Capítulo 1
El despertar
Su cuerpo se sentía muy ligero, como estuviera hecho de plumas o del mismo aire. Podía sentir una calma que la recorría por todo su ser, incluyendo su alma. ¿Estaba flotando? No lo sabía, porque estaba tan sumergida en este estado que no tenía ganas de abrir sus ojos para nada.
– ¡Hey! – escucho una voz, casi a lo lejos.
Era varonil… o eso le parecía. Tal vez de un niño.
– Despierta– volvió a decir el extraño.
¿Despertar? ¿Por qué debería despertar cuando estaba tan relajada? Decidió ignorarlo y rodo a un lado para acomodarse y seguir descansando. ¿Eh? Espera… ¿rodar? ¿Cómo puede rodar hacía un costado si estaba flotando? No tenía sentido.
– Vamos, no tengo todo el día– dijo de nuevo la voz, se podía escuchar que se estaba desesperando. Curiosa, decidió que era hora de abrir los ojos. Lentamente sus parpados se abrieron, dejando que una extrema luz blanca la deslumbrará.
Cuando sus ojos se ajustaron a la luz, puedo ver en donde se encontraba y no lo podía creer. Nunca antes había visto algo parecido o eso creía. No había cielo azul o nubes, solo era un gran espacio en blanco muy brillante. Dirigió su mirada hacía el suelo en donde estaba sentada. Había algo verde y suave, tal vez césped pero no estaba segura. Pasó sus dedos por la cosa verde, podía sentir que era algo vivo y fresco. Pero, ¿por qué no lo podía reconocer?
– Es solo césped. Acaso, ¿nunca lo habías visto? – dijo la persona que la despertó de su sueño. Levanto su mirada y por fin puedo verlo. Era un niño, tal vez de unos 12 años. De cabello blanco e increíbles ojos turquesa. Llevaba puesta una camiseta blanca y pantalones blancos. Su mirada era de cansancio, tal vez no quería estar ahí.
– ¿Césped? – su propia voz la sorprendió. Era extraño. ¿Cómo es que nunca había escuchado su voz? Se llevó su mano a su garganta, tocándola con los dedos. – ¡Césped! – gritó, sintiendo como su voz vibraba contra sus dedos.
– Oi, no tienes que gritar– dijo un poco irritado, el grito de la chica lo había sobresaltado. Esto iba a ser difícil. – Mi nombre es Hitsugaya Toushiro y seré tu ángel guía. ¿Cuál es tu nombre niña? –
La chica lo miró confundida, ladeando la cabeza. – ¿Nombre? Mmmmm– cruzó sus brazos bajo sus grandes pechos. – Shiro-chan, ¿qué es un nombre? – de pronto sintió que como el puño del chico se impactaba en su cabeza. – ¡Itai! – se quejó mientras se agarraba la cabeza.
– ¡¿A quién llamas Shiro-chan?! ¡Ten más respeto! – gritó enojado el chico. Observó a la chica frente a él, temblaba y tenía lágrimas en los ojos. Recordó que había rumores sobre un alma nueva, que no tenía recuerdos. Pero no era posible que justamente a él le hubiera tocado esa persona. Volvió a observar a la chica justo en el momento que ella se inspeccionaba los pechos, haciéndolo sonrojar. – ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! –
La chica lo miró con curiosidad – Shiro-chan, ¿qué son estos? –
Demonios…
Soltó un suspiro cansado y decidió que le intentaría explicar su situación. – Escucha mujer, hay algunas cosas que tienes que entender. Primero que nada yo no soy tu niñero, soy tu guía. Lo que significa que mi deber es ayudarte y guiarte para que alcances tu objetivo, ¿entiendes? – la chica asintió. Satisfecho al ver que había captado su atención, desvió su mirada hacía a un lado, buscando mentalmente la manera de explicarle.
– Eres un alma especial, Dios mismo ha decidido darte una segunda oportunidad. Pero tienes que devolverle ese favor de alguna manera – siguió diciendo viendo hacía algún punto del espacio blanco. – Cuando llegues a la tierra, tendrás que realizar buenas acciones y…– volteo a verla y la chica por fin se había puesto de pie, las piernas le temblaban un poco pero se podía ver que estaba feliz por su gran logro. Ahora ella daba pequeños saltos, era obvio que no lo había escuchado para nada.
– ¡Ponme atención!–
BAM!
– ¡Itai! –
Minutos más tarde Histugaya tenía a la chica arrodillada a forma de castigo frente a él.
– Ya que has perdido tus memorias como parte de la reencarnación, creo que será lo primero que deberíamos darte– metió su mano dentro de uno de los bolsillos de su pantalón y enseguida sacó un papel de color rosa claro. Lo leyó detenidamente y dijo: – Inoue Orihime, ese es tu nombre–
Los ojos de la chica se agrandaron con sorpresa. Era un sentimiento difícil de explicar, es la primera vez que escuchaba su nombre pero sabía en su corazón que era de ella. Qué era algo con lo que había nacido.
– Inoue… Orihime…– saboreo su nombre por primera vez. Sintió que era dulce y tierno de pronunciar. – Inoue Orihime– dijo más fuerte. En verdad le gustaba el sonido de su nombre. – ¡Inoue Orihime! –
– ¡Muy bien, ya basta! – se exaspero Hitsugaya. La miró por un momento para después asentir. – Creo que ese nombre te queda muy bien, sobre todo por tu aspecto–
– ¿Mi… aspecto? – dijo débilmente mientras se llevaba las manos a su rostro, tocándolo para darse una idea de cómo era.
– No sabes cómo es tu aspecto, ¿verdad? – la chica negó rápidamente. – Eso se puede solucionar– con un chasquido de sus dedos hizo aparecer un espejo enfrente de Orihime.
Era de color blanco, sin brillo y flotaba justo enfrente de ella. Orihime ser acerco curiosa para ver que había dentro del pequeño objeto. Cuando se acercó lo suficiente pudo ver a alguien viéndola de vuelta. Al principio de asusto porque no conocía a esa persona. Volvió su mirada hacía Hitsugaya buscando ayuda, pero el chico solo movió la cabeza alentándola a seguir viendo. Insegura volvió a dirigir la mirada y se dio cuenta que la persona movía sus ojos al mismo tiempo que ella.
Curioso.
Movió su cabeza y la persona la imitó. Con un dedo se tocó la mejilla y la persona dentro del espejo hizo lo mismo. Fue entonces que lo comprendió, esa persona era ella. Ojos grandes y de color caramelo con pequeños toques dorados. Cabello largo y recto en color anaranjado con brillos rojizos y castaños. Un rostro pequeño y bien definido, labios rosados bonitos.
– Eres bonita, Inoue– dijo Hitsugaya sonriéndole de lado.
Ella lo volteo a ver y comenzó a reír, un sonido lindo y dulce – Gracias, Shiro-chan–
– No me digas… Bueno ya que– dijo rindiéndose ante la chica que disfrutaba diciéndole de esa manera tan tonta. Solo esperaba que sus compañeros ángeles jamás se enteraran de ese sobrenombre. – Ahora escucha Inoue, tienes que poner atención a lo que te voy a decir–
Orihime asintió, dispuesta a escuchar a la persona que le dio su nombre. Su guía se arrodillo frente a ella.
– Tú reencarnaste, lo que significa que tú ya has vivido antes. Dios te dio una segunda oportunidad por eso volverás a la tierra con la misma edad con la que moriste, 18 años– explicaba el guía con voz calmada – Pero tienes algunas condiciones que cumplir: 1) tienes que realizar buenas acciones, ayudar a las personas necesitadas, 2) encontrar tu amor verdadero en un período de dos meses– su mirada se volvió sombría, preocupando a Orihime.
– Hay una advertencia en todo esto. Sino logras que la persona que amas, te amé también…– hizo una pausa pequeña, no seguro de cómo decirle lo siguiente – o sino desaparecerás–
Orihime asintió.
Su guía la miró incrédulo. – ¿Entiendes lo que digo Inoue? Sino lo lograrás dejarás de existir, tanto como en el cielo como en la tierra. ¡Puf! No más–
La chica se puso seria bajando la mirada a sus piernas, analizando las palabras de Hitsugaya. Cuando lo volvió a ver la dedico una sonrisa llena de seguridad y tranquilidad, sorprendiéndolo. – No te preocupes, Shiro-chan. Siento la seguridad que todo estará bien, que nada malo pasará– se llevó su mano derecha a su pecho, tocando justo encima de su corazón – Lo siento aquí–
Hitsugaya la observó por un momento, antes de incorporarse por completo. Camino para colocarse detrás de la chica, quien lo observaba detenidamente. Hitsugaya murmuro unas palabras que no alcanzo a comprender antes de arrojar una especie de semilla. Unos segundos más tarde la tierra comenzó a temblar, asustándola. De entre el césped creció un árbol, grande y espeso. Sus hojas verdes brillaban como si tuviera pequeños diamantes esparcidos por todas partes.
– Este es un portal. Una puerta que te llevará a la tierra, al lugar donde perteneces– explico Hitsugaya sin voltear a verla – Te dejará en tu pueblo natal o al menos el que era en tu vida pasada–
Orihime se levantó del suelo caminando hasta llegar al lado de su guía. – ¿Solo tengo que atravesarlo? –
– Sí– contesto sin más.
– ¿Shiro-chan también vendrá? –
Hitsugaya pudo notar que ella tenía miedo, ¿y cómo no estarlo? Estaba a punto de ir a un lugar desconocido para ella, a un mundo del cual no sabía nada. Sin conocer a nadie. Claro que debía estar asustada.
– No por el momento. Tengo que arreglar algunas cosas aquí antes de poder acompañarte. Solo podemos confiar en que Dios te pondrá en el camino de personas buenas que te ayudarán en lo que yo llego– explico el chico, esperando que ella se tranquilizará.
Orihime tenía que confiar en él. Pero, ¿qué pasaba si la dejaban en el camino de personas malas? Podrían hacerle daño, ¿no? O si ella no lograba encajar en la tierra.
¡No!
Vamos Orihime. Confía.
– ¿Estás lista? En cuanto cruces por el árbol no habrá marcha atrás–
Orihime asintió decidida. Comenzó a caminar hacia el enorme portal, cuando llego hasta el tronco introdujo una mano sorprendiéndose al ver que efectivamente lo podía atravesar. Se giró hacía su ángel y sonriendo exclamó:
– ¡Nos vemos pronto Shiro-chan! – se despidió agitando ambos brazos. Y desapareció dentro del árbol.
El silencio reino en el lugar. Hitsugaya se sorprendió un poco al darse cuenta de lo solitario que parecía sin ella presente.
– Me pregunto si debí ponerle algo de ropa antes de que se fuera– dijo el chico. Se encogió de hombros y dio la media vuelta – Bueno, estoy seguro que podrá solucionarlo–
Llovía.
Era de noche en la cuidad de Karakura.
Por lo general era una ciudad con un clima más cálido, de hecho todo el día había estado despejado y no anunciaron la posibilidad de lluvia. Por eso, Kurosaki Ichigo había decidido salir por algunas cosas para la cena, sin un paraguas. Cuando iba de regreso con la bolsa en la mano, había empezado a llover, fuerte.
Para no empaparse más de lo que ya estaba, se refugió debajo de un gran árbol dentro del parque cercano. Y ahí se encontraba, con la ropa pegada el cuerpo y su cabello mojado de tanta lluvia, mandándole un mensaje de texto a su hermana para que lo esperara en lo que la intensa lluvia cesaba un poco.
Subió su mirada al cielo oscuro de esa noche.
Odio la lluvia.
Pareciera que la lluvia decidía caer cada vez que alguna tragedia ocurría en su vida.
El día que su madre, la mujer más importante de su vida, había fallecido fue en un día lluvioso. Un accidente de carro que nadie pudo evitar o prevenir. Él apenas tenía 5 años cuando ella falleció. Sus hermanas apenas tenían un año de vida y su padre tuvo que aprender a ser madre también.
La segunda vez que ocurrió fue cuando perdió a la mujer que amaba a manos de un par de desgraciados. Esa noche no pudo hacer nada, fue un completo inútil. No pudo protegerla y la termino perdiendo. Jamás pudo volver a sentir algo por nadie, y de eso ya habían pasado dos años. La seguía amando, como si ella aún estuviera viva.
– Aiko…– susurro con melancolía, recordando a la chica de cabello castaño y ojos color caramelo que constantemente asechaba en sus sueños. Cerró sus ojos abrazando el recuerdo de su chica, de la única mujer que realmente amó.
CRASH
El sonido de las ramas rompiéndose hizo que volviera a la realidad de golpe. Abrió los ojos rápidamente viendo hacía la copa del árbol. Algo caía con gran rapidez, llevándose las ramas en su camino.
– ¡KYAAAA! – el gritó de una chica lo desconcertó. Instintivamente alzó los brazos dispuesto a atraparla. No podía permitir que una chica se lastimara, aunque estuviera loca para subir un árbol en medio de tal tormenta.
De repente, pudo sentir el peso de un cuerpo caer sobre él, cerrando los ojos. Debido al repentino impacto, perdió el equilibrio cayendo hacía atrás con la chica sobre él. Pudo sentir como su cabeza golpeo la tierra debajo. Dolía bastante.
Algo no está bien…
La chica se quejaba encima de él, pero había algo extraño… una sensación debajo de la palma de su mano izquierda que aseguraba a la chica por su espalda baja. Era una textura suave y cálida. Una ropa rara… Pensó.
Pero hubo algo que lo desconcertó aún más y era lo que su mano derecha estaba agarrando. Era blando y tibio, pero a la vez firme. Casi se sentía como…
Abrió los ojos de golpe, tornándose rojo al ver su panorama.
Pechos
Pechos desnudos de una chica estaban justo enfrente de él, tanto que casi podía rozarlos con los labios. Dirigió su mirada hasta su mano derecha y se dio cuenta lo que realmente estaba sosteniendo. Lo apretó por instinto.
– ¡Haaaa! – gimió la chica sobre él. Al darse cuenta del sonido y la extraña sensación que le provoco el tacto, Orihime se quitó de encima de la persona y lo abofeteo mientras se cubría los pechos con la otra mano.
Ichigo se cubrió la mejilla mientras observaba boquiabierto a la chica frente a él.
Estaba empapada por la intensa lluvia, su cabello largo y anaranjado se pegaba a su pequeño y pálido rostro. Sus ojos grandes y brillantes lo miraban entre curiosa y asustada, con pequeñas lágrimas en ellos. Su mirada bajo para observar su cuerpo desnudo ante él.
¡Desnuda! ¡Está chica está desnuda!
Y mojada, podía ver como las gotas resbalaban por su cremosa piel.
– ¿Qué… Qué demonios…?–
CONTINUARÁ…
Quiero disculparme con aquellos a los que confundí con mis elecciones de genero
No se preocupen si es una historia de comedia romántica, tendrá muchas escenas lindas y divertidas, lo prometo
También me gustaría dedicar esta historia a JhoanT quien fue la persona que me alentó a seguir escribiendo, muchas gracias!
a las personas que leyeron mi fic gracias! y a las que dejaron un review miles de gracias!
nos vemos en el siguiente capitulo
besos y cuidense!
