Capítulo 6

Lo primero que hizo McGarret cuando se separó de Danny fue cumplir con su promesa, consiguió el móvil de su compañero y esperó a la llamada de la pequeña Grace.

-Hola, ¿Grace?-dijo descolgando el teléfono cuando empezó a sonar a las siete y cuatro minutos.

-¿Danno?-preguntó una voz femenina, que claramente sabía que no hablaba con quién esperaba.

¿Danno?-se dijo a sí mismo divertido. Esa tenía que apuntársela, le daría nuevas armas para jugar con su compañero.

-¿Grace? Hola, Soy el comandante Steve McGarret, el compañero de tu padre.

-¿Dónde está Danno? ¿Está bien?-la voz de la niña se notaba preocupada.

-Sí, claro, tranquila pequeña. Está ocupado con una investigación y se ha dejado el móvil en la oficina por descuido, en cuanto vuelva le digo que te llame, ¿Te parece preciosa?

-Claro, gracias…-contestó ella con su característica voz dulce y alegre, ahora más tranquila-. Dile a Danno que la próxima vez no sea tan despistado.

-Ok -se rio Steve- se lo diré a Danno cuando vuelva- le iba a encantar eso de "Danno" oh, sí, iba a ser muy divertido en adelante discutir con su compañero, sobre todo cuando le soltara eso de "súper SEAL", ahora tenía la réplica perfecta-. Me alegro de haber hablado contigo, Grace.

Una hora después llegó la rueda de reconocimiento. Steve no se había sentido tan nervioso en mucho tiempo. Sabía que Danny era inocente, pero aún así no iba a descansar hasta que le viese libre de esas malditas esposas que adornaban sus muñecas en la sala de identificación.

Seis hombres vestidos de manera similar y de características físicas muy parecidas a las del detective Williams se alineaban en la sala contigua a la que el SEAL compartía con la testigo, Chin, Kono y el Sargento Lukela.

Todos y cada uno de ellos sabían que la pared que separaba las dos salas era un espejo a través del cual alguien identificaría a uno de ellos, o quizás a ninguno, eso dependía de muchos factores.

Mary observó a esos hombres durante varios minutos, después pidió que tres de ellos dieran un paso al frente para poder observarles con más detenimiento. Uno de esos hombres era Danny.

Steve sintió como si su garganta se estrechara hasta no ser capaz de tragar algo más ancho que un alfiler, sintiéndose como si el aire que entraba en su cuerpo fuera insuficiente para sobrevivir por mucho tiempo. Sin darse cuanta aguantó la respiración, hasta que por fin la chica negó con la cabeza y les descartó a los tres.

-No es ninguno de ellos.

Steve dejó escapar el aire de forma pesada. "Sí, dios… ¡joder!"-se dijo a sí mismo aliviado. Luego miró a Lukela con expresión cabreada.

-Tienes cinco minutos para quitarle esas esposas y soltarle-. No necesitó aclararle a quién se refería.

El agente asintió sin atreverse a mediar palabra alguna y salió de la sala llevándose consigo a la testigo.

-Dios, creía que me iba a dar un ataque-soltó Kono, aliviada.

-Ya somos tres-afirmó Chin, dando por sentado que Steve estaba igual que ellos.

-Bien. Vamos a por Danny y…-pero el móvil del comandante empezó a sonar impidiéndole continuar- McGarret-dijo al contestar.

Era Cath la que le hablaba al otro lado de la línea, tenía información interesante sobre la investigación que Steve le había pedido que hiciera e iba en camino hacia el cuartel general del 5.0 para entregársela.

-Vale, nos vemos en diez minutos-respondió, algo resignado.

Le hubiera gustado ser él quien recibiera a Danny cuando le soltaran, pero lo que Cath tenía que contarle parecía urgente y tenía que ver con el detective también, así que no tuvo más remedio que ausentarse.

-Chin-pidió al agente-. Hay algo urgente que tengo que hacer, puede aportarnos información sobre Nicholas Tse y su vínculo con el embajador japonés. No tardaré más de media hora y…

-Claro, jefe. Yo se lo diré a Danny-contestó Chin, sabiendo qué era lo que realmente preocupaba al comandante.

Steve sintió como se ruborizaba y agachó la mirada. No es que no quisiera admitir que se sentía atraído por el detective Williams, había sido así desde el primer momento y ambos lo sabían, pero era muy diferente dejar que sus otros dos compañeros y amigos se percataran de su debilidad por el rubio de Seattle.

Aun así, le hizo un cómplice gesto de agradecimiento con la cabeza a Chin y le dio un golpecito amistoso en el hombro antes de marcharse.

Steve tardó finalmente una hora en regresar al cuartel general del 5.0. Cuando entró en la oficina vio que Danny estaba encerrado en su despacho hablando con una guapa mujer de pelo castaño y piel clara mientras sujetaba entre sus brazos a una niña de unos ocho o diez años que le abrazaba con cariño y le enseñaba la escayola que le habían colocado en la mano derecha.

No quiso interrumpir, así que se acercó a Chin y Kono, que estaban trabajando en la mesa del ordenador central.

-Hey, jefe-dijo la chica cuando se puso a su lado.

-Hey-contestó Steve, sin poder evitar mirar todo el tiempo hacia el despacho de Danny.

-Son Grace y Rachel-aclaró pequeña se ha caído esta mañana y se ha roto un dedo, han venido a ver a Danny al salir del hospital.

En esos instantes Danny soltó a Grace y Rachel se acercó a él sonriente para abrazarle.

-Parecen tener una buena relación para estar divorciados-Steve ni siquiera supo porque narices había soltado eso.

-Danny quiere a esa niña más que a nada, es el motivo de que esté aquí. Haría cualquier cosa por ella-afirmó Chin.

-Hasta llevarse bien con la inglesa estirada de su ex…-soltó divertida Kono, saltaba a la vista que no le gustaba mucho Rachel.

-Claro. Por supuesto. Me lo imaginaba… Tampoco es que sea asunto mío. -contestó él quitándole importancia y cambiando de tema. -Em… Ah, sí… Cath me ha dado cierta información bastante buena- se obligó a apartar la mirada del despacho de su compañero y empezó a explicarles lo que había averiguado, poniendo el sobre que llevaba en la mano delante de ellos sobre la mesa.

Aunque Kono no se tragó la mitad de su fingida indiferencia.

-Joder, esto no es bueno-afirmó la agente cuando Steve les contó lo que sabía.

-Danny va a…-empezó Chin, pero el comandante le cortó enseguida.

-Quiero que le tengáis vigilado. Que no dé un paso sin que nuestro equipo esté pegado a su culo-Kono y Chin asintieron enseguida- Y seré yo quien hable con Danny y le ponga al día, ¿De acuerdo?

-Sí, jefe-contestaron ambos al mismo tiempo, alejándose de inmediato hacia la puerta para cumplir con sus órdenes.

Fue en ese instante cuando la puerta del despacho del detective se abrió y Rachel y Grace salieron de él.

Steve vio a la niña abrazar a Kono y saludar a Chin, y después se sorprendió cuando se acercó a él y levantó una mano izquierda en forma de saludo.

-Hola, soy Grace-dijo dejándole completamente descolocado- tú debes ser el compañero de mi padre.

Steve sonrió divertido ante su espontaneidad y apretó su pequeña mano con cariño.

-Encantado de conocerte en persona, Grace. Soy Steve, hemos hablado por teléfono esta mañana. ¿Qué te ha pasado?-preguntó señalando su mano escayolada.

-Frankie Wilson se ha caído en la clase de gimnasia mientras hacíamos carreras de obstáculos y me ha hecho caer a mí también, puse mal la mano al apoyarme y me he roto un dedo. ¿A que es guay?-preguntó ilusionada, enseñándole de nuevo el vendaje que evitaba que moviera la mano. Iba desde su codo hasta los nudillos, y en el ya estaban marcadas con rotulador negro las firmas de Kono, Chin y Danny.

-Es muy guay-se rio Steve-. ¿Puedo?-pidió, guiñándole un ojo.

-Claro… En mi clase van a alucinar cuando vean que un militar me ha firmado la escayola-soltó tan contenta.

Steve estuvo tentado de decirle que no era la armada a lo que pertenecía, sino a la Marina, pero decidió dejarlo pasar y cogió un marcador negro y se agachó junto a ella para dejar su propia marca en el vendaje. Dibujó el símbolo de su escuadrón y firmó como Comandante McGarret.

-Ves, ahora tienes uno como el mío-le dijo a la niña enseñándole el tatuaje que llevaba en el brazo derecho y que era igual al símbolo del dibujo.

-¡Mola!-soltó encantada.

-¡Gracie! vamos…-le urgió su madre, mirando al comandante de un modo que no le gustó demasiado.- se hace tarde.

-Gracias, Steve ¡Adiós!-dijo la niña sonriente, alejándose de él para reunirse con Rachel.

McGarret miró hacia el despacho de Danny y le vio dejarse caer en su silla con las manos detrás de la cabeza y con expresión cansada.

Tenía que hablar con él de una vez, no podía posponerlo más.

Se acercó al despacho de su compañero y golpeó la puerta suavemente con los nudillos.

-Tienes muy mala pinta-bromeó, entrando sin esperar a que Danny le diera paso y quedándose parado de pie frente a su mesa.

En realidad no era cierto. Sí que se le veía cansado y preocupado, pero su pelo normalmente engominado de forma perfecta y meticulosa estaba en esos instantes despeinado y revuelto, dándole un aspecto desenfadado que, combinado con la falta de existencia de esa típica corbata que rodeaba su cuello hacía que a Steve le resultara de lo más sexy.

-Tú tampoco pareces recién salido de una siesta, amigo-contestó sarcástico, dejando caer los brazos sobre la mesa y mirándole preocupado-¿Denning?-preguntó curioso, queriendo saber el motivo por el que había estado desaparecido la última hora.

-Em… sí, claro… ya sabes, me llamó para darme la bronca y esas cosas. Pero bueno, ni caso. Acabo de conocer a Grace, parece una niña estupenda, y muy lista.

-Lo es. Es increíble y exasperantemente inteligente-dijo divertido y claramente orgulloso-. En serio, a veces no sé si soy yo quien la educa a ella o al contrario.

McGarret soltó una sonora carcajada como respuesta, creyendo que se había salido con la suya y había conseguido hacer que Danny se despistara del tema. Pero se equivocaba.

-Soy un hombre afortunado, Steve-continuó su amigo- y no solo porque tenga una hija inteligente, sino porque yo tampoco soy idiota y empiezo a conocerte y a saber cuándo tú sí que lo estás siendo-advirtió-. Acabo de colgarle a Denning, dice que te ha llamado cinco veces la última hora y no te has molestado en contestarle. ¿Qué me estás ocultando?

Steve se mordió el labio fastidiado.

-No te estoy ocultando nada, Danny. Simplemente no me has dejado encontrar la manera de empezar a…

-Ok, pues empieza- le cortó el rubio, cruzándose de brazos y esperando una respuesta clara.

-Hemos averiguado la conexión entre Nicholas, tú y el embajador-empezó algo dudoso.

-Y…-le instó a continuar el detective.

-El miembro de la Yakuza del que te hablé. Es…-Steve parecía no atreverse a decirlo.

-Es Adam, ¿Verdad?-en realidad no quería saber la respuesta.

-¿Lo sabías?-preguntó sorprendido el marine.

-No… pero sabía que me ocultaba algo. Desde el día en que fuimos a interrogarle a la embajada. Cuando le enseñé el dibujo del boceto de Nicholas dudó, vi algo en sus ojos. No lo sé… quise creer que era por la discusión que teníamos, pero…-Danny tragó angustiado- lo que me has dicho esta mañana me ha hecho pensar. Estaba claro que no querías decirme la verdad porque tenía que ver conmigo. Tenía que ser él.

Steve se golpeó la pierna con el sobre con documentación que tenía en la mano, indeciso durante un instante. Cuando por fin se decidió, se acercó hasta su compañero y se sentó apoyándose sobre la mesa a su lado, tirando el sobre delante de él para que lo abriera y viera lo que contenía.

Danny le miró dudoso y se dispuso a cogerlo, pero el SEAL puso un momento una de sus manos encima del sobre para pararle.

-No va a gustarte amigo-advirtió afectado, pero su amigo sujetó su mano y la apartó del sobre lentamente sin decir nada.

Steve empezó a explicarle lo que sabían conforme su compañero iba ojeando las fotos y leyendo la información.

-Te ha mentido, no ha acabado con todos los negocios de su padre con la Yakuza. Se asoció con el embajador japonés para pisarles unos terrenos en el puerto a las Triadas, de ahí las amenazas que recibieron en la embajada. Hace cuatro meses Adam Noshimuri viajó a China durante tres días. Comprobamos el registro de su estancia en el Hilton y encontramos varias cosas interesantes. Nicholas estuvo registrado en el mismo hotel durante dos de esos mismos días.

-¿Se conocían?-preguntó, algo descolocado.

-No… todo indica que no. Al menos en un principio. Adam pasó los dos primeros días asistiendo a un Simposium de tecnología que creemos puede ser la tapadera de algún otro negocio de la Yakuza. No hay imágenes de los dos juntos durante el congreso. Pero la última noche que Noshimuri pasó en el Hilton, es algo diferente. Mira la última foto-pidió Steve, sintiéndose un miserable por tener que darle la información que venía a continuación.

La expresión de Danny se ensombreció cuando vio la foto a la que se refería McGarret. En ella aparecían Adam y Nicholas en una actitud bastante cariñosa, parados frente a la puerta de una de las habitaciones del Hilton.

-La habitación de la foto es la registrada a nombre de Nicholas-aclaró Steve, con un tono de voz que denotaba lo mucho que sentía tener que decirle eso- ambos entraron en ella a las 11.46 de la noche, y ninguno abandonó la habitación hasta pasadas las nueve de la mañana del día siguiente.

Danny cerró de un golpe la carpeta que contenía las fotos y la dejó caer encima del sobre en la mesa. Apoyó los codos encima de ella y se llevó las manos a la cabeza, hundiéndolas en su pelo rubio.

-Lo siento- susurró Steve.

-¿Le has interrogado ya?-fue todo lo que dijo el detective.

-No… Cath acaba de darme la información, por eso no quería hablar con Denning, porque primero tenía que contártelo a ti.

-Iré contigo a arrestarle-le agradecía el gesto, pero simplemente no estaba de humor para admitirlo.

-De eso nada-se negó en rotundo- Vamos, Danny… Tengo que pedirle que me diga todo lo que pasó en esa habitación esa noche, todo lo que sabe de Nicholas, sobre ese negocio del puerto… ¿Y si está involucrado en la muerte del embajador? No puedo hacerte pasar por nada de eso.

El detective se levantó de pronto de la silla, dando un golpe en la mesa con la mano.

-No estoy pidiéndotelo, McGarret-advirtió cabreado-. Nos vamos…

Se dispuso a alejarse de él para salir del despacho, pero Steve levantó una pierna, apoyándola en el mueble que había frente a la mesa, y le cortó el paso.

-No te hagas esto, Danny. Por favor… Date tiempo para asimilarlo. Puedo hacer yo el trabajo sucio por ti. Somos compañeros, y para eso están los compañeros… los amigos. ¿No?

-Quita esa maldita pierna-gruñó.

Steve obedeció, apartó la pierna para darle paso, pero cuando Danny intentó alejarse, le sujetó por la cintura y le atrajo hasta él.

-Danno, por favor…-susurró, mirándole suplicante y utilizando ese apodo de un modo cariñoso, en lugar de hacerlo para reírse de él como pensó que acabaría haciendo algún día.

Danny le miró abriendo los ojos de forma exagerada, casi tan sorprendido de su cercanía como de que le hubiera llamado de ese modo.

-No, ni se te ocurra. No hagas eso. De eso nada-levantó un dedo en forma de advertencia.

-¿Qué? Danno…-repitió, con el mismo tono suplicante, intentando no sonreír al ver la expresión de sorpresa del rubio. Apretándole contra su cuerpo un poco más, Danny había quedado situado entre sus piernas, y sus bocas estaban tan cerca que Steve no podía dejar de mirar sus labios.

-Solo Grace me llama de ese modo, ¿vale?-aclaró el detective, viéndose arrastrado dentro del espacio personal del marine y lamiéndose el labio inferior de forma distraída mientras veía como los ojos de Steve estaban fijos en sus propios labios.

-Me gusta-susurró el otro, acercando la boca a su oído-. Me gusta cómo suena, y también la expresión de tu cara cuando lo digo-esta vez su tono de voz era más sugerente que suplicante.

Danny cerró los ojos disfrutando del escalofrío que recorrió su cuerpo.

-Pongo esa cara porque usas el mismo tono de mártir que no ha roto un plato en su vida que usa Grace para manipularme cuando lo hace, Steven. .eso-recalcó.

-Necesitaba pararte-admitió, todavía hablándole de forma suave y en voz muy baja-. Hacer que te distrajeras y se te pasara el cabreo.

-¿No había otro modo de distraerme menos degradante?-preguntó inocente, pero sus miradas se cruzaron cuando lo hizo, y la sonrisa de Steve se ensanchó de forma automática.

Antes de que se diera cuenta de lo que ocurría, los labios del SEAL se acercaban a los suyos y atrapaban su labio inferior entre ellos.

Danny se quedó inmóvil en un primer instante, dejando que Steve llevara el ritmo y empezara a acariciar suavemente sus labios con su boca. Pero después se encontró a si mismo respondiendo al beso y dejando que sus brazos se aferraran al cuerpo del marine atrayéndole con más fuerza.

Su lengua se hundió en la boca de su compañero y le sintió gemir en el beso. Steve le sujetó del cuello excitado, intentando tener más acceso al interior de su boca, y Danny se sintió morir de placer… y de miedo.

-Steve, Steve… Para-rogó, separándose de él. Eso no podía ser buena idea.

Pero el SEAL le sujetó con fuerza y volvió a devorar su boca.

-Steven… -rogó de nuevo, cuando consiguió cesar el beso-. Detente por favor.

El otro le miró azorado, con la mirada nublada por el deseo y lamiéndose los labios añorando su contacto.

-Mierda Danny… Lo siento-dijo, soltándole de pronto cuando se dio cuenta de la situación-. Lo siento, no sé qué me ha pasado. Me he dejado llevar y… ¡Dios!-cerró los ojos arrepentido.- Lo siento. Ha sido una mala idea…

-Mala idea, en mal momento-afirmó el detective, alejándose cuanto pudo de Steve y dándole la espalda encaminándose a la puerta. No era tanta la necesidad de alejarse de él como la de evitar que se diera cuenta del efecto que esos besos habían provocado en la parte inferior de su cuerpo-. Te agradezco lo que intentabas pero…

-Lo siento-escuchó decir a McGarret de nuevo a su espalda.

Danny se quedó parado en la puerta.

-No te preocupes, ¿Ok? Estoy bien. Te espero en el coche.

Danny no estaba bien, no estaba nada bien. De eso se dio cuenta Steve en cuanto entraron por la puerta de la embajada y tuvieron a Adam a la vista.

El detective caminaba con paso decidido y la mirada fija en el japonés cuando Steve le detuvo sujetándole ligeramente del brazo y hablándole en voz baja.

-Ok, vamos a hacer esto de forma discreta y sin demasiados testigos-advirtió a su compañero- lo último que necesitamos es a Denning cabreado por haber montado un espectáculo en plena embajada.

Había tomado todas las precauciones necesarias para que esa detención se llevara a cabo sin complicaciones. Sí, iba a darle a Danny la satisfacción de detener a Adam, pero el traslado hasta la comisaría de policía lo harían Kono y Chin, que esperaban en otro coche en la puerta de la embajada para llevárselo en cuanto salieran del edificio.

Danny asintió levemente como contestación a su advertencia, pareciendo a primera vista tranquilo y centrado, pero conteniendo algo muy distinto en su interior.

Cuando Steve le soltó, se acercaron a Adam, que mantenía una conversación bastante animada con la recepcionista en el vestíbulo de la oficina.

-Sr. Noshimuri…- empezó McGarret con tono cordial- ¿Podríamos…

"¿Podríamos hablar un momento en privado en su oficina?" era lo que Steve pensaba decir. Iba a entrar en el despacho del japonés y pedirle que les acompañara de forma voluntaria a la comisaría de policía para no tener que arrestarle de forma pública, y de esa forma evitar hacer correr como la pólvora cualquier rumor disparatado sobre esa detención.

Pero Danny pareció decidir por sí mismo que Adam no merecía ese trato de favor.

-Adam Noshimuri…-Danny levantó su placa del 5.0 frente a él y se descolgó las esposas del cinturón-queda usted detenido por presunta participación en la conspiración para el asesinato del embajador Hiroshi Yamada.

-Danny no...-susurró Steve, pidiéndole que no lo hiciera de ese modo, sabía que no les haría ningún favor a ninguno de los tres. Pero su amigo le miró con una clara advertencia en los ojos y McGarret bajó la mirada dándose por vencido-. Ok, empapélale, Danno.

-¿Pero qué…-soltó Adam, cuando Danny se acercó a él y se colocó detrás, agarrándole bruscamente los brazos para colocarlos en su espalda y esposarle.

-Tiene derecho a guardar silencio…- el detective empezó a leerle los derechos sin molestarse en contestarle.

-Pero Daniel…

-Si no hace uso de ese derecho debe saber que todo lo que diga puede ser utilizado en su contra, también tiene derecho a una…-entonces Danny se calló de pronto y miró a Steve- ¿Sabes qué?… hazlo tú…-le dijo dándole las esposas para que fuera él quien detuviera a Adam- Empapélale tú. Pero yo de ti no me molestaría en leerle los derechos, en realidad se los debe saber de memoria, no es la primera vez que pasa por esto. Y estoy seguro de que no será la última.

Lo dijo con un tono dolido y tan hiriente que Steve no fue capaz de negarse. Cogió las esposas, se acercó a Adam y se las colocó en las muñecas mientras terminaba de leerle los derechos.

-Daniel…-volvió a decir Adam angustiado, no entendía a qué estaba pasando, ni por qué Danny le trataba de ese modo.

Estaba claro que lo suyo pasaba por un mal momento, llevaban semanas sin hablar, después de aquel interrogatorio su relación parecía haber quedado en punto muerto, pero eso… la crueldad con la que el detective le hablaba no era propia de él.

Steve vio a su compañero volverse hacia el japonés y mirarle con desprecio.

- ¡No me llames Daniel! Es detective Williams para ti a partir de ahora-masculló Danny furioso, levantando un dedo frente a él a modo de advertencia.

Eso era algo que siempre hacía con Steve cuando se enfadaba, aunque esta vez la advertencia era mucho más seria que cualquiera de las veces que el comandante le había visto hacerlo. No por la rabia con la que le señalaba, sino por la mirada oscura e irracional con la que su compañero observaba al japonés.

Danny se alejó de ellos y se metió en el Camaro a esperar a que McGarret hiciera que Adam entrara en el coche patrulla con el que Chin y Kono iban a trasladarle a la comisaría.

-¿Qué está pasando?-preguntó Noshimuri al comandante.

-¿Recuerdas tu fin de semana en China hace cuatro meses? - fue todo lo que Steve tuvo que decir para que la mirada derrotada de Adam le diera a entender que no eran necesarias más palabras.

-Yo…-soltó mirando entristecido hacia el coche de Danny, pero McGarret no le dejó excusarse.

-Guárdeselo para el interrogatorio, Noshimuri. De nada va a servirle ahora-y le obligó a agachar la cabeza y meterse en el coche patrulla.

Steve cerró la puerta de un golpe y se acercó a la ventanilla del conductor para hablar con Chin.

-Quiero que vosotros dos os ocupéis de interrogarle.

-Pero jefe, Danny no dejará que…-empezó a decir el agente.

-Él no está en condiciones de hacerlo ahora mismo, y no queremos que Noshimuri alegue motivos personales contra Danny y sus caros abogados le consigan una fianza firmada por el juez en un par de horas, así que… haz lo que te digo-ordenó el comandante.

-Sí, señor-contestó Chin encendiendo el motor del coche sin pedir más explicaciones.

El paseo en coche hasta la comisaría fue un interminable momento incomodo de esos en los que se puede palpar la tensión en el ambiente.

Danny conducía el Camaro con las manos aferradas con fuerza al volante y la mente perdida en algún lugar en el que debía estar dándole vueltas a lo ocurrido entre Nicholas y Adam en aquella habitación de hotel.

Steve sabía que, aunque no lo admitiera, eso le torturaría durante un tiempo. También era consciente de que, precisamente por eso, había sido muy mala idea dejarse llevar por los sentimientos que su compañero despertaba en él. Danny estaba pasando por demasiado en esos momentos como para complicarle aún más la existencia haciéndole pensar en si valía la pena o no sucumbir a la atracción que había entre ellos.

Así que el SEAL decidió hacer honor a aquel gran refrán que decía "si no tienes nada inteligente que decir, mejor no digas nada" y se quedó callado durante todo el trayecto.

Ya casi habían llegado a la comisaría, Steve iba sumido en sus pensamientos derrotistas sobre el mal momento que había escogido para besar a Danny, pero sin poder evitar recrear una y otra vez en su mente la dulce sensación de acariciar sus labios. Besarle había sido tan diferente a como creía que sería… Lo que le hizo sentir había sido mucho más intenso de lo que esperaba, tan personal, tan…

-¡Estúpido!

De pronto la voz enfada de Danny cortó el hilo de sus pensamientos dándole un buen susto. Daba la sensación de que le había leído la mente.

-Danny qué…-empezó.

Pero parecía que Williams había llegado por fin al máximo de rabia que podía aguantar en su interior, porque se puso a hablar a toda velocidad, gesticulando como un loco, diciendo cosas que para él no tenían sentido y escupiendo las palabras como un volcán en erupción.

-¡ESTÚPIDO, ESTÚPIDO, ESTÚPIDO!-gritó golpeando el volante con todas sus fuerzas-soy un maldito estúpido. Tú tenías razón, nunca debí confiar en él. Al final va a ser verdad que no valgo para esto, no soy lo suficientemente bueno para dirigir el 5.0, si ni siquiera soy capaz de darme cuenta de cuando alguien me la está jugando como él lo ha hecho. Y lo mejor es que sabía que ocultaba algo, pero soy tan idiota que no quise verlo. Y encima dejé que me tomara el pelo.

El detective había ido presionando cada vez más el acelerador del vehículo mientras gritaba, y McGarret empezaba a imaginarse la escenita si Danny no se centraba y acababan chocando contra el muro, ya podía ver a Kono y Chin teniendo que venir a despegar sus restos del asfalto caliente.

-¡Danny por dios, para!-le gritó Steve, poniendo una mano en el volante para dirigir el vehículo hacia el arcén y haciendo que su compañero pisara el freno de golpe para detenerlo.

Quitó la llave del contacto para que el rubio no pudiera volver a encender el motor y le vio dar un nuevo golpe al salpicadero del Camaro, llevándose las manos a la cabeza después y dejándola caer hacia atrás en el asiento, claramente hundido.

-¿Qué coño te pasa?- preguntó Steve, alucinado por la forma en la que le había visto perder los estribos.- Danny, tú no eres así, no sueles perder los papeles de este modo. Te dije que no era buena idea que vinieras a arrestarle que…

-No es por el hecho de haberle arrestado. Por mi puede pudrirse en Halawa con el resto de su Yakuza-gruñó saliendo del coche y cerrando la puerta de un golpe.

¡Mierda!- maldijo Steve, pero no lo pensó dos veces para abrir su puerta y seguirle al exterior del vehículo.

-¿De qué demonios estás hablando? –Ahora sí que no entendía nada-. Por favor, Danny… Vamos… Habla conmigo-le dijo suplicante, cuando vio cómo su amigo le daba la espalda con intención de evitar darle una explicación.

Gracias a ese ruego el detective se dio la vuelta y le miró un instante, pensando en si ser sincero o limitarse a continuar golpeándolo todo para eliminar su frustración. Entonces vio la mirada preocupada de Steve, que le observaba apoyado contra el Camaro, con las manos entrelazadas sobre el techo, y no pudo evitar querer borrar la angustia que le estaba provocando de su expresión.

- Me engañó. Steve… Debí imaginar que lo haría. No tendría que haber confiado en él. Tú lo dijiste, nadie sale de la Yakuza tan fácilmente. Fingió cerrar varios negocios de su padre para ponerme de su lado, pero en realidad no era más que un truco. Y yo me dejé llevar por sus mentiras como un idiota.

-No, eso no es así. -aclaró el comandante, entristecido por lo destrozado que se veía su amigo- ¿Cómo podías imaginar que alguien con quien tienes algo así iba a engañarte de ese modo? No es culpa tuya.

-Lo es. Todos me lo advirtieron, incluso tú me lo advertiste, lo viste sin apenas conocerle. Yo todo lo que hice fue dejar que me manipulara a su antojo. Ahora lo veo claro. En realidad, todo lo que quería de mí era la seguridad de tener al 5.0 de su parte, que nadie se cruzara en su camino teniéndome a su lado. Perdí el favor del gobernador por su culpa, de muchos de mis compañeros por arriesgarme por él.

-No es culpa tuya, amigo-repitió McGarret, intentando convencerle.

-¿Sabes lo mejor?...-dijo con una sonrisa forzada en su rostro, acercándose al coche y poniendo ambas manos sobre el lateral del capó del coche- Aquella mañana me llamó después de estar con él.

-¿Qué?-preguntó el comandante descolocado.

-El fin de semana del viaje a China. La hora cuadra con la de las investigaciones de tu amiga Cath. Adam me llamó sobre las diez de la mañana para decirme lo mucho que me echaba de. Que era lo más importante para él y…

-Joder, Danny… yo… Lo siento, eso es una…-se separó del coche y se acercó hasta el rubio, se quedó parado a su lado, sin saber cómo actuar o qué más decir para consolarle, así qué simplemente dejó que su mano se moviera hasta la espalda de Danny y empezara a acariciarla suavemente.

Ese gesto de cariño y confianza animó a su amigo a continuar abriéndole su corazón.

-Me he sentido mal tantas veces por su culpa… Siempre que discutíamos porque decía que no sabía comprometerme, que no quería hacer público lo nuestro porque no me tomaba en serio lo que teníamos. Que no lo tomaba en serio, ¡Ja! ¿Así lo tomaba en serio él, follándose a ese maldito chino? Eso es compromiso, sí señor. Soy idiota-se quedó callado con la mirada perdida en la nada.

-Danny…-susurró Steve, no quería seguir oyéndole lamentarse de ese modo, necesitaba verle sonreír, gritarle, cabrearse… lo que fuera. Pero no quería seguir viendo esa tristeza en sus ojos.

-Soy un maldito estúpido. Un maldito estúpido-afirmó, le miró ladeando la cabeza, con las manos todavía pegadas al capó del coche, dejando que sus caricias aliviaran la carga de su pecho.

-Tú no eres estúpido, Danny. Él lo es-su expresión derrotada y su sonrisa apenada le partían el corazón-. Por ser tan necio como para no ver que vales la pena más que un fin de semana de diversión con ese crío. Por no ver todo lo que le diste. Lo que podrías darle… Joder, Danno… Ni siquiera merece que alguien como tú malgaste su tiempo con él.

Esta vez Danny sonrió de forma sincera.

-¿Intentas consolarme, Steven? Porque parece más bien que intentas ligar conmigo.

-¿Cómo? ¿A qué viene eso?-preguntó, falsamente indignado.

-Caricias sutiles, palabras dulces y bien calculadas…-empezó a decir Danny, pero Steve le interrumpió sonriendo divertido.

-Vamos amigo, dame algo de crédito ¿quieres? No soy de esos-afirmó contento de ver que el detective volvía a ser capaz de bromear al respecto. Quizás no lo había hecho tan mal a la hora de consolarle.

-¿Tengo que recordarte que hace un rato, en mi propia oficina, me has besado solo para intentar quitarme el cabreo?-preguntó irónico, separándose por fin sus manos del capó del coche y quedándose parado frente al comandante con los brazos cruzados sobre el pecho.

La sonrisa de Steve desapareció y su tono de voz divertido se volvió mortalmente serio.

-Eso fue solo una excusa. No trataba solo de detenerte, Danny. Me moría por besarte. Eso es todo-confesó-. Como lo hago ahora, o cada vez que estamos a solas.

Danny se quedó sin habla.

-¿Tan malo ha sido?-preguntó Steve, medio divertido medio asustado por su contestación, bajando la mirada visiblemente castigado por ese pensamiento.

-Dios, nene, ni de lejos–admitió Danny, llevando sus dos manos hasta la camiseta de McGarret y aprovechando el agarre para empujarle suavemente contra el coche, mirándole a los ojos como si quisiera asegurarse de que Steve no se perdiera ninguna de sus palabras. - Ese beso ha sido increíble. ¿Me oyes?

El comandante levantó la mirada y la clavó en la suya al oír esa afirmación.

-Puedo incluso sentir el sabor de tus labios en mi boca todavía, Steven-susurró acercando sus labios a los de su compañero sin percatarse de que lo hacía. Era como si su visión le atrajera de una forma totalmente inconsciente e irremediable. Pedirle que se detuviera había sido una de las cosas más difíciles que había hecho en mucho tiempo-. Es solo que…

-Mal momento- el comandante terminó la frase por él.

Danny asintió.

- Lo sé-admitió Steve con tono triste y conformista.

Danny tragó con fuerza, con sus manos todavía aferradas a su camiseta y sin dejar de mirar sus labios entreabiertos. Cerró los ojos intentando convencerse de que aquello era lo mejor, pero cuando los abrió la mirada verde de Steve seguía fija en la suya, suplicante, triste, cálida y tan atrayente que…

-Entra en el coche, Danny-escuchó decir al marine, al mismo tiempo que con sus manos cogía las del detective y le obligaba a soltarle la camiseta.

-¿Qué?-preguntó distraído.

-Entra, por favor… antes de que hagas algo de lo que te arrepientas-aclaró Steve.

-He hecho muchas cosas de las que me arrepiento ya, Steven. No creo que sea bueno para mí hacer ninguna más-ni siquiera sabía lo que decía, todo lo que tenía en mente era el deseo cada vez mayor de besarle, de mandar a la mierda toda su sensatez y aferrarse a su boca.

-Por eso. Vamos, entra en el coche. Yo conduciré-. Cada vez que se lo pedía le resultaba más difícil y lo hacía con menos convicción.

-Buen intento-sonrió Danny, levantando una mano y sujetando la barbilla de Steve con ella, acercó su boca un poco más a la del marine y se lamió los labios.

-Por favor, Danno… -fue con esa palabra mágica cuando Danny cedió y dejó de torturarle.

-Ok…-fue todo lo que dijo antes de soltarle y encaminarse hacia el asiento del copiloto de su propio coche.

Steve soltó de golpe todo el aire que sus pulmones habían estado conteniendo mientras tenía al detective tan pegado a su cuerpo, se pasó una mano por el pelo, azorado y cuando por fin se sintió con fuerzas para hacerlo, abrió la puerta del piloto del Camaro y se metió en él.

Puso la llave en el contacto y encendió el motor.

-Vamos a interrogar a Noshimuri, le sacaremos la información necesaria para atrapar a ese cabrón de Nicholas y encerrarles a ambos en Halawa para que se pudran juntos. Entonces, volveremos a tener esta conversación-lo dijo todo del tirón, sin respirar y sin atreverse a mirar a Danny a la cara mientras lo hacía.

-Steven…

La voz de Danny llamó su atención, y cuando el comandante ladeó la cabeza para mirarle, se encontró con una de las manos de su compañero en su cuello y atrayéndole para besarle.

-Danno…-suspiró contra su boca cuando cesaron el beso-¿Qué…

Danny le estaba volviendo loco, le decía que debían apartarse, pero parecía incapaz de hacerlo.

-Está bien, nene. Solo… conduce ¿quieres?-que pensara que lo que había entre ellos fuera mala idea no significaba que no lo deseara tanto como él.

Steve obedeció, apretó el acelerador y puso rumbo a la comisaría de nuevo. No fue hasta que se detuvieron frente a la puerta de esta cuando algo hizo click en su cabeza y se dio cuenta de algo muy curioso.

-¿Me acabas de llamar "nene"?-preguntó alucinado- ¿Dos veces?

-Tú me has llamado Danno- se defendió el otro al darse cuenta de que era cierto. No había llamado a nadie de ese modo desde Rachel.

-Ya, pero no es lo mismo.

-¡Steven!-soltó fastidiado- Sal de una maldita vez del coche.

Steve soltó una carcajada mientras veía como su amigo salía del Camaro y se alejaba de él.

Se quedó serio al instante cuando le vio desaparecer a través de la puerta giratoria del edificio de la comisaría.

¡Maldita sea! Había vuelto a hacerlo… Había vuelto a besar a Danny. Bueno, esta vez fue él quién le besó, Steve solamente había respondido, pero… De nuevo su cabeza daba vueltas al sabor de los labios de su compañero, a las sensaciones que recorrían su cuerpo al besarle.

"Dios… estoy tan jodido… No puedo hacer esto…"

No podía volver a enamorarse de un compañero de trabajo. Mucho menos a hacerlo en un momento tan malo como ese. Danny tenía razón.

De pronto pensó en Adam, en cómo lo había complicado todo. Quizás si el japonés no se hubiera asociado con Nicholas y montado todo ese follón, Danny y él hubieran empezado su amistad de un modo muy diferente.

¿Qué habría pasado tras aquel encuentro en el bar de la fiesta benéfica si Adam no lo hubiese estropeado todo?

¿Cómo habrían manejado esa atracción entre ellos si simplemente se hubieran limitado a conocerse como dos compañeros más de unidad?

Steve sintió crecer más el enfado en su interior con cada uno de esos pensamientos. Y solamente se le ocurría un modo de aplacar su ira y su frustración en esos instantes.

Salió del Camaro y se dirigió a la entrada de la comisaría. Steve McGarret iba a asegurarse de que Adam Noshimuri lamentara el primer momento en el que se cruzó con el detective Daniel Williams.

Kono y Chin ya estaban interrogando a Adam cuando la puerta de la sala de interrogatorios se abrió y Steve apareció frente a ellos.

-¿Jefe?- preguntó la chica curiosa, en teoría el comandante debía estar con Danny en la sala contigua, siendo testigos del interrogatorio a través de las cámaras de vigilancia, pero al margen de este.

-Fuera.-ordenó Steve- Voy a encargarme yo mismo de interrogar al detenido.

Adam sintió un escalofrío de miedo al escuchar el tono furioso y rudo con el que el comandante habló a su subordinada.

-Comandante…-empezó a decir Chin, pero obtuvo la misma respuesta que Kono.

-Fuera. Los dos.-ordenó, sin ninguna intención de volver a repetirlo.

-Sí, señor- contestaron al unísono Kono y Chin, saliendo de la sala a toda prisa y dejándole a solas con el japonés.

-Chin…-pidió Steve, justo antes de que atravesara la puerta- Apaga las cámaras de seguridad, hoy tenemos un fallo en el sistema informático. Me temo que no va a ser posible grabar el interrogatorio del señor Noshimuri.

Adam tragó acojonado, el tono del comandante denotaba sus malas intenciones.

Chin no se molestó en contestar, asintió con la cabeza y cerró la puerta tras de sí.

-Bien, Adam… Vamos a hablar-soltó sarcástico, acercándose a él con una expresión de odio que haría temblar hasta al militar más condecorado.

-No te tengo miedo-mintió el japonés, que estaba sentado frente a él en una silla, con las manos esposadas a la espalda- el gobernador Denning no dejará que me toques. Soy su hombre de confianza ahora.

Steve soltó una carcajada exagerada al oírle.

-Sam me permitiría incluso destriparte si YO se lo pidiera, Adam. De modo que empieza a hablar o no me molestaré en pedirle permiso-amenazó.

El japonés tragó con dificultad, ni siquiera su propia saliva era capaz de atravesar el estrecho conducto en el que se había convertido su garganta tras esa promesa del SEAL.

-¿Qué quieres saber?-fue todo lo que se atrevió a decir.