Cuando me miras así.
Por Cielo Azul A.
==Capítulo Dos==
Después de que Albert fue presentado en sociedad como cabeza de los Andrew implico que él se hiciera cargo de las responsabilidades que eso significaba, por lo que se dedico a viajar por diferentes partes del mundo para presentarse y conocer los negocios y socios de la familia.
Durante ese tiempo Candy y él mantuvieron una constante comunicación por medio de cartas, a pesar de la distancia seguían manteniendo cercanía, sin embargo no dejaban de extrañarse, ella añorando sentir esa protección que siempre le brindaba su presencia, él por su parte, sentir esa paz que le daban la vivacidad de sus hermosos ojos verdes.
Candy ya conocía al verdadero abuelo William y aún así no desistía de dejar ser la hija adoptiva de los Andrew, le dolía mantener un lazo de esa naturaleza con su Albert, más aun después de su partida tan inesperada, dejándola con tantos sentimientos, por lo que en una de las tantas cartas que le escribió a Albert le solicito que le retirara el apellido Andrew a lo que él le pidió que esperara hasta que se volvieran a ver, ella acepto esa petición con la esperanza de cortar ese lazo que era el que menos deseaba tener con él, por su parte Albert con la esperanza que ese lazo fuera el que aún lo mantenía cercano a ella mientras llegaba el momento de las confesiones
El pasar de los días hacía más larga la espera para ambos y aunque trataban de concentrarse en sus actividades les era muy difícil pues la emoción de volver a verse era demasiado fuerte.
Un lunes llegando al hogar de Pony, la hermana María le entrego un telegrama a Candy, era de Albert.
Querida Candy.
Estaré llegando a Lakewood en dos días, espero me permitas poder verte el Sábado, estaré enviando a una persona de casa por tu respuesta.
Con afecto.
Albert.
Candy sintió que su corazón se llenaba de felicidad la cual no podía controlar ni disimular, algo que no pasó desapercibido por las mujeres que habían actuado como verdades madres para ella.
-Albert, por fin volveremos a vernos, susurro para sí. -cerró sus ojos y todos los recuerdos llegaron a su mente, la cascada, el hospital, Chicago y el departamento, sin duda esa había sido la mejor época junto a él
-Tenemos tantas cosas de que hablar -siempre estuvimos en comunicación, sin embargo no es lo mismo el papel que en persona, de pronto la desolación se instaló en su corazón, se instaló con tanta fuerza como la alegría de saber que volvería a verse en sus majestuosos ojos azules, como podían sentirse sentimientos opuestos con la misma intensidad, se obligó a reprimir las lágrimas y a convencerse que la decisión que había tomado tiempo atrás era la mejor, la mejor para ambos.
Y con esos pensamientos Candy se dispuso a responder el telegrama de Albert, al día siguiente ella salió del hogar y dejo una nota para Albert con la Srita Pony para ser entregado al emisario enviado por Albert.
Mientras tanto en la mansión Andrew iba entrando un elegante coche conducido por George, Albert estaba llegando a Lakewood, recorriendo el jardín de rosas, llegaron a su mente tantos recuerdos, eran demasiados que pensaba que su mente no era suficiente para guardarlos.
Candy, Rosemary, Anthony, cuanto tiempo ha pasado; Candy, siento tanto haberme ido la última vez de aquí sin poder despedirme de ti personalmente, pero el corazón me dolía, me dolía saber que tu corazón seguía sufriendo por el amor no vivido, sé que necesitabas tiempo para sanar y así tal vez volver amar, perdóname por esa despedida pero sabía que si te veía en ese momento no hubiese querido dejarte y creí que no era el momento. Si supieras todo lo que eres para mí, eres tanto que las palabras no son suficientes, tanto que llevo en mi pecho, tantas emociones, tantos sentimientos, tantos sueños a tu lado.
-William, regresaste por ella, así que no la dejes ir nuevamente; probablemente puedes sorprenderte gratamente, las palabras de George se clavaron en los pensamientos del joven Andrew.
-George, a ti no puedo ocultarte nada, me conoces tan bien; tienes razón solo estoy aquí por ella, aunque no sé cómo acercarme de una forma que no sea de amigos, como saber si ya su corazón sano y si puede darle la oportunidad a un nuevo amor, a mi amor.
-Creo que lo primero es la confianza en que lo puedes lograr, ustedes son amigos, la conoces, así que eso ya te da una ventaja, sabes que le agrada, son muy afines y comparten muchas cosas, ese es un buen comienzo, no crees.
Sin emitir palabra alguna de lo dicho por George, llegaron hasta la puerta principal donde los esperaba la servidumbre para darles la bienvenida.
-Bienvenido Sr. Andrew, Sr. Johnson; expresaron los sirvientes.
Ellos agradecieron y entraron a la mansión, en ese momento una persona de servicio se acercó y le entrego la nota de Candy.
-Por tu expresión me imagino que es la respuesta de la Srita Candy, cierto.
-Así es George y con esa confirmación se retiró para poder leerla.
Querido Albert,
Me alegra mucho saber que pronto estarás en Lakewood y más gusto me dará poder vernos el sábado, te espero en el Hogar de Pony a medio día si no tienes inconveniente.
Con cariño.
Candy.
-William, ¿cuándo la visitaras?, aunque por tu expresión me imagino que será pronto.
-Amigo, de verdad nada pasa desapercibido a tus ojos; así es, Candy acepto mi invitación de visitarla el sábado, creo que estos días se harán más largos que los del viaje, no puedo esperar a verla nuevamente.
El resto del día él descanso del largo viaje, en los días subsecuentes el tiempo parecía que avanzaba tan lento, probablemente era el deseo y la emoción de volver a verla otra vez.
Ella por su parte estaba en el hospital, pero ese día en particular parecía que su mente estaba en otro lugar, no era la misma Candy de siempre, algo que no pasó desapercibido por Sebastian; así llego la hora de retirarse y él la espero para llevarla al hogar.
-Sebastian, ya estoy lista, vámonos -dijo ella.
-Claro, respondió él con la pícara sonrisa que siempre le dedicaba a ella, procedió a abrirle la puerta del coche.
-Cariño, hoy no tuvimos oportunidad de hablar, pero te he visto algo distraída, creo imaginarme que es por Sir William.
-Ayer que llegue a casa me entregaron un telegrama de él, donde me decía que el miércoles llegaría a Lakewood y preguntando si podía visitarme el sábado.
-¡Ahhh!, ahora entiendo, me imagino que aceptaste encantada ver a tu príncipe, le dijo con una carcajada.
-Sebastian, no te burles, que malo eres, dijo la rubia.
-Candy, de verdad tu rostro se transforma y tus bellos ojos verdes se iluminan con el solo hecho de mencionarlo, eres otra.
- Dios, que voy hacer cuando lo tenga frente a mí, dime Sebastian.
-Cariño, se tu misma, la Candy que él conoce, tu eres una mujer excepcional que siendo tu misma haces sentir bien a quienes te rodean, aunque tal vez sea tu oportunidad de confesarte con él.
-Gracias Sebastian, de verdad no sé qué pasara cuando nos volvamos a ver.
-Creo que lo importante es conservar la calma y dejar que las cosas fluyan, no te apresures a los acontecimientos y recuerda que me tienes a mí para apoyarte.
Llegaron a casa y la plática parecía no tener más tema que la visitan apremiante de Albert.
-Estaría perdida sin ti, y con esas palabras le dio un prolongado abrazo y se despidió de él en espera del día en que volvería a ver a su "Príncipe de la Colina".
++++++++++Continuara+++++++++++++++
Gracias por su lectura, tiempo y apoyo, pues seguimos con la historia.
