Disclaimer
1) Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
2) Esta historia surgió a partir de una serie de fragmentos que fui adaptando: agregando partes, sacando otras. Espero que no haya quedado muy incoherente.
3) Le debo historias a Mousse, mi personaje favorito de Ranma junto con Ranma y Akane (a quienes considero como uno).
4) Se agradecen reviews, sugerencias y críticas con respeto.
5) ¡Gracias por leer!
Creo que acabo de cometer un error
Había llegado el momento que tanto había esperado. Lo tenía todo planeado. Con los polvos que le había robado a la bisabuela había creado una poción que haría que, quien la oliese, se durmiera. Eso le daría tiempo para llevársela lejos y empezar una nueva vida. Esperó a que atardeciera y Shampoo entrara al restaurante. Era su momento. Ahora sí que Saotome debería despedirse de Shampoo para siempre.
Pero ese día, ella se estaba tardando demasiado. Ya había cerrado y de Shampoo ninguna señal. Hasta se había dormido por un momento esperándola. Despertó de un salto pensando en que había perdido su oportunidad. Pero luego de un par de minutos, se dio cuenta que Shampoo no había llegado. Seguramente estaría donde Saotome y la sangre le hirvió, pero se tranquilizó un instante después pensando que, en unos momentos más, no tendría que preocuparse ni por Ranma ni por nadie.
El tic tac del reloj comenzaba a impacientarlo. Shampoo seguía sin volver, quizás era mejor ir por ella. No, la esperaría, con lo rápida que era probablemente se le escaparía. La única opción era atacarla por sorpresa y eso haría. Llevaba mucho tiempo ideando su plan, esta vez era imposible fallar.
Cuando ya perdía la esperanza, vio una silueta de mujer que se acercaba. Era Shampoo, por fin. Esperó a que cruzara la puerta y se lanzó sobre ella, adormeciendola con su fórmula mágica. Se sentía mal por lo que hacía pero Shampoo no le había dejado otra opción. Ésta forcejeó por un momento tratando de zafarse pero en unos segundos, cedió. Era su momento. Tomó el bolso que tenía preparado, se echó a Shampoo al hombro y salió. La verdad es que quería llegar a China: había un camino largo por delante. Tenía que desorientarla para que no pudiese volver, al menos no fácilmente. Hubiese deseado que Shampoo tuviese el sentido de orientación de Ryoga pero ella era tan hábil, tan fuerte, tan hermosa. Suspiró. Por eso la amaba. Mirando un mapa que llevaba consigo, decidió tomar otra ruta para llegar a China por lo que era necesario internarse en el bosque y así lo hizo. Comenzó a cansarse, Shampoo estaba haciéndose cada vez más pesada pero no la bajaría mientras durara el efecto de los polvos, así ganaría tiempo. Se adentró más aun en el bosque. Ya había caminado mucho y el cansancio se estaba apoderando de él. En ese momento, el efecto de su poción mágica empezó a menguar porque Shampoo comenzó a sacudirse suavemente en un principio para luego transformarse en una verdadera bestia. Se puso a correr hasta que las patadas y puñetazos de Shampoo lo acabaron y cayeron los dos al suelo. Ahí, la muchacha se revolvía en el piso mientras él sonreía triunfante. Por fin solos y lejos.
– Ahora estaremos juntos, Shampoo, sin que nadie nos moleste.
– ¿De qué diablos estás hablando Mousse? ¡Yo no soy Shampoo!
Mousse se ajustó los anteojos. No podía dar crédito a lo que veía. Había raptado a la persona equivocada.
– Pero ¿tú qué haces aquí, Akane Tendo?
v. v. v. v. v
– Verdaderamente deberías cambiar esos anteojos Mousse. No estaríamos en esta situación.
Mousse estaba desconsolado. Había arreglado todo por tanto tiempo y, al final y como siempre, todo salía mal. Ahora estaba solo en un bosque con Akane sin saber qué hacer.
–¿Por qué estabas tú ahí, Akane Tendo? Es Shampoo la que debería estar aquí, no tú.
– Fui a arreglar cuentas con Shampoo. Como siempre, estaba acosando a Ranma y se lo llevó quién sabe dónde. Pensé que estaba en el restaurante y por eso fui. No pensé que me llevaría esta sorpresa.
Akane suspiró. Las probabilidades de que Mousse se equivocara no eran una novedad pero que ella se viera envuelta en una de sus locuras, era algo que nunca se le había pasado por la cabeza. Y ahí estaban. Lo peor de todo era que Mousse parecía no tener la más mínima idea de dónde estaban. Tenía un mapa, sí pero apenas entendía qué decía. Akane tomó el mapa y lo miró. Gritó espantada.
– ¡Mousse! ¡Este es un mapa de Okinawa!
¿Okinawa? Eso estaba lejos.
– ¿De dónde lo tomaste Mousse?
– Estaba en el restaurante pero creo que me equivoqué de mapa– Mousse se veía desconsolado.
¿Qué harían ahora? No sabían dónde estaban ni menos cómo salir. Lo peor es que ya era de noche; aunque lo intentaran, no alcanzarían a volver. Tendrían que pasar la noche ahí, no tenían otra opción. Al menos Mousse había llevado sacos para dormir. También tenía comida pero ninguno de los dos tenía ganas de comer. Mejor se dormían. Quizás era una pesadilla y al despertar estarían nuevamente en su casa.
Cuando despertaron, seguían donde mismo. No era un sueño. Estaban perdidos y, lo peor, sin saber cuál camino tomar para volver. No sabían ni por donde empezar. Akane tenía ganas de matar a Mousse pero cuando lo veía tan desmoralizado, no tenía corazón para maltratarlo. Pero sí se merecía un golpe, o unos cuantos.
Bien, no llegarían a ningún lado lloriqueado y quejándose. Debían actuar. El mapa de Mousse servía de nada por lo que lo primero que debían hacer era ubicarse. Tokio debía estar al este y hacia allá irían. No pasó mucho tiempo para que se dieran cuenta de que estaban andando en círculos. Akane comprendió que lo mejor sería que ella tomara las riendas del asunto porque Mousse no hacia más que desesperarse y maldecirse por ser tan estúpido.
– Mira Mousse, con esa actitud no vamos a llegar a ninguna parte. En vez de estar flagelándote, ayúdame a encontrar una solución a este problema. Por si no has notado, hemos estado dando vuelta en círculos – ahora fue Akane la que sollozó –. No quiero pasar otro día aquí.
Y eso fue lo que exactamente sucedió. Estaban agotados y sin una señal de cómo resolver su problema. Estaban muertos de hambre y esta vez sí que comieron las provisiones que Mousse llevaba aunque fueron cautelosos. No sabían cuánto tiempo estarían en ese lugar. Confiaban en que sería poco. Pero ¿si no era así?. Tampoco querían morir de hambre en el futuro.
La comida estaba realmente deliciosa. Akane le preguntó a Mousse si él la había cocinado. Para su desgracia, no. Fue Shampoo. Akane sintió que se llenaba de ira al ver que Shampoo podía hacer algo que a ella jamás le había resultado. Pero se contuvo: no era el momento de mostrarse celosa, menos delante de Mousse que idolatraba a esa mujer y, cualquier cosa que dijera sobre ella probablemente le nublaría el juicio.
– Mousse, debemos saber exactamente dónde estamos, es el primer paso para salir de aquí. Creo que tengo una idea pero no será fácil para ti. Ni para mí.
La idea era que Mousse se convirtiera en pato y sobrevolase el bosque para ver si había alguien cerca que los pudiese guiar o, en el peor de los casos, volase a la ciudad a buscar ayuda. El plan no dejaba de ser desfavorable para ella: no contaba con que Mousse se perdiera, no era Ryoga. Pero sí que, al no encontrar ayuda cerca, tuviese que lidiar con un pato por el resto de lo que les quedaba ahí. Porque conseguir agua tibia en ese lugar, era imposible. Lo segundo, y más terrible, era que Mousse volara hacia la ciudad y no alcanzase a volver luego: tendría que pasar la noche sola en ese lugar. Lo peor sería que Mousse no lograse ver nadie y se quedasen ahí por bastante tiempo, sin provisiones para subsistir. A Mousse le pareció buena idea pero tenía un sólo reparo: no quería dejar a Akane sola. Él la había metido en ese lío, no podía abandonarla. Ella le explicó que no tenían más dónde elegir. Quedaba la posibilidad de que los salieran a buscar pero tampoco era seguro que los encontraran, pronto al menos. No debía preocuparse por ella, confiaba en él y sabía que volvería. Además, no le temía a la soledad.
Lo que quedaba ahora era encontrar alguna fuente de agua. No podían arriesgarse a ocupar la que les quedaba, que ya era poca. Buscaron y encontraron, no muy lejos, un pequeño riachuelo que les serviría. Suspiraron, tomaron fuerza y lo hicieron. Mousse convertido en pato, se preparó para partir. Akane trepó a un árbol para que, desde el cielo, él lograse verla. Rogó para que esta vez su visión no le fallara.
– Confío en ti Mousse. Lo lograremos – le dijo Akane antes de que partiera. Sintió algo extraño en el corazón. No era miedo pero sí una sensación extraña. Sin saber por qué pensó en Ranma.
Mousse voló con todas sus fuerzas sobre el bosque, era inmenso y no creía que fuese a encontrar a alguien que los pudiese ayudar. Estaba ya planeando en volar hacia la ciudad cuando, a lo lejos, divisó una cabaña. Era su salvación. Debía volver rápido donde Akane porque, si anochecía, le sería imposible volver a ver la cabaña y deberían volver a intentarlo al día siguiente, confiando en tener suerte. Se fue volando a baja altura y se desesperó un poco cuando se dio cuenta de que no encontraba a Akane. Dio muchas vueltas y sintió un nudo en la garganta. ¡Pobre Akane! Estaba sola, en un lugar inmenso y todo por su culpa, por su amor por Shampoo, o por su obsesión. Ya ni sabía lo que era. De pronto, ahí, arriba de un árbol, la encontró.
– ¡Mousse! – gritó Akane. Nunca había estado tan feliz de ver a alguien –. ¡Estoy aquí!
Mousse se fue a su lado y con aleteos y graznidos le trataba de decir que había encontrado algo. Akane no le entendía y entre más se esforzaba menos lo hacía. Empezó la desesperación y, con ella, las ganas de llorar. Mousse comenzó a tironearla de una manga mostrándole que lo siguiera. Eso debía ser una señal. Akane bajó del árbol tan pronto como pudo y comenzó a seguir al pato. En principio éste se mostraba algo desorientado y no daba con el camino correcto. Akane empezó a preocuparse ¿Lo lograrían? Comenzó a repetirse a sí misma que confiaba en Mousse, aunque también tenía ganas de agarrarlo por el pescuezo y matarlo por haberla metido en semejante drama. Al fin, Mousse recordó el camino y graznando le indicó de que ya sabía donde estaba. Akane estaba cansada. Tenía que llevar las provisiones que les quedaban además de la ropa de Mousse que parecía pesar una tonelada ¿Cómo podía éste soportar ese peso? Al fin, frente a ellos, una cabaña. Akane suspiró aliviada. Era una luz de esperanza. Cayó de rodillas para recuperar el aire y tomar fuerzas con el fin de llegar a su objetivo, que no era tan lejano pero que a ella le parecían kilómetros de distancia. Recogió las cosas, tomó a Mousse entre sus brazos y se dirigió al pequeño hogar, confiando en que, los recibieran primero y los ayudaran después.
