Capítulo 5
En cuanto se llevaron a Danny a las celdas, Steve fue directo a hablar con Chin y Kono para organizarlo todo para la rueda de reconocimiento.
-Ha sido difícil calmarla, pero al final lo he conseguido y parece que ha accedido a identificar a los sospechosos que tengamos- afirmó la agente, visiblemente alterada y hablando en un tono más brusco de lo que solía hacerlo nunca. Entonces empezó a hablar, atropellando las palabras una con otra y casi sin respirar-. Jefe, ¿Qué demonios está pasando? Esa chica casi ha descrito a los miembros de esta unidad al completo justo antes de decir que "el detective Danny Williams" mató a su novio… Es de locos… ¡si nos ha visto a todos en la redada! Danny fue precisamente el que la ayudó a subir al coche patrulla mientras lloraba desconsolada gritando el nombre de Chen… ¿Cómo puede decir que él le mató?... Esto está preparado, ¿verdad? La han coaccionado, ¿no? ¿Alguien va a por nosotros? ¿Es eso?... No podemos permitir que le encierren, Steve, él nunca…
-Kono… respira-la cortó el comandante, estaba claro que él no era el único preocupado por el detective.
Por un momento pensó en si el interés de la chica era puramente amistoso o si sentía algo más por él.
"Céntrate McGarret, los celos nunca te han quedado bien"-se recriminó a sí mismo.
-Mi prima tiene razón, jefe… No podemos dejar que Danny…-empezó a decir Chin, pero de nuevo se vio cortado por su jefe.
-Nadie va a dejar que le pase nada a Danny, ¿Ok?... Y tampoco voy a dejar que pase un segundo más en esa celda del imprescindible-ambos asintieron y esperaron a escuchar lo que Steve tenía pensado- Kono, coge a un dibujante de criminalística y llévatelo a ver a Mary, ya identificó al tirador como uno de los hombres que estuvieron en casa de Xing, ahora quiero que te describa al resto y hagan un retrato robot, lo más exacto posible, de cada uno.
-Sí, jefe…-contestó ella, alejándose de ellos en seguida.
- Tenemos que descartar nuestras identidades si no queremos hacer compañía a Danny en esa celda, ¿no?-preguntó Chin, adivinando sus intenciones.
-Exacto. …-afirmó McGarret- Da igual que nos haya estado viendo desde que la encontramos, si se ha vendido y alguno de nuestros nombres sale a relucir no le seremos de mucha ayuda. Y le he prometido que iba a sacarle de esta…-entonces se quedó callado, sintiendo el peso de ese miedo que meses atrás fue tan familiar para él, el de perder a un compañero. Le costó mucho superar aquello, solo esperaba que la fortuna no fuera tan puta como para hacerle pasar por algo así de nuevo.
Otra vez no, no con Danny…-pensó. Ni siquiera había pasado el suficiente tiempo junto a él.
Su preocupación se hizo tan obvia que el agente Kelly no fue capaz de pasarla por alto.
-No es malo estar preocupado por tu compañero, ¿sabes, jefe? No es algo de lo que deba uno avergonzarse. Y puede que el detective Williams y tú llevéis poco tiempo como compañeros, pero en ese tiempo habéis pasado más horas juntos de las que muchos pasan en meses. Es lógico si…
-Chin…-le interrumpió de nuevo Steve, empezaba a sentirse algo incómodo-. Prepara la rueda de reconocimiento lo antes posible, ¿quieres?
-Claro, jefe…-contestó simplemente el agente Kelly, sabiendo que de algún modo había tocado una parte de un tema algo complicado. Puede que ni siquiera ellos tuvieran claro lo que sentían todavía, era demasiado pronto, pero la atracción que había entre Steve y Danny era más que obvia tanto para Kono como para él.- Te avisaré cuando esté lista.
-Bien, yo voy a ir a ver a Chen…-soltó McGarret con expresión cabreada cuando se separaron.
Steve había hecho que Lukela trasladara a Edison Chen de una de las celdas en la que esperaba el traslado a la cárcel de Halawa, a una de las salas de interrogatorios de la comisaria. El propio Duke le esperaba dentro de la sala cuando entró en ella.
En cuanto le vio aparecer, el jefe de policía hizo salir a los dos guardias que custodiaban al detenido y se quedó a solas con él y el comandante.
Chen estaba sentado en una silla, esposado como era reglamentario, y con el retrato robot de Nicholas en la mesa que había frente a él.
-Todo tuyo-ofreció Lukela, mirando al detenido con malicia.
A Chen no le dio tiempo ni de imaginar lo que venía después, antes de que pudiera preguntar, Steve se abalanzó sobre él y estampó su cara contra el retrato del tirador al mismo tiempo que empezaba a gritarle. ¡Bendita carta blanca la que le otorgaba el 5.0!
-¿Quién coño es este hijo de puta? ¿Qué sabes de él? Vamos, ¡habla!
-Ahhh… –se quejaba Chen, que de nuevo veía su boca sangrar por culpa del comandante.
-¿Qué sabes de él?-repitió Steve, cada vez más cabreado y gritando más fuerte.- Dime todo lo que sepas o yo mismo te llevaré ante las Triadas y les diré que eres nuestro chivato desde hace años…
-No te creerán…-se rio el chino- ¿cómo iba a ser eso cierto si no hace más de unos tres meses que llegué a la isla?
-Bien, entonces te arrancaré los pocos dientes que te quedan y te los haré tragar- Steve volvió a ponerle la mano en la nuca para golpearle contra la mesa una vez más.
-No, no, no, no… por favor… en serio, yo no sé nada más… Te he dicho todo lo que sé. Llegué aquí hace tres meses y Lei me dijo que tenía que presentarme a un tío que nos haría ganar mucha pasta, pero que no podría hacerlo todavía porque no estaba en la isla. Lo recuerdo porque me extrañé al ver que era chino, creí que sería algún norteamericano forrado.
-¿Por qué?-preguntó Steve, sin dejar de tocar la nuca de Chen y preparado para golpearle de nuevo si no le daba la información que necesitaba.
-Por su acento-aclaró el detenido- su inglés era perfecto. Lei tenía un móvil de pre-pago por el que contactaba con él. Unos días antes de su llegada el tipo llamó, pero se lo había dejado en casa y fui yo quien contestó. Te juro que por su voz hubiera pensado que era americano.
-¿Cuánto tiempo pasó?-preguntó el comandante.
-¿Qué?
-¿Que cuánto tiempo pasó entre que llegaste tú a Hawaii y lo hizo él?-repitió Steve, con un tono de "no me hagas repetirlo o te vuelvo a estampar los morros en la mesa y entonces si que te quedas sin los pocos dientes que aún tienes".
-No lo sé… más o menos un mes.
Steve le miró poco convencido y apretó el agarre de su cabeza, Chen tragó acojonado y empezó a rogar de nuevo.
-Se lo juro comandante, no sé nada más… se lo juro…-casi parecía que lloriqueaba mientras hablaba.
-Ok… te creo-afirmó Steve, pero antes de soltarle le volvió a dar un nuevo golpe contra la mesa-. Duke, enciérralo-ordenó justo antes de salir de la sala, mientras escuchaba de fondo los lamentos del chino.
No era mucha la información que Chen le había dado, pero Steve había visto un posible punto de partida en ella. Ahora sabía dónde empezar a buscar a ese cabrón.
-Tenemos un problema-Chin se cruzó en su camino nada más abandonar la sala de interrogatorios.
-¿Qué pasa?-El móvil de McGarret empezó a sonar en esos momentos, mostrando el nombre del gobernador en la pantalla.- ¡Mierda!
-Lo siento jefe. No sé cómo se ha enterado-en la cara de Chin había casi tanta frustración como en la de Steve.
El comandante bufó fastidiado y contestó al teléfono tras dejarlo sonar un par de veces más.
-McGarret…- anunció sin mucho entusiasmo.
La llamada de Denning no hizo más que complicarlo todo. Su enfado con el comandante por desafiarle y ocultarle información era tal, que puso todos los impedimentos que pudo para que la rueda de reconocimiento que descartaría a Danny como sospechoso no se realizara hasta la mañana siguiente.
Por más que Steve gritó, amenazó e incluso rogó, el gobernador decidió darle una lección de poder a través de su nuevo compañero. Además, le puso un tiempo límite, si en cuarenta y ocho horas no averiguaba algo más, algo realmente consistente, sobre el tirador que abatió al embajador japonés, haría que el detective Danny Williams fuera destinado al departamento de policía y confinado tras una mesa de despacho.
Ese fue el momento en el que McGarret se dio cuenta de que Danny tenía razón, desde que había llegado a su vida no había hecho más que darle problemas. También fue ese el momento en el que se prometió a sí mismo que no pararía hasta compensárselo.
Así que lo primero que hizo fue centrarse en aprovechar esas horas que Danny debía pasar a la fuerza encerrado en esa celda de castigo, para encontrar una pista concluyente sobre el tirador con la que disculparse por lo sucedido.
Fue ahí donde entró en escena la información que Chen le había dado. El chino había dicho que el sospechoso llegó a la isla un mes después que él, por lo que Steve decidió empezar por visualizar las imágenes de seguridad de las llegadas al aeropuerto de Honolulu de hombres de nacionalidad china no residentes en la isla durante los dos meses anteriores a la muerte del embajador japonés.
Envió a Chin y Kono a casa a descansar y se encerró en la oficina del cuartel general del 5.0 para hacer una búsqueda exhaustiva con esos detalles. La lista de nombres resultante no era precisamente corta. Los vuelos en los que esos hombres llegaron no coincidían unos con otros y las horas de imágenes por comprobar se acumulaban frente a él, pero al menos era lo suficientemente reducida como para sacar algo en claro.
Pasó toda la noche encerrado allí, comprobando las imágenes de llegadas de cada uno de esos vuelos y los rostros de esos hombres. Eran ya casi las cinco de la mañana cuando por fin el rostro del sospechoso le saludó desde la pantalla.
-Te tengo hijo de puta…-gritó eufórico cuando por fin le reconoció.
Pasó la imagen por el programa de identificación del gobierno y esperó el resultado. La primera vez que lo hicieron, partiendo de una imagen realizada por ordenador gracias al retrato robot de Steve, no obtuvieron ninguna coincidencia. La imagen no era lo suficientemente exacta. Pero esta vez el reconocimiento fue inmediato.
-Nicholas Tse, nacido el 29 de Agosto del 80 en Hong Kong, China. Afincado en New York. Llegado a la isla con un visado temporal no laboral, bla, bla, bla… ¡Joder!
Era extraño, pero no había mucho más sobre él que pudiera ayudar a Steve, Nicholas no había sido fichado nunca por ningún tipo de delito, sus datos no aparecían en la base de datos del gobierno.
Bueno, es un comienzo…- se dijo cansado.
Al menos ahora tenía un nombre y un rostro real que ponerle al asesino del embajador.
Llamó al gobernador Denning para darle la noticia, ¡SÍ! a las cinco de la mañana. ¿Qué pasa?... Quería resultados ¿No?... Pues él iba a dárselos. Y si lo tenía que hacer a esas horas y le despertaba de su plácido sueño… ¡que se jodiera! Steve ni siquiera se había acostado aún. Y seguramente Danny estaba siendo incapaz de dormir en esa celda en la que ordenaron encerrarle a pesar de ser inocente.
-Pondré una orden de búsqueda y captura cuanto antes, señor. Le contaré más en cuanto mi equipo le haya investigado a fondo.
Estaba mirando las imágenes de la llegada de Nicholas al aeropuerto de Honolulu mientras hablaba con él. Vio al chino pasar por seguridad y siguió su figura por la pantalla entre la gente hasta que dejó de estar en un plano lo suficientemente nítido para hacerlo. Pero de pronto vio algo que llamó su atención y le hizo incluso perder el hilo de lo que Denning le estaba diciendo.
-¿Qué coño…-soltó Steve.
-¿Qué? ¿Me está escuchando McGarret?-gruñó cabreado el gobernador.
-Sam, te llamo luego –le cortó, y colgó el teléfono dejándole con la palabra en la boca.
Vio a Nicholas reunirse con otro tipo, pero según el ángulo de esa cámara de seguridad, no podía ver quién era. Decidió acceder a las grabaciones de las distintas cámaras de seguridad del aeropuerto de ese día y esa hora, y cuando por fin pudo hacerlo, no podía creerse a quién pertenecía el rostro que se reflejó en la pantalla junto al chino.
-Joder…-volvió a decir, esta vez con un tono incluso más preocupado que cabreado- joder, joder…
No se pensó demasiado el siguiente paso, así que llamó a la única persona de confianza a la que podía contarle lo que había averiguado por el momento.
-Hey, Cath-saludó cuando Catherine cogió el teléfono por fin.
-¿Las cinco, Stevie? ¿En serio?... ¿Qué puedo hacer por ti?-contestó ella sin vacilar. Conocía a Steve mejor que nadie, si llamaba a esas horas era porque necesitaba algo.
-Lo siento mucho, preciosa… necesito un favor-soltó sonriendo, Cath le conocía bien. Era lo bueno de su relación, que sabían todo uno del otro y aun así, no solamente se soportaban como compañeros y amigos, sino que se adoraban.
Esa morena le había sacado de muchos problemas, incluida la depresión por la que pasó cuando perdió a John. El verdadero motivo por el que finalmente accedió a viajar a Hawaii y se alejó de la marina.
Sabía que sus compañeros pensaban que estaban juntos, que eran amigos con derecho a algo más. Pero como a ella no le importaba, a él tampoco. Mientras pensaran en eso no se pararían a pensar en lo que realmente pudo haber entre el Sargento John Snow y él.
-Lo que necesites. –Fue toda la respuesta que obtuvo de Cath. Como siempre.
-Quiero que investigues a alguien por mí. Todos sus movimientos de los últimos tres meses. Sobre todo necesito que averigües que tiene que ver con otro tipo en concreto. Te mando al móvil las identidades de los dos. Y a este tipo en cuestión del que te hablo, tenemos que mantenerlo vigilado. Quizás vuelvan a reunirse y me entregue al cabrón que busco sin quererlo.
-Claro… tú dime sus nombres y yo te daré hasta la talla de los pantalones, cariño-contestó ella.
En cuanto colgó el teléfono a Cath, llamó a Chin y Kono, les puso al día de la información que había obtenido sobre Nicholas (omitiendo lo del otro hombre con el que se había reunido hasta que su amiga le tuviera controlado) y les ordenó que le investigaran a fondo mientras él iba a hacerle una visita a Danny.
El detective Williams había sido llevado a una celda aislada de las del resto de detenidos comunes, por lo que en la zona del sótano de la comisaría en la que estaba, solamente había un guardia vigilándole.
Cuando Steve entró le vio sentado sobre el colchón de la pequeña cama que había en un lado de la celda, con la espalda en la pared y las piernas levantadas. Sus brazos descansaban sobre sus rodillas y su cabeza estaba enterrada entre ellas. Steve sabía que en realidad no estaba dormido.
-Tomando un descansito, Williams-bromeó- aunque tenerle delante, atrapado en aquellas paredes cerradas con barrotes, le hacía sentir una extraña sensación de angustia en su interior que casi no le dejaba pensar en una frase medianamente ocurrente.
-No, en realidad no…-soltó Danny, levantando la cabeza y dejándola caer despacio contra la pared para poder mirarle.- Estaba esperando a que mi compañero se espabilara de una vez y viniera a sacar mi culo de esta maldita jaula.
Steve se rio ante su sarcasmo, pero después bajó la mirada apenado.
-Nada me gustaría más que sacar tu culo de esa celda y llevármelo conmigo ahora mismo, Danny. Puedo asegurártelo.
-Pero…-soltó el detective, dejando a un lado lo prometedor que había sonado eso y comprendiendo que algo sucedía. Llevaba demasiadas horas allí metido, y no se tardaba tanto en preparar una rueda de reconocimiento, algo iba mal.
Steve miró al guardia que vigilaba la celda de su compañero y le hizo un gesto para que se fuera, a lo que el hombre obedeció con un asentimiento y alejándose de ellos para dejarles a solas.
-¿Me has echado de menos?-bromeó de nuevo Steve, acercándose a la celda y quedándose parado junto a los barrotes, con los brazos cruzados sobre el pecho en su típica pose chulesca y autosuficiente, y sujetando un sobre en una de las manos que el detective no pudo evitar preguntarse qué contendría.
-Sabes, me gustaría poder decir que no, pero…-contestó el rubio sonriéndole, y levantándose de la cama para acercarse a él.
La forma en la que esta vez Danny le siguió el juego hizo sonreír a McGarret.
En esa zona no había cámaras, ambos sabían que era un lugar aislado, muchos interrogatorios algo "especiales" se habían llevado a cabo en esa celda, así que por el bien de los propios policías no había circuito de grabación. Eso les hizo sentirse más cómodos y tranquilos a la hora de decir lo que realmente pasaba por sus cabezas ahora que por fin se veían desde su detención.
A Steve no se le había olvidado la forma en la que Danny se dejó caer contra su cuerpo, angustiado y pidiéndole ayuda en silencio, cuando los hombres de Lukela aparecieron para arrestarle.
A Danny tampoco se le había olvidado la forma en la que Steve le había dicho que él le sostenía. El tono de voz lleno de significado con el que le dijo que le prometía que le sacaría de allí como fuera.
-¿Una noche encerrado en esta "suite" y pasas de odiarme a añorarme, compañero?- soltó socarrón el SEAL, se frotó la barbilla con los dedos haciéndose el interesante y mirándole como si intentara meterse bajo su piel sin tocarle- Um… me estoy viendo tentado a dejarte un poco más ahí dentro, puede que consiga que lo nuestro avance un poco más deprisa.-confesó, guiñándole un ojo divertido.
"Lo nuestro" para el detective Williams había sonado a música celestial. Pero tenía claro que Steve bromeaba, que debía referirse a su relación laboral, ¿qué más podía ser sino? Vale, sí, estaba la obvia atracción física que había entre ellos, pero… Danny era demasiado realista como para pensar en que pudiera ser algo más.
-Yo no te odio, Steven-lo dijo tan serio y con un tono tan suave que la expresión pícara de Steve desapareció al instante, así que decidió hacerlo sonar menos personal-. No te odio, simplemente tengo algunas desavenencias con tu actitud de Super Seal autoritario y adicto a la adrenalina al que le encanta oírme gritar cabreado.
Steve bajó la mirada ante esa última frase, fingiendo reírse de su excusa, pero Danny supo por su sonrisa triste que esas palabras no habían obtenido el resultado deseado. Tragó con fuerza y se arrepintió de no haberse callado esa estúpida opinión, la tristeza era algo que esos preciosos labios no deberían dibujar nunca. No por su culpa.
-¿Qué ha pasado con la rueda de reconocimientos?-preguntó al ver que su compañero no parecía decidirse a empezar con las malas noticias, intentando borrar la imagen de los labios de McGarret de su mente.
-Lo siento, compañero-se disculpó Steve- alguien le dio el soplo a Denning y montó en cólera. No ha accedido a hacerla hasta hoy a las ocho de la mañana. Me castiga con tu castigo-afirmó finalmente, reflejando en su mirada la culpabilidad que sentía por dentro.
-Genial -se quejó Danny- ¿Así que tú le cabreas y yo pago las consecuencias?
-Lo siento-volvió a decir, esta vez en un tono de voz bajo y muy arrepentido.
-Hey… no pasa nada-intentó de nuevo quitarle importancia al asunto- ya me lo compensarás-soltó mirándole juguetón y guiñándole un ojo como acababa de hacer el comandante momentos antes.
Steve sonrió y lo miró directamente a los labios, esta vez su sonrisa siendo genuina y aliviada.
-Cuándo y dónde quieras, amigo-afirmó convencido, acercándose hasta tocar los barrotes con su mano libre y sin dejar de mirarle. Sus ojos se movían de los labios a los ojos azules de Danny y de nuevo a su boca, deleitándose en ambas partes del rubio como si no fuera capaz de decidir cuál de ellas le atraía más.
La forma en la que le habló fue tan poco sutil que Danny no pudo evitar ruborizarse.
-¿Qué es eso?-preguntó el tímido detective, cambiando de tema rápidamente.
Se encontró a si mismo descubriendo que le gustaba eso, el tira y afloja entre él y el comandante, ese coqueteo constante. Aunque sabía que si lo seguía demasiado corría el riesgo de tomarlo más en serio de lo que podía manejar.
-He identificado al tirador-afirmó Steve, introduciendo su mano y parte de su brazo a través de los anchos barrotes de la celda y pasándole el sobre.
Danny se apoyó en los barrotes, buscando instintivamente más de su cercanía, y abrió el sobre para ver qué era. En su interior encontró la foto de Nicholas y sus datos. Su semblante se ensombreció cuando reconoció su rostro.
-¿Le conoces?-preguntó extrañado Steve, eso no lo esperaba para nada.
-Yo… sí, dios… sí. –Soltó visiblemente sorprendido- Está algo diferente, pero… sí, conozco a este chico. Él…-miró dudoso al SEAL, como si estuviera decidiendo si confiar en él o no. Pareció decidir que sí, porque siguió hablando y le dijo la verdad-. Nicholas Tse. Era el hermano de mi compañero de patrulla en la policía de Seattle.
-¿Tu qué?-preguntó alucinado Steve.
-Durante los últimos meses que pasé en la policía de Seattle antes de…-se quedó callado al darse cuenta de que iba a hablar de Rachel y su divorcio con Steve, y eso no podía ser buena idea- Bueno, tuve que cambiar de compañero varias veces mientras esperaba mi traslado. Me asignaron a un novato que se llamaba Yin, Patrick Yin Tse.
-El hermano mayor de Nicholas-intervino el comandante, empezando a tener también una mala sensación sobre esa "pequeña coincidencia" que vinculaba a Danny con el asesino.
-Sí, creo que se llevaban cinco o seis años y… ¡Dios, esto es muy raro!-soltó, hundiendo una de sus manos en su pelo rubio, sin creer lo que estaba ocurriendo.
-¿A qué te refieres?-preguntó preocupado Steve.
-A que es extraño que aparezca así ahora porque precisamente nos conocimos hará unos meses. Viajé a Londres en vacaciones, Rachel se había llevado a Grace y bueno… no tenía nada que hacer y…
Danny se llevó la mano a la frente masajeándola para intentar centrarse, otra vez empezaba a hablar de su ex. Suspiró cansado y siguió hablando dejando caer los brazos a su lado frustrado.
-Nicholas y yo nos encontramos allí. Fue una de esas casualidades extrañas, el chico me reconoció en seguida, pero yo no tenía ni idea de quién era. Nos habíamos visto una vez solamente, y él era más crío y todo eso –se excusó-. La cuestión es que no sé cómo acabamos quedando para comer.
Esa afirmación hizo que Steve le mirara de una forma que le sorprendió bastante, como descolocado y claramente ofendido. Por algún motivo sintió la necesidad de explicarle que no hubo nada entre él y Nicholas.
-No me mires así, fue solamente como amigos, ¿vale?, es un niñato Steven.
-Yo no he dicho nada…-se defendió el comandante, viendo que sus celos habían sido más obvios de lo que le habría gustado- ¿De qué hablasteis?
-No lo sé, de todo un poco. Sobre todo de su hermano. Y me estuvo preguntando que había sido de mi vida.
-¿Le contaste lo de tu trabajo en el 5.0?
-Claro, ¿por qué no iba a hacerlo?-le miró fastidiado Danny- la cosa es que pensaba que el chaval me guardaría rencor por lo de su hermano o algo, pero no fue así. Pensé que era un gran chico y que… ¡Joder! ¿Cómo pude no darme cuenta de que él era el del retrato robot…? Ahora que veo su foto está tan claro…-se reprochó a sí mismo.
-Espera, ¿qué le pasó a su hermano?
Danny le miró angustiado.
-Yin murió en un tiroteo en su primera semana en el cuerpo. Un atraco a un banco. Intentó hacerse el héroe y la cosa se descontroló. Yo recibí un tiro en la pierna que me dejó una cicatriz enorme en la rodilla- Steve levantó ambas cejas en gesto curioso- Sí, si eres bueno conmigo algún día te la enseñaré-bromeó Danny- y a Yin le metieron un balazo en el cuello que le seccionó la carótida, murió desangrado entre mis brazos en el suelo del banco, ni siquiera llegó a la ambulancia.
-Mierda, Danny… Lo siento-Steve metió una mano por los barrotes y apretó con fuerza el hombro del detective.
-Sí… Después de eso la familia de Yin montó un buen espectáculo en comisaría. La madre era norteamericana, pero el padre era chino y muy arraigado a ciertas creencias un poco… extremistas. Querían que yo me hiciera responsable de la muerte de su primogénito, decían que mi deber era protegerle y…-cerró los ojos y tragó con fuerza, cuando los abrió su mirada avergonzada se fijaba en el suelo.- ¿Sabes lo mejor? Siempre pensé que tenían razón. Que ese novato murió por mi culpa. Por no saber mantenerle a raya y…
-Danny-le interrumpió Steve, haciendo que la mano que apretaba su hombro se dirigiera a su cuello y le obligó a mirarle a los ojos de nuevo-estoy seguro de que hiciste todo lo que pudiste. Y también de que no fue culpa tuya.
El detective cogió aire con fuerza y lo soltó lentamente. Cerró los ojos de nuevo, esta vez disfrutando de la caricia que la mano de Steve hacía distraída en su cuello.
Cuando se dio cuenta de lo que hacía se alejó instintivamente del contacto de su compañero, queriendo borrar la dulce sensación del calor de esos dedos contra su piel.
-¿Qué mierda está pasando Steve?-preguntó, con la mirada llena de preocupación.
Por un momento McGarret no supo qué contestar. Tampoco era como si Danny le fuera a dejar hacerlo, empezó a hablar a toda velocidad, juntando unas frases con otras y alzando la voz más de lo que debería.
- ¿Qué tiene que ver el hermano pequeño de mi ex compañero de patrulla chino con un embajador japonés? ¿Por qué demonios intenta inculparme? ¿Quiere castigarme por lo de Yin o algo?-no se dio cuenta de nervioso y cabreado que se sentía, sus manos hablaban casi tan rápidas como su boca, se notaba que no entendía lo que estaba pasando y eso le volvía loco - ¿Pero por qué ahora? ¿Por qué matando al embajador? ¿Qué tiene que ver ese japonés conmigo? ¿Le mató al azar solo para cargarme el muerto o qué?-preguntó finalmente, dando una patada cabreado a la cama, y dispuesto a hacerla recibir alguna que otra más para desahogarse.
-Danny, Danny, Danny…-intentó calmarle el comandante, metiendo ambas manos a través de los barrotes y después sujetándose a ellos como si quisiera traspasarlos para entrar en la celda y acercarse a él.-Tranquilízate, ¿Vale? ¡Eh!… ¡Mírame!
El detective se quedó parado donde estaba, levantó la mirada, hasta ese instante, centrada en la cama y la fijó en el comandante.
-Todo irá bien, ¿Vale? Vamos a averiguar qué tiene que ver esta mierda contigo, ¿De acuerdo?
-No lo sé, Steve, yo… -contestó nada convencido.
-¡Eh!… No, ¿Vale? Tú puedes con esto. Estoy seguro. Escúchame, ¿Quieres? Ven aquí-dijo haciendo un gesto con una mano para que se acercara.
Danny le miró un momento en silencio, sopesando si debía ceder y acercarse a él, o salir corriendo en la dirección opuesta.
-Por favor… -rogó Steve, y el cuerpo del detective se movió solo por propia voluntad para acercarse hasta él.
Las manos del comandante estaban aferradas a las barras de hierro de la puerta, a la altura de su cintura y le miraba preocupado. Danny se sujetó a los barrotes de la celda con los brazos extendidos, una mano a cada lado de la cabeza de McGarret, y se colgó de ellos mirándole a los ojos, intentando sonreír para apaciguar su preocupación.
-Tienes razón-afirmó, tenía que centrarse, Steve tenía razón. Él había dirigido solito el 5.0 durante dos años, podía con esa mierda. - A ver, ahora sabemos cuál es probablemente el motivo por el que Nick me ha escogido como cabeza de turco. Mata al embajador y le carga el muerto al hombre que cree responsable de la muerte de su hermano. Ojo por ojo… pero hay que averiguar qué conexión hay entre el chico y ese embajador. ¿Por qué matarle a él precisamente? Si va a por mí, ¿Por qué no cualquier otro?
-Estoy en ello, tengo una posible conexión entre el chino y el embajador, la estamos investigando, pero todavía no es nada seguro.
-¿Qué conexión?
Steve dudó un momento y finalmente decidió darle solamente una parte de la información. No podía hacerle pasar por eso si no estaba seguro de cuáles eran los hechos realmente. No le diría nada hasta que Cath no le trajera las pruebas necesarias.
-Un miembro de la Yakuza-dijo simplemente, ganándose una mirada recelosa por parte de su compañero-. Pero todavía no estamos seguros de cuál es el vínculo, tengo a una amiga de inteligencia investigándolo, en cuanto sepa algo me llamará y…
-Steven… ¿Qué es lo que no me estás contando?-lo preguntó con un tono que dejaba claro que no estaba dispuesto a permitir que le tomara por idiota.
-No sabemos nada seguro aún, Danny-repitió-. No tiene sentido dar vueltas a las posibilidades, podemos equivocarnos y…
-Steven-volvió a decir el detective, la advertencia aún más implícita en sus palabras.
McGarret resopló frustrado.
-Confía en mí, ¿Vale?... Deja que Cath me informe de lo que ha averiguado antes de tener esta conversación.
-¿Cath? ¿Quién coño es Cath? –contestó cabreado Danny- ¿Y cómo demonios quieres que confíe en ti cuando me estás ocultando información, "compañero"?
-Maldición, Williams. ¿Por qué eres tan cabezota? Si te digo ahora...-empezó el detective, pero el guardia volvió a entrar en la sala interrumpiéndole.
-Comandante, el Sargento Lukela quiere verle, señor.
-Dame un minuto-ordenó, dándole las gracias internamente al agente por haber evitado que continuara con esa conversación.
Cuando el policía salió de la sala, Steve volvió a centrarse en su compañero.
-Mira, -dijo con voz resignada y dolida, todo lo que intentaba hacer era ahorrarle un disgusto innecesario a su amigo- te pondré al día de todo lo que averigüemos después de esa jodida rueda de reconocimiento, ¿De acuerdo? En menos de una hora estarás fuera, amigo. Ten paciencia. Por favor.
Danny asintió levemente.
Steve le regaló una sonrisa tímida y le dio la espalda para salir de la sala.
-¡Eh! súper SEAL…- escuchó de pronto decir al rubio
-¿Qué?- se volvió quedándose parado y mirándole divertido.
-¿Puedo pedirte un favor?-preguntó algo incómodo.
El comandante se acercó sin pensarlo hasta él.
-Pide lo que quieras-afirmó, con tanto significado en esa frase que Danny se quedó sin palabras un instante.
-Mi hija Grace…-carraspeó dudoso- verás… ella… ella me llama cada día pasadas las siete de la mañana, antes de marcharse a la escuela–. Apretó los puños contra los barrotes nervioso – Los chicos de Lukela se quedaron todos mis efectos personales cuando me detuvieron y… bueno…
Entonces sintió como una de las manos de su compañero se aferraba a una de las suyas y la apretaba con fuerza.
-La llamaré yo mismo y le diré que te has dejado el móvil en la oficina y que estás con alguna investigación, no te preocupes. –aseguró McGarret, entendiendo cual era la preocupación de su amigo-. Podrás llamarla tú mismo cuando te saque de aquí.
-Gracias-susurró Danny, soltando el hierro y apretando solamente la mano de Steve.
El comandante miró sus manos unidas y después fijó sus ojos en él.
-De cero a cien en medio segundo, Ese eres tú, ¿Eh, Williams?-soltó dejando descolocado a Danny.
-¿Perdón?-preguntó, soltando rápidamente la mano de McGarret.
-Me odias, me echas de menos… Me gritas y medio segundo después me miras con esos jodidos increíbles ojos azules dándome las gracias mientras me acaricias la mano-suspiró de forma exagerada-. Vas a acabar volviéndome loco, amigo, te lo aseguro. Si no acabo en el psiquiátrico por culpa de Denning lo haré por la tuya.
Danny no pudo evitar sonreír como un idiota ante ese comentario, se mordió el labio intentando borrar la sonrisa que se dibujaba en su cara, pero esas palabras habían hecho tanto efecto en él que no era capaz de evitarla de ningún modo.
-¿A sí? Vaya… sí que te ha calado hondo una simple caricia. ¿Pues sabes qué?-preguntó divertido, siguiéndole el juego en un principio, pensando que todo lo que intentaba hacer Steve era calmar los ánimos entre ellos.- Tienes suerte de que no te haya besado, porque si lo hubiera hecho nada te salvaría ya de la locura, amigo.
Como respuesta a esa insinuación, el comandante se acercó de nuevo a los barrotes de la celda y se pegó a ellos.
-¿Es que has pensado en besarme, Williams?-susurró juguetón.-Eso es poco profesional por tu parte.-se burló.
-Um, pensar es gratis. Y eso no significa que vaya a hacerlo-contestó socarrón, acercándose más a Steve, y odiando esos malditos barrotes que les separaban más que nunca-. Además, como si tú no lo hubieras pensado…
Steve metió una mano a través de las barras de hierro de la celda y sujetó la camisa de Danny atrayéndole hasta él, sus dos frentes quedaron pegadas a los barrotes, mientras ellos se miraban como si nada más existiera.
-No creo que quieras saber realmente en lo que estoy pensando-afirmó el SEAL, sonriendo con picardía, pasando la punta de la lengua por su labio inferior como si saboreara lo que pasaba por su mente.
-Lárgate de una vez, McGarret-fue todo lo que se sintió capaz de decir Danny, y no lo hizo con el tono poco amistoso con el que le hubiera gustado hacerlo. Al contrario, todo su cuerpo pedía a gritos que no dejara marchar a Steve.
Cuando el comandante se alejó de él y salió de la sala, el detective Williams se acercó de nuevo a la cama y se dejó caer en ella.
-¿Qué coño está pasando?-se preguntó. Y no era solamente por todo aquel lío con el hermano de Yin y la muerte del embajador, sino por la forma en la que las cosas entre Steve y él parecían descontrolarse y cambiar de tercio cada instante más que pasaban juntos.
