UNEXPECTED CHANGES (Cambios inesperados)
by Silvicj
Capítulo 4
Dos semanas… Quince malditos días y seguían sin capturar a ninguno de los tres sospechosos del asesinato del embajador.
Aquel era el peor comienzo que el comandante Steve McGarret hubiera podido soñar para su primer caso en el 5.0. Él, un soldado acostumbrado a completar con éxito todas y cada una de las arriesgadas misiones que le eran encomendadas, fallando en algo tan sencillo como atrapar al asesino de un diplomático.
Steve empezaba a perder los nervios con todo ese asunto.
Primero porque Xing y el tirador parecían haber desaparecido de la faz de la tierra, y todas y cada una de las llamadas que habían recibido de colaboradores y soplones identificando a Chen, eran callejones sin salida que no llevaban a ningún sitio.
Y segundo porque daba la sensación de que alguien estaba jugando con ellos, era como si les estuvieran manteniendo ocupados con falsas pistas para que no dieran con la verdad.
Y encima estaba la parte burocrática, el gobernador Denning empezaba a impacientarse. Gobernador + impaciencia = Acosar a McGarret y al 5.0 para que le dieran lo que quería cuanto antes o acabarían todos poniendo multas de tráfico en el peor de los barrios de Hawaii.
Como si el pobre Steve no tuviera bastante con una sola persona en su vida que le estuviera volviendo completamente loco.
Y es que Danny estaba haciendo honor a sus palabras, a su amenaza de convencerle de que no debería haber insistido en que se quedara en el 5.0, y que se convirtiera en su compañero.
En esas dos semanas había descubierto muchas cosas de él, tantas y tan diferentes que no sabría cómo describirlo.
Pasar casi veinte horas al día juntos le había enseñado cosas muy complejas sobre el detective Daniel Williams, (además de a darse cuenta de que debía empezar a dormir un poco más si no quería que ese caso y los problemas que le estaba dando acabaran con él, claro…) Como el hecho de que era una persona entrañable y cariñosa, pero que era capaz de demostrarlo con cualquiera antes de hacerlo con él. Que adoraba hablar con su hija por teléfono hasta el extremo de conseguir que se le quedara la oreja colorada, pero cuando se trataba de Steve, utilizaba las palabras justas y le colgaba antes de escuchar cómo se despedía.
También se dio cuenta del sumo respeto que le profesaban Chin y Kono, o cualquier miembro de cada uno de los departamentos y unidades de policía que había en la isla.
Aprendió que Danny era cabezota y fácil de cabrear. Pero que en el fondo también era una persona sumamente sarcástica y divertida.
Aunque la mayoría de las veces solamente demostraba la parte buena de esas facetas con todo aquel que no se apellidara McGarret y se llamara de nombre Steven.
Era como si estuviera en pie de guerra con él. En cuanto se daba cuenta de que empezaba a cogerle confianza, que bromeaba con él o que había dejado a un lado sus diferencias y se comportaba con Steve como un auténtico compañero, Danny volvía al modo gruñón y parecía decidir dar al traste con todo.
Y vuelta a empezar…
Steve ya no sabía qué hacer para demostrarle que todo lo que quería era que las cosas fueran bien entre ellos. Que solo quería verle fruncir el ceño un poco menos en su presencia, y sonreír un poco más.
Dios… Steve adoraba la sonrisa de ese rubio cabezota que…
-Uooo, uooo, uoooo… Espabila McGarret, deja de perder el tiempo con esos pensamientos de…-se estaba reprochando el comandante, cuando Danny entró como un vendaval en su despacho cortando el hilo de sus pensamientos.
-Tenemos una identificación positiva de Chen-afirmó alterado.
-¿Otra más?-soltó sarcástico Steve.
-Esta vez viene de una patrulla de Lukela.-eso hizo que el comandante se diera cuenta de por qué Danny parecía haberse tomado esa identificación tan en serio.- Y Chin y Kono ya están allí, acaban de mandarme la confirmación visual de los SWAT, es él.
- Ok, vamos. Yo conduzco- dijo entonces saliendo a toda prisa del despacho con Danny tras él.
-¿Mi coche? –contestó el detective-. Ya te lo dije McGarret, ni en tus mejores sueños.
-Danny-se quejó fastidiado, como cada vez que mantenían esa misma conversación.
El lugar en el que identificaron a Edison Chen era un edificio de diez plantas ubicado en el barrio chino de Honolulu.
Kono y Chin ya esperaban junto a varios hombres del departamento de policía y el grupo de asalto de los SWAT, a que Steve y Danny llegaran y dieran la orden de tomar el edificio y arrestar al sospechoso.
Los hombres de Lukeka vigilaban la vivienda del objetivo desde los dos extremos de la calle, escondidos para que Chen no pudiera verlos, mientras los miembros del 5.0 y el equipo de asalto de los SWAT esperaban órdenes en la calle paralela.
-¿Qué tienes Kono?-preguntó el comandante a la agente cuando salió del coche y la vio caminar hacia ellos.
-Tenemos confirmación positiva de que el sospechoso está en el interior del apartamento 5D, en la quinta planta. Aparcó un todoterreno azul frente a la entrada hace una hora y no se ha movido de ahí desde entonces.
-Bien…-contestó McGarret- Quiero todas las salidas de la calle cerradas y vigiladas por el HPD. No quiero que ningún vehículo acceda a esta calle hasta que tengamos al sospechoso detenido. Ni que él pueda abandonarla en su propio vehículo o ningún otro.
-Hecho, jefe. El HPD tiene las dos entradas cerradas-afirmó Chin.
-¿Está solo en el apartamento?-preguntó Danny, interviniendo por fin.
-Los SWAT han escaneado el piso desde la azotea de enfrente con visores térmicos, solamente una identificación positiva jefe, está solo-informó Kono, llamando a Danny jefe al igual que Chin lo había hecho con Steve.
Eso hacía que Danny se sintiera estúpido y egoísta. Durante los primeros días, no había hecho más que pensar en el cambio que sería para él dejar de ser el que lo controlaba todo para ser el compañero de McGarret, cuando en realidad la incursión del SEAL en el equipo había afectado también a las vidas de los que habían sido sus compañeros y amigos los dos últimos años.
La prueba estaba en cómo intentaban llamarles a ambos jefe, en cómo cada uno se ocupaba de poner al corriente a uno de ellos dos de las novedades del caso. Como si no quisieran ponerse de parte de nadie, o procuraran hacerlo de parte de ambos.
-Buen trabajo. –contestó Danny, regalándole a la chica una sonrisa que además de aprobación estaba llena de culpabilidad.
Kono le devolvió la sonrisa y le guiñó un ojo. Sabía perfectamente lo que pasaba por su cabeza rubia.
-Avisa a los SWAT, nos movemos a mi señal-ordenó McGarret a Chin.
Danny abrió el maletero del Camaro y ambos se acercaron a él para prepararse para el asalto. Se pusieron los chalecos antibalas y se hicieron cada uno con un arma.
-¿Preparado compañero?-se burló Danny, intentando darle un respiro a un día que parecía ir de mal en peor. A veces tenía momentos como ese, en los que se hartaba de mantener el estado de guerra entre Steve y él, y simplemente decidía, de manera temporal, ser él quien mostrara la bandera blanca- No creo que necesites mucho más de lo que llevas, no vamos a asaltar el Kremblin, McGarret, sino un pisucho de Chinatown.
-Toda protección es poca, amigo-soltó el comandante, mirándole guasón mientras levantaba una pierna y la apoyaba en el maletero del coche, para colocarse la funda de la pistola de pequeño calibre en el muslo de la pierna derecha.
Esa insinuación abierta y la imagen de aquella pieza de Nylon pegada al muslo de Steve, hicieron que Danny tragara con fuerza y se perdiera en el pensamiento de lo mucho que le gustaría ser ese accesorio durante unos instantes. El estar pegado a la parte superior del pantalón cargo de McGarret debía ser todo un… interesante acontecimiento.
-¿Ves algo que te guste, Danny?-preguntó insinuante el comandante, cuando vio cómo los ojos del detective se fijaban interesados en su muslo.
Le encantaba el hecho de que el detective pareciera sentirse atraído por él, era la mejor parte de saber que también parecía odiarle hasta límites insospechados.
-¿Em…?-balbuceó distraído. Hasta que vio sonreír a Steve y se dio cuenta de que se estaba perdiendo de nuevo en pensamientos que no debería tener-. No…no…
-¿No?-preguntó el otro divertido por su nerviosismo.
-Quiero decir… sí… bueno no es que…-dudó un instante, buscando una excusa coherente- Es una pieza muy… ¿Es cómoda? La funda, quiero decir… A lo mejor debería dejar de llevar el arma en el cinturón y hacerme con una de esas…-Danny se recriminó su idiotez profunda, sonaba tan poco convincente que no había conseguido convencerse ni a sí mismo.
Steve acabó de colocarse la pistola y cogió un rifle del maletero, lo cerró y se volvió hacia el detective sin dejar de mantener su sonrisa guasona.
-Deberías hacerlo, es mucho más práctico. Tengo una idea -dijo con tono falsamente casual, como si realmente se le acabara de ocurrir y no fuera a decir lo siguiente con toda la mala intención del mundo- ¿Por qué no te pasas por mi casa un día de estos? Tengo varias que podría prestarte. Podemos probártelas y ver qué tal se ajustan a tus… muslos.
¿Qué coño estás haciendo McGarret? Se preguntó a sí mismo, ¿Podían sus palabras sonar más a coqueteo, a insinuación?
¿De esa forma intentaba hacerse con la confianza de su nuevo compañero, coqueteando con él? ¡Muy inteligente, sí!
Danny carraspeó incómodo y nervioso.
-Ejem... sí… claro… claro. A tu casa… Quizás en otra vida, comandante- y se alejó de él a toda prisa. Sintiendo una dureza crecer entre sus piernas que prometía torturar sus pensamientos el resto del día.
¡Jodido McGarret!
Cinco minutos después tiraban abajo la puerta del apartamento de Chen y tomaban el lugar sin mucho esfuerzo, y con un francotirador de los SWAT supervisando la operación desde la azotea del edificio contiguo.
Danny cubría las espaldas de Steve, haciendo incursión en la vivienda por el lado izquierdo con sus armas en alto y dispuestas a ser utilizadas, mientras Kono cubría a Chin que se ocupaba de comprobar el lado derecho del piso.
-Limpio-afirmó el agente, al no encontrar al sospechoso en ninguna de las habitaciones del extremo que acababa de revisar.
-Limpio-contestó McGarret segundos después, al encontrar el mismo resultado en el suyo.
-¿Dónde coño está…-empezó a decir Danny, los SWAT habían dado una identificación positiva del sospechoso en el apartamento, no entendía cómo podían haberse equivocado.
Pero entonces el móvil de McGarret sonó, Lukela le advertía de que el francotirador de los SWAT había visto al sospechoso escapar por la escalera de incendios que daba a la ventana del salón segundos antes de que tiraran la puerta abajo. Y que pedía autorización para disparar y derribarlo.
-No, yo me encargo-fue todo lo que contestó el comandante antes de colgar.
Steve se detuvo a dar la información al resto del equipo, salió corriendo hacia la ventana abierta y se coló a través de ella, subiendo a toda prisa por la escalera de incendios.
Danny, Kono y Chin se miraron sorprendidos.
-¿Qué coño…-soltó el detective, acercándose a toda prisa a la ventana y asomándose para ver qué hacia su compañero.
Fue entonces cuando vio al sospechoso alcanzar el tejado, con Steve a punto de llegar hasta él y hacer lo mismo.
-¡Mierda!-gritó Danny- sospechoso en la azotea, cubrir los alrededores.-gritó a Chin y Kono, que salieron a toda prisa del apartamento con dirección a la calle.
El detective se vio a si mismo saliendo por la ventana y siguiendo a su compañero hasta el tejado. Cuando llegó arriba, vio a lo lejos como Steve corría tras Chen, y sin pensarlo dos veces salió corriendo también tras ellos.
Aquellos edificios de Chinatown estaban muy pegados los unos a los otros, Danny podía ver cómo Steve y el sospechoso corrían sobre una azotea y saltaban a la siguiente sin detenerse a mirar abajo en los tramos que el vacío separaba levemente las edificaciones.
El detective saltaba de una a otra corriendo sin parar tras ellos, maldiciendo a su compañero y al jodido Chino por obligarle a hacerlo.
Hasta que se dio cuenta de que llegaban al final de la calle y la distancia entre la última azotea y el siguiente edificio se hizo tan inmensa como el Gran Cañón del Colorado.
Danny miró hacia su izquierda, el edificio contiguo estaba demasiado lejos también para saltar hasta él, Chen no tenía escapatoria.
Al menos eso creía él…
Pensó que ambos se detendrían, que Steve podría por fin alcanzar a Chen y solamente tendría que reducirle y detenerle. Era un SEAL, ¿No?... No creía que le costara mucho doblegar a un ladrón de segunda como ese. No después de haber saltado como un puto chimpancé por todos los edificios sin ni siquiera cansarse. (A diferencia de Danny, que en esos momentos creía que iba a echar el hígado por la boca).
Pero las cosas no fueron como él esperaba, como parecían lógicas.
En lugar de detenerse, Chen empezó a correr aún más deprisa, sin ninguna intención de parar, en el último momento giró hacia el edificio contiguo y saltó sin mirar atrás.
No dudó un instante al hacerlo, pero tampoco lo hizo con mucho acierto. O quizás pensó que saltaría más allá de donde llegó realmente. El chino no consiguió alcanzar el tejado de la azotea contigua y cayó contra uno de los balcones del último piso, quedando suspendido la barandilla de este sujetándose con las manos. Sin pararse a pensar en lo cerca que había estado de caer al vacío, se alzó y entró en él, introduciéndose inmediatamente en la casa y desapareciendo de su vista.
En ese instante fue cuando Danny pensó que le habían perdido, que Steve no sería tan idiota para seguirle y…
Se equivocó en cuanto al nivel de estupidez suicida de su nuevo compañero.
-Ah no… no, no, no, no…-empezó a decirse a sí mismo, cuando vio que el comandante no se detenía y tenía toda la intención de saltar para seguir al chino- ¡Steve, no!-gritaba corriendo hacia él.
Pero sí…
Steve ya había demostrado ser un hombre de "medidas drásticas", y cumplió con las expectativas de lo que Danny esperaba que NO hiciera.
Llegó hasta el límite del tejado y saltó hacia el edificio de al lado, solo que, a diferencia de Chen, él sí calculó bien, y cayó directamente dentro del balcón por el que había huido el sospechoso.
Danny sintió por un momento que se le cortaba la respiración y su corazón dejaba de latir. Casi podía ver ya el cuerpo de su nuevo compañero aplastado en el suelo. Dos semanas, tan solo dos semanas… Hubiera sido la relación laboral más corta de la historia del 5.0.
-¡Steve!-le gritó desde la azotea- la expresión de su rostro medio preocupada por comprobar si se había roto una pierna y medio aliviada por verle de una pieza.
El comandante se volvió un instante al reconocer su voz y le sonrió suficiente, le guiñó un ojo y después desapareció de su vista por el mismo lugar que el sospechoso.
-¡Jodido McGarret!- se vio gritando Danny por enésima vez en el relativamente poco tiempo que hacía que el comandante había entrado en su vida.
De ningún modo estaba dispuesto a arriesgarse a suicidarse como lo había hecho él, así que bajo por la escalera de incendios más cercana y llamó a Chin y Kono para darles la posición de Chen y pedirles que le cortaran la retirada en cuanto abandonara el edificio y pisara la calle.
Solo que el chino llegó a la salida trasera del bloque antes de que los agentes pudieran acceder a aquel pequeño callejón con ninguno de sus vehículos. Siempre seguido por el incansable SEAL.
Fue cuando por fin corrían a través de la gente, sorteando a transeúntes y vehículos que transitaban por la calle, cuando de una vez por todas Chen cayó a los pies del comandante McGarret.
Literalmente…
Chen giró en otro callejón y Steve vio como sorteaba a un par de críos que jugaban al Hockey con un par de sticks de madera y una lata de coca cola. Sonrió divertido cuando la idea le vino a la cabeza.
Al pasar al lado de los muchachos, Steve le quitó el stick a uno de ellos y se lo llevó con él. Aceleró el ritmo, y cuando por fin estuvo a una distancia buena, lo lanzó a los pies de Chen y le hizo tropezar de un modo tan torpe por culpa de la gran velocidad a la que corría, que el chino cayó de cara al suelo y se rompió los dientes contra él.
Steve aminoró el paso por fin cuando vio al sospechoso tirado en el suelo, sangrando y quejándose con las manos en la boca.
-Edison Chen…-le dijo con su característico tono chulesco- Comandante Steve McGarret del 5.0- le enseñó la placa que colgaba de su cuello y le apuntó a la cara con la pistola que guardaba hasta el momento en la funda de su pierna-. Sonríe y no te muevas.
Danny les tuvo en su campo de visión justo en el momento en que Steve arrojaba el stick y derribaba a Chen.
Cuando se acercó a ellos, al primero que miró fue al chino, sorprendiéndose de que no se hubiera tragado los dientes cuando impactaron contra el suelo, su boca estaba llena de sangre y no paraba de lloriquear tocándosela con una mano y enseñando varios dientes de los que se había roto con la otra.
Después miró a McGarret y se cruzó de brazos.
-¿Quééeee?-se quejó él.- Ha tropezado… - dijo con tono totalmente inofensivo.
-¿Qué ha trope… -soltó sarcástico Danny, levantando las manos al aire y dejándolas caer de nuevo con un gesto exagerado como si no creyera lo que escuchaba.
Se dio la vuelta y se alejó un instante de su compañero, después se volvió de nuevo y se acercó a él, alzando las manos juntas como si estuviera rezando.
- ¿Puedes contestarme a una pregunta por favor?-empezó a decir.
-Claro-contestó en seguida Steve.
-¿Estás loco? Dime, por lo que más quieras… ¿Estás loco o qué cojones te pasa?-le gritó cambiando el tono de voz calmado con el que había empezado a hablar.
-Danny, ¿qué?-intentó el comandante.
-Mira, no es que me importe mucho, ¿de acuerdo? Puedes correr por las azoteas y tirarte de los edificios cuanto quieras. En cualquier otra ocasión seguramente me importaría una mierda… -mintió, incluso él sabía que mentía- pero ahora eres mi compañero, de modo que el problema aquí es que si te partes una pierna voy a ser yo el que tenga que arrastrar tu culo de marine suicida hasta el hospital y explicarle al gobernador porque la niña de sus ojos se ha dejado la tibia en un balcón de Chinatown… -Danny hablaba casi sin respirar, juntando las palabras y más cabreado de lo que lo había visto Steve hasta el momento- Y no… no me apetece… Ninguna de las dos cosas. Ni hablar con Denning de tu falta de sentido común, ni tener que arrastrar tu culo hasta ningún sitio, mucho menos al hospital. ¿Lo pillas McGarret?
-Danny… estaba todo controlado, ¿Vale?... –intentó calmarle Steve, sin poder evitar sonreír al pensar en que el detective se había preocupado por su seguridad-No había peligro…
Esa maldita sonrisa prepotente cabreó aún más a Danny.
-Controlado…-soltó sarcástico- ¡Controlado! ¡JA!... te ha faltado un milímetro para acabar estampándote en la barandilla como a este idiota…
El detective señaló a Chen, que continuaba en el suelo sangrando y quejándose, con el arma de Steve apuntándole y sin atreverse a moverse.
-Por favor, Danny… confía en mí. Estoy entrenado para estas cosas, conozco mis límites y…-pero se vio interrumpido por la risa sarcástica de su compañero.
-Ya, claro… ¿Sabes qué…-refunfuñó- paso de ti. La próxima vez me limitaré a esperar a que te partas el cráneo contra el suelo… Al fin y al cabo me harás la vida más fácil.
Se agachó para obligar a Chen a darse la vuelta y ponerle las esposas.
-Danny…-empezó a decir Steve, con un tono en la voz que denotaba lo mucho que le había dolido esa última frase de su compañero.
-No… Nada de "Daannyy" con ese tonito de no haber matado ni a una mosca, Steven… estoy más que harto de tu rollo de Super SEAL capaz de todo. Tendrías que…
-¿Super SEAL?-la sonrisa guasona patentada de McGarret volvió a hacer acto de presencia y Williams deseó borrársela a puñetazos. Steve se acercó un poco más a él y le habló en voz baja, con voz sugerente y lamiéndose el labio inferior- ¿Empezamos por fin con los apodos cariñosos, Danny?
El detective le miró con cara de pocos amigos mientras incorporaba al detenido para llevarlo hasta el coche patrulla, indicándole con toda la rabia que pudo en sus ojos azules que no se le ocurriera hacer un solo comentario más. Steve agachó la cabeza como respuesta a su amenaza, desviando la mirada intentando no reírse.
Mientras le veía alejarse pensaba en lo extraño de su relación, en las palabras de amenaza intimidantes que salían de la boca de su compañero la mayoría del tiempo, pero también en los gestos que en ocasiones no podía evitar tener con él. Danny no le odiaba tanto como pretendía, estaba seguro de eso. Solo le gustaría que pudieran dejar a un lado esos problemas inexistentes y ficticios que había entre ellos y dedicarse por fin a ser verdaderos amigos.
Amigos…
Steve sabía que Danny le atraía mucho más que eso, que no era solo amistad lo que desearía tener con él. Pero era su compañero, no podía pensar en nada que no fuera una relación amistosa y profesional entre ellos.
Aunque cada vez lo hiciera con más asiduidad.
-Mierda… Olvídalo… ¡Ya!-se ordenó. Danny tenía razón, iba a acabar arrepintiéndose de no haberle dejado marchar. Pero no por el motivo por el que creía el detective que lo haría.
No eran su cabezonería y sus constantes quejas gruñonas sobre su forma de trabajar lo que le volvía loco de su nuevo compañero, sino la capacidad innata que parecía tener Danny para hacerle sonreír y olvidar todo lo demás.
Danny quiso mostrarse duro y ajeno a los encantos del marine, poniendo toda la expresión de enfado que fue capaz de fingir como contestación a su estúpido coqueteo, pero lo cierto era que había hecho en él precisamente el efecto que sabía que el comandante quería que hiciera.
Le había hecho sentir ganas de sonreír como a un tonto.
Siempre era igual con ese idiota, por más que intentaba evitarlo, era escuchar alguna de sus insinuaciones y mirarle a esos extraños ojos verdes (porque al final Danny había decidido que eran verdes, y punto), o ver cómo Steve se lamía el labio juguetón… o que se lo acariciaba con los dedos de forma pensativa… o sonreía poniendo esa expresión de total diversión y felicidad que…, y… bueno, y todo su interior clamaba por acercarse al comandante y probar lo que esa boca podía ofrecerle.
Rezaba porque Steve McGarret fuera el marine prepotente que todo aquel que no le conocía creía que era. Ese macho autosuficiente que solamente se preocupaba por acabar sus misiones con éxito, con su propio éxito. Pero pronto se dio cuenta de que no era así.
Ese era el problema, que le estaba costando demasiado ver solo lo malo, que no podía evitar ver todo lo bueno que había en él, aunque lo intentara. Y lo intentaba con todas sus fuerzas.
Daniel Williams también había aprendido varias cosas de su nuevo compañero de equipo en las trescientas sesenta horas que llevaba intentando convivir con los sentimientos encontrados que ese hombre le provocaba. Las ganas de matarle, y las ganas de besarle.
O, cambiando el orden, las ganas de besarle y las de matarle. Después de todo, las de besarle aparecieron primero.
Desde ese primer instante en que sus miradas se cruzaron en la fiesta de la embajada, Danny supo que Steve tenía algo contra lo que no podía luchar. No sabía lo que era, pero le atraía de una forma que nunca nadie lo había hecho hasta el momento.
En un principio pensó que era precisamente su seguridad en sí mismo, la visión de ese soldado capaz y autoritario mezcladas con su mirada sexy y esa maldita sonrisa reluciente.
Pero luego se dio cuenta de que era algo más.
Dos semanas de compartir veinte horas al día te enseñaban mucho de tu compañero de trabajo, y Danny tenía un don para ver lo que había realmente en el interior de las personas.
Por eso sabía que esa pose dura y presuntuosa que caracterizaba a Steve era solo una máscara que intentaba esconder lo que había de verdad bajo ella. La bondad y la dulzura que un hombre orgulloso e independiente como él, llevaba realmente en su interior. Un tipo de ternura que, por algún motivo, al SEAL parecía costarle no mostrar con él.
La primera vez que Danny vio un resquicio de cómo era el verdadero corazón del comandante Steve McGarret fue en su propia casa, cuando izó la bandera blanca y le pidió que le diera una oportunidad de ganarse su respeto.
No quiso verlo así en aquel momento, pero no pudo seguir mirando hacia otro lado cuando se dio cuenta de que no había sido un simple hecho aislado, o una treta del Steve para hacerle volver.
Vio otra muestra de ese corazón amable y compasivo cuando discutieron por lo de Adam Noshimuri. Los ojos del marine verdaderamente le rogaban el perdón con cada "¡lo siento!" que salió de su boca en aquella conversación.
Cuando le pidió que le perdonara por haber intentado apartarle del caso para que no se viera afectado, lo hacía con sinceridad. Danny lo sabía, lo supo en su momento, por eso enfadado le preguntó que por qué le importaba.
Lo peor de todo era que Steve no fue capaz de responder a esa pregunta, y ese hecho atormentaba al detective Williams casi tanto como sus ojos verdes y su sonrisa coqueta.
Pero esa no había sido la última vez. Acababa de verlo también instantes después de detener a Chen. Cuando Danny le había insinuado que su vida sería mucho más fácil sin McGarret en ella. Su mirada le decía que estaba claramente dolido, y el detective deseó golpearse por idiota. Ni siquiera lo decía en serio.
Fue precisamente cuando por fin cogieron a Chen cuando lo supo. Con la noticia bomba que llegó hasta ellos gracias a la información que les facilitó el chino. Hubo un momento en que Danny sintió que todo a su alrededor perdía la razón y se derrumbaba, y el único que fue capaz de conseguir que volviera a centrarse y a recobrar el sentido de la realidad fue Steve.
Aquella dulzura escondida volvió a hacer acto de presencia, de nuevo solo para Danny, de nuevo para protegerle y calmarle.
Steve se sentía eufórico después de la redada en Chinatown, por fin daban un paso en la dirección correcta en ese maldito caso de la muerte del embajador japonés.
Danny y él en persona se encargaron del interrogatorio de Chen. Todo iba bien durante los primeros minutos, en cuanto McGarret se puso frente a él y amenazó con decir a las Triadas que era un soplón, cantó como un pajarito en pleno comienzo de primavera.
Les dio información sobre el segundo sospechoso al que tenían identificado, Xing Ma Lei, el dueño del vehículo de la huida. Consiguieron una dirección en la que buscarle y el nombre de una supuesta novia con la que podría estar escondiéndose si no estaba en esa dirección.
Todo estaba siendo tan sencillo que Danny no podía evitar presentir que algo no iba bien.
Fue cuando le preguntaron por el tirador que mató al embajador cuando el detective obtuvo una respuesta afirmativa a su corazonada.
-¿Es este el hombre que os contrató?-preguntó Steve gritándole una vez más, sin dejar de enseñarle el retrato robot de Nicholas.
-No sabemos quién es…-gritó por tercera vez Chen, sentado en una silla frente a ellos y con las manos esposadas a la espalda- ni Lei, ni yo… Solamente que nos ofreció un montón de pasta por ayudarle a escapar de la embajada tras el banquete.
-¿Querrás decir a escapar de la escena del crimen de un asesinato?-soltó sarcástico Danny, estaba parado frente al sospechoso con las manos en los bolsillos y una pose totalmente casual y tranquila, dejando que fuera su compañero el que se dedicara a pegar gritos de forma descontrolada.
-Ni siquiera sabíamos lo que se proponía-se defendió Chen-. En teoría Lei y yo solamente debíamos ayudarle a colarse en la lista de personal de servicio y a escapar cuando acabara. Creíamos que su objetivo era robar alguna de las reliquias que se subastaron. ¿Cómo demonios íbamos a saber que quería matar al embajador?
-¿Dónde está ahora?-preguntó McGarret incrédulo.
-No lo sé… no volvimos a verle después de separarnos en Pearl Harbour, cuando abandonamos el coche de Lei.
-Un paso bastante estúpido por vuestra parte, por cierto. Así que… O realmente sois tan tontos como parecéis, y ese tío os ha utilizado y luego os la ha jugado, o… mientes…-le presionó Danny- Sabes Steve, las Triadas no son muy amigas de los chivatos…-soltó girándose hacia su compañero.
-No, para nada. ¿Sabes lo que les hacen a los chivatos?- preguntó McGarret siguiéndole el juego, acercándose a Danny suspicaz y fingiendo que le decía la respuesta al oído.
-Augh… eso tiene que doler-soltó el detective, exagerando su respuesta para asustar al sospechoso.
Funcionó.
-Estoy diciendo la verdad-se quejó desesperado el chino- Todo lo que sé de él es que cuando nos bajamos del coche de Lei en Pearl Harbour, tres tíos enormes le estaban esperando, parecían guardaespaldas o algo así… Tenían preparado un coche blanco, un cuatro por cuatro con los cristales tintados en el que ese tío se subió y desapareció de nuestra vista hasta ahora. Preguntad a Lei… de verdad… os estoy diciendo la verdad…
Nicholas apagó la tele riéndose y dando las gracias a los dioses en su chino natal.
Iba todo tan bien hasta el momento…
Llevaba mucho tiempo ideando ese plan, tuvo que hacer alguna modificación de última hora con la aparición de ese comandante, pero aún y así, lo tenía todo tan controlado y estudiado que no le había resultado difícil tener engañados a los capaces agentes del gran equipo del 5.0.
Durante dos semanas había conseguido que fueran siguiendo las pistas falsas que había ido dejando, pero claro, en algún momento su suerte iba a terminarse e iban a hacer bien su trabajo, así que por fin habían dado con uno de esos dos idiotas a los que estaba utilizando de señuelo.
Era hora de la segunda parte de su plan.
Dio gracias por que el sistema policial de la isla de Hawaii fuera de todo menos discreto. El hecho de tener a un gobernador que, ante todo, deseaba quedar bien frente a sus ciudadanos y ser reelegido una y otra vez para continuar viviendo en la posición privilegiada en la que lo hacía, le permitía seguir cada uno de los pasos que avanzaba el 5.0 con el caso gracias a las noticias de televisión.
El boletín de última hora anunciaba que acababan de detener a Edison Chen, ciudadano chino con visado temporal en la isla, como sospechoso de colaborar con dos hombres más en el asesinato del embajador japonés. A Xing Ma Lei seguían sin localizarle, y el tirador todavía no había sido identificado.
-Bien…-sonrió- Yan… dile a los chicos que se preparen y trae el coche, vamos a hacerle una visita a nuestro querido amigo Xing.-soltó con malicia a uno de sus hombres.
No quedaba demasiado de Xing Ma Lei cuando por fin el 5.0 asaltó la casa en la que se escondía en Waialua. Le encontraron tirado en el suelo del salón, con sus sesos pegados por toda la pared y un disparo más en el pecho.
-No creo que nos diga mucho…-soltó sarcástico Danny.
-Ey… aquí chicos, rápido-escucharon decir a Kono.
Escucharon un sollozo proveniente de un armario de la habitación principal, y cuando lo abrieron encontraron a la novia de Xing encerrada en él, encogida en un rincón en el suelo con las manos alrededor de su cuerpo.
-Bueno, parece que después de todo quizás tengamos un testigo-afirmó Chin, nada convencido.
En el interior de Danny aquella mala sensación se iba incrementando.
-¿Matan al novio y a ella la dejan escapar?... ¿En serio?-preguntó mirando incrédulo a Steve.
-Quizás sepa algo que quieren que sepamos…-contestó el comandante, tan poco convencido como su compañero.
Danny empujó a Steve hacia un lado de la habitación, poniendo su mano en la parte baja de la espalda del SEAL, que obedeció a su contacto en cuanto lo sintió.
-Alguien está jugando con nosotros, Steve… esto no cuadra-susurró preocupado.
-Lo sé… Danny. Vamos… el armario estaba cerrado por fuera, si hubieran sabido que ella podría identificarles la habrían matado.
-Necesitamos encontrar a ese cabrón, ya… Steve, esto me da muy mala sensación. Denning va a…
Y la preocupación que McGarret vio reflejada en el rostro de su compañero fue capaz de apartarle de cualquier otro pensamiento.
-Ey, ey…-soltó poniendo una mano en el cuello de Danny. Lo hizo de forma casual y sin ninguna malicia, simplemente porque le salió así, pero acarició sin querer la oreja del detective con sus dedos y le hizo estremecerse- Todo irá bien, ¿Vale? Vamos a coger a ese hijo de puta que intenta colárnosla, no te preocupes.
-Ya…-asintió el otro, por alguna razón eso había funcionado. No había necesitado más que ese gesto para creer en lo que decía- Tienes razón, vamos a ver qué sabe, ¿Quieres?-dijo mirando a la chica.
Fue difícil consolarla y conseguir calmarla, pero cuando por fin pudieron hacerlo, dejaron que fuera la propia Kono la que se encargara de interrogar a la testigo en una de las salas de interrogatorios de la comisaría del HPD de Hawaii.
El caso se estaba llevando con la colaboración del departamento de Lukela, y la chica era un testigo protegido a partir de ahora, así que creyeron que estaría más segura en las dependencias de la policía Hawaina.
Por supuesto, Danny y Steve también estaban presentes durante el interrogatorio, solo que escondidos tras un espejo en la sala contigua. Chin se había quedado con el forense y los de criminalística en la casa en la que habían encontrado a Xing muerto, buscando algo que les llevara al asesino de una vez por todas.
Fue entonces cuando llegó la bomba.
-Mary… -le instó Kono, llevaba un rato intentando hacer que la chica, una menuda rubia de origen americano, contestara a sus preguntas, pero parecía estar en shock.
-Él les dejó pasar…-empezó a decir por fin, con la voz temblorosa y la mirada perdida en el vacío- les conocía,Lei les conocía…- y en cuanto el nombre de su novio salió a colación la muchacha empezó a llorar de nuevo.
-¿Eran varios, Mary? ¿Cuántos? ¿Cómo eran?-insistió Kono, solo que con una voz dulce e intentando que la chica no se quebrara del todo, si lo hacía sería imposible sacarle nada más. Por ese motivo habían decidido no enseñarle el retrato robot del tirador hasta que hubieran conseguido algo de información.
-Cuatro… -contestó entre sollozos.
-¿Pudiste verles con claridad?
La chica asintió asustada, pero empezó a describirles.
- Uno era una mujer, de pelo negro e isleña. Había otro hombre que parecía asiático también o tal vez fuera isleño como ella. Y había uno que era como… no lo sé, era americano, llevaba el pelo oscuro corto y parecía un matón o ...
-¿Un soldado americano?-preguntó Kono suspicaz, tenía que ser una broma.
-Sí…
-¿Cómo era el cuarto hombre, Mary?
-Llevaba una camisa blanca, con una corbata azul y un pantalón de vestir gris… su pelo era rubio y lo llevaba engominado todo para atrás y…
En la otra sala Steve miró extrañado a Danny, que le devolvió la misma mirada automáticamente.
-Ese tío no parece concordar mucho con el que tú viste en la embajada, ¿no?
-No…-contestó frustrado el comandante- en lo único que coincide es en tu mal gusto por la moda-bromeó, mirando de reojo a Danny y sonriendo guasón.
-Vete al infierno, Super SEAL-soltó borde, pero riéndose al mismo tiempo.
Ninguno de los dos había caído en algo de lo que Kono en seguida se dio cuenta. Era como si la chica estuviera describiendo a los propios miembros del 5.0. ¿Estrés? postraumático quizás? A lo mejor su mente mezclaba la realidad con lo sucedido anteriormente.
Entonces Mary empezó a llorar con más fuerza en la sala de interrogatorios.
-Nooo, Xing… Xing…-y empezó a relatar algo que Kono no comprendía, porque todo lo que salía de su boca era un montón de palabras en chino imposibles de descifrar para ella.
-Mary… Mary, por favor… tranquilízate.
-¡Él lo mató!... ¡Lo mató!- gritaba desconsolada, de nuevo en su idioma, mientras la agente se acercaba a ella y la rodeaba con sus brazos para consolarla.
-Si fue ese hombre quien mató a Xing Ma Lei has de ayudarnos a encontrarlo, tienes que contarme todo lo que viste, todo lo que sepas…
Y pum!… bomba.
-Daniel Williams-gritó entonces la chica- Su nombre… cuando entró en la casa… se acercó a mí y me dio la mano… dijo que su nombre era Daniel Williams, que no tenía que tener miedo, que era detective.
La respuesta de Kono ante esa afirmación fue mirar hacia el cristal, alucinada por lo que había oído y casi más asustada de pedir que lo repitiera de nuevo. No podía ser.
Se acercó a la mesa que había junto a ellas y cogió el retrato robot del sospechoso del asesinato del embajador.
-Mary tienes que decirme sí este es el hombre que mató a Xing… Mira el dibujo… ¿Era este el supuesto detective del que hablas?
La chica negó con la cabeza.
-No… no es él… Este es uno de los otros tres que le acompañaban. El que mató a Lei era americano. Él no es…
Pero la chica rompió a llorar de nuevo, esta vez imposible de consolar, empezando a golpearlo todo, incluida a Kono, que tuvo que reducirla y hacer que el guardia que las vigilaba en la sala se acercara a ella y la esposara para que la llevaran a una celda.
En la habitación contigua, las reacciones de Steve y Danny fueron demasiado distintas.
Steve no podía creer lo que estaba oyendo, y Danny simplemente… Bueno, el detective había quedado sumergido en un estado de vacío mental extraño e inexplicable.
-Está mintiendo. Lo han pedido que diga eso. Está mintiendo-fue todo lo que se atrevió a decir Steve. Pero su compañero no articulaba palabra.
- Ha descrito al maldito 5.0 al completo Danny. No tiene sentido. Chin, Kono, yo y…
Miró a Danny y le vio retroceder hacia la pared, con las manos hundiéndose en su pelo rubio y la mirada perdida.
-Lo sabía, sabía que sucedía algo…-susurró por fin.
Steve reaccionó acercándose a él, pero Danny puso las manos delante y le impidió acercarse.
-¿Qué coño está pasando Steve?-preguntó asustado, alzando la voz más de lo necesario.- ¿Ese asesino es un tipo rubio americano, que viste como yo y se peina como yo y que encima se presenta a ella con mi nombre y mi cargo?…
-Alguien está intentando jodernos, Danny… Han manipulado a la chica para volvernos locos. Esto no es más que otra treta de ese maldito hijo de puta para retrasarnos en el caso, estoy seguro. Todo irá bien.
-¡Aghhhhhhh!-se quejó el detective- tirándose del pelo y agachándose frente a él, bajando la cabeza y enterrándola en su pecho- ¡Dios Steven! Esa chica acaba de nombrarme cómplice del asesinato del embajador japonés… ¿Cómo coño va a ir todo bien?-gritó, Danny sabía que estaba reaccionando mal, pero ese caso había sido una locura desde el principio, y la cosa solo parecía empeorar.
Steve se agachó frente a él.
-Porque le vio la cara, Danny… solo has de pasar una rueda de reconocimiento y ella misma te descartará como sospechoso. Si realmente quisiera acusarnos nos habría reconocido a los cuatro cuando entramos en la casa. Ha estado con nosotros todo el tiempo, Kono la ha interrogado, ¿Crees que la habría dejado si hubiera sabido que era una de ellos? -le aseguró en un intento de consolarle. Pero lo cierto era que incluso él empezaba a acojonarse.
Todo ese asunto era muy raro. Fuera quien fuera el que lo estaba orquestando todo, intentaba hacer daño a su unidad.
Steve acercó sus manos a las mejillas del detective, viendo como esta vez no se apartaba de su contacto, y sujetándolas con cariño mientras le obligaba a mirarle.
-Danny…-empezó a decirle con tono suave y comprensivo.
Pero el sonido de la puerta abriéndose interrumpió la conversación, y vieron como dos agentes del HPD entraban en la habitación buscando a Danny, y acompañados del jefe Lukela.
-Detective Williams yo…-se veía en los ojos del jefe de policía que no quería hacer lo que debía hacer.
-Está bien, Duke… lo entiendo, hazlo- el detective se incorporó y puso las manos delante, juntas y alzadas para que le esposaran.
-¡¿Qué?!-gritó McGarret, fuera de sus casillas- ¿Estás de broma, Duke? Sabes que es inocente. La chica le vio cuando la sacamos de la casa. Alguien nos la está jugando.
-Lo sé, Comandante-afirmó el policía, se sentía tan mal por hacer aquello como él por presenciarlo- pero es el procedimiento, hasta que la chica no le vea otra vez y le descarte como sospechoso, tengo que llevarle bajo custodia.
-¡NO!... No…Es mi compañero, no pienso dejar que le trates como a un asesino.
-Steve…-intentó Danny.
Pero el comandante se metió entre el cuerpo de Danny y el de los dos hombres de Lukela que iban a detenerle.
- Si le tocáis os rompo el cuello-amenazó el marine.
-¡Uoo uoo uoooooou!… ¡Quieto soldado! -Danny cogió a Steve y le apartó de los dos policías, pegándole contra la pared y sujetándole del chaleco antibalas que todavía llevaba puesto- ¡Mírame!... ¡Mírame McGarret, Joder!-exigió, hasta que por fin su compañero dejó de mirar a los hombres del HPD como si quisiera abrirlos en canal y fijó sus ojos en él- Lukela tiene razón, ¿Vale?... Ambos lo sabemos, tiene que hacerlo.
-Esto no me gusta Danny.-afirmó con la mirada llena de preocupación.
El detective no pudo más que sonreír ante esa respuesta.
-Créeme, Steven, esto me gusta tan poco como a ti… Bueno, no… me gusta menos-bromeó, aunque en el fondo estaba totalmente cagado de miedo-. Como esa chica me identifique como cómplice del asesino del embajador, me veo en la prisión de Halawa haciendo compañía a todos los "amigos" que he encerrado allí durante estos dos últimos años-tragó saliva acojonado al pensar en cómo sería ese futuro, y no pudo evitar pensar en su pequeña Grace.
Entonces Steve imitó a Danny, levantó las manos y le sujetó con fuerza de su chaleco, con tanta fuerza que hizo que la parte superior de su cuerpo se moviera y se pegara a la del comandante.
-Eso no va a pasar, ¿Me oyes?-advirtió- Va a descartarte, ¿De acuerdo? No pienso informar a Denning de esto hasta que te descarte. ¡Nadie!… va a informarle-gritó mirando a Lukela y a sus hombres- o me encargaré de que el chivato limpie las letrinas de la base militar hasta que se retire.
El policía asintió dándole la razón. Y no fue por la amenaza, sino porque ninguno de los asistentes quería ver al detective Williams entre rejas, aquello no saldría de allí.
-Dios, ¿qué pensará Grace si acabo en Halawa? Steve yo…- la voz de Danny se quebró un instante, el estómago le estaba matando y las piernas empezaban a temblarle.
-Te tengo cubierto, amigo. No pienso dejar que se salgan con la suya. ¿Me oyes? Voy a sacarte de esta. Te lo prometo.
Todo lo que pudo hacer Danny fue perderse en los ojos verdes de McGarret y asentir. Después cerró los ojos y dejó caer su frente un momento contra el pecho de Steve, cogió aire profundamente y lo soltó lentamente intentando calmarse.
-Todo irá bien, Danny-susurró Steve, no muy convencido de sus propias palabras-. No voy a dejar que pases más tiempo del necesario en esa celda, amigo.
-Lo sé-sonrió el detective, cuando por fin se separó de él y volvió a levantar las manos para que le esposaran- ¿Y sabes por qué lo sé?
Steve le miró confuso.
-¿Por qué?
-Porque te reservas el hacerme la vida imposible para ti solito, compañero. No creo que quieras compartir el privilegio con nadie.
Y esta vez no fue como la anterior, en esta ocasión Steve sabía que Danny bromeaba cuando le decía lo de hacerle la vida imposible. Lo sabía porque lo sentía en el tono de sus palabras, en esos ojos azules que le miraban y le pedían ayuda.
-Te veo pronto, compañero-fue todo lo que el nudo que sentía en esos momentos en la garganta le dejó decir como respuesta.
