Capítulo 10
En los últimos dos meses había escuchado muchas y muy diversas opiniones sobre cómo iba encaminado lo suyo con Danny. De todas esas opiniones, dos frases eran las típicas que todo el mundo solía decirle siempre.
La primera y la más común era la de "Dicen que la paciencia es una gran virtud".
Bonito refrán, sí… Difícil de seguir, pero lógico. McGarret podía hacer honor a él y tener la paciencia de una madre comprensiva si era necesario. Sabía que no por querer correr demasiado iba a llegar antes a su meta, así que se había armado de dicha paciencia en cuanto a su relación con Danny, esperando a que el detective estuviera preparado para dar el siguiente paso. Ese en el que su "amistad especial" o como fuera que el rubio lo llamara, pasara a ser mucho más que algún que otro beso furtivo y continuos coqueteos y conversaciones subidas de tono.
La segunda, y la más común era la de "Lo bueno, se hace esperar". Todos coincidían en que, si quería de verdad a Danny, y este sentía lo mismo, en el momento oportuno la espera habría valido la pena.
Durante esos dos meses había estado de acuerdo con esa segunda frase. De verdad… Todo lo que tuviera que ver con estar con ese pequeño rubio cabezota y temperamental valía la pena para Steve. Pero… lo cierto era que había llegado a un punto que tenía sus dudas.
No dudas por que valiera la pena, sino de que esa frase fuera cierta y no se equivocara estrepitosamente. Si realmente lo suyo era recíproco, algo de lo que SÍ que no tenía la menor duda, ¿Por qué demonios continuar retrasándolo? Todo ese tiempo de espera era un tiempo que malgastaban pudiendo estar juntos. ¿Por qué tardaba tanto en decidirse?
Steve entendía el punto de vista de Danny. Complicaba mucho las cosas el hecho de que hubiera tenido un pasado difícil con Rachel y un intento de superarlo bastante fallido con Adam. Pero él no era ninguno de ellos, no deseaba que el detective fuera quién no es, como hacía su ex mujer, ni le mentía o engañaba como hizo el japonés. Él simplemente deseaba poder acercarse a su compañero y besarle cuando le apeteciera, poder acariciarle, abrazarle, sentirle contra su cuerpo y…
¡Dios, esta mierda te está volviendo loco!-se dijo a sí mismo agobiado por el intenso calor.
Estaba de pie junto a la orilla en la playa en Waimanalo, observando como Danny y Kono aprovechaban el día libre para enseñar a Gracie a surfear. Chin y Steve se habían quedado de servicio al frente del 5.0, pero él había conseguido un rato tranquilo en el descanso de la comida para pasarse a verlos.
Llevaba más de diez minutos allí plantado pensando en todo lo que estaba sucediendo, o no sucediendo, entre Danny y él desde que el detective decidió que necesitaba un tiempo muerto para hacerse de nuevo con el control de su vida, que debían empezar desde cero e ir con calma con lo que sentían el uno por el otro.
Casi le salía humo de la cabeza de tanto pensar, allí quieto bajo un sol de justicia, cuando de pronto vio a su compañero salir del agua con la tabla de surf en la mano y dirigirse a él con una sonrisa amplia en su rostro.
-Déjame adivinar… ¿Me echabas de menos?
Steve no pudo más que sonreír como respuesta y cruzar sus brazos sobre el pecho en actitud despreocupada.
-Te equivocas, detective. Mi presencia aquí es por motivos totalmente oficiales, han dado aviso de que hay dos sospechosas altamente peligrosas armadas con tablas de surf, haciéndose con las olas de los pobres aficionados locales que hasta ahora se pensaban que esta zona les pertenecía-lo dijo con tono mortalmente serio y mirando a Kono y a Grace. La niña parecía tener eso de remontar las olas tan controlado ya como la isleña.
Danny soltó una carcajada.
-¿Lo hace bien, eh?-sonó tan orgulloso como realmente estaba.
-Es buena- contestó Steve- menos mal que no se parece a su padre en eso.
-Ja y Ja… sabes que no se me da mal.-se quejó, quedándose de pie a un par de pasos frente a él y clavando la punta de la tabla en el suelo de arena mojada. La sujetaba con la mano izquierda mientras con la derecha levantaba el dedo para regañar a Steve.
-No para ser un chico de ciudad-bromeó el comandante.
-Y todo esto solo para evitar decir que me echabas de menos, ¿eh?... Debes estar muy desesperado-se rio Danny- ¿Sabes…? decirlo no te va a matar. Ni siquiera duele.
-Ok, vale-claudicó renegando-. Te echaba de menos, ¿Contento? Pero no lo digas por ahí porque tengo una reputación que mantener.
La sonrisa de Danny se ensanchó aún más, haciendo que las arruguitas que se formaban a los lados de sus ojos azules fueran todavía más visibles. Dio un paso al frente y se acercó a Steve.
-Por suerte para los dos, sabemos que tu reputación te precede, pero no te hace justicia. Eres mucho mejor de lo que la gente cree, en todos los aspectos.
La voz sugerente con la que lo dijo, sumada al hecho de que Danny estuviera completamente mojado, con el pecho desnudo y el pelo revuelto, hicieron que Steve no pudiera evitar hacerse una imagen mental de aquel día en la ducha de su casa.
Aquel Danny medio borracho, desnudo, mojado y dispuesto… esa imagen ocupaba la mayoría de sus sueños desde aquella noche.
En qué mal momento accedió a empezar de cero…
-¡Dios, Danno!-se acercó un poquito más a él-no debería haber venido.-se estaba torturando a sí mismo y lo único que hacía era empeorar sus ansias de tenerle.
-Vamos nene, solo bromeaba-se defendió el otro, al no entender a lo que realmente se refería.
-Espera, ¿Qué es…? Date la vuelta un momento-lo dijo con un tono tan casual y espontáneo que Danny se volvió al momento, mirando hacia atrás como si buscara algo y dejando la tabla en el suelo a su lado.
-¿Qué? ¿Qué hay?
En cuanto aquel bonito y redondeado trasero quedó a la vista frente a él, Steve supo que tenía razón.
-Mierda… no, definitivamente no fue buena idea haber venido-soltó guasón.
Cuando el detective se dio la vuelta se encontró con un McGarret observando su trasero mientras se mordía el labio inferior como si se estuviera conteniendo de darle un bocado.
-Increíble… eres increíble-pero para nada sonaba molesto. Al menos eso daba a entender su sonrisa divertida.
-Venga Danno, puede que tenga bastante autocontrol, pero no soy de piedra, ¿Sabes?... No te presiono, ¿Vale? Pero estás todo mojado, con el bañador caído por debajo de las caderas y totalmente despeinado. No puedes esperar que te tenga delante con semejante pinta y no me muera por besarte y por… Bueno, ya sabes, hace tiempo que me apetece rememorar lo de la ducha, ya casi me parece un sueño.
Danny sonrió, pero bajó la cabeza, sintiéndose algo avergonzado.
-¿Qué rollo tienes con eso de verme despeinado, McGarret?-preguntó intentando desviar la conversación. Conociéndole, si seguían por donde iban terminaría arrepintiéndose de ir vestido solamente con aquel trozo de tela mojada a través de la que se podía adivinar fácilmente lo que pensaba. O sentía.
Y puede que la decisión de ir tan despacio hubiera sido suya, pero eso no lo hacía fácil para él, al contrario.
-No lo sé, compañero…-Steve levantó las manos y las dejó caer de forma exagerada- ni idea. Pero es verte despeinado y perder el norte. Yo solo…-se quedó callado un segundo, observando a Grace y después volviendo a fijar sus ojos verdes en Danny. Cuando continuó hablando su voz era algo menos divertida y más resignada- desearía que estuviéramos en mi casa ahora mismo, ¿Sabes?... Tú y yo, un par de cervezas y toda la intimidad que necesito para besarte como me apetece.
-¿Tantas ganas tienes de hacerlo? Hazlo- le instó el detective, con tono despreocupado y como si no estuviera hablando de nada importante.
-¿Bromeas?-preguntó hundiendo las manos en sus pantalones cargo y mirándole con una ceja alzada.
-No, no bromeo. Si de verdad tienes tantas ganas, ¿Por qué simplemente no lo haces?
-Estás bromeando-esta vez lo dijo con expresión incrédula, y no era una pregunta.
Danny volvió a sonreír divertido. Lo había pensado mucho, y se moría de ganas de ver la reacción de Steve ahora que por fin se había decidido.
-No bromeo, nene. Quieres algo, cógelo. No esperes a que te lo ofrezcan, a que te permitan cogerlo-recortó los pocos centímetros de distancia que quedaban entre ellos y alzó la mano para sujetar el cuello de la camisa de Steve y obligarle a bajar la cabeza mientras hablaba- solo hazlo.
Y entonces le besó, acarició con sus labios la boca del comandante de forma breve pero apasionada, haciéndole cerrar los ojos para poder perderse en la sensación de su contacto.
Danny se rio, cuando vio que Steve no abría los ojos de inmediato al separarse de él.
Aquella reacción le había pillado con la guardia tan baja que ni en un millón de años se la hubiera esperado.
-Abre los ojos, McGarret, no es hora de descansar todavía-se burló-el deber te llama.
Steve abrió los ojos y le miró descolocado, tragando con fuerza completamente alucinado.
-Yo, solo… es que… ¡Joder Danno! No esperaba esto-se defendió-. Creí que bromeabas, Gracie…
-Gracie…-le interrumpió Danny- y yo, tuvimos una estupenda charla padre e hija anoche. Le dije que íbamos a ir a pasar el fin de semana de su cumpleaños a Jersey, a ver a sus abuelos. ¿Y sabes lo que me contestó?
-¿Qué?-lo preguntó todavía en estado de shock, mirando a su compañero como si hablara un idioma desconocido.
-Que si el "tío Steve" iba a venir con nosotros.
-¿En serio?- Vale, eso sí que no lo esperaba.
Desde que Danny y él pasaban más tiempo juntos Steve había ido entrando cada vez más a formar parte de la vida de la pequeña. El que le llamara tío Steve ya era algo bastante común, pero algo que parecía parte simplemente de una broma entre ellos.
-En serio… Y, cuando me quedé tan alucinado como tú, -bromeó el detective- le pregunté el por qué y me dijo que, según mi adorada, estupenda e inteligentísima hija, "sonrío más cuando estás conmigo". Que parezco más feliz cuando estás presente, así que, ella quiere que estés con nosotros para verme sonreír cada día. Esto último palabras textuales de la enteradilla de mi hija.
Esta vez fue Steve el que sonrió, no tanto por el hecho de que Grace hubiera hecho ese comentario, sino por el que Danny no pareciera necesitar desmentirlo.
-Así que…-continuó el detective- decidí tener la conversación que llevaba semanas intentando tener con ella y no me atrevía.
-¿Qué?- la capacidad neuronal del SEAL parecía haberse ido al traste con cada instante que esa conversación avanzaba y el detective le daba nueva información.
-No sabía cómo decírselo. Quería hacerlo, pero no tenía ni idea. Por eso me lo estaba pensando tanto. Pero ayer me dio el momento justo, era ahora o nunca, así que lo hice.
-Le has contado que…- de pronto Steve sentía el corazón palpitar en su garganta e impedirle respirar.
-Le he contado que tiene razón, que me haces sonreír y me haces feliz, que deseo pasar más tiempo contigo y que quiero hacerlo del mismo modo en que lo hacía con su madre.
Steve tragó acojonado.
-¿Y qué dijo?-sin darse cuenta aguantaba la respiración.
-Acabo de besarte frente a ella, ¡Idiota! En medio de la playa de Waimanalo. ¿Qué demonios piensas que ha dicho al respecto, Steven?-se burló- está entusiasmada con la idea.
Fue como si sus pulmones se llenaran de aire tras mucho tiempo vacíos y por fin pudiera respirar con normalidad. Por alguna de repente aquella frasecita de "lo bueno se hace esperar" parecía cobrar un nuevo sentido para él. A lo mejor era cierta y todo…
Esta vez se ahorró las palabras, las estupideces que pudiera decir como contestación para parecer divertido y despreocupado. Simplemente llevó sus manos a la nuca de Danny y devoró su boca sin preguntar.
-Ok…-suspiró el detective, cuando se separaron- veo que la primera lección la has aprendido. No preguntes, hazlo- se rio.
El móvil de Steve empezó a sonar, pero este no contestó, lo dejó hacer ruido hasta que la llamada se desviara al buzón de voz.
-¿No piensas cogerlo?-sonrió el detective, la boca del marine seguía casi pegada a la suya, Steve le miraba como si intentara decidir si todo aquello era verdad.-Te recuerdo que tú estás de servicio.
-Déjalo sonar, avisaran a Chin si no me encuentran-contestó casi por inercia.
-Steven…-advirtió con tono de madre replicona.
-No, no pienso moverme. Quiero besarte al menos durante unos cuantos millones de horas más, ¿De acuerdo?-y sus labios volvieron a perderse en los del detective.
-Vamos nene…-rogó sin aliento, cuando por fin volvió a zafarse del reclamo de su boca-. Has dado un paso adelante hasta tu meta, McGarret. No lo estropees queriendo ganar la carrera antes de tiempo-bromeó, apartándose de él lentamente.
-Vale, vale…-se rindió. Sacó el móvil y devolvió la llamada. Era Lukela quien le reclamaba.
-Tengo que irme-afirmó cuando colgó el teléfono, y lo dijo con tanta pena que Danny no pudo más que reírse.
-Vete, Steven. Nos vemos esta noche.
-Pero Danno…
-¡Tío Steve!- la voz chillona de la pequeña Grace interrumpió la conversación.
Steve se agachó para recibirla con los brazos abiertos y una sonrisa sincera, y la niña se abalanzó sobre el marine y se colgó de su cuello.
-Hey jefe…-saludó Kono llegando hasta ellos. Las tablas de surf de las dos aguardaban a ser usadas de nuevo sobre la arena, a su lado.
-Hey Kono.-saludó a su compañera, después se volvió hacia Grace, que seguía abrazada a él- lo siento peque, tengo que irme, tengo trabajo.
-Ok, tío Steve. ¿Vendrás a casa esta noche?-preguntó sin malicia.
-Esta noche no, monito-le corrigió Danny- esta noche te quedas con mamá, ¿Recuerdas? Es El cumpleaños de Stan.
-Oh, sí…-soltó la niña nada conforme.
-No te preocupes, peque. El próximo día, ¿De acuerdo? Tu padre y tú podéis venir a cenar a casa y vemos unas películas-le guiñó el ojo a la cría y la sonrisa de esta iluminó toda la playa.
La mirada que compartieron Steve y Danny dio a entender a Kono que necesitaban un instante más a solas.
-Nos vemos luego, jefe. Vamos Grace, enseñemos a esos aficionados quién manda-cogió su tabla de surf y enseguida la niña la siguió hasta el agua.
Steve le sonrió agradecido y volvió a fijar su mirada en Danny.
-Márchate de una vez-le instó el detective. Aunque todo en su interior rogaba por que se quedara y no se separase de su lado un instante más. Nunca pensó que tendría tantas ganas de que su tiempo libre terminara.
-Ok, me voy… pero hazme un favor, ¿Quieres?- volvió a acercarse a Danny y le habló con tono juguetón y en voz baja, para que solamente él pudiera oírlo, para que sus palabras sonaran más íntimas-. No te peines para la fiesta de esta noche.
-Oh, dios… no puede ser cierto-se rio el detective, pero no pudo evitar morderse el labio inferior afectado por sus palabras.
-No lo hagas, ¿De acuerdo? Haz lo que quieras, viste como te venga en gana, pero por lo que más quieras… NO te peines. Por favor, Danno-su tono sonaba tanto a ruego como a deseo contenido.
-Lárgate, Steven. Lárgate-le ordenó riéndose, señalando su propio coche con un dedo para que se alejara de una vez-. Hazlo antes de que…-volvió a morderse el labio y vio a Steve reírse satisfecho-. ¡Vete! ¡Ya!
Le vio observo alejarse de camino al Camaro, las cosas habían cambiado tanto entre ellos que ahora ni siquiera le importaba que fuera el comandante quién lo condujera la mayoría del tiempo, y no pudo evitar suspirar sobrecogido y cerrar los ojos intentando tranquilizarse.
¡Jodido McGarret!-repitió por enésima vez en los pocos meses que hacía que le conocía.
Solo que esta vez no lo decía fastidiado o enfadado, sino divertido, feliz y completamente enamorado.
Por una vez parecía que trabajar para el gobernador Denning no iba a ser tan malo como de costumbre.
Esa noche el equipo del 5.0 al completo estaba invitado a la inauguración de una nueva discoteca en la costa oeste de Oahu. La hija mayor del gobernador se iniciaba en el mundillo de los negocios de restauración y ocio, de modo que Sam había decidido dar un poco de tregua a su guardia personal e invitarlos a una noche de diversión por cuenta de la casa.
El equipo al completo bebía, reía y conversaba relajadamente en una de las zonas VIP reservadas esa noche solamente a las amistades más cercanas del embajador, en la planta superior de la discoteca, mientras la música del dj residente hacía las delicias del personal asistente a la fiesta.
-Vamos, dejad el trabajo de una vez y moveos un poco- se quejó Kono, la chica parecía ser la única con ritmo en el cuerpo, sus tres compañeros estaban de pie junto a la barra, bebida en mano y prácticamente estáticos mientras hablaban del último caso resuelto.
-¿Sabes qué? Tienes razón- afirmó Danny- menos trabajo y más movimiento, vamos a bailar.
Steve soltó una sonora carcajada como respuesta.
-¿Qué?-preguntó el detective fastidiado.
-Nada-mintió fingiendo no estar muriéndose de ganas de reírse de él- ¿He dicho algo?-preguntó mirando guasón a Chin- Creo que no he dicho nada.
-No, nada… -se rio el isleño.
-Venga, Steven, déjalo salir. Estoy seguro de que te mueres de ganas de decir algo al respecto-le tentó el detective.
-Ok. Es que… ¿Tú? ¿Bailar?... eso tengo que verlo.
-Soy de Jersey, McGarret, y de sangre italiana-se quejó indignado-por si se te ha olvidado.
-¿Y qué… vas a bailar haciendo unos Spaguetti fetuccini?- se burló el comandante, levantando las manos con los puños cerrados fingiendo hablar italiano de muy mala manera.
-Que tengo ritmo, idiota-gruñó Danny, medio riéndose de su estupidez- a diferencia de ti, soldado. Seguro que verte bailar a ti es como ver a Robocop intentar rascarse el culo.
Chin y Kono empezaron a reírse de forma exagerada.
-Ok, chico de ciudad, vamos a ver qué sabes hacer-pidió la chica, agarrando a Danny del cuello de la camisa y arrastrándole hasta las escaleras que llevaban al piso inferior donde estaba la pista de baile.
¿Lo peor de todo para McGarret?... Danny lo decía en serio. Realmente sabía moverse. El muy maldito parecía estar hecho para eso.
Cuando llevaba diez minutos observándoles no pudo evitar empezar a sentir los celos aflorar.
La forma en la que Danny se movía al son de aquel reggae con base rítmica de dance, tan pegado al cuerpo de Kono que sus caderas se acoplaban al trasero de la chica de una forma muy poco profesional y bastante más íntima de lo que a Steve le hubiera gustado. Encima iba vestido de ese modo tan casual, con los vaqueros claros, aquella camisa blanca que resaltaba su piel morena y sus ojos azules, el pelo despeinado… sí, el muy desgraciado había hecho caso al comandante y dejado a un lado la gomina por una noche.
Entonces vio a Danny decirle algo a Kono al oído y la chica empezó a reírse encantada. Steve sintió el estómago encogerse y su mente empezar a cavilar.
Se encontró pensando en cómo ella parecía tener cierta debilidad por su compañero, en que desde el principio parecía haberse puesto de parte de Danny en todo aquel tema del cambio de mando del 5.0. Al igual que Chin parecía haberse decantado por ponerse de parte de él.
Se preguntó si lo que Kono sentía por el detective era simple admiración, cariño y amistad, o había algo más.
Fue en ese instante cuando se dio cuenta de que era la segunda vez que se hacía esa pregunta, cuando por fin vio claro que los celos eran algo que siempre había estado ahí, no que acabara de surgir.
-¡Hey chicos!
Catherine apareció en esos momentos cortando sus pensamientos, haciendo que Steve desviara la atención hacia ella y tuviera una idea, cuanto menos, bastante absurda.
-¡Hey Cath! ¿Quieres bailar?
Kono no podía dejar de reír internamente al ver las miradas que Steve les dirigía a Danny y a ella. Estaba segura de que en esos instantes estaría tan celoso que debía estar maquinando algún plan para hacérselo pagar.
Eso la hizo sonreír aún más, se volvió y llevó sus manos al cuello de su compañero, empezando a acariciarlo en un gesto coqueto y totalmente intencionado.
-Kono, ¿qué haces?-preguntó él dudoso, cuando la isleña acercó su boca a su oído para hablarle. Sabía que ella tenía conocimiento de su anterior relación con Adam, y también que se podía oler algo de lo que ya sucedía con Steve.
-¿Qué crees que hago?-bromeó.
-Pues da la sensación de que coqueteas conmigo, pero creo que no estás lo suficientemente borracha para eso, así que…
-Sí, es cierto. Coqueteo contigo-Kono se rio al ver su expresión alucinada-. Pero solo lo hago porque Steve se está poniendo celoso y me apetece divertirme a su costa.
Danny no pudo evitar desviar la mirada para dirigirla al comandante, en cuanto este le vio hacerlo, desvió la mirada y fingió no estar observándoles.
-¿Tú crees?-le preguntó a la chica.
-Oh, sí… -afirmó divertida- estoy segura de que, si le pido un día libre o un aumento ahora mismo, me lo niega.
Danny soltó una carcajada.
-Vamos, lo que hay entre vosotros es obvio desde el primer día. Era solo cuestión de tiempo que sucediera.
-¡Venga ya! No era tan obvio…-se quejó él.
-¿Cómo?-soltó ella exagerando la indignación en su pregunta- la tensión sexual entre vosotros ha sido siempre tan intensa que podría alimentar una central eléctrica durante un año.
-Oh dios… estás loca-. Danny fingió no tener ganas de sonreír al respecto.
Desvió la mirada un instante y vio a Steve acercarse a la pista de baila arrastrando a Cath de la mano con él.
-Puede, pero me alegro de que por fin lo vuestro parezca avanzar-esta vez el tono de Kono fue más serio y cariñoso, no había ganas de bromear en su voz, sino de que supiera realmente lo que pensaba-. Quizás de ese modo consigas que no se marche de Hawaii definitivamente.
Y ahí fue cuando todo se complicó.
-¿Qué?
Kono no supo si fue el tono de sorpresa, el pánico que sintió en su voz o su expresión asustada. Pero lo que vio en los ojos de Danny le dio a entender que había cometido un grave error.
-¡Mierda! Mierda… joder… ¿Dime que ya lo habíais hablado?-bajó sus manos del cuello del detective preocupada.
-Kono…- esta vez fueron su tono y el dedo que levantó frente a ella los que le dieron a entender que, "sí… definitivamente la has cagado Kono"
-Oh, joder… Danny… imagino que él estará esperando a tomar una decisión para decírtelo, no creo que…
-Kono…-repitió el detective- ¿De qué demonios estás hablando? Quiero que me lo expliques, y quiero que lo hagas ya. Sin rodeos, sin tonterías. Escúpelo.
La chica tragó angustiada, pero obedeció. No tenía ningún interés en enfrentarse a la ira de los Williams.
-El permiso de Steve acaba en unas semanas, le reclaman de la base de los SEAL para que se reincorpore. Denning está intentando convencerle de que ha de quedarse, pero él no le ha dado una respuesta todavía.
-Espera, ¿Qué?-Danny no podía creer lo que estaba oyendo- ¿Qué permiso?
-La incorporación de Steve al 5.0 venía con un tiempo de prueba, gozaba de un permiso, una excedencia temporal para decidir si se quedaba en tierra o se reincorporaba al servicio. Yo…-Kono se sentía realmente mal por ser ella quién le estuviera dando esas noticias, Danny se veía bastante afectado-. Lo siento, jefe… creí que…
Pero no pudo terminar de hablar, el detective se apartó de ella y salió a toda prisa de la pista de baile, pasando por al lado de Steve y Cath, que bailaban entre la multitud, y sin molestarse en mirarlos o saludarles en su estampida hasta la puerta de salida.
-¡Danny!-le gritó el comandante, al principio divertido, pero al no obtener respuesta, lo hizo más serio y alzando más la voz.- Hey, Danny…. Espera, ¡Danno!
Pero todo lo que consiguió fue que el detective se volviera hacia él y le mirara con desprecio.
-¿Qué demonios pasa?- se giró hacia Kono intentando averiguarlo.- ¿Qué pasa?
La isleña dejó caer los hombros y negó con la cabeza, fingiendo no tener ni idea de a qué se refería. Ya había hablado más de la cuenta, a partir de ahora dejaría que esos dos arreglaran sus cosas ellos solitos.
-Creo que solo necesita un poco de aire.
Steve tragó angustiado. Quizás se había pasado. A lo mejor no había sido buena idea intentar poner celoso a Danny bailando con Cath.
Le dio vueltas al asunto unos minutos, hasta que no pudo continuar aguantándose y tuvo que seguirle.
-¿A dónde vas?-le preguntó Cath extrañada, al ver que se alejaba de ella a toda prisa.
-Tengo las llaves de su coche-contestó como excusa- si le apetece irse a casa las necesitará-. Y se dirigió a la salida sin mirar atrás, dispuesto a encontrar a Danny y a no ceder hasta que supiera qué le ocurría.
Solo que cuando estuvo en el exterior de la discoteca y vio al detective, este no estaba solo.
Danny caminaba hacia su coche por mitad de la carretera, cabreado y más que harto de todo. Estaba tan cansado de que le mintieran. De que le defraudaran.
Primero Adam y ahora Steve. Ninguno de ellos había sido sincero con él. No totalmente.
Creyó que con este último sería diferente, que después de lo sucedido con el japonés, Steve nunca osaría mentirle en algo tan importante. Pero sin embargo lo había hecho.
-¡Jodido estúpido!-se recriminó a sí mismo.-Te iba mejor con Rachel.
Se dijo a sí mismo que debería haber seguido decantándose por las mujeres, estaba claro que su historial amoroso con los hombres iba de mal en peor. Al menos con su ex mujer las cosas fueron claras, hubo sinceridad entre ellos. Para lo bueno y para lo malo.
Su teléfono móvil vibró en el bolsillo del pantalón. Lo sacó y miró los mensajes de texto.
-Hablando del demonio…-se dijo- junto a los más de veinte mensajes que Adam le había mandado en los pasados días para disculparse, tenía uno de Steve preguntándole qué le pasaba.
Casi echaba humo por las orejas cuando de pronto se dio cuenta de algo muy importante. El comandante llevaba encima las llaves del Camaro.
-¡Mierda! Steve tiene mis putas llaves.
Fue a darse la vuelta para entrar en la discoteca de nuevo y gritarle que le devolviera las llaves de su propio coche, cuando casi es arrollado, por un Mercedes deportivo de color negro.
-Vigila por donde…-empezó a gritar, pero se quedó sin habla cuando vio al conductor.
-Hola, Daniel.- saludó con cariño.
Danny se inclinó en la ventana del vehículo y le miró sorprendido.
-Adam…- no sonó tan disgustado como esperaba estar la primera vez que se cruzaran.
Steve había cedido a no presentar cargos contra Adam en lo referente a ocultar información sobre Nicholas Tse. Lo hizo solamente por Danny, porque sabía que el japonés lo único que intentaba era protegerle de las represalias del chino. Pero sí que presentó cargos en cuanto a su implicación en los negocios de extorsión en los terrenos del puerto.
Aún y así, Adam había conseguido que sus caros abogados ganaran el juicio hacía un par de semanas. Se las apañaron para que saliera impune demostrando que Noshimuri había actuado bajo coacción de las familias más poderosas de la Yakuza. De modo que, a falta de nuevas pruebas y de un juicio más exhaustivo, y mucho menos amañado, el japonés había sido puesto en libertad.
Durante esas dos semanas, Adam había intentado ponerse en contacto con Danny en numerosas ocasiones y de muy distintas formas. Llamadas, mensajes, mensajeros, incluso le había escrito alguna que otra carta que dejó caer por debajo de la puerta en su apartamento.
Y Danny simplemente le había ignorado. No le apetecía lo más mínimo escuchar sus disculpas. Que le dijera que el alcohol y los celos le habían llevado a serle infiel, o que le había mentido en cuanto a lo de la Yakuza por protegerle. No… estaba harto de excusas.
Aunque en el fondo sabía que ese día llegaría, que tarde o temprano tendría que enfrentarse a él. Pero… ¿tenía que ser en ese momento? ¡Venga ya!
-Sabía que estarías aquí- afirmó el japonés, con tono suave y claramente intentando fingir que no había tensión entre ellos. Todavía sentado al volante en el interior de su vehículo.
-Bueno, ¿Dónde más iba a estar? Denning no hubiera aceptado un no por respuesta.
Adam se rio. Lo sabía, el propio embajador le había dado la información de que el detective acudiría a la inauguración.
-Mira Adam…-empezó Danny, pero el japonés le cortó.
-Solo cinco minutos, Daniel. Por favor, deja que te lo explique. Que te pida perdón. No puedo continuar lamentando lo que sucedió entre nosotros el resto de mi vida. Dame al menos la oportunidad de redimirme.
-No has de hacerlo. Sabes que eso no cambiará nada.
-Daniel…
Danny retiró la mirada al escuchar su súplica, la dirigió a la entrada y vio salir a Steve de la discoteca.
Su mirada se cruzó con la del comandante, que le observó extrañado, luego miró al hombre que conducía el coche en el que Danny estaba apoyado, y al ver que era Adam, volvió a mirar a su compañero, esta vez más preocupado y con una clara pregunta en su rostro.
¿Qué demonios haces Danno?
-Daniel…-de nuevo el ruego de Adam le hizo desviar la mirada de Steve y dirigirla hacia él.
-Está bien, cedió. Pero sácame de aquí- y abrió la puerta del Mercedes para introducirse en el.
