Capítulo 9

Cuando por fin volvió en sí, Steve descansaba en una cama de hospital, tuvo la certeza de que así era incluso antes de abrir los ojos, antes siquiera de ser capaz de recordar lo que había sucedido, el olor a antiséptico mezclado con líquido desinfectante era tan obvio y molesto para él, como lo es para cualquiera cuando atraviesa las puertas de uno de esos malditos edificios.

Puede que no fuera lo más lógico, lo normal que debería hacer en un momento como ese, pero lo primero en lo que pensó no fue en las horas que podía llevar allí tumbado, ni en cual podría ser su estado de salud tras su cautiverio. En todo lo que pensaba cuando su cerebro por fin se reactivó con la realidad era en él. En la misma persona que ocupaba su mente cuando se desvaneció.

Abrió los ojos buscándole y, como no podía ser distinto, allí estaba él, sentado en un incómodo sillón junto a su cama, dormido en una postura que seguramente haría que los próximos días le dolieran todos y cada uno de los huesos de su menudo cuerpo.

-Danno…-susurró con la voz ronca, no pudiendo evitar sonreír complacido y agradecido al verle allí. Vivo, a salvo, y en el lugar que le correspondía, junto a su lado – Hey, Danny… -tuvo que volver a repetirlo un par de veces, ya su voz era demasiado débil para que el detective la oyera desde el paraíso de los sueños-. ¡Danny!

No fue hasta esa última llamada ansiosa, hasta que su mano acompaño a su voz y acarició la del detective, que este por fin despertó.

-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué?- preguntó distraído y todavía medio dormido, mirando hacia la puerta y esperando ver a la enfermera o al doctor de turno que entraba a pedirle que se marchara a descansar, a decirle que tardaría en haber cambios, que ellos le avisarían cuando su compañero despertara. Ninguna de esas excusas consiguió que Danny se moviera de al lado de Steve en las últimas setenta y dos horas.

-Danny…-dijo una vez más, sintiendo como su voz empezaba a fortalecerse y hacerse oír.

El rubio le miró un instante, como no siendo totalmente consciente de que de verdad estaba despierto. Cuando por fin lo hizo se llevó las manos a la cabeza, y luego de pronto reaccionó y empezó a moverlas de forma exagerada frente a él mientras hablaba disparando las palabras como proyectiles sin un objetivo concreto.

-¡Oh dios mío, Steve! ¡Estás despierto! ¿Estás bien? ¿Te duele la pierna? ¿Y las costillas? ¿Puedes respirar bien? ¡Joder estás despierto! ¿Llamo a la enfermera? Espera voy a llamar a la enfermera. ¡ENFERMERAAAA!...

-Danny, estoy bien. No hace falta…-se rio el comandante al ver como los nervios parecían haber despertado de golpe al detective.

-¡Mierda! Tengo que llamar a Chin y a Kono también, les dije que les avisaría en cuanto te despertaras y… Y al gobernador… tengo que avisar al gobernador…

-Danny, en serio, estoy bien. No…

Steve alucinaba viendo la expresión preocupada con la que Danny le miraba, la forma en la que hablaba a toda velocidad y se movía de un lado hacia otro junto a su cama.

-No, mejor tengo que avisar al médico, él ya avisará a la enfermera. O mejor la enfermera que suele estar al final del pasillo y el médico vete tú a saber dónde está y si tarda y te duele y… ¡Dios, tengo que avisar a Mary! ¿En qué coño estabas pensando Daniel?-se reprochó.

-¿Mary? Espera, ¿mi hermana está aquí? ¿Por qué habéis avisado a Mary por una herida en una pierna?

-Va a matarme, me dijo que en cuanto despertaras la avisara y yo…

De pronto Danny se alejó de la cama y se dirigió hacia la puerta, dispuesto a salir a buscar… bueno, ni siquiera lo tenía claro todavía.

-¡Danno para!-tuvo que gritarlo con todas las fuerzas que pudo sacar del interior de su garganta para poder detenerle.

Fue entonces cuando por fin su compañero se detuvo, se quedó quieto frente a la puerta de la habitación y tras soltar el aire de forma exagerada de sus pulmones, se volvió y le miró con expresión asustada.

-¿Qué demonios…? ¿Estás bien?-preguntó Steve preocupado, Danny tenía bastante mal aspecto para no ser el enfermo de esa situación.

El detective bajó la mirada un instante, volvió a dejar escapar el aire con fuerza y se acercó de nuevo a la cama.

-Han sido un par de días bastante complicados-afirmó cuando por fin fijó su mirada azul en la de McGarret.

-¿Un par de días? ¿Llevo dos días inconsciente?-eso no lo esperaba. El gas lacrimógeno que Danny había usado era bastante potente, pero tanto como para eso…

-En realidad han sido más bien tres días, solo que dos desde la operación y…

Se quedó callado de pronto, tragando angustiado y bajando la mirada. Steve le vio hacer el gesto de ir a acariciar una de sus manos, pero algo debió pasar por su cabeza en el último momento que le insto a no hacerlo, y simplemente dejó que su mano descansara junto a la del comandante.

-¿Estás bien?-volvió a insistir el SEAL.

-¿Qué si estoy bien? –se rio Danny irónico- Qué si estoy bien... tiene gracia, debería ser yo quien te preguntara eso, ¿no crees? No es como si estuvieras postrado en una cama de hospital ni nada de eso. Ni yo el que está aquí de pie esperando a que despiertes.

-Yo solo intentaba…-empezó Steve, pero vio a Danny pasarse la mano por la cara agobiado y decidió dejarlo- Estoy bien, ¿de acuerdo? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué hacer venir a mi hermana por una pierna herida? ¿En serio han sido tres días?

-¿Hasta dónde recuerdas?-preguntó el otro intentando centrarse.

-Nicholas y su mascota me tenían en… ese sitio. Y apareciste tú y… todo se vuelve borroso. Estabas de rodillas en el suelo y todo se llenaba de ese gas y…

-Así que más o menos no recuerdas nada desde que te desmayaste en el cementerio, ¿No?

Steve asintió algo confuso.

-Bueno, para algo te tengo, ¿eh?-bromeó- refréscame la memoria.-pidió con tono cariñoso y dando un golpecito con su mano en el colchón para que el detective se sentara junto a él.

-Ok-contestó, pero hizo como si no se hubiera dado cuenta de su gesto, y en lugar de sentarse a su lado volvió a hacerlo en la silla, acercándola aún más a la cama y quedando con los codos apoyados en el colchón y las manos entrelazadas mientras le ponía al día-. Será mejor que te haga un resumen, el médico ya te contará el resto.

-Ok-le imitó Steve. Sintiéndose incómodo y nervioso al ver como Danny se había alejado de él.

La noche que habían pasado juntos estaba reciente y nítida en su mente todavía, al igual del hecho de haber despertado a solas en su cama, y de escuchar como el rubio había escapado a escondidas de su casa para evitar esa conversación que claramente necesitaban tener al respecto.

-¿Cómo salimos de allí?-preguntó intentando apartar ese pensamiento.

-Disparé a Tse y conseguí marcar el número de Kono antes de desmayarme. No recuerdo cuanto tiempo pasó exactamente, pero nos rastrearon y trasladaron desde aquella cripta en el cementerio hasta el hospital.

-¿Y de eso hace tres días?-volvió a preguntar, sin creerlo todavía.

-Exacto. Verás, yo no tuve problemas para recuperarme del efecto del gas, pero tú…-Danny paró un instante de hablar, como si tuviera miedo de seguir-. La paliza te había dejado un par de costillas rotas y varias contusiones, nada grave, pero… te operaron de urgencia de la puñalada en la pierna. Ese hijo de puta supo donde clavarla, se aseguró de no tocar la vena principal para que te desangraras lentamente, pero el corte era profundo y rasgó ciertos músculos del cuádriceps femoral. En realidad la cirugía no debería haber sido complicada, pero…

Volvió a parar de hablar y se pasó una mano por la cara, algo ansioso.

- Estabas muy débil, ya habías perdido bastante sangre en la cripta, y al parecer el efecto del gas en tu organismo hizo que hubiera una reacción con la anestesia o algo así. No me preguntes cómo, no tengo ni idea. No entiendo una mierda de la mayoría de las chorradas que dijo el médico cuando nos lo explicó. Lo que sé es que dijo algo de que tú ritmo cardíaco cayó en picado. Y entonces vino lo de la hemorragia.

-¿Qué? ¿De qué hablas?

- Sufriste una hemorragia que no conseguían detener. Tuve que hacer venir a Mary, tiene tu mismo grupo sanguíneo y necesitabas la transfusión cuanto antes.

-¿Tú llamaste a Mary?-interrumpió alucinado, y divertido con la idea de que Danny y ella se hubieran conocido.- ¿Llamaste a mi hermana? ¿Has conocido a mi hermana?- por alguna razón le encantaba la idea.

-Sí, yo llamé a tu hermana–. Contestó, molesto por su expresión divertida, aquellas horas habían sido un auténtico infierno para el detective-. Y sí, la he conocido. He de decir que es el único McGarret que he tenido el placer de conocer que no está como una auténtica cabra. Es dulce, agradable y todas esas cosas maravillosas que tú nunca serás, ¡Estúpido idiota engreído!

Steve empezó a reírse, haciendo que los nervios de Danny afloraran y explotaran en forma de enfado.

-Esto es serio, ¿Vale? No sé dónde le ves la gracia, han sido los dos peores días que he pasado en mucho tiempo, no entiendo cómo puedes tomártelo como una broma. ¡Casi te mueres!-le gritó- ¿De acuerdo? Tú casi te… - Danny parecía incapaz de seguir ante ese pensamiento. Ni siquiera se atrevió a volver a decirlo-. Fue todo una locura, todo muy rápido. Creíamos que…-y entonces agachó la cabeza y la hundió entre sus manos.

-Eh Danno-susurró, acariciándole la cabeza con suavidad, instándole a que la levantara y le mirara.

Cuando lo hizo Steve vio auténtico miedo en sus ojos, dolor y tristeza. Nunca le había visto tan afectado, tan agotado psicológicamente como lo estaba en esos momentos.

-Fue mi culpa. Casi mueres por mi culpa.

-No, de eso nada-Steve no podía creer que Danny fuera a ser tan estúpido como para caer en la trampa de Nicholas, haciéndose cargo de todo lo malo que había sucedido a su alrededor durante esas semanas.

¿Qué mejor manera podía haber de torturar a un hombre honesto y tan dado a sentirse responsable del bien común como esa? Tse había contado con eso, por ese motivo creyó que el detective le seguiría el juego, que simplemente se dejaría matar para asegurarse de que Steve vivía.

Pero Danny había sido más listo, más arriesgado y mucho menos Danny de lo que McGarret hubiera podido ver desde que llegó a la isla. En parte se alegraba de que así hubiese sido, de que por una vez confiara en sí mismo y simplemente reaccionara por instinto. Pero algo le decía que ese comportamiento era historia ya, y de nuevo su compañero sentía que la carga del mundo recaía sobre sus hombros.

-Sí, lo es-contestó el detective, afirmando sus suposiciones y apartando la mano de Steve lentamente-. Todo lo que ha sucedido estos días es culpa mía. El asesinato del embajador, la detención de Adam, tu secuestro… Fue el efecto del gas lo que empeoró tu situación en el quirófano. Rachel tiene razón, nada de esto habría sucedido si yo no estuviera aquí.

-¿Eso te ha dicho?-Steve deseó con todas sus fuerzas hacer que esa mujer inglesa se arrepintiera de sus palabras.- Eso no es justo, ella… Se equivoca, si…

-No, tiene razón. Hace bien en no dejar que vea a Grace por el momento, no sabemos si Nicholas tenía algún lacayo más que decida querer terminar el trabajo y…

-Espera, ¿sigue prohibiéndote ver a Grace? ¿Después de lo que has hecho por estar con ella, por mantenerla a salvo?... No puede hacer eso.

-Claro que puede. Si soy un peligro para su seguridad, ella… merezco…-afirmó resignado, pero Steve no pudo aguantar verle de ese modo y le gritó enfadado.

-Tú nunca serás un peligro para Grace, Rachel se equivoca. Esa niña nunca podrás estar mejor con nadie que contigo. ¡Esto no es culpa tuya! ¿Me oyes?

Steve estaba tan cabreado que incluso se incorporó en la cama, sintiendo el dolor de sus costillas y arrastrando la pierna vendada como pudo para no sentir las punzadas que atravesaban su carne al hacerlo.

-Para, Steve… -pidió preocupado- Steven, detente, vas a hacerte daño. Tú pierna no está todavía…

-Nada de esto es culpa tuya. No lo mereces. No vuelvas a decir eso. ¡Nunca!-ordenó con su tono más severo, haciendo caso omiso de la advertencia de Danny.

-¡Por supuesto que lo es!

Danny le devolvió el grito levantándose de la silla mientras hablaba, y colocando sus manos en el pecho de Steve para obligarle a volver a tumbarse. Quedó inclinado hacia adelante, evitando con su cuerpo que volviera a incorporarse.

- ¿Por qué no quieres entenderlo? Nicholas me quería a mí, deseaba hacerme daño y lo hizo a través de las personas que me importan. Primero fue a por Adam, después me amenazó con hacer daño a Grace y Rachel y luego…-dejó de gritar y le miró con los ojos brillantes, conteniendo las lágrimas y siendo incapaz de decir lo que pensaba.

-Danno…-Steve levantó las manos y sujetó las mejillas del detective entre ellas, acarició su piel con los dedos y le obligó a moverse hasta que sus cabezas se tocaron-. Dios, Danno…

Cerró los ojos sobrecogido por su tristeza y respirando de forma torpe a causa del dolor de sus costillas. Entonces su boca se movió tentativa hasta rozar la de Danny y le besó lentamente, acariciándole dulce y suavemente y dejando que se diera cuenta de que también quería eso.

Al principio sintió los labios del detective temblar contra los suyos, su cuerpo tenso contra su pecho, luchando por alejarse, pero sin ser capaz de hacerlo. Pero no tardó en sentir también como se dejaba llevar, como se rendía al deseo de sentirle y besarle.

Danny respondió al beso notando como una lágrima traicionera se escapaba por su mejilla, para acabar mezclándose con la humedad que la lengua de Steve había dejado en su labio inferior al acariciarlo.

- Estoy aquí, ¿Ok? Estoy bien-susurró el comandante-. Y es así gracias a ti. Sigo vivo porque tú me salvaste, Danny. Arriesgaste tu vida por recuperar la mía.

-Pero fui yo, nene… fui yo quién te puso en peligro. ¿No lo ves? No estarías aquí si no fuera porque me importas. –Entonces apartó las manos de Steve de su cara y empezó a echarse hacia atrás, poniendo de nuevo espacio entre sus cuerpos y alejándose de él-. Esto no puede ser. No podemos… No puedo hacerte esto.

-¿Qué?-lo preguntó confuso, medio mareado por la intensa sensación que acababa de recorrer su cuerpo al besarle, y sintiéndose perdido al no saber a qué se refería con esas palabras-. ¿Danny, qué quieres…

-No puedo hacerte esto, Steven. No puedo dejar que me lo des todo a cambio de la promesa de un infierno por simple egoísmo. Estás mejor sin mí. Tú ya has pasado suficiente como para meterme en tu vida y empeorarlo todo.

Y entonces fue cuando Steve creyó verlo todo claro, cuando se dio cuenta de lo que realmente temía Danny y volvió a dejar que el enfado se apoderara de él.

-¿Así que es eso no?-preguntó volviendo a incorporarse, de nuevo gritando completamente furioso y mirando a Danny como si acabara de traicionarle del modo más grotesco posible.- Estás asustado. Todo se reduce a eso. Tienes miedo.

El detective le miró contrariado.

-Por supuesto que tengo miedo. ¿Por qué no iba a tenerlo?... Dios, nene, casi te matan por mi culpa y…

-Deja esa mierda de una vez, ¿Vale?... No me lo trago-advirtió cortándole-. No tienes miedo a perderme, a que me hagan daño. No es eso y lo sabes.

-Joder Steven, claro que es eso–intentó excusarse Danny, dejando a un lado esa forma cariñosa de dirigirse a él y empezaba a ver por dónde iba el comandante. Lo peor era que sabía que tenía razón para enfadarse.

-No, eso no es más que una excusa de mierda que te has buscado para no enfrentarte a la verdad–le reprochó.

-¿Y cuál es la verdad?-su tono era sarcástico y poco amistoso, se cruzó de brazos y le miró falsamente expectante.

-La verdad es que tienes miedo de esto, de lo que acaba de suceder -McGarret les señaló a ambos con el dedo, refiriéndose al beso que acababan de compartir-. De lo que sucedió en mi casa y de lo que sientes por mí. De lo que sabes que yo siento por ti. Tienes miedo del "nosotros" Danny. Eso es lo único que te mueve a buscar excusas, a hundirte a ti mismo y enterrar la cabeza bajo la arena.

-Así que ahora soy el típico idiota con miedo al compromiso ¿no? Se acabó. No pienso tener esta conversación contigo postrado a una cama de hospital, es absurdo–contestó el detective indignado, levantando un dedo frente a él a modo de advertencia—. Cierra esa maldita boca y descansa, voy a buscar a la enfermera y a llamar a tu hermana.

Pero no pudo moverse de al lado de la cama, Steve estiró un brazo y le sujetó del cuello de la camisa.

-No, de eso nada. Vas a escucharme-ordenó Steve-. No pienso dejar que salgas corriendo como un cobarde. Puede que tú no seas capaz de enfrentarte a esto, pero yo sí.

-¿Y quién ha dicho que no sea capaz?-volvió a gritarle Danny- ¿No se te ha ocurrido que quizás sea verdad que para mí todo fue un error y que quiero que termine?

Steve sabía que Danny no lo decía en serio, que solamente estaba asustado, pero no pudo evitar sentir el dolor que aquellas palabras del rubio infligieron en su corazón.

-Si eso fuera cierto te habrías enfrentado a mí. Te habrías alejado cuando te he besado ahora. Y, ¿Sabes qué? La forma en la que me has devuelto el beso no parecía querer decir "aléjate de mí".

El tono irónico y pagado de sí mismo de Steve solamente consiguió una respuesta por parte del detective.

-¡Vete a la mierda!

Steve sonrió suficiente e insistió en hacerle admitir la verdad.

-Si no sintieras nada habrías dejado las cosas claras desde el principio Danny, en lugar de venir medio borracho a mi casa esa noche. ¿Es que crees que no recuerdo lo que dijiste?

-Estaba borracho-se defendió-. No sabía lo que decía. Fin del asunto.

-Claro que lo sabías. Decías lo que sentías. Lo que realmente sientes todavía. Y estabas tan asustado como ahora, solo que el efecto del alcohol se encargó de hacer lo que tú no te atrevías.

Danny apartó la mirada y negó con la cabeza, pero no fue capaz de negarlo.

-Mírame-ordenó Steve, al ver ese gesto-. Estoy enamorado de ti, Danno. Mírame a los ojos y dime que no sientes lo mismo.

-Suéltame o…-advirtió con expresión enfadada, pero todavía sin negar ni afirmar nada. Sujetó la muñeca del comandante y la apretó con fuerza para que le soltara.

Steve se dio cuenta de que reaccionar de ese modo no conseguiría que Danny admitiera la nada, así que intentó calmarse y enfocarlo de otro modo.

-Entiendo que estés asustado-empezó a decir, aflojando el agarre de su camisa y simplemente apoyando la mano en su pecho con cariño-. Sé que has pasado mucho con tu divorcio y todo eso. Pero yo no contaba con esto tampoco cuando llegué, ¿sabes? Y aún y así ha sucedido. No puedes simplemente ignorarlo y…

-Por favor, Steve… para. No puedo hacer esto. Ahora no, yo…

-¿Es por Adam?-preguntó ansioso, rezando por no escuchar un sí como respuesta.

Danny le miró sonriendo de medio lado, una sonrisa triste que simplemente le daba a entender que eso no tenía nada que ver. No sabía cómo había sido, pero en cuanto Steve entró en su vida Adam desapareció de la ecuación sin dejar rastro.

McGarret adoraba eso entre ellos, el ser capaz de mirarse y entenderse sin palabras a pesar de llevar tan poco tiempo el uno en la vida del otro.

-¿Es que acaso no merece la pena?-ahora era la expresión de Steve la que reflejaba tristeza, el dolor de una perdida que todavía no existía pero que sabía no tardaría en llegar.- ¿Es eso?... ¿Por ese motivo te escabulliste de mi cama mientras dormía? ¿O simplemente porque no eres capaz de mentirme a la cara y decirme que no sientes nada por mí?

Danny le miró entre alucinado y molesto.

-Eso no es lo que sucedió-se defendió-. No me escabullí como un cobarde de tu cama, estaba preparándome un café cuando recibí un mensaje de Nicholas haciéndose pasar por Rachel, quería que acudiera a su casa, pensé que sucedía algo malo. Me alejó de ti para poder tenerte a su merced.

-Y dime, Danny… ¿Habría cambiado algo si no hubieras recibido ese mensaje?-esta vez lo preguntó resignado, con la voz medio quebrada y sabiendo, muy a su pesar, cuál sería la respuesta a esa pregunta.

-Dios, nene… por favor, déjalo-rogó mortificado.

-Déjate de nene y contesta a mi pregunta, por favor-susurró Steve, cerrando los ojos un momento y volviendo a abrirlos para mirarle angustiado- ¿Habría cambiado algo? ¿O simplemente te habrías tomado ese café y decidido que era mejor desaparecer antes de que despertara?

-Yo…-Danny agachó la mirada de nuevo y negó con la cabeza.

-¿Sí o no?-gritó Steve enfadado por su reacción- mírame a los ojos-volvió a pedir- hazlo y dime que no habrías huido del mismo modo.

-Bueno, veo que ya estás despierto. Despierto y tan mandón y gritón como de costumbre.

Ninguno de los dos se había dado cuenta de cómo la puerta de la habitación se abría, ni de cuánto tiempo llevaba Mary parada frente a ellos siendo testigo de esa conversación.

-Mary, preciosa…-Danny se alejó rápidamente de Steve, fingiendo que no sucedía nada, y se acercó a ella para fundirse en un abrazo con la chica-. Me alegro de verte. Iba a llamarte ahora mismo y…

Steve les observaba mientras hablaban, sintiendo como el abrazo reconfortante que su hermana regalaba al detective debía ser suyo, solamente suyo. Él debía ser quién rodeaba su cuerpo y le ofrecía el apoyo que necesitaba después de toda aquella locura, no Mary.

Se odio a sí mismo por todas y cada una de las cosas que acababa de decirle.

-Os dejaré poneros al día. Voy a llamar al médico y a avisar al equipo de que tu hermano está despierto-. Danny solo miró a Mary cuando lo dijo, ni siquiera se volvió para ver a Steve una vez más antes de salir de la habitación.

Su hermana se acercó a la cama y miró su pierna, después le miró a los ojos y se cruzó de brazos observándole con expresión fastidiada.

-Te preguntaría qué tal te encuentras, pero viendo que de nuevo estás lo suficientemente en forma como para gritarle de ese modo a la persona más dulce y amable que he conocido en mucho tiempo, vamos a empezar por lo importante, ¿qué has hecho ya, Stevie?

-¿Qué?... ¿Qué he hecho ya? ¿Y quién dice que la culpa sea mía?-se sintió tan indignado que incluso imitó a Mary y se cruzó de brazos.

-Hermanito, te conozco. Empieza a hablar.

-Nada, ¿Vale? No he hecho nada, por extraño que te parezca esta discusión no corre de mi cuenta.

Mary levantó una ceja y le miró incrédula.

Steve resopló frustrado y se pasó ambas manos por la cara, dejándolas allí finalmente y queriendo quedarse escondido tras ellas durante mucho, mucho tiempo. Lo último que necesitaba en esos momentos era ser sometido al tercer grado por su hermana pequeña.

-Olvídalo quieres…

Y para su sorpresa consiguió que Mary dejara de insistir.

-Está bien, ya me lo contarás cuando creas que necesitas hacerlo.

Esta vez fue McGarret el que miró alucinado a su hermana.

La cuestión era que su petición de que lo dejara correr había sonado tan triste y le había hecho parecer tan derrotado, que Mary no pudo dejar de sentir lástima por él.

-¿Cómo te encuentras?

-Duele…-se quejó.

-¿La pierna o el orgullo?-Lo de ser irónico y sabelotodo era algo que venía de familia.

-Hazme un favor, hermanita, dame un abrazo, ¿quieres?-fue la forma más sutil que se le ocurrió de pedirle que se callara de una vez y dejara de hundirle aún más en su miseria.

Pasaron casi dos semanas hasta que por fin creyeron que el comandante McGarret estaba lo suficientemente estable y recuperado como para darle el alta al en el hospital. Debería andar durante un tiempo con muletas axilares para no apoyar demasiado peso en el cuádriceps de la pierna operada, y tendría que hacer algo de rehabilitación después de eso para mejorar la flexibilidad y el movimiento del músculo, pero por lo demás su estado de salud general era óptimo para mandarle a casa.

Y Steve se moría por salir de esa habitación de una maldita vez. Tenía un asunto pendiente que no paraba de mortificarle y necesitaba solucionarlo cuanto antes.

Y es que Kono y Chin pasaron por allí varias veces, pero durante el tiempo que permaneció ingresado, Danny no volvió a visitarle ni una sola vez. Hablaron algunas veces por teléfono, pero en cuanto Steve intentaba sacar el tema o disculparse, su compañero alegaba tener mucho trabajo y todo lo que escuchaba al otro lado de la línea era el pitido de la llamada finalizada.

La mañana de su "liberación" Steve estaba sentado en una silla de ruedas, una que llevaba un soporte que le mantenía la pierna estirada al frente en todo momento para que no la flexionara por el momento, moviéndose de un lado a otro de su habitación mientras cogía los efectos personales que Mary le había ido llevando y los metía en una mochila que descansaba sobre la camilla.

Un par de muletas estaban apoyadas junto a la cama, esperando a ser usadas en cuanto su transporte hiciera acto de presencia y le sacara de aquel odioso lugar.

Creyó que por fin había llegado cuando escuchó un golpe en la puerta de su habitación.

-Entra, está abierto-ni siquiera se volvió a mirar quien entraba, continuó recogiendo sus cosas ansioso por escapar- ya era hora, ya empezaba a creer que te lo habías pensado mejor y me habías dejado tirado por idiota.

-Bueno, no puedo decirte que no se me haya pasado por la cabeza.

Steve casi sufre un ataque al corazón al reconocer aquella voz. Se dio la vuelta a toda prisa y observó a Danny parado junto a la puerta, su pelo rubio perfectamente engominado, con sus manos hundidas en los bolsillos de aquel pantalón de vestir que tan bien le había quedado siempre, y su sempiterna corbata adornando una camisa de color azul claro.

-Hey-soltó descolocado.

-Hey.

Cuando Danny le sonrió Steve creyó estar soñando, había echado tanto de menos esa amplia sonrisa…

-¿Qué… -empezó a preguntar, pero su compañero le cortó sabiendo lo que quería preguntar.

"¿Qué haces aquí?" Era lo más obvio después de dos semanas desaparecido en combate.

-Verás, me han dicho que te han levantado el castigo y… no sé, pensé que quizás necesitarías un paseo hasta tu casa. Eso sí, esta vez creo que no te queda más remedio que dejar que conduzca yo-sonrió divertido y señaló las muletas.

Steve le devolvió la sonrisa, más sorprendido aún de la forma tranquila y cariñosa con la que le hablaba y se metía con él, que de verle allí.

Hasta que recordó que ya tenía alguien que le venía a buscar.

¡Mierda!

-Me encantaría ese paseo, Danny… no sabes cuánto. Pero verás, lo cierto es que Catherine llamó hace un rato y se ofreció a recogerme.

-Oh… -el detective se rascó la nuca incómodo- Tranquilo, no pasa nada, si ella ya…

-Lo siento, hace días que no hablamos y no imaginé que fueras a…

-No, tranquilo-le interrumpió- en serio. No pasa nada. Bueno, entonces será mejor que me vaya. Nos vemos en…

-¡No!-gritó el comandante, interrumpiéndole a él esta vez, con tono ansioso y desesperado, cuando le vio empezar a darse la vuelta para marcharse- no… Danny, por favor… Espera… De verdad que me alegro muchísimo de que estés aquí. Han sido dos semanas-afirmó con tristeza.

-Sí, bueno, sobre eso…-se volvió de nuevo para enfrentarse de una vez por todas a Steve, y empezó a andar hacia él visiblemente nervioso.

Lo tenía decidido, era ahora o nunca. Le había dado muchas vueltas durante esos días, necesitaba aclarar las cosas con él si no quería volverse loco y que todo ese asunto repercutiera en el trabajo de ambos.

Además, no quería admitirlo, ni siquiera a sí mismo, pero… le añoraba. Muchísimo… ¡Joder! Le echaba tantísimo de menos… No podía dejar que su miedo a volver a pasar por una relación fallida le dejara perderle.

-Lo siento-le cortó Steve, antes de que pudiera decir nada, empezó a darle su propia disculpa-. Lo siento muchísimo. El otro día no fui justo contigo, no debí decir nada de lo que dije, no lo merecías y no iba en serio y yo…

-Tú tenías razón.

Steve se quedó sin habla un momento, mirándole alucinado.

-¿La tenía?-preguntó incrédulo cuando recuperó el habla, mirando las muletas que aguardaban junto a su cama, necesitaba ponerse en pie y ver a corta distancia los ojos azules de Danny mientras tenían por fin esa conversación.

El detective sonrió al ver esa tonta expresión en su cara.

-Verás…- Danny se movió y se ocupó él de coger las muletas para acercárselas, adivinando lo que necesitaba, y se quedó frente a él para ayudarle a levantarse de la silla-. Me costó mucho volver a poner en orden mi vida después de mi divorcio con Rachel. Tardé en hacerlo, pero por fin conseguí que todo pareciera estar en su sitio.

-Déjame adivinar… Ahora vas a decir que yo lo estropeé, ¿No?-lo preguntó tan resignado que Danny no pudo evitar sonreír al respecto.

¿Qué ocurría con el "Super SEAL" cuando se ponía sentimental? Era como un maldito peluche al que no puedes evitar querer achuchar hasta que te duelan los brazos.

-No, no es eso-. "Vale, un poco sí" Pensó para sí mismo, pero lo expresó de otro modo para Steve.-Es solo que todo era mucho más sencillo antes de que aparecieras McGarret. Con Adam todo era fácil.

Steve alzó una ceja, no entendía a qué se refería con Fácil, ¿Una relación con un ex-Yakuza acusado de asesinato fácil?

-Me refiero a que, todo ese rollo de lo que sucedió cuando nos conocimos, el caso del asesinato de su padre, todo lo de ser un miembro "reformado" de la Yakuza Japonesa, era todo tan complicado que hacía relativamente "fácil" no querer más. Esa situación me daba la excusa perfecta para que lo que había entre Adam y yo nunca avanzara.

-¿No querías que lo vuestro avanzara? Creía que vosotros teníais algo…

-Algo controlable, Steve-terminó la frase por él- algo que sabía que por más que me esforzara nunca conseguiría que tuviera un final feliz. Adam también lo sabía, era cuestión de tiempo que acabara. Discutimos muchísimas veces por eso, yo no quería admitirlo pero, él tenía razón.

-No sé si entiendo a qué te refieres-Steve apoyó una de las muletas bajo su brazo izquierdo, y con el derecho se sujetó al brazo de Danny y se dejó ayudar a levantarse.

Se quedaron el uno en el interior del espacio personal del otro, mirándose fijamente a tan corta distancia y sonriéndose inquietos y azorados por vivir de nuevo esa cercanía tan deseada.

Danny suspiró rindiéndose a la evidencia y por fin dejó escapar lo que realmente pensaba.

-Contigo todo es distinto, ¿Vale? Fue muy distinto desde el primer instante. Lo que siento por ti ha sido… no lo sé, no sabría cómo explicártelo. Mucho más parecido a lo que me llevó a casarme con Rachel que lo que me arrastró a querer intentarlo con Adam.

Steve tragó con fuerza y le miró anonadado.

-¿Estás de broma? Si me odiabas.

Danny volvió a reírse, esta vez con más ganas.

-No te odiaba, ¿De acuerdo? Me atraías de un modo que no conseguía comprender y… digamos que necesitaba odiarte para compensar.

Steve hizo una mueca comprensiva.

-Estar contigo es… ¡Joder!-se quejó Danny, no sabía cómo explicarle lo que sentía por él sin parecer idiota o ser demasiado claro al respecto. No había dicho las palabras "te quiero" desde que se separó de Rachel, y por más que lo sentía en su interior, se resistía a decirlas de nuevo.

-¿Divertido? ¿Excitante? ¿Cómo montar en una montaña rusa y…? -empezó McGarret, guasón, pero el otro puso un dedo en sus labios y le hizo callar.

-Es como estar al borde de un precipicio.

-¿Qué? ¡No!-soltó el comandante indignado.

-Sí-se rio Danny- uno en el que a pesar del miedo a las alturas no puedes evitar mirar abajo. En el que sientes el vértigo apoderarse de ti cada segundo con más fuerza, pero que es tan adictivo que hace que cada instante desees dejarte llevar más y más por esa sensación y saltar al vacío.

Esta vez fue Steve quién sonrió, embargado por el significado de sus palabras y feliz porque por fin, haciéndolo a su manera, hubiera sido capaz de admitir que tenía miedo a no poder controlar lo que sentía por él.

-Y lo deseo con tantas ganas nene. Dios, no puedes imaginártelo-confesó Danny.

-Así que lo que tienes es miedo a las alturas, ¿no?- bromeó Steve, pero al ver al rubio negar fastidiado con la cabeza en seguida se puso serio y sonrió amable- Puedo darte tiempo si es lo que necesitas, Danny…-le habló en voz calmada y en tono bajo, agachando la cabeza un poco para que su boca quedara muy cercana a la del otro, y bajando la mano que sujetaba el brazo del rubio para agarrarle de la cintura.- Puedo tomarme lo nuestro con calma si es lo que intentas pedirme.

-¿Tú? ¿Tomarte las cosas con calma?-soltó riéndose sarcástico- Drástico, impaciente, insufrible… son adjetivos que te describen bastante bien, ¿Paciencia? No es una de tus virtudes, nene.

-Puedo serlo por ti… -afirmó, casi olvidándose de la muleta que sostenía parte de su peso y apretándole más contra su cuerpo- Cambiaré por ti si eso te…

-No-negó Danny- No lo hagas, por favor. Mira, solo… No lo fuerces, ¿Ok? deja que todo suceda al ritmo que deba hacerlo y no me presiones. Esta vez fue él quien buscó más contacto con el otro, llevó una de sus manos al cuello de Steve y le sujetó con fuerza mientras hablaba. Le miraba tan directamente a los labios que el comandante creyó que le besaría antes de acabar de hablar. Pero no lo hizo. -Yo… -Danny se lamió el labio inferior y se lo mordió para contenerse- simplemente necesito sentir que vuelvo a tener el control.

-Dios, Danno… ahora mismo te daría el control sin pensarlo-afirmó intentando besarle, pero Danny se rio y se apartó hacia atrás impidiéndoselo.

-El control de mi vida, Steven. De mi vida-le reprochó con cariño-. Eres incorregible.

La sonrisa chulesca patentada de McGarret que tanto adoraba el detective se dibujó en su cara.

-Ya me conoces, no puedo resistirme a tu encanto de Jersey-volvió a intentar besarle, pero el otro se lo impidió de nuevo. No era que no lo deseara, pero necesitaba castigarle un poquito para mantenerle a raya.

-Steven…- advirtió Danny.

-Ok, ok. Solo bromeaba-esta vez fue el rubio el que levantó una ceja incrédulo- Está bien, me muero por besarte de acuerdo. No me culpes… Mira, te entiendo, pero el amor no es fácil, es el infierno. Una maldición de la que ninguno podemos huir durante demasiado tiempo. Pero al mismo tiempo es el paraíso, es la vida… lo que le da sentido. Yo no tengo miedo al infierno, nene-le dijo llamándole como siempre él lo hacía-. No tengo miedo a tenerte viviendo asustado por perderte. Tengo miedo a no tenerte. Si tú no estás no hay paraíso, Danno. No hay vida.

-Eso te ha quedado muy profundo-bromeó Danny, aunque en el fondo solo intentaba que no se notara el nudo que se había instalado en su garganta al escucharle decir esas cosas.

-Hablo en serio. Yo tampoco esperaba esto cuando llegue, al contrario. Si accedí a ocupar este puesto en el 5.0 fue para huir de algo que sucedió en mi vida que me hizo prometerme a mí mismo que nunca volvería a dejar que nadie me afectara como tú lo haces.

El detective le miró extrañado.

-Es una larga historia, ¿Vale? Quizás si un día nos tomamos esas cervezas que tenemos pendientes te lo cuente todo-Steve no tenía fuerzas para contarle lo de John en esos momentos- Pero la cuestión es que ocurrió. Apareciste y desmontaste todos mis planes, me diste de nuevo la vida, Danno. Puedo esperar, ir más despacio, pero no puedes pedirme que lo ignore… eso no puedo hacerlo.

Los labios de Danny no tardaron más de medio segundo en presionar los de Steve cuando terminó de hablar, sus brazos rodearon su cintura y le abrazaron con fuerza, con tanta que no tardó en escuchar al comandante quejarse. Sus costillas no estaban del todo recuperadas aún, demasiada presión hacía todavía que sintiera punzadas de dolor.

-Oh, mierda… lo siento.-se disculpó el rubio- lo siento.

-No, joder… no te disculpes-soltó McGarret, con la respiración acelerada y agarrando la mejilla de Danny para volver a acercar sus bocas- Dejaría que me rompieras otra costilla si con eso consigo que vuelvas a besarme de ese modo.

-Bueno, quiero tomármelo con calma, pero eso no significa que no desee hacerte…

-¡Oh mierda!- esta vez no fue Danny quién lo dijo, ni tampoco era por el mismo motivo.

Catherine acababa de entrar en la habitación, no vio necesidad de llamar a la puerta, ya que Danny la había dejado abierta por descuido, así que cuando se metió en su interior se encontró con la escenita de los dos hombres. Steve de pie frente al detective, apoyado en una muleta y pegado al cuerpo del otro de tal forma que ni el aire se atrevía a interponerse entre ellos. El rubio rodeaba su cintura abrazándole, y sus bocas estaban tan cerca que si no fuera porque escuchó lo que Danny acababa de decirle al comandante, pensaría que se estaban besando.

Eso fue precisamente lo que le hizo maldecir la interrupción, las últimas palabras de Williams. "eso no significa que no desee hacerte…".

-Mierda, mierda, lo siento… la puerta estaba abierta y…

Los dos hombres se rieron de su nerviosismo.

-No pasa nada, yo ya me iba…-intentó calmarla Danny.

-No pasa nada Cath. Espera, ¿Qué? –dijo cuándo se dio cuenta de lo que acababa de decir el rubio. No, esa conversación no podía terminar ahí. No… tenía que saber qué era lo que Danny deseaba hacerle- No, Danno, espera…

El detective se rio y le guiñó un ojo, con la misma chulería que McGarret usaba normalmente con él y ofreciéndole la otra muleta para que se sostuviera por sí mismo.

-Sé que no seguirás las indicaciones del médico, y que no podrás evitar volver a trabajar cuanto antes, así que… Nos vemos en la oficina-se acercó a Cath y le ofreció la mano-. Encantado de conocerte en persona por fin, Catherine.

-El placer es mío-fue todo lo que la pobre y avergonzada oficial de la Marina fue capaz de decir.