17

Huida

Clary no recordaba haber corrido ni tanto ni tan rápido en toda su vida y aún y así no era suficiente: incluso Lily Chen con sus altos y finos tacones de aguja era más rauda que ella. Como le hubiese gustado tener una de esas runas de velocidad que sus compañeros lucían en sus pieles. Al ser nueva en todo este mundo de las sombras solo le habían puesto dos runas: la de la visión que todo nefilim debía llevar y una "iratze" por si resultaba herida en aquella, teóricamente, secreta misión pero eso no le proporcionaba ni velocidad ni resistencia. La joven Fray era consciente de que no había tiempo para lamentaciones: era cuestión de minutos que sus captores se dieran cuenta de que habían escapado y eso significaría que todo el submundo neoyorkino los empezaría a buscar. Así que se concentró en respirar tal y como tantas veces le había explicado su profesor de educación física y movió las piernas tan rápido como pudo pero todo su empeño fue en vano: sus compañeros empezaron a dejarla atrás ¿Alguno de ellos recordaba que ella era la única que estaba corriendo como una mundana? Miró hacia delante y se desesperó: tres nefilims (Jace, Alec e Izzy), dos licántropos (Luke y Maia) y un par de vampiros (Lily y Simon); jamás lograría alcanzarlos.

Todos se sintieron victoriosos cuando Maia, Bat, Lily y Rafael los sacaron de las mazmorras y los ayudaron a escapar pero ahora venía la peor parte: ¿Qué debían hacer? ¿Dónde podían esconderse? Estaba claro que en el Instituto de Nueva York no: sería el primer lugar donde irían a buscarles. Bat y Rafael se quedaron en el hotel Dumort para poder controlar la situación desde dentro e ir informándoles pero aún y así Clary se iba hundiendo por momentos: pasó de la euforia de verse libre a un estado de negativismo absoluto. Empezó a tener nauseas y le dolía la barriga (los fuertes olores que le llegaban no le ayudaban) y la fatiga se apoderó de ella. No llevaban ni diez minutos corriendo y ya había gastado más del 70% de su energía y por lo que intuía estaban corriendo sin rumbo, o sea que no sabían cuanto tiempo más estarían dando vueltas por las calles de la ciudad. A eso se le tenía que sumar el hecho de que debían encontrar un escondite seguro antes de que saliera el sol ya que iban con un par de vampiros. Intentó ignorar todos esos síntomas físicos y seguir corriendo pero llegó un momento en que la situación le superó y acabó arrodillada en el suelo vomitando. Le temblaban los brazos y los pelos se le pegaban en su sudado rostro. Vio a dos chicas que vendrían de la discoteca pasar por su lado y escuchó como las dos amigas hacían comentarios despectivos sobre ella "mira esa" "menuda borrachera lleva" y cosas por el estilo pero no fueron a ayudarla. No quería ni imaginarse que aspecto debía tener. Cerró los ojos con fuerza e intento sacar fuerzas de donde no las tenía para ponerse en pie de nuevo y seguir con su huida pero sus piernas necesitaban algunos segundos más de descanso. Todo le daba vueltas y volvió a vomitar de nuevo pero en esta ocasión unas manos con unos guantes sin dedos de cuero negro le apartaron el pelo de la cara y le sujetaron la frente mientras regurgitaba.

-Ei, enana ¿Estás bien?-

Clary le reconoció al momento: solo había una persona que le llamaba así. Se giró y vio a Jace visiblemente preocupado. El resto del grupo también estaba llegando. Luke se arrodilló a su lado y le limpió el rostro con la manga de su jersey. El pobre también estaba reventado al igual que Alec que se sentó en el suelo junto a ellos, esos días sin comer le estaban pasando factura. Izzy y Maia fueron a socorrerle. A la joven chica lobo parecía caerle bien el hermano mayor de los Lightwood.

-Debemos seguir- les advirtió Lily que no dejaba de mirar de un lado a otro.

-Ella no puede continuar corriendo y no la dejaremos aquí tirada- contestó Isabelle.

-¿Y qué propones que hagamos? Tiene que haber una solución, siempre la hay… - Jace se negaba a rendirse.

En esos momentos un mensaje llegó al teléfono móvil de Maya.

-Chicos, es Bat, dice que vayamos hacia la entrada al mundo de las hadas. La Reina Seelie y su corte nos darán cobijo-.

-¿Hadas? No sé yo si son muy de fiar… se dice de ellas que siempre van al mejor postor y en estos momentos somos el equipo perdedor- objetó Jace.

-De fiar o no son nuestra única opción. No os dejéis embaucar por ellos y tener los ojos bien abiertos- dijo Luke mientras se levantaba y ayudaba a Clary a ponerse en pie.

-Yo la llevaré- se ofreció Simon a su mejor amiga.

-No podrás- le replicó ella- todavía queda un buen trozo hasta llegar a las puertas del reino de las hadas. No os preocupéis por mí. Id vosotros y esconderos yo ya me espabilaré para llegar-.

-Ni hablar. Sí que podré Clary, estoy lleno de energía y vitalidad. Siento que podría comerme el mundo si quisiera-.

-El chico tiene razón- intervino Lily- los dos o tres primeros días de convertirse en vampiro uno tiene mucha más fuerza, velocidad y resistencia de lo normal. A más a más se acaba de alimentar con sangre angelical así que efectivamente tiene que tener todas sus facultades a tope.-

-Venga Fray confía en mí- Simon flexionó las rodillas para que su amiga pudiera subir a sus espaldas- será como aquella vez que te caíste de la casa del árbol y tuve que llevarte hasta tu madre porque no podías andar ¿Lo recuerdas? Cuidé de ti y ahora también lo haré-.

La expedición volvió a ponerse en marcha pero esta vez con un destino. Tal y como explicó Lily Simon pudo transportar a Clary sin dificultad y pudo seguir el ritmo de los otros sin ningún tipo de problema.

Entrar al reino de las hadas no era precisamente lo más agradable de hacer a las tres de la mañana de una fría noche. Para empezar encontrar la puerta ya era toda una odisea. La entrada se encontraba dentro de un lago pero no era uno de agua cristalina, no, era el lago de un parque del centro de la ciudad donde los mayores y los niños se divertían dando de comer a los peces y patos que habitaban allí: el agua estaba realmente sucia. El grupo de fugitivos se encontraba en medio del puente que servía para cruzar el lago de lado a lado esperando que se fuera la nube que tapaba la luna. Nadie entendía como podía ser que aquel frío viento no moviera la dichosa nube.

-No dejéis de mirar el agua- insistía Luke – puede que solo tengamos una oportunidad de ver la puerta de entrada.-

Clary y Simon miraron el agua, se miraron mutuamente y volvieron a mirar hacia el agua concentrados al máximo pero sin saber exactamente que es lo que debían buscar.

-Una vez aparezca la puerta saltaremos a su interior por parejas, hacerlo rápido sin pensarlo, no sabemos cuanto tiempo permanecerá abierta- continuó Luke con sus instrucciones.

Clary se volvió a derrumbar ¿Ahora tenía que saltar allí dentro? Estaba realmente agotada y tenía muchísimo frío a más ese lago estaba realmente sucia.

-Esta agua está asquerosa- le susurró a Simon.

-Sí- tan solo le contestó con un monosílabo y sin dejar de mirar fijamente el lago procurando no desconcentrase ni un pelo.

Clary miraba esa agua con mucha repugnancia: había plumas alrededor de los adormilados patos y no puedo evitar pensar que seguramente la oscuridad de la noche tapaba sus excrementos. Los peces sacaban la cabeza esperando que les cayeran migas de pan de los observadores del puente y Clary se imaginó cayendo entre esos resbaladizos animales y el asco pudo con ella. Volvió a vomitar y al ver como los peces se comían lo que ella acaba de devolver hizo que vomitara de nuevo. Aunque ninguno dijo nada ella se fijó en la cara de asco de sus compañeros: ahora todos tendrían que saltar allí dentro. Deseó con todas sus fuerzas que decenas de peces movieran el agua y arreglaran el desastre que ella acababa de hacer. Simon se la miró incrédulo y no era para menos, ni ella misma se reconocía. Clary siempre había destacado por ser una chica sin manías ni tonterías. Era atrevida y no le hacía ascos a nada, no entendía que era lo que le estaba pasando.

Finalmente el viento decidió colaborar con ellos moviendo la nube que tapaba la luna. Cuando ésta quedó al descubierto su pálida y blanca luz iluminó una gran piedra que había al otro extremo del lago y de allí salió como un rayo de luz que iluminó el agua. Poco a poco esa luz fue cogiendo forma hasta convertirse en un perfecto círculo. Clary se preguntó si aquello podía verlo todo el mundo o tan solo los que poseían la visión.

-¡Ahora!- Exclamó Izzy cogiendo a Simon por la muñeca y saltando en medio de esa esfera de luz.

Lily y Luke no se lo pensaron ni un instante y fueron los siguientes en saltar. De un brinco Jace se puso encima de la barandilla del puente y le hizo un gesto para que le acompañara. Clary no sabía como hacer que sus cortas piernas cruzasen aquella barandilla pero no le fue necesario hacer nada: Alec la levantó como si nada y Jace la abrazó saltando dentro del agua. En los pocos segundos que duró la caída de la barandilla al interior del lago la pelirroja tuvo tiempo de pensar en mil y una cosas. ¿Qué dirección debía tomar una vez dentro? ¿Cómo lo haría para ver en medio de aquella oscuridad? ¿Y si no era capaz de aguantar la respiración? Pero todas aquellas preocupaciones fueron innecesarias. Una vez dentro del agua una especie de remolino la absorbió y en menos de cinco segundos la dejó caer en un verde prado. Maya y Alec cayeron a pocos centímetros de ella. Prácticamente no había tenido tiempo de levantarse y sacudirse las ropas cuando un ejército de guerreros hadas les rodeaban apuntándoles con sus armas. De entre medio de aquellos atléticos y altos guerreros apareció la Reina Seelie. Lucía un elegante vestido de seda verde y tenía su roja melena decorada con hojas y flores. Estaba bebiendo algún tipo de cóctel con frutas del bosque en su interior y con una amplia sonrisa les dijo:

-Bienvenidos a la Corte Seelie-.

18

Mensajes

-¡¿En qué estabas pensando?!- Hacía décadas que Magnus no recordaba haber estado tan enfadado.

-¡En nosotros!- Le respondió Camille Belcourt – En salvar nuestro pellejo-.

-¡Prometiste no hacerles daño!- Chilló a la vampira a pocos centímetros de su rostro haciendo que ésta retrocediera.

-¿Y qué querías que hiciéramos? Matarles y fingir que murieron en un ataque demoniaco era la mejor opción. ¿A caso crees que la Clave te agradecerá que les hayas salvado la vida a sus niñitos? ¡No! Claro que no. Ahora más que nunca irán a por nosotros- se defendió Camille.

-Seguro que había muchas otras soluciones mejores que matarles- le reprochó el Gran Brujo. –Dame la Copa. Has perdido completamente el juicio, no está a salvo contigo-.

Camille no le respondió, simplemente le sonrió con cara de niña traviesa. En esos momentos entraron Rafael y Bat acompañados de otros subterráneos visiblemente alterados.

-¡Los prisioneros han escapado! - Una vampira informó rápidamente a su líder.

-¿Qué? - La cara de Camille cambió ipso facto ¿Qué quiere decir que se han escapado?-

-Pues que ya no están allí – le respondió irónicamente Bat sin esconder el hecho de que esa mujer le caía realmente mal.

-¡Malditos idiotas! ¿Qué hacéis aquí parados? ¡Ir a buscarlos!-.

Todos los subterráneos salieron escopeteados dejando a Camille a solas con Magnus, Bat y Rafael.

-¿Cómo se pueden haber escapado?- Seguía Camille pensando en voz alta- ¿Quién estaba de guardia? Averiguarlo y traédmelo inmediatamente. Debe ser castigado- y levantó la vista para ver como ninguno de los tres hombres que tenía en frente se movía. Tan solo Magnus le contestó.

-Dame la Copa Camille-.

Entonces la vampira lo relacionó todo.

-Has sido tú… tú les has dejado escapar… ¿Por qué? ¿Por el chico? Ya veo…realmente te enamoraste de él.-

-La Copa- insistió el brujo.

-¡Nos ha traicionado! – Les dijo a Bat y Rafael – Éste estúpido cretino nos ha traicionado. ¡Cogedle! – Ordenó pero ninguno de los otros dos obedeció y rápidamente ató cabos de nuevo- Ya veo… así que vosotros dos también os habéis unido al grupo de los desleales-.

-Parece que te has quedado sola- se burló Bat.

-Oh tenéis razón he sido una niña muy mala- teatralizó Camille carcajeándose posteriormente- Os voy a decir una cosa: no os daré la Copa ¿Sabéis por qué? Porque ya se la he dado a otra persona- les susurró a forma de secreto.

Los tres varones se miraron desconcertados.

-Ay mi querido e inocente Magnus…no se puede ser de corazón blando en una guerra. ¿Crees que eres el único que sabe jugar a la doble vida? ¿A caso crees que no me di cuenta de inmediato de que te enamoraste del nefilim? Por favor tendrías que haberte visto la cara cuando hablabas de él… así que yo jugué mis cartas y procuré por mi supervivencia. Me uní a los vencedores.-

-¿Dime que no estás hablando de Valentine?- Casi suplicó Rafael.

-¿Te has vuelto majareta? ¿Le has entregado la Copa a Valentine? ¿A caso no sabes que la quiere para destruir a todos los subterráneos? ¿Has olvidado lo que eres?- Bat no se podía creer lo que estaba escuchando.

-He llegado a un acuerdo con él: la Copa a cambio de mi supervivencia. Eso y me dejará liderar algún que otro ejército que podré hacer con el lo que me plazca-.

-¿Y tú te lo has creído?-.

-O sí, ya me dio una paga y señal- y del bolsillo se sacó un pequeño silbato recubierto de oro y lo hizo sonar victoriosa.

De ese extraño silbato salió una luz, que se quedó flotando en el aire, e iba creciendo segundo tras segundos hasta convertirse en un amplio portal de donde salieron una decena de hombres armados hasta los dientes y con relucientes armaduras. Magnus se miró a los recién llegados: no eran hombres normales estaban como poseídos. No era la primera vez que el Gran Brujo de Brooklyn se topaba con gente como aquella: zombis en estado puro sin voluntad propia, sin sentimientos ni dolor físico y obedeciendo ciegamente las ordenes de su amo.

-Cogedles- Ordenó la vampira con voz autoritaria.

De repente los tres chicos se vieron envueltos de manos que los agarraban por todas partes y con afiladas armas rozando sus pieles en espera de órdenes. Lo primero que hicieron fue encadenar las manos del brujo para que no pudiera hacer uso de sus poderes. Camille parecía estar disfrutando con toda aquella situación. Rafael que todavía estaba intentando asimilar todo aquello, no se dio cuenta de que uno de aquellos horripilantes soldados se le acercaba por detrás y con la ayuda de una jeringuilla la inyectaba agua directamente a la yugular. Notó como si fuego puro acabase de entrar en su cuerpo: era agua bendita. Empezó a retorcerse de dolor y notó como poco a poco perdía el control de su cuerpo.

-Y dime querido amigo ¿Ha valido la pena morir por salvar la vida a los que siempre te han despreciado?- Le preguntó Camille.

Pero el pobre Rafael ya no pudo contestar. Afortunadamente para él su agonía duró poco y en menos de diez minutos ya estaba muerto. Era la primera vez que Bat veía como mataban a un amigo suyo y lo que sintió fue muy extraño: en ese momento todos los sentimientos desaparecieron y tan solo quedó el instinto de supervivencia. Lo que más le preocupaba no era la recién muerte de Rafael sino que él sería el siguiente en caer. Notó como todo el cuerpo le temblaba y empezaba el proceso de transformación en lobo, pero Camille que gracias a sus largos años de vida supo lo que estaba pasando, hizo que sus soldados rompieran varios huesos de Bat consiguiendo así que el dolor impidiera la transformación.

-Espera, espera… todavía no es tu turno… ¿Quién te ha dicho que tú eras el siguiente en morir? No seas tan impaciente- regañó Camille a un dolorido Bat que no se podía levantar del suelo. –El próximo será…- y lentamente dirigió su dedo índice hacía Magnus y le señaló – Tu novio. El dulce e inocente angelito de preciosos ojos azules-.

-¿Qué?- Magnus notó como el corazón se le paraba y todo el cuerpo se le tensaba.

-Sí… será divertido… ahora ordenaré a todos estos cabeza huecas que vayan a buscarle y que cuando lo encuentren me lo traigan vivo… quiero divertirme un poquito con él antes de que muera.-

-No le vas a tocar- amenazante Magnus.

-No te pongas celoso bomboncito lo haré delante de ti para que no te pierdas ni un solo detalle, ni uno solo de sus gritos de dolor o lágrimas-.

Camille tuvo la precaución de atar las manos del brujo para que no pudiera defenderse, pero lo que ella no sabía era que cuando un brujo era poderoso (y más uno con tanto poder como Magnus) su magia no salía tan solo de sus manos: la energía fluía por cada poro de su piel. La ira y la impotencia del Gran Brujo eran tan grandes que su rabia salió en una especie de aura formada por fuego azul que rodeaba todo su cuerpo. Camille se asustó tanto que hizo uso del silbato para hacer venir a otro grupo de soldados. Mientras que el portal se abría del todo para dejar paso al nuevo ejército el fuego que rodeaba a Magnus quemó a sus captores convirtiéndoles en simples cenizas. El brujo de Brooklyn miró el portal de donde ya empezaban a entrar los nuevos soldados y se giró hacía Bat

-¡Vete! Encuentra a los chicos y diles que Valentine tiene la Copa-.

-Pe…pero- tartamudeó el licántropo.

-¡Ahora!- Le exigió con un grito Bane.

-A lo mejor has matado a unos pocos de mi ejército pero tengo centenares de ellos- comunicó Camille a Magnus- el cazador de sombras morirá- con rabia. – Soldados encontrad a…-

Pero no pudo seguir hablando: el fuego azul de Magnus había desecho sus cadenas dejando libre sus manos y ahora de sus dedos índice y corazón había hecho salir una especie de látigo de energía amarilla que enrolló en el fino cuello de la vampira impidiendo que esa pudiera hablar.

-Entonces no me queda otra opción que cerrarte la boca para siempre- amenazó Magnus a Camille. –No voy a dejar que nadie, absolutamente ¡NADIE! Dañe a MI Alexander.-

Bat podía ver como las fuerzas de Magnus estaban decayendo y el brujo también era consciente de ello así que como pudo rompió uno de los grandes ventanales y tiró a Camille fuera a la calle. El licántropo sacó fuerzas aún no sabe de donde y se convirtió en lobo huyendo por esa misma ventana. Se giró hacia Bane y le vio cayendo al suelo del agotamiento y sonriéndole con complicidad sabiendo que él haría llegar el mensaje al grupo de nefilims fugitivos. Los nuevos soldados lo cogieron y se lo llevaron a través del portal. Lo último que vio Bat antes de echarse a correr fue a Camille quemándose con el espléndido sol que empezaba a salir esa mañana. Sus gritos eran escalofriantes. Cien metros más adelante dejó de oírla: Camille se había convertido en un simple puñado de cenizas.

Bat tuvo que convertirse en humano ya que no podía correr en forma de lobo por las calles de la ciudad pero eso hacia que se desplazase mucho más despacio y el dolor de los huesos rotos tampoco es que le ayudase demasiado. Sabía que debía dirigirse al reino de las hadas pero se veía totalmente incapaz de llegar a él. Para empezar era de día y la puerta solo se veía de noche y a más a más seguramente ahora los seguidores de Camille ya habrían empezado a buscarle. ¿Qué tenía que hacer? ¿Quedarse sentado en un banco del parque y esperar a que oscureciera? Debía esconderse donde fuera pero la cabeza le empezaba a rodar y la vista se le nublaba debido a la gran pérdida de sangre. No podría cumplir la promesa que le había hecho a Magnus. La oscuridad se apoderó de él. Cuando abrió los ojos de nuevo estaba tumbado en una cómoda cama de hojas y tenía el cuerpo recubierto de vendas. A su alrededor Maia, Lily y los jóvenes nefilims lo estaban mirando. Busco de inmediato los azules ojos de Alec. Seguía vivo, tenía mal aspecto pero seguía vivo. Los esfuerzos de Magnus no fueron en vano. Sonrió victorioso: podría cumplir su promesa y dar el mensaje.

Continuará en capítulo 8