Capítulo 11
No debería haberse marchado con Adam, supo que era un error incluso antes de subirse al coche. Pero ahora no tenía más remedio que hacerse cargo de las consecuencias de sus actos.
Bajó del taxi y se acercó a la entrada de la casa de Steve, suspiró aliviado al ver su propio coche aparcado frente a ella. Se pasó una mano por la cara, bastante nervioso, y tocó el timbre sin pensarlo más.
Tenía que contarle a Steve que había cometido un error, que no quiso herirle, que todo había sido culpa del maldito temperamento que se apoderaba de él cuando se sentía traicionado. Sin darse cuenta había cometido una estupidez y ahora tenía que pedirle perdón. Cuanto antes.
Esperó durante varios minutos a que el comandante abriera la puerta, pero no obtuvo respuesta. Estaba en casa, eso lo tenía claro. Eran más de las dos de la madrugada y el coche estaba allí, de modo que solo había dos sitios más en los que podía estar.
La playa…
Nada. Comprobó la zona de la playa privada de la casa de Steve, pero nada. Ni rastro de su compañero.
El garaje-se dijo entonces.
Esta vez sí que acertó.
El ruido del motor de la antigua Harley de McGarret delató su presencia en cuanto se aproximó a la puerta del garaje de la parte trasera de la casa.
Danny sabía que su compañero hacía eso, aislarse del mundo en aquel garaje para restaurar la vieja moto de su padre cuando algo iba mal. O cuando algo le preocupaba, le cabreaba o simplemente necesitaba tener la cabeza ocupada en algo.
Ese era uno de esos momentos.
Danny se acercó al marco de la puerta y se quedó apoyado allí, observando cómo el comandante, que estaba de espaldas a él y parecía no haberse dado cuenta de su presencia, manipulaba con una llave inglesa unos tornillos del tubo de escape de la moto.
La ajustada camiseta de tirantes blanca que vestía mostraba los tatuajes de sus brazos, que se tensaban al hacer fuerza con la herramienta mientras trabajaba en las piezas. Sus pies desnudos tocaban el suelo de madera, y solamente vestía una bermuda corta, que Danny estaba seguro de que no escondía nada más bajo ella. Bueno, algo sí, pero no precisamente otra pieza de ropa.
Ese pensamiento hizo que se le secara la garganta y que un agradable calor le recorriera la espina dorsal, de modo que se recriminó a si mismo que debía centrarse y hablar con él antes de que fuera demasiado tarde.
Tragó con fuerza y se aclaró la garganta para llamar su atención.
-No hace falta que finjas tener un ataque de tos para demostrarme que estás ahí, Danny-le aclaró McGarret- te recuerdo que tengo un circuito cerrado de seguridad en un perímetro que recorre toda mi propiedad, te vi venir antes de que te acercaras al Camaro.
El detective hizo una mueca falsamente impresionada.
-Wow… ¿Puedes decirme entonces porque me has tenido diez minutos llamando a tu timbre como un idiota sin obtener respuesta?
Steve no le contestó, siguió manipulando la moto sin molestarse en volverse a mirarle hasta que creyó conveniente volver a abrir la boca para decir algo.
-¿Qué tal Adam?-fue lo siguiente que dijo, con un tono que pretendía fingir ser casual, pero que ambos sabían que escondía el cabreo que realmente sentía.
Danny sonrió resignado. Sabía que eso era lo primero que le preguntaría.
-Genial…- soltó sarcástico y sin más detalles-. ¿Y qué tal Denning? ¿Ya le has dado una respuesta?
Steve dejó caer la herramienta que llevaba en la mano de un golpe sobre la mesa de trabajo y se volvió hacia él por fin. Bastante cabreado y alzando la voz más de lo normal.
-Es eso… ¿Verdad? ¿Por eso te fuiste con él?-preguntó con tono traicionado y abriendo los brazos hacia los lados molesto- ¿Por qué recibiste una información de Kono que crees que es cierta?
-¿Es que no es cierta? Dime que tu trato con Denning no tenía letra pequeña. Que no estás de permiso y tienes que volver a la base. Que no tienes que tomar una decisión sobre si te quedas o te vas de Hawaii y abandonas el 5.0.-le retó Danny, replicándole aún más indignado.
-Es… no es… es que…-empezó Steve, pero parecía no saber cómo decir lo que quería- se dio la vuelta de nuevo y se dirigió a la mesa de trabajo, cogió una cerveza que había sobre ella y le dio un buen trago.
-¿Has tomado una decisión o no? Steven, es simple-preguntó el detective, cruzándose de brazos aguardando una respuesta directa.
- No lo entiendes.
-No me lo explicaste, ¿Cómo iba a entenderlo? No confiaste en mí, ¿Por qué no me dijiste que tenías que tomar esa decisión?
-¡Porque no había nada que explicar! ¡Ni decisión que tomar! ¡Maldita sea Danno!-replicó gritando fuera de sus casillas.
-¿Sabes qué? Tienes razón… no lo entiendo. Ni siquiera entiendo por qué viniste en un principio si pensabas marcharte a la primera de cambio. ¿Y sabes esa conversación que siempre dices que deberíamos tener sobre lo que te trajo hasta aquí? Quizás este sea un buen momento.
Se separó de la puerta y dio un paso al frente, hundió sus manos en los bolsillos del pantalón y respiró profundamente para luego dejar escapar el aire con fuerza.
Steve dejó la cerveza sobre la mesa y se acercó en dos pasos rápidos y amplios. Se quedó parado frente a él un momento, y tras suspirar frustrado, por fin habló, aunque sin gritar, con un tono más bajo y relajado.
-Vine a Hawaii huyendo de la perdida, Danny… de una que me hirió tanto que me hizo pensarme si quería seguir haciendo lo que hacía. Creí que alejarme de la base y de mi equipo me ayudaría a olvidar, a centrarme de nuevo. Que aceptar la oferta de Denning y probar cómo sería mi vida lejos de los SEAL en mi tierra natal, sería la solución. Pero no fue así.
-¿Quién era?-Danny casi se odiaba por preguntar. Veía la expresión angustiada de Steve y cómo sus ojos se iban humedeciendo más con cada palabra pronunciada.
-Su nombre era John… era un compañero de la unidad, mi compañero durante los últimos cinco años.
-Por tus palabras da la sensación de que era algo más-no pudo evitar sonar celoso.
-Lo era-sonrió con tristeza-. Murió en una misión en Kuwait hace un año. Bajo circunstancias que durante muchos meses me hicieron cuestionarme si no debería haber sido capaz de salvarle la vida. Por eso me alejé de mi unidad. Aproveché un permiso que hacía tiempo me debían y con la ayuda de Denning hui de todo lo que me recordaba a él. A pesar de amar mi trabajo, de creer en lo que me llevó a ser parte de los SEAL.
-¿Por qué no me lo contaste? Si había alguien que pudiera entender que necesitaras…-pero Steve no le dejo terminar.
-No te dije nada porque no había nada que decir, ni decisión que tomar–. Afirmó, repitiendo sus anteriores palabras-. No tengo ninguna intención de marcharme, Danny… No desde que entraste en mi vida.
-Sí, imagino que estar todo el día enfadándome contigo y gritándote te dio una nueva perspectiva-soltó incrédulo, y bastante más conmovido por sus palabras de lo que fingía.
Steve no pudo evitar reírse de su contestación.
-No Danny, tu temperamento no fue lo único que me diste-contestó con cariño-. Hiciste que me diera cuenta de que huir no servía de nada. No puedo alejarme de mi pasado, del dolor de perder a alguien que me importa como lo hacía él. Porque tarde o temprano puede aparecer alguien que te haga sentir lo mismo, o incluso algo que jamás habías experimentado-de forma instintiva levantó una mano, dispuesto a acariciar la mejilla del rubio, pero cuando se dio cuenta de lo que hacía la bajó y la metió en el bolsillo del pantalón-. Creía que no sería capaz de volver a sentir nada parecido y…. y entonces llegaste tú.
-Pero…-intentó el otro sorprendido.
-Pero… estoy fingiendo que me lo estoy pensando para mantener a Denning a raya. Para que nos de un poco más de margen-aclaró-. Mi vida está aquí ahora. Mi trabajo en el 5.0 se ha convertido en una parte muy importante de ella, mis amigos… ¡Tú!... ¡Dios Danno! TÚ… No podría marcharme, aunque quisiera.
Danny bajó la mirada y se tapó la cara con las manos, las restregó por ella intentando centrarse y después volvió a mirar a Steve.
-Lo siento, joder… lo siento tanto-había auténtico arrepentimiento en sus ojos.
Steve apartó la mirada dolido y volvió a acercarse a la moto.
-¿Qué sientes Danny? El haberte marchado con Adam por despecho, o darte cuenta de que has sido tú quién no ha confiado en mí.
-Steven…-se apresuró a explicarse el rubio-. No ha pasado nada, ¿De acuerdo?- se acercó a él y se quedó a su espalda-. Solamente hemos hablado. Quería que le diera una última oportunidad.
-¿Y qué?-soltó sarcástico- ¿Te ha resultado más sencillo creerte sus mentiras a confiar en mis verdades? Estoy seguro de que tenía muy buenas excusas para haberse tirado a Nicholas-dio un nuevo trago a la cerveza y se rio con malicia-. El alcohol, ¿no?... Bueno, así es cómo acabaste metido en la cama conmigo, ahora tenéis algo en común por lo que daros una oportunidad.
Danny sabía que Steve solamente decía eso porque estaba dolido, porque se sentía traicionado, pero el hecho de que dudara de él de ese modo le cabreó hasta límites insospechados.
Le dio un manotazo a la cerveza del comandante justo cuando iba a tomar un nuevo trago, y la botella cayó al suelo rompiéndose contra él y derramando todo el líquido.
-¡Que te jodan McGarret!-le gritó- no sé porque me he molestado en venir.
-¿Y entonces porque lo has hecho?-Steve se alejó de él y empezó a andar hasta la casa.
-Estamos hablando. ¿A dónde coño vas Steven?
-¡Quiero otra puta cerveza!- se metió en la cocina seguido de Danny.
-¿Hablas en serio? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?-preguntó ofuscado.
-No… claro que no… estaba a punto de preguntarte como había acabado tu encuentro con Adam. ¿Qué… ya le has perdonado? -se encaminó a la nevera y cogió otra cerveza fría-¿O habéis quedado otro día para…
-Le he dicho que me encantaría darle una segunda oportunidad… -le interrumpió, haciendo que Steve se quedara callado de golpe, con la nueva cerveza a medio camino de la boca-. Vaya, ahora tengo tu atención…-soltó con malicia.
-Danny, espera…-rogó.
-Como te iba diciendo, le he dicho que me encantaría darle una segunda oportunidad, pero que no puedo porque estoy estúpida, absurda e incomprensiblemente enamorado de ti. Maldito prepotente incapaz de escuchar-gruñó finalmente.
Danny se dio la vuelta para salir de la casa, enfadado, pero la voz de Steve se lo impidió.
-No puedes imaginar cómo me sentí cuando te vi marcharte con él…-confesó agobiado.
-Tal vez fuera igual a como yo me sentí al enterarme de que ibas a marcharte, a dejarme…
-Pero no era verdad-se defendió el comandante.
-Ahora lo sé, pero… Joder, nene, acababa de decirle a mi hija que quiero una vida contigo. ¿Cómo crees que me sentía?
Durante unos segundos ambos se quedaron callados, dándose cuenta por fin de los motivos estúpidos y erróneos los habían llevado a separarse.
Steve le dio un nuevo trago a su cerveza, sopesando sus posibilidades e intentando encontrar una frase lo suficientemente buena para expresar lo muchísimo que sentía haber sido tan idiota como para no decirle nada a Danny, arriesgándose a que sucediera algo como aquello.
Pero entonces el detective se movió hasta él, y sin mediar palabra abrió la nevera que había a su lado y sacó una cerveza, cerró la nevera, le dio un buen trago al líquido frío y por fin habló.
-No vuelvas a mentirme, a ocultarme cosas o a pensar en alejarte de Hawaii… ¿Me oyes Steven McGarret? No te atrevas a dejarme. No te atrevas-dijo, señalándole con un dedo alzado en señal de advertencia.
Pero el tono de voz de Danny en nada concordaba con sus palabras. No había amenaza en ellas, ni furia o rabia. Lo que denotaban era el dolor, el ruego y la miseria en la que el pobre detective se había sumido al pensar en que ese estúpido soldado que le volvía loco, en todos los sentidos de la palabra, fuera a desaparecer de una vez por todas de su vida.
Una vez más, como únicamente le sucedía con ese detective sarcástico y cabezota, Steve se quedó sin habla. No supo qué decir al respecto. Todo lo que pudo hacer fue dejarse llevar y soltar la cerveza sobre la encimera para poder tener las dos manos libres para sujetar a Danny mientras le besaba.
-No lo haré…-susurró cesando el beso y sonriendo tan ampliamente que se sentía estúpido-. No voy a ir a ninguna parte Danny.
-No bromeo, ¿Ok?... No estoy de broma nene- volvió a advertir.
-Danno…-empezó Steve con cariño, pero el otro no le dejó continuar.
Danny le obligó a apartar las manos de su cara y a mirarle fijamente a los ojos, y empezó a hablar a toda velocidad, casi mezclando las frases y las preguntas y con una expresión tan angustiada que daba la sensación de que la falta de oxígeno se debía a algo más que al no respirar para poder decir todo lo que pasaba por su preocupado cerebro.
- No hablo de ahora. ¿Qué hay de dentro de un mes? ¿Seis meses? ¿Un año?... ¿Quién me asegura que un día no te levantarás y me dirás que tu jodido equipo de Súper Seals te necesita y has de marcharte a la otra punta del mundo a cazar terroristas? ¿Qué hago yo entonces? Porque si vamos a hacer esto- les señaló a ambos con un dedo y siguió hablando a toda velocidad- no podemos estar cada uno en un país, Steven. Esa clase de relaciones no funcionan. Y mucho menos con una niña pequeña metida en medio. ¡Dios! Nene, ¿Qué pasará con Gracie cuando tío Steve…
-Santa madre de… ¡Maldita sea Danno! ¡Respira!-O se lo tomaba con calma o le acabaría dando un ataque al corazón.- Joder, has hecho que me sienta como un soldado que se despide de su esposa para irse a la guerra-bromeó.
Danny se calló de golpe y le miró asustado.
-Yo…-el comandante tenía razón, por un momento había dejado que los nervios se hicieran presa de él y que su lengua fuera más rápida que su cerebro.
-No voy a ir a ninguna parte-dijo, lentamente para recalcar cada palabra. Volvió a sujetar a Danny del cuello suavemente y sonrió con cariño-. Está hecho, Danno. Una vez que acepte definitivamente las condiciones de Denning, mi escuadrón no podrá reclamarme, no tendré que volver a incorporarme al servicio.
La expresión incrédula con la que le miró el rubio en esos momentos le hizo reírse.
- Es parte del contrato, nene-le dijo usando esa palabra que el otro utilizaba para dirigirse a él cuando le hablaba con cariño- una vez sea parte oficialmente del 5.0 nada podrá alejarme de Hawaii. Ni de ti… Nada.
-¿Nada?-preguntó Danny con miedo, casi sin voz.
La sonrisa de Steve se volvió a ampliar.
-Nada.
-Ok…- soltó más resignado a creerle que convencido-. Ahora, tú… -se pasó la mano por el pelo, despeinándose y mostrándose algo avergonzado- solo haz que me calle, ¿De acuerdo? Corro el peligro de seguir pareciendo una puñetera esposa preocupada si no haces que me centre en otra cosa. Joder… a veces debería llevar un bozal puesto o algo así porque…
Pero no pudo seguir hablando, porque Steve hizo lo que se le ordenó y le cerró la boca de la mejor manera que sabía, besándole. De forma tan profunda, húmeda e intensa como su lengua pudo colarse entre los labios del rubio.
-Nunca ¿Me oyes?-volvió a repetir Danny, con la voz esta vez cargada de excitación, mientras Steve dirigía sus labios a su cuello y daba el mismo trato a su piel que había dado a su boca.
-Sí, señor-contestó obediente el SEAL, solo separando sus labios del cuello de Danny para responder.
La boca de Steve empezó a bajar hacia el trozo de piel del pecho del detective que asomaba por el cuello de su camisa, pero este le sujetó del pelo con una de sus manos y de un fuerte tirón volvió a ponerle a la altura de su boca.
Esta vez Danny no dijo nada, pero las mismas palabras estaban implícitas en su intensa mirada azul.
"Nunca me dejes" decía sin palabras.
-Sí, señor...- volvió a decir Steve, con la voz cada vez más oscurecida ante ese gesto posesivo de Danny.
Lo que obtuvo de su compañero ante su perfecta obediencia fue una sonrisa complacida, suficiente y totalmente lasciva.
-Bien, ahora llévame a la cama, soldado-soltó divertido.
Danny no tardó en sentir cómo su cuerpo se golpeaba contra la nevera por la inercia de la fuerza con la que Steve le levantó y abrió sus piernas para que le rodeara la cintura.
Los besos se volvieron más voraces y las caricias más necesitadas. La cerveza que Danny sujetaba cayó al suelo, mojando por el camino la mitad de sus ropas y quedando esparcida por toda la superficie de madera.
Fue precisamente por ese motivo por el que Danny volvió a sentir su espalda impactar por segunda vez contra una superficie dura. Cuando Steve le alzó en el aire agarrándole del culo, con las piernas todavía alrededor de su cintura, como si fuera un muñeco de trapo y no un hombre de setenta kilos de peso, y resbaló con el líquido ambarino apoyándose en la pared de la cocina.
-Mierda…-soltó Danny entre risas- ¿Vas a follarme o a matarme, McGarret?
Steve contestó a eso besándole con más ganas y mordiéndole el labio inferior antes de apartarse de su boca.
-Las dos, pero de un modo muy similar-se rio.
Eso consiguió una sonora carcajada de Danny, que respondió al beso con las mismas ganas, metiendo una de sus manos entre sus cuerpos y apretando la polla de Steve sobre el pantalón.
-Oh, sí… el Súper SEAL siempre tan duro-soltó juguetón, haciendo que el comandante no supiera realmente si se refería a su carácter o a la dureza que el rubio tenía entre las manos en ese momento. Aún así, le encantó la referencia, adoraba ver a Danny tan relajado como para hacer bromas de ese tipo sin pensar en lo estúpidas que podían sonar.
De nuevo Danny se sentía manejado como una mujerzuela y arrastrado hasta la mesa del comedor. Allí Steve se colocó en pie entre sus piernas y empezó a desnudarle.
-Me encanta que hayas dejado de llevar corbata-susurró al oído del detective, mientras desabrochaba los botones de su camisa.
Danny desabrochó el botón del pantalón bermuda de Steve y metió su mano en el hueco entre la tela y su piel.
-Y a mí me encanta que no lleves nunca nada debajo… ¡Jodido militar!
-Es marine, Danno, marine…-le corrigió, con la respiración acelerada, cansándose de pelear con los botones y arrancándolos de un golpe.
Danny gimió excitado y dejó caer los pantalones de Steve al suelo, llevó sus manos a la camiseta de tirantes y le obligó a quitársela.
-Joder, Steven, ¿por qué demonios tenías que tener tu habitación en la puta planta superior de la casa?-preguntó con tono desesperado. Si llegar desde la cocina hasta el comedor en ese estado de calentón había sido un problema, subir la escalera de caracol que llevaba a la cama del comandante iba a ser toda una odisea.
-No te preocupes Danno-se rio, volviendo a alzarle y empezando a mover hacia el centro del salón- no vas a llegar hasta la cama- y le dejó caer sobre el sofá, poniéndose rápidamente sobre él y colándose entre sus piernas.
La boca de McGarret recorrió el camino entre su garganta y su ombligo, dibujando una ruta con la lengua que solamente tenía un destino. Los pantalones de Danny se amontonaban en sus tobillos instantes después, mientras el detective gemía y hundía sus manos en el pelo oscuro de Steve para que su lengua no dejara de hacer lo que hacía en esos instantes sobre la punta de su propia polla.
-Dios, Steve… oh, joder… sí, no pares nene, no par…-cuando por fin sintió el orgasmo arrollarle, hizo el gesto de apartar la boca del comandante, pero este le sujetó con tanta fuerza para impedirle que se alejara que acabaron cayendo al suelo por culpa del forcejeo.
La risa nerviosa y descontrolada de Danny inundó toda la estancia.
-Joder, McGarret… solo tú eres capaz de hacer que me corra mientras me caigo del sofá-se reía, divertido; soltando gemiditos, excitado al sentir que la lengua del SEAL todavía jugueteaba con su polla-. Creo que esto fue menos accidentado cuando iba medio borracho y estábamos en la ducha.
-Condones… -soltó Steve, riéndose como un crío nervioso y enamorado el día que pierde su virginidad, entre instante e instante que su lengua de separaba de la carne humedecida de Danny y sus ojos le buscaban excitados-. Condones y lubricante- dijo, ansioso por penetrarle- ¡Dios Danno! Tendrías que verte ahora mismo estas tan…
-Olvida los putos condones, Steven… solo… Necesito sentirte, vamos, nene-rogó, olvidando que acababa de correrse en su boca y ansioso por dejarle hacerlo a él en su interior.
Y el soldado, siempre obediente, hizo lo que le pedían. Se colocó de rodillas, acercó la punta de su polla dura contra la entrada rosada del detective, y empezó a empujar lentamente para hundirse en ella.
-Oooohh dios… Sí… Joder, me equivocaba… esto es muchísimo mejor estando sobrio.
Esa afirmación hizo reírse a Steve de nuevo, provocando que el empuje fuera más intenso y su polla le penetrara con más fuerza.
-Danno…-gimió excitado al sentir como se abría paso en su interior.
Steve le sujetó de las muñecas y le obligó a levantarse del suelo para sentarse en su regazo. Y así, sintiendo más profundamente la polla del comandante llenarle por completo, el pequeño detective empezó a moverse arriba y abajo para hacerle sentir lo mucho que le necesitaba.
Momentos después, mientras se corría y sentía ese inigualable placer embargarle de nuevo, notaba cómo la cara de Steve se hundía en su cuello, y sus brazos le apretaban rodeándole con toda la fuerza que le permitían los dulces movimientos del perfecto y redondeado culo de Danny, gimiendo su nombre cuando él mismo alcanzaba ese ansiado instante y le llenaba.
-Oh, sí… ese es mi chico. Tú sí que sabes.
-Lo sé. Y no lo olvides nene-se rio Danny, acercándose hasta Steve y dejando la bandeja que llevaba en las manos frente a él.
-Joder, estoy muerto de hambre…-se quejó el SEAL, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá, y todavía desnudo, mientras veía a Danny agacharse igualmente desnudo y sentarse entre sus piernas dejando la comida a su alcance.
-Vas a alucinar, nene. Estos son los mejores sándwiches que has comido en tu vida. Receta familiar. Vamos, muerde.
Cinco minutos después Steve McGarret hacía ruiditos de placer saboreando los bocadillos que Danny había hecho para él.
-Oh, Dios, tenías razón. Estaban tremendos-gimió tan complacido que el detective sintió un tirón excitado en la ingle.
-Joder, Steven… deja de hacer esos ruiditos tan sugerentes o el último bocado se lo daré a tu cuello en lugar de al sándwich.
Steve se rio y le abrazó con fuerza. Rodeándole con sus brazos mientras Danny daba el último bocado a su comida. Sus manos se movieron hasta bajar a sus piernas y acariciarlas con los dedos. Juguetearon por sus muslos y bajaron a sus rodillas durante varios minutos, hasta que por fin se atrevió a detenerse en la cicatriz que el rubio tenía en el muslo derecho.
-¿Esta es de…-pero Danny le leyó el pensamiento.
-Exacto, la que recibí el día que murió el hermano de Nicholas. Ahora daría lo que fuera por poder borrarla y olvidarme de ambos.
-No, no lo hagas… -le contrarió- no desees que desaparezca. Yo no me arrepiento de la que ese cabrón dibujó en mi pierna, Danny. Me trajo hasta este momento-susurró finalmente a su oído, pasando la lengua levemente por la oreja del detective y haciéndole estremecerse.
-¿Intentas decirme que no te arrepientes de que ese malnacido te apuñalara y casi matara?-soltó sarcástico.
-Intento decirte que nunca has de arrepentirte nada-le corrigió el comandante-. Que todas las locuras que nos han pasado; las buenas y malas decisiones que hemos tomado son las que nos han traído hasta aquí, hasta este momento. Si eso vale la pena, nunca me arrepentiré de ello.
Danny ladeó la cabeza levemente para mirar a Steve a la cara, y le observó unos segundos en silencio sorprendido por sus palabras.
-Semanas de problemas con Denning, torturas, hospitales, carreras por los tejados de Chinatown, alejarte de los SEAL… ¿Todo eso para poder comerte un sándwich conmigo en pelota picada en el suelo de tu casa?-bromeó- Te tenía por un tío complicado, McGarret, pero no tanto.
Steve se rio divertido y dejó un pequeño beso en sus labios.
-No, ahora en serio… ¿Sabes qué?… Sí que hay algo de lo que me arrepiento-soltó Danny, haciendo que el comandante le mirara extrañado.
-¿En serio? ¿Qué?
-De que Nicholas no te secuestrara antes, te mandara al hospital, nos peleáramos y luego nos reconciliáramos para que me arrastraras como una bestia estampándome por las paredes de media casa para luego follarme en el suelo. Si llego a saber que la cosa acabaría así… ¡Oh, nene, yo mismo te hubiera sedado y arrastrado hasta esa cripta!
Steve soltó una sonora carcajada.
-Bueno, eso puede arreglarse…
-¿Ah sí?-preguntó divertido el pequeño detective.
-Sí… tengo un par de esposas en mi habitación-le dijo sugerente al oído- puedo ponérmelas, esposarte a la cama y compensarte la espera.
-Mmmm… joder, nene, no sabes lo bien que suena eso.
Aquella estúpida y absurda conversación post relación sexual devastadora fue algo que Danny Williams nunca olvidaría.
Ni siquiera cuando, dos meses después, dieron con uno de los colaboradores de Nicholas Tse intentando salir del país. Con un pasaporte falso y un billete de Avión a Guatemala.
El equipo al completo del 5.0 estaba en la entrada principal del aeropuerto. Acababan de coger a la mujer que se hizo pasar por Kono en el apartamento de Xing Ma Lei, con la ayuda y colaboración del departamento de Lukela. Por fin, la última del grupo a la que les faltaba darle caza.
El problema era que ahora no se ponían de acuerdo en quién debería interrogarla primero. De modo que Steve estaba hablando por el móvil con el gobernador Denning para asegurarse de que la mujer se iba con ellos al cuartel general del 5.0 en lugar de a la comisaria, mientras Chin y Kono discutían con Lukela, y Danno se limitaba a ponerle las esposas a la sospechosa y retenerla hasta que aquel juego de locos acabara.
Observándoles, Danny no pudo evitar reírse. Estaba claro cuál iba a ser el final de ese asunto. El 5.0 se llevaría a la sospechosa, así de sencillo. Siempre había sido igual.
McGarret era un hombre que no aceptaba un no por respuesta. Tomaba lo que quería cuando le apetecía, aquel puesto en la unidad del gobernador le venía como anillo al dedo.
Y la verdad… Danny nunca creyó que llegara el momento en el que él mismo fuera feliz con esa situación. En el que se diera cuenta de que Steve tenía razón.
Daba igual cuales fueran los hechos que los hubiera llevado a estar juntos, a compartir la vida que tenían en esos instantes. No importaba si Danny ahora era el compañero de McGarret y no el oficial al mando del equipo de élite del gobernador, o si habían sido víctimas de la venganza y el rencor de aquellos que nunca sabrían lo que era sentir la vida del modo que ellos lo hacían ahora cada día.
Todas y cada una de esas decisiones y equivocaciones los habían llevado a tenerse el uno al otro, y eso era algo de lo que jamás se arrepentiría.
-¡Lukela!- llamó Steve al jefe de policía, haciendo que Danny perdiera el hilo de sus pensamientos- Toma, es Denning.
El comandante le pasó el teléfono móvil al policía, y tras asentir varias veces con expresión desganada, apagó el aparato y miró a Steve frustrado.
-Está bien, la chica se va con el 5.0. A casa señores, esto es todo por hoy-gritó Lukela a sus hombres.
Danny sonrió divertido. Sabía que acabaría así.
-Debe ser muy frustrante para él-le dijo a McGarret.
-Nah… ya se acostumbrará-bromeó, quitándole importancia, pero con su típica sonrisa suficiente dibujándose en la cara.
-Bueno, ¿Y entonces?
Danny esperó a que Steve dijera las palabras mágicas. Esas que para todos no eran más que una frasecita estúpida y con gancho para hacerle parecer más guay de lo que él mismo ya sabía que era, pero que para ellos dos significaba algo distinto.
Para Steve y Danny aquella frase tonta era una declaración de intenciones, una forma de expresar el cariño especial que sentían el uno por el otro cuando estaban frente al resto del equipo.
Y a Danny no le importaba en absoluto lo absurda que sonara, porque aquella frase era solo para ellos.
Puede que no fueran la pareja más común de la historia, ni la más lógica, pero lo que sentían el uno por el otro no era necesario afirmarlo con las típicas dos palabras. Cada acción en sus vidas demostraba que se amaban. De verdad, de forma incondicional e incomprensible para todos los que les rodeaban.
Steve sonrió con cariño y le guiñó un ojo justo antes de decirlo.
-¡Empapélala Danno!
Danny le devolvió la sonrisa, sintiendo su corazón galopar en el pecho con la misma fuerza que lo hacía todas y cada una de las veces que lo escuchaba.
Después de todo, ¿quién necesitaba un típico "te quiero"? Había palabras mucho más sencillas que escondían tras ellas muchísimo más significado.
-Fin-
