Capítulo 8
El comandante Steve McGarret era un hombre de los que suelen dormir, como se dice por ahí, "con un ojo abierto y otro cerrado", con los sentidos perfectamente desarrollados gracias a su entrenamiento militar, siempre alerta… y la alarma del perímetro de seguridad de su casa correctamente conectada, claro está.
Y lo que había ocurrido esa mañana era precisamente el ejemplo del porque solía ser tan precavido.
Esa había sido la única noche desde que aterrizó de nuevo en su tierra natal que Steve no conectó la alarma antes de irse a dormir, y la primera en mucho tiempo que dormía tan plácidamente que no se molestaba en pensar en nada más.
Por ese motivo el plan de Nicholas le cogió desprevenido, gracias a eso pudieron reducirle, noquearle y arrastrarle hasta ese agujero negro bajo tierra sagrada en el que le tenían retenido.
Por supuesto Steve no tenía ni idea de dónde se encontraba cuando por fin despertó, todo lo que sabía era que sentía los hombros engarrotados y su cabeza daba vueltas como si estuviera montado en una noria que gira a cien kilómetros por hora y no tiene intención de detenerse.
Abrió los ojos e intentó centrarse, miró a su alrededor queriendo averiguar dónde se encontraba, pero todo lo que vio entre aquella mínima iluminación fue a un mastodonte asiático de casi dos metros y seguramente mucho más de cien kilos de peso observándole con expresión fría e indescifrable.
-¿Qué pasa colega?-soltó irónico.- ¿Llego tarde a la fiesta?
El chino ni siquiera se molestó en contestar.
McGarret dio otro vistazo al turbio lugar en el que se encontraba, parecía alguna especie de sótano o incluso casi apostaría que era una cripta de algún tipo de edificio bastante antiguo. Aunque tampoco podía asegurarlo, todo estaba bastante oscuro en esa habitación, solamente había un par de candelabros antiguos que daban algo de luz en la insistente oscuridad.
Él estaba esposado, con sus propias esposas, a una especie de tubería de hierro que salía de la pared en un extremo de la sala y la atravesaba de nuevo por el otro extremo, arrodillado y con los brazos en alto. Ahora entendía el por qué sentía sus extremidades entumecidas como si fuera un viejo de ochenta años.
Intentó ponerse de pie, pero se tambaleó al hacerlo y no lo consiguió, fue cuando se dio cuenta de que sus piernas estaban también atadas, desde los tobillos hasta las rodillas.
Entonces escuchó un chirrido y después un fuerte estruendo, como de una puerta que se abría e instantes después se cerraba, y acto seguido unos pasos acercarse a él.
-Comandante… por fin nos conocemos. Oficialmente hablando, claro… No, no se levante-soltó guasón Nicholas, como si Steve tuviera esa opción- ya tenía ganas de poder conversar un poco con usted.
-Nicholas Tse.-contestó McGarret, mirando al joven de origen asiático parado a corta distancia frente a él.- Cuanto tiempo. ¿Desde la gala en la que te cargaste al embajador Japonés más o menos no?
-Una gala en la que, todo sea dicho-afirmó el chino- no contaba con que alguien de su clase pudiera complicar las cosas. El detective Williams debía ser el que se encontrara conmigo ese día, Comandante, no usted.
-¿Qué demonios quieres de Danny?-gruñó Steve asqueado- Él no puede darte lo que deseas. Déjale en paz.
-Paz… buena elección de palabras, Comandante. Eso es precisamente lo que quiero que el detective Williams me ofrezca, paz. Para mí y para mi familia.
-Eres más estúpido de lo que creía si piensas que matar a Danny te dará la paz que buscas. Él no tuvo la culpa de la muerte de tu hermano. Y créeme, la venganza complica más las cosas que el perdón-Steve no pudo evitar pensar en John cuando dijo esas palabras.
Nicholas soltó una enorme carcajada.
-¿Perdón?... El perdón no es una opción, Comandante. Daniel Williams dejó morir a mi hermano, y ahora va a sufrir las consecuencias de faltar a su palabra. ¡Qué demonios…!-soltó con una expresión divertida que resultaba enfermiza- Ver como su relación amorosa y su trabajo se desmoronan no es más que el principio… No voy a conformarme con verle sufrir porque su querido japonés le ha traicionado, porque su ex le odie por poner a su hija en peligro, o porque pierda ese puesto a las órdenes del gobernador por el que tanto ha trabajado…
-No te atrevas a tocar a Grace- amenazó McGarret.
Nicholas sonrió con malicia como respuesta.
-Vamos, a estas alturas ya deberías saber que no soy tan obvio. Por algo he ido un paso por delante vuestro todo este tiempo-se rio, hablándole esta vez de tú como si fueran un par de amigos confesándose- Además, no soy ningún asesino de niños. No, lo que voy a hacer es humillarle.
Entonces fue cuando Steve se fijó en la cámara de video que Nicholas llevaba en las manos.
-Verás, lo que va a pasar es lo siguiente… -dijo moviéndose hasta colocar la cámara de video justo detrás de Steve, sobre un soporte que el comandante no había podido ver debido a su posición-. Tu querido detective de Jersey va a admitir sus pecados ante el mundo. A confesar que mi hermano murió porque él no se ocupó de mantenerle con vida como debía. Y luego haré que se atraviese el estómago como pago a mis padres y ofrenda por sus errores.
Cuando hubo terminado, Nicholas volvió a ponerse frente al comandante, levantó una mano e hizo como si saludara a la cámara.
¿Es que pensaba grabar a Danny mientras confesaba y se suicidaba?
-¡Maldito cabrón! Estás loco… Danny nunca cederá a seguir tu enfermizo jueguecito. Él no…-gruño McGarret.
-Oh sí, claro que lo hará. Si no quiere ver como aquí mi amigo te arranca la piel a tiras con este cuchillo- dijo sacando un arma de unos quince centímetros de largo del bolsillo trasero de su pantalón- y después te corta los pies y las manos, te saca los ojos y arranca la lengua. Y si eso no funciona, lo haremos a tu manera-se rio- traeré a la pequeña Grace y repetiremos la operación hasta que papá decida colaborar.
Steve se quedó callado un instante, no asustado, pero sí empezando a pensar que debía salir de allí antes de que ese loco tuviera opción de cumplir con su amenaza.
Nicholas interpretó su silencio de otro modo, creyó que había causado el efecto deseado y que el comandante se había asustado de sus palabras. Eso le hizo dibujar una sonrisita suficiente en su aniñado rostro de facciones asiáticas.
-Voy a escapar…-afirmó Steve, haciendo que su sonrisa se borrara de un plumazo y fuera sustituida por otra expresión mucho más molesta- de un modo u otro voy a conseguir desatarme y a romperle el cuello a este neandertal que te has agenciado para que te haga el trabajo sucio que no tienes agallas de hacer… después iré a por ti. Pero contigo no seré tan amable- advirtió- voy a partirte las piernas primero, después te partiré los brazos… y por último dejaré que sea Danny el que decida si te parto también el cuello o meto tu culo de asesino en Halawa para que el resto de presos disfrute de él.
Nicholas se acercó un poco más a Steve con el cuchillo en la mano, y mientras hablaba, recorría la punta de la afilada hoja por la piel del comandante.
-Sabes… Ahora sé qué ve en ti que no vio en el japonés…-fue su respuesta a la amenaza de McGarret, hizo un gesto fingiendo sentir un escalofrío y se mordió el labio inferior.
Puso la hoja en primer lugar en su mejilla y después empezó a deslizarla por su cuello en dirección a su pecho.
- Hay pasión en tu interior… esa furia que escupen tus palabras cuando intentas defenderle te delata. ¿Perdiendo el culo por su compañero, Comandante?-se rio de su propio juego de palabras como si fuera el más divertido del mundo- Eso sí, debe ser algo mutuo… no te voy a decir lo que ha amenazado con hacerme tu compañero cuando le he dicho que te habías venido conmigo de paseo, pero puedo asegurarte que esa pasión se reflejaba también en su tono de voz.
Cuando el filo del cuchillo llegó al pecho de McGarret, Nicholas lo movió hacia a uno de sus pezones, apretó la punta contra él y lo hizo sangrar.
Steve aguantó el quejido y le miró con rabia. No fue hasta ese mismo instante que se acordó de que seguía semi desnudo, únicamente vestido con el pantalón del pijama. Bajó la mirada y vio el hilo carmesí que teñía aquel punto de su anatomía.
-Venga, maldito crío enfermo… termina lo que has empezado. –le instó, pero Nicholas no entró en su juego.
-¿Crees que soy idiota?... No pienso matarte. Has de servir a mi cometido primero, mi querido Comandante… Así que procura no desmayarte. O bueno, hazlo, pero no tardes en volver a estar entre nosotros, quiero que estés despierto cuando el detective aparezca.
-¿De qué coño…-Steve fue a preguntar a qué se refería, pero no tuvo tiempo. El lacayo de Nicholas se acercó a él y le soltó un fuerte puñetazo directo a la cara.
Ni siquiera pudo recuperarse del golpe antes de sentir como otro volvía a impactar contra su cara. Lo siguiente que pudo ver fue como Tse le pasaba el cuchillo a aquel gigantesco chino.
-Asegúrate de que no es capaz de escapar-le dijo, y el chino cogió el cuchillo y lo hundió en una de las piernas de Steve, justo por encima de su rodilla.
Tuvo el tiempo justo para aguantar un grito de dolor antes de sentir como aquel mastodonte le golpeaba de nuevo.
El propio Tse se ocupó de sacar el cuchillo de la carne de Steve, riéndose a carcajadas y dándole la espalda unos instantes cuando escuchó pitar el dispositivo de rastreo con el que controlaba a Danny.
-Bien… es la hora-afirmó en voz alta en su idioma natal.
Nicholas había demostrado ser más listo que ellos, siempre un paso por delante, siempre haciendo que pensaran que sus intenciones eran unas cuando en realidad en todo momento fueron otras muy distintas.
Seguramente por esa misma razón eligió ese lugar para esconder a Steve, Danny estaba seguro de que a ninguno de los miembros del 5.0 o la policía de Hawaii al completo se les ocurriría buscarlos allí. Mucho menos de hacerlo bajo tierra.
Llegó al cementerio de Manoa Road cincuenta minutos después de salir de la casa de McGarret en Kawaikui beach, un camino que normalmente no debería haber llevado más de quince minutos en coche, sobre todo a la velocidad que conducía el detective el Camaro ese día, pero que se debido a las indicaciones de Nicholas le tuvo entretenido casi una hora.
El chino fue enviándole mensajes de texto con coordenadas que Danny a continuación iba colocando en el navegador y siguiendo hasta el destino indicado. Allí recibía nuevas coordenadas y vuelta a empezar. Todo eso para guiarle hasta ese maldito cementerio chino.
¿Por qué darle un tiempo límite si luego iba a jugar con él de ese modo? …
Seguramente porque quería hacer precisamente eso, jugar con él. No iba a matar a Steve, al menos no hasta que le tuviera delante y pudiera verle sufrir mientras lo hacía.
La imagen que ese último pensamiento llevó a su mente hizo que sintiera un escalofrío de miedo.
Respiró profundamente e intentó calmarse, abrió la guantera y cogió un par de cosas que seguramente le harían falta más tarde. La primera de ellas era una pistola de pequeño calibre que guardaba para las emergencias. Comprobó que estaba cargada y la colocó escondida en la parte inferior de su espalda, bajo la camiseta.
Joder… si todavía iba vestido como lo hacía cuando llegó medio borracho a casa de McGarret.
-¿Por qué demonios me pasan a mí estas cosas? ¿Eh Dios?-dijo alzando las manos como si rezara y mirando al techo del coche como si hablara con el creador. En momentos como ese, la parte de sangre italiana que corría por sus venas parecía hacerse más fuerte que el resto, haciéndole recordar esa fe de la que normalmente prescindía-. Ya sé que no soy el más fiel, ni el más devoto… pero Joder… ¡digo, perdón! ¿No crees que te estás pasando un poco últimamente?
Danny resopló frustrado y escondió la segunda cosa que había sacado de la guantera en su zapato, una pequeña navaja de no más de siete u ocho centímetros de hoja que guardó entre la tela de calcetín y el calzado. Sabía que lo primero que haría Nicholas al verle, si era tan listo como pretendía, sería cachearle para desarmarle. Quizás si se encontraba la pequeña pistola dejaría de buscar y podría mantener el cuchillo escondido como plan B.
-Bueno, vamos allá…-no había demasiado convencimiento en su voz.
Se bajó del coche y abrió el maletero, observó las mil y una cosas que había en su interior y finalmente se decidió por el chaleco antibalas. Lo sacó, se lo puso, cerró el maletero y empezó a andar hacia la entrada del recinto.
Uno de los objetos que vio en el maletero se había quedado fijado en su mente e hizo que, cuando había dado tan solo un par de pasos, se quedara parado y pensara en cómo haría las cosas su compañero si fuera él quien estuviera cautivo.
Seguramente Steve hubiera hecho saltar por los aires el maldito cementerio con tal de encontrarle y liberarle.
Claro, a lo mejor esa era la clave para engañar a Nicholas. Ese muchacho llevaba mucho tiempo vigilándole, aprendiendo cosas de su vida y su forma de actuar. ¿Y si por una vez dejaba de pensar con cordura a lo Danny Williams y simplemente "no pensaba" y actuaba por instinto como lo hacía Steve el Súper SEAL McGarret?
Se dio la vuelta y volvió a andar hacia el coche, abrió el maletero y cogió una pequeña bomba de gas lacrimógeno que guardaba el comandante en su interior. Sí, Steve guardaba eso y muchas más excentricidades en su coche. Era algo de lo que el detective no se cansaba de quejarse día a día, pero que en esos instantes agradecía más que nunca.
La bomba era de fabricación casera, el propio Steve la había armado dentro de un dispositivo de no más de ocho centímetros de largo y menos de tres de ancho. Se detonaba con un botón de color rojo que había posicionado en la parte superior, y una vez activada, liberaba un compuesto químico que obstruía el sistema respiratorio y provocaba lagrimeo, irritación y finalmente ceguera temporal a todo aquel que lo respirara.
Danny no quería ni imaginar porque su compañero había creído necesario alguna vez llevar algo como eso a mano, pero la cuestión es que tenía razón. (Aunque eso no lo admitiría en voz alta).
"Nunca se sabe que puede pasar"-se dijo mirando aquel cacharro alucinado.
Se metió la mini bomba entre el cinturón y el estómago, pegada al chaleco, y cerró el maletero. Se volvió y empezó a andar de nuevo hasta el recinto, rezando porque esa locura al estilo McGarret diera resultado y no acabaran los dos haciéndose el harakiri de forma involuntaria.
-Perdóname, Gracie pequeña. Pero esto es algo que tengo que hacer-susurró, como si realmente su hija pudiera oírle.
No quería dejar sola a su pequeña por nada del mundo, pero lo cierto era que sí, necesitaba hacer eso. Todo estaba sucediendo por él, por su culpa. La muerte del embajador, Adam de nuevo entre rejas, Gracie y Rachel siendo vigiladas por un niñato perturbado con sed de venganza… No había podido solucionar nada de eso, y las consecuencias de ello era algo con lo que tendría que lidiar mucho tiempo. Pero tenía que sacar a Steve con vida de donde estaba. Porque sabía que, si no lo conseguía, eso era algo con lo que no podría vivir.
Miró el cementerio chino asombrado por su belleza, y negó con la cabeza.
Ni siquiera sabía a qué venia eso del cementerio, si el hermano de Nicholas hubiera estado allí enterrado lo entendería, pero ese no era el caso. Entonces… ¿Por qué allí?
Analizando la forma en la que el chino había hecho las cosas, imaginó que debía ser por algún motivo simbólico o metafórico… o quizás simplemente porque el jodido crío se había vuelto completamente loco.
Cuando entró en el recinto del cementerio y siguió las últimas indicaciones para llegar hasta donde Nicholas tenía a Steve retenido, fue cuando supo el verdadero motivo.
Anduvo más de dos kilómetros entre las lápidas de aquel inmenso cementerio, y cuando por fin llegó al lugar indicado, una puerta china de tejado verde esmeralda y columnas de mármol blanco que parecía dar entrada a una parte distinta o quizás especial del recinto, su móvil empezó a vibrar en su bolsillo sobresaltándole.
"Identidad oculta"-rezaba en la pantalla. Como cada una de las veces que Nicholas le había llamado.
-¿Dónde está Steve?-preguntó de nuevo, directo a lo único que le importaba.
-Atraviesa la puerta sagrada que lleva a las tumbas de la sociedad Wong y entra en el mausoleo que hay al final-fue todo lo que obtuvo como respuesta antes de escuchar la línea volver a cortarse.
¡Bingo! Lo sabía… -pensó el detective. Todo ese rollo del cementerio chino era por motivos simbólicos. - Puto crío retorcido.
Miró a su alrededor, sabía que Nicholas debía estar vigilándole de algún modo. Ya había quedado claro que le rastreaba vía GPS, Danny pensaba que incluso debía haber bloqueado su móvil de algún modo, ya que no había recibido ninguna llamada de Kono, Chin o cualquier otra persona desde que recibiera la del chino, y eso era muy extraño dada la forma en la que Steve y él acababan de desparecer del mapa. Pero quizás Tse tenía también a alguno de sus secuaces controlándole, debía tener cuidado.
Decidió no preocuparse demasiado por eso en ese instante y se acercó a la puerta china, observó el letrero que había junto a ella y leyó el apellido Wong tallado en el mármol. Atravesó la puerta, haciendo caso omiso a la clara advertencia que decía "No pasar", y dejó atrás las treinta tumbas que se acumulaban en esa zona privada del cementerio hasta quedar parado frente al mausoleo.
El apellido Wong volvía a aparecer tallado en la piedra blanca de la que estaba construido ese monumento chino en honor a la muerte y la resurrección, solo que estaba vez esas letras iban acompañadas de un escudo de armas o algo similar, compuesto por dos espadas Jian de hoja curvada y una especie de sello chino antiguo que Danny no sabía identificar.
No lo pensó demasiado, sacó su arma de la parte trasera del pantalón, quitó el seguro, la amartilló sujetándola con fuerza en la mano derecha y con la izquierda empujó la barra de hierro que hacía las veces de maneta de aquella enorme puerta.
Entró en el mausoleo sin mirar atrás, dispuesto a sacar a Steve de allí con vida o a morir con él en el intento.
Entrar en aquella sala fue como entrar en una película de terror de segunda esperando a encontrarte con el sofisticado Conde Drácula de Bram Stoker y dándote de narices con el muñeco Chucky escoltado por un matón salido de una comedia de Jackie Chan.
Todo estaba bastante oscuro, apenas un par de candelabros grandes a cada lado de la sala iluminaban aquella pequeña y lúgubre estancia.
Las paredes laterales parecían adornadas con dibujos tallados en piedra en los que se adivinaba el dibujo del mismo escudo de armas familiar con las dos espadas Jian que Danny había visto en el exterior. Pero, curiosamente, no había ataúd alguno en el interior de aquella habitación.
Danny recordaba haber oído algo al respecto, le parecía que había sido Kono quien le contó que los chinos muchas veces edificaban mausoleos solamente por rendir culto a sus antepasados, pero que en raras ocasiones había tumbas ocupadas por cuerpos en ellos, ya que solían recurrir a la cremación en la mayoría de sus entierros.
Lo que vio Danny al entrar allí en lugar del esperado ataúd, fue a Nicholas apoyado a un lado de la pared, con un cuchillo ensangrentado en las manos con el que jugueteaba dándole vueltas, y una pistola de nueve milímetros en la otra. Y a un tipo enorme, también de origen asiático, que quieto y rígido como una estatua, custodiaba con recelo algo que había tras él.
El corazón empezó a galopar con fuerza en su pecho cuando su cerebro procesó toda la información recibida. Un cuchillo ensangrentado en manos de un asesino, una bestia parda capaz de romperle los huesos hasta a un elefante… Esperaba no haberse equivocado en sus suposiciones y que Steve siguiera con vida.
-Bienvenido, detective Williams…-afirmó la voz chillona de Nicholas. Al menos a Danny le pareció chillona y realmente molesta-. Solo faltaba el héroe para poder empezar con la fiesta.
Le pasó el arma a su lacayo, que automáticamente apuntó a Danny a la cabeza con ella, y se movió para acercarse a los candelabros, encendiendo un par más de ellos en cada extremo de la sala, dando un poco más de luz a las tinieblas que les envolvían.
Luego volvió coger el arma y a colocarse en el lugar que estaba, e hizo un gesto a su hombre, a lo que este respondió apartándose hacia un lado, dejando de ese modo que el detective pudiera ver lo que ocultaba tras él. Steve.
Desde ese instante la pistola que Nicholas sujetaba no dejó de apuntar al comandante en ningún momento.
Danny tuvo una oleada de sentimientos contradictorios cuando por fin pudo ver a Steve.
Primero sintió gratitud, y un alivio desmesurado al verle con vida, porque lo hacía, aún vivía, aunque las condiciones en la que se encontraba no eran las mismas en las que le había dejado horas atrás.
Le vio levantar la mirada e intentar sonreírle.
-Hey Danno… ¿Me echabas de menos?
-Ni de lejos-contestó él, aunque su expresión preocupada y sufrida le decía que mentía.
-Eres muy mal mentiroso.
Steve se rio y eso le hizo empezar a toser y a quejarse de dolor.
Por su aspecto, Danny adivinaba que esos malditos no se habían contentado con haberle torturado con el cuchillo (una improvisada venda hecha con un trozo de tela del propio pantalón del SEAL evitaba que se desangrara antes de tiempo) sino que además de eso, le habían dado una buena paliza, así que seguramente tendría alguna que otra costilla rota.
Eso fue precisamente lo que le hizo cambiar la gratitud y el alivio por las ganas de gritar y golpear a ese maldito chino hasta arrancarle la cabeza a puñetazos.
Danny dirigió su mirada azul llena de odio hacia Nicholas, levantó la pistola y le apuntó con ella a la cabeza.
-Vas a sufrir, ¿Me oyes?... Vas a sufrir tanto que me rogarás que te deje entregarte a la policía para pudrirte en Halawa, maldito crio enfermo.
Nicholas soltó una carcajada e hizo una señal a sus hombres. El gigante asiático dejó impactar de nuevo uno de sus enormes puños contra el estómago de Steve.
-¡No, para!…-gritó Danny al verle encogerse y quejarse de auténtico dolor, desviando un momento la pistola de la cabeza del chino para dirigirla a aquel mastodonte que torturaba al comandante.- ¡Para!... ¿Me oyes maldito Goliat amarillo? Vuelve a golpearle y te hago un agujero en la nuca.
Nicholas volvió a reírse, haciendo que Danny moviera de nuevo la pistola y la dirigiese otra vez a su cabeza.
-Yo de ti bajaría esa arma, Williams… si no quieres que le diga a mi amigo que le atraviese el pecho esta vez en lugar de la pierna-amenazó el chino, jugueteando con el cuchillo y alzándolo para que pudiera verlo con claridad.
Ese fue el momento en el que empezó la actuación de Danny, en el que su plan se puso en marcha.
El detective miró a Steve y después al chino, repitió la misma operación varias veces fingiendo pensar en obedecer su amenaza, y finalmente dejó su mirada fija en el comandante.
-Lo siento… yo solo… Supongo que intentaba hacer las cosas bien. Creía que podía sacarte de aquí y…-lo dijo tan resignado y con una expresión tan abatida que incluso Steve pensó que iba a rendirse.
-Vamos, Danny… esto no es culpa tuya. Sabes que no lo es-afirmó mirándole angustiado-. Todo irá bien, ¿Vale? Saldremos de esta y…
-Awww… que bonito…-se burló Nicholas, separándose de la pared en la que se apoyaba y tendiéndole el cuchillo al gigante para que lo cogiera- dame el arma o ese cuchillo se hundirá en su corazón. No creo que vuelva a latir por ti del mismo modo después de eso.
El enorme chino sujetó el cuchillo que su jefe le había dado sonriendo con malicia y Danny tragó visiblemente asustado.
O al menos eso era lo que quería que todos creyeran, que estaba asustado y sucumbiendo al miedo de que cumplieran su amenaza.
La estúpida sonrisa triunfante de Nicholas hizo acto de presencia, pero se borró al instante al escuchar el disparo que, de pronto, Danny dirigió entre ceja y ceja a su hombre.
El detective disparó y no se preocupó por ver caer al gigante, rápidamente dirigió la pistola de nuevo hacia Tse, pero este le apuntaba a él ahora también con la suya.
-¡Maldito policía estúpido!-se quejaba el chino, gritando cabreado-No es así como tenía que ser. Todo estaba planeado y tenía que seguir un patrón. Ahora tendré que improvisar. ¡Y odio improvisar, Williams!
Danny miró la cámara de video situada tras Steve y se imaginó ligeramente cuales serían los planes de aquel pobre enfermo.
Seguramente creyó que el detective haría cualquier cosa que le pidiera siempre que tuviera al comandante cautivo. Que Danny actuaría como lo hacía siempre en lugar de arriesgarse.
El plan Súper SEAL parecía estar dando buenos resultados, así que decidió continuar llevándolo a cabo.
Sabía que las posibilidades de que fuera más rápido que Nicholas y su disparo llegara primero eran bastante altas, pero no podías arriesgarse, no si quería salir de allí con vida y llevarse a Steve con él.
-Ok… Haré lo que quieras. Pero no le hagas más daño, por favor…-dijo finalmente, con la voz temblorosa y mirando por última vez a Steve antes de bajar el arma y cogerla por el cañón para ofrecérsela a Nicholas.
McGarret pensó que su compañero se había vuelto loco, pero entonces el chino se volvió sonriente para mirarle, de nuevo triunfante y pensando que había vuelto a salirse con la suya.
-Amor… ese estúpido sentimiento-citó, como siempre riéndose a carcajadas.
Ese fue el instante en el que Danny actuó. Se dejó llevar por el instinto e improvisó.
Metió la mano bajo su camiseta aprovechando ese segundo en el que Nicholas dejó de mirarle, sacó la bomba de gas lacrimógeno y la activó, pensando en meterla bajo su camisa en primera instancia, pero luego reaccionando hundiéndola con todas sus fuerzas y de un golpe en la boca del chino en cuanto se dio la vuelta para mirarle de nuevo.
Las carcajadas de Nicholas cesaron al instante, empezó a forcejar con él intentando sacarla de su garganta, pero el gas hizo un efecto instantáneo y no fue capaz de evitar tan siquiera que Danny le desarmara.
Steve no tardó en escuchar el disparo que atravesó el pecho de Nicholas y le hizo caer contra el suelo. Aunque no pudo prestarle toda la atención que le hubiera gustado, a pesar de que la mayoría del gas había entrado directamente a la tráquea del chino, una parte se había liberado en la sala y empezaba a hacer efecto también en él.
Con dificultad, pudo ver la silueta de Danny acercarse, su visión ya empezaba a nublarle la vista y obligarle a toser como si quiera echar el hígado por la boca. Pero a pesar de que el detective llevaba la boca tapada con la parte inferior de su camiseta, parecía que los efectos del gas también le afectaban. Todo lo que pudo hacer Danny fue acercarse hasta Steve y caer de rodillas ante él con el móvil en una mano.
-¡Steven!-logró decir tan fuerte como pudo justo antes de dejar caer el aparato al suelo y golpearse también contra él, ya inconsciente.
Todo pasó tan deprisa que Steve no tuvo tiempo más que de cerrar los ojos, pronto los efectos del gas se hicieron demasiado intensos y se apoderaron de él también. Empezó a sentir los ojos ardiendo y el gas entrando en sus fosas nasales y haciéndole toser hasta sentir que perdía el conocimiento por la falta de aire.
¡Danno!-era todo lo que había en su cabeza mientras la oscuridad se cernía sobre él.
