Compro tu amor

InuYasha

Por: Ivanov Shinigami

Summary: "Lo que es verdadero, jamás termina"

Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no son míos, esta es solo una historia de fanáticos para fanáticos, es ficción, no tiene ninguna relación con personas, instituciones o hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Que la disfruten... n-n

Category: InuxKikxSes, AU, OCc, Angst, generalmente.

Raiting: Lima olemon suave, masturbación, violación, PG-13 yo señalo el NC-17.

Warnings: lima o lemon suave, masturbación, violación... Si consideran ofensiva esta historia, no se lea por favor, no deseo dañar u ofender a ninguna persona con el contenido de este texto, arigato.

Nota 1: - Diálogos –, "Pensamientos", - Sueños-, (Flash back).

Nota 2: Inspirado en el fic "Compro tu amor" de Gundam Wing escrito por Kary-chan. Espero les guste.

- Capitulo 2 –

La menor de las gemelas Higurashi, de ojos castaños vidriosos y amplio vestido rosado, no dejaba de dar vueltas por la sala, rechinaba sus dientes y movía sus manos insistentemente golpeando el abanico que portaba, Kagome estaba desesperada, no sabía qué hacer. Ese estúpido había hecho lo impensable, pero más estúpida se sentía ella al no prever las intenciones de aquel hombre.

Las escrituras de la casa seria el pagare perfecto para congelar su deuda, y así, conseguir más material para terminar con sus creaciones y en la próxima estación promover sus vestidos, pero no contaba con que el idiota tesorero fuera más ambicioso que ella, refunfuño al recordar el incidente.

Estaba segura de que su codiciado plan no fallaría, al vender los vestidos ganaría patrocinio y dinero para levantar su propio negocio, salvaría la hacienda de la ruina y dejaría a su hermana en ridículo frente a su padre, si tan solo el plan hubiera sido exitoso.

Pero quizás no todo estaba perdido, pensó un poco más para tratar de resolverlo…

- Quizás solo hay una manera – murmuro sonriendo - Koga – pronuncio para salir nuevamente rumbo al pueblo con su nana. Él era sobrino de ese tipo desagradable que le había jugado chueco.

Ella sabía que le gustaba a ese tipo desde hacía mucho tiempo, quizás con unas cuantas palabras dulces y una que otra sonrisa coqueta podría convencerlo de que le ayudara a quitarle las escrituras al sin vergüenza de su tío, pero tenía que ser rápida y discreta, antes de que todos comenzaran a murmurar.

- Madre, saldré al pueblo nuevamente, olvide algo importante – decía la chica a su madre quien se encontraba tomando el té de la tarde con su padre en el jardín.

- Pero acabamos de regresar, ¿no puedes hacerlo otro día? – pregunto la madre con extrañes – además, tenemos mucho que hacer aquí y lo sabes – decía la mujer tomando un sorbo más de su té.

- ¡No madre!, ¡debe ser ahora mismo! – comentaba alarmada la chica ante la desaprobación de su madre. Sabía que, si no iba en ese momento, probablemente no tardaría en correrse el rumor de que los Higurashi se habían quedado en la calle.

- Kagome, ¿Qué es eso tan importante que no puede esperar? – pregunto su padre al ver la insistencia de la chica.

La chica palideció un poco y trago saliva, sabía que el engañar a su padre no era tan fácil, debían ser engaños premeditados, con un plan inteligente y una mentira con convencimiento, trato de ocultar su nerviosismo y contesto calmadamente.

- Una de las costureras de Madam Larrie me comento que le sobro mucha tela y accesorios de Francia, me dijo que por ser yo me las regalaría, pero no estoy del todo de acuerdo, he ahorrado un poco de dinero de los pocos vestidos que he vendido y planeo dárselo como pago, si no voy el día de hoy, probablemente se las venda a alguien más y no me gustaría que eso pasara – decía la chica dulcificando su voz.

- Me alegra mucho que estés premeditando la situación de la hacienda, haces bien en dar un pago, nada es gratis en esta vida, si vas a ir al pueblo, pídele a Kyo que te acompañe – dijo el mayor con una sonrisa.

- No será necesario padre, sé que mi hermano tiene cosas que hacer en la hacienda, con que Kaede vaya conmigo será más que suficiente – dijo la chica tratando de escapar a tal petición.

- Esta bien, no lo apruebo del todo, pero ve con cuidado – decía el mayor arqueando las cejas.

- Gracias padre, prometo que no tardare – pronunció la chica besando la mano del mayor y besando la mejilla de su madre.

Su madre sabía que algo tramaba, la conocía demasiado bien como para no darse cuenta de la suspicacia de su hija, desde que comento que quería ir al pueblo nuevamente, sabía que algo no iba bien, mas sospechas había levantado cuando pronuncio lo del dinero que había ganado con los vestidos, siendo que estos aún estaban en su poder. Le lanzo una mirada desafiante y la chica solo trato de convencerla de que después le contaría, pero por alguna razón, la mujer sabía que algo no iba bien.

Salió lo más rápido que pudo de la casa grande, ordeno firmemente que alistaran el carruaje y mando a llamar a Kaede, no había opción, el plan debía funcionar de una manera u otra.

OoOoOoOoO

Kikyou se encontraba trabajando en los libros de registros y en la contaduría de la hacienda. A pesar de la emoción que sentía al haber visto nuevamente a Naraku, tenía varios deberes que quería dejar terminados antes de irse con él, sabía que la espera estaba casi llegando a su fin. Naraku ya estaba en el pueblo, esperando por ella, solo un par de días hasta que alcanzara la mayoría de edad y se marcharía de aquel infierno llamado hogar.

Aunque al pensarlo mejor, le dolía dejar a su padre, el único hombre que la amaba a pesar de no llevar una vida normal, el único que siempre la trataba con amor y decía su verdadero nombre. Pero al haber sucumbido a la mujer que amaba por complacerla era extraordinariamente doloroso, no lo odiaba a pesar de eso, su padre siempre la trataba como mujer cuando su madre no estaba cerca o los trabajadores, era el mejor ejemplo de hombre que pudiera tener.

- ¿Todo bien hija? – preguntaba el hombre mayor sacándola de su trance, el cual entraba al pequeño cuarto.

- Si padre – contesto tranquila mientras regresaba a su tarea.

- Sabes, nunca te lo mencione antes, pero me da mucha felicidad que trabajes conmigo – decía el mayor haciendo que la chica clavara su rostro sobre el mayor con sorpresa – Yo siempre desee tener un hijo varón, aquel que seguiría con mi linaje y con el futuro de esta hacienda, pero al verme bendecido con ustedes dos, me lleno de muchas maneras diferentes, pero por capricho del destino, tu, mi mayor orgullo, terminaste siendo el hijo que siempre desee – decía el mayor con ternura sobando los cabellos de su hija mayor.

- Padre… - susurraba Kikyou mientras sus ojos se cristalizaban - ¿Por qué dice eso? – decía la chica tratándose de controlar, era como si supiera que pronto se iría.

- Sé que soy viejo, sé que no he tomado las mejores decisiones, sé que te he hecho mucho daño, pero de alguna manera, me siento orgulloso de ti y créeme que siempre serás mi hija – decía el mayor acariciando los cabellos de la chica.

Kikyou dentro de ella sentía una gran felicidad ante aquellas palabras, "su hija", "su orgullo", el que su padre dijera eso, provocaba que todos esos sentimientos de odio hacia todo lo que ella era en ese momento se disiparan, se aminoraran un poco. Sabía que su padre era bueno y siempre le daba su lugar, pero el amor por su madre era más grande que por ella, pero eso no impedía que ella lo amara con todo su corazón.

- Volvamos al trabajo, tenemos mucho que hacer – decía el mayor sonriéndole ampliamente a su hija, mientras se sentaba del otro lado y se colocaba sus anteojos.

- Si, padre – sonrió alegremente la chica. No tenía el corazón para decirle la verdad, lo único que podía hacer era dejar todo en orden mientras estuviera en ese lugar.

OoOoOoOoO

Apretaba sus parpados fuertemente implorando que todo resultara. Las cosas estaban muy mal.

Al llegar nuevamente al pueblo y a la casa ya familiar para ella, se bajó apresuradamente del carruaje, todo el viaje había estado nerviosa, distraída, sabía que tarde o temprano tendría que decirle todo a su madre, si las cosas no salían bien, estaría en un enorme problema.

Se dirigió junto con Kaede al despacho donde sabía que se encontraba el joven ojiazul, con su bello traje color verde obscuro, su delgado moño usado como corbata, sus bien lustrados zapatos, y su cabello negro atado en una coleta, se encontraba leyendo y firmando una montaña de papeles. Solo había mencionado la palabra "pase", sin mirar a su invitada, pero al percatarse de que era ella, la atendió rápidamente.

Kagome hábilmente le comenzó a plantear la situación de modo que se hiciera pasar por víctima de las circunstancias, pero el chico sabía que no podía interferir al cien por ciento en los negocios de su tío, ni siquiera por la adorable Kagome, el solo era el tesorero y contador.

- Vamos querido Koga, ¡ayúdame a que me devuelva las escrituras! – le dijo la chica enchinando su cabello con sus dedos en un acto coqueto, el chico de piel apiñonada y ojos azules no le apartaba la vista, aquella chica Kagome era muy atractiva, la más pequeña de los Higurashi que siempre se metía en problemas de dinero. Sonrió ampliamente con tristeza, sabía que Kagome jamás le había hecho caso por solo ser el ayudante, así es que si le hablaba con tanta familiaridad era por algo referente a ello.

- Señorita Kagome, antes de todo soy su amigo, sabe que la aprecio y respeto mucho, pero ya le debe una fortuna a mi tío, además no puedo interferir con eso y lo sabe, sabes cómo es el con respecto a sus negocios - le contesto el joven de ojos azules mirándola tiernamente.

- Será la última vez que haga algo como esto - le volvió a insistir angustiada - por favor, si se enteran mis padres me matan, por eso recurro a ti querido Koga, eres el único que puede salvarme – decía la chica suplicante, pero el chico solo se limitaba a observarla con pena.

Kagome no podía soportarlo, nadie quería ayudarla, ni siquiera ese hombre al que había acudido con desesperación, se levantó de aquella silla para comenzar a pasearse por toda la sala en desesperación. Koga al verla, sintió lastima, se acercó a una de las cajas fuertes, la abrió, comenzó a sacar monedas y joyas, las coloco en un saco y se lo entregó a la chica.

- Señorita Kagome, ¿cuándo aprenderás? – dijo mirándola con tristeza, su joven enamorada se había vuelto caprichosa y adicta a todo tipo de prendas y lujos caros, y lo peor de todo es que siempre acababa perdiendo todo su dinero y pidiéndoselo a su madre, no sabía realmente el valor del dinero, ni el esfuerzo, ni el sacrificio – Toma – decía ofreciéndole el pequeño costal - no es todo lo que debes, son 8 meses de trabajo pero lo suficiente como para que mi tío acepte mientras este pago y te regrese las escrituras, espero que no vuelvas a hacer esto y menos pagando con tu propia casa, ¡caray!, que ni siquiera es de tu propiedad – le dijo Koga con cierto tono de molestia.

- Gracias, gracias querido Koga - dijo Kagome sonriéndole al ver el dinero frente a ella y dándole un beso en la mejilla al joven – prometo que le lo pagare tan pronto como me sea posible – le dijo sonriéndole para después salir casi corriendo hacia la tienda del cobrador.

Al salir la chica, empujo a la secretaria del ojiazul, arqueo las cejas en señal de molestia, pero sabía cómo era esa chiquilla y como trataba a su querido Koga. Sus ojos esmeraldas chispeaban de furia cada vez que la veía por el despacho, sabia el efecto que causaba con el chico y lo ciego y consentidor que era este, pero siempre era por interés de parte de la joven, jamás hubo un sentimiento verdadero y creía que jamás lo habría.

- ¿Estas bien Ayame? – pregunto el chico tomándola del brazo cuidadosamente.

- Estoy bien, muchas gracias joven Koga – decía la chica pelirroja sonrojándose y haciéndolo notorio por la blancura de su piel ante el contacto del ojiazul, se acomodó sus gafas y los papeles que traía en los brazos, a pesar de que su vestido era sencillo, el amplio del vestido no ayudaba en esas situaciones, cuando pudo estar de pie, miro con tristeza al ojiazul volviéndose a sentar en su lugar para volver al trabajo - ¿Hasta cuándo permitirá esto joven Koga? – pregunto la chica.

- En el corazón no se manda Ayame, sé que Kagome en el fondo es buena y tal vez algún día, se fijara en mi – respondía el chico haciendo una mueca en forma de sonrisa, lo que hizo que el corazón de la chica se estrujara – volvamos al trabajo – pronuncio nuevamente.

OoOoOoOoO

Trago saliva pesadamente, aun no se desidia del todo a entrar a la tienda, sus manos temblaban de nerviosismo, esperaba que ese mal nacido aceptara las monedas por las escritura. Respiro profundamente y entro al local, miro como al encargado estaba más molesto que lo habitual tocándose la cabeza con desesperación, se acercó a él firmemente, no se iría sin esas escrituras.

- Traigo el dinero del pago, quiero las escrituras de mi casa ¡ahora! – dijo la chica molesta.

- No estoy de humor para estas niñerías, ¡vete! – le dijo a la chica, la cual se molestó y arrojo la bolsa de tela frente a él.

- ¡No me iré de aquí sin las escrituras! – replico la chica molesta, el hombre al escuchar un sonido del metal ya conocido, levanto la mirada hacia la chica.

- Admito que fue rápido niña – dijo levantando el saco de tela y calculando su contenido con el peso aproximado – pera desafortunadamente ya no las tengo – dijo arrojándoselo a los brazos de la chica con desagrado – se las han llevado, así que ¡vete! - el argumento de aquel hombre le callo como agua fría.

- ¡¿Como que se las llevaron?! - le grito después de golpear al contador dándole una bofetada.

- Lo siento, pero no pude hacer nada, ahora son propiedad del señor Inu Yasha Taisho – respondió el tipo apenado.

- ¡Rayos!, ¿ahora qué haré? – dijo la chica saliendo del lugar pálida y sumamente enfadada, preocupándose no resolvería nada, ¿Qué se supone que les diría a los demás?, tenía que idear un plan lo más pronto posible.

Volvió a casa junto con Kaede, lo mejor sería contarle todo a su madre, ella siempre la sacaba de sus problemas y esta no sería la excepción, era un enorme problema.

Al entrar a la sala, imploro a los cuatro vientos que no estuviera su padre y por suerte, estaba con Kikyou y los peones, sería el momento perfecto para decirle todo a su madre. La saludo nuevamente con pesadez y se sentó de lleno en el sofá respirando hondo. Comenzó a contar la historia a su madre y mostro el saco con el dinero.

- ¡Hija!, ¿qué voy a hacer contigo? - le decía llorando amargamente su madre después de escuchar el relato, Kagome también aparentaba llorar de humillación.

- Perdona madre, fui un tonta, pero pensé que con eso me permitiría juntar más dinero para poder pagar la deuda, pero ese sujeto malinterpreto las cosas – dijo Kagome molesta al recordar las palabras del contador.

- Si querías dinero me hubieras pedido como siempre a mí, no le hubieras dado las escrituras, ¡las escrituras Kagome!, ¡¿en qué demonios estabas pensando?! – le dijo la mujer arqueando las cejas en molestia, pero sabía que ya no tenía caso enfadarse.

- Tenía miedo de que papá se enterar y me quitaran mi dote, además trate de resolverlo sola para no inmiscuir a nadie más, si padre se entera… – trato de protestar Kagome pero su madre la interrumpió.

- Tu padre nunca se ha enterado de nada de lo que hemos hecho, como no se enterara de esto también, ¿comprendes? – le pregunto mirándola fijamente – no se volverá a hablar del tema, solo vamos a resolverlo, ¿sabes quién fue el señor que compro las escrituras? – le pregunto su madre cruzándose de brazos frente a la chica.

- Si, fue uno de los hijos del señor Taisho, un tal Inu Yasha Taisho – dijo la chica segura – también escuche en la calle que un nuevo adinerado había llegado, estoy segura de que era él – dijo la chica en forma pensativa.

- Creía que el señor Taisho solo tenía un hijo, el cual tiene años que no viene al pueblo – le contesto su madre sorprendida.

- Pues al parecer tiene otro y comentan que en apariencia es alguien joven y muy guapo, y que se ve que tiene el carácter como cuentan que lo tenía el señor Taisho – dijo la chica abriendo su abanico de golpe.

- Ay hija, esperemos que podamos volver a tener en nuestras manos esas escrituras, tenemos que pensar en una forma de obtenerlas – dijo su madre pensando profundamente.

OoOoOoO

En cuanto supo que todo mundo en la casa ya se había ido a dormir, abrió la puerta de su alcoba y se asomó al pasillo para cerciorarse que ya estaban despiertos, mientras Urasue vigilaba. Regreso a su cuarto y cerro la puerta lo mas sigilosamente posible.

Kikyou se metió bajo su cama, levanto una parte del piso de madera que estaba floja, y saco un hermoso vestido amarillo con tocado integrado, el vestido que Naraku le había regalado esa misma tarde, lo extendió sobre la cama, era hermoso, un vestido de seda destinado totalmente para ella, se cambió lo más rápido que pudo, esta vez ya no ocultaría de su largo cabello negro, lo peino y lo dejo suelto, coloco el tocado encima a modo de que pareciera una diadema.

Se miró una vez más al espejo, sonrió al darse cuenta de que en verdad era una mujer, de cómo su cuerpo se amoldaba perfectamente al vestido, como los pliegues largos de la tela cubrían casi por completo sus delgadas y bien moldeadas piernas, una persona completamente diferente.

Abrió el balcón, estaba un poco alto, pero no importaba, ya lo había hecho infinidad de veces, solo que ahora el vestido era un poco más estorboso, empezó a descender gracias a unas cuantas sabanas que amarro, necesitaba llegar al árbol que estaba frente a su ventana para poder bajar mejor, llego hasta él y lo escalo para poder descender.

Sus pasos eran sigilosos y su oído estaba atento a cualquier ruido que delatara que alguien estaba cerca, camino a los establos y tomo uno de los caballos, así llegaría en pocos minutos al pueblo, estaba ansiosa de poder platicar a sus anchas con Naraku sin que nadie los interrumpiera, estaba tan ansiosa de poder estar a su lado, de sentir sus fuertes brazos sobre ella, su aroma, su aliento, todo. Monto el caballo y partió a trote para que los casquillos del caballo despertaran a toda la casa.

El camino se le hizo una eternidad, las calles comenzaban a iluminarse más por las velas, los burdeles y bares ya estaban repletos de gente, así no llamaría tanto la atención, después de todo, no era muy común que una chica montara a caballo y menos a esas horas. Bajo del caballo y lo ato frente al bar que a esas horas aún continuaba abierto y no tenía pinta de que fuera a cerrar. Kikyou no entro al bar pero el caballo estaría seguro ahí, ahora su motivo de ir ahí a esas horas, eran solo ver a Naraku.

Antes, había ya recorrido ese pueblo por las noches, tanto que se sabía de memoria las intricadas y estrechas calles del pequeño lugar, era algo raro, por el día, la plaza y las calles de los comercios eran las más llenas de gente, pero por la noche estaban solitarias, los locales de mala pinta, casas de apuestas y bares abundaban, esos eran los mas concurridos; no es que todos los comercios que estaban abiertos de noche fueran de esa clase, pero sí de los que más abundaban. También, para el beneplácito de Kikyou las cercanías a lo que serían los límites del pueblo, con casas algo abandonadas y unos jardines naturales crecidos a un tamaño considerable eran los más solitarios, y por lo tanto su mayor refugio siempre que quería estar completamente sola, y no pensar en nada o solo simplemente estar ahí observando el cielo nocturno.

Paseo un momento por el pueblo, recordó que no le había dicho a Naraku en donde se podrían ver si es que lograba ir al pueblo de noche, más una mano posada en su hombro la hizo sobresaltar, se dio la vuelta al menos aparentando completa tranquilidad, si era un desconocido lo golpearía y correría hacia otra parte o algún conocido que la había descubierto.

- Te dije que no podría dejar de reconocer tan hermosos ojos, además de ese vestido que yo te regale - le dijo con una sonrisa Naraku, Kikyou respiro de alivio al ver que no se trataba de nadie peligroso, la persona que la había detenido en su paseo era su amado.

Naraku tomo la barbilla de Kikyou, mirándola por unos segundos, hasta que esta última reaccionó y quito la mano de su amante de su barbilla.

- Ten cuidado de que te vean tan cariñoso con una jovencita a estas horas, pensaran que eres un pervertido - le dijo en un tono que parecía de broma y también de cierto reproche.

- Te ves bien vestida así, me gustas - le sonrió Naraku mordiendo su labio inferior y también comenzando a caminar junto con Kikyou tomándolo por el brazo.

Llegaron a un lugar que era menos transitado, Naraku seguía a Kikyou quien parecía conocer bien el camino por el cual ahora transitaban, era un pequeño pasillo que era bardeado por inmensos árboles, una barda algo ya caída estaba casi al final del pequeño callejón, Kikyou con un diestro movimiento trepo a la barda, aun que le costó trabajo por el vestido amplio y se sentó en el borde de la misma, Naraku la imito, ambos se quedaron en el silencio de la noche, hasta que Kikyou por fin hablo.

- No creo poder esperar otro día más en esta situación – dijo la chica tristemente, no miraba a Naraku sino a la lejanía.

- ¿Por qué? – pregunto su amado sin entender sus palabras.

- Porque ya toda esta situación me tiene harta, fingir toda mi vida ser alguien que no eres es simplemente deprimente - dijo mirándolo por fin con lágrimas en sus ojos, su mano tomo tímidamente la mano de Naraku y la apretó suavemente.

Naraku sonrió y apretó fuertemente la mano de su Kikyou.

- Sé que debe de ser difícil, tal vez no lo imagino, pero al mismo tiempo debe ser doloroso – le dijo cálidamente limpiando con su otra mano las lágrimas de la peli largo.

- Me gustaría hacer cosas, tu sabes, normales para una chica, poder maquillarme, vestir estas lindas ropas, peinarme, hacer lo que toda chica de mi edad hace - dijo esforzando una sonrisa - Poder hacer todas esas cosas que mi hermana hace a diario – dijo tristemente bajando la mirada.

- ¿Te gustaría maquillarte, vestir esos incómodos vestidos y solo pensar en el que dirán? - le dijo Naraku en tono de broma, lo que hizo que Kikyou soltara una carcajada.

- Sería interesante - le dijo sonriendo, después, el silencio volvió a dominar entre los dos hasta que nuevamente Kikyou lo rompió - ¿A dónde te fuiste todos estos años?, tus cartas nunca tenían remitente por lo que... – dijo la chica pero fue interrumpida por el joven militar.

- Cuando... Bueno, después de que nos encontraran y en cuanto me pude levantar después de la golpiza que me dieron, escape, pero no muy lejos de la casa grande, no me podía ir sin despedirme de ti, ¿oh si? – le dijo sonriéndole tiernamente para después continuar - pero como tu madre y tu hermana dijeron que habían dado alerta a las autoridades de que me arrestaran si me vieran cerca de la casa, escape muy a mi pesar más lejos, hasta que investigue y descubrí que todo eso que te había dicho tu hermana era mentira – le dijo arqueándolas cejas en señal de enfado.

- ¡Y volviste! – le dijo la chica acariciando su mejilla y obligándolo a verla a los ojos.

- Tarde un poco, pues cuando descubrí la verdad estaba lejos de aquí – le dijo acariciando las facciones de la chica con sus ojos azules.

- ¿Por qué decidiste entrar al Ejercito? – le pregunto la chica curiosa.

- ¿Me vas a decir que no me veo bien con uniforme? - le pregunto Naraku con tono juguetón.

Kikyou de nuevo sonrió y se recargo en el hombro de Naraku, en ese lugar estaban bien tapados por los árboles, por lo que si alguien los fuera a ver, que era una posibilidad muy remota y es que como ahora Kikyou estaba vestida como lo que realmente era, ver a una pareja de enamorados tan románticos no era nada extraño, si no el parecido con su hermana Kagome y eso provocaría un escándalo. Que una Higurashi tuviera un amorío nocturno y no un matrimonio arreglado por un joven de familia decente, no iba a ser nada bueno.

- Te ves muy bien en uniforme - le dijo al fin Kikyou en un susurro - me pregunto, ¿yo como me veré? – le dijo la chica bromeando.

- Tú te ves bien con cualquier ropa, no importa si es de hombre o de mujer - le dijo dándole un beso en los labios.

- Espero que la farsa acabe pronto – dijo la chica melancólicamente.

- Tendrás que esperar otro poco querida mía, el tiempo que habíamos acordado está cerca y entonces serás totalmente libre lejos de aquí - le dijo Naraku con una sonrisa de una esperanza casi nostálgica.

Kikyou bajo la cabeza pensando, mojo sus labios y después le sonrió abiertamente a su amado - está bien, si ya eh estado actuando esta farsa diecisiete años, otro poco no será difícil – dijo sonriendo.

Naraku volvió a acariciar la mejilla de Kikyou con ternura, esta vez Kikyou se dejó llevar por la tibieza de la mano de su amado - Me pregunto, cuando por fin puedas dejar atrás esa mentira, nos podremos seguir amando, ¿me seguirás amando? – pregunto Naraku con voz temerosa, la chica no supo a qué se refería, pero si había aguantado tanto tiempo por él, por estar a su lado, de igual forma le sonrió.

Kikyou le respondió con un beso sutil en los labios - te amare siempre – le dijo pegando su frente a la de él.

- Vestida de hombre, la situación se tornara algo difícil Kikyou, lo sabes – le dijo el chico amargamente.

- Entonces, tendremos que seguir amándonos en secreto, ¿no lo crees? – le dijo sonriéndole a si amado.

- ¿Mas secretos? - pregunto algo triste Naraku.

Kikyou rio esta vez irónicamente - parece ser que mi vida estará llena de ellos, pero si tú me amas a mi...

- No me importaría guardar otro secreto - completo Naraku abrazándola y acercándola más a su cuerpo.

Kikyou bajo de un salto de la barda, sabía que había permanecido con Naraku demasiado tiempo, quería quedarse mucho más con él, pero tenía que regresar a la casa antes de que se dieran cuenta de su ausencia.

- Tienes buena condición física para ser mujer – comento Naraku sonriéndole en tono burlón.

- Que esperabas, después de todo soy el futuro dueño de la casa Higurashi - le dijo con alegría Kikyou, se sentía más animada, tanto como para bromear con su amado.

- Ahí si te van a partir el lomo como un hombre - le dijo de nuevo en broma Naraku.

- Soy fuerte, aguantare – le dijo sonriéndole felizmente – y cuando lo sea serás mi señora – le dijo en broma la chica.

- Eso no lo dudo, pero no creo que los vestidos me queden tan bien como a ti - le dijo Naraku en broma mientras comenzaba a caminar junto a Kikyou, para después cambiar la conversación - ¿cuándo nos volveremos a ver?, esta noche solo te vi por casualidad - callo un rato, pero después como si hubiera meditado hacer o no hacer la pregunta le dijo - ¿nadie te ha reconocido por tus ojos?, no dudo que la mayoría de la gente los tenga castaños, pero los tuyos son diferentes, difíciles de ignorar – le dijo sonriéndole pícaramente.

- La primera vez, pero por suerte me confundieron con Kagome y tuve que decir que era ella, me costó una paliza al enterarse mi madre al día siguiente, tú lo sabes, por eso solo salgo de noche y procuro no estar en la luz mucho tiempo para que lo noten – le dijo la chica sonriéndole.

- Mmm, ¿ya te estas creyendo vampiro? – le dijo el joven militar bromeando.

- Ja, ja, ja – Kikyou soltó una carcajada - eso te demuestra que puedo representar cualquier papel – le dijo la chica sin parar de reír por la broma de su amado.

Naraku le sonrió para después preguntarle - ¿cuándo nos volveremos a ver?

- Tratare de venir mañana, no puedo escaparme tan seguido si no correría el riesgo de que me atraparan, nos encontraremos en ese lugar donde platicamos hoy – le dijo la chica tomándolo de las manos en señal de acuerdo.

Naraku miro con extrañez la costumbre de su amada, no cabía duda de que varios hábitos no se irían fácilmente, así es que la abrazo fuertemente y la beso en los labios con pasión, no le importo que los vieran, él la amaba y ella también.

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Había estado muy inquieto después de haber visto a ese apuesto joven, no podía creer como un joven lo hacía sentir de esa manera, era un hombre y no una mujer, había estado con varias en el pasado, sabía que era bien parecido, sus extraños ojos color ámbar y su cabello platinado llamaban la atención de cualquiera.

Sabía que no tenía amigos verdaderos, todos los que lo buscaban por su supuesta amistad eran personas doble cara, gente que solo quería socializar con él por ser el bastardo perdido de Inu Taisho, uno de los más ricos y poderosos empresarios en el negocio de extracción de oro y carbón, también su padre biológico, el cual abandono a su madre cuando él había nacido y así, de la nada, 20 años después, se enteraba de que este al haber fallecido, le había dejado una parte de su herencia y así de la nada se había hecho rico.

Por ello comenzó a brillar en sociedad, como lo llamaban, rodeado de ricos y poderosos, personas que jamás creyó conocer, los cuales ahora lo llamaban el hijo menor de Inu Taisho.

Después de una vida llena de humillaciones, de ser llamado el bastardo, de sufrimiento por las noches en las que su madre lloraba amargamente, de soledad, ya que su madre había fallecido cuando el cumplió los 7 años de edad, después de eso había vivido solo en su antigua casa, realizando trabajos forzados y jornadas enteras de sol a sol, hasta que cumplió los 20 años, después de eso, un joven llamado Miroku, apareció frente a su puerta para darle la noticia, por fin su padre lo había reconocido como su hijo y también se había enterado de que tenía un medio hermano, Sesshomaru, un hombre con porte y elegancia de clase alta, que lo odiaba profundamente por ser el bastardo de su padre.

Cuando lo conoció en la lectura del testamento del señor Taisho, no tardo más de 30 segundos para ver como lo despreciaba con su sola mirada, una mirada asesina y llena de odio, no sabía la razón de esa mirada tan escalofriante. Esos ojos ámbar lo miraban intensamente, ambos eran muy parecidos, pero lo único que los diferenciaba era la personalidad y ciertas facciones finas en su hermano mayor parecidas a las de la viuda de Taisho y no a su madre.

Si no hubiera sido por Miroku, que estaba con él en ese momento apoyándolo, pudo haber pasado ese incidente a mayores. Miroku, a él solamente lo podía considerar como su verdadero amigo, no le importo desde el principio que fuera el bastardo Taisho, siempre se refirió a él como Inu Yasha Taisho y no con insultos, solo podía confiar en él, por ello le había propuesto que trabajara con el cómo su mano derecha, el estaría a cargo de las cuentas y todo lo económico referente a él.

Se sirvió un poco de vino al recordar su pasado y la transición de su vida, las cosas habían sido dolorosas y sorpresivas, los cambios tan rápidos, quería distraerse y ya que estaba de vista en el pueblo de los negocios de su padre, quería salir a conocerlo.

- ¡Miroku! – le llamo al joven de ojos azules que inmediatamente abrió la puerta del despacho.

- ¿Sucede algo? – le pregunto el ojiazul.

- Vamos a salir, dicen que la vida de noche en este pueblo es mejor que durante el día, vamos a ver si es verdad – le dijo sonriéndole ampliamente mientras terminaba de beber el vino de golpe.

OoOoOoOoO

Después de ver a su amado, ambos se separaron cerca de uno de los bares donde había dejado a su caballo, se sentía contenta ya que después de tanto esperar lo había visto nuevamente y había conversado plenamente sin interrupciones, como lo que en realidad era, una mujer.

Portando el hermoso vestido de holanes y moños amarillos que Naraku le había regalado, se sentía genial vestirse de mujer, se sentía ella misma y no como otra persona.

"Solo un año, solo necesito esperar un año más y estaré con él para siempre" – pensó mientras caminaba rumbo a su caballo.

Camino lo más discreto y femenino que pudo, desato a su blanco de los maderos, ya era muy tarde, estaba a poco tiempo de amanecer, "¿Cómo es posible que el tiempo corra tan rápido si solo cruzamos pocas palabras?" – pensaba, tenía que llegar a su casa antes del amanecer, si no los vigilantes nocturnos de la hacienda iban a sospechar y Urasue sabría que decir. Iba a montar su caballo cuando sintió como una fuerte mano la tomaba de la cintura obligándola a voltear para ver a su atacante.

- ¡Hola!, ¿por qué una niña tan linda y delicada como tu esta por estas calles y sin un buen caballero que la escolte? – dijo un hombre mayor con aliento alcohólico acercándose peligrosamente a su rostro.

- ¡Suélteme!, ¡que descarado! – le dijo Kikyou sintiendo nauseas al sentir las manos del viejo sobre su torso e intentaba soltarse.

- ¿Por qué te pones tan agresiva?, hace un momento te vi con un militar muy acaramelada, supongo que yo también puedo tener el mismo trato – dijo arrastrando a Kikyou hacia uno de los callejones, lo que hizo que la chica se horrorizada, sabia las intenciones del viejo, pero no le sería tan fácil - ¿Cuánto me costara este servicio? – pronuncio aun forcejeando con ella.

- ¡Suéltame asqueroso! – le grito la chica dándole un puñetazo en la cara, lo que hizo que el viejo se enfureciera y le diera una cachetada en su blanco rostro.

- ¡Maldita!, quise hacer esto por las buena, pero ahora será por las malas y te aseguro que de una u otra forma te gustara – le dijo molesto mientras le arrancaba el vestido por todas partes, dejando al descubierto su pecho y parte de su torso y comenzando a besar salvajemente su cuello mientras la arrojaba contra la suciedad del suelo.

"¡Esto no debería estar pasando!, ¡esto no debería estar pasando!" – se repetía la chica una y otra vez en su cabeza.

- ¡Déjeme!, ¡bastardo sin honor! – volvió a gritar la chica esta vez arañándole la cara al viejo para que la soltara, el cual esta vez le pego en la misma mejilla con el puño, lo cual provoco que Kikyou se aturdiera y callera de lleno en la suciedad manchando su rostro.

- ¿Sin honor dices?, mira quien lo dice, estar a altas horas de la noche sola y sin acompañante, esto hace que deshonres a tu familia – le decía en un jadeo mientras seguía besándola y arrancándole parte del vestido mientras una de sus manos bajaba hasta su pantalón para comenzar a desabrocharlo.

"¿Qué está pasando?, no puedo moverme, no puedo centrar lo que miro, todo a mi alrededor da vueltas, mi boca tiene un sabor a sangre, mi cabeza da vueltas, siento como arde mi mejilla, me punza y comienza a doler, siento nauseas, el estómago me da muchas vueltas, siento como este maldito asqueroso besa y toca mi cuerpo, ¡no quiero!, ¡no quiero que me siga tocando!, ¡esto no debió de haber pasado!, ¿Por qué no puedo moverme?, ¿Por qué no puedo defenderme?, ¡alguien ayúdeme!, ¡Naraku!... ¡Alguien!"

- ¡Ayuda! – grito la chica finalmente al sentir como las manos de aquel hombre recorrían sus suaves piernas para dirigirse a otro lugar.

- ¡Ya déjala! – se oyó una voz que alerto al hombre y volteo a ver de quien se trataba cuando de pronto un puñetazo lo noqueo dejándolo caer al piso completamente inconsciente.

Kikyou estaba tendida en el piso, su cabello negro estaba desaliñado y sucio, cubría su rostro con ambas manos y se percibía un ligero sollozo, parecido a un susurro, su vestido estaba completamente rasgado, pedazos de él estaban revueltos en el piso, desde la parte de la cintura hacia los hombros estaba desecho y sucio, dejando al descubierto el blanco cuerpo de la joven, su cintura bien definida al igual que sus pechos bien formados, sus blancas y torneadas piernas estaban al descubierto.

Sus ojos ámbar chispearon de rabia al ver tan terrible escena, mientras apretaba sus puños hasta dejar ver sus dedos blancos.

Estaba irritado, completamente molesto, ¿Cómo un hombre podía hacerle tan terrible mal a una joven así? Y más un hombre que parecía ser de buena familia por el tipo de ropa que portaba, se sentía indignado, jamás se había enojado tanto en su vida, no cabía duda de que ese pueblo se había convertido en un desastre total desde que murió su padre, se quitó su grueso y largo abrigo y cubrió el delicado cuerpo de la mujer, lo mejor sería llevarla a un lugar mejor.

- ¿Se encuentra bien señorita? – pregunto con delicada voz mientras se arrodillaba para quedar a su altura, pero la chica no le respondió, solo escuchaba un sollozo que salía de su garganta – tranquilícese, ese hombre ya no le hará daño, todo va a estar bien – le susurro cálidamente, pero la chica no lo miraba, solo cubría su rostro.

Kikyou estaba desecha, no sabía qué hacer, estaba muy avergonzada, aterrada y llena de vergüenza, ¿Cómo pudo pasar una cosa así?, ¿Qué hubiera pasado si ese joven no la hubiera ayudado?, seguramente ahora estaría…

El solo hecho de pensarlo era espeluznante, abrió un poco sus ojos al igual que sus dedos para ver mejor a su salvador, pero no quitaría las manos de su cara, lo peor sería que fuera algún conocido y la reconociera de inmediato, lo mejor sería ver discretamente de quien se trataba.

Unos ojos ámbar fríos la miraban con algo de preocupación, era una mirada cálida, pero al mismo tiempo tan fría como el hielo, algo difícil de describir, su cabello era claro, pero con la poca luz de los candelabros de la calle y la inmensa oscuridad del callejón, le era imposible distinguir bien aquel rostro amable, volvió a cubrir su rostro, no conocía a nadie con ese color de ojos, a no ser por…

– Entiendo – murmuro calmadamente levantándose, pero al hacerlo escucho un murmullo que provenía de la chica.

- Gra… gracias – pronuncio con voz delicada la chica sin dejar de cubrirse el rostro.

El chico volvió a mirarla, hizo una mueca en forma de sonrisa y con voz calmada respondió – no es nada, permítame ayudarla – le dijo tranquilamente mientras se agachaba para recoger en sus brazos a la joven.

- Amo Sesshomaru, ¿está todo bien? – le pregunto preocupado uno de sus sirvientes bajando de un lujoso carruaje negro, el sirviente era pequeño y cargaba un curioso bastón de madera, el cual tenía tallado una mujer de un lado y del otro un anciano, pero el cabello de ambos se unía conforme bajaba el palo.

- Yaken, tenemos una invitada – dijo el joven acercándose al carruaje mientras la luz de las calles alumbraba mejor a la chica que sostenía en sus brazos.

Kikyou abrió nuevamente sus ojos y esta vez quito sus manos de su rostro, el pecho de su salvador se sentía cálido, el aroma del joven le llegaba a todos sus sentidos, se acurruco un poco más al sentir una suave estola blanca cerca de ella, aún estaba asustada, pero se sentía segura ahora, miro el rostro de su salvador para ver nuevamente esos ojos ámbar.

Su boca se secó al instante, no era el joven con el que se había topado en la tarde, eran muy parecidos, pero este era muy diferente, una persona totalmente hermosa, su cara poseía facciones finas, un color blanco perla que hacía juego con su cabello platinado extremadamente largo que le llegaba a la cintura, ¿una persona tan elegante la había salvado?, ¿Cómo era eso posible?

Aquel joven al percatarse de que la chica se movía ligeramente entre sus brazos, detuvo su paso y la miro. Una joven de unos quince o quizás dieciséis años, ¿Qué estaba haciendo en la calle a esas horas?, pero ese no era el momento de preguntárselo, lo primero sería ver si estaba bien y después la interrogaría.

Se perdió en aquellos ojos ámbar, unos ojos con mirada tan intensa y fría que te invitaban a perderse en ellos, pero al mismo tiempo de ellos brotaba una calidez difícil de entender.

La chica lo miraba con asombro, sus ojos castaños brillantes se clavaban en los suyos, unos ojos que emanaban miedo e inseguridad, una mirada tan transparente que podrías ver atreves de ellos, se extrañó, esos ojos tan puros nunca los había visto en ninguna otra persona, acompañados de una piel blanca y suave, labios rosados y mejillas de igual tono, cabello negro y largo como la noche, un perfume emanaba de su piel muy adictivo, tal vez el destino había escuchado sus palabras, había encontrado a su persona ideal, una mujer tan bella y pura a la cual podría amar, ¿podría ella ser esa persona?, no sabía la razón pero sentía mucha emoción el solo tenerla en sus manos.

Su corazón latía como si quisiera salirse de su pecho, un hombre completamente apuesto la había salvado, eso era un sueño, debía ser un sueño, del cual no quería despertar. Y así, al perderse en esos ojos ámbar fríos, perdió el sentido en los brazos de su salvador.

Continuara...

Notas de la autora: Palabras dulces de un conejo.

Hola gente bonita, he aquí el capítulo 2 de esta historia.

Uff, primero comenzare disculpándome por la tardanza, créanme que no quiero, pero tengo una vida agitada, pero no pierdo la esperanza en terminar los fics y subir un capítulo lo más pronto posible. Fue un capítulo algo largo, pero considero que es lo mínimo que merecían por la larga espera. (casi 5 meses o más).

Espero subir los capítulos lo más rápido posible, les mando agradecimientos especiales a Sanza: Muchas gracias, Ilovesasuhina: Muchas gracias, espero te guste este cap, Sabrositafresita: te quiero amiguita, ya sabes tarde pero seguro que sí, EsmeraldaVanille: Muchas gracias, espero te encante este cap también.

Muchas gracias a todos por leer y escribir, el que les guste la historia hace que quiera subir más capítulos XD.

Cuídense mucho y ya saben:

Dudas, criticas, comentarios, jito matazos, naranjazos, ladrillazos y todo lo que termine en zos es bien recibido... No me enojo... Todo menos virus ya saben ¬¬U...

Dejen reviews porfis, porfis, mientras más dejen más rápido subo el otro cap (chantaje ¬¬) jejeje n-n, no de verdad, es una estimulación para mí, lo juro jeje.

Matta ne!

Propaganda: lean mis fics n-n. Chuus! (Besos!).