Capítulo 2

Siete veces, nada más y nada menos que siete veces había llamado al móvil del maldito detective Danny Williams sin que este se molestara en contestar.

Steve gruñó cabreado y colgó el teléfono por séptima vez. Era como si ese estúpido detective supiera que era él quien aguardaba al otro lado de la línea y pensara que no valía la pena cogerlo.

Caminaba hacia el coche cuando el móvil vibró en sus manos llamando de nuevo su atención, aunque no era el número de Williams, como en el fondo le hubiera gustado, el que se reflejaba en la pantalla.

¿Qué esperabas?-se gruñó a sí mismo- son poco más de las cinco de la mañana, seguramente el idiota orgulloso esté durmiendo mientras tú te molestas en intentar devolverle su placa. ¿Y por qué lo haces eh? ¿Por qué demonios te molestas, McGarret? Déjalo correr…

-Kono, ¿Qué tienes?- preguntó a su nueva agente, directo al asunto y sin dar los buenos días.

Lo cierto era que el comandante no estaba de muy buen humor, entre intentar localizar a los asesinos del embajador japonés, tener que estar soportando las llamadas continuas del gobernador pidiendo novedades sobre el caso, y darle vueltas en la cabeza al asunto del detective Williams y el 5.0, había sido una noche en vela de lo más larga.

-Hemos localizado el vehículo de la huida, jefe. Las cámaras de tráfico lo rastrearon hasta una zona de apartamentos al oeste de Pearl Harbour. Está registrado a nombre de un residente chino con visado temporal llamado Xing Ma Lei.

-Buen trabajo, Kono. Ahora dime que ese cabrón está registrado.

-Lo está, jefe. – Escuchó decir a la voz de Chin al otro lado del teléfono, Kono había puesto el manos libres para que pudiera oírle-. Un par de delitos menores, robo a mano armada, robo de vehículo… nada que cuadre con el asesinato de un diplomático japonés o que lo ligue a las Triadas chinas. Puede ser todo o nada, pero tenemos su última dirección.

-Bien, mándamela al móvil, nos vemos allí.

Steve colgó el teléfono y sacó las llaves de su coche, entró en él y únicamente tuvo tiempo de poner hacer rugir el motor antes de que el endemoniado aparato volviera a sonar.

Una vez más sintió la traicionera y fugaz esperanza de que fuera el detective Williams el que se dignaba a contestar a sus llamadas.

De nuevo se equivocaba…

Resopló al comprobar que era el número del gobernador Denning, el privado… Otra vez… y se puso el terminal en la oreja mientras intentaba calmar su frustración.

-McGarret.-contestó.

-¿Dónde demonios está, Comandante? – Preguntó el gobernador enfadado, dejando a un lado la amistad y hablándole con un tono totalmente oficial-. Le recuerdo que a mediodía he de dar una rueda de prensa, y necesito que su unidad me de las respuestas a las preguntas que todos sabemos van a formular los periodistas. ¿Cómo? ¿Quién? ¿Y por qué?

-No puedo darle el cómo se infiltraron en la gala o el por qué, señor, pero estamos cerca de darle un quién. Mi equipo ha localizado el vehículo de la huida a nombre de un residente chino de la isla, con dirección reciente de una zona de apartamentos de Pearl Harbour, voy en camino.

-Bien, quiero un informe completo en cuanto tiren esa puerta abajo, ¿entendido?

-Sí, señor- contestó obediente el comandante, con un tono evidentemente molesto en su voz. Estaba algo más que harto de aguantar las tonterías de Denning desde su llegada-. Le informaré en cuanto pueda.

-Tienes hasta las doce, Steve-advirtió el gobernador, volviendo a hacer uso de la confianza que había entre ellos, y con toda la intención de dar por zanjada la conversación-. El protocolo exige una rueda de prensa inmediata para informar de los posibles riesgos terroristas en la isla, el 5.0 ha de…

-Sabes, Sam… -le interrumpió fastidiado por que se creyera con derecho a manipularle con su amistad solo cuando le convenía, sería mejor que le dejara las cosas claras desde el principio- No estoy muy familiarizado con los protocolos políticos establecidos entre tu despacho y el 5.0. Hasta ahora mi forma de hacer las cosas incluía protocolos que pensaban primero en solucionar el problema, en las posibles víctimas y daños colaterales…

-Pues familiarízate con él… ¡Ya!-contestó el gobernador, cabreado por su insinuación.-Williams no tuvo problema en hacerlo de inmediato.

McGarret se rió ante esa afirmación.

-Y estoy seguro de que le gustaba tan poco como a mí-contestó divertido-. Pero es un buen policía, cumplió con su trabajo sin replicar… No sé si yo puedo hacer eso-mintió, era completamente capaz de seguir órdenes sin cuestionarlas, de otro modo nunca hubiera llegado a nada en la Marina.

-Lo harás… Lo harás, Steve… ¿Me oyes?-le advirtió Sam.

McGarret volvió a reírse, esta vez haciéndolo de forma exagerada para que su amigo pudiera oírle. Denning se había molestado en intentar convencerle en unirse para formar parte desu unidad durante los dos últimos años, le quería allí, no iba a arriesgarse a dejarle marchar ahora que había cedido y le tenía a sus órdenes.

-No puedo prometerte nada…-bromeó- Quizás te iría bien asegurarte de que él sigue por aquí y se ocupa de que así sea.

-Steve…- Denning supo enseguida a lo que el comandante se refería. Sabía que toda esa conversación solo tenía un propósito-. Williams ha pedido el traslado al departamento local de Lukela. Es su decisión, no puedo hacer nada al respecto.

-Y una mierda…-contestó riéndose sarcástico- tú tienes la última palabra y lo sabes. Niégale el traslado.

-¿Y luego qué, Steve? Es un buen agente, no puedo dejarle en la calle.

No era eso precisamente lo que el comandante quería.

-Pero puedes hacerle entender que le quieres en el 5.0, que le necesitas en mi equipo y que no admitirás un no por respuesta.

-Steve…

-Sam… -le cortó McGarret- Hay un vuelo a Washington mañana a primera hora. Puedo estar de vuelta en la base para la próxima instrucción.

-¿Me estás amenazando?-se quejó el gobernador.

-Te estoy ofreciendo lo que querías, a mí en el 5.0. Haz que Danny vuelva al equipo y yo mismo me ocuparé de servirte en bandeja de plata a esos tres chinos, para que puedas quedar como el salvador del pueblo ante la prensa y dedicarte a pensar en la próxima gala benéfica… amigo-y tras esas palabras colgó el teléfono y pisó el acelerador.

-¡Lo sé!, ¿Vale?, lo sé… Soy un hombre adulto, nene… soy capaz de darme cuenta de cuando la he jodido. No necesito que tú me lo ratifiques- aceptó Danny, gritando al auricular del teléfono como si Adam estuviera a cien millas de distancia y no al otro lado de este.

Tras entregarle la placa y el arma a Steve, el detective Williams había salido en estampida del lugar en el que se celebraba la gala benéfica, subido a su Camaro plateado, y conducido sin rumbo y con el acelerador a fondo durante varias horas.

Cuando por fin aterrizó en su apartamento, tenía tantas llamadas perdidas en su móvil que pensó que no tendría más remedio que contestar a alguna de ellas, si no quería que mandaran a un escuadrón de emergencias de los SWAT a buscarle.

Siete llamadas de un número desconocido que no se molestó en comprobar, si sus sospechas eran ciertas, podía imaginarse a quién pertenecía. No, gracias…

Seis llamadas del Gobernador Denning, cuatro de Kono, cuatro de Chin y una de Adam.

Fue esa última a la única que contestó.

Se quitó la chaqueta, aflojó la corbata, desabrochó los tres primeros botones de su camisa y se dejó caer hacia atrás en la cama.

En esa posición llevaba veinte minutos discutiendo (literalmente) con Adam, y a esas alturas estaba más enfadado que cuando empezó.

Danny había llamado al gobernador con la intención de pedir el traslado del 5.0 al departamento de policía local. Por nada del mundo pensaba ser el compañero segundón de un soldado sabelotodo que se creía mejor que él.

Adam intentaba hacerle comprender que no podía dejar atrás todo por lo que había luchado esos dos años solo por orgullo. Que se equivocaba no dándole una oportunidad a la posibilidad de trabajar junto a McGarret. Al parecer, para desgracia de Danny, el jodido comandante tenía un historial tan impresionante y lleno de medallas como el muro de los caídos de la CIA.

-Claro que lo sabes, Daniel. A pesar de lo que parezca por tu actuación de anoche en la gala, eres lo suficientemente inteligente como para darte cuenta de que la has cagado, cariño-contestó guasón el japonés.

-¿Tu llamada perdida era un intento de tranquilizarme? ¿De consolarme o algo parecido? –Preguntó, furioso- ¿Eh? Porque en estos momentos debes ser algo así como el peor novio consolador del mundo…

Danny supo lo mal que había sonado eso último nada más pronunciarlo. "Novio consolador" Uf… No podía ver la cara de Adam, pero el silencio que se hizo entre ellos y el tono en la contestación del japonés le confirmó que así era, era capaz de adivinar la diversión en su voz sin necesidad de esforzarse. Incluso podría imaginarle intentando no reírse para no empeorar el cabreo del detective.

-Bueno, al menos has reconocido que soy tu novio-pero no era realmente diversión lo que había en su voz, podía ser que intentara que Danny pensara que sí lo era, que estuviera tratando de convencerse a sí mismo de que esa frase había sido divertida, pero en el fondo estaba molesto. Para una vez que el maldito americano admitía lo que había entre ellos en voz alta y lo hacía de un modo tan despectivo.

-Noshimuri…-dijo en tono de advertencia, incorporándose en la cama y quedándose sentado en ella con los codos en las rodillas. Adam cerró los ojos y esperó la explosión, Danny siempre le llamaba así cuando su cabreo con él rozaba extremos insospechados-. Olvídalo, quieres. No debí llamar-fue todo lo que dijo finalmente.

El japonés se sorprendió al ver que esa explosión de rabia que esperaba no llegaba.

-Daniel, no pretendía…-se disculpó, sabiendo que no debería hacerlo, pero no pudiendo evitarlo.

-Olvídalo, ¿vale?- repitió molesto.- Estoy seguro de que tienes cosas más importantes en las que pensar que en mi posible traslado. ¿Cómo fue tu gala?- preguntó sin querer saber realmente la respuesta- al menos el tiempo que pudiste disfrutar de ellas sin que esos malditos chinos aparecieran.

-El gobernador me dio la enhorabuena por la organización del evento, justo antes de lo sucedido con Yamada me dijo que quería que me encargara de varios asuntos diplomáticos que tiene pendientes en breve.

-Vaya, eso es genial…-su respuesta volvió a ser menos interesada de lo que le hubiera gustado. Fingió cuanto pudo, pero en esos momentos no era bueno fingiendo nada que no fuera estar muuuy cabreado.

-Bueno, te habrías enterado allí mismo si no hubieras salido corriendo al bar en cuanto le viste venir.

Danny cerró los ojos y chasqueó la lengua con los dientes. ¡Ooops!

-Adam…-esta vez su tono fue suave y de disculpa.

-Déjalo, Daniel-lo imitó el japonés-. Te quiero, y sé que estás pasando por un mal momento, así que ya hablaremos cuando estés menos afectado por todo este tema.

-Ok… te veo luego-se dio cuenta de que esa no era la respuesta que Adam deseaba en cuanto le escuchó suspirar resignado al otro lado de la línea-. Adam yo… vamos, sabes que me importas y…

Pero todo lo que obtuvo como respuesta fue el sonido de la línea comunicando.

-¡Mierda!...

Danny se maldijo a sí mismo por ser tan idiota, dejó caer el móvil hacia atrás, encima de la cama, y enterró la cara en sus manos.

¿Qué coño había hecho él para que las cosas se torcieran de ese modo de la noche a la mañana?

¿Por qué demonios tenía que haber aparecido ese maldito comandante en su vida para joderlo todo?

Si volvía a echarse al jodido Steve McGarret a la cara él…

Con ese pensamiento en su mente se quedó completamente dormido.

El timbre de la puerta de su apartamento fue el que se ocupó de despertarle horas después, obligándole a levantarse para comprobar quién le reclamaba.

Miró el reloj de su muñeca, las once treinta y dos. ¿Quién demonios podía ser a esas horas?

La redada en Pearl Harbour había sido todo un éxito. Cuando registraron el apartamento de Xing encontraron los uniformes usados para infiltrarse en el servicio de catering de la gala benéfica e indicios de la fabricación de varios pasaportes falsos.

Entre los restos de material utilizados para fabricar la documentación falsa, encontraron un par de huellas parciales con las que pudieron identificar a otro de los tres tipos chinos.

-Edison Chen. Viajó a la isla hace dos meses con un visado de trabajo. Al igual que Xing solamente tiene un par de delitos menores en su haber…

-Pero…-por la forma en la que Chin le miró, Steve supo que había algo más.

El equipo del 5.0 se había reunido en el cuartel general para contrastar los datos de los sospechosos e intentar identificar al tercer miembro de la banda, el tirador al que McGarret persiguió.

-Le he investigado, a diferencia de Xing, Chen sí tiene cierta relación con una de las Triadas chinas asentadas en la isla. Si damos con él quizás consigamos averiguar quién es el tercer sospechoso.

-Ok. Chin, rastréale y encuéntrale. Tarjetas de crédito, cuentas bancarias, teléfonos móviles... Todo… Cuando le tengas quiero saber cada paso que da, cada persona con la que habla por la calle… TODO. –Repitió- Si se reúne con el tirador son nuestros.

-Sí, jefe-obedeció el isleño volviendo a fijar su mirada en el ordenador central de la mesa táctil que había frente a él.

-Kono…- dijo volviéndose esta vez hacia la chica para darle indicaciones-. Tú date una vuelta por el barrio chino a ver qué puedes averiguar. Necesitamos un motivo para el atentado contra el embajador japonés, quizás haya sucedido algo últimamente entre las Triadas y la Yakuza que no sabemos. Puede ser un ajuste de cuentas.

Chin y Kono se miraron un instante.

-¿Qué?-preguntó el comandante curioso.

-Las cosas con la Yakuza japonesa han cambiado bastante en los últimos meses en la isla, jefe…- contestó la chica- Adam Noshimuri se encarga ahora de los asuntos exteriores de la embajada, era el ayudante personal de Yamada antes de morir.

- ¿Noshimuri? ¿El hijo de Hiro Noshimuri? ¿Estás de broma? -se sorprendió McGarret. Estando de servicio intentaba estar al tanto de las noticias importantes de su tierra natal, pero no siempre era posible. Definitivamente necesitaba que alguien le pusiera al día cuanto antes.

-No, jefe…-intervino Chin, sonriendo ante su sorpresa-. La Yakuza ha estado bastante tranquila desde la muerte de Hiro y el nombramiento de Adam como jefe. Ha cerrado muchos de los negocios ilegales que su padre tenía en la isla, y abierto otros que han dado puestos de trabajo a cientos en los últimos meses. No creo que tenga mucho que ver en esto…

Kono volvió a mirar a Chin y a desviar la mirada cuando McGarret la observó contrariado. Ninguno de los dos quería hacer referencia a que Adam Noshimuri era ahora alguien "allegado" para Danny, pero tampoco podían evitar pensar en ello.

-¿Qué es lo que no me estáis contando?-preguntó suspicaz.

-Noshimuri es un amigo… un buen amigo del detective Williams, Steve… -admitió finalmente Chin- nos ha ayudado en un par de casos últimamente que han resultado con un par de miembros de la Triada entre rejas. Quizás…-el agente Kelly miró a su prima Kono un instante antes de continuar, ella le miró resignada y asintió-. Quizás podría ir a hablar con él, volver a interrogarle e intentar que me cuente lo que sabe. Puede que tenga información útil.

Tanto Chin como ella pensaban que sería mejor que alguno de ellos se ocupara de hablar con Adam, que ante todo no fuera Steve el que lo hiciera. Estaban seguros de que a Danny no le gustaría que su novio fuera interrogado por el comandante.

-No.-se negó Steve, haciéndose evidente en su voz que no le gustaba lo que acababa de oír-. Kono, investiga a las Triadas. Chin, quiero una diana en el culo de Cheng. Tenemos que dar con él antes de la rueda de prensa.

Steve no se dio cuenta de lo que acababa de suceder. De todo lo que había oído, de toda la información sobre Adam Noshimuri y la Yakuza japonesa de la isla, la frase que se repetía en su cabeza no era otra que "Noshimuri es un amigo… un buen amigo del detective Williams". No le gustaba cómo había sonado eso… No tenía ni idea del motivo, pero no le gustaba.

Se encaminó a la puerta, pero la voz de Kono le detuvo un instante.

-¿Vas a ir a hablar con Noshimuri?-adivinó la isleña.- Porque acabo de llamar a su oficina. Se han negado a pasarme.

-No te preocupes, a mi me recibirá-sonrió suficiente, sin dejar de andar hacia la salida.

-No me han pasado con él porque estaba reunido con el gobernador preparando el encuentro con el primer ministro japonés…-aclaró Kono, creyendo que de ese modo frenaría su estampida hacia la puerta-… al parecer aterrizará en la isla en las próximas horas para tratar el asunto de la muerte del embajador y su sucesión en el cargo.

El comandante puso cara de fastidio ante esa información.

-Entendido. –contestó tajante Steve. Pero aún así se encaminó a la salida.

-¿Vas a ir de todos modos?-preguntó la chica confusa.

-No, hay alguien más con quien tengo que hablar primero-replicó McGarret antes de abrir la puerta y desaparecer por ella-. De una vez por todas.

Danny respiró profundamente y dejó escapar la frustración junto al aire de sus pulmones. Se encaminó a la puerta pensando en que no servía de nada continuar dirigiendo su rabia hacia el comandante Steve McGarret, que no tenía la culpa de que el gobernador Denning fuera un maldito burócrata cobarde incapaz de enfrentarse a él, o de reconocer todo lo bueno que había hecho por esa isla durante esos dos años.

Pensó en la evidente atracción que sintió por Steve en su primer encuentro en el bar de la gala, en el coqueteo que se dio entre ellos desde el primer instante, y se sintió como un idiota al recordar que fue él mismo quién lo provocó. McGarret debía estar riéndose con ganas de su estupidez.

Pero le daba igual… Todo daba igual ya. En unos días su traslado al HPD sería efectivo y no tendría que volver a preocuparse de ese comandante.

Toda la relajación que consiguió gracias a ese pensamiento se fue a la mierda cuando abrió la puerta y vio a Steve parado frente a ella.

Allí estaba él. El motivo de su última noche en vela, del abandono de su placa y del dolor de cabeza descomunal que sentía en esos instantes.

-Buenos días, detective Williams. ¿Bandera blanca?

El comandante había sustituido su traje oficial de la Marina por unos pantalones cargo de color verde militar y una camiseta de manga corta de color azul marino que se pegaba a su pecho y sus músculos tan bien como resaltaba sus ojos claros. Le hablaba con total respeto en la voz, con su profunda mirada desprendiendo amabilidad y pidiendo compasión. Levantando un pack de seis cervezas Heineken en la mano en señal de paz.

Danny le odió automáticamente al ver su expresión. La ira volvió a crecer en su interior como si acompañara al apellido McGarret de forma inevitable.

-Son las once y media, comandante-fue lo único que dijo en un principio.

Steve se rió ante su extraña respuesta.

-Lo siento, es que no soy mucho de café, ¿Sabes?… Además, ¿Quién dice que no podamos tomar una cerveza y charlar un rato a las once y media?... –dijo, dando un paso al frente.

Pensó que así sería, pero Danny no se movió para dejarle entrar, por lo que Steve se quedó comiéndose su espacio vital, casi pegado a su cuerpo.

McGarret le observó de arriba abajo, el detective todavía vestía la ropa de la noche anterior, los pantalones del traje medio desabrochados y los tres primeros botones de la camisa abierta mostrando un ápice del bello rubio de su pecho. No pudo evitar pensar en lo atractivo que se veía el pequeño policía de New Jersey completamente despeinado y con aquella pinta tan desaliñada.

-Veo que no soy el único miembro del equipo que no ha tenido una buena noche-bromeó Steve.

-¿Equipo? ¿Qué equipo?-soltó sarcástico el detective.

-El 5.0 Williams, nuestro equipo. TÚ equipo-. Steve no paraba de buscar la mirada de Danny con la suya.

-Yo no tengo ningún equipo… ya no.-contestó con más tristeza de la que le gustaría mostrar. Sin levantar la vista para mirarle a los ojos.

-No estoy de acuerdo. Aunque lo cierto es que no creo que te admitan en ningún sitio si no te duchas primero. Apestas… - bromeó- ¿Puedo entrar?

Entonces Danny levantó la cabeza y fijó sus ojos azules en los de Steve, por un momento se quedó así, a tan corta distancia que sin esforzarse necesidad de esforzarse podría incluso oler el desodorante del soldado, totalmente perdido en esos ojos. Pensando en qué demonios tenía ese maldito comandante que le atraía tanto como le hacía querer golpearle hasta la saciedad.

-Danny…-susurró McGarret, su lengua acariciando su propio labio inferior de manera sensual y en un gesto lleno de complicidad.

Y fue entonces cuando el detective explotó.

-¿Qué si puede entrar?-preguntó con voz chillona y cabreada- ¿Qué si puede entrar?... ¡JA! Por supuesto que puede entrar… Puede hacer lo que le plazca, comandante… ¿No? -le gritaba moviendo las manos de forma exagerada-. Le habla al gobernador como si fuera un crío idiota, me roba mi puesto, a mi equipo… Y ahora se presenta en mi apartamento con esa cara de cachorro abandonado y blandiendo un pack de seis cervezas a las once de la mañana…

Danny entró en estampida hasta el salón, gritando y seguido de Steve.

-Danny…

-¿Qué…-gritó- ¿Qué demonios quiere de mí ahora?

Cuando se dio la vuelta para encararle, McGarret se estaba sentando en uno de los sillones de la sala, dejando las cervezas sobre la pequeña mesa, y abriendo una con la mano izquierda mientras le brindaba otra con la derecha.

-Te necesito en el 5.0.-fue todo lo que dijo.

-Olvídelo comandante… Y levántese de mi sofá. ¿Quién demonios le ha dicho que se puede sentar en mi sofá?-preguntó alzando las manos frente a Steve y mirando hacia todos lados como si hablara con alguien que no era él.

El comandante se rio en su interior, le hacía gracia cómo la sangre italiana de Williams se hacía visible cuando este se enfadaba. Era como si sus manos estuvieran poseídas y no fuera capaz de gritar sin moverlas descontroladamente.

-¿Siempre eres tan intenso? ¿O soy yo quién despierta tus instintos asesinos?

-¿Qué?...-Danny se quedó descolocado un momento ante la pregunta- ¿Qué si siempre soy… ¿Se está quedando conmigo comandante? Porque después de lo que pasó ayer…

-Siéntate Danny, ¡por favor! –Rogó McGarret intentando calmarle-. Solo he venido a hablar contigo, ¿Entendido?… y tú no tienes que llamarme comandante, así que deja de hacerlo.

-Oh, vale… claro… ¿Y cómo quiere su excelencia que le llame? ¿Señor? ¿Jefe?- preguntó, totalmente fuera de sus casillas.

-Tengo un nombre, Danny, ¿Recuerdas? –finalmente Steve se puso en pie exasperado y se acercó a él-. Anoche en el bar parecías tener claro que no te olvidarías de él. ¿Qué fue lo que dijiste?... ¿Qué si hubiera oído hablar de mí estabas seguro de que te acordarías?-preguntó juguetón.

McGarret intentaba romper el hielo, calmar las cosas con ese comentario, pero todo lo que consiguió del detective fue una sonora carcajada exageradamente falsa.

-Sí, ya… por supuesto que ahora me vienes con esas… Cómo no… Ok, Steven… Volveré a preguntarlo. ¿Qué demonios quieres ahora de mí?

Steve resopló frustrado al ver que el detective no parecía tener pensamientos de bajar la guardia con él.

-A ti… ¿De acuerdo? Te quiero a ti. Te necesito en el equipo.

Por un momento Danny pensó en lo agradable que sería que esas palabras tuvieran un contexto más sexual del que realmente tenían, pero rápidamente apartó ese pensamiento de su mente y lo sustituyó por uno menos amistoso.

-Y yo ya te he contestado. Olvídalo. Yo mismo formé ese equipo hace dos años, no pienso hacerme a un lado ahora que el trabajo sucio está hecho, para que un soldadito condecorado que se aburre venga a llevarse el mérito.

Danny se movió para alejarse de él, pero Steve le sorprendió sujetándole del brazo y evitando que se apartara.

-Te lo dije anoche, Danny… No quiero ser tu jefe. Quiero ser tu compañero. – y por su tono de voz Williams sabía que lo decía en serio. No sabía cómo, pero estaba seguro de ello.

Con una mirada asesina y un gesto brusco, hizo que McGarret le soltara, se acercó a las cervezas que este había dejado encima de la mesita y cogió una.

Steve esperó en silencio mientras veía cómo el rubio abría la cerveza y vaciaba la mitad en su garganta de un solo trago. Después le vio observar la lata unos instantes, como pensando en cuáles serían sus siguientes palabras, sopesando sus posibilidades y su próxima reacción.

-Vete a casa, Steven. Ambos sabemos que esto es una pérdida de tiempo-dijo por fin. Ahora más calmado y con un tono de voz más bajo.

-Danny…- Steve volvió a acercarse a él, pero cuando le tuvo delante, el detective continuó su réplica.

-No… Lo es, ¿vale?... Da igual lo que nosotros queramos, el gobernador te quiere a TI en el mando. Se ha molestado en intentar que lo ocuparas los dos últimos años. La cosa es simple, tú eras el que debía haber hecho mi trabajo desde un principio, y yo tendría que haber sido tu segundo desde entonces. Denning no dejará que sea de otro modo.

-¿Qué más te da lo que quiera Sam?-preguntó enfadado Steve.

-Oh, claro, perdona… ¿Qué le va a importar al gobernador su guardia personal?... Ni que fuera suya…-soltó sarcástico- Pero claro, al Navy SEAL le importa una mierda lo que diga su jefe… ¡Por supuesto! Tú haces lo que te da la gana y cuando te da la gana. Pues aquí tenemos unas normas, ¿Sabes?... Cuando el gobernador dice que se ha de hacer de ese modo, se ha de hacer de ese modo…

-No es eso. ¡Mierda Danny!-la frustración de McGarret iba en aumento, no podía creer que Chin tuviera razón y la cabezonería del detective llegara a ese extremo.- Puede que sea yo quien responda ante Sam a partir de ahora, ¿Vale? Pero en cuanto a lo que a nosotros nos concierne, para mí serías mi compañero, mi socio… Quiero trabajar contigo, no que trabajes para mí…

-Pero… ¿Por qué?... No lo entiendo-Danny recortó el espacio que quedaba entre ellos y se plantó frente a él mirándole fijamente a los ojos-. En serio McGarret. No me conoces, ¿Por qué tomarte la molestia de mantenerme en tu equipo? Puedo asegurarte que sería más sencillo para ti dejar que me fuera, que aguantarme.

-Porque sé muchas cosas sobre ti, Danny. Porque sé que te has ganado ese puesto de mando más que yo cualquiera de mis condecoraciones. Te respeto, Williams… durante los dos últimos años has mantenido a salvo a esta ciudad, cuidado de mi tierra natal, de mi gente… Solo te pido que me des la oportunidad de ayudarte a hacerlo. De que lo hagamos juntos… Sé que podemos ser un buen equipo.

-Ahora es mi gente también, McGarret, no olvides eso-le cortó Danny, levantándole un dedo en señal de advertencia.

Eso hizo sonreír a Steve, como si hubiera obtenido con sus palabras precisamente lo que buscaba.

-Tú lo has dicho, Danny… Es tu gente, tu equipo… tus amigos. ¿Por qué abandonar entonces?...

El detective bajó la mirada, desviándola para no dejar que Steve viera la duda en ella, y se pasó la mano libre por su despeinado pelo rubio.

-No importa quién crean que manda en el equipo, quien haya de dar la cara ante Denning y su maldita prensa…-McGarret se acercó al sofá y volvió a dejarse caer en el de nuevo- Sé que el 5.0 es un equipo, una familia. Te prometo que nadie estará por encima de nadie.

-¿Y por qué habría de confiar en ti?-preguntó dejándose caer a su lado en el sofá, cansado y observando la lata de cerveza que sostenía en su mano para no tener que cruzar la mirada con Steve.

- No te estoy pidiendo que confíes en mi, detective. Te estoy pidiendo que me des la oportunidad de ganar tu confianza, de demostrarte el respeto que siento por ti y por tu trabajo… el mismo que siento por Kono y Chin, y que quiero que mi compañero sienta por el mío.

Danny puso la lata de cerveza sobre la mesita y se dejó caer hacia atrás, respirando profundamente y dejando que su espalda descansara contra el respaldo del sillón. Hundió sus dos manos en su pelo y se quedó callado unos instantes más.

"No le dejes convencerte… Danno, no lo hagas…" -Se decía a si mismo.

El sonido del móvil del detective interrumpió lo que Steve iba a decir. Vio a Danny mirar el aparato y resoplar abatido.

-Es Denning… otra vez.

-Cógelo Williams…-no quiso que sonara a una orden, fue simplemente un reflejo, pero se ganó una mirada molesta del detective y tuvo que rectificar sus palabras-. Por favor Danny…

Y sin saber por qué motivo, Danny se vio a si mismo siguiendo obedeciéndole.

-Williams-contestó levantándose del sofá y alejándose de McGarret.

Durante varios minutos Steve vio como el detective hablaba con el gobernador mientras andaba de un lado para otro de la habitación, cambiando la expresión de su cara en numerosas ocasiones, de un modo que todavía no era capaz de leer, pero que esperaba poder ser capaz de hacerlo algún día.

-Sí, señor-dijo finalmente Danny, colgándole el teléfono y volviendo a acercase a él para sentarse a su lado en el sillón.

-¿Todo bien?-preguntó el comandante, como si no supiera el motivo por el que pudiera llamar el gobernador a su nuevo compañero.

-¿Cómo demonios lo haces?-preguntó Danny curioso, mirándole por fin a los ojos, y viendo como Steve sonreía divertido y alegre.

-No sé de qué me hablas-mintió, fijándose sin quererlo en las preciosas arruguitas que se formaban junto a los ojos del detective cuando sonreía de ese modo.

-¿Qué no sabes de qué…-Danny se rió irónico- El gobernador Denning… Sam…-aclaró haciendo uso de la familiaridad con la que McGarret hablaba de él.- acaba de llamarme para decirme que mi traslado al HPD no es posible, que soy un miembro del 5.0 demasiado valioso y que desea mantener una reunión conmigo para aclarar los puntos necesarios para mi reincorporación inmediata a la unidad.

La sonrisa de Steve se hizo todavía más amplia y satisfecha.

-Ambos sabemos que él nunca se hubiera arrastrado ante mí de ese modo, ¿Qué coño le has dicho?

-La verdad, Danny…-contestó solemne, observando detenidamente el rostro del rubio y fijándose en sus labios más tiempo del que debería- solamente la verdad.

Para su sorpresa, el detective le devolvió una sonrisa agradecida a esas palabras.

-¿Me contarás algún día por qué el gobernador parece besar el suelo que pisas?-fue una pregunta retórica, en realidad Danny no esperaba que el comandante le diera un respuesta.

-Nuestros padres servían juntos hace veinte años…-empezó a explicar McGarret, cogiendo de nuevo una cerveza de la mesa y pasándole la suya a Danny- Sam y yo crecimos juntos. Siempre decíamos que cuando fuéramos mayores serviríamos juntos al igual que nuestros padres.

-¿Denning? ¿Sirviendo en la Armada?-bromeó Danny- lo siento, no lo veo…

-La Marina, Danny… es la Marina- el detective hizo una mueca fastidiada, para él todo era lo mismo- Cuando cumplimos los dieciocho tuve que ayudar a su hermana a salir de un lío en el que se metió con cierta gentuza peligrosa perteneciente a una banda local. Sam ni siquiera fue capaz de reaccionar cuando ella le pidió ayuda, todo lo que se le ocurrió hacer fue venir a buscarme. –recordó con tristeza- Para ese entonces quedaba claro que el contacto físico no era lo suyo, de modo que empezó a decir que algún día él gobernaría la isla y yo dirigiría el escuadrón de élite más importante que hubiera bajo su mando.

-Bueno… parece que lo ha conseguido-afirmó Danny-. Tras dos años insistiendo por fin ha conseguido que accedas a dirigir el 5.0.

Entonces, sin motivo aparente, Steve dejó la cerveza sobre la mesa y se volvió en el sillón para encarar a Danny.

-Entiendo que no nos conocemos lo suficiente aún, detective. – Afirmó mortalmente serio- Pero te he contado esto por una única razón. Necesito que entiendas que lo sucedido con Denning no es culpa tuya, para él tu trabajo en el 5.0 ha sido inmejorable, pero…

-Lo entiendo… siente que te debe algo por lo sucedido con su hermana, ¿no?-le cortó Danny comprendiendo, y agradecido por lo que el comandante intentaba hacer aclarando las cosas.

Steve asintió con la cabeza.

-Solo hay una cosa que no entiendo- afirmó el detective- Vale… un sueño de la niñez le ha empujado a proponerte ser el jefe de su equipo, me parece estúpido y egoísta, pero lo comprendo. Pero… ¿Por qué cree estar devolviéndote el favor de este modo? Ha tardado en convencerte dos años para que aceptes, no parece que esto fuera lo que tú deseabas, sólo lo que él quería.

Por primera vez desde que sus ojos se cruzaron con los del comandante McGarret, Danny le vio bajar la mirada afectado, rehuyendo la suya.

Steve cogió su cerveza y le dio un último trago. Puede que la culpabilidad mezclada con la extraña química que había entre ellos le hubiera llevado a ser más sincero con Danny de lo que lo había sido con nadie en mucho tiempo, pero lo que le pedía ahora el detective era demasiado para él. No podía abrirse a su nuevo compañero de ese modo. No aún…

Dejó la cerveza vacía sobre la mesa y volvió a clavar sus ojos claros en los azules de Danny.

-Quizás la próxima vez que nos tomemos unas cervezas te cuente esa parte de la historia, compañero… -y se levantó del sofá para encaminarse a la puerta.

-Quizás… ¡Si hay una próxima vez!-le soltó Danny haciendo que se detuviera junto al marco de la puerta. Le repateaba las entrañas el tono tan seguro en sí mismo con el que McGarret acababa de llamarle compañero. Como si tuviera claro que sus palabras y sus acciones habían conseguido lo que quería de él.

-Te veo en la oficina, Danny-afirmó entonces el comandante, dándole la razón a sus pensamientos.

-Lárgate de una vez, Steven-fue la réplica del detective ante la sonrisa cargada de seguridad que le regaló el comandante antes de salir de su apartamento, queriendo sonar más molesto de lo que realmente lo hizo.

Nicholas apagó el televisor riéndose a carcajadas. La rueda de prensa del gobernador Denning acababa de terminar y el resultado era, cuanto menos, alentador.

El gobernador había informado en la rueda de prensa de que habían encontrado el vehículo de la huída, que tenían identificados a dos de los sospechosos, y que estaban en busca y captura.

Esos estúpidos del 5.0 se habían tragado todas las pistas falsas que había ido dejando.

Bien, eso les mantendría ocupados buscando a sus dos "amigos" durante un tiempo.

Nicholas sonrió satisfecho. Esos dos idiotas a los que había reclutado para que sirvieran de distracción estaban cumpliendo a su propósito. Mientras el 5.0 seguía esa pista falsa, intentando encontrar un motivo para que las Triadas chinas y la Yakuza estuvieran declarándose la guerra (una guerra que no existía), él podría encargarse de continuar con la segunda parte del plan.

Ese desgraciado iba a pagar por todo el daño que les había hecho a él y a su familia. Y lo mejor era que no iba a saber lo que se le venía encima hasta que no le tuviera delante, arrodillado ante él y pidiendo clemencia.

Al día siguiente, y tras su reunión con el gobernador Denning, el detective Danny Williams entraba en las dependencias del cuartel general del 5.0., preparado para reincorporarse a su puesto en la unidad.

Kono sonrió feliz cuando le vio entrar por la puerta de las oficinas, con su placa colgando del cinturón y la pistola enfundada en su costado derecho.

-Me alegro de tenerte por aquí otra vez, jefe-se acercó a él y le abrazó con cariño.

-Bueno… no podía dejarte sola con este par de neandertales, ¿verdad nena?-replicó él, haciendo gala de ese encanto de New Jersey que le caracterizaba y consiguiendo una sonrisa sincera de la chica.

-Al menos podrías haberte pensado dos veces lo de la corbata-bromeó Chin, acercándose a abrazarle también. Siempre se metía con él por ser el único policía de Hawai que vestía las camisas con corbata en el día a día en las calles, bajo un sol de justicia.

-Sé que te gusta, ¿Vale?... Sé que te gusta- se rio Danny.

-A mí me gusta…- escuchó decir a su espalda.

Cuando el detective se dio la vuelta vio a un sonriente y satisfecho McGarret mirándole divertido.

-No…no te gusta-le contrarió, mirándolo con los ojos entornados y expresión de fastidio como si fuera el mismísimo demonio.

-Eh… me gusta, claro que sí… ¿Por qué no iba a gustarme? -el tono de voz de Steve era totalmente juguetón, parado frente a él con los brazos sobre el pecho y una pose chulesca que Danny no sería capaz de imitar aunque lo intentara-. Me encanta, te queda genial.

-Steven… No. ¿De acuerdo? No te gusta. –replicó de nuevo Danny, intentando seguir enfadado, pero sin poder evitar que una pequeña sonrisa se dibujara un poco en sus labios.

De nuevo en el rostro de Steve apareció esa sonrisa genuina y amplia tan característica, y Danny se vio atrapado en ella. Durante unos instantes sus miradas se cruzaron y no fue capaz de decir ni hacer nada. Solo la voz profunda del comandante consiguió hacerle despertar de nuevo.

-Me alegro de que hayas accedido a volver, compañero. No te arrepentirás…

Steve sonó tan sincero que Danny sintió su estómago encogerse de los nervios.

-Ah no, puede que yo no. Pero tú…- Danny puso un dedo sobre su pecho en forma de advertencia- Te prometo que en tres semanas estarás arrepintiéndote de todas las molestias que te has tomado para hacerme volver.

Steve soltó una enorme carcajada, volviéndose después hacia la pantalla táctil del ordenador central sin poder parar de sonreír, y siendo completamente consciente de cómo los ojos azules de Danny seguían clavados en él.

-Bien, ¿quién me va a poner al día? -preguntó el detective, dando una sonora palmada en el aire y dirigiéndose por fin a Chin y Kono, que hasta el momento habían sido unos meros y sorprendidos espectadores de lo que fuera que acababa de suceder entre Steve y él.