Nota: ¡Sorpresa! nuevo capitulo :3

–1–

Escuchó como el director y la sub-directora se ponían de pie para que después simplemente se quedaran allí esperando a que Harry también se levantara. Harry se puso de pie tomando su bastón, y aunque tal vez el lugar estaba lleno estuvo seguro de que pudo escuchar claramente a los dos adultos contener el aliento.

–¿Y ese bastón, mi niño? –preguntó Albus con una voz amable.

–Sólo es el cuidado extra del que les hablaba en la carta, lo necesito para caminar –respondió Harry restándole importancia

"Así que ningún "pero"" Pensaba mientras por un momento se sentía superior al director, aunque solo fue por un momento.

–Ya veo… –murmuró el director–. Bien Minerva, Por que no llevas al joven Potter por los útiles escolares. Yo debo encargarme de unos asuntos en el banco de Gringotts.

–Claro Director, yo me encargo de todo –respondió la estricta profesora.

–Bien, supongo entonces que ya es hora de que me valla –dijo alegre el director–. Nos vemos en Hogwarts mi niño.

Harry escuchó como los pasos del director se alejaban hasta que perdió el rastro entre la multitud, de alguna forma eso había sido más fácil de lo que esperaba. E incluso estaba bastante sorprendido porque no pregunto más cosas acerca de su bastón, esperaba más resistencia y el no obtenerla solo le dejaba razones para sospechar.

–Sígame Sr. Potter –le dijo Mcgonagall recordándole que debía concentrarse en esto por ahora.

La mujer entonces empezó a caminar ella sola en dirección a la multitud y Harry se apresuro para no perder el rastro de la profesora también.

–2–

A diferencia de su primera visita en el callejón Diagon con Hagrid, Mcgonagall nunca le nombró ni de cerca su cuenta en el banco de Gringgots, al parecer cuando el director había dicho "la escuela se hará cargo" se refería a que Harry no conocería su cuenta.

Eso le molestaba claro, ¿Con qué derecho le privaba de esa información? Sí, bueno, tal vez podía justificarse diciendo que no quería informarle a un menor de edad que acababa de escapar de casa sobre una fuente de dinero ¡Pero eso sería solo una excusa! Harry tarde o temprano se enteraría de su cuenta bancaría aunque fuera al cumplir su mayoría de edad.

No se estaba quejando por el dinero, era lo de menos considerando que él tenia una colección más surtida en su completa posesión. Pero esa cuenta bancaría era de las pocas cosas que sus padres le habían dejado como herencia y a lo largo de los años se sentía orgulloso de poder decir que sus padres habían pensado en él y en su futuro.

En su lugar solo había recibido una pequeña cantidad de oro de la profesora Mcgonagall, aunque "recibido" era una palabra mal empleada. Ni siquiera le informó de la cantidad que estaba recibiendo de la escuela o lo permitía pensar en como manejar el dinero por su cuenta.

La mujer no se le despego ni un solo segundo y ella era la que llegaba y pedía todo en las tiendas, ni más ni menos. Y tampoco hubo ningún descanso intermedio ni regalo sorpresa. Todo lo que alguna vez fue un vivaz recuerdo de su primer vistazo en el mundo mágico se convirtió en nada más que un recuerdo común.

Fue el turno de comprar su varita, y aunque ya poseía una, la idea de volver a tomar a su vieja varita en manos le iluciono.

–Harry Potter –llamó el viejo hombre–. Llevo años esperando por su llegada, pareciera que fue ayer cuando sus padres compraron su primera varita. Y quien te acompaña es la profesora Minerva Mcgonagall, abeto y fibra de corazón de dragón, nueve pulgadas y media ¿Verdad? –preguntó a la profesora.

–Eso es correcto, pero dejemos los recuerdos para otra ocasión –sermoneó la mujer–. El señor Potter ha venido aquí a conseguir su varia y aún tenemos que ir a otros lugares.

–Claro, claro –reconoció el hombre–. Me encargare de conseguirle la varita adecuada.

Harry se estremeció cuando sintió como algo lo tocaba y supuso que era la cinta métrica de Ollivander. Igual a la primera vez empezaron a surtirle de varita tras varita explicando en cada ocasión las cualidades de ellas, al parecer Ollivander se estaba tomando su tiempo y cuando la profesora decidió esperar afuera de la tienda descubrió el porqué.

–Tenía tiempo esperando a que llegaras a mi tienda, pero veo que alguien más te a otorgado una compañera –soltó el hombre en cuanto la puerta de cierre se escuchó.

–Puedo tener una varita en mi posesión –respondió Harry–. Pero la procedencia de ella debe mantenerse en secreto por ahora.

–¿Y de donde es su procedencia?

–Si me vende la varita de 28 cm con núcleo de pluma de fénix y madera de acebo con gusto se lo diré, e incluso se la mostrare –respondió tratando de controlar la situación a su favor.

–No me haga creer que su intención es ser amable conmigo, puedo decir que tiene la duda de saber los materiales de esa varita –afirmó el mayor.

–En eso te doy la razón –confirmó Harry–. Pero que quiera con tantas ansias saber los materiales de los que esta hecho debería marcarte lo especial que es.

–Te daré la razón, si su procedencia es tan extraordinaria como haces notar –dijo–. Sus materiales al mínimo también deben de serlos.

Escucho como Ollivander fue a la parte trasera a meterse entre cajas. Harry suspiro, el hombre era extraño pero en definitiva era astuto y no parecía querer decir nada sobre la varita de Harry a su profesora.

–¡Aquí esta! –gritó el hombre entre la lejanía–. Curiosa elección de varita la que has hecho muchacho, debo decir que es afina a ti.

–Yo no he hecho ninguna elección, recuerde, las varitas escogen a sus dueños señor Ollivander.

–Es cierto –murmuró el hombre asimilando durante un momento por el uso de sus palabras–. Entonces ¿Ahora me dirá quien ha sido la persona que se me ha adelantado?

Harry inclino su cabeza en aceptación y saco de entre sus túnicas la varita recibido después de su muerte.

–Fantástica historia la que cuenta una varita por si sola –comentó Harry mientras la entregaba–. Algo fuera de este mundo que solo un ser capaz de asimilar la magia en estado más puro podría crear.

–¿Un hueso de testral? –preguntó asombrado el hombre.

–Pues la respuesta es simple aunque a veces difícil de entender –siguió Harry–. Aquel que es capaz de matar a todo y a todos sin ningún tipo de discriminación y no, no estoy hablando del tiempo.

–En verdad ¿Cómo conseguiste esto? –dijo– 30 centímetros y su núcleo esta hecho de alguna parte de dementor, y ni siquiera yo estoy seguro de cual.

–Es bueno saber que no soy el único que opina que es una varita extraordinaria –añadió Harry–. A la muerte le gustara saber que ha mejorado en la creación de varitas.

–Es una varita peculiar la que posees –opinó el hombre.

–Soy una persona peculiar Señor Ollivander –contestó Harry.

El hombre mayor pasó unos minutos más analizando la varita y una vez termino le entregó a Harry ambas varitas. Una vieja compañera que había perdido y le recordaba que no valía la pena aferrarse a simples objetos y aquí estaba él, luchando por cambiar su nuevo futuro.