Compro tu amor

InuYasha

Por: Ivanov Shinigami

Summary: "Lo que es verdadero, jamás termina"

Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no son míos, esta es solo una historia de fanáticos para fanáticos, es ficción, no tiene ninguna relación con personas, instituciones o hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Que la disfruten... n-n

Category: AU, OCc, Angst, generalmente.

Raiting: Lima olemon suave, masturbación, violación, PG-13 yo señalo el NC-17.

Warnings: lima o lemon suave, masturbación, violación... Si consideran ofensiva esta historia, no se lea por favor, no deseo dañar u ofender a ninguna persona con el contenido de este texto, arigato.

Nota 1: - Diálogos –, "Pensamientos", - Sueños-, (Flash back).

Nota 2: Inspirado en el fic "Compro tu amor" de Gundam Wing escrito por Kary-chan. Espero les guste.

- Capitulo 1 –

Una chica de largos cabellos negros azabache meciéndose al compás del viento miraba atentamente, mientras apretaba con fuerza un pedazo de papel azul entre sus manos a la luz de la luna, con sus únicas confidentes las estrellas y una pequeña vela que bailaba al compás del viento nocturno por la ventana de su balcón, su camisón largo blanco acentuaba la rara belleza de la chica, su piel blanca y tersa resaltaba más que cualquier cosa, suspiro levemente, ya había leído más de cinco veces la carta y procedió a pagar la vela que iluminaban el lugar, lo amaba, lo amaba profundamente y a pesar de su partida eso no había cambiado en nada.

Mientras tanto, habría que seguir con la farsa un tiempo más, pues esa bella chica, era en realidad para la sociedad un hermoso chico, una dulce mujer que por capricho de su familia tuvo la mala fortuna de ser la primogénita y, por tal razón, todos habían decidido cambiar aquello por una figura masculina para el bienestar de la casa Higurashi, aunque eso estaba en contra de su propia naturaleza. En pocas palabras, nació en el tiempo y circunstancias equivocadas.

- ¡Odio mi vida! – Murmuraba molesta mientras perladas lagrimas resbalaban por sus mejillas – solo tú sabes quién soy en realidad y aun así me aceptas – le decía al pedazo de papel que firmaba por nombre Naraku.

Lo beso y la guardo entre las páginas de un pequeño diario, el cual era celosamente escondido debajo del gran closet de madera, en una compuesta secreta que solo ella conocía.

Se recostó en su cama y decidió escapar de la realidad entre sus hermosos sueños, y deseo con todo su corazón encontrar a su amado en ellos una vez más.

OoOoOoOoO

Por la mañana fue despertada por unos fuertes y constantes toquidos en su puerta. Se incorporó en su cama aun somnolienta pensando que era una mala jugada de su mente recién despierta, pero a medida que regresaba a la realidad, el sonido de la puerta aumentaba de intensidad.

- Pase- contesto débil y finalmente colocándose las sabanas por arriba de sus hombros mientras aun tallaba sus ojos, sabía que ya había despertado nuevamente a su pequeño infierno.

Entro una chica con un amplio vestido rosado con encajes de buena calidad, cabello negro brillante delicadamente cepillado y atado por listones del mismo tono del vestido, sus ojos castaños y cejas negras arqueadas en señal de molestia se posaron rápidamente en ella, entro a toda velocidad abriendo el closet de la pelilargo y sacando uno de sus mejores trajes y una camisa blanca.

Kikyou al ver la acción tan confianzuda de su hermana, se sobresaltó e hizo despertarla completamente. Ni siquiera privacidad podía tener en su cuarto.

- ¡Kagome!, ¿Qué haces aquí?, ¡¿Y por qué entras a mi habitación como si fuera tuya?!, ¡No es correcto! – reprendió la joven levantándose de inmediato de la cama.

- ¡No exageres hermana!, no hay nada que ocultes en esta casa después de todo, solo tu feminidad, por eso yo escogeré tu ropa el día de hoy, ya que a veces sueles ser un varón muy afeminado – dijo la chica en tono irónico sin dejar de ver los trajes sastres, lo que hizo que la primogénita se molestara aún más, y antes de objetar alguna respuesta la joven continuo hablando – ¡vístete!, pronto iremos a misa, ya sabes que madre odia llegar tarde - le dijo secamente mientras le daba la ropa que había escogido finalmente, a veces Kikyo en la mayoría de las ocasiones creía que la veía con burla, y como si ella se sintiera mas superior que ella misma.

- En un momento bajo... - dijo mirándola también con furia mientras suspiraba resignada, mientras la otra chica salía de la habitación.

Si pudiera le partiría la cara en un segundo, apretó con furia su puño, solo tendría que esperar un año más y se iría de la casa, su madre ya no le importaba en lo más mínimo, había descubierto que su enfermedad mental solo había sido pasajera y ahora era totalmente consiente de lo que pasaba o dejaba de pasar en esa casa. Lo único, como a toda la sociedad en el mundo que le importaba, era lo que pensarían los demás, las habladurías de la gente mataban más personas que el cólera.

Solo le pesaba dejar a su padre, un canoso hombre tan lleno de arrepentimiento, lejos de odiarlo, lo amaba, ya que él era el único hombre que realmente la amaba y temía por ella, mas ella sabía que su anciano padre comprendería el por qué huía cuando llegara el momento...

Pero no tenía caso enojarse, la única que se lastimaba era ella. Decidió olvidar el incidente y comenzó a alistarse.

Al estarse terminando de enrollar su busto con las vendas que diariamente usaba para disimularlo, estaba tan metida en sus pensamientos y en lo que hacía, que no se percató hasta que la vio frente a ella, entro la nana Urasue, con la cara de evidente angustia y preocupación.

Urasue era la madre de su joven amante y nana de Kikyou, por capricho de Kagome, la cual no quería que ambas tuvieran una sola, lo que beneficio mucho a Kikyou, ya que gracias al egoísmo de su hermana, había conocido a Naraku. La joven se extrañó por semejante semblante, termino de sujetar las vendas y se colocó el corset masculino para aplanar aún más su pecho, hasta que su rostro se ilumino al ver que traía celosamente guardada otra carta de Naraku sacada de entre sus ropas, ahora Kikyou comprendía el porque lucia tan nerviosa la señora, la chica corrió a cerrar sus puertas con llaves.

- Joven Kyo, si nos descubren algo malo pasara, me lo dice mi corazón - sollozo la mujer extendiendo temerosamente la carta a la chica.

- No te preocupes U, muy pronto tú y yo nos reuniremos con Naraku y ya nadie podrá hacer nada para separarnos - sonrió la chica mientras tomaba la carta y la abría rápidamente. U era el sobrenombre cariñoso que usaba la joven para referirse a su nana, más que nombre una vocal.

La desdoblo con emoción y comenzó a leerla con desesperación, de pronto un grito leve de felicidad salió de sus labios, un grito de emoción y de nerviosismo - ¡No puede ser!, está en el pueblo, ¡Naraku por fin volvió! - dijo dando un pequeño brinco y continuo leyendo - Dice que me vera al terminar la misa de hoy - le dijo a Urasue que la veía con una cara muy pálida, pero las palabras de Kikyou no la calmaron, sino que la dejaron atónita.

- ¡Mi amado hijo!, eso me alegra el alma, después varios años lo volveré a ver, pero me aterra a la vez – dijo suspirando mientras se colocaba detrás de la chica para comenzar a ajustar el corset - ¡Ay niño!, es decir señorita Kikyo - se corrigió al ver la mirada de desagrado de la chica al decirle niño, sabia que aunque toda la casa grande le dijera así, ella odiaba eso - si descubren a Naraku, ¡lo van a mandar fusilar!, nadie, ni siquiera su padre lo protegerá de la furia de su madre y hermana – dijo la mujer preocupada ante tal pensamiento.

- No lo descubrirán U, deshazte de esa idea tan malévola, ya te dije estate tranquila… todo va a salir… Bien… - dijo en un jadeo mientras la mujer le terminaba de ajustarle el corset, odiaba eso día a día, no sabía por que debía de usar corsé masculino, si no le era tan necesario, con el ajustado vendaje era suficiente, pero su hermana había insistido demasiado, ya que sus pechos eran más grandes que el promedio, incluso que el de Kagome, tenía que aplanarlo un poco para no hacerse notar, muchas veces pensó que era más por envidia que por necesidad.

- ¡Listo niña! – completo la nana, mientras Kikyou tomaba aire una vez más para vestirse rápidamente.

- Esta será la última vez que use este estúpido atuendo Kaede, ¡te lo juro! – dijo decidida la pelilargo mientras tomaba su camisa blanca.

OoOoOoOoO

- ¿Por qué tarda tanto ese niño?, sabe que odio llegar tarde, ¡Kagome!, ¿lo despertaste? – refunfuño mal humorada una mujer madura de gran belleza mirando el enorme reloj de madera junto a la pared y meciendo sus dedos sobre su elegante bastón plateado decorado con bordados, sus ojos ligeramente rasgados color pardo amenazantes no dejaban de ver las manecillas pasar, su piel blanca resaltaba con el vestido verde bandera con mangas gigot largas y abullonadas en la parte alta del brazo y discretos holanes, con un escote completo hasta la altura el cuello, decorado con botones dorados y un enorme collar de oro adornándolo, su cabello perfectamente recogido y peinado escondido con una capota adornada de flores y plumas, del mismo tono que el vestido.

- Si lo hice madre – respondió molesta la chica colocándose su capota delicadamente – incluso escogí su ropa y le dijo que odias llegar tarde.

- No me gusta que entres al cuarto de tu hermano con tanta confianza, no es apropiado – desaprobó la mujer ante el comentario.

- No bromee madre, somos "gemelos", sabe que no hay secretos entre nosotros puesto que nacimos "juntos" – decía la chica con risa sarcástica mientras se sentaba en el sofá.

- No quiero que hagas esas insinuaciones Kagome, sabes que son de muy mal gusto – le dijo la mujer amenazantemente.

- Ya entendí, disculpe madre – dijo la chica alzando los brazos en señal de acuerdo.

- Disculpe la demora madre, buenos días – saludo Kikyou entrando a la sala y besando la mano de su madre, algo que odiaba mucho tener que actuar.

Su madre la miro con desaprobación, su cabello perfectamente cepillado y amarrado en una coleta con una cinta larga, portaba una camisa con cuello alto estilo victoriana y pechera lisa, adornado con un moño echo en tela de color negro presentable, para distraer cualquier bulto debajo de él, adornada con finos pliegues planchados y perfectamente estirados, sobre esta un chaleco negro/platinado perfectamente ajustado y plano con botones dorados adornándolo, la largura quedaba justo a la altura de la cintura, su reluciente reloj de oro guardado con su cadena ajustada a uno de los botones del chaleco de igual tono guardado en la bolsa, los pantalones blancos rallados y estrechos dejaban relucir sus bien moldeadas y largas piernas, quedando suelto al calzado de botín negro bien lustrado, colgaba de su brazo su chaqueta negra que no remarcaba los hombros, lo suficientemente larga para cubrir su trasero y sostenía un sombrero simple negro.

- Que no vuelva a ocurrir, ya sabes que no me gusta esperar – dijo la mujer quitando rápidamente su mano y comenzó a caminar rumbo a la salida – Hiciste un buen trabajo Kagome, serás muy buena en el nuevo negocio de fabricación de vestimenta que pretendes hacer – decía la mujer en tono aprobatorio, mientras Kagome se alegraba ante el comentario.

Kikyou solo suspiro, sabía que su madre jamás aprobaba nada viniendo de ella, pero con Kagome era todo lo contrario, rodo sus ojos hacia atrás en señal de fastidio y camino hacia la entrada colocándose el sombrero.

Al subir a los carruajes Kikyou ordeno a Urasue subir al otro, pero Kagome la veía con sospecha, sabía que Kikyou era lista y que algo tramaba.

Salieron rumbo a la iglesia en un carruaje sencillo, escoltado por otro más donde iban las nanas y mozos de compañía. Todos sabían que cuando la familia salía, mínimo otro carruaje iba con ellos.

- Buenos días padre – saludo Kikyou finalmente cuando el carruaje comenzó a moverse.

- Buenos días hijo – saludo el hombre mayor con una encantadora sonrisa cubierta un poco por un bigote bien recortado, sus canas se hacían notar discretamente a los lados de su cabeza, sus arrugas en cara y manos denotaban su experiencia y trabajo, sus ojos azules como el cielo resaltaban sus mechones castaños bien peinados, portaba una vestimenta similar a las de ella, solo que el moño era de color vino.

- Te sucede algo, ¿hermana? - pregunto Kikyou fingiendo solo un poco al voz de preocupación, sabía que su hermana no había apartado la vista de ella desde que salieron.

- No, nada... - le contesto apartando la mirada de ella finalmente para observar el camino.

- Kyo, cuando estemos de vuelta, hay unos asuntos que debemos arreglar respecto a la hacienda, estamos en guerra y eso nos perjudica aún más para el negocio, así como ver el pago de los trabajadores de este mes y ver que vamos a… - decía el hombre mayor entusiasmado cuando fue interrumpido por su esposa.

- Las cosas de hombres háblenlas en privado, delante de damas como Kagome y yo por favor – reprocho la mujer sacando su abanico y comenzando a abanicar su rostro - ¡Dios!, aun no es medio día y el calor esta horrible – reprocho.

- Está bien cariño – dijo el hombre sonriendo y todos permanecieron en silencio hasta llegar a la iglesia.

Kikyo arqueo las cejas en señal de molestia, pero ya estaba acostumbrada a ese tipo de desprecios por parte de su madre, a veces no sabía cómo su padre aguantaba tanto. Pero en algo estaba de acuerdo con su madre, estaba sumamente acalorada, a pesar de los años de vestir así, en verano era la peor parte, por las vendas y el corset, solo rogaba que el tiempo transcurriera rápido, ya que ese mismo calor era por su impaciencia de ver a Naraku.

OoOoOoOoO

Al salir de la iglesia mucha gente del pueblo los saludaba, siendo una de las más prestigiosas familias del pueblo, muchas personas querían emparentar en esa posición, sobre todo con el apuesto varón único de la familia Higurashi.

Kikyou solo rodo los ojos hacia atrás en señal de fastidio, eso pasaba siempre que iban al pueblo, varios de los señores respetados de buenas familias ofrecían convenios o buenas dotes con sus hijas para Kikyou, ella y su padre se encargaban de rechazarlos de la mejor manera posible.

Al despejarse un poco más de la gente, los cuatro caminaron hacia la plaza principal apartándose de los demás para esperar al cochero, cuando Kagome se acercó a su padre para susurrarle discretamente algunas palabras.

- Padre, yo me quedare un poco más en el pueblo – le decía la chica discretamente jalando a su nana Kaede.

- Espero que no para gastar de nuevo el dinero que no tenemos, no quiero que tu madre vuelva a empeñar sus joyas - le regaño el señor Higurashi.

- No padre, no será así – dijo la chica encogiéndose de hombros.

- Creo que no es necesario que te recuerde que la hacienda ya no esta produciendo nada, y no estamos como para darnos el lujo de patrocinarte esos caprichos – dijo el mayor molesto al recordar la última deuda de la chica al comprar telas y vestidos de alto precio.

- ¡Por dios!, ¡no digas eso tan a la ligera!, quien te escuchara podría decir que somos pobres - le dijo en un tono de alarma y regaño la señora Higurashi, mientras sacaba su abanico nuevamente.

- ¡Es cierto mujer!, si seguimos así no tendremos ni siquiera para la dote de Kagome – dijo el hombre mayor angustiado.

- La dote… - susurro Kikyou entristecida, sabía que para ella jamás tendrían una dote, ya que al aparentar ser hombre, ¿Quién se casaría con ella?, sería un escándalo tan grande que la propia inquisición intervendría en tal cosa. La dote era el patrimonio que la futura esposa o su familia entregaban al novio, siendo en muchos casos proporcional al estatus social del futuro esposo. Pero parte de su triste destino era en vivir y morir con los bienes de su casa y sola, por eso rechazaba dicho destino que ella jamás eligió.

- Perdona hija lo olvide - dijo ofreciendo una disculpa su padre al darse cuenta de lo que había dicho.

- ¡Calla!, ¡el no necesita una dote porque es hombre!, por el contrario, esperemos que le den una mucho mayor que la de Kagome – dijo la mujer orgullosa mientras miraba a Kikyou – además, ¿qué pasaría si te escuchan decirle así a Kyo?, creerían que es un afeminado y se hablaría de nosotros por toda una década, eso sin contar la vergüenza - volvió a chillar su madre angustiadamente mientras miraba a los alrededores – no sé qué pasa con ustedes el día de hoy que están insoportables y hablando barbaridades.

- Esta bien lo siento por ello, pero te repito Kagome, si me entero que tu madre ha empeñado otras de sus joyas o algo más, juro por el nombre de nuestra familia que lo pagaras con tu dote – amenazo el mayor una vez más.

- Bien padre... - masculló la chica molesta mientras caminaba lejos de la plaza con su nana.

Pese a que Kikyo estaba nerviosa desde que leyó la carta y estaba muy ansiosa durante la misa, trataba de aparentar calma y la situación se tornaba turbia para que no pensara en ello por varios segundos, pero al fin había llegado el momento de verlo, después de varios años, se encontraría con Naraku, no podría esperar otro año con esa farsa, tendría que huir con el cuanto antes, antes de que su familia la obligara a hacer una verdadera locura.

- Padre, ¿puedo pasear por el pueblo unos minutos antes de marcharnos de nuevo a casa? - pregunto la chica lo más tranquilamente posible para no levantar sospechas.

- ¡Claro!, ya que Kagome se fue, creo que tu madre y yo pasearemos un poco antes de irnos, te veré en media hora aquí mismo, solo que no te metas en problemas – replico el mayor mirándola arqueando las cejas - y ya sabes a lo que me refiero - le dijo al indicarle que no fuera a cambiarse de ropa y huir como tantas otras veces las había hecho.

- No tenga pendiente padre, Urasue me acompañara – dijo despidiéndose de sus padres y se fue con su nana.

- Por cierto querido… – le dijo su mujer robándole su atención, el mayor la miro con extrañeza y continúo – hablando de dotes, ya va siendo hora de que posicionemos a Kyo con una señorita de excelente familia, tienes razón, debemos asegurar su futuro y el de la hacienda, de echo tengo varias en mente, podemos ir a tomar él te con algunas ahora mismo – dijo sonriendo.

El hombre solo rodo sus ojos en señal de fastidio y ambos comenzaron a caminar.

OoOoOoOoO

Camino con Urasue hasta que perdió de vista a sus padres. Ambas se fueron a paso rápido hacia una librería antigua cerca de la iglesia al cruzar la calle, sabía que era el lugar perfecto para verlo ya que muy pocas personas frecuentaban la lectura, así mismo el propietario la conocía muy bien, ya que una de sus pasiones eran los libros.

- Estoy muy nerviosa – comento la mujer apretando sus manos contra su pecho.

- Tranquila U, todo estará bien – decía la chica disimulando igualmente su nerviosismo.

Al entrar al lugar, saludo cortésmente al encargado como siempre, el lugar era poco silencioso, puesto que mucha gente transitaba cerca de la librería, eso ayudaría un poco a disimular aún más la plática, recorrió los pasillos llenos de estantes de madera, hasta que vio una figura por la parte trasera tomando un libro tranquilamente.

Se acercó un poco al mismo tiempo, que se aceleraba su corazón a cada paso, y ahí lo vio, su amado Naraku, aquel que por tantas noches lloraba y suspiraba, pero había algo diferente en el.

Naraku volteo al sentir una mirada insistente, la miro fijamente con una gran sonrisa, camino unos pasos hasta quedar frente aquel atractivo chico que conocía tan bien, se paró frente a ella y extendió los brazos, no por un abrazo, si no para que Kikyou pudiera admirar mejor el uniforme militar que traía puesto.

- ¡No! ¿Bromeas? - le dijo Kikyou sin poder ocultar una sonrisa - ¿tu?, el quebranta reglas, ¿un militar?, ¿pero cómo? - dijo abrazándolo con cariño sin importarle nada.

Ese abrazo duro varios minutos, lentamente perladas lagrimas brotaron de los ojos que Kikyou, realmente lo amaba y lo había extrañado tanto, el aroma de su adorado Naraku que tanto anhelaba, por fin estaba frente a ella. Naraku acaricio los cabellos de la joven, también la había extrañado tanto, su dulce campanilla. Ambos se separaron para verse nuevamente de frente sin soltar sus brazos. En ese entonces no era visto que los hombres se abrazaran, así que eso era el menor de sus preocupaciones.

- Bueno, debo de empezar por algo para ganar dinero y esto es lo mejor que pude encontrar, además todo es gracias a tu padre, el día que escape el me encontró primero, me dio un saco de monedas de oro y una carta de recomendación, así que gracias a él soy lo que ahora estas viendo – dijo el chico secando con sus pulgares las lágrimas de la chica.

- Pero estamos en guerra, ¿no temes que tu…? – pregunto la chica al recordar las palabras de su padre horas antes.

- No – le dijo el chico interrumpiéndola - Mientras aun tenga tu amor, se que no dejare que me mate el enemigo – dijo sonriéndole tiernamente mientras acariciaba su mejilla - ¿vienes sola? – pregunto dándose cuenta de las tantas demostraciones de afecto que hacía.

- Ya sabes que no – respondió la chica sonriendo mientras señalaba hacia su espalda.

Volteo detrás de Kikyou y vio que su madre lo miraba llorando, se apresuró a abrazarla con fuerza.

- También usted se ira con nosotros madre, se lo prometí – decía el chico amorosamente – la eche mucho de menos.

- ¡Oh hijo!, que orgullosa me siento de ti - dijo la mujer queriendo tapar su llanto con la mantilla que la cubría.

- Naraku, ¿seguirás aquí? – pregunto la chica preocupada mientras él la miraba sin dejar de abrazar a su madre.

- ¡Claro!, el batallón decidió reforzar la seguridad del pueblo, no tengan cuidado, no me busca la ley como te había dicho tu hermana, si así fuera, no podría haber entrado al ejercito Kikyou – le aseguro el chico.

Kikyou...

Se sentía tan bien escuchar su verdadero nombre con la voz de Naraku.

- Niña, ya nos tenemos que ir para no levantar sospechas, distraeré al encargado para que puedan despedirse mejor, cuídate mucho hijo mío, que Dios te proteja siempre – dijo la mujer dándole la bendición y besando su frente, para después caminar hacia donde estaba el encargado.

Ambas figuras se miraron nuevamente, Kikyou se perdió en aquellos ojos dulces que tanto extrañaba, no pudo resistir más y se abalanzo contra el chico para besarlo por largo rato.

OoOoOoOoO

En una tienda de vestidos no muy lejos del centro, donde abundaban las mujeres de sociedad, las cuales te juzgan por el dinero y la buena posición, estaba Kagome conversando con el vendedor que ya era más que conocido por ella, pero en esta ocasión sin tener éxito.

- Lo siento señorita, pero con esto no le alcanza para pagar por las telas que eligió ni las deudas, me temo que no le puedo dar más tiempo, tendré que hablar con su padre – dijo el vendedor colocando en una balanza el oro que la joven le había dado.

Kagome frunció el ceño en señal de molestia ante la amenaza, ¡¿Cómo se había metido en semejante problema?!, su madre ya lo sabía y su padre no estaba enterado de absolutamente nada, debía mucho dinero por telas y accesorios que día con día compraba.

Desde hace meses, tenía en mente un negocio para contratar costureras y dirigir los diseños de la ropa y venderlos a damas altas de la sociedad, así como la moda europea que crecía día a día, pero todo eso costaba mucho dinero por la importación de las telas y accesorios necesarios, pero su papá jamás financiaría una cosa así, él y Kikyou se hacían cargo de la hacienda sin problemas, hasta que ella y su madre le pagaron buena cantidad de plata al antiguo administrador para que fingiera un robo de mercancía que se dirigía a China, uno de los principales mercados y socios para ellos, para posteriormente venderla más cara a un mercader de mala calaña y así quedarse con esa ganancia neta, pero ambas no contaban con que el antiguo administrador además de llevarse gran parte del botín, les había dado una minúscula parte por todo lo robado, menor de lo que pagaron, y a su vez, ese negocio fallido estaba a punto de dejarlos en la ruina total. Desde ese día Kikyou se convirtió en el administrador y capataz de la hacienda, vigilando celosamente todas las ganancias, dificultando que sacaran más dinero.

Su negocio no había salido muy bien ya que los diseños no eran muy buenos y ella se dedicaba a lucirlos al no haber compradora, su madre le había prestado unas joyas para empeñarlas y así seguir pagando las telas importadas, el pequeño negocio sala bien, pero solo con personas de clase media – baja, pero jamás reunía más dinero que el que gastaba, pero eso se acabó cuando su padre se enteró de todo por los chismes del pueblo.

Ahora había un problema más grande, la deuda había crecido más de lo que valía su dote y no contaba con ese dinero, el vendedor y por desgracias tesorero del pueblo ya no le daría más plazo para pagarlo, trago saliva, después de todo si iba a tener que usar su plan B, solo esperaba que todo saliera bien y las cosas mejoraran para ella.

- Vaya Kagome, ¿de nuevo comprando telas y adornos para tu negocio fracasado?, tienes buen gusto, ¿Qué empeñaras esta vez para pagarlo?, ¿la ropa interior? - le dijo irónicamente una de las mujeres que ella conocía muy bien que se encontraba comprando igualmente.

- ¡Cállate Ayumi!, mis vestidos serán los mejores y hasta tu querrás usarlos - le dijo molesta.

- Lo dudo mucho querida, hay rumores de que la hacienda Higurashi se está yendo a la ruina – Kagome palideció al escucharla, pero no le daría la satisfacción, así que se recuperó rápidamente - a menos que el dinero caiga de los árboles o tu apuesto hermano reciba una jugosa dote, dudo mucho que puedas si quiera tocar seda o satín – decía la chica riendo a carcajadas mientras salía de la tienda.

- ¡Estupida! – Mascullo entre dientes la joven mientras sacaba de entre sus ropas un papel maltrecho y antiguo – le puedo pagar con esto, mientras consigo el dinero – dijo colocando el pedazo de papel en el escritorio del vendedor - Son las escrituras de mi casa - dijo malhumorada la chica, tenía que conseguir el dinero faltante costara lo que costara.

- ¡Señorita Kagome! – protesto Kaede horrorizada la mujer, pero fue ignorada.

- Señorita Higurashi, me temo que esto es lo que cubre su deuda a la perfección - dijo el hombre sonriendo ampliamente mientras tomaba las escrituras y las colocaba en un mueble detrás de él.

- ¿De qué está hablando?, ¡las escrituras solo son un pago temporal!, no quiero que hable con mi padre de la deuda, esto es para que me dé un plazo más largo – dijo la chica comenzando a sudar al escuchar lo que en hombre decía.

- Lo siento señorita Higurashi, creo que me malinterpreta, ahora la hacienda Higurashi es mía, usted dio las escrituras por su propia voluntad por eso ¿no?, pero no se preocupe, no armare un escándalo por esto, normalmente los negocios se cierran entre hombres, pero usted tiene un carácter muy fuerte como un hombre, le diré algo, cuando consiga más dinero, puede volver y comprar sus escrituras, siempre y cuando llegue al precio estimado – le dijo sonriéndole malévolamente a la joven que se quedó atónita.

Salió molesta y preocupada a la vez, ¿Cómo le iba a decir a su familia que la hacienda ya no era de ellos?, que los había dejado en la calle y más aún, ¿Cómo iba a decirle a su padre que había dado las escrituras de la casa como pago a sus deudas?, cuando esa mañana le prometió no hacer más estupideces, tenía que solucionarlo de inmediato, pero ¿cómo?.

- ¡Maldición! – grito Kagome golpeando el piso con sus pies, si su padre se enteraba de lo que acababa de hacer, solo de pensarlo se le helaba la piel.

De pronto, escucho de entre los murmullos de la gente que un adinerado acababa de llegar a la ciudad, el hijo del fallecido Taisho, un afamado comerciante internacional.

- Un adinerado… - susurro comenzando a idear un plan que la sacaría de sus problemas.

OoOoOoOoO

- Por fin llegamos amo Inu Yasha, aquí en este pueblo está la contaduría donde tu padre llevaba las cuentas de sus negocios de la parte oriente, me han dicho que el contador se ocupa de una tienda de telas y accesorios importados, que también le pertenece porque su esposa enfermo, pero yo creo otra versión - le dijo un joven alto de pelo castaño amarrado en una pequeña coleta, montado en su caballo negro, sus ojos eran azules como el cielo, portaba un traje sencillo de viaje y una espada y pistola entre su cintura.

- Hn… - pronuncio secamente el chico, sus cabellos platinados jugaban con el viento y el trote del caballo, lo tenía largo hasta la cintura y amarrado en una coleta para evitar que se alborotara aun mas, portaba una camisa blanca poco elegante y un pantalón negro al igual que sus zapatos, portando de igual manera una espada y una pistola, sus ojos ámbar solamente observaban la entrada a la plaza principal, a la cual habían llegado con curiosidad y algo de descontento – aun no entiendo como mi padre tenía gran parte de su fortuna en este pueblo, pudiéndolo hacer en la gran ciudad como los otros inversionistas, aquí nadie fue su socio, era normal que le robaran – comento el chico haciendo una mueca.

- El amo Taisho no era muy confiado, dejo su dinero en diversos puntos como estrategia, si en algún momento uno de los negocios caía o era robado, tendría los demás para solucionarlo, solo que no contaba con que el hijo del anterior administrador del pueblo fuera un patán, ladrón ventajoso que terminaría robándole al propio señor Taisho, como este negocio es pequeño a comparación de los otros, pensaron que jamás se daría cuenta el dueño hasta que… – decía el chico ojiazul tratando de no sonar tan cruel.

- Hasta que aparecí yo y la mitad de la herencia fue mía, ¿no? – dijo el ojiambar haciendo una mueca en forma de sonrisa.

- Si usted lo dice, pero ahora eso cambiara, ya casi llegamos – decía el joven halando la rienda de su caballo.

OoOoOoOoO

Después de un largo y tierno beso, Kikyou ruborizada despego sus suaves labios de los de Naraku, un beso anhelado por años y tan corto en minutos que se negaba a terminarlo. El militar acaricio sus cabellos una vez más, quitando los mechones que aparecían en el rostro de la joven y sonriéndole dulcemente.

- Me… Me tengo que ir, pero… Te veré, vendré al pueblo en la noche - le dijo entrecortando el aliento, abrazándolo nuevamente y dándole un beso fugaz, no había temor, solo amor y dicha.

- Cuídate mucho Kikyou – le dijo el chico con la más encantadora de las sonrisas mientras besaba su frente.

- Vendré… Pero vestida como una mujer, si es que puedes reconocerme sin estos tontos atuendos - trato de bromear la chica mientras sonreía.

- Nunca podría no reconocer tan bellos ojos – le dijo el chico volviendo a besarla para después salir por la entrada y desaparecer entre la gente.

La chica suspiro, solo tendría que esperar unas horas más para volver a verlo. Se acomodó el traje y el sombrero para salir de la librería, pero al caminar entre los pasillos de libros, noto un libro que hacía tiempo no leía, sonrió para sí misma, Romeo y Julieta, parecía que el destino le estaba preparaba una maravillosa sorpresa.

Llego con el recepcionista para el préstamo del libro, pero no vio a su nana, le pregunto por ella y este índico que había salido.

"Esta noche lo veré, después de tanto tiempo lo veré como en realidad soy, una mujer" – pensaba felizmente mientras su corazón revoloteaba a mil por segundo.

De pronto un grito de pánico lo distrajo de su trance, haciendo que saliera a toda prisa de la librería con el libro en mano, buscando a la mujer la observo tirada en el piso de la acera, protegiéndose con ambos brazos de las patas del corcel, diviso un enorme caballo negro que se levantaba en dos patas y relinchaba alarmado. Kikyou corrió lo más veloz que pudo hacia Urasue y con un rápido movimiento alejo al caballo hasta que se apaciguo el animal, su sombrero y el libro cayeron al suelo, dejando ver su larga melena negra, era una de las ventajas de haber sido instruida como hombre, su rapidez y su fuerza.

Inu Yasha se bajó del caballo angustiado y dispuesto a ayudar a la mujer después de que un joven llegara a calmar al animal, él había tratado de controlarlo para que no lastimara a la mujer, pero resultaba difícil manejarlo desde su montura, se sentía apenado y molesto, por distraerse y sumergirse en sus pensamientos, casi hería a una mujer mayor cuando su caballo se alteró por los otros cocheros, se regañó a sí mismo.

- ¿Se encuentra bien señora? – pregunto el joven ayudando a la mujer a levantarse, pero el joven que había calmado a su caballo aparto su mano de manera violenta.

- ¡Pero como se atreve!, ¿Qué clase de caballero es el que casi mata a una mujer mayor de esa manera? – le reclamo una voz gruesa y llena de molestia, lo cual hizo que el joven platinado arqueara las cejas en descontento por sus palabras.

El ojiambar ignoro las palabras y ayudo a levantar a la mujer rápidamente, miro con ojos fieros a aquel que le reclamaba con tanta molestia, pero esa fiereza fue calmada al procesar lo que sus ojos miraban, ¡era un chico!, un chico tan bello que capto su atención, su mueca de disgusto y sus cejas arqueadas en señal de molestia lo hacían lucir mucho más hermoso, facciones finas y piel perlada y suave a la vista, y ese cabello largo y negro como la noche que descansaba sobre sus hombros unido por una coleta, mejillas sonrosadas por el enojo, ojos avellana chispeantes de furia, hipnotizartes y profundos que lo absorbían, acentuaban más y más la belleza de la que era poseedor, su boca estaba seca de la impresión y enmudecido, ¿Qué se supone que podía responderle?.

Kikyou no le despegaba la vista mientras levantaba sus cosas del suelo.

Se extrañó como nunca, ¿Cómo un hombre había captado su atención de esa manera?, ¿Cómo era posible que un varón le había quitado todo pensamiento y palabra?, si hubiese sido alguien más ya le habría roto unos cuantos dientes, pero no sentía enojo ante aquel ser tan bello, si tuviera otras ropas, juraría que era mujer, pero, ¿existen los hombres tan hermosos que podrían pasar por mujeres?

- ¡Que mal educado!, ¡No espero ni siquiera una satisfacción ya que de seguro ni honor ni orgullo debe tener! – Dijo el joven apuesto ayudando a la mujer a caminar al no obtener respuesta – ¿estás bien Urasue? – pronuncio la chica en voz baja hacia la mujer, la cual solo asintió.

- Amo Inu Yasha, ¿se encuentra bien? – pregunto Miroku preocupado descendiendo de su caballo ante la escena presenciada, la situación había pasado tan rápida que no le dio tiempo de reaccionar con más velocidad.

Al ver que se alejaron y que varios ciudadanos se acercaban a ellos curiosos, no podía dejar que se fueran, no sin antes tener un nombre, una referencia, algo para encontrar a ese joven apuesto una vez más, no sabía porque pero de repente las palabras salieron de su boca para no dejarlo ir tan fácil, así como dándole alcance.

- Me llamas mal educado, pero, ¿quién se va antes de dar las gracias no lo hace más caballeroso que yo?, ¿oh acaso me equivoco? – dijo satisfecho al ver como aquel chico se detenía de su marcha y se daba la vuelta con los mismos ojos avellana chispeantes de antes para discutir.

- ¿Darle las gracias?, ¿de qué?, ni siquiera creo que alguien como usted las merezca siendo que ocasiono todo este incidente a una pobre mujer – dijo el chico furiosamente.

- Bueno, ¿por lo menos me dirá su nombre para saber cómo disculparme?, soy nuevo en el pueblo y no quisiera comenzar con un enemigo – dijo el peli plateado sonriéndole ampliamente al chico, el cual frunció aún más el ceño ante aquel acto de cinismo.

- Es foráneo, por lo tanto mi nombre no importa, ¡solo pídale disculpas a esta buena mujer! – dijo el chico señalando a Urasue quien solo lo miraba con extrañes y cabizbaja.

- Buena mujer, me disculpo – dijo el ojiambar besando la mano de la mujer quien se sonrojo ante la acción del ojiambar, pero al mismo tiempo, le susurro unas palabras - ¿Cuál es el nombre de tu señor?.

- Ky… Kyo – dijo la mujer apenada en un susurro al ver de cerca la presencia del hombre que se disculpaba, el cual le agradecía sus palabras con una bella sonrisa.

- Ya lo hice, ¿ahora si me dirás tu nombre? – dijo sonriéndole al joven molesto el cual no parecía estar muy contento después de eso.

- Ya le dije caballero, eso no le importa, ahora siga su rumbo y déjenos seguir con el nuestro, ya ha provocado bastantes disgustos – pronuncio el chico alejándose del lugar junto con la mujer mayor.

Kikyou no sabía por qué pero ese hombre la sacaba de sus casillas como ningún otro, ni siquiera Naraku la hacía enojar de esa manera, tan exasperante. ¿Por qué ese joven la hacía sentir muy… ¿Molesta?.

- Con que te llamas Kyo – susurro el peli plateado al ver como se alejaba el joven y se acercaba a un carruaje cerca de la plaza principal.

Él hasta hace poco también había pertenecido a la clase baja como esa mujer de la servidumbre, era un bastardo que creció con esfuerzo gracias a la bondad de su madre Izayoi que le acogió con cariño a pesar de que era un bastardo, siempre sufrió los insultos y maltratos de la gente por saber lo que era, desafortunadamente esta había muerto de tuberculosis cuando cumplió los 8 años, había sido criado por el anciano Mioga de la aldea donde vivían, por ello se volvió un hombre de bien y trabajador, aprendió a leer y escribir, así como sumas y restas con mucho trabajo. Ahora, a la edad cumplida de veintiún años, de la nada había salido su padre biológico, dejándole parte de toda una herencia millonaria que poseía, y así, se había vuelto rico de la noche a la mañana.

Miroku solo pudo observar la escena que su amigo y amo protagonizaba, hasta que finalmente se acercó a el - Es bien parecido y valiente al enfrentarse de esa manera con severidad por una sirvienta, ¿no? - le pregunto – lástima que es un hombre o ¿eso debería importar? – pregunto sonriendo.

- Algo... - contesto secamente Inu Yasha.

Miroku sabía que su joven amo era de pocas palabras, pero lo compensaba con su obstinación cuando se lo proponía.

Inu Yasha no le despego la mirada ni por un segundo, estudiando sus movimientos, de pronto diviso como el chico bonito tropezó con una chica que era exactamente igual a él, si no fuera por esas ropas, juraría que ambas eran mujeres, gemelas, ambas muy hermosas, pero por extraño que pareciera, aquel chico de bellos ojos avellana chispeantes, lucia más hermoso que la chica, observo como ambos hablaron un momento, parecía que discutían para después subir al carruaje y la criada subía a otro.

OoOoOoOoO

Kikyou aún estaba molesta, ¿Qué se creía ese tipo?, había puesto en peligro la vida de Urasue y cínicamente parecía no importarle. Además de querer saber su nombre con tanta insistencia, menciono que era nuevo, un extranjero seguramente. Era un día con muchas emociones latentes. Pero decidió dejar de lado su mal trago, nada arruinaría la dicha que sentía al volver a ver a su amado Naraku. Solo se preguntaba ¿quién era aquel joven de cabellos platinados?

- ¡Auch! – mascullo una mujer al chocar contra ella de frente, por estar sumergida en si no se había dado cuenta del camino.

- Perdóneme yo… - dijo apresuradamente con voz gruesa, pero al ver aquel vestido conocido y una cara pálida y llena de preocupación, sabía de quien se trataba – ¡Kagome!… ¿Porque tienes esa cara? - pregunto la joven a su hermana menor.

- Deja de actuar como el hombre caballeroso que nunca serás, además no te importa – respondió la chica molesta sobando ligeramente su nariz.

- No hiciste otra tontería ¿verdad?, yo no te prestare dinero de la hacienda para que te endeudes más – dijo la mayor molesta, por mucho que no le pareciera Kagome era su hermana, pero eso no implicaba que concediera todos sus caprichos.

- No necesito nada de ti, tengo todo bajo control y todo lo que necesito, nunca te he pedido nada –respondió la hija menor molesta.

- Eso es verdad, pero ten en cuenta que mi madre tampoco te dará nada y padre te quitara tu dote si haces una tontería más, ese negocio que pretendes no es bueno y lo sabes, pierdes más de lo que inviertes – dijo Kikyou molesta por las groserías de su hermana, si en algo había crecido aprendiendo bien, era en los negocios.

- ¿Sabes una cosa Kikyou?, no te metas con cosas de mujeres "hermanito", es algo que nunca entenderás - le dijo molesta y se fue directo hacia el carruaje como si ocultara algo y temiera que alguien la viese.

La había llamado por su nombre, pocas veces Kagome hacia eso, Kikyou sospechaba que algo malo tramaba su hermana menor, solo rogaba que no fuera muy grave.

OoOoOoOoO

- ¿Será su novia? – pregunto su joven amigo con extrañes.

- No lo creo, puede que sea su hermana, ambos son idénticos - contesto Inu Yasha observando la discusión de ambos, miro como abordaron el carruaje y no despego su vista hasta que se le perdió en el camino – sigamos – pronuncio al fin el joven de cabellos plateados dirigiéndose a la contaduría.

Gracias a su amigo y fiel sirviente Miroku, se había podido poner al tanto de los negocios de su fallecido padre, y ahora cuando comenzaron a leer y estudiar los libros de contabilidad, ambos notaron anomalías, por lo que habían viajado a averiguar lo que ya sabían muy bien que pasaba. Las cuentas que le correspondían, decidió dejar de lado los pensamientos de ese encuentro con ese chico llamado Kyo para poder entrar al lugar, pero antes de que pudiera preguntar al contador, el cual los recibía con una sonrisa, entro una mujer anciana de vestimenta similar a la que acompañaba a ese joven llamado Kyo.

- Por favor Señor, mi ama me manda a decirle que necesita que le devuelva las escrituras de la casa, eso no puede ser el pago, ella no sabía que usted iba a mal interpretarlo - dijo nerviosa y le tendió en el escritorio unas cuantas joyas envueltas en un trapo.

- Lo siento mucho criada, pero esas escrituras valen más que esto – le dijo tomando las joyas y dejándolas caer en el escritorio – además, dile a tu ama que no cubre su cuota, la hacienda es mía, ¡deja de quitarme el tiempo y lárgate de aquí!.

- ¡Como se atreve!, ambos somos criados, por lo menos mi conciencia está limpia, le sirvo a mi ama fielmente y no le robo a mi señor – le dijo Kaede molesta tomando las joyas.

- ¡Insolente!, ¿Quién te crees que eres para juzgarme?, ¡Criada asquerosa! Dile a tu ama que el precio de sus escrituras se ha duplicado, dile que debería pensar mejor las cosas antes de hacerlas, ¿no lo crees? – le dijo el contador frunciendo el ceño molesto por las palabras de la mujer.

- ¡Te arrepentirás de esto ladrón! – le dijo la mujer saliendo del lugar muy molesta.

- ¡Vieja bruja! – decía golpeando el mostrador por el enojo.

- ¿Así que también te dedicas a robar a los prestamistas aparte de ser contador y vendedor de telas?, eso explica la gran fortuna que posees - pregunto Inu Yasha cruzándose de brazos mientras caminaba al escritorio.

- ¿Tu qué quieres mocoso?, no te importa este asunto - dijo al ver al joven mirándolo de arriba hacia abajo, el cual vestía de manera tan sencilla y de clase baja para él.

- Pues… - dijo el peliplateado quedando frente al hombre, su mirada era muy desafiante, el hombre solo trago saliva - quiero ver cómo estás cuidando del negocio de mi padre – dijo el chico mirando con ojos fieros.

- Como si tu padre pudiera llegar a tener algo – dijo el hombro molesto ante las palabras tan atrevidas del joven.

- Tenga cuidado con sus palabras, mi padre era el hacendado Inu Taisho - el contador palideció al escuchar el nombre.

- El señor Yuy solo tiene un hijo y no ha venido desde hace años – dijo el contador.

- Pues aquí tiene a su hijo menor, ¿no nota el parecido? – dijo el joven acercándose más al contador para que lo viera mejor.

- Perdone señor, aquí tiene – dijo con voz apenas audible y le entrego un gran y grueso libro.

- Por lo visto ha sacado buen dinero sin que mi padre se diera cuenta – dijo Inuyasha al ver como las cuentas no cuadraban – por eso me sorprendió mucho que un contador como usted pudiera pagar una tienda como esta.

-Señor... – susurro el contador apenado.

- Esta bien, solo que debe de entregarme lo que saco – dijo Inuyasha entregándole el libro a Miroku y mirando al contador fijamente.

- No tengo nada en estos momentos, mi mujer está enferma y solo esta tienda nos ayuda a solventar los gastos médicos – dijo el hombre llorando amargamente.

- ¿Y esas escrituras de las que hablaba esa muchacha?, no me diga que no son nada – le dijo el peli plateado sonriéndole con malicia.

- Esas escrituras son de la familia Higurashi señor, esa chica y el joven Kyo son los únicos herederos de la familia por ser gemelos, pero ella me debe mucho dinero, así es que me las dio, yo nunca la obligue – dijo el contador tratando de protegerse con el pretexto.

Inuyasha sonrió, gemelos, entonces él había tenido razón, ese muchacho llamado Kyo era solo su hermano.

- ¡Démelas! – Dijo el peli plateado arrebatándoselas de las manos - ya usted después arreglara cuentas con esa joven – dijo caminando rumbo a la salida acompañado de Miroku, dejando al contador con la boca abierta.

Inuyasha salió con un extraño brillo en los ojos, Miroku pudo observarlo muy bien.

- ¿Sucedió algo Inu? – le pregunto pícaramente.

- ¿Conoces a la familia Higurashil? - pregunto mientras montaba nuevamente su caballo.

- He oído de ellos, es una rica familia de aquí, ¿por qué? – pregunto al tratar de adivinar las intenciones de su amigo.

- Ese chico, es un Higurashi – dijo el ojiambar con cierto tono de felicidad.

- Ah ya veo - dijo Miroku mientras iniciaba el camino - ¿te gusto?, ¿no te importa que sea hombre? – le dijo haciendo una mueca en forma de sonrisa a su amigo.

- No lo sé, sabes que no soy gay, pero me siento atraído por él, las escrituras me dará una conexión especial con esa familia.

- Cuando tú quieres algo, lo tomas a cualquier precio, ¿verdad? – le dijo Miroku riendo con malicia.

- Así como lo dices me haces parecer un malvado – le dio Inuyasha sonriéndole.

- No, un malvado no, un terco - bromeo Miroku haciendo que ambos jóvenes rieran.

Continuara...

Notas de la autora: Palabras dulces de un conejo.

Hola gente bonita, he aquí el capítulo 1 de esta historia.

Uff, fue un capitulo algo largo, pero considero que es lo mínimo que merecían por la larga espera, el corset masculino en verdad existe, espero no haberlos aburrido con la descripción de la ropa y eso, trate de hacerlo lo mejor posible. Espero subir los capítulos lo más rápido posible, les mando agradecimientos especiales a fabelliot: siempre que escribes me da mucho gusto leer tus opiniones, LucyWiliams: muchas gracias por las palabras, ya quiero ver a Taisho en una historia más, sabrosita fresita: boba!, jajajaja subiste tu review en mi cuenta cuando me prestaste tu lap jajaja ya pronto tendremos nuevo cap, muchas gracias por leer y escribir XD.

Cuídense mucho y ya saben:

Dudas, criticas, comentarios, jito matazos, naranjazos, ladrillazos y todo lo que termine en zos es bien recibido... No me enojo... Todo menos virus ya saben ¬¬U...

Dejen reviews porfis, porfis, mientras más dejen más rápido subo el otro cap (chantaje ¬¬) jejeje n-n, no de verdad, es una estimulación para mí, lo juro jeje.

Matta ne!

Propaganda: lean mis fics n-n. Chuus! (Besos!).