Prestó atención para solo escuchar el sonido de los pasos del duende, Harry camino de cerca, tratando de memorizar inútilmente el camino que seguían. Estaba seguro que la próxima vez que tuviera que ir a Gringotts tendría que pedir la ayuda de otro duende, pues, el lugar era enorme, y agobiaba al joven muchacho.
Pronto el duende se detuvo, dio unos pocos pasos más cortos y después escuchó como su mano tocaba una puerta. La puerta se abrió y antes de que ninguno de los dos pasarán el duende habló en un idioma que no pudo comprender. Lo escuchó entrar y de nuevo dirigirse a él
- ¿Le ayudó a encontrar la silla? - le dijo el duende
- Sí, gracias - Contestó Harry sin dudarlo, no quería que lo ayudaran, pero su cuerpo estaba tan cansado por el viaje y la caminata que realmente no le importaba en lo más mínimo ser ayudado por ahora.
Después de que encontrara la silla y tomara asiento el duende que lo había guiado salió de allí cerrando la puerta cuando salió, Harry entonces pudo escuchar un poco lejos en el cuarto, una voz grave y gruñona
- Buenas tardes - Dijo la voz del hombre - ¿Y dígame señor... -El duende hizo una gran pausa para dejar que su invitado se presentará
- Harry Potter - Respondió y escucho como del duende contenía el aliento un segundo por la sorpresa
-Señor Potter - Dijo finalmente el duende y sintió como era examinado y juzgado por él, no hacía falta ver para darse cuenta - ¿A que bóveda cree usted tener derecho? Digo, a parte de la bóveda de los Potter-
- No lo sé... - Susurro Harry pero sin dejar tiempo que aquel duende gruñón le replicará nada, agregó - Se me acaba de informar que este anillo me hace acreedor de una cuenta Dijo levantando su mano izquierda y señalando el anillo en ella
-De dónde...? ¿Cómo usted..? - Escucho como el duende balbuceaba - ¿De dónde lo saco? - Preguntó finalmente de forma coherente.
-Él me lo entregó hoy - Fue su simple respuesta, debía admitir que estaba asombrado de que sólo un simple anillo causará un efecto tan dramático - La muerte - Aclaró a riesgo de parecer un loco en sus palabras - Ella proclamó que me convertiría en su heredero-
Pasaron unos minutos en silencio antes de que el duende volviera hablar, pudo escuchar cómo se levantaba de su escritorio y se movía nervioso (y no muy ágil cabe destacar) buscando algo entre papeles y papeles.
-El anillo de la muerte -Dijo el duende un poco agitado sentándose de regreso en su escritorio - Más un par de firmas en los documentos adecuados, le darán el total control la bóveda Morte - Escuchó como contenía el aliento, parecía que quería preguntarle algo más y no se atrevería a hacerlo
-Solo pregunte - Dijo Harry animándo a no quedarse con la duda que le carcomía
- ¿Usted... murió? - El tono que uso fue extraño, como temiendo ser reprendido por su pregunta
-Un par de veces, sí - Respondió Harry con sarcasmo, aunque claro, las palabras que soltó eran la misma verdad.
Escucho al duende tragar en seco, y después pudo escuchar cómo colocaba algunos papeles cerca de él, ya sabía que era lo que tan urgentemente había buscado el duende
-Le daré estos papeles para que los firme - Explicó - Entonces usted podrá acceder a la bóveda, y si gusta puede ir a hablar con el duende a cargo de ella -
-¿Lectura con relieve?- Siseo tan Bajo como pudo, pero aún así supo que el duende lo había escuchado
-Lectio en cada hoja exceptuando la última, en ella debes decir Caecus - Fue la respuesta de la serpiente. Y ya que sólo eran dos hojas de fue fácil cumplir el hechizo.
A pesar de que estaba aprendiendo los nuevos hechizos, se le hacía extremadamente fácil hacerlo, suponía que era por su nueva y rebosante magia ampliada, o bien podría ser por llevar dos años ciego y sentir más fácilmente como la magia fluía a través de él, mas al final no le importaba, en realidad lo único importante era que funcionaban y mientras lo hicieran todo seria perfecto.
Paso lentamente sus dedos por el pergamino y se dio cuenta de lo complicado que era leer usando sus manos, las letras estaban y era fácil sentir su relieve, pero nunca antes había leído usando sus manos y para aquello se necesitaba una concentración mayor a la que se esperaba, recordó de nueva cuenta a sus estúpidos tíos y lo tranquilos que estaban cuando se dieron cuenta que Harry no podía ver, se preguntó exactamente dónde estaba su "querida" vecina cuando él y era tan maltratado, y cómo es que en el mundo mágico nunca nadie se dio cuenta que su querido héroe estaba sufriendo. Decidió que debía calmarse, la lectura de los papeles era difícil sin estar alterado, no quería que su rabia le impidiera entender nada de lo que estaba escrito.
Tardó un rato más en decidir dejar de leer el pergamino, no entendió todo el papel, pero lo que entendió fue suficiente como para saber qué es lo que firmaría... y hablando de la firma
-En lugar de firmar ¿puedo esparcir un par de gotas de sangre? -Preguntó dudoso de si quiera saber cómo escribir
-Si gusta - Dijo el duende - Unas gotas de sangre serán suficiente
-¿Tiene una daga o algo? - Preguntó y levantando su mano en el aire sin dudar que él duende le entregaría lo que había pedido
-Claro - Sintió un peso extra parecer en su mano
Antes que nada, sintió la daga con cuidado, examinándola al detalle, era pequeña y parecía algo que se podría llevar a cualquier lado, el mango era delgado y la hoja se sentía fina. Le hubiera gustado verla pero, con sólo sentirla podía decir que era elegante
Sin dudarlo y sólo con un poco de cuidado, cortó la punta de sus dedos, dejando salir de su mano finas gotas de sangre, rápidamente, dejó el cuchillo sobre la mesa y utilizó su ahora disponible mano para ubicar el lugar exacto para dejar caer su sangre
-Muy bien señor Potter -Dijo el duende al cabo de unos segundos, seguidamente sintió como la pequeña cortada en su dedo dejaba de sangrar – Eso es todo de mi parte – Escucho como suspiraba aliviado, seguramente de librarse del heredero de la muerte -Ahora, ¿quiere visitar a su bóveda? ¿o al encargado de esta? - Pregunto
-Eso depende… ¿Que beneficios me traería ir primero con el encargado? - preguntó Harry. Después de todo, había escuchado unas cuantas cosas sobre que las más antiguas bóvedas tenían ciertos privilegios por sobre las últimas, sería bueno comprobar que tan real era ese rumor.
-Pues su bóveda tiene varias opciones – Explicó el duende ojeando algunas hojas – Sacar mayor dinero sin necesidad de venir en cada ocasión al banco, aunque los libros y artefactos mágicos se tienen que recoger directamente en ella. También si primero visita al encargado, él le dará una lista de todo lo que posea, incluyendo propiedades y títulos como heredero de la familia Morte.
-Ya veo - Comentó Harry pensativo – Entonces si, quiero ir con el encargado de la bóveda Morte primero
-El duende fuera de la puerta lo guiará - Fue la única respuesta que le dio el duende antes de salir por sí mismo de aquel lugar
