–1–

Se obligó a calmarse tomando aire, no debía tener miedo en esta situación, Harry debía tomar todo el control desde ahora. Si él profesor Quirrell estaba allí no era por él, ese día intentaría inútilmente robar la piedra filosofal de Gringotts. Así que no intentaría ni haría nada para llamar la atención o exponerse como el mago obscuro que en realidad era.

Aún sabiéndolo prefirió esperar un par de horas antes de abrir la carta del Director, sólo hasta que la presencia de Voldemort se fue y por fin volvió a sentirse seguro. Abrió la carta de Hogwarts viendo en ese momento como la luz azul volvía a salir del sobre y rápidamente se desvanecía en la distancia, como una estrella fugaz.

Saco la única hoja que traía el sobre y lanzó el hechizo Lectio Caecus sobre ella para poder leerla:

"Estimado sr. Potter.

Hemos enviado a un miembro del colegio a su domicilio para revisarlo, pero cual fue nuestra sorpresa al enterarnos que usted no se encontraba en su casa.

Colocamos un hechizo de rastreo en el sobre para poder contactarlo, Le pedimos que no se mueva de su ubicación actual y pronto enviaremos a un profesor para hablar con usted y revisar sus dudas.

Atentamente. La dirección de Hogwarts"

No parecían tan alarmados, aunque se imaginaba que en realidad lo estaban. Ya qué no paso ni un minuto desde que terminó de leer la carta hasta que alcanzo a oír y… ver… como la chimenea se encendía de forma consecutiva dos veces, estuvo seguro de que eran los que lo buscaban cuando sin mirar a oro lado empezaron a moverse en dirección a él.

Harry sintió pánico, llevaba de alguna forma esperando este día por lo que él sentía toda una eternidad, y ahora que en verdad estaba ocurriendo solo tenía ganas de aplazar el momento un poco más. Entrar oficialmente en el mundo mágico era una gran carga que no sabía si debía tomar, le había gustado el anonimato.

–¿Harry? –escuchó como lo llamaban he instintivamente abrió sus ojos para ver como tantas veces lo había hecho en el pasado.

–¿Si? –preguntó mientras mentalmente se regañaba por tratar de usar sus inútiles ojos.

–Hola muchacho, soy Albus Dumblendor director del colegio Hogwarts –

–2–

Desde el punto de vista de un profesor encontrar a un muchacho aparentemente maltratado podría ser alarmante. Más si ese chico era el niño más famoso de la comunidad mágica de Londres.

Cabello largo y maltratado cubriendo gran parte de su rostro, debías tener un buen ojo para notar las cicatrices que se ocultaban debajo de este. El chico se veía débil y cansado, muy delgado, pero la ropa ocultaba bastante bien este hecho.

Aunque para Dublendore lo más alarmante de esa situación no era el niño en sí, era esa aura que aún con toda esa apariencia tan débil sobre él, le hacia lucir superior. Tal vez el niño no lo notaba pero tenia un aura de imponente que alejaba muchas miradas curiosas y a su alrededor creaba una barrera de lejanía que solo muy pocos parecían querer romperla.

Y tampoco pudo evitar notar que el chico iba vestido con ropa de mago, sus tíos eran unos muggles y Albus aún tenia la llave del banco del niño, así que ¿De donde había sacado esa ropa el chiquillo?

–¿Harry? –preguntó por él preocupado llamando la atención del muchacho.

Pudo ver en la mitad descubierta de su rostro unos ojos verdes relucientes que dejaban opacos a los esmeraldas de su madre.

–¿Si? –respondió el chico con una voz de emoción, y eso le hizo soltar un suspiro interno.

–Hola muchacho, soy Albus Dumblendor director del colegio Hogwarts. –Levantó su mano para saludar, pero él se limito a bajar la mirada e ignorar su saludo.

–3–

Harry bajo su mirada y oculto su rostro, cerrando así sus ojos, de nada servían así que no había motivo para mantenerlos abiertos.

–¿Podemos sentarnos muchacho? –preguntó el anciano.

–Adelante – respondió Harry, escucho como 2 personas tomaban asiento delante de él.

–Muchacho… –habló de nuevo el viejo, dirigiéndose a Harry–. ¿Por qué escapaste de la casa de tus tíos?

–No quiero quedarme con ellos –contestó Harry–. ¡Son crueles! –suprimió su grito en cuanto pudo, pero aun así sus profesores lo escucharon.

–Necesitas saber que no es seguro viajar por el callejón Diagon –escuchó la voz severa de una mujer, imagino que era McGonagall–. Es irresponsable de su parte vagar sin la supervisión adecuada ante tan peligrosos lugares, si alguien se hubiera percatado de quien es usted… –Le pareció que la voz de la mujer fue cortada por un movimiento del director.

–Harry… –llamó su atención– ¿Sabes quien eres tu en el mundo mágico?

–Lo sé –confirmo Harry moviéndose incomodo en su lugar –Aunque dudo que alguien me reconozca luciendo así –

–¿Cómo puedes estar seguro de eso Harry? –preguntó calmada la voz del Director.

–No creo ser lo que todos esperan que sea el salvador del mundo mágico –respondió apretando un poco su túnica, ni siquiera él esperaba lucir como lo estaba haciendo ahora mismo.

–Bueno– dijo el Director– todos serían capaces de reconocerte si vieran tu cicatriz en la frente.

–¿Cuál de todas ellas? –murmuró con frio sarcasmo.

–Harry –volvió a llamar tranquilo el director –No estas seguro en el mundo mágico, hay mucha gente peligrosa que le encantaría lastimarte.

Harry suspiro cansado, sus razones eran validas, pero Dumblendor no era la persona más confiable en este mundo. Levanto su rostro sin abrir sus ojos para dejar en claro que estaba seguro de su decisión para después responder.

–Lo lamento Director.

–Al menos –añadió el mayor– deja que te acompañemos a conseguir tus útiles escolares, no te preocupes la escuela se hará responsable de tus gastos.

–¿Eso quiere decir…?

–No veo ningún problema en que asistas al colegio –afirmo el director.

–Pero… –susurró–. ¿Qué hay con mi problema de la vista?

–¿Puedes leer muchacho?

–Si… –respondió Harry sabiendo lo que quería decir.

–¿Y puedes escribir bien? –Volvió a preguntar.

–Claro… –confirmó de nuevo Harry.

–Entonces no veo él problema –concluyó el anciano alegre.

–Pero… –Iba a reclamar su argumento, pero la voz del director lo interrumpió.

–No hay "pero" que me haga cambiar de parecer para que este año asistas a mi escuela este año –concluyó.

Harry no estaba muy convencido de sus palabras, a menos que lo necesitara con urgencia ese año dentro de la escuela, lo cual solo le haría desconfiar de sus motivos reales.

–Entonces vamos Harry, vayamos a por tus útiles escolares.