Capítulo 8

Primer día parte 2

– ¿Por qué estamos haciendo esto?–

– ¿No es obvio? Ichigo quiere saber si Inoue en verdad tiene una cita con un hombre mayor –

– ¡Ca-Callate Rukia! –

– No lo negaste…–

– Ugh…–

– De acuerdo… Déjame volver hacer la pregunta… ¿Qué demonios yo hago aquí? –

– ¿Por qué insistes en hacer preguntas obvias? Estas aquí para acompañarme, Renji–

– Ninguno de ustedes debería estar aqui–

– ¿Crees que nos perderíamos la oporunidad de verte perder la razón? –

– ¡Eso no pasará, Tatsuki! –

– ¡Sssshhhhh! Alguien viene– dijo Rukia en voz baja mientras le tapaba la boca a Ichigo con una mano.

Los cuatro curiosos adolescentes fijaron su mirada en el hombre alto y en traje que hacía su apareción en la escena. Se encontraban en la parte trasera del "Maiden Café", había solo una puerta por donde salían los empleados. El hombre, Hashiba Keichi, se recargo contra la pared del lugar y espero a su "cita". Aún faltaban 5 minutos para las seis de la tarde, así que Orihime no debía tardar en salir. Ichigo podía sentir su corazón acelerarse con cada segundo que pasaba. ¿Cómo había sucedido esto? Sabía que Orihime era bonita… No… El sabía que era más que bonita pero no se esparaba que pudiera llamar la atención de hombres mucho mayores y que aceptara en salir con ellos. ¿En que estaba pensando esa idiota? ¿No sabe que podrían obligarla a hacer cosas nada inocentes?

Ella no tiene memorias, IDIOTA… Por supuesto que no lo sabe.

De repente, la puerta se abrió y Orihime salió vestida con su ropa casual. Saludo educadamente al hombre, quien la saludo de igual manera. Se dijeron unas pocas palabras y comenzaron a caminar uno a lado del otro.

– Muy bien vamos a seguirlos– dijo Rukia disponiendose a caminar tras ellos pero una mano la detuvo. – ¿Qué demonios haces Renji? –

El chico de cabello rojo la miró como si fuera obvio. – ¿De que hablas princesa? ¿No recuerdas que hoy tienes clases de piano a las 7? Si llegas tarde tu hermano se enfadara conmigo– dijo aún sin soltarla.

Rukia se molesto. Odiaba las clases de piano, solo las estaba tomando porque a su hermano lo hacía feliz. Decía que una señorita de la casa Kuchiki debía aprender a tocar algún intrumento musical. También odiaba el hecho que la familia de Renji trabajaba para ella. Era como tener un niñero permanente.

– Arggggh… Bien. Entonces Ichigo y Tatsuki serán los espías–

– Lo siento princesa pero tengo que trabajar. Hoy me toca dar clases en el dojo– contestó Tatsuki mientras tomaba sus cosas y caminaba lejos de ahí. – Todo depende de Ichigo. Nos vemos–

– ¿Eh? –

Renji comenzó a llevarse a Rukia de ahí. – ¡Confío en ti Ichigo! ¡No dejes que te gane! – gritó la chica de cabello oscuro.

– ¿¡Qué!? –


Habían elegido un parque tranquilo y sin muchas personas, cercano al trabajo de Orihime. El trayecto no fue muy largo ni muy animado, ambos manteniendo una conversación educada y ocasional. Era notorio que estaban nervios por la incertidumbre de no saber que les esperaba más adelante. Orihime estuvo, durante el pequeño trayecto, pensando sobre lo que había visto cuando el señor Hashiba le toco la mano. Solo fue una imagen, una mujer muy hermosa que le sonría cálidamente. Fue ahí que pudo comprender algo de la tristeza del hombre caminaba a su lado. Por alguna razón que desconocía, Hashiba estaba triste por esa mujer de sus pensamientos.

Decidieron sentarse en una de las bancas del parque, debajo de un árbol. Se sentaron en silencio, un a lado del otro, durante varios minutos. Orihime no sabía como comenzar la conversación y el señor Hashiba probablemente solo estaba esperando a que ella dijera algo.

Orihime abrió y cerró la boca, hasta que por fin salieron algunas palabras: – Etto… Hoy ha sido un día muy agradable… ¿no es así? –

Hashiba la volteo a ver con una sonrisa divertida. – Es la cuarta vez que dice eso Inoue-san–

Orihime se sonrojo fuertemente, hasta las orejas. Tonta… Tonta Orihime.

– Etto… No era… Aaaah… Ummmm…–

– Pffft… Hahaha– Hashiba comnezó a reirse de a la manera en las palabras abandonaron a la chica, fue de forma rápida y la dejaron incoherente. – Hehe… Gomenasai Inoue-san, no quería reírme pero fue gracioso que este tan nerviosa por hablar conmigo– el hombre se enderezo y la miró con amabilidad. – Puede hablar conmigo libremente, Inoue-san–

Tranquilizada por sus palabras, Orihime comenzó a hablar: – Gracias, Hashiba-san. En verdad no se como decirle esto pero haré lo mejor que pueda– se tomo un segundo para respirar y acomodar sus pensamientos. – Se que esta triste, Hashiba-san y quiero ayudarlo a superar esa tristeza–

Por un segundo el hombre de cabello oscuro la miró sorprendido pero después su expresión se tornó muy seria. – No sabe de lo que esta hablando Inoue-san–

Por un momento, Orihime sintió miedo de seguir hablando pero era ahora o nunca. – Hashiba-san, puedo ver su aura y… se que esta triste, inmensamente triste. Quiero ayudarlo a seguir adelante y…–

Hashiba se levanto de golpe, interrumpiendo a la chica. – En verdad no sabe de lo que esta diciendo. Lo siento pero no puedo seguir escuchandola. – hizo una reverencia y se dispuso a salir de ahí.

Orihime veía en camara lenta como Hashiba se comenzaba a alejar de ella. Pero no lo podía permitir, tenía que ayudarlo. Era su deber ayudar a este hombre pero sobretodo… quería hacerlo. Quería ayudarlo. No soportaría la idea de que esta persona viviera tan miserable y que no pudiera disfrutar de la vida. Tenía que ayudarlo. Antes de que el hombre se alejará por completo de ella, Orihime lo agarró de la manda de su saco azul marino. Hashiba se detuvo sin voltear a verla y suspiro cansado.

– Inoue-san…–

– ¿Quién es ella? – la mirada de Orihime estaba oculta por su flequillo, haciendo dificíl ver su expresión.

Hashiba se tenso por un momento. – No… no se de que…–

El agarre de Orihime se intensificó. – ¿Quién es la mujer de cabello negro y ojos azules? La mujer que inhunda sus pensamientos, la razón de su tristeza. ¿Quién es ella? –

Fue en ese momento que Hashiba s dejo caer a la banca de nuevo, estaba estupefacto. No podía creer que esta chica supiera sobre ella. Era imposible. Su mirada estaba perdida en el horizonte y su boca entre abierta por la sorpresa. Recuerdos llenaron su mente, casi olvidando en donde estaba y con quien se encontraba. Orihime lo había soltado desde hace rato y solo se limitaba a observarlo, expectante. Quería seguir hablando pero sabía que tenía que darle tiempo a la situación. No quería espantarlo demasiado.

Por fin, Hashiba se acomodo en la banca y decidió voltear a verla. – ¿Cómo…? ¿Cómo sabe de ella? ¿La conoció? No… eso es imposible… Ella era mayor… Entonces… ¿Cómo? –

Orihime tragó duro. Sus ojos estaban llenos de sentimientos turbios y su aura era de color gris oscuro… La estaba mareando y pudo sentir un nudo en el estómago. No podía dejar que Hashiba notara su malestar, si no jamás podría hablar con él. Orihime respiró hondo, relajandose. – No es tan fácil de explicar como se de la existencia de esa persona. Pero puede confiar en mí Hashiba-san– dijo con una sonrisa brillante.

El hombre pudo sentir como sus nervios se tranquilizaban y se sintió como en un trance. – Esa mujer de cabello negro era mi esposa, Anna. La conocí cuando los dos ibamos a la universsidad. Era tan torpe y alegre… Fue amor a primera vista– contaba su historia mientras miraba hacía el cielo naranja de la tarde. – Nos casamos déspues de un año de salir juntos. Hace dos años… ella… murió– sus ojos se llenaron de rencor, algo que asustó a Orihime. – Yo tenía mucho trabajo y discutíamos mucho por eso, ella se sentía sola. Yo… no sabía que estaba enferma ese día… Me estuvo llamando pero por mi trabajo no pude contestarle o no quería porque sabía que ibamos a discutir…– se llevo las manos a la cabeza, aferrandose a su cabello. – Ella quería ayuda y… yo la ignore. Supe lo que había sucedido cuando la policía llego a mi trabajo. Por culpa de una fiebre mu alta Anna se desmayó y se golpeó la cabeza. Murió al instante. Por mi culpa mi esposa murió. Porque la deje sola…– ahora lágrimas callientes surcaban su rostro.

Orihime se sintió terrible por el hombre. Ahora entendía todo ese sufrimiento y rencor impregando en su aura. Tenía que ayudarlo. ¿Pero cómo?

Entonces escuchó un susurro detrás de ella, volteo y vio a una mujer de cabello negro, vestía de blanco y tenía un par de alas en la espalda.

"Déjame entrar"

Hashiba sintió como la mano de Orihime se colocaba sobre una de las suyas. Eran más cálidas de lo que imaginaba. Volteo a verla y Orihime ya no estaba por ningún lugar. En su lugar estaba…

– A-Anna…– Hashiba susurro, viendo con asombro a su difunta esposa quien estaba sentada justo frente a él. ¿Pero cómo? Hace un momento su esposa no estaba ahí, sino Inoue. ¿Estaba soñando? ¿Acaso había muerto ya? – Esto… no puede… ser–

Keichi-san…– la dulce voz de su esposa corto toda línea de pensamiento coherente que le quedaba. Era esa voz que durante dos años había extrañado, la misma voz que lo despertaba cada mañana y la misma que voz que le había susurrado palabras de amor. Era la voz de su amada Anna. – Keichi-san… no llores– dijo sonriendole.

Hashiba se llevo una mano al rostro y pudo sentir las lágrimas que involuntariamente se habían escapado de sus ojos. Las limpió rápidamente y posó su mirada de nuevo en su esposa. – Anna… ¿cómo…?–

No tengo mucho tiempo, así que no te puedo explicar a detalle– dijo Anna colocando sus manos por encima de su pecho. – Esta dulce chica me prestó su cuerpo por un instante para que yo pudiera hablar contigo– sus ojos color aqua observaron a su esposo.

Hashiba sintió que era su oportunidad para hacer lo correcto. Que la joven Inoue le había dado la oportunidad para poder hablar con su esposa y decirle todo lo que no había decirle durante estos dos años. Apreto sus puños sobre su regazo y dijo: – Anna… Yo… Lo si…–

Lo sé– lo interrumpió. Anna lo veía con una sonrisa triste y una mirada llena de comprehensión. – Keichi-san… no fue tu culpa. No te disculpes más por favor

A su memoria llegaron todas las veces que se disculpo por no haber estado con ella cuando murió. Todas las veces que le rogó a Dios por perdón y todas las veces que lloró en silencio y soledad.

Jamás podría odiarte. Fuiste el amor de mi vida, mi mejor amigo y compañero. Jamás te culpe por lo que pasó– las lagrimas se acumulaban en sus ojos, empapando sus mejillas traslúcidas. – Así que… ya no te culpes más Keichi-san. Vive por favor, porque cuando tu vives, yo siento que vivo contigo

Hashiba vio como ella sonreía pero detrás había mucho dolor. Sin poder contenerse, alargo los brazos y la atrajo con fuerza hacía él. Enterró su cara en el hueco de su nuca, dejando que las lágrimas salieran libres. – Lo siento… Anna… Te amo– susurrraba con cada sollozo. Anna… Anna… Anna…

Anna colocó sus brazos alrededor de él. – Yo también te amo Keichi-san. Prométeme que vivirás al máximo tu vida, ¿sí?

El hombre asintió con una sonrisa mientras lágrimas gruesas rodaban por sus mejillas. Anna se rió alegre, complacida con la respuesta. Hashiba pudo sentir como la presencia de su esposa se desvanecía entre sus brazos. Era cálida tal y como la recordaba. – Adiós, Keichi-san

– Adiós Anna. No volveremos a ver, ¿de acuerdo? –

Anna asintió levemente mientras sonreía y desaparació.

Orihime abrió los ojos recuperando la conciencia, aún se encontraba entre los brazos del hombre pero no tenìa la fuerza para apartarlo o si quiera hablar. No sabía como hacerlo.

Hashiba ya no podía sentir a su esposa, se había ido. Pero no lograba encontrar el valor para soltar el cuerpo que tenía en sus brazos. Sentía que si lo hacía, despertaría de este sueño tan bonito que había tenido. De repente un mano lo apartó de golpe de la chica, agarrandolo por la camisa. Hashiba abrió los ojos para encontrarse de cara a cara con un joven con el cabello brillante y muy molesto. Realmente molesto. ¡Un delincuente!

– Viejo pervertido… ¿Qué crees que le estas haciendo a Inoue? – Ichigo se encontraba muy enojado. Quería golpearlo muy fuerte.

– No… ¡No por favor no me golpee! ¡Aquí tiene todo mi dinero! – decía el hombre mientras le ofrecía su cartera.

– Viejo, ¿de qué demonios estas hablando? –

De repente sintio un cuerpo cálido que abrazaba su torso. – E-Espera Kurosaki-kun… no es lo que parece–

Ichigo se sonrojo, podía sentir los atributos de la chica sobre su pecho. – ¿De qué hablas? Vi como este viejo te estaba abrazando–

– Sí pero no me molesto–

Cuando escucho eso, Ichigo solto al sujeto. Por alguna razón, sintió como sus manos y pies se ponían fríos. Fue un sentimiento extraño que lo recorrrió por todo el cuerpo. Se sintió sin ganas. Orihime seguía sin soltarlo. – Así que… ¿te gustan los hombres mayores? –

Hubo un silencio largo.

– Kurosaki-kun… ¿qué es gustar? –

– Eh… pues… ¿Por qué me preguntas eso? ¡Deberías saberlo! –

– Por eso pregunto porque no lo sé–

– Pues si tu no sabes menos yo. ¿Hasta cuando pretendes abrazarme? –

– Ha… Ha ha ha ha–

Una risa los saco de sus discusión. Ambos voltearon a ver al señor Hashiba.

– ¿De que se ríe? Viejo pervertido–

– Ha ha ha… lo siento pero… ha ha.. creo que estas confundiendo la situación. A mi no me interesa la señorita Inoue y yo tampoco a ella–

– ¿De que habla? Vi cuando la abrazó– Ichigo instintivamente colocó a Orihime detrás de él.

– Mmmm… si lamento eso. Pero fue porque An…– Hashiba vio como Orihime la hacía señas para que no dijera nada sin que Ichigo se diera cuenta. – Aaaaa… la señorita Inoue me ayudo a superar un problema personal. Y el abrazo fue impulsivo, lo sé, pero inocente y lleno de agradecimiento– hizo una reverencia y déspues la sonrio al chica.

Ichigo entrecerró los ojos, no creyedole por completo. Orihime llamo su atención tomandolo de la manga de su chamarra. – Es cierto, Kurosaki-kun– El pelinaranja suspiro derrotado.

– Ya eres un hombre mayor, viejo. No deberías hacer cosas que se puedan malinterpretar–

– Hahaha… Si lo lamento. Tu novio si que sabe como protegerte Inoue-san–

Ambos jovenes se sonrojaron fuertemente.

– E-Espera viejo... nosotros no somos pareja– se excuso el pelinaranja apartandose un poco de Orihime, quien sin saber exactamente porque estaba muy nerviosa. – Yo… solo la cuido porque mi tía me lo pide–

Orihime sintió un punzada en el corazón.

– A-Así es Hashiba-san… Nosotros no tenemos esa clase de relación–

– Aaa ya veo. Bueno… yo me tengo que ir. Creo que si me apresuro podré alcanzar a Asai-san– dijo el hombre con una sonrisa. Orihime noto como su aura había cambiado. Ya no era ese color oscuro de la mañana, ahora era un color cálido y cuando mencionó a Asai-san, pequeñas motas de rosa empezaron a aparecer. Se veía más tranquilo consigo mismo. – Muchas gracias Inoue-san. No se como lo hiciste pero me siento mucho mejor. Nos vemos– dijo antes de comenzar a caminar y desaparecer dentro del parque.

Orihime lo observó contenta, satisfecha de haber sido de ayuda. Le gustaba ayudar a las personas, podía sentir como la tristeza abandonaba sus cuerpos y su alma se volvía más ligera. Queria seguir haciendolo. No solo porque no quería desaparecer sino porque en verdad quería ayudar.

Ichigo frunció el ceño al ver la mirada dulce de Orihime. – Creí que habías dicho que no te gusta ese viejo pervertido–

Orihime lo observó molesta. – No es un viejo pervertido, Hashiba-san es muy amable y dulce. Al contrario de alguien que conozco–

Ichigo se sonrojo. – ¿Qué quieres decir con eso? –

– A Kurosaki-kun no debe importarle, ¿no es asi? Solo eres mi niñera–

– Ughh… Eso fue…–

– No importa–

Orihime se dio media vuelta y comenzó a salir del parque con Ichigo siguiendole los talones. El camino de regreso a casa fue muy silencioso.


Ichigo se levanto temprano ese día. Se baño y cambió para la universidad. Podía oler el delicioso desayuno que había preparado su tía esa mañana. Contento comenzó a bajar las escaleras. De pronto notó algo. Silencio. Había mucho silencio en la casa Kurosaki. Por lo general a esta hora ya podía escuchar las ordenes de su tía, las conversaciones de sus hermanas y a su molesto padre hablando con Orihime quien reía dulcemente. Al no escuchar nada de esto, corrió lo que le faltaba de escaleras. Cuando llego al comedor se congelo inmediatamente. Frente a él, estaba toda su familia, quieta y sin decir nada. Orihime estaba frente a ellos, con la cabeza gacha y dos maletas la flanqueaban.

Yuzu fue la primera en notar su presencia. – Onii-chan…– dijo su pequeña hermana, quien lo miró triste.

– ¿Qué sucede aquí? – todos lo voletaron a ver pero seguían sin decir nada. – Inoue, ¿para que son esas maletas? –

Orihime alzó la cabeza, su mirada se cruzó con la de él. Ichigo pudo jurar que vio lágrimas queriendo asomarse por sus ojos color miel.

– ¿Inoue? –

Continuará…


Ummm si... he regresado jejeje

no me odien, en verdad he querido seguir escribiendo pero no me daba tiempo o llegó a casa muy cansada o simplemente no se que escribir T-T

pero gracias a Dios he logrado terminar este capitulo, me costó mucho en verdad

también comencé a escribir otro fic, pero no se si publicarlo porque prometí terminar este primero. Ustedes que prefieren? esperar a que termine este fic o publicó el otro que ya tengo? déjenme saber sus opiniones

bye bye

besos y abrazos :D