que está bien…-

-Kikyo, tranquila. Tienes que tranquilizarte.-

-No!... Dime! Respóndeme!... Mi bebé, ¿está bien?.-

-Kikyo, tienes que ser muy fuerte.-

-Disculpe, quisiera saber cómo se encuentra la joven que ingresó hace unos minutos de nombre Kikyo Miko.-

-Ah sí, bueno lo lamento pero no puedo darle información a alguien que no sea de su familia.-

- Pero, ¿Ya está bien cierto?-

-De verdad lo lamento, no puedo darle más información.-

-Cierto. Bueno, su novio ya está aquí?.-

-Sí él ya…-

-Mitzuki! Llama al Dr. Musso rápido! Necesitamos que venga a ver a su paciente del 505 está en crisis nerviosa!.- Una de las enfermeras interrumpió a la recepcionista pasando casi corriendo por el pasillo buscando a uno de los doctores de la sala de emergencias. Kagome pudo ver que la chica tomaba el teléfono y solicitaba que alguien bajara rápidamente para ver a la joven en crisis y en su otra mano sujetaba la solicitud del cuarto que la enfermera había mencionado. Pudo leer al principio casi hasta arriba el nombre de la paciente: "Kikyo Miko". Dio media vuelta alejándose lentamente de la recepción caminando hacia el pasillo de las habitaciones. Solo quería verificar que estuviera bien, recordó la desesperación de esa pobre chica cuando la encontró en el baño y solo pudo desear que las cosas mejoraran para ella.

A un lado suyo pasó trotando un doctor y después de virar por el pasillo se metió en la primera habitación, en la de la esquina, dejando la puerta entreabierta. Kagome se dio cuenta de que el número era 505. Se quedó de pie afuera observando un poco lo que sucedía ahí dentro. Su piel se erizó cuando pudo entender lo que la paciente estaba gritando y después de ver como intentaba levantarse de la cama aun cuando dos enfermeras la tomaban por los brazos, ella seguía persistiendo queriendo sujetar su propio cuerpo abrazando su vientre con ambas manos.

-No! ¿Por qué? ¿Por qué mi bebé?...- Kikyo seguía gritando y sollozando intentando liberarse de los brazos que la sujetaban para mantenerla en la camilla mientras que el doctor que había rebasado antes a Kagome en el pasillo extendía una jeringa y la colocaba en el brazo izquierdo de la paciente. Poco a poco sus movimientos fueron cediendo y su voz se fue apagando aunque las lágrimas seguían saliendo de sus ojos y sus labios seguían pronunciando lo mismo una y otra vez.-Mi bebé… Mi bebé…- Finalmente la droga hizo el efecto suficiente para que las enfermeras acomodaron a la chica en la camilla. Kagome vio al doctor de pie delante de lo que parecía un sofá dentro de la habitación conversando con alguien más, aunque solo podía ver los pies de esa persona se trataba sin duda de un hombre. Seguramente era el novio de la chica. Avanzó solo un paso más lo suficiente para escuchar lo que él estaba diciendo.

-¿Va a estar bien?.-

-Bueno, lo que acaba de pasar es normal dado que ella estaba muy apegada a su bebé. Las veces que vino a verme de verdad estaba ilusionada con su embarazo, es solo una crisis nerviosa hay que esperar a que pase el efecto del tranquilizante que le acabo de suministrar.-

-¿Qué pasará si ella vuelve a reaccionar así?.-

-Bueno no nos adelantemos aún, lo mejor en estos casos Sr. Taisho es que esté a lado de su prometida, ella va a necesitarlo mucho.-

Kagome sintió que se detuvo su corazón de golpe, tragó saliva esperando que lo que acabada de escuchar fuera un malentendido y se tratara de alguien más con el mismo apellido, después de todo Inuyasha tenía un medio hermano. Kikyo seguía murmurando palabras casi incomprensibles debido a que el narcótico estaba surgiendo efecto en ella pero hubo una, una sola palabra la cual cambiaría el rumbo de las cosas para Kagome y a partir de ese momento, nada sería igual.

-Inuyasha… Inuyasha…-

El joven se puso de pie del sofá y se colocó a lado de la joven. Tomó su mano con gentileza mientras que trataba de arrullarla como si se tratara de un bebé acariciando su cabello suavemente.

-Shh… Tranquila… Aquí estoy…-

Y ahí, de pie junto a la cama pudo verlo al fin. Se quedó inmóvil por completo sintiendo como una oleada de escalofríos la recorrían por todo el cuerpo y su estómago se oprimía al darse cuenta de todo. Una mezcla de emociones comenzaron a pasar una a una dentro de su ser: Tristeza, rabia, decepción, enojo, frustración y entonces, a pesar de tenerlo a unos pocos pasos de distancia ahí justo delante de ella, su imagen comenzó a desvanecerse y poco a poco comenzó a retroceder hasta regresar al pasillo principal.

Pasó a lado de su amigo quien la llamaba preguntando si todo estaba bien. Quería responder, necesitaba decir tantas cosas pero su boca no se movía ni un milímetro, era como si todas las palabras las tuviera agolpadas en su mente y al querer viajar hacia el exterior a través de su garganta se quedaran atascadas todas en un nudo grande y doloroso, sí, muy doloroso. Siguió caminando hacia la salida, sentía que se iba a caer a cada paso que daba las piernas le temblaban y fallaban al igual que sus brazos. Quería tirarse al piso y dejarse llevar por todo lo que estaba sintiendo en ese momento. El dolor en su pecho, era casi como si alguien estuviera oprimiendo su corazón con ambas manos. Las puertas se abrieron y un soplo de viento la golpeó de lleno en el rostro. Fue como si un pez regresara al agua después de pasar unos minutos fuera pensando que moriría, luchando por su vida moviendo su cuerpo de punta a punta saltando, buscando el agua y entonces, los sintió de nuevo. Una ráfaga de adrenalina la recorrió y fue recuperando la fuerza en las extremidades. Un calor invadió su pecho y su rostro, su labio seguía temblando, las lágrimas seguían saliendo sin control y sin darse cuenta apretaba los puños de ambas manos tan fuerte que podía sentir como sus uñas se presionaban contra la palma de las manos, aun así no se inmutó por ello, podría incluso ser arrollada por un camión y estaba segura de que el dolor no se asemejaría para nada a lo que acababa de sentir hacia un par de minutos al verlo ahí, de pie junto a ella tomando su mano y acariciando su rostro. Era la defensa de su cuerpo en contra de todo ese sufrimiento pero sabía que sería momentáneo, sabía que era inevitable que el dolor regresara pero, tenía que salir de ahí no quería permanecer ni un segundo más en ese lugar. Se dio cuenta de que Kouga se había colocado delante de ella observándola preocupado y sin tener idea de lo que ella estaba sintiendo.

-Kagome…¿Qué pasa? ¿Por qué estás así?.-

-Por favor, déjame sola…Voy a estar bien…- Y así, sin decir más se giró para seguir caminando deseando que Kouga no hiciera más preguntas ni intentara seguirla. Quería estar sola, necesitaba llorar, gritar y sacar de su sistema todo ese dolor. La punzada apareció de nuevo en el pecho sabía que era una señal de su cuerpo advirtiendo que el efecto de la adrenalina estaba expirando. Comenzó a trotar hacia la avenida cada vez más rápido hasta que estuvo enfrente de un taxi disponible, abrió la puerta y subió a él. No sabía hacia dónde dirigirse así que solo le pidió al conductor que la sacara de aquél lugar.

El sol comenzaba a ocultarse, Inuyasha entraba de nuevo a la habitación luego de atender una llamada de su asistente en su celular. Miró la hora y se preguntó si Kagome estaría trabajando aún. Tomó de nuevo su celular y marcó su número pero del otro lado solo encontraba la contestadora automática. Suspiró resignado y guardó su celular en el pantalón. Levantó la vista hacia la cama y se dio cuenta de que Kikyo había despertado.

-¿Necesitas algo? ¿Cómo te sientes?.-

-Agotada.- Levantó su mano izquierda buscando que Inuyasha se acercara a ella y la tomara.-Ven…-

El chico se acercó a su lado y tomó su mano con gentileza. –Necesitas descansar, vuelve a dormir.-

Kikyo negó con la cabeza cerrando los ojos.-No puedo. Cada vez que cierro los ojos lo veo… A nuestro bebé…- Una lágrima rodó por su mejilla e Inuyasha la retiró con cuidado con su propia mano.

-Todo va a estar bien, tienes que ser fuerte.-

-Fuerte?... Ni siquiera pude resguardar a nuestro hijo en mi vientre. ¿Qué clase de mujer soy?.-

-Kikyo no hagas esto… No te hagas esto… Nada de lo que pasó fue culpa tuya.-

-Perdóname, Inuyasha perdóname….- Kikyo llevó su propia mano y la de Inuyasha que sujetaba a su rostro mientras más lágrimas salían de sus ojos y repetía entre sollozos la palabra "perdóname". Inuyasha esperó pacientemente a que terminara de desahogarse mientras seguía sujetando su mano y rozaba su cabello con sus dedos. Después de varios minutos los suspiros de la joven fueron disminuyendo y recuperó la calma.

-¿Te sientes mejor?.-

-No… Pero al menos estás aquí conmigo. Si estoy contigo puedo soportarlo.-

Llamaron a la puerta. El doctor se encontraba del otro lado del pasillo esperando entrar en la habitación. Una vez que Inuyasha respondió el doctor entró.

-Veo que ya despertaste. ¿Cómo te sientes?.-

-Mal.-

-¿Qué es lo que te duele?.-

-El alma, ¿acaso tiene medicina también para eso?.-

-Tranquila mujer, verás que con el tiempo estarás mejor. De hecho, tienes mucho que agradecer.-

-Agradecer? No me haga reír doctor.-

-Bueno, aunque no lo creas las cosas pudieron ser mucho peor. Si esa joven no te hubiera encontrado en el baño y hubiera llamado a la ambulancia, probablemente hubieras tenido consecuencias mayores.-

-No imagino que pudiera ser peor a esto.-

-Quizá no lo entiendas ahora porque perdiste un bebé pero, si hubieras tardado más en llegar quizá habrías perdido la posibilidad de ser madre. Así que trata de verlo desde esa perspectiva, al menos tú y tu prometido pueden intentarlo de nuevo más adelante.-

Kikyo miró a Inuyasha tratando de buscar alguna respuesta a eso que el doctor acababa de decir. Ella sabía perfectamente que ya no tenían ninguna relación pero aun así no dejaba de tener esperanza de que regresara con ella y más aún después de vivir semejante tragedia. Pero Inuyasha no dijo nada, ni siquiera se inmutó solamente le lanzó la misma mirada que había estado viendo desde que estaba en el hospital, esa mirada de lástima y consideración. El estómago se le revolvió. Aun no sabía que resultado obtendría, pero estaba cansada de ver en él esa mirada así que, hizo su siguiente jugada esperando que fuera la estocada final.

-Entonces, deberé agradecer a esa joven… Aunque ni siquiera sé su nombre… ¿Usted podría decirme quien es doctor?.-

-Bueno, yo no tengo esa información aquí pero seguro que en recepción pueden decirte. Debió registrarse cuando llegó contigo en la ambulancia.-

-Inuyasha, ¿podrías ir allá e investigarlo? De verdad me gustaría saber quién es ella y agradecerle.-

-Claro. Iré ahora mismo.- Inuyasha salió de la habitación dejando atrás al doctor con Kikyo sin tener ni la más remota idea de lo que le esperaba al llegar a la recepción.

-Ahora sí me debes una Kikyo y no va a ser nada barato todo lo que te voy a cobrar.- El doctor Musso se acercó al pie de la cama mientras ayudaba a Kikyo a sentarse en la misma esbozando una sonrisa de oreja a oreja.

-Si las cosas salen como espero Musso, podré pagarte con intereses.-

-Pobre hombre, me da lástima. No tiene idea del circo que montaste para él. ¿De dónde sacaste esta idea? Creo que has visto demasiadas telenovelas.-

-Bueno, creo que es verdad que las mujeres hacemos cualquier cosa por amor. Mírame a mí, incluso me embaracé.- Kikyo esbozó una sonrisa burlona en su rostro hasta ahora todo estaba saliendo tal y como lo tenía planeado, no quedaba más que esperar a que Inuyasha se resignara y regresara con ella aunque había un detalle que desconocía el cual sería factor clave para su plan. –Mejor vete antes de que regrese, tengo que preparar algo aún.-

-Recuérdame no tenerte nunca de enemiga mi querida Kikyo.- Musso salió de la habitación despidiéndose de la joven con un movimiento de brazos.

-Señorita, me gustaría hacerle una pregunta.- Inuyasha llegó hasta el aparador en la recepción buscando a la encargada quien se acercó a él para atenderle. –En la mañana la joven de la habitación 505 fue ingresada, alguien la acompañó hasta acá en la ambulancia y me gustaría saber quién fue para agradecerle en persona, ¿Puede ayudarme?.-

-Claro, deme un segundo.- La joven busco en la computadora pero no encontró nada giró hacia su lado derecho y vio una pila de papeles por ingresar al sistema.- Habitación 505 cierto?.-

-Sí.-

-Bueno, aquí tengo que ingresó a las 09:45 am a emergencias y… sí aquí está. Solo puedo darle el nombre de acuerdo?.-

-Con eso será suficiente gracias.-

-El nombre de la acompañante es Kagome Higurashi.-

Frío. Solo eso sintió en todo su cuerpo, desde la punta de los dedos de los pies hasta el último de sus blancos cabellos. Miró a la recepcionista tratando de entender lo que acababa de escuchar.

-¿Qué?... Está segura de…. Está segura del nombre?.-

La joven lo miró directo a los ojos en forma sarcástica. –Claro que estoy segura. ¿Cuántas formas puede haber de leer un nombre? Aquí está claramente: Kagome Higurashi.- Y entonces le mostró la hoja a Inuyasha sosteniéndola delante suyo señalando con su dedo índice el lugar donde estaba escrito el nombre con el puño y letra de la misma Kagome.

Una nueva sensación invadió su cuerpo, no pudo reconocerla porque jamás la había sentido antes así que su mente le ayudó mostrándole una visión para que pudiera entenderla mejor. De pronto se vio delante de un edificio alto, el más alto de la ciudad. Ahí estaba él, arriba parado sobre la nada y delante suyo al filo del edificio, estaba su reflejo. Pudo ver como extendía sus manos para mostrar lo que parecía un cofre de madera y colocó algo dentro que no alcanzó a distinguir y entonces, así sin más lo dejó caer, al instante siguiente estaba en el piso completamente destrozado hecho mil pedazos. Pero eso no era lo peor, sino el miedo indescriptible que se apoderó de él al darse cuenta de que lo que había ahí dentro del cofre era la representación de lo más importante para él, lo que lo mantenía vivo y ahora yacía ahí en el piso hecho trizas. Pero no podía moverse, no pudo hacer nada para evitar que cayera y se rompiera. Esa frustración, esa impotencia le nublaron la vista por un minuto. Cuando volvió en sí la recepcionista lo veía un tanto preocupada y le repetía si estaba bien. Inuyasha giró y empezó a caminar hacia la habitación. Aún estaba abrumado por esa sensación de miedo e impotencia y estaba aún más confundido que cuando recibió la llamada avisándole que Kikyo estaba internada. Comenzó a dar pasos más grandes esperando llegar con Kikyo para que le explicara por qué estaba con Kagome. "¿Por qué estaban juntas? ¿Cómo es que Kagome fue quien la trajo al hospital?" justo al doblar el pasillo y estar delante de la habitación otra pregunta más cruzó su mente, una que lo hizo tambalear y repetir en su memoria el momento justo en el que el cofre se hacía añicos en el piso. "¿Kagome sabía la verdad?".

Kikyo parecía estar dormida, pero eso no impidió que Inuyasha fuera hacia ella y moviéndola suavemente tocando su brazo esperó a que abriera los ojos.

-Regresaste.-

-Kikyo, tienes que decirme, como fue que… ¿Cómo llegaste aquí? ¿Dónde estabas?

-Inuyasha, ¿Estás bien? De pronto estás pálido.-

-Dime, por favor dime como pasó todo.-

-De acuerdo, pero cálmate me estás asustando.- Inuyasha comenzó a retroceder hasta caer sentado en un banco y mirando fijamente a Kikyo esperaba a que ésta le contara como ocurrieron las cosas.-Aún estoy algo aturdida pero, recuerdo que estaba cerca de tu oficina dudando aún sobre si decirte o no que estaba embarazada y entré al café que está enfrente de tu edificio, pensaba tomar algo pero tuve un dolor en el vientre y fui al baño. Después de eso no recuerdo mucho, sé que había alguien a mi lado sosteniéndome y después solo me desmayé.-

Inuyasha se llevó ambas manos al rostro y emitió un largo suspiro. Deslizó lentamente sus manos a lo largo de su rostro hasta colocarlas una en cada sien tratando de asimilar la escena que Kikyo acababa de poner en su mente. No había duda, fue ella, fue Kagome quien la encontró en el baño, llamó a la ambulancia y la acompañó al hospital.

-Inuyasha, ¿Qué pasa? ¿Por qué tienes esa cara?.-

¿Por qué? ¿Por qué todo de un momento a otro se había complicado tanto? Hacía apenas unas horas que todo estaba bien, que tenía toda una visión de cómo sería el futuro a su lado. No podía ni pensar en cómo encararla, en cómo iba a reaccionar, el corazón le dio un vuelco al tan solo pensar e imaginar el daño que le podría hacer. Otra vez estaba ahí ese cofre en el piso con lo más importante de su vida, hecho añicos en el suelo. También pensó en Kikyo, no tenía caso mencionar que fue Kagome quien la había rescatado sabía que eso la lastimaría también. Así que solo negó con la cabeza y miró a la joven intentando mostrar tranquilidad.

-No pasa nada.-

Ya estaba anocheciendo y de pronto, se dio cuenta de que no tenía idea de donde estaba. Miró a su alrededor y solo vio árboles, no había nadie alrededor. Siguió caminando un par de pasos más hasta llegar al pasto, se quitó ambos zapatos para sentir la fresca y fría hierba directo en sus pies. Llegó hasta un enorme árbol de cerezos de tronco grueso, el aire soplaba con mayor fuerza meciendo su largo y negro cabello y haciendo que algunos pétalos de sakura volaran delante suyo. La piel se le erizó, sabía que eso significaba más dolor y así, de la nada apareció de nuevo. Era como si alguien estuviera jalando e intentando sacar el corazón de su pecho y ella tenía que presionar con ambas manos para evitar que saliera cuando peor lo sentía tenía que rendirse y caer de rodillas vencida sollozando derrotada y esperar a que cediera. Inhalaba y exhalaba, su mente estaba dividida en dos, una parte estaba total y completamente aturdida, abrumada por el mar de emociones y dolor que sentía, mientras que la otra mitad era su misma voz dándole indicaciones de como respirar como si de eso dependiera su vida, también era esa misma voz quien le repetía "Va a pasar, esto también va a pasar." Y de pronto un suspiro más grande que cualquier otro salió de su boca acompañado de más lágrimas, no podía dejar de sollozar y cuando cesó lo suficiente el dolor en el pecho, tuvo que colocar sus manos en su boca para tratar de acallarlos esperando que eso fuera suficiente, intentando que con eso el dolor desapareciera. Pero los sollozos no paraban y ella no podía dejar de llorar y algo dentro de ella explotó. Tuvo que abrazar sus piernas contra su pecho para tratar de oprimir el grito que salió de ella desde la boca de su estómago. ¿Por qué dolía tanto? Se recargó en el tronco recostada de lado esperando que los sollozos terminaran. Era tan reconfortante estar ahí, en el completo silencio escuchando solamente las ramas mecerse al ritmo y compás del viento. Los sollozos disminuyeron pero las lágrimas continuaban saliendo y de vez en vez sentía punzadas en el estómago cada que su inconsciente recordaba su nombre. Cerró los ojos por un momento deseando no pensar en él, pero el subconsciente terco y sabiendo cuanto lo amaba le mostró una imagen suya ahí delante de ella tendiéndole la mano y sonriendo. Alzó su mano tratando de alcanzarlo y entonces así como apareció se fue de nuevo, simplemente desapareció y entonces, asustada abrió los ojos gritando su nombre.-Inuyasha!.- Pero él no estaba ahí. Nadie estaba ahí.

Se colocó los zapatos y se puso de pie. Tenía el estómago revuelto, agitó la cabeza esperando despabilarse un poco para empezar a caminar de nuevo, retomó el camino por el que había llegado ahí hasta encontrar de nuevo gente y establecimientos a su alrededor. Comenzó a creer que algo estaba mal con ella ya que las lágrimas nunca dejaban de rodar por sus mejillas, miró la hora en su reloj de mano y se dio cuenta de que era medianoche. Miró a su alrededor para tratar de ubicarse, reconoció delante de ella un cruce, había un hotel en él y sin pensarlo ingresó para pasar la noche ahí. Después de entrar en la que sería su habitación se dirigió hacia el baño, comenzó a desvestirse y cuando levantó la mirada se topó con su reflejo en el espejo: pálida, demacrada y con los ojos hinchados, casi no se reconocía, agachó la mirada para no verse más así abrió la puerta de la regadera y dejó que el agua corriera, un par de minutos después ingresó bajo el chorro sintiendo el agua tibia en todo su cuerpo, cerró los ojos por un momento dejándose llevar por esa sensación. Poco a poco el dolor en el pecho desaparecía, su respiración regresaba a la normalidad y el estómago volvía a su lugar todo estaba sanando con el agua y se estaba yendo por el desagüe. Kagome levanto su cabeza para permitir que el agua llegara a su cara, sintió como sanaba, el peso que tenía en los hombros fue desapareciendo lentamente y un último sollozo salió de sus labios junto con las últimas lágrimas que albergaba su cuerpo. Dejó que su cuerpo se purificara por completo antes de cerrar las llaves y salir del baño. Se puso la misma ropa de antes y se sentó en la cama recargada en la cabecera esperando que una nueva oleada arrasara con ella y la destrozara de nuevo, pero nada pasó. Tomó su bolso de la mesita de noche y sacó su celular, notó que estaba apagado estaba a punto de encenderlo pero vaciló, realmente no quería saber nada del mundo exterior así que lo metió de nuevo a la bolsa y la colocó en el piso. Se acostó en la cama con la idea de descansar un poco pero no quería cerrar los ojos, sabía que si lo hacía su imagen aparecería de nuevo. Así que simplemente quedó acostada boca arriba viendo el techo de la habitación. No sentía nada, no pensaba en nada, apenas escuchaba su propia respiración y así se quedó por varios minutos hasta que el sueño la venció.

El sol se colaba entre la cortina y Kagome abrió lentamente los ojos despertando. Le tomó un par de segundos darse cuenta de donde estaba y por qué estaba ahí. Sintió que el estómago se le revolvía, se sentó de golpe con las manos en la boca esperando unos segundos para que pasara la sensación pero las náuseas fueron más fuertes que ella y tuvo que pararse rápidamente hacia el baño para vomitar. Le tomó algunos minutos recobrarse, recordó que un día antes no había comido nada por ello solo había arrojado saliva, se sentó en la taza esperando a que el mareo cesara con todo lo que ocurrido 24 horas antes casi olvidaba que ya tenía varios días experimentando vómito y malestar estomacal y entonces una idea cruzó por su cabeza, abrió los ojos desenado estar equivocada y salió corriendo del baño buscando un calendario.

-No, no puede ser…- Seguía negando en su mente y con su cabeza una y otra vez tratando de olvidar esa estúpida idea. Tomó su bolso y salió de la habitación.

Inuyasha seguía intentando localizar a Kagome pero la contestadora seguía tomando su lugar. A pesar de que estuvo investigando con la recepcionista quien le aseguró no haber dado mayor información a Kagome tenía un mal presentimiento. Había pasado la noche en el sofá en la habitación de Kikyo aunque no pudo conciliar el sueño. El doctor Musso apareció para revisar a Kikyo y le pidió que estuviera cerca de ella para evitar algún otro episodio de crisis.

-Lo mejor es que permanezca con ella todo el tiempo. En estos casos no sabemos cuándo pueda aparecer un nuevo episodio.-

-Está bien, contrataré una enfermera para que la cuide.-

-Comprendo que no pueda parar su vida pero, créame ella lo va a necesitar a usted, como su pareja.- Inuyasha carraspeó, con todo el ajetreo no había tenido oportunidad de aclarar su situación sentimental además si decía que no estaban comprometidos perdería el derecho a estar con ella en el hospital ya que solo familia cercana puede estar con el paciente.

-Doctor, por favor, deje de atormentarlo. Voy a estar bien.- Kikyo interrumpió la plática entre ambos. –Además, Inuyasha es un hombre muy ocupado, no puedo hacerle esto.-

-Bueno, lo siento no es mi intención entrometerme solo me estoy asegurando de que mi paciente tenga las mejores atenciones. Estarás en observación toda la mañana y si todo sale bien, podrás irte a casa en la tarde.- Musso se despidió de la pareja y salió de la habitación.

-Bueno, disculpa por eso. Sabes que no es necesario que estés conmigo siempre.-

-Creo que lo mejor será que te quedes conmigo un par de días. Puedes quedarte en mi habitación, yo me quedaré en la habitación de huéspedes.-

-Inuyasha, ¿de verdad está bien? Yo, bueno no quiero ser una carga para ti, después de todo tú y yo ya no estamos juntos.-

-Kikyo, ese bebé también era hijo mío, es lo menos que puedo hacer por ti.-

-Jamás esperé nada de ti. Yo dude sobre decirte de mí embarazo porque tú ya estabas con ella y yo no quería interponerme pero bueno, al final…- La voz de la chica comenzó a entrecortarse. –Al final parece que ni tu ni yo estábamos listos para ser padres.- Kikyo se giró para evitar que Inuyasha la viera llorar.

-Kikyo… Está bien, tranquila.-

Kagome estaba sentada al filo de la cama pendiente de cada segundo que pasaba para poder tener una respuesta clara. La ansiedad la estaba matando por dentro, comenzó a tronarse los dedos y no dejaba de mover ambos pies golpeándolos contra el piso. Vio como los 3 minutos pasaron y dudó por un segundo antes de tomar la prueba entre sus manos. Inhaló y exhaló profundamente antes de ponerla en su mano y ver el resultado. Dejó caer la prueba al piso y asombrada sintió como el corazón comenzaba a latir cada vez más rápido, colocó una de sus manos sobre su boca por la sorpresa y con la otra libre y temblorosa recogió la prueba del piso solo para confirmar de nuevo que estaba embarazada. Una nueva oleada de emociones la inundó. Sintió como en sus ojos se agolpaban las lágrimas y su barbilla comenzaba a temblar. Sintió cada poro de su cuerpo erizarse y de pronto una sonrisa se dibujó en su rostro al tiempo que un par de lágrimas caían. Exhaló y cuando se dio cuenta de nuevo estaba sonriendo, de verdad estaba feliz. Todo el miedo que había sentido hacia apenas unos minutos se había ido y una inmensa y cálida felicidad la envolvió por completo. Sabía lo que tenía que hacer, lo que quería y lo que no se iba a permitir perder esta vez.

Tomó su teléfono y lo encendió. Tuvo que esperar un par de minutos para que todos los mensajes de su jefe, Sango y Kouga preguntando dónde estaba y si estaba bien dejaran de llegar. Y después revisó, ahí estaban, sus llamadas y mensajes también habían llegado. Abrió su lista de contactos y le marcó al chico. Timbró un par de veces antes de que contestara.

-Hola, necesito verte. Voy para allá.- Colgó y salió de la habitación.

-Bueno y vas a decirme en dónde estás o voy a tener que ir a buscarte en persona?.-

-No molestes Miroku, ahora no es buen momento. Después te contaré todo.-

-Estás muy misterioso oye espera, ¿Estás con Kagome verdad? Es por eso que no responde las llamadas de Sango.-

-¿Qué? A Sango tampoco le responde?.-

-¿Cómo que tampoco? Entonces, ¿No están juntos?.-

-Miroku, tengo un mal presentimiento por favor, averigua donde esta ella y si está bien.-

-¿De qué hablas? ¿Pasó algo entre ustedes?.-

-No hagas más preguntas y haz lo que te pido por favor!. ¡Llámame de nuevo en cuanto sepas algo!.- Inuyasha colgó exasperado. Ese mal presentimiento de nuevo. Kagome no respondía las llamadas de nadie y él no podía moverse del hospital. Dentro muy dentro sabía que algo malo ocurría pero una parte de él seguía negándose ante el hecho de que Kagome supiera la verdad.

Bajó del taxi y lo vio a lo lejos sentado en ese viejo lugar que solían frecuentar antes. Cuando él también pudo verla se puso de pie de inmediato sin perderla de vista. Kagome lo saludó a la distancia con la mano y se acercó a él caminando.

-Maldita sea Kagome, ¿Dónde diablos estuviste? Sabes lo preocupado que estaba?.-

La chica lo miró traviesa con media sonrisa dibujada en el rostro, pudo ver en los ojos de Kouga que de verdad estaba preocupado por ella, de hecho parecía que no había pegado el ojo porque tenía ojeras debajo de esos ojos verdes. – Lo siento, de verdad.-

Kouga suspiró. –Estás bien? Ayer cuando saliste del hospital…-

La chica sintió como su sonrisa se desvanecía y una punzada atravesaba su pecho. –No quiero hablar de eso. Por favor.- Kouga la miró preocupado era como si dos personas estuvieran frente a él, con tan solo mencionar el día anterior el semblante de la chica había cambiado por completo. No entendía nada de lo que estaba pasando pero sabía que hablar de eso solo haría que ella se sintiera mal así que decidió omitir el tema.

-¿De que querías hablarme entonces?.- Y ahí estaba de nuevo el brillo en los ojos de Kagome había regresado.

-Antes de decir algo, tienes que prometerme una cosa.-

-De acuerdo, te escucho.- No podía estar más intrigado

-Tienes que prometer que a partir de este momento, no me vas a cuestionar en nada de lo que te diga.-

Kouga rio y miró a Kagome fijamente a los ojos. -¿Acaso tengo opción?.-

Kagome también soltó una carcajada.- Creo que no.-

- Te escucho.-

-Algo cambió. Aún no puedo decirte qué pero es inevitable que en un par de meses no te enteres de lo que pasa así que solo tendrás que esperar… Como sea, gracias a esto bueno, he tomado una decisión.- Kouga permanecía atento a cada palabra de la chica esperando que terminara de hablar para asimilar lo que fuera que tuviera que asimilar y quedarse con todas las dudas que tuviera dado que no podía preguntar nada. –Necesitaré tu ayuda para comprar mi boleto de avión.-

Kouga la miró sorprendido tratando de comprender lo que Kagome acababa de decirle. Sin darse cuenta comenzó a reír como loco y una gran emoción lo invadió después de confirmar en la mirada de la chica lo que había estado pensando.

-Creo que también vas a necesitar ayuda con tus maletas.- Ambos rieron mientras Kouga la tomaba de las manos y besaba su dorso. –Es la decisión correcta, ya lo verás.-

Kagome asintió. Antes de hablar con él aún tenía un poco de dudas sobre si tomar la beca sería lo mejor pero estando ahí, se dio cuenta de que no había nadie más en quien confiar y sabía que había tomado la decisión correcta. Aunque aún había algo que necesitaba decirle y que había estado evitando para que no se pusieran las cosas incómodas pero sabía que si no lo decía ahora, a la larga podía resultar peor.

-Kouga… No quiero que pienses que algo puede pasar entre nosotros. Necesito que me digas ahora mismo si crees que este viaje es una especie de oportunidad para que tú y yo…-

-Kagome…- El chico la interrumpió. – No tienes que preocuparte por eso de verdad. No puedo negar lo que siento, tú también lo sabes pero, sé que terminó. Puedes estar tranquila y segura de eso no voy a hacer nada que ponga en riesgo nuestra amistad.-

-De acuerdo.- Ambos se quedaron en silencio por un segundo mirándose fijamente a los ojos sonriendo entre sí.

-Bueno entonces, ¿Cuándo nos vamos?.-

El doctor Musso entró a la habitación con el alta en la mano dando las últimas indicaciones a la pareja antes de salir de la habitación. Inuyasha miró de nuevo su celular esperando tener algún mensaje o noticia pero nada. Kikyo se dio cuenta de la ansiedad del joven y creía saber a qué se debía por lo que no pudo evitar sentir satisfacción.

-Ya está todo listo en el departamento para que te instales.-

-De acuerdo, gracias. Aun estás a tiempo de arrepentirte.-

-No lo haré, no te preocupes no te faltará nada. Contraté una enfermera para que esté contigo todo el tiempo.-

-Bueno, eso era totalmente innecesario además creí que tu ibas a cuidarme.- Se puso de pie finalmente de la cama tomando a Inuyasha del brazo.

-Lo haré, cuando llegue de la oficina la enfermera se irá y así podré cuidarte. Con cuidado, vamos.-

Salieron del hospital rumbo al departamento de Inuyasha y durante el trayecto en más de una ocasión el joven miraba su celular esperando alguna notificación. Entraron al departamento y después de recostar a Kikyo en su cama, Inuyasha salió al comedor con el celular en la mano y marcó el número de Kagome pero de nuevo, la contestadora. Irritado marcó el número de Miroku quien contestó después de un par de segundos.

-¿Sí?.-

-Por favor, dime que ya sabes algo de ella.-

-Lo siento, aún no contesta las llamadas a Sango. Incluso ya fue a su casa un par de ocasiones pero no hay nadie ahí parece que la tierra se la tragó. Tuve que convencer a Sango de que esperara unas horas más antes de ir a la policía.-

-Maldita sea Miroku esto no está bien. Algo malo pasa y yo no puedo moverme de este maldito lugar!.-

-Vas a explicarme de una buena vez a donde saliste tan apresurado desde ayer?.-

En un intento de desahogó Inuyasha comenzó a explicarle paso a paso a Miroku todo lo que había ocurrido un día antes. Comenzó a sentir como la tensión llegaba hasta su cabeza. Era como una olla de presión, con tantas cosas acumuladas dentro incapaz de moverse y sin saber de ella, sin saber si estaba bien, sin pensar si sabía la verdad sobre Kikyo.

-Inuyasha la verdad es que por primera vez en mi vida no sé qué decir.-

-Bueno eso si es noticia.-

-No me malinterpretes, tengo muchas cosas que quiero decir pero sé que si lo hago ahora solo te haría sentir peor… Creo que sabes muy bien porque Kagome no aparece pero te estás negando a aceptar la verdad. De cualquier forma creo que necesitas darle tiempo.-

-¿Tiempo? ¿De qué carajos estás hablando?.-

-Si nuestras sospechas son verdad y ella sabe lo que pasó entre Kikyo y tú, su desaparición no significa otra cosa más que quiere estar sola. Creo que tendrías que respetar eso.-

-Eso estaría bien si supiéramos donde está. ¿No crees que Sango sabría algo de esto? De verdad estoy preocupado por ella, no quiero ni imaginar que algo le haya ocurrido.-

-Tranquilízate, algo me dice que ella está bien. Probablemente sepamos de ella muy pronto.-

-Inuyasha… ¿estás ahí?...- La voz de Kikyo desde su habitación lo sobresaltó.

-Tengo que colgar Kikyo me está llamando.-

-Sé que te sientes culpable de lo que pasó con ella pero, de verdad era necesario que la llevaras a tu casa?.-

-Deja de decir tonterías, Kikyo me necesita ahora más que nunca. Llámame si sabes algo.-

-Entonces, ya está todo arreglado Kouga?-

-Sí ya está todo listo, solo faltan tus maletas. Podemos ir ahora mismo a tu casa a prepararlas.-

-No, prefiero no ir a casa hasta mañana a primera hora.-

-Estás segura de que mañana te alcanzará el tiempo? Nuestro vuelo sale a la una de la tarde y tenemos que estar ahí varias horas antes para documentar.-

-Estoy segura además, no voy a empacar mucho.-

-Eso me gustaría verlo, ustedes las mujeres siempre cargan con cosas innecesarias.-

-Es la verdad, no pienso llevar mucha ropa, de todos modos no tiene caso dentro de algunos meses no podré usarla…- Kagome se mordió el labio dudando sobre si había dicho demasiado así que solo pudo agregar: - Ya sabes, por el clima.-

-Jamás entenderé a las mujeres, de cualquier forma, supongo que ya hablaste con tu familia verdad?.-

-Bueno, están de vacaciones ahora. Se fueron todos a Osaka a un viaje con la familia de mi padre. Se supone que regresarán hasta pasado mañana, pero no te preocupes por eso, mi madre siempre me ha apoyado, la llamaré mañana y le explicaré todo.-

-Y entonces, ¿dónde vas a pasar la noche?.-

-Bueno sé que tienes un sofá muy cómodo en tu departamento, no me molestaría dormir ahí.-

Los dos chicos comenzaron a reír mientras salían de la agencia de viajes donde habían arreglado todo lo relacionado a su transporte. Caminaron a través del parque de enfrente listos para tomar un autobús que los llevara al apartamento de Kouga. El joven seguía sin entender muchas cosas, sobre todo la rapidez con la que Kagome quería hacer las cosas, sin mencionar que su celular no paraba de recibir llamadas y mensajes los cuales la chica solo ignoraba. Cuando llegaron a su casa Kouga comenzó a preparar el sofá para dormir en él.

-¿Qué estás haciendo? Te dije que yo podía dormir aquí.-

-¿Qué clase de anfitrión crees que soy? Las visitas tienen que ocupar la habitación principal.-

-Pero Kouga, esta es tu casa.-

-Déjalo ya, esta es nuestra última noche en Japón de todos modos. ¿Qué más da?.-

-Gracias.- El celular de la joven recibió un nuevo mensaje. Kagome alcanzó a leer solo unas palabras pero fueron suficientes para que esbozara una sonrisa "…si no contestas, llamaré a la policía"... Tomó el celular y leyó el mensaje completo que había recibido de Sango. "¿Dónde diablos estás metida? Kagome de verdad, si no contestas llamaré a la policía y sabes que no bromeo. Estoy muy preocupada." Terminó de leerlo y sintió algo de culpa, sabía que no había estado en contacto con nadie en más de 24 horas y era normal que su amiga estuviera así sin embargo, si hablaba con ella ahora, solamente recordaría todo lo que había estado evitando y quizá ese inmenso dolor regresaría. No podía permitir sentirlo, al menos no en las próximas horas. Tomó el celular y comenzó a escribir una respuesta a Sango. "Lo siento, de verdad. Estoy bien, no causes ningún alboroto por mi culpa. Te llamaré mañana, lo juro. Descansa." Presionó la pantalla una vez más para enviar el mensaje y suspiró. La extrañaba, en serio quería verla, abrazarla y despedirse pero sabía que hacer eso implicaba una alta probabilidad de verlo, Sango avisaría a Miroku y éste a su vez le llamaría a "él". Que estúpida se sentía al no pensar si quiera en su nombre sobre todo cuando a pesar de intentar esquivarlo era inevitable que su imagen cruzara por su mente. Pero no era esa imagen de la que se enamoró, no, era esa última imagen que vio de él, esa donde estaba al lado de la cama de Kikyo, tomando su mano y acariciando su rostro, el rostro de la mujer que acababa de perder a su hijo. La respuesta de Sango la sacó de sus pensamientos. "La pagarás caro si no me llamas, estaré esperando ansiosa. Descansa."

Inuyasha salía de la ducha después de tomar un baño, lo primero que hizo fue revisar su celular pero no había nada aún. Salió hacia su habitación y se colocó una bata. Tocó la puerta de la habitación contigua para comprobar que Kikyo estuviera bien, al no obtener respuesta el joven abrió la puerta lentamente esperando ver a la chica en la cama dormida sin embargo al ver que no estaba ahí y verla de pie a lado de la cama parada frente al espejo lo sobresaltó.

-Kikyo?.-

La chica ni se inmutó solamente continuaba viendo su reflejo de cuerpo entero, ahí parada de perfil delante del espejo pasando sus manos por su vientre abultado a causa de la almohadilla que ella misma había colocado por debajo de su blusón de noche. Cuando Inuyasha pudo ver lo que estaba haciendo se acercó lentamente a ella preocupado hasta colocarse detrás suyo viéndola fijamente al rostro a través del reflejo.

-Kikyo… ¿Qué estás haciendo?.- Habló muy quedito esperando no asustar a la chica, no quería causar un nuevo episodio de ansiedad.

-¿Crees que hubiera sido una buena madre?.- a pesar de dirigirse a él la joven seguía absorta en su reflejo viendo fijamente su vientre moviendo ligeramente la cabeza de un lado a otro tratando de encontrar las respuestas a todo lo que cruzaba en su mente, analizando cada curva de su cuerpo de un extremo a otro.

-Kikyo, necesitas descansar… Vamos a la cama…-Estiró su brazo a lado de ella esperando a que la chica lo tomara para recostarse, sin embargo de nuevo lo ignoró.

-¿Sabes lo que pienso?... Creo que, esa era mi única oportunidad de ser madre y yo, simplemente lo arruiné.-

-Tú no tuviste la culpa de lo que pasó Kikyo y sí, estoy seguro de que hubieras sido una gran madre.-

-Era un niño guapísimo, porque estoy segura de que era un barón. Iba a ser idéntico a su padre.-

-Kikyo…-

-¿Qué va a pasar ahora conmigo Inuyasha?.- De pronto Kikyo se quedó inmóvil. Dejó de tocar su vientre y de mover su cabeza y por fin, a través del espejo miro directo a los ojos de Inuyasha. –Dime… ¿Qué se supone que haga ahora? Acabo de perder a nuestro hijo, te sigo amando como una estúpida y aquí estoy en tu departamento recibiendo tus cuidados y aun así estoy más sola que nunca…- La joven se giró para tenerlo de frente, cara a cara con los ojos llenos de lágrimas. -¿Sabes lo difícil que es perder lo más importante para ti dos veces? Primero tú y ahora…-

-Kikyo…- Ese sentimiento de culpa lo abrumó de golpe después de escucharla decir esas palabras. Odiaba no haber hecho nada por su hijo y ahora, por ella.

-Ahí está de nuevo esa mirada tuya… Te juro que si no amara tanto esos ojos dorados… Estoy bien, no voy a tener otra crisis puedes dormir tranquilo.- La chica lo miró de nuevo y le mostró un pequeño esbozo de sonrisa de sus labios. Pasó a lado de él quitándose la almohadilla que tenía en su vientre y sentándose en la cama. -¿Puedo pedirte un último favor?.-

-Lo que sea.-

-No quiero dormir sola. Tengo miedo de soñar con él yo…- Kikyo extendió su mano hacia Inuyasha esperando su respuesta, solamente después de un par de segundos él dio un par de pasos hasta llegar a la cama y tomar su mano. Kikyo se recorrió hacia el centro de la cama para dar espacio a que él se acostara junto a ella. Así quedaron ambos, uno frente al otro solo mirándose a los ojos tomados de la mano.

-Gracias.-

El cansancio físico y mental que venía cargando Inuyasha desde hacía varias horas hicieron mella en él por lo que no le tomó mucho caer profundamente dormido. Kikyo por otro lado, se quedó viéndolo dormido un par de minutos sonriendo satisfactoriamente sabiendo que había logrado, al menos por 48 horas, separarlo de ella. Lo demás era cuestión de tiempo.

Kagome estaba en su habitación, cerrando la única maleta que llevaría consigo con sus pocas pertenencias dentro. Había ido a su casa temprano después de pasar la noche en el departamento de Kouga, se sentó en el filo de su cama mirando a su alrededor sintiendo nostalgia por lo que se venía para ella. Pasó una de sus manos por su vientre y sonrió divertida ante la idea de que la próxima vez que estuviera ahí sería con un bebé y entonces un pensamiento interrumpió esa fantasía. No había razón por la cual su bebé tendría que estar ahí, no quería exponerlo a nada y la posibilidad de nunca más regresar a Japón cruzó por su cabeza. Suspiró confundida y tomó el teléfono de la mesita de noche y llamó a su madre. Luego de unos minutos y un par de lágrimas colgó la llamada, sabía que su madre siempre la apoyaba en todo y se mostraría a favor del cambio lo que realmente le entristecía era estar lejos de ella cuando más iba a necesitarla. No pudo decirle nada del embarazo así que solo se puso de pie y bajó a la sala donde Kouga la esperaba con sus propias maletas, listo para partir al aeropuerto.

Kagome sabía que debía hacer otra llamada, pero quiso esperar hasta el último momento antes de hacerla. Luego de documentar Kagome miró la hora, solo faltaban 30 minutos para su vuelo, tomó su celular y buscó el número de Sango, dio un largo suspiro antes de oprimir "llamar".

-Kagome! Gracias a dios! Por fin! ¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Por qué no contestabas?.-

-Una pregunta a la vez! Cielos, estás peor que mi madre. Estoy bien, tranquilízate.-

-No puedes pedirme que me tranquilice, desapareciste más de 48 horas! Te juro que estuve a punto de llamar a la policía.-

-No necesitas jurarlo te creo, suena a algo que podrías haber hecho.-

-En serio estoy muy molesta, pero dejaré de lado mi enojo solo para escucharte.-

- Lo sé, en serio lo lamento. No debí ocultarte nada, espero de verdad que algún día me perdones.-

-Bueno, tampoco es para tanto pero, ¿qué pasa?.-

-Escucha, he estado pensando en la mejor forma de decirte esto pero me di cuenta de que no la hay.-

-Kagome, me estás asustando…¿Por qué no me has dicho en dónde estás?.-

-Estoy en el aeropuerto, a punto de tomar un avión hacia el extranjero.-

-¿Qué? ¿En el aeropuerto?.- Sango se puso de pie de golpe y con una seña llamó la atención de Miroku quien estaba en su apartamento luego de pasar la noche juntos. Colocó una mano en el micrófono de su celular y le indicó a su novio con un susurro que llamara a Inuyasha- ¿Cómo que un avión al extranjero? ¿Por qué? ¿A dónde?.-

-Algo sucedió, algo que puso todo de cabeza y al mismo tiempo recibí dos buenas noticias.-

-Kagome de verdad estoy tratando de entender lo que me dices pero…-

-No puedo explicarte a detalle, perdóname no estoy lista. Sé que estoy actuando como la peor de las amigas pero también sé que me conoces y sabes incluso mejor que yo que cuando decido algo, lo hago sin importa qué.-

Sango estaba tan confundida que no sabía que más preguntar, estaba escuchando delante suyo como Miroku le daba la noticia a Inuyasha y como le decía que fuera de inmediato allí a alcanzarla. Y entonces lo entendió, lo que fuera que estuviera pasando era por él, el hecho de que su amiga se alejara de ella fue porque sabía que cualquier acción, cualquier palabra llegaría a oídos de Inuyasha y eso, eso era justamente lo que su amiga había estado evitando.

-Es por Inuyasha verdad? Algo hizo que causo esta reacción en ti.-

Kagome sintió un vuelco en el corazón, había estado evitando ese nombre y escucharlo de nuevo solo logró confirmar que tenía que salir del país cuanto antes. –Estoy haciendo esto por mí… y también por mi futuro.-

-Kagome, sé que ahora no dirás nada más pero, prométeme no, júrame que seguiremos en contacto y que, algún día vas a explicarme que es lo que está pasando… él no tiene por qué enterarse sí tu no quieres que se entere.-

-De acuerdo, lo juro.- Kouga le hizo una seña apuntando el reloj con las manos en muestra de que era tiempo de ir a la sala de abordaje. Kagome asintió y suspiró para despedirse de su amiga.-Tengo que irme, me vas a hacer mucha falta amiga.-

-Lo sé, es imposible que encuentres una mejor amiga que yo ahí a donde sea que vas.- Las dos chicas rieron tratando de evitar que las lágrimas que ambas tenían en sus ojos salieran.-Cuídate.-

-Lo haré. Hasta pronto.- Kagome se quedó viendo su celular durante algunos segundos esperando a que el sentimiento pasara.

Después de escuchar esas palabras de Miroku, Inuyasha se temió lo peor. Salió a toda velocidad de su departamento, subió a su auto deportivo rumbo al aeropuerto deseando poder llegar a tiempo. Ni siquiera era consciente de la velocidad a la que iba manejando, solo presionaba el acelerador en la periferia esquivando un auto tras otro mirando a cada minuto el reloj. Estaba a solo 10 minutos, tenía que llegar, no había otra opción, tenía que verla. Estacionó su auto en la zona de ascenso y descenso sin importar que el agente vial le indicara que lo moviera, solo escuchaba a su propio corazón latiendo a mil por hora deseando encontrarla, entró al aeropuerto sin saber hacia dónde dirigirse, no tenía idea del destino de Kagome ¿Cómo diablos iba a encontrarla así? Se paró en una jardinera que estaba a desnivel en medio de todo y subió en ella girando la cabeza en todas direcciones desesperado buscándola por las escaleras, ascensores, pasillos, en los recibidores de todas las aerolíneas pero nada. Miró su reloj, ya habían pasado 20 minutos desde la llamada de Miroku, ¿Sería demasiado tarde? Y entonces pensó en ir a las salas de abordaje pero sabía que necesitaba un boleto para pasar por ahí, recorrió con la vista el lugar hasta encontrar el recibidor más vacío para comprarlo y fue corriendo hasta llegar ahí. Luego de tenerlo en la mano dio un último vistazo antes de entrar a la sección del aeropuerto donde estaban todas las salas de abordaje pero no la vio. Una vez que atravesó los detectores y la seguridad comenzó a correr por todas las salas una a una esperando encontrarse con su rostro. Sin aliento se dio cuenta de que solo faltaban tres salas por recorrer si no estaba ahí, entonces seguramente la había perdido para siempre. Sintió un fuerte dolor en el estómago, negó con la cabeza y siguió corriendo hasta la sala 27 pudo ver que estaban abordando ya, así que se acercó un poco más solo para ver si ella estaba en la fila y entonces, la vio. Dudó al principio ya que solo podía verla de espaldas pero era ella, estaba seguro. Ahí estaba, al principio de la fila entregando su pase al joven de la aerolínea.- Kagome…- Pero la voz salió apenas como un susurró inaudible para cualquiera. Con la respiración entrecortada y el alma en un hilo acumuló aire en los pulmones y lo repitió.-Kagome!...- Pudo ver como la chica se detuvo en la entrada del túnel girando solo un par de centímetros la cabeza y después siguió caminando. Inuyasha sintió que la vida se le escapaba comenzó a caminar hacia ella con más de una mirada curiosa de la gente alrededor sobre él. Casi la perdía de vista, estaba a punto de virar en el túnel. -Kagome!.- Pero la chica siguió caminando hasta perderse dentro. Entonces comenzó a correr hacia ella sin importarle los gritos de la gente que le acusaban de entrometerse en la fila y del joven uniformado haciéndole señas diciendo que no podía pasar pidiendo apoyo a seguridad para que lo detuvieran. Se detuvo de seco por dos pares de brazos que lo arrastraban hacia atrás gritando que se alejara. Sus ojos no dejaban de ver esa esquina donde ella había dado vuelta esperando que regresara, esperando que no fuera a ningún lugar. Pero nada ocurría. Los dos guardias que lo sujetaban lo llevaron hasta un costado de la sala esperando que volviera a acercarse. El chico levantó la vista y pudo ver a través del cristal el avión al cual se acababa de subir ella, siguió recorriendo con la vista lentamente y entonces, su corazón se detuvo. Se dio cuenta de que estaba siendo observado por un par de ojos castaños. Kagome estaba ahí, parada dentro del túnel, en un pedazo que era todo de cristal y permitía dar un último vistazo a la sala de abordaje. –Kagome…Kagome!.- Se acercó al cristal en medio de los dos guardias quienes trataban de alejarlo pero el coraje y el saber que estaba justo delante suyo le dieron a Inuyasha la fuerza suficiente para pasar a través de ellos llegando al cristal golpeándolo con ambos puños gritando su nombre esperando que con eso, ella regresara. Pero Kagome seguía ahí, de pie. Levantó su mano derecha y con la palma extendida, la colocó en el cristal articulando lo que Inuyasha entendió como un "Adiós." Fue como si una bofetada dura y fría lo golpeara de lleno, bajó los hombros en señal de derrota y la fuerza desapareció. Los guardias lo halaron de nuevo y lo colocaron contra el piso. Aun teniéndola de frente, vio como Kagome se giraba y entraba al avión junto con un hombre de ojos verdes que la esperaba. –Kagome… ¡Kagome!... ¡KAGOME!...-

Que patético se sentía ahí sentado en la oscuridad de su sala con un vaso de whisky en su mano y la botella en la otra. Hacía tanto tiempo desde que había experimentado esa sensación de soledad que incluso ahora se sentía ajeno a ella. Después de conocer a Kagome aquél día donde casi la atropella su vida había tomado un rumbo totalmente diferente. Su pecho sintió un estirón al recordar lo cerca y a la vez tan lejos que había estado ese día de ella. Apenas era el principio de la agonía y ya la extrañaba, necesitaba tanto sentirla, acariciarla, besarla. Cerró los ojos en un intento de que su cuerpo recordara aquellas hermosas sensaciones que experimentaba al tenerla cerca, humedeció sus labios y pasó su dedo índice por los mismos recordando el dulce sabor que dejaba en ellos después de besarla. Abrió los ojos de nuevo lentamente y vio delante suyo aquél sillón donde habían estado abrazados días antes, donde sus cuerpos estaban tan cerca uno del otro que incluso sus latidos se sincronizaban. Recordó como sujetaba a Kagome tan fuerte para que no fuera a escaparse de su vida nunca y como la chica sonreía para él susurrando esas palabras que tanto necesitaba escuchar ahora. Le dio un sorbo al whisky, cuando lo tragó sintió como se atoraba en su garganta, esa amargura volvía a aparecer. Una gota del licor quedó solitaria en sus labios, con ayuda de su lengua la quitó y pudo sentir el sabor de la soledad. Otro estirón en el pecho, esta vez tuvo que presionar su mano contra él para apaciguar el dolor, no quería eso, eso no es lo que él quería sentir, solo podía ser la dulzura de Kagome, solo eso podía tocar sus labios. Frustrado e impotente se puso de pie de golpe arrojando contra la pared el vaso y botella de whisky sintiendo como su pecho se estremecía al estirarse. "Maldita sea!" Cerró los puños fuertemente y un grito de rabia salió de su boca. Dio un par de pasos hasta llegar a una pequeña mesa que estaba a lado del sofá donde había estado con ella y tiró todo lo que había en ella, pateó la mesa haciendo que el cristal se hiciera mil pedazos y estiró la mano para tirar un florero que se encontraba en la mesa del comedor. "¿Por qué? ¿Por qué?". Cayó de rodillas derrotado a un costado de la mesa que acababa de derribar haciéndose varios cortes en las piernas con los cristales del piso. Odiaba sentirse así, la tristeza lo estaba sobrepasando y la rabia que lo hacía temblar solamente era el reflejo de lo que alguna vez tuvo y ahora había perdido. La imagen de Kagome en el túnel con la palma de su mano apoyada contra el cristal articulando el "adiós" no dejaba de repetirse en su cabeza. Su cuerpo estaba estremecido por completo, totalmente abrumado por esas sensaciones y su sistema le exigía que lo sacara, pero él se rehusaba, se negaba a llorar. Sabía que si lloraba estaba aceptando que todo estaba perdido, que nunca más la volvería a ver y él no podía permitir eso, no quería que eso pasara, por eso su cuerpo solo atinaba a temblar por la desolación y el torbellino que ocurrían dentro. Pero era demasiado, fue como ser tragado por un huracán estando en medio de la playa indefenso recibiendo el impacto de frente. Cuando menos lo pensó las lágrimas salían sin control de sus ojos y la fuerza comenzaba a desaparecer, intentó cerrar los puños pero se dio cuenta de lo temblorosas que tenía las manos, bajó la mirada hacia sus piernas y se percató de que estaban sangrando las pequeñas heridas que se había hecho hacía unos segundos y entonces lo entendió. Entendió cuán frágil era a pesar de intentar sobrellevarlo, a pesar de la rudeza de sus acciones, a pesar de la rabia que sentía hacia sí mismo, solo era un débil e indefenso cuerpo más, susceptible al gran dolor que lo envolvía y solo se dejó llevar. Con cada suspiro, con cada lágrima que caía al suelo su sistema extinguía una pequeña parte del dolor. De vez en vez intentaba cerrar los puños para comprobar si su fuerza se había recuperado, le tomó un par de minutos recobrarse y asimilar lo que acababa de ocurrir. El corazón seguía doliendo cada vez que pensaba en ella y él estaba seguro de que así sería por el resto de su vida al menos, hasta que volvieran a estar juntos.